miércoles, 5 de agosto de 2020

En tiempos de pandemia: Hasta un rey se va de España. Cada vez más contagios de falsedad y torpe gestión. Y los turistas ni vienen

“La salida del Rey emérito o el fantasma de Alfonso XIII

(Publicado el 4 de agosto de 2020 en “El Independiente”, por Victoria Prego
victoria.prego@elindependiente.com @VictoriaPrego)
“El Rey Juan Carlos, que podía haber pasado a la Historia como el mejor Rey de España, ha cometido el error mayúsculo de ensuciar su impecable labor institucional con un comportamiento privado que probablemente nunca pensó que se sometería a la acción de la Justicia porque él, en tanto que Rey, era inviolable como lo son, por cierto, los presidentes de las repúblicas democráticas mientras ocupan el cargo.

Porque Juan Carlos de Borbón nunca en su vida pensó en abdicar. Es decir, creyó que sería inviolable hasta el día de su muerte. Pero el accidente de Botswana se cruzó en su camino y a partir de ahí empezaron a salir a la luz sus líos amorosos -cosa que a los españoles nunca les importó nada- y volvieron a aparecer informaciones sueltas sobre sus andanzas financieras poco claras o directamente oscuras y presuntamente delictivas -cosa que a los españoles, sin embargo les indignó y les soliviantó definitivamente-. La situación de Juan Carlos I ha ido haciéndose por eso progresivamente insostenible. 
Pero una cosa es ésa y otra muy distinta anunciar, como se hizo ayer con la aprobación inaudita del Gobierno, que se marcha a vivir al extranjero. Eso no es de recibo. El Rey Juan Carlos I no debería en ningún caso haber tomado la decisión de salir de España, por más que su abogado asegura que se compromete a quedar a disposición de la
Fiscalía española, faltaría más. 
Y no debería haber decidido salir del país porque, por mucha literatura que se le eche al asunto, la imagen que va a quedar en la mayor parte de la población es la de que escapa, que huye. Y eso resulta insoportable y letal para la dignidad de la institución monárquica, para la dignidad de su propia y espléndida trayectoria institucional y para la estabilidad y fortaleza de la Constitución española. 
No hay más que escuchar las interpretaciones que se están haciendo desde la extrema izquierda y los nacionalismos independentistas para confirmar que ésa va a ser la versión que se va a hacer fuerte entre un importante sector de la población. 
Pero es que Don Juan Carlos de Borbón no está siendo procesado en estos momentos por el Tribunal Supremo, el único que podría enjuiciar su caso, de existir como tal. No hay tampoco hasta el momento ningún movimiento de la Fiscalía en el sentido de elevar al Alto Tribunal el caso por afectar siquiera sea tangencialmente al anterior Jefe del Estado. 
La imagen que va a quedar en la mayor parte de la población es la de que escapa. Y eso resulta letal para la dignidad de la institución monárquica y para la estabilidad de la Constitución 
Por todo eso y porque hubiera sido lo más digno, el viejo Rey debería haber permanecido en España hasta que quedara dilucidada su posible responsabilidad penal o administrativa, la cual sigue siendo dudosa a día de hoy porque puede ser que -aun aceptando la tesis de que los efectos posteriores a acciones realizadas bajo la inviolabilidad puedan ser examinados o juzgados prescindiendo del blindaje que otorga ésta- incluso el delito de fraude a la Hacienda Pública haya quedado ya prescrito. Tenía que haber permanecido en España hasta que el caso quedara cerrado de una u otra forma. 
Todo lo cual no borra, por supuesto, el inmenso descrédito a que se ha hecho acreedora su antaño tan admirada y tan querida figura tras las informaciones publicadas a raíz de las declaraciones con ribetes de burdo chantaje de su antigua amante, Corinna Larsen. Porque hay que decir también que en el caso de Juan Carlos I el derecho a la presunción de inocencia es algo que nadie ha considerado jamás. De hecho, parece haberse dado salida a una auténtica cacería contra «el Borbón», cacería que se va a intensificar con dureza creciente a a partir del anuncio de que se marcha de España. 
Seguro que todo este proceso está siendo muy duro y muy humillante para alguien que ha prestado servicios tan extraordinarios a su país pero ése es el precio que tiene que estar pagando ahora por la infinita irresponsabilidad con la que ha conducido su vida privada. 
Pero ¿es que alguien en su sano juicio ha considerado que la radicación del viejo Rey fuera de España va a reducir en algo el daño inmenso que su comportamiento privado ha infligido a la Monarquía y consecuentemente a la Constitución? ¿O que va a acallar el acoso con pretensiones de derribo de los contrarios a la unidad de España? 
No es la lejanía en kilómetros lo que va a proteger al Rey Felipe del asedio antimonárquico por parte de las distintas izquierdas republicanas y de todos los enemigos de esta democracia constitucional. Todo lo contrario: no hay más que asomarse hoy un poco a las redes sociales para calibrar el efecto corrosivo que el anuncio de que «el Rey Juan Carlos se exilia» ha producido en las regocijadas filas de la tricolor y de la estelada. 
Con su marcha del país se va a dar entrada a la mayor campaña de desprestigio de la Monarquía que nunca hayamos conocido 
Qué error, que inmenso error éste de salir de España. Nunca aquel titular de Ricardo de la Cierva con motivo del nombramiento de Adolfo Suárez tuvo mayor sentido que el que tiene hoy. Va a parecer -habrá muchos que procuren que lo parezca- que hace lo mismo que su abuelo, cuya salida por Cartagena camino del exilio fue el símbolo, y lo sigue siendo hoy día, del advenimiento de la República. Por Dios… 
Con su marcha del país se va a dar entrada a la mayor campaña de desprestigio de la Monarquía que nunca hayamos conocido, campaña que se va a extender a la Constitución de 1978 que en su Artículo Primero consagra la Monarquía Parlamentaria como la forma del Estado español. 
Resulta inconcebible que el Gobierno, que ha estado presionando insistentemente a la Casa del Rey para que se tomara una decisión drástica con respecto al anterior Jefe del Estado, haya amparado y dado su visto bueno a la peor solución de todas cuantas podían estar sobre la mesa, que tampoco eran muchas. 
Se podían haber habilitado dos soluciones distintas aunque simultáneas, una más dolorosa que la otra para Juan Carlos de Borbón, que no tuvieran esa connotación dramática de fin de un régimen. Una de ellas, que el antiguo Rey hiciera lo que tenía que haber hecho hace seis años, que es dejar La Zarzuela e instalarse en cualquier otro lugar a la altura de su dignidad. 
Es verdad que no tenía sentido -no lo tuvo nunca- que Don Juan Carlos y Doña Sofía continuaran viviendo tras su abdicación en el recinto de La Zarzuela porque ésa era -por decisión del propio matrimonio real y una vez que Don Juan Carlos no quiso ir a vivir al Palacio Real- la residencia de los Reyes de España. 
Los que ahora le atacan y le insultan lo hacen usando las libertades públicas que Juan Carlos de Borbón contribuyó personalísimamente y de una manera decisiva a implantar en nuestro país 
Deberían haberse marchado antes y no como resultado de los escándalos que ahora cercan a su figura. ¿Pero marcharse fuera del país? ¿A santo de qué? Esa es una declaración autoinculpatoria y si no lo es, la verdad es que lo parece y así quedará inevitablemente registrado en la Historia de nuestro país. 
Pero hay que decirlo por si alguno se ha olvidado: estamos hablando del Rey de España, del hombre que hizo posible, con enormes riesgos para sus persona y para la institución monárquica que él encarnaba, que España pasara de una dictadura a un régimen plenamente democrático sancionado por la mejor Constitución de nuestra Historia. 
Los que ahora le atacan y le insultan lo hacen usando las libertades públicas que Juan Carlos de Borbón contribuyó personalísimamente y de una manera decisiva a implantar en nuestro país. No vamos a repetir las inmensas aportaciones de índole política interna, de prestigio internacional y de orden económico y empresarial que Juan Carlos I ha hecho a España en las últimas décadas porque puede que no sea el momento. Pero es algo que sería moralmente delictivo olvidar y habrá que volver a recordarlo una y otra vez ante las más que seguras descalificaciones institucionales que vamos a escuchar insistentemente a partir de ahora. 
Pero repito: una de las opciones era que el viejo rey saliera de La Zarzuela y se instalara en algún lugar acorde con su dignidad. Y la otra, mucho más dolorosa para padre e hijo, pero sobre todo para el padre, hubiera sido la de, al mismo tiempo que su salida, dar por derogado el decreto por el que el Gobierno, no el Rey Felipe, le otorga el título de Rey con carácter honorífico «con tratamiento de Majestad y honores análogos establecidos para el Heredero de la Corona». 
La decisión de privarle de ese título sería mucho más eficaz en su papel de cortafuegos para proteger la Corona y la Constitución por más que admito que supondría una injusticia histórica hacia su impagable papel como «piloto de la transición», como en su día lo calificó con enorme acierto el historiador Charles Powell. 
Pero sacarle de España es la peor de las opciones porque en ningún caso se va a cortocircuitar la estrategia de todos los enemigos de la Constitución de elevar el nivel de sus ataques sino, al contrario, la va a exacerbar. 
Un epílogo tristísimo éste para quien se había ganado por méritos propios la admiración, el afecto y el apoyo sincero de la inmensa mayor parte de los españoles. Epílogo que se va a prologar en el tiempo y que va a hacer el efecto de una bomba en los mismísimos cimientos de nuestra convivencia nacional, ya desgarradoramente dañada.”
La siempre atinada pluma de Victoria Prego brinda en el artículo precedente una muy valiosa opinión sobre el acontecimiento que ha supuesto la decisión del 
rey Juan Carlos de irse a vivir fuera de España por el momento.

Coincido con la afamada comentarista política que, desde luego, la operativa que ha presidido la marcha del antiguo rey, ha sido todo menos acertada.Ha acontecido, una vez más, que el desvergonzado Pedro I “el Sánchez” ha querido hacerse pasar por padre de la patria, haciendo como que apoyaba la decisión del anciano rey, cuando en la realidad se ha dedicado a lo que bien sabe hacer: enfadar, mentir, crear falsedades y finalmente presentarse como redentor del problema.
Ahí es nada consentir que su “mano izquierda”, el coleta comunistoide Iglesias se haya despachado a gusto contra Juan Carlos, contra la monarquía y contra el régimen constitucional, sin hacerle el menor reproche, y amparándose en que son opiniones personales, y con su “mano derecha” (la más falsa aun) haya hecho como que apoya lo que los dos reyes, el reinante y el defenestrado han resuelto hacer.
El odio malsano que “el coleta” tiene a todo lo constituido se ha cebado por el momento en Juan Carlos, cuando estaba en debilidad ante la opinión pública, viene a ser el preludio de su objetivo esencial, que es derribar a la monarquía, e instaurar un nuevo régimen.
Ese nuevo régimen, sin rey, que parece ser desea tenga forma de república, en nada disgusta a Pedro I “el Sánchez”, quien en su ambición sin límite y en su cinismo permanente, bien desearía ser presidente de esa república que se pretende introducir.
No voy ahora a comentar ni a dar mi opinión sobre los yerros de Juan Carlos, quien, como buen Borbón de los decimonónicos, ha caído en los mismos hábitos que sus predecesores, un poco a modo de lo que narra la fábula del escorpión y la rana, ya que es ínsito a su naturaleza el perderse entre las entrepiernas femeninas y guardar un montoncito de
dinero para el caso de crisis de su monarquía.
Desde luego, lo del “vicio de faldas” podrá resultar vituperable a ciertas
personas de moral calvinista, pero en estos tiempos que corren resulta hasta comprensible y poco vituperable. ¡Si el sexo “irregular” galopa en nuestra sociedad!
Y lo del dinerito regalado, al decir, por los reyes saudíes, es grave porque se ha sabido, ya que casi todas las monarquías tienen, aunque se desconozca, su pequeño tesoro bajo el ladrillo de banca opaca.
Lo grave es que ese regalo ha trascendido y ha sido objeto de manipulaciones fiscales deleznables, por parte de quien no tenía necesidad de ello.
Bien es cierto que Juan Carlos vivía la política del avestruz, y escondida la cabeza bajo el ala de su inviolabilidad, no se percataba de que ya había acumulado tesoros de sobra.
Ha sido el mal hacer, han sido el ocultar, han sido la doblez y la mentira, que me temo ha contemplado con placer Pedro I “el Sánchez”, las que han impulsado al hijo y rey sucesor a verse en la encrucijada de hacer “algo” contra su padre, ya que éste parecía haberse propuesto hundir a su hijo y sucesor.
Mucho apena lo acontecido, primeramente por Juan Carlos, que ha sido un indudable elemento en el asentamiento y desarrollo democrático de España; pero mucho más  apena el triste espectáculo que se ha brindado, con un rey (Felipe) como acorralado, un gobierno presionante, unos partidos políticos actuando como pollo sin cabeza, mientras los españoles se morían a miles por culpa del bichito canallesco del Covid-19.
Me parece que mejor harían los gobernantes (incluido el iconoclasta “coletas”) dedicándose a ordenar la cosa pública y a combatir la pandemia, en lo que han demostrado que ni quieren ni saben.
Lo importante es pudrir la vida pública para después presentarse como redentores de la nación.
No tengo casi ninguna esperanza de que el sinvergüenza del mentiroso que nos preside rectifique y se dedique a gobernar rectamente, sin concesiones falsas a las izquierdas que le sirven de pantalla para hacer lo que le da la gana.
Lo malo es que gobernar, parece que no sabe; pero intrigar y aprovecharse en todos los órdenes semeja tenerlo bien aprendido.
No soy demasiado adicto a la forma monárquica, pero desde luego me generan herpes incurables los que ahora nos gobiernan.
Un rey ha querido irse; el otro ni puede hacerlo, atrapado en el laberinto de las falacias.
¿Qué importa errar lo menos quien ha acertado lo más?.- Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) Dramaturgo y poeta español.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 21 de julio de 2020

Un nuevo bofetón a España y a su gobierno: Países europeos muestran su recelo a quienes son más mentirosos que gobernantes


“Ineptocracia
La hegemonía de la ineptocracia es la causa de que nadie, absolutamente nadie de este Gobierno, haya dimitido, haya presentado su dimisión o haya sido cesado
(Adriana Lastra. Europa Press, en Voz Populi, PUBLICADO 21/07/2020)
Nos gobierna una banda de mediocres. Tenemos un ejecutivo que no solo demuestra ineptitud en el desempeño de sus funciones, sino que además la fomenta, alardea de ella y hasta la recompensa. Quienes no han producido ni van a producir nada porque solo conocen la política como modus vivendi han convertido las instituciones españolas en su particular chiringuito, en el que, además, está reservado el derecho de admisión. El mérito está vedado y para justificar el nepotismo y el enchufe se degrada y ridiculiza el emprendimiento.
Mientras que las políticas igualitaristas han demostrado ser un arma generadora de pobreza masiva, las políticas de igualdad son las que han permitido prosperar
a las sociedades occidentales
Se me cae el alma a los pies cuando escucho argumentar, desde postulados supuestamente liberales, que el mérito es una barrera en el camino hacia la igualdad y que la meritocracia es generadora de brechas varias, ya sean de género o de clase. No, señores, eso es una burda mentira: el mérito no es el origen de la desigualdad, sino la consecuencia del triunfo de la igualdad ante la ley. Y es que el igualitarismo y la igualdad no son la misma cosa. El primero aboga por anular cualquier diferencia material, ya sea económica o social, mientras que el segundo propugna suprimir la diferencia legal. Y no se trata de una mera sutileza o matiz, pues mientras que las políticas igualitaristas han demostrado ser un arma generadora de pobreza masiva, las políticas de igualdad son las que han permitido prosperar a las sociedades occidentales mediante el reconocimiento de la singularidad de sus individuos.
Que nadie me venga con eso de que la igualdad tiene una vertiente material, que ya lo sé. Pero ésta lo que pretende evitar es que los ciudadanos no puedan alcanzar metas formativas o laborales por falta de medios, no el crear puestos para que sean ocupados por personas que carecen de las aptitudes necesarias primando la visibilidad de no se qué colectivo por encima de la capacidad y el mérito.
Bufones y juglares
Usar las políticas igualitarias como pretexto para colocar a los afines y asentar redes clientelares ha llevado a que nos gobierne un señor cuyo currículum laboral es una broma de mal gusto y cuyo único mérito es aferrarse al poder sin
apartar la mirada del espejo que le devuelve su propio reflejo. Un presidente que se refiere a sí mismo como “Mi Persona” y ha convertido la Moncloa y la red institucional creada en torno a ella, incluida la televisión publica, en un
conglomerado de bufones leales y juglares que glosan sus andanzas. En fin.
Como se podrán imaginar, nadie con este perfil puede rodearse de personas de valía o, al menos, que hagan ostentación de la misma. Nadie puede destacar ni sobresalir so pena de ser condenado al ostracismo. Sólo gozan de minutos ante las cámaras y micrófonos aquellos que, con su inanidad, confieren a Sánchez un perfil cuasi churchilliano. Por eso Su Persona está encantado con sus ministros podemitas o con aupar a gente como Lastra. Aunque justo es decir que ni de Iglesias ni de Montero se puede predicar precisamente la virtud de la lealtad, su falta de juicio y su tendencia al chabacanismo pueril compensan el cuasi analfabetismo funcional de Sánchez. Y el de muchos de sus ministros y ministras.
La ineptocracia en la que estamos inmersos es la que explica que los estudios sitúen a España como el país occidental que peor ha gestionado la pandemia. Que las cifras oficiales de fallecidos por covid-19 no se las crea nadie y disten muchísimo de las reales. Que la inseguridad jurídica y económica forme parte del día a día de los españoles. Que España bata récord de parados. Que el
responsable epidemiológico del Gobierno recomiende a sus compatriotas no veranear fuera de su comunidad autónoma mientras él se va a surfear a las playas portuguesas. Pero, sobre todo la hegemonía de la ineptocracia es la causa de que a pesar de todo esto nadie, absolutamente nadie de este Gobierno, haya dimitido, haya presentado su dimisión o haya sido cesado. Y que sus votantes y adláteres, lejos de recriminárselo, busquen ahora responsabilidades en el norte de Europa. Qué buenos vasallos, si tuvieran buen señor.”
Después de comprobar con bastante frustración cómo Pedro I “el Sánchez” ha deambulado cual pollo sin cabeza por los espacios de la reunión de la Comisión Europea, en Bruselas, mientras los llamados “países frugales” se plantaban e imponían su exigencia inamovible frente a “países pedigüeños” como Italia y España, uno llega a la conclusión de que este caballerete con vocación frustrada de curita homiliético y con dotes de truhan y trilero, que dice lo que le conviene y cuando le conviene aunque sea mentira o se desdiga de la palabra dada, este pillastrón que por desgracia vive y desgobierna en el palacio de la Moncloa, nos ha llevado, ya sin remedio, al descrédito de la ineptitud en el gobierno y de la incapacidad de España como nación para rehacer su vida social y su economía.
Ha regresado vendiendo como un triunfo que se nos vaya a prestar una mil millonada, cuando realmente es el amargo fruto de la imposición bastante cabal de unos países que han hecho de la austeridad y del equilibrio en el gobierno su pauta europea.
Y es que, aunque el pueblo español parezca que se caracteriza por su ineptitud para remontar situaciones conflictivas, en lo económico y también en lo social, la gran verdad es que el las gentes españolas, si alguna ineptitud tienen es que no saben o no pueden librarse de la ambición corrosiva de un presidente que solamente quiere fumar aires de poder y de un vicepresidente, el “coleta”, que se aprovecha de la tibieza de aquél para ir poco a poco sembrando su dogmatismo iconoclasta y antisistema, siempre atacando, él y los suyos (¡casi nada dice la “cajera”, hoy ministra, Montero, la del chalet de Galapagar!)
Por eso, lo del Coronavirus ha venido como anillo al dedo a los de la vituperable coalición de gobierno,
porque han inundado al pueblo de cifras de contagios, muertes y temores; de confinamientos y restricciones, bajo los pánicos de la enfermedad y la ruina, y así lo han mantenido atado a las restricciones mientras ellos han maquinado tanto y cómo les ha convenido para alcanzar su plan preconcebido: destrozar la España de la democracia y del bienestar.
Súmese a lo anterior la permisividad delictiva con el independentismo catalán, que libera presos sediciosos sin apenas cumplir condenas, y con el “beato” nacionalismo vasco, que no se priva de apoyarse en los terroristas etarras hoy llamados EH Bildu, para lograr sus objetivos de cada vez más independencia y dinero.
Y mientras todo esto ocurre, el Rey Felipe VI trata, como puede, de hacerse presente en los distintos territorios de España, pese a las zancadillas y falta de lealtad de quienes dicen estar para ejercer de “gobierno de la monarquía”. Misión imposible, cuando Pedro I”el Sánchez”  y el “coleta de Galapagar” se han abroquelado en la ineptocracia para, a su socaire hacer lo que les conviene y les viene en gana, para provecho propio.
¿Y aún se critica que haya países en Europa que no entiendan ni ui poquito este desastre al que nos conduce el gobierno que quiere recibir miles de millones, el que sufrimos en España?

“Nada hay en el mundo tan común como la ignorancia y los charlatanes” Cleóbulo de Lindos (s. VI a. C.-s. VI a. C.) Filósofo griego.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
                                                           

martes, 7 de julio de 2020

Esta España nuestra: Pedro I “el Sánchez” no respeta ni a los vivos ni a los muertos pero se reviste del morado podemita

“Sánchez desdeña a las víctimas de la pandemia
Editorial en “El Mundo”, Martes, 7 julio 2020)
Si Pedro Sánchez no asistió ayer al funeral, fue porque los muertos como consecuencia del coronavirus son para él un problema político y la constatación de su negligente gestión de la crisis sanitaria


La ausencia de Pedro Sánchez del funeral de Estado en memoria de las víctimas de la pandemia no está exenta de rancios ribetes anticlericales. Quizá el presidente del Gobierno ha considerado, en un alarde de confusionismo, que su presencia en una catedral es incompatible con el carácter aconfesional del Estado. Pero no solo es compatible sino aconsejable, pues la mayor parte de los españoles se confiesan católicos -por creencias, costumbres y cultura- y encuentran en el cristianismo amparo y consuelo en los difíciles momentos de la muerte. El papel del presidente en estos actos es simbólico, no religioso. No se entiende que los Reyes asistan y el presidente se busque un subterfugio para no ir.
Sánchez reincide en desdeñar a todas las víctimas del Covid -tanto a las que eran católicas como a las que no- con su calculada ausencia en la misa funeral que en su memoria ofrecieron ayer en la catedral de La Almudena el cardenal Carlos Osoro junto a otros obispos, como el presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, y miembros de otras confesiones religiosas. El acto estuvo presidido por los Reyes y las Infantas, sin que por ello, como ha ocurrido innumerables veces, se haya puesto en cuestión la aconfesionalidad del Estado.
Para excusar su ausencia, Sánchez improvisó un viaje exprés ayer a Lisboa -que no estaba previsto en su
agenda- para comer con el primer ministro portugués António Costa, con quien ya departió largamente la pasada semana y con quien coincidirá próximamente. Con el Falcon, Sánchez podría haber llegado a tiempo para asistir a al acto religioso en Madrid y haber mostrado el obligado respeto institucional hacia los fallecidos por la pandemia, acompañando a los familiares en su duelo.Si no lo hizo fue porque para él -pero también para Iglesias e Illa- los muertos como consecuencia del coronavirus son un problema político y la constatación de su negligente gestión de la crisis sanitaria. Por eso pretenden ocultarlos, como hizo TVE al negarse a ofrecer en directo el funeral, una decisión sin precedentes que sigue alejando a la cadena pública de los españoles que la sufragan para ponerse al servicio del Gobierno.
Sánchez tardó semanas en decretar el luto oficial y desoye las recomendaciones de la OMS y los informes del INE, negándose a hacer un recuento realista. El día 16 no se honrará a todas -más de 43.000-, sino solo a las que Illa y Simón consideran víctimas oficiales. Es obvio que ese acto, en el que sí se volcará Sánchez, no pretende rendir homenaje a
los fallecidos sino blanquear la gestión de su Gobierno e introducir un nuevo elemento de crispación, contraponiendo un funeral laico a una ceremonia religiosa. El sectarismo de Sánchez sale intacto de la pandemia”
Ayer pude visionar por la cadena “Trece” (la única que lo retransmitió) la celebración religiosa (funeral) en memoria de las víctimas del Coronavirus.
En el marco de la catedral madrileña de la Almudena, una amplia corte de cardenales, obispos y sacerdotes católicos, más alguna representación de otras religiones y miembros de la sociedad civil destacada en la pandemia, como sanitarios, bomberos, limpiadores, fuerzas de seguridad, etcétera, acogieron la presencia de la Familia Real y de algunos representantes de las altas instituciones del Estado.
Pero no se vio, ni por asomo, al sinvergüenza de Pedro I “el Sánchez”, quien, como presidente del gobierno, en vez de dar su apoyo a la celebración en memoria de las víctimas, consumó su ofensa mediante el desprecio, no solamente al no asistir, sino especialmente al marcharse –huyendo, no se olvide— a Lisboa, con el pretexto de un acto agendado (se le llamó “almuerzo”) con el primer ministro de Portugal, con quien, curiosamente, pocos días antes había estado largo tiempo con motivo del
acto simbólico de apertura de las fronteras hispano portuguesas.
Ha habido algún irredento forofo del Sánchez, que ha querido justificar la ausencia basándose en que se trataba de una celebración religiosa, que el estado español es aconfesional y laico, y que ya hay previsto otro acto en homenaje a esas víctimas.
Vano intento, porque a estas alturas ya no cabe duda de que ese cara dura del presidente lo único que busca es significarse como anti los valores morales y religiosos tradicionales , absorbido sin duda por la dependencia ineludible que tiene de los comunistas rompedores que dicen ser los de “Unidas Podemos”, y que más bien parecen querer la desunión conseguir algo.
Pedro Sánchez está agarrándose al clavo ardiendo del “melena”, cínico donde los haya, doctrinario rompedor a lo chavista, y convenenciero total, que parece haber bautizado en política a “el Sánchez” con el aura morada de sus partido e ideología.
Es una paradoja que mientras la ciudadanía, creyentes o no, celebraba con el morado el recuerdo y homenaje de los muertos, el que debiera liderar, se reviste del mismo morado para disimular su huida de aquello en lo que se le pueda tachar de abierto, liberal, condescendiente, democrático…
Es el “pájaro de cuentas” que hemos de soportar mientras poco a poco va destrozando el tejido social, con posturas maniqueas de buenos (ellos) y malos (todos los demás), al tiempo en que engrosa los haberes de sus adláteres con lo que sube de impuestos, y denuesta a todo aquel que pretende construir, mejor dicho, reconstruir, el bienestar, que el virus nos apagó y que el gobierno actual quiere sofocar para así controlar al país.
En fin, que con este Pedro I “el Sánchez” y su aliado “el coleta”, no nos cabe a los españoles ni la posibilidad de encomendarnos a las ayudas del Altísimo para obtener paliativos de nuestro deterioro social y económico, y no podemos tampoco acogernos a la condenación de las tropelías de
quienes se dicen investidos de la autoridad, y sobre los que solamente nos queda el remedio de decir “que venga Dios y lo vea”.
Si es que el mismo Dios no huye, espantado por tantas mentiras, falsedades, disfunciones y extremismos iconoclastas.
¡Me duele en el alma esta España nuestra!
“Odioso para mí, como las puertas del Hades, es el hombre que oculta una cosa en su seno y dice otra”.- Homero (VIII AC-VIII AC) Poeta y rapsoda griego.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

jueves, 2 de julio de 2020

Esta España nuestra: Los partidos gobernantes imponen en la educación su absolutismo ideológico


“EDITORIAL
Ataque sectario a la concertada
(Jueves, 2 julio 2020 , en “El Mundo”)
PSOE y Unidas Podemos han aprovechado la llamada comisión para la reconstrucción para institucionalizar su sectarismo e introducir un
debate ideológico extemporáneo que prioriza sus intereses partidistas
PSOE y Unidas Podemos han aprovechado la llamada comisión para la reconstrucción -que debería fijar las líneas de actuación gubernamental para amortiguar las consecuencias sociales y económicas de la pandemia- para institucionalizar su sectarismo e introducir un debate ideológico extemporáneo que prioriza sus intereses partidistas. Poco podía esperarse de una comisión tan alejada del modelo italiano -dirigida por un empresario puntero- que tiene como vicepresidente a Enrique Santiago, líder del PCE, admirador de Castro y Maduro y negociador en La Habana en representación de las FARC, el grupo
narcoterrorista colombiano. Pero resulta inaceptable que se utilice la sede de la soberanía para lanzar un ataque sin precedentes a la educación concertada -por la que opta el 25% de los alumnos españoles- con la intención de acabar definitivamente con ella.
Porque eso es lo que se pretende dejando a estos centros fuera del reparto de ayudas, tal y como votaron ayer los diputados a propuesta de PSOE y UP, que rechazaron en bloque las enmiendas de PP y Cs, CC y JxCat. Se ponen así en peligro futuros acuerdos con el Gobierno y se convierte una vez más la educación en la única materia que ha quedado fuera del consenso. De esta formaa los centros concertados se les impide hacer frente a los gastos derivados de la adopción de las medidas de seguridad sanitarias para estudiantes, docentes y trabajadores, del cumplimiento de las ratios de alumnos por clase, de la contratación de nuevos profesores o de la digitalización de las aulas.
Se trata en primer lugar de una decisión irresponsable, ya que la educación concertada -un modelo de colaboración público-privada desarrollado por los gobiernos de Felipe González- es hoy un pilar fundamental para sostener nuestro sistema educativo, que el Estado por sí solo no tiene capacidad para garantizar. Pero además entraña una actitud sectaria y prejuiciosa, puesto que discrimina de manera consciente a uno de cada cuatro escolares españoles. Se les estigmatiza como alumnos
acomodados, cuando la realidad demuestra que la educación concertada es elegida fundamentalmente por las clases medias. De forma interesada e hipócrita, Isabel Celáa -que llevó a sus dos hijas a un centro elitista y religioso- pretende confundir los conciertos con la escuela privada, que no necesita de los recursos de todos para su mantenimiento y es solo accesible a familias de mayor nivel de renta. 
La concertada ni establece diferencias económicas ni supone entregar la instrucción de los menores a la Iglesia. Es la herramienta que permite garantizar la libertad de elección de las familias según el derecho recogido en la Constitución para que los padres puedan escoger la enseñanza que quieren para sus hijos. Derecho que la nueva ley Celáa pisotea al dificultar la creación de nuevos conciertos a pesar de la creciente demanda social.”
Nos están tomando el pelo.
Estos de los partidos coaligados en el gobierno de España vienen comportándose como si los ciudadanos fuéramos tontos (a veces lo parecemos) o si aún no hubiéramos alcanzado la mayoría de edad.
Ellos van a la suya, que es imponer sus ideas y criterios por encima de todo, importándoles un bledo aquello de la consulta y el consenso.
La paradoja es que exigen adhesión a los partidos de la oposición, porque no apoyan sus tendenciosas ideas, pero ellos se abroquelan en maniqueísmos
ultrapasados para, al fin y al cabo, imponer su voluntad.
Instauraron la ley de memoria histórica para armar revuelo, y lucharon para exhumar los restos de Franco, como si ello fuera la esencia de sus principios, eso sí, sin consultar a nadie y adoptando posiciones y expresiones chulescas.
Ahora salen con arrumar a la enseñanza concertada, que parece es de lo mejorcito que funciona en nuestro país. Y lo hacen por la puerta falsa,
aprovechando la salida del estado de alarma, y el seno de una comisión parlamentaria que titularon de “reconciliación” o de regeneración, y que realmente es una ratonera en la que nos ofrecen un queso que es sintético, para aparentar unos diálogos democráticos que son proclamas dictatoriales.
Está claro que nos toman el pelo, y se toman mucho más, porque ese sinvergüenza que es Pedro I “el Sánchez” pone buena cara a lo que no le gusta; dice lo que parece bonito, y después hace lo que le da la gana, mejor dicho, lo que le imponen el impresentable y conspiranoico “coleta” y su manceba la de la Igualdad, que se dedica a exacerbar con falsas promociones feminoides.
En cierta manera, me consuelo por no tener ahora hijos en edad educativa (¡qué más quisiera, que ya
son más que maduros!), pero me irrito porque a varios de mis nietos les va a atropellar en la formación y educación ese odio visceral a todo lo que no sea único y oficial, ajeno a los valores tradicionales y principalmente rompedor con todo.
Yo me temo que Pedro I “el Sánchez” intentará mantenerse gracias a la larga cabellera del Iglesias
y su igualitaria moza, con su neo y arcaico-comunisto-materialista concepción de la vida social.Dicho de otra manera, en sueños ya se me ha aparecido más de una vez el “dúo Pedro y Pablo” (nada apostólico, pero muy proselitista) presidiendo desde el Palacio Real de Madrid el aniversario de la introducción de la educación única y oficial: el materialismo.

¿No valdría la pena matricularse de nuevo en
Recortador profesional ..y feo, además..
la escuela para alborotar un poco el “gallinero” pedropaulista?
Sé que me están intentando tomar el pelo, pero voy a procurar que eso no ocurra…ni a mí ni a los míos... ni a nadie...

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no”.- Gabriel García Márquez (1927-2014) Escritor colombiano.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 30 de junio de 2020

Tiempo de mascarillas, con pandemia vírica y tropelías de gobierno, ministros y ciudadanos por “desasnar”


“Las mascarillas (Amando de Miguel en “Libertad digital”, 30/06/2020)
“En el teatro grecolatino los personajes se expresaban mediante caretas que cubrían el rostro y exageraban ciertos rasgos. Se llamaban ‘personas’, en el sentido de que definían personajes dramáticos. Frente a lo que se ha dicho, no servían tanto de altavoces como de realce de unos u otros caracteres. Otra cosa fueron las máscaras, una voz derivada del árabe, que significa bufón o payaso. Se introdujeron en la Edad Media europea con una función parecida a los carnavales. Se trataba de tapar el rostro para forzar el anonimato con una idea más bien lúdica.
Las mascarillas son un artilugio sanitario del siglo XIX para cubrir la boca y la nariz. Se utilizan por médicos y enfermeras cuando se empieza a incorporar la noción de que se pueden respirar microorganismos maléficos. Hasta bien entrado el siglo XX no cunde la noción de la existencia de los virus.
En la pandemia de gripe de 1918, ocasionada por un virus que nadie logró visualizar, se empiezan a generalizar las mascarillas por algunas poblaciones. Bien es verdad que su eficacia fue más bien dudosa. Sirvieron sobre todo como efecto placebo, es decir, un efecto preventivo o profiláctico a través de la sugestión.
Ha sido la peste china actual la que nos ha llevado a una especie de disfraz generalizado mediante el uso prácticamente general en todo el mundo de las mascarillas. Sigue funcionando el efecto
placebo, reforzado ahora por la más eficaz decisión de mantener una cierta distancia física (malamente llamada "social") entre los interlocutores o los asistentes a un acto público.
En España se recuerda que Alfredo Escobar, marqués de Valdeiglesias, sempiterno director de La Época durante la Restauración, utilizó el seudónimo de Mascarilla. Así firmaba sus famosas crónicas sobre la alta sociedad. La mascarilla se asociaba más con un disfraz que con un artefacto sanitario.
La generalización de las mascarillas en nuestros días significa una intensa transformación de ciertos usos sociales. En el lenguaje oral no solo nos hacemos entender mediante las palabras, sino con los gestos faciales, principalmente en torno a la boca. Con las mascarillas se rompe ese tipo de comunicación. A los que somos un poco tenientes nos resulta difícil de entender todo lo que dice un interlocutor provisto de mascarilla. No me imagino que un profesor de cualquier grado pueda dar una clase atractiva provisto de mascarilla. Desde luego, no suelen recurrir a ella los presentadores de la
televisión. Tampoco se sienten cómodos con el artilugio los políticos cuando discursean. Si recurren a ella delante de las cámaras de la tele es más bien para dar ejemplo de civismo sanitario.
Pasarán más o menos los rebrotes de la peste china, pero quedará la costumbre higiénica de llevar la mascarilla puesta en las situaciones de gran aglomeración de público. Será la misma razón para que sigan funcionando los ascensores de los grandes edificios de oficinas, los cruceros turísticos, los transbordadores, las salas de espectáculos. Significará un hábito social nuevo. El problema más grave será qué hacer con tantos desechos profilácticos, no solo mascarillas, sino guantes, pantuflas y otros adminículos de plástico. No quiero pensar si a esa gigantesca basura se añade un día la operación de desmontar los millones de pantallas de metacrilato que hoy distinguen los lugares de afluencia de público. Esa será otra peste simbólica difícil de erradicar”
He de confesar que he llegado a sentirme muy incómodo cuando uso las mascarillas, porque, o me dificultan la respiración, o me envían vahos a mis multi graduadas y vario focales gafas, o me incomoda también comprobar que cuando yo las utilizo (tratando de comportarme como ciudadano responsable) hay algunas gentes –abundando los jóvenes— que prescinden de ese artilugio textil, sedoso a veces, flexible, y con unos nervios alámbricos que acaban clavándose en la nariz.
Pero, en fin, hay que seguir las recomendaciones de los que se dicen expertos en materia de pandemia (a veces dudo de si lo son  y qué título o grado les acredita), y someterse a la servidumbre, especialmente cuando las gentes, se erigen en garantes del cumplimiento de la regla “mascaril”, en lo que son adalides los conductores de autobuses urbanos, a quienes siempre tengo la tentación de preguntar si son policías y rogarles la exhibición de su carnet, dadas sus en bastantes ocasiones abruptas exigencias.
Bueno, a propósito de las mascarillas, creo que se está cometiendo un tremendo error, porque si ese elemento facial de supuesta protección se exige para evitar a los demás nuestros efluvios víricos (hay algunos que dicen que esos artilugios hasta nos protegen de los ajenos), deberían sacarse al mercado mascarillas protectoras frente a los abusos, descalabros e ineptitudes del gobierno, que solamente sabe anunciar homiliéticamente prevenciones y predicciones, y prometer sanidades, eso sí, con anuncios de gastos y ayudas que es dudoso sean posibles porque se habrá agotado el “bolso” de los dineros.
Ojalá haya mascarillas de protección frente al gobierno, pero más aún las necesitamos frente a los 
 
ministros y demás personajes de las administraciones públicas, que evidencian su egoísmo y su incultura convivencial cuando se pelean cual verduleras (que me perdonen las adorables profesionales así llamadas), se niegan a lo que es evidente, mienten más que Pinocho, y rectifican cuando y cómo les conviene, olvidándose de los ciudadanos, que vienen a ser para ellos como aquellos diminutos bultos que el genial Orson Welles señalaba a Joseph Cotten desde lo alto de la noria del Prater vienés, en aquella para mí magnífica película de Carol Reed titulada “El tercer hombre”, pues esos

bultos eran señalados fría y despectivamente como personas humanas que no eran más que esas mínimas figuras que no merecían la menor consideración.
Para el gobierno y sus ministros, en ocasiones somos igual o peor que aquellos “muñequitos” que se vislumbraban desde lo alto de la noria.
Empero, las mascarillas nos ofrecen todavía más una utilidad, y no pequeña, cual es aislarnos de toda esa plebe insensata y descerebrada que en tiempos de feroz contagio, ni respetan el uso de los protectores,
ni guardan las distancias, ni se mantienen en el confinamiento cuando está ordenando, ni respetan los límites de los viajes. Deleznable, de veras.
Aunque les cabe un atenuante, cual es el ejemplo más inadmisible aún de los gobernantes y dirigentes, no protegiéndose y menos todavía protegiéndonos.
Dicho todo lo anterior, intento retomar la habitualidad de mis posts y especialmente deseo
esperar que las mascarillas pasen a convertirse en reminiscencias y recuerdos, porque las pandemias sanitarias y sociales se hayan convertido en historia.
Pese a todo, cuidémonos...

“Se piensa que lo justo es lo igual, y así es; pero no para todos, sino para los iguales. Se piensa por el contrario que lo justo es lo desigual, y así es, pero no para todos, sino para los desiguales” Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA