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25 septiembre 2021

Ese volcán llamado España: El presidente del gobierno, además de “prima donna” (sale en todas las fotos), busca su provecho mientras la economía sigue lastrada y hasta sus aliados gubernamentales “se pegan” con él y entre ellos


En verdad, hace demasiado tiempo que no he dedicado mis escritos y reflexiones a “los afanes de cada día”, en parte por el problema del Covid-19 (que ha afectado a mi esposa, pese a estar teóricamente “inmunizada” con la doble vacuna Pfizer); en parte porque he tenido que sufrir en mí mismo las agresiones de la quimioterapia; y, en general, porque han sido tantos y tan variados los motivos para plasmar mis comentarios y críticas al acontecer del día a día, que he ido postergando mis opiniones hasta hallar una razón singular para escribir: e volcán de La Palma y el “volcán” de la vida política española.

Ha sido esa inmensa catástrofe que está acaeciendo en la preciosa isla canaria de La Palma, con su brutal erupción volcánica, la infernal destrucción de las tierras y los hogares y la eliminación de la vida social y familiar de sus moradores, ha sido ello, lo que me ha movido principalmente a pensar ahora por escrito en tantas y tantas cosas que nos afectan en esta “España nuestra”.

Vaya por delante que no he podido evitar mi indignada sorpresa al ver cómo ese “Pinocho” presidente que soportamos en España (mentiroso y falso, además de convenenciero), se ha apresurado a desplazarse a la isla palmeña –y por más de un día— para hacer como que dirigía los medios de auxilio ante la catástrofe, y, como lo que busca (y ha demostrado hasta la saciedad) es “salir en la foto, sacando su larga “nariz

de falso” y figurar en la televisión, para después marcharse a Nueva York desde la isla –e intervenir con mensaje casi insustancial ante la Asamblea General de la ONU—y, eso sí, regresar de prisa y corriendo a seguir figurando y saliendo la Tv durante la visita de los reyes.

Y no es que me parezca mal en sí que el presidente haya estado presente en la catástrofe canaria, sino que me causa una explicable indignación que en el año y pico que venimos sufriendo la pandemia, casi nunca se le haya visto visitando un hospital, y ni siquiera haya aparecido en los medios de comunicación para aclarar temas conflictivos, como la entrada “por la gatera” de un líder del Frente Polisario, el ocultismo en recibir a una vicepresidenta del régimen venezolano, o la manipulada invasión de Ceuta, etcétera…

Puede que los españoles no se cercioren mucho de tantas tropelías y mentiras de Pedro I “el trilero Sánchez”, pero desde luego en el extranjero le tienen bien tomada la medida, ya que Biden, presidente USA, habla con él ocasionalmente en los pasillos; el rey de Marruecos le soslaya; los foros internacionales casi ni le dejan “salir en la foto”…

En medio de todo ello, el gobierno que había, fuente de discordias por la reprobable alianza con los comunistas de Podemos, y compuesto de ministros “figura” (¡ tan incompetentes!), ha tenido que ser repuesto por otro todavía peor, pues han entrado unos/as cuantos/as (¡hasta el mal lenguaje se contagia!) figuras de “medio pelo”, tan doctrinarios como destarifados, cual esa ministra de Turismo llamada Maroto (debería denominarse “maremoto”), que ante el drama del volcán no tiene

mayor ocurrencia, mentecatez o desfachatez, que alegrarse por lo “benéfico” que será para el turismo ese espectáculo de fuego y lava, obviando el atroz sufrimiento y esa desgracia que es la erupciónEntre tanto, aunque la pandemia,después de año y medio, parece que va cediendo (una de las pocas acciones valuables del “pinochito” ha sido organizar relativamente bien la vacunación, pese a que el Tribunal Constitucional le ha “tumbado” por ilegalidades sus dos primeros decretos sobre el estado de alarma), la economía apenas si remonta, los presos insurrectos catalanes ya gozan de libertad plena por el regalo de su indulto y muchos beneficiarios de las ayudas siguen esperando que les llegue “algo”.

En fin, que continuamos teniendo en esta España nuestra el “volcán” del mal y falso gobierno partidista, del doctrinarismo por encima de la eficacia, de la provocación a los partidos de centroderecha (que tampoco pueden librarse de la censura por sus enfrentamientos y tozudez en oponerse a todo “porque sí”), y de esta guisa, “los unos por los otros y la casa por barrer”.

Ni soy geólogo ni vulcanólogo, ni pretendo serlo (yo, que “soy de letras”, no serviría para eso como tampoco para otras tantas cosas) pero permítaseme al menos que ponga en negro sobre blanco lo que pienso y sufro, lo que integra mis “afanes de cada día”

El benevolente lector sabrá comprender que donde hay sinceridad es todo más disculpable, porque ya dijo Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano, que Son siempre más sinceras las cosas que decimos cuando el ánimo se siente airado que cuando está tranquilo”

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 junio 2021

España en manos de trileros y felones.- Indultos y claudicaciones por doquier


“La agenda de una rendición

Los indultos no son un acto de generosidad con delincuentes arrepentidos, sino una estrategia política indigna que está arrodillando a millones de españoles incapaces de asumir esta extorsión (Editorial en “ABC”, 21/06/2021)

Con Pedro Sánchez, la grandilocuencia de las palabras siempre esconde algo que supera con mucho la propaganda y la teatralidad impostada con las que suele anunciar sus decisiones. Este lunes, Sánchez ha consumado en Barcelona un atropello a la autoridad y credibilidad de nuestras instituciones, desde los magistrados que sentenciaron el golpismo separatista de aquel 1 de octubre de 2017, hasta el último ministro que hoy acepte rubricar unos indultos que deberían causar problemas de conciencia a más de uno. No es una pomposa «agenda del reencuentro» lo que está en marcha, sino el guion de la claudicación de todo un Gobierno y la rendición de todo un Parlamento, tomando como rehén de una injusticia a la inmensa mayoría de la sociedad. Porque no se trata de un acto de generosidad con el delincuente que se arrepiente y se compromete a no reincidir, sino de una estrategia política indigna que está arrodillando a millones de españoles incapaces de digerir una extorsión de esta magnitud. Es inexplicable que Sánchez confíe en que Oriol Junqueras y el resto de condenados no trabajen desde ahora, y en libertad, por otra declaración de independencia. Y no es ceguera, ni incompetencia, ni negligencia. Es irresponsabilidad de un presidente que exige valentía a la sociedad, pero que a su vez incurre en cobardía política, porque es el propio Junqueras quien se ríe de todos diciendo que los indultos son la prueba de la debilidad del Estado. Por desgracia, en eso tiene razón. Lo que hace Sánchez no es solo salvar su legislatura agenciándose los votos de ERC, sino pactar un cuaderno de bitácora deliberadamente ocultado a los españoles: no conocemos ni las condiciones de su pacto con ERC, ni las cesiones, ni el calendario… Pero si la única reclamación irrenunciable del secesionismo es un cambio de régimen basado en la fractura de la unidad nacional, se entiende demasiado bien por qué el Gobierno guarda un silencio tan elocuente. Sánchez ha alegado que los indultos son el producto de una reacción ciudadana que puede parecer insulsa y basada en su demagógica
concepción del progresismo, la España verde y feminista, el republicanismo sobreactuado, el «escudo social» o la resiliencia como ejes de su mercadotecnia electoral. No. Ha diseñado una cesión grave del Estado y una humillación política, ha desactivado delitos muy graves, y está demostrando que la fuerza de un Estado para defenderse frente a quienes lo agreden es irrelevante porque debe subordinarse al tacticismo oportunista. Sánchez no tiene ninguna idea de España, de su historia, del valor de la Transición, o de lo que realmente significa la concordia. Los indultos son un trágala inaceptable que incrementarán la crispación política y alentarán una ruptura social mucho más ideologizada y combativa.

El PSOE da hoy un paso más del que dio José Luis Rodríguez Zapatero en 2004. El anterior presidente socialista aprobó una reforma estatutaria en la que se definía a Cataluña como nación -aunque fuera a efectos retóricos-, se le atribuían competencias exclusivas del Estado, y se daba a la Generalitat patente de corso con una ley peligrosamente soberanista. Al final, el TC tumbó muchos aspectos de aquel Estatuto. Algunos artículos, de modo directo y contundente; otros, por la vía de la interpretación. Pero era un estatuto inconstitucional al fin y al cabo.

Hoy Sánchez, perfeccionando la insolvencia de Zapatero, no solo ha retomado aquel desafío al Estado, sino que lo multiplica imponiendo de facto una reforma encubierta de la Constitución para esa «nueva España» que predica. No son unos indultos graciosos en un momento en el que el separatismo se haya rendido o el «interés social» pudiera justificar perdones individualizados. Al revés. Son la coartada para un rearme moral de los independentistas, para transmitir a Europa que España cometió una injusticia, y para autorizar a Cataluña a reactivar la vía para separarse, porque nuestras instituciones ya están empequeñecidas e indefensas para ser vendidas por Sánchez al peor postor”

No se admire el lector por el hecho de que en el editorial de ABC que recojo se le den palos por doquier al individuo que preside (es un decir) el gobierno de nuestro país (no me atrevo a mencionar “nación” por aquello de que ese término viene siendo usado por los pro-independentistas catalanes y vascos, y hasta por el ejecutivo que por desgracia está enclavado en este país que en su día se llamó España.

De todo lo que inspira la sinvergonzonería galopante de ese mequetrefe metido a político que es Pedro I “el Sánchez” --a quien voy a pasar a denominar Pedro I "el trilero”-- lo que más asalta a la ciudadanía normal (la que piensa y actúa honestamente y quiere lo mejor para su patria y rechaza la doblez, la mentira, la falsa razón, las promesas vacías, los proyectos incumplidos), sí, lo que más preocupa, es que mientras se reviste la realidad de magnanimidad y solución política apócrifa a los conflictos, la economía se ha ido a pique y la pandemia del virus ha invadido la realidad social y sanitaria, matando a un montón de gente y especialmente generando psicosis de encierro, soledad, aislamiento, impotencia.


En este entorno, de la chistera de Pedro I “el trilero” se ha sacado el indulto de los criminales condenados por el Tribunal Supremo, vulnerando la legalidad, evadiendo la ley, y generando la sorda indignación de las personas cabales de cualquier

signo, aunque las supuestamente influyentes han sido neutralizadas mediante la sordina de las dádivas políticas y de los empleos públicos y privados bien generosos.

No es necesario “rasgarse las vestiduras” porque a estas alturas de realidad democrática, ya hemos sufrido las incompetencias de los más, los abusos de casi todos y las corrupciones de los “animales políticos” (entiéndase la expresión en su más amplia etimología y no demasiado benevolente)

Pero lo necesario es reaccionar, y no solamente por escrito, ante tamaño cúmulo de abusos, falsedades, errores, que el actual gobierno viene dispensando, en aras, principalmente de que un partido tan corrupto como los demás (¿alguien recuerda el fraude multimillonario de los ERES en Andalucía, hábilmente silenciado?) porque las urnas no acabaron hasta ahora de remediar tantos desatinos y tantas acciones filibusteras.

Quede aquí mi enojo, mi protesta, mi indignación, mi rechazo, mi reprobación, etcétera, de “el trilero” y sus “trileritos”, incluyendo a los adheridos podemitas de los chalets.

Y sépase  que llamar "trilero" a Pedro I es de lo más suave que se le puede calificar.

Véase su significado según la Real Academia Española de la Lengua: 

TRILERO "m y f. Persona que dirige el juego del trile

TRILE.” m. Juego callejero de apuestas fraudulentas que consiste en adivinar en qué lugar de tres posibles se encuentra una pieza manipulada

“Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA