“Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender” Charles Dickens (1812-1870) Escritor británico.
Pues sí. Madrid se ha quedado sin la Olimpiada del año 2016. Y España, por lo que parece, también.
El pasado día 2 de Octubre, el optimismo desenfrenado, con la concentración de gentes en la plaza de Oriente de Madrid, se trocó, en un instante, en decepción profunda.
Parecía como si el honor de Madrid, el prestigio de España, pendieran de la nominación para la Olimpiada.
Y llegó Brasil, con su ritmo de samba, con su desorden ordenado, con sus manejos entre caipirinhas, garotas y sambas, y “conquistó” a los vividores del Comité Olímpico Internacional.
No nos sirvieron ni el bueno de Samaranch, el senior, que llegó a invocar su previsible cercana desaparición; ni el Rey, esta vez “de barba y bigote” como en los naipes de Heraclio Fournier; ni el siempre sonriente Zapatero, ni un ramillete de deportistas famosos; ni la buena técnica de una correcta presentación. Nada valió…
Y pareció que la sombra del fracaso se había cernido sobre nuestro país, tan bueno, tan moderno, tan turístico, tan…
Yo confieso que me alegré del “no triunfo” de España o de Madrid; y no porque sea iconoclasta o me sienta poco patriota, sino porque, por una parte, el fracaso debe servir para reflexionar, y la decepción debe acunar la rectificación; y de otra, los tiempos que corren no están para pensar en grandes dispendios ni en proyectos faraónicos, sino en el “duro a duro”, el “euro a euro” de cada día.
Porque, en verdad, si es necesario subir los impuestos para compensar el derroche imprudente de un gobierno que debería llamarse “gastierno” (por lo que gasta); si hay que soportar el incremento incesante e imparable de los desempleados, lo importante no es pensar en medidas de desarrollo de cara al año 2016, sino de cara al ya, al mañana, al pasado mañana…
Y en vez de tirar por la borda un dineral, alojando en un lujoso hotel de Copenhague, a un montón de personajes y personajillos, mejor nos iría guardando esa “pasta”, al menos para “socorrer a un parado”, al estilo del “siente un pobre a su mesa” de la genial película “Plácido”, del no menos genial Luis García Berlanga.
Y si en vez de soñar con épicas y triunfos deportivos, nos dedicaramos un poquito más a estudiar fórmulas de solución a la crisis; si en vez de decir que felicitamos con espíritu olímpico a los brasileños que nos vencieron, nos aplicaramos el espíritu de concordia y consenso para un gran pacto nacional entre partidos, entre patronal y sindicatos, entre el gobierno y la sociedad, otro gallo mejor nos cantaría…
En fin, que pienso que los españoles hemos de felicitarnos del fracaso, porque gracias a él hemos evitado otro despilfarro y otra ensoñación de que somos los mejores, y habremos de volver a la cruda realidad del triste momento económico y social que estamos pasando.
¡Ah! Y si critico el derroche, no lo hago solamente a los inefables miembros de este gobierno que nos “desgobierna” cada día, sino a los alcaldes con vocaciones de liderazgos eternos y universales y a la cohorte de escribanillos de vía estrecha que, con tal de medrar, elogian hasta lo inadmisible.
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Pues sí. Madrid se ha quedado sin la Olimpiada del año 2016. Y España, por lo que parece, también.
El pasado día 2 de Octubre, el optimismo desenfrenado, con la concentración de gentes en la plaza de Oriente de Madrid, se trocó, en un instante, en decepción profunda.
Parecía como si el honor de Madrid, el prestigio de España, pendieran de la nominación para la Olimpiada.
Y llegó Brasil, con su ritmo de samba, con su desorden ordenado, con sus manejos entre caipirinhas, garotas y sambas, y “conquistó” a los vividores del Comité Olímpico Internacional.
No nos sirvieron ni el bueno de Samaranch, el senior, que llegó a invocar su previsible cercana desaparición; ni el Rey, esta vez “de barba y bigote” como en los naipes de Heraclio Fournier; ni el siempre sonriente Zapatero, ni un ramillete de deportistas famosos; ni la buena técnica de una correcta presentación. Nada valió…
Y pareció que la sombra del fracaso se había cernido sobre nuestro país, tan bueno, tan moderno, tan turístico, tan…
Yo confieso que me alegré del “no triunfo” de España o de Madrid; y no porque sea iconoclasta o me sienta poco patriota, sino porque, por una parte, el fracaso debe servir para reflexionar, y la decepción debe acunar la rectificación; y de otra, los tiempos que corren no están para pensar en grandes dispendios ni en proyectos faraónicos, sino en el “duro a duro”, el “euro a euro” de cada día.
Porque, en verdad, si es necesario subir los impuestos para compensar el derroche imprudente de un gobierno que debería llamarse “gastierno” (por lo que gasta); si hay que soportar el incremento incesante e imparable de los desempleados, lo importante no es pensar en medidas de desarrollo de cara al año 2016, sino de cara al ya, al mañana, al pasado mañana…
Y en vez de tirar por la borda un dineral, alojando en un lujoso hotel de Copenhague, a un montón de personajes y personajillos, mejor nos iría guardando esa “pasta”, al menos para “socorrer a un parado”, al estilo del “siente un pobre a su mesa” de la genial película “Plácido”, del no menos genial Luis García Berlanga.
Y si en vez de soñar con épicas y triunfos deportivos, nos dedicaramos un poquito más a estudiar fórmulas de solución a la crisis; si en vez de decir que felicitamos con espíritu olímpico a los brasileños que nos vencieron, nos aplicaramos el espíritu de concordia y consenso para un gran pacto nacional entre partidos, entre patronal y sindicatos, entre el gobierno y la sociedad, otro gallo mejor nos cantaría…
En fin, que pienso que los españoles hemos de felicitarnos del fracaso, porque gracias a él hemos evitado otro despilfarro y otra ensoñación de que somos los mejores, y habremos de volver a la cruda realidad del triste momento económico y social que estamos pasando.
¡Ah! Y si critico el derroche, no lo hago solamente a los inefables miembros de este gobierno que nos “desgobierna” cada día, sino a los alcaldes con vocaciones de liderazgos eternos y universales y a la cohorte de escribanillos de vía estrecha que, con tal de medrar, elogian hasta lo inadmisible.
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Hablando de derroches y despilfarros, aunque cambiando de tema: ¿Qué apuesta el lector a que nuestro ahorrador gobierno va a pagar con generosidad propia de protector de derechos humanos, el gran rescate que pedirán los bucaneros de Somalia por el secuestro del “Alakrana”?. ¿Habrá que subir de nuevo los impuestos? ¿O es otra operación de distracción, para que se cuenten batallitas de piratas y no dramas de familias sin pan?
Valga la frase de Orison Swett Marden – (1850-1924), escritor de libros de autoayuda--: “La economía consiste en saber gastar y el ahorro en saber guardar”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
Valga la frase de Orison Swett Marden – (1850-1924), escritor de libros de autoayuda--: “La economía consiste en saber gastar y el ahorro en saber guardar”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA