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16 abril 2020

Esta España nuestra: Seguimos en vilo, porque el COVID-19 se resiste, no se vislumbra el final del confinamiento y nos manipulan y engañan con el estado de alarma.


Mi buen amigo, el ilustre filósofo y prolífico escritor, Dr. Francisco Roger Garzón (una autoridad en lo referente a la vida y obra del ilustre erudito, médico y académico, Pedro Laín Entralgo) mantiene y cultiva un interesante blog titulado “La persona en vilo”, en el que despliega sus estudios, sus comentarios y su meticulosidad en el análisis de la problemática vital de las personas, con el especial ángulo de observación de la obra de Laín Entralgo.
No solamente sigo el blog, sino que valoro muy positivamente el esfuerzo que el Dr. Roger realiza regularmente para ofrecer sus cábalas y análisis sobre diversos aspectos de la conducta humana.
Por eso, me permito apropiarme (transitoriamente, y a los solos fines de esta entrada) de la noción de “persona en vilo”, para comentar, ahora que el encierro general nos permite una mayor disponibilidad de tiempo, lo que nos tiene “en vilo”; ahora, que, sumado a las inquietudes habituales, ha convertido nuestra vida diaria en lo opuesto a lo deseable, en casi un “sin vivir”.
La expresión “en vilo” viene a significar sin el apoyo físico necesario o sin estabilidad” o “con indecisión, inquietud y zozobra”, y desde luego no puede ser más atinada para referirnos a los momentos que estamos viviendo en esta España nuestra.
En lo principal, esa maldita pandemia denominada Covid-19, que se supone de donde proviene, pero que apenas si se conoce en qué consiste ni hacia qué futuro evolucionará; esa pandemia, repito, ha volteado de manera absoluta nuestras vidas, porque ha forzado a las autoridades responsables (si es que puede calificarse como “responsable” a esa troupe  de titiriteros políticos que dicen regir la vida de nuestra nación) a adoptar muy a ciegas, con criterios populistas pero no científicos y sin adecuada diligencia, una serie de medidas que, no por necesarias, han estado bien graduadas.
Comenzaron por no dar importancia al anuncio de pandemia, tal vez para saciar las ansias de una manada de histéricas defensoras del feminismo mal entendido y permitir que un montón de mujeres
vocingleras se adueñasen de la calle para proclamar sus consabidas consignas en pro de la preponderancia del sexo femenino, y que menos cacareadas y más analizadas y ejercitadas conducirían a una mayor eficacia.
Tamaño desatino fue la manifestación pro-mujeres del pasado 8 de marzo, en pleno proceso (advertido previamente) de contagio del virus, que poco después, como queriendo demostrar que todo había caído de repente, el ínclito Pedro I “el Sánchez”, declaró el estado de alarma, con una serie de medidas durísimas, que no eran inadecuadas pero se aprovechaban maliciosamente para cercenar libertades y especialmente para divulgar mediante discursos “a lo Fidel Castro” o mucho que se estaba 
haciendo y se iba a realizar, porque el gobierno era bueno…buenísimo y eficaz…eficacísimo…
Tan bueno y tan eficaz como que ni contaba con medios adecuados para proteger de los contagios, ni sabía cómo conseguirlos, porque hasta tres semanas más tarde no se comenzó a disponer de mascarillas, guantes, respiradores y vestuarios de protección.
Tan bueno y tan eficaz como que mediante la legislación de alarma, se asumió con plenos poderes la dirección de la nación con exclusión de los poderes autonómicos, aunque después se tuvo que hacer marcha atrás y de una manera confusa e inexplicada devolver informalmente las competencias en sanidad (las conflictivas) a las comunidades autónomas.