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24 agosto 2022

Hoy, 24 de agosto: 31 aniversario de la independencia de Ucrania. La difícil supervivencia de una nación que el absolutismo genocida de Putin trata de suprimir


Confieso que durante muchos años he celebrado en territorio ucraniano, y junto a los ciudadanos de ese país, la conemoración del aniversario de su independencia.

Siempre ha sido un día grande, con las gentes gozando la festividad, retomando la vida en familia, saliendo a las calles para manifestarse, presenciando la parada militar en la avenida Kreschiatyk; en pocas palabras, compartiendo el orgullo de ser una nación independiente que iba prosperando poco a poco con esfuerzo, pero siempre con sentimientos patrióticos.

Ya fueron problemáticos los años en los que desde Rusia se trató de manejar la vida y realidad de Ucrania, influyendo los oligarcas ucranianos y los pro-rusos para que la presidencia del gobierno y éste mismo estuvieran volcados a Rusia, mediante la colocación de

mandatarios claramente pro-Moscú, como Kuchma y Yanukóvich y sofocando todo conato de tendencia nacionalista, hasta que tuvo lugar el pronunciamiento en Maidan Nezalechnosti (plaza de la Indepencia), que pasó a definir la voluntad mayoritaria de apartamiento del absolutismo ruso.

Desde entonces, el taimado Vladimyr Putin se ha valido de mil y una artimañas para neutralizar a los mandatarios que buscaban la real independencia social y económica, bien envenenándoles (como a Yúshcenko) bien propiciando su prisión mediante acusaciones casi siempre falsas.

La tendencia en Ucrania que he percibido personalmente durante los muchos años de convivencia y relación con los ucranianos, ha sido el deseo de lograr la integración efectiva en el mundo occidental, especialmente en la Unión Europea, bien que ello era muy difícil porque la corrupción seguía galopando, las estructuras económicas evolucionaban lentamente y en la Unión Europea se veía con recelo la posibilidad de aproximación.

Así las cosas, cuando el sátrapa Yanukóvich (de infausta memoria por su descarada tendencia pro rusa y sus abusos dictatoriales) hubo de salir huyendo, porque el pueblo no quería ni verle, el Kremlim se propuso reconquistar Ucrania, y montó una guerra separatista en las regiones de Lugansk y Donbass, apoyando tropas secesionistas y hasta infiltrando combatientes y armamento, llegando a consumar la tropelía de adueñarse de la península de Crimea, ante la cuasi indiferencia de Occidente.

Y de aquellos polvos han venido los actuales lodos, de una agresión brutal, inhumana, de Rusia, a poblaciones más cercanas a su territorio, con desprecio genocida de la población.

Lo más sorprendente ha sido la reacción del pueblo ucraniano,

embravecido en la defensa de una independencia que no quiere perder, pese a las dentelladas bélicas en el este del país.

En esa situación llega ahora la celebración del 31 aniversario de la independencia de Ucrania, y aunque los festejos han debido suprimirse por la guerra y el riesgo de más ataques de Rusia, ya que Putin y los suyos buscan siempre golpear donde más duele, olvidando los más elementales principios de humanidad, sí, ha llegado el aniversario de la declaración de independencia, y el pueblo ucraniano lo ha celebrado con todo honor y orgullo, precisamente combatiendo al invasor para preservar su independencia.

No puedo menos que ensalzar ese bravía conducta de los nacionales ucranianos, ejemplo para el mundo, que tal vez no quiere implicarse más en una guerra que no puede serle ajena, porque supone el freno al deseo expansionista del totalitarismo del criminal Putin y sus secuaces.

Por ello, a los ucranianos, a los simpatizantes y a las personas de buena voluntad que apoyan la independencia de Ucrania, no puedo menos que felicitarles en este señalado día, pidiendo a Dios que haga callar las armas, especialmente las de Rusia y permita la paz, para que la independencia y la esencia de Ucrania sobrevivan por centurias.

Mi grito es el los ucranianos: ¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes!, Slava Ukraini! Geroiam slava!

"La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas" Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

21 julio 2014

Sigue el drama en Ucrania: Un misil fabricado en Rusia, manipulado por rebeldes instruidos y manipulados desde Rusia, derriba un avión civil.- “Éramos pocos y parió la abuela…”


“La doctrina del resentimiento: 
Putin defiende la idea de que Rusia tiene la responsabilidad de proteger a todos los rusos que están en el extranjero, y él decide quién lo es. Pero ‘proteger’ a los rusos en Ucrania tiene consecuencias fatales
A veces, solo a veces, conviene prestar atención a las insufribles palabras de los pelmazos en las reuniones importantes.
En 1994, estaba quedándome medio dormido en una mesa redonda que se celebraba en San Petersburgo, Rusia, cuando un hombre fornido y de baja estatura, con cara de ratón, que parecía ser la mano derecha del alcalde, empezó a hablar. Dijo que Rusia había entregado de forma voluntaria “inmensos territorios” a las antiguas repúblicas soviéticas, entre ellas zonas “que históricamente han pertenecido siempre a Rusia”. Se refería “no solo a Crimea y el norte de Kazajstán, sino también, por ejemplo, al área de Kaliningrado”. Rusia no podía abandonar a su suerte a esos “25 millones de rusos” que habían pasado a vivir en el extranjero. El mundo debía respetar los intereses del Estado ruso “y del pueblo ruso como gran nación”.
Aquel hombretón irritante se llamaba —como habrán supuesto— Vladímir V. Putin, y sé exactamente lo que dijo en 1994 porque la organización, la Fundación Körber de Hamburgo, Alemania, publicó la transcripción completa. Lo que yo he traducido como “pueblo” ruso es, en la transcripción alemana, volk. Putin tenía y sigue teniendo una definición völkisch, amplia y racial, de los rusos: ahora habla del russkiy mir, literalmente, el “mundo ruso”. La transcripción muestra asimismo que yo hice una pequeña broma sobre las consecuencias que podía tener la visión del desconocido funcionario municipal alcalde, cuando dije: “Si atribuyéramos la nacionalidad británica a todas las personas que hablan inglés, tendríamos un Estado algo mayor que China”.
No podíamos adivinar que, 20 años más tarde, aquel vicealcalde de
San Petersburgo, hoy zar sin corona de todos los rusos, iba a apoderarse de Crimea por la fuerza, alimentar de forma encubierta el caos y la violencia en el este de Ucrania y promover descaradamente su decimonónica visión völkisch como política de un Estado del siglo XXI. El Kremlin actual posee su propia visión distorsionada de la doctrina humanitaria desarrollada por Occidente y consagrada por la ONU sobre la “responsabilidad de proteger”. Rusia, insiste Putin, tiene la responsabilidad de proteger a todos los rusos que están en el extranjero, y él decide quién es ruso.
Es verosímil pensar que un ejército regular habría identificado en el radar un avión de pasajeros
Por supuesto, debemos evitar lo que el filósofo Henri Bergson llamaba las ilusiones del determinismo retrospectivo. La historia no suele discurrir en línea recta. Después de su ascenso al poder supremo del Estado ruso, que comenzó cuando se convirtió en primer ministro en 1999, Putin experimentó con otros modelos de relaciones con Occidente y el resto del mundo. Durante unos años, intentó la modernización y la cooperación con Occidente. Celebró la incorporación al G-8, uno de los incentivos que Estados Unidos y Europa ofrecieron para ayudar a Rusia en las dificultades inevitables de su camino posimperial. El presidente George W. Bush se equivocó cuando dijo que le había “mirado a los ojos” en 2001, pero sería poco riguroso llegar a la conclusión de que en 2001 Putin ya estaba planeando en secreto recuperar Crimea y desestabilizar el este de Ucrania.
Aunque los historiadores deberían investigar esas posibilidades alternativas, resulta fascinante ver que los principios fundamentales de la doctrina del Estado protector de Putin, basada en el resentimiento, estaban ya presentes en 1994, aunque todavía no contaran con el refuerzo de las citas ideológicas de pensadores rusos como Ivan Ilyin.
Hubo un tiempo en el que existía la doctrina Bréznev, que apelaba a la “ayuda fraternal” para justificar acciones como la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968. Mijaíl S. Gorbachov la sustituyó por la doctrina Sinatra —que cada uno lo haga a su manera, como explicaba el portavoz del Ministerio de Exteriores, Gennadi I. Gerasimov— en sus relaciones con Europa del Este. Ahora tenemos la doctrina Putin.
Los combatientes locales no habría tenido la tecnología necesaria para lanzar semejante ataque
No debe quedar ninguna duda de que estamos ante una amenaza no solo contra los vecinos de Rusia en el este de Europa y Asia Central, sino contra todo el orden internacional creado desde 1945. Todos los países del mundo cuentan con hombres y mujeres que viven en otros Estados pero a los que consideran, en cierto sentido, “su gente”. ¿Y si, como ha sucedido en el pasado, las minorías chinas de los países del sureste asiático fueran víctimas de la discriminación y la ira popular, y China (donde, durante una visita que hice en primavera, oí frases de admiración hacia la actuación de Putin) decidiera asumir su responsabilidad de madre patria y ejercer su responsabilidad völkisch de proteger?
Para dejar claro por qué una cosa así es totalmente inaceptable y constituye una grave amenaza contra la paz mundial, debemos empezar por ponernos de acuerdo sobre los legítimos derechos y responsabilidades de una madre patria. Mi pasaporte británico contiene la vieja y resonante fórmula de que el ministro de Estado de su majestad británica “solicita y exige” a las potencias extranjeras que me dejen paso “sin trabas ni cortapisas”, y si me encontrara en algún momento en dificultades, por ejemplo, en Transnistria, esperaría (aunque no necesariamente con mucha confianza) que, en efecto, lo exigiera. Más en serio, Polonia ha expresado su preocupación por la situación de los ciudadanos de habla polaca en Lituania. Hungría ha dado el pasaporte y el derecho de voto en elecciones nacionales a ciudadanos de países vecinos a los que considera miembros del pueblo húngaro. En resumen, para identificar qué es ilegítimo, debemos explicar con más claridad qué es legítimo.
Presidente Poroshenko
En el momento de escribir estas líneas, las autoridades estadounidenses y ucranias afirman, con sólidos argumentos, que con toda probabilidad fue un misil antiaéreo disparado desde territorio controlado por los separatistas prorrusos el que derribó el vuelo 17 de Malaysia Airlines, una nueva cosecha de aflicción en los campos ucranios ensangrentados por la historia. Todavía no ha quedado categóricamente establecido quién lo disparó. Pero Putin demuestra una hipocresía de dimensión orwelliana cuando dice, como hizo el viernes, que “el Gobierno del territorio en el que ha sucedido esta terrible tragedia es el responsable”. Es evidente que muchos de los que se identifican como rusos en el este de Ucrania sienten un amargo resentimiento, pero la violencia de sus protestas se ha debido en gran parte al relato mentiroso que ha aireado la televisión rusa, y la Rusia de Putin ha apoyado —por no emplear un término más fuerte— a sus paramilitares, por ejemplo, con la presencia de miembros o exmiembros de las fuerzas especiales rusas.
No hay duda de que estamos ante una amenaza contra todo el orden internacional
Para dictar un juicio más firme sobre las causas de la tragedia habrá que esperar a tener más pruebas, pero parece verosímil pensar que un Ejército regular (ucranio o ruso), normalmente, habría identificado la imagen de radar de un avión de pasajeros que volaba a 11.000 metros, y que un grupo compuesto solo por combatientes locales (incluso aunque tuvieran experiencia militar) no habría tenido la tecnología ni las aptitudes para lanzar semejante ataque sin ayuda externa. Son precisamente las contradicciones y ambigüedades generadas por la versión étnica de la “responsabilidad de proteger” las que permiten unas posibilidades tan desastrosas. Putin socava y pone en tela de juicio la autoridad del Gobierno de un territorio soberano y luego le culpa de las consecuencias.
Por consiguiente, si un vicealcalde desconocido empieza a decir cosas alarmantes en alguna reunión en la que estén presentes, mi consejo es que presten atención. Los que despotrican de esa manera, en su mayoría, no suelen luego llegar a la cima. Pero, cuando llegan, sus ideologías del resentimiento pueden acabar plasmadas en sangre.

(Timothy Garton Ash es profesor de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution. Su último libro es Los hechos son subversivos: escritos políticos para una década sin nombre..- Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia)
(De “El País”, 21/07/2014) 
Un muy buen amigo y colega portugués, distinguido jurista y bastante virado a la izquierda, recogió en Facebook hace unos días un artículo publicado en un periódico de Irlanda, que mantenía que todo lo ocurrido con el derribado avión de Malaysia Airlines se ha debido a la negligencia o mala voluntad del actual gobierno de Ucrania, que intenta incriminar a Rusia por algo que le es ajeno.
El “tufo” de partidismo tendencioso del artículo citado espero que no sea muestra de la opinión del docto jurisconsulto que lo recoge, aunque sí denota en cierta manera lo que por doquier se mantiene por la falsa progresía izquierdista, que parece nacida para loar solamente lo que es rompedor e iconoclasta.
Es curioso que con motivo del terrible accidente, el en su día aparentemente patriota Yanukóvich no haya pronunciado ni una sola palabra sobre lo acontecido en su país; que los países filo-comunistas, como Bielorrusia, Cuba y otros de la misma cuerda,  hayan guardado
silencio también; y que los políticos de apariencia regeneradora (tipo del “P(j)odemos” de España) solamente digan que todo es culpa del capitalismo y de la derecha.
No es menos cierto que los Estados Unidos de América no son guardianes del mundo y de la paz más que cuando les interesa, y que, por ejemplo, en el sangriento conflicto de la franja de Gaza han vuelto la mirada hacia otra parte. Pero también es muy real que ni siquiera los países que dicen guiarse por el “humanismo cristiano occidental”, los de la Unión Europea, han sido capaces de poner freno a ese peligroso expansionista totalitario que es Vladymir Putin, falaz y
convenenciero, que no dudaría en vender a su madre (tal vez inclusive a su patria) si le conviniera para conservar su poder.
La triste realidad es que Ucrania sigue sumida en su propio drama; que desde su gobierno apenas si pueden paliar la agresión; y  que la Unión Europea solamente presta palabras, y bien tibias por cierto, sin aplicar las reacciones enérgicas que el asunto merece.
La realidad es que se pretende por Rusia y sus secuaces rebeldes que Occidente “comulgue con ruedas de molino” primeramente negando que el misil en cuestión se lanzara por los criminales pro-rusos; en segundo lugar, negando la procedencia rusa del terrorífico misil y la necesidad de una buena instrucción (de parte rusa) para su eficacia; y por encima de todo, ocultando que quienes se llaman “patriotas pro-rusos” no son sino una caterva de mercenarios, “marca blanca” de tropas de élite rusas, y que provienen en buena parte de aquella terrible Berkut, o policía represiva, que el mal nacido de Yanukóvich propició.
Ahora se quiere disimular que esos milicianos de baja ralea son realmente unos bandidos, que primero presumieron del derribo del avión, después impidieron el rescate de cadáveres, más tarde, borrachos perdidos, robaron cuanto pudieron de los equipajes de las víctimas, y finalmente hicieron desaparecer las “cajas negras”. Unos patriotas al revés, vamos. 
Porque la mentira que se ha expandido por las zonas pro-rusas es que en el resto del país dominan los ultraderechistas y neonazis, que
así denomina la propaganda rusa a los actuales parlamentarios  y gobernantes, tal vez sin reparar u ocultando la calaña que adorna a los rebeldes y mercenarios pro-rusos.
Pues, bien, amigos, frente a tamañas barbaridades, que se deben no solo al permanente apoyo de Rusia, si no también a su real e indisimulada intervención (como en Osetia, Abjasia y otras zonas) los países de la Unión Europea dicen que “aumentarán las sanciones”, como quien amenaza con matar una mosca con polvos de aspirina o algo así. Retórica vacía. Ineficacia lamentable.
Y los de USA, tan tolerantes con las barbaridades israelitas en Gaza, dicen tan tranquilos a Europa que se preocupe más de ese grano en el culo que le ha salido con Ucrania. 
¡Vaya pena de sociedad civilizada! 
¡Pobre Ucrania, si no encuentra por sí misma el camino de su regeneración!
Porque ha acontecido como en el dicho popular: 
“Éramos pocos y parió la abuela…”
Y Occidente pensando todavía en el “estado del bienestar”…¿de quiénes?

“La falsedad está tan cercana a la verdad que el hombre prudente no debe situarse en terreno resbaladizo”.- Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

27 junio 2014

La UE firma con Ucrania un acuerdo de asociación: ¿El zorro Putín se queda sin gallinas?


"Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han firmado este viernes en el segundo día de la cumbre sendos acuerdos de asociación y de libre comercio con Georgia y Moldavia y los capítulos económicos de un acuerdo similar con Ucrania, dado que, en su caso, los pactos políticos ya fueron firmados en marzo.
La UE ha ofrecido estos acuerdos a seis socios del Este de Europa como forma de acercarlos al bloque europeo a través de su asociación política e integración económica progresiva al mercado europeo a cambio de reformas democráticas y económicas, pero han provocado un profundo malestar en Rusia, especialmente en el caso del acuerdo con Ucrania.
El rechazo del anterior presidente ucraniano Viktor Yanukovich a suscribir en la cumbre con los socios del Este de Europa en Vilna en noviembre pasado el acuerdo por presuntas presiones de Moscú precipitó una ola de protestas de parte de la población, que exigió durante meses al Ejecutivo de Kiev dar marcha atrás en su decisión y el acercamiento con Europa y acabaron tumbando su Gobierno.
Los acuerdos no implican la perspectiva de adhesión clara a la UE, pero los líderes de estos países han dejado claro todos su objetivo de entrar en la Unión Europea como miembros de pleno derecho en la ceremonia de firma de los acuerdos.
"Firmando este acuerdo con la Unión Europea, Ucrania está subrayando su elección soberana a favor de la adhesión futura a la Unión Europea", ha afirmado el presidente ucraniano, Petro

Poroshenko, que ha dejado claro que ve el acuerdo firmado este viernes como "un instrumento" para preparar al país a "lograr este objetivo".
"Hemos pagado un precio elevado para estar en Europa. ¿Europa será libre o en parte libre, tendrá que preocuparse de más guerras y anexiones o tendrá confianza en el futuro?. Esto no son preguntas banales", ha advertido el mandatario ucraniano, que ha advertido de que "la respuesta dependerá del éxito o el fracaso de los documentos que firmamos" y tras criticar sin citar directamente a Rusia sus "muchos esfuerzos para socavar la integración europea y la democracia en el espacio postsoviético".
Poroshenko ha reclamado a los europeos que digan "que una vez Ucrania esté lista, entrará". "Una declaración que podría costar nada a la UE pero que significaría todo para mi país", ha subrayado.
El mandatario ucraniano ha asegurado que hoy es el día "más importante" para Ucrania tras obtener su independencia de la antigua Unión Soviética y ha insistido en que el acuerdo demuestra que "las cosas puedan cambiar drásticamente en poco tiempo si la voluntad de la gente es suficientemente fuerte", ironizando que aunque el acuerdo no se firmó en la cumbre de Vilna "el bolígrafo es el mismo".
"Es un símbolo de fe y voluntad inquebrantable. Es un tributo a la gente que ha dado su vida para que este momento ocurra", ha subrayado. "Toda Ucrania, incluida Crimea, ha comenzado a ser un miembro del acuerdo de asociación con la Unión Europea", ha zanjado.
El primer ministro georgiano, Irakli Garibashvili, ha dejado claro "los georgianos han elegido reformas y el camino irreversible de su

integración europea" y ha defendido que el acuerdo "allanará el camino adelante para nuestro futuro común europeo". "Estoy convencido de que pronto Georgia se convertirá en un miembro pleno de la familia unificada", ha asegurado.
"Hoy estamos dando un nuevo paso en este camino. El acercamiento a Georgia ofrece a todos los georgianos nuevas oportunidades", ha asegurado, incluidos los georgianos de las regiones separatistas de Abjazia y Osetia del Sur, a las que ha pedido "compartir" este proceso.
El primer ministro moldavo, Iurie Leanca, también asegurado que el acuerdo firmado hoy representa "un futuro mejor" para el país y tras recordar que Moldavia como el resto de la región se ve afectado por "tensiones muy fuertes".
También ha defendido el objetivo de Moldavia de convertirse en miembro de la Unión Europea. "Sabemos lo exigente que es este camino", ha admitido, prometiendo que harán "todo" para modernizar y reformar el país.”
(De “La Razón”) 

Al final ha resultado que Ucrania ha firmado el acuerdo de asociación económica con la Unión Europea, precisamente lo que fue el detonante del alzamiento contra Yanukóvich, la defenestración de éste, la invasión por Rusia de Crimea (apropiada enseguida), y la guerra de rebeldes en las regiones orientales ucranianas, a donde Rusia envía tropas de élite con más facilidad de la que se podría pensar.
Bien está que Ucrania se vaya acercando a la Europa de la democracia y del bienestar económico, pero no se puede dejar de considerar el precio que esa nación ex soviética tuvo y tiene que pagar a Rusia por tamaña “osadía”. Los ucranianos, cultos e inteligentes pero también muy sensibles, no terminan de asimilar la amputación de Crimea por una Rusia que presume de ser amiga y solamente exprime la economía y solivianta a extremistas guerreros para “castigar” las “veleidades” europeístas de sus vecinos del sur. Es bien cierto que el conflicto de Ucrania debe resolverse, más con medidas económicas que con actuaciones militares, pero también
ha de considerarse que el precio que los ucranianos están pagando es muy alto, ya que su orgullo de nación de veinte y pocos años está herido gravemente por la pérdida y absorción por Rusia de Crimea, y por el control de Donetsk y Lugansk por los llamados milicianos pro rusos, que no son sino tropas de élite rusas a las que se les ha quitado el distintivo nacional.
Al igual que las maniobras de Estados Unidos y de la Unión Europea fueron torpes e impensadas cuando propiciaron la rebelión contra Yanukovich basándose en extremistas de signo fascista, y después se taparon los ojos cuando Rusia cometió sus tropelías; al igual Rusia está ahora comenzando a recibir la respuesta auténtica desde Ucrania, ya que esta nación si algo no quiere ahora es tener relaciones con su vecino del norte, que le duplica el precio del gas, que le invade cuando y como quiere, que está siempre como el zorro aguardando a que se descuidan las gallinas. Finalmente el tiempo, que es quien de una u otra manera sitúa las cosas en su justa dimensión, ha ido centrando la posición de cada pieza en este tablero de ajedrez en el que se ha convertido Ucrania, y ahora parece estar comenzando la política activa de la Unión Europea, atacando en lo esencial: la economía.
Y es que el voraz y taimado Putín no puede sustraerse al lastre que su propia nación arrastra, con una pobreza sofocada pero no eliminada, con unos derechos humanos que el poder mantiene con sordina, con unas ansias imperialistas propias de quien es menguado
físicamente en su talla, por lo que desarrolla el complejo de querer ser más alto que nadie. (Y que no se den por aludidos los bajitos).
Vamos a ver, y yo hago votos para ello, si por fin la nación ucraniana pone sus magníficas posibilidades y capacidades al servicio de causas y proyectos de desarrollo y bienestar, y evita que la raposa rusa entre en su corral y destroce el aviario.
Que así sea.
Y tal vez el día de hoy sea el hito inicial de una Ucrania nueva y próspera.
“La avaricia y la paz se excluyen mutuamente”
.- Erich Fromm (1900-1980) Psicólogo social estadounidense. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

20 marzo 2014

Ucrania: La amputación de Crimea en un país socialmente dividido y con un gobierno débil. Más vale algo que nada…


“La pelea de Kiev acaba de empezar.-

Putin ha utilizado una retórica más propia de 1914 que de 2014 y ha acelerado la guerra de Crimea, ya finalizada. Occidente debe concentrarse ahora en la lucha para lograr la integridad política del resto de Ucrania  (Timothy Garton Ash, en “El País”, 20 MAR 2014) 

Acuérdense de algo fundamental: el problema es toda Ucrania, no solo Crimea. Vladímir Putin lo sabe. Los ucranios lo saben. Y nosotros no debemos olvidarlo. Ni nosotros ni el Gobierno ucranio podemos hacer nada para que recupere el control de Crimea. Ahora se trata de luchar por el este de Ucrania. Si el país entero participa el 25 de mayo en unas elecciones presidenciales pacíficas, libres y justas, podrá sobrevivir como Estado independiente (aunque ya sin Crimea). Y volverá a una senda inequívocamente democrática y constitucional. En todos los pasos que den la Unión Europea y Occidente durante los dos próximos meses, esa debe ser nuestra gran prioridad.Hace falta ser lamentablemente ingenuo o verdaderamente simpatizante para seguir afirmando que los grupos prorrusos que están contribuyendo a crear caos, desorientación y violencia en ciudades como Donetsk y Jarkov no cuentan con el firme apoyo de Moscú. En el New York Times del martes, un testigo contaba una de las manifestaciones organizadas en Jarkov. A los pies de una gigantesca estatua de Lenin, una enorme pancarta decía: “¡Nuestra patria, la
URSS!”. Como dijeron los periodistas presentes, todo estaba 
pensado para la televisión rusa. Al margen de lo que acabe decidiendo Putin, está lista la historia que aparecerá en los medios, ya sea para la posible escalada militar, ya sea, como sin duda preferiría él, para chantajear a Ucrania y lograr que regrese a la esfera de influencia rusa. Ahora bien, sería asimismo ingenuo negar los genuinos temores de numerosos habitantes de Ucrania oriental. Empecemos por olvidarnos de las etiquetas “etnia ucrania” y “etnia rusa”. No quieren decir nada. Lo que existe es una mezcla fluida y compleja de identidades nacionales, lingüísticas, cívicas y políticas. Hay personas que se consideran rusas. Hay otras que viven sobre todo en ruso, pero también se consideran ucranias. Hay muchísimas familias de origen mixto, cuyos padres y abuelos recorrieron diversos lugares de la antigua Unión Soviética. La mayoría preferiría no tener que escoger. En una encuesta llevada a cabo en la primera mitad de febrero, solo el 15% de los entrevistados en la región de Jarkov y el 33% en la de Donetsk querían que Ucrania
se uniera con Rusia. Yatseniuk ha dicho en ruso estar dispuesto a conceder máximo poder a las regiones del este. 
En esa misma encuesta, la cifra correspondiente a Crimea era del 41%. Pero desde entonces ha transcurrido un mes de radicalización política y control ruso, en el que los canales en lengua ucrania han desaparecido de la televisión. A eso hay que añadir las constantes informaciones de los medios en lengua rusa sobre el “golpe fascista” de Kiev, exacerbadas por algunas declaraciones y gestos estúpidos de los revolucionarios victoriosos en la capital. Y hay que restar a los tártaros y ucranios residentes en Crimea, que en gran parte boicotearon el referéndum. Sazónese con un buen puñado de fraude electoral y ya está. El 41% se convierte en un 97%. Lo que transforma las cifras y las lealtades no es solo la “tecnología política” rusa. En unos momentos tan traumáticos, las identidades se intercambian y cristalizan de forma muy repentina, como un compuesto químico inestable al que se añade una gota de catalizador. Ayer, uno era yugoslavo; hoy, un serbio o croata furibundo. Por tanto, todo lo que se haga en Ucrania y por el bien de Ucrania durante las próximas semanas debe estar bien calculado para que esa composición identitaria no cambie de estado. Poco antes de la asombrosa perorata imperialista que lanzó el presidente Putin en el Kremlin el lunes, una cadena ucrania de televisión emitió otro discurso. El primer ministro provisional del país, Arseni
Yatseniuk, dijo en ruso que “con el fin de preservar la unidad y la soberanía de Ucrania”, el Gobierno de Kiev está dispuesto a conceder “la máxima amplitud de poderes” a las regiones del este, en su mayoría rusohablantes. Entre otras cosas, a dar a las ciudades el derecho a tener sus propios cuerpos de policía y tomar sus propias decisiones 
en materia de educación y cultura.


Hay que intensificar las sanciones a Moscú, incluso si desestabiliza el país por mediación de terceros.
Yatseniuk hizo exactamente lo que tenía que hacer. Lo que deben hacer ahora él y sus colegas es ir a esos sitios y repetirlo sin descanso, y en ruso. Deben apoyar la presencia del ruso como segunda lengua en esas regiones. No deben negarse a hablar de federalización solo porque Moscú esté a favor de ella. Deben ser verdaderamente partidarios de que haya un candidato prorruso entre los aspirantes a la presidencia. Y deben hacer todo lo posible para garantizar que la elección sea libre y limpia, con presencia de distintos medios de comunicación en ruso y en ucranio, a diferencia del referéndum de
Crimea.

Occidente, y en particular Europa, puede contribuir a ello de varias maneras. La OSCE, la UE y otras organizaciones internacionales tienen que inundar el país de observadores electorales. Los Gobiernos occidentales deben proporcionar a las autoridades ucranianas el dinero necesario para pagar sus facturas sin más tardar. Los partidos políticos y las ONG pueden enviar asesores. Y Occidente en general puede intensificar sus esfuerzos: hacer que la oferta económica a medio y largo plazo de la relación con la UE sea más atractiva y amenazar a Moscú con sanciones mucho peores que las actuales, no solo en el caso de que Putin envíe a sus tropas, identificadas o no, a cualquier otro punto del este de Ucrania, sino simplemente si sigue desestabilizando el país por mediación de terceros.
Y, además, ha llegado ya el momento de hablar en serio con oligarcas ucranios como Rinat Ajmetov, tan poderoso como cualquier institución estatal en el este del país. Con discreción, pero con firmeza, hay que emplear con ellos el palo y la zanahoria: un futuro prometedor para sus negocios en la economía mundial si ayudan a la supervivencia de Ucrania como Estado independiente y autónomo, pero la estrangulación económica e incontables procesos judiciales si no. (Uno de los oligarcas del este, Dmitro Firtash, ya ha sido detenido en Austria debido a una solicitud de extradición del FBI. Dicen que el arresto está relacionado con un proyecto de inversión en 2006, y no con la situación política actual, por supuesto). Si el deporte olímpico preferido de Putin es la lucha libre, nosotros no podemos limitarnos al bádminton.
No pretendo insinuar que lo que ha sucedido en Crimea no sea importante. En su discurso del Kremlin, Putin dijo unas cuantas verdades sobre el unilateralismo
de Estados Unidos y el doble rasero de Occidente; pero lo que ha hecho es una
amenaza contra los cimientos del orden internacional. Agradeció a China su apoyo, pero
¿acaso Pekín quiere que los tibetanos se independicen después de celebrar un referéndum? Recordó cómo los soviéticos habían aceptado la unificación de Alemania y pidió a los alemanes que respaldaran la unificación del “mundo ruso”, que por lo visto incluye a todos los que hablan la lengua. Con una retórica más propia de 1914 que de 2014, ha quedado patente que la Rusia de Putin es hoy una potencia revanchista.
Sin contar con el acuerdo de todas las partes del Estado actual (es decir, al contrario que en caso de Escocia), ni el debido proceso constitucional, ni una votación libre y limpia, la integridad territorial de Ucrania, garantizada hace 20 años por Rusia, Estados Unidos y Gran Bretaña, ha quedado destruida. En la práctica, sobre el terreno, eso ya no tiene remedio. Sin embargo, lo que todavía se puede salvar es la integridad política del resto de Ucrania.
(Timothy Garton Ash es catedrático de Estudios Europeos en la Universidad de Oxford y autor de Los hechos son subversivos: escritos políticos para una década sin nombre.Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia)

UCRÂNIA.-  EM POUCAS PALAVRAS (Del blog “Politeia”, de José M. Correia Pinto, 20/03/2014)

O que interessa agora saber é quem vai ficar a ganhar – se a Rússia ou a União Europeia (leia-se: Alemanha) e os Estados Unidos. Aparentemente ganhou a Rússia. Mas somente o tempo dirá se foi realmente uma vitória e se a estratégia de Putin foi bem sucedida. Tal como as coisas se apresentam, é bem provável que Putin tenha ganho a Crimeia (que nunca foi ucraniana) e tenha perdido a Ucrânia (que quase sempre foi russa). E se esse for o resultado, Putin sofrerá outras perdas no Cáucaso e na Moldávia. Se assim vier a suceder, o desfecho do conflito não será um bom negócio para a Rússia nem para quem teme o expansionismo neoliberal. Mas ainda é cedo para fazer previsões…”

Traducción al español

“Lo que interesa ahora saber es quién va a resultar ganador –si Rusia o la Unión Europea (léase Alemania) y los Estados Unidos. Aparentemente ganó Rusia. Pero solamente el tiempo dirá si fue realmente una victoria y si la estrategia de Putin tuvo éxito. Tal como se presentan las cosas, es bien probable que Putin haya ganado Crimea (que nunca fue ucraniana) y haya perdido Ucrania (que casi siempre fue rusa). Y si ese fuere el resultado, Putin sufrirá otras pérdidas en el Cáucaso y Moldavia. Si así aconteciere, el resultado del conflicto no será un buen negocio para Rusia ni para quien teme el expansionismo neoliberal. Pero dodavía es pronto para hacer previsiones…”

(Traducción del autor del presente blog)


Ardua papeleta la que tiene el provisionalísimo y débil gobierno de Ucrania.

Con las finanzas destrozadas y la economía por los suelos, la población dividida –como casi siempre lo estuvo desde la independencia en 1991— entre pro-occidentales y pro-rusos, Crimea amputada, Putin presionando mediante militares camuflados y con imposibilidad de utilizar el ejército ucraniano, débil y sin armamento adecuado, el Gobierno en funciones de Kiev va capeando el temporal como puede, es decir, mal que bien.

Porque las cacareadas ayudas de la Unión Europea, del Fondo Monetario Internacional y de los Estados Unidos de América tal vez lleguen algún día, pero de momento están solamente prometidas,
dependerán del cumplimiento de ciertos exigentes requisitos y no servirán para solventar el “día a día” de las finanzas ucranianas. Y mucho menos del pueblo llano.
A ello hay que unir el drama político, económico, social y humano que

significa la amputación de Crimea (utilizo el término más traumático, porque considero que así ha sido) ya que se ha instaurado de golpe y porrazo un aparente nuevo estado o una nueva región de Rusia, en los que los habitantes son (o eran) de nacionalidad ucraniana, con pasaporte ucraniano, ahorros en bancos ucranianos y en general todo ucraniano. Con suspectas milicias ciudadanas y camuflados soldados rusos.
Muchas familias de Crimea tienen parte de sus miembros en la Ucrania todavía nación independiente, y también en el extranjero, y ahora se encuentran con las dificultades prácticas de que varios de sus miembros moran en una tierra no reconocida oficialmente como nación, con pasaportes prácticamente inservibles, etcétera. 

Tengo constancia personal de ello por varios ciudadanos ucranianos, o de origen ucraniano, que cuentan con familiares en Crimea y que ya están teniendo dificultades para “repatriarles”. 
 ¿Y qué decir de los ucranianos con propiedades en Crimea? 
¿Les serán respetadas? 
¿Necesitarán visado para  desplazarse a sus
 propiedades de vacaciones?
¿Y sobre la multitud de balnearios y casas de descanso y reposo de las diferentes instituciones públicas y privadas de Ucrania en Crimea, financiadas con cargo al erario público ucraniano?
 
El problema es política, social y humanamente insalvable, y a ello contribuirá además, sin duda, la política aviesa del zorro Putin, sabedor de la debilidad del guardián de las “ovejas” ucranianas, el actual “gobierno” con teórico soporte occidental.
Lo acontecido en Ucrania debe servir, debió servir hace bastante tiempo, para reflexionar sobre la “quimera del oro” que es la Unión Europea en la mayoría de los casos, pues solamente se preocupa de

las finanzas, las ganancias y la economía, amén de imponer criterios “pseudo” democráticos en su entorno. Pero cuando se trata de auxiliar a alguna nación en apuros, todo se queda en palabras.
Nadie piense que me decanto por contiendas militares, que demasiadas hay ya en el mundo, pero sí por una mayor política de gestos y presiones, y sobre todo un mejor conocimiento de que Rusia
es un gigante dormido que dirige un zorro con esencias de totalitarismo a lo comunista.

Solamente China sería capaz de meter el miedo en el cuerpo a Rusia (y tal vez eso acontezca algún día) pero en el resto del mundo llamado “occidental”, la protección del bienestar prima sobre cualquier otro principio, y se revela una indolencia en la reacción propia de la tibieza que ya proclamaba el Apocalipsis con aquella de que
“como no eres frío ni caliente te vomitaré de mi boca”.
Ucrania se ha quedado sin su principal zona turística, sin su principal zona de playas, y sobre todo se ha quedado como una cáscara de nuez sin rumbo entre las olas gigantescas que promueve el “putinismo” y se estrella contra el casi inamovible dique de la Europa

del bienestar y el USA del internacionalismo convenenciero.
Mucho lamento personalmente que me vaya a resultar más difícil bañarme en Yalta, visionar las bellezas de las riberas del Mar Negro en Alupka y Sudak, los atardeceres de Yalta o acudir a la degustación de vinos “muskat” en las bodegas y cavas crimeanas. Pero más aún me duele que, de una manera casi tan impensada, ese auténtico criminal de Yanukovich haya propiciado tantos vaivenes y desgracias, dejando destrozado un país que solamente le sirvió para amasar ingentes fortunas y vivir como un mafioso millonario, y que aun ha tenido la desfachatez de proclamarse presidente de Ucrania, aunque,
eso sí, estando bien calladito cuando Rusia ha cortado Crimea del mapa ucraniano.

¿Es ése un presidente que se considera legítimo y defiende a su país?
 
Poco más que un excremento…soviético… 
¡Que espabile el mundo occidental! 
¡La URSS todavía no ha desaparecido! 
Un sucesor llamado Putin la mantiene muy viva.
Y no es bueno tener a esa zorra cuidando de las gallinas ucranianas…

“Los débiles tienen un arma: los errores de los que se creen fuertes”.- Georges Bidault (1899-1983) Político francés

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA