Mostrando entradas con la etiqueta DONBASS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DONBASS. Mostrar todas las entradas

24 agosto 2022

Hoy, 24 de agosto: 31 aniversario de la independencia de Ucrania. La difícil supervivencia de una nación que el absolutismo genocida de Putin trata de suprimir


Confieso que durante muchos años he celebrado en territorio ucraniano, y junto a los ciudadanos de ese país, la conemoración del aniversario de su independencia.

Siempre ha sido un día grande, con las gentes gozando la festividad, retomando la vida en familia, saliendo a las calles para manifestarse, presenciando la parada militar en la avenida Kreschiatyk; en pocas palabras, compartiendo el orgullo de ser una nación independiente que iba prosperando poco a poco con esfuerzo, pero siempre con sentimientos patrióticos.

Ya fueron problemáticos los años en los que desde Rusia se trató de manejar la vida y realidad de Ucrania, influyendo los oligarcas ucranianos y los pro-rusos para que la presidencia del gobierno y éste mismo estuvieran volcados a Rusia, mediante la colocación de

mandatarios claramente pro-Moscú, como Kuchma y Yanukóvich y sofocando todo conato de tendencia nacionalista, hasta que tuvo lugar el pronunciamiento en Maidan Nezalechnosti (plaza de la Indepencia), que pasó a definir la voluntad mayoritaria de apartamiento del absolutismo ruso.

Desde entonces, el taimado Vladimyr Putin se ha valido de mil y una artimañas para neutralizar a los mandatarios que buscaban la real independencia social y económica, bien envenenándoles (como a Yúshcenko) bien propiciando su prisión mediante acusaciones casi siempre falsas.

La tendencia en Ucrania que he percibido personalmente durante los muchos años de convivencia y relación con los ucranianos, ha sido el deseo de lograr la integración efectiva en el mundo occidental, especialmente en la Unión Europea, bien que ello era muy difícil porque la corrupción seguía galopando, las estructuras económicas evolucionaban lentamente y en la Unión Europea se veía con recelo la posibilidad de aproximación.

Así las cosas, cuando el sátrapa Yanukóvich (de infausta memoria por su descarada tendencia pro rusa y sus abusos dictatoriales) hubo de salir huyendo, porque el pueblo no quería ni verle, el Kremlim se propuso reconquistar Ucrania, y montó una guerra separatista en las regiones de Lugansk y Donbass, apoyando tropas secesionistas y hasta infiltrando combatientes y armamento, llegando a consumar la tropelía de adueñarse de la península de Crimea, ante la cuasi indiferencia de Occidente.

Y de aquellos polvos han venido los actuales lodos, de una agresión brutal, inhumana, de Rusia, a poblaciones más cercanas a su territorio, con desprecio genocida de la población.

Lo más sorprendente ha sido la reacción del pueblo ucraniano,

embravecido en la defensa de una independencia que no quiere perder, pese a las dentelladas bélicas en el este del país.

En esa situación llega ahora la celebración del 31 aniversario de la independencia de Ucrania, y aunque los festejos han debido suprimirse por la guerra y el riesgo de más ataques de Rusia, ya que Putin y los suyos buscan siempre golpear donde más duele, olvidando los más elementales principios de humanidad, sí, ha llegado el aniversario de la declaración de independencia, y el pueblo ucraniano lo ha celebrado con todo honor y orgullo, precisamente combatiendo al invasor para preservar su independencia.

No puedo menos que ensalzar ese bravía conducta de los nacionales ucranianos, ejemplo para el mundo, que tal vez no quiere implicarse más en una guerra que no puede serle ajena, porque supone el freno al deseo expansionista del totalitarismo del criminal Putin y sus secuaces.

Por ello, a los ucranianos, a los simpatizantes y a las personas de buena voluntad que apoyan la independencia de Ucrania, no puedo menos que felicitarles en este señalado día, pidiendo a Dios que haga callar las armas, especialmente las de Rusia y permita la paz, para que la independencia y la esencia de Ucrania sobrevivan por centurias.

Mi grito es el los ucranianos: ¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes!, Slava Ukraini! Geroiam slava!

"La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas" Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 febrero 2022

Ucrania: Su lenta descomposición mientras Occidente quiere y no puede ni sabe frenar la taimada avalancha desde Rusia. Lo que tenía que pasar, pasó…


“Putin reconoce a los territorios separatistas y despliega allí sus tropas  (
XAVIER COLÁS, Lunes, 21 febrero 2022 - 23:18)

El presidente ruso consigue con esta decisión dejar a Occidente descolocado y a Kiev ante el abismo de otro posible estallido del conflicto

Tal y como Occidente temía y no supo evitar, Rusia arrancó este lunes por la noche otro territorio a Ucrania. Vladimir Putin decidió romper la baraja y reconocer los territorios separatistas de Donetsk y Lugansk. Pone fin así a un proceso de paz en Ucrania que, aunque había logrado contener notablemente la sangría de muertes, no estaba ofreciendo a Moscú los réditos deseados. El líder ruso dio instrucciones para desplegar el ejército ruso en estos territorios rebeldes de Ucrania. Ordenó al Ministerio de Defensa ruso que envíe fuerzas "en misión de paz" a estas zonas de Donbass y también pidió a su ministro de Relaciones Exteriores que establezca relaciones diplomáticas con las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Las medidas entraron en vigor de inmediato, dijo el Kremlin.

El canciller alemán, Olaf Scholz, acordó con su colega francés, Emmanuel Macron, y con el líder de EEUU, Joe Biden, que la decisión no quedaría sin respuesta, según informó la Cancillería. "Biden condenó enérgicamente la decisión del presidente ruso Putin de reconocer la "independencia" de las llamadas regiones DNR y LNR de Ucrania", en una llamada con el presidente de Ucrania, Volodimr Zelenskiy, dijo la Casa Blanca.

Los acuerdos de Minsk, firmados en 2015 cuando Ucrania estaba acorralada por los combatientes separatistas y las tropas rusas, concedían un mayor poder a los territorios sublevados, donde Rusia tiene más capacidad de influencia. Lo firmado entonces no se ha cumplido y Rusia ha dado una patada al tablero que deja a Occidente descolocado y a Kiev ante el abismo de otro posible estallido del conflicto.

En un amargo mensaje nocturno a la nación, Putin se quejó ante las cámaras del comportamiento hacia Rusia de la Ucrania postsoviética. Acusó a los ucranianos de haber robado el gas ruso en el pasado y de usar la energía para chantajear a Moscú, acusando a los sucesivos líderes de Ucrania de querer "toda las cosas buenas de Rusia sin ninguna obligación".

Durante una larga charla en un despacho con varias pantallas, dos banderas de Rusia y un enjambre de teléfonos analógicos, Putin volvió sobre uno de sus traumas recurrentes, afirmando que el colapso de la URSS fue un "robo" para Rusia.


"La seguridad de Ucrania puede amenazar la seguridad de Rusia", denunció Putin en un salto al presente al calibrar las posibilidades de Kiev de acceder a la OTAN: "Es una cuestión de tiempo, y los riesgos para Rusia surgirán de una manera decisiva, ataques relámpago y ataques preventivos". Putin calcula que los misiles tomahawk "podrían alcanzar Moscú en 35 minutos, y los hipersónicos en tres minutos". "Nos engañaron diciendo que no iban a ampliar la OTAN", denunció Putin.

La medida puede trastocar los esfuerzos diplomáticos. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, dijo por la mañana que planeaba reunirse con su homólogo norteamericano Antony Blinken en Ginebra el jueves y mencionó que hubo algunos avances en las conversaciones con Occidente sobre seguridad. Pero Blinken avisó de que cualquier reunión sería cancelada si Rusia invade. La tensión es máxima en esa zona gris donde rusos, ucranianos y separatistas se tocan.

El reconocimiento de estas repúblicas supone una anexión 'de facto' de los separatistas armados de Donetsk y Lugansk, cuya subsistencia queda ligada a Rusia. La pregunta es ahora qué otro resorte puede buscar Putin para seguir condicionando la política de Kiev, que para bien o para mal pierde esos territorios definitivamente. En realidad, Moscú lleva años succionando estos dos estados fallidos: circula el rublo y Rusia ya ofrece pasaportes a los residentes de las dos regiones. Moscú asegura que ahora hay 800.000 ciudadanos rusos allí. Si son atacados los defenderá con las armas.

La decisión de Putin culmina una jornada de tensión directa entre Moscú y Kiev. Rusia dijo que los saboteadores militares ucranianos intentaron ingresar al territorio ruso en vehículos armados y provocaron cinco muertos, una acusación que Kiev catalogó como "noticias falsas". Al caer la noche, una potente explosión sacudió el centro de Lugansk, una de las dos capitales separatistas.

DRAMA EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD

Horas antes de firmar el decreto junto a los líderes separatistas, Putin había preparado a los rusos para una decisión que aparta más a Rusia de Occidente y de su vecina Ucrania. En una reunión televisada de su Consejo de Seguridad, que normalmente se celebra a puerta cerrada, Putin volvió sobre sus habituales demandas sobre Europa central, e insistió en que no es suficiente que Occidente diga que Ucrania no estaba lista para unirse a la OTAN en este momento. Uno a uno, fueron desfilando por delante de Putin sus principales colaboradores: jefes de los servicios de inteligencia, ministros y otros cargos ligados a los servicios de seguridad.

Como en una coreografía, cada uno fueron poniendo sobre la mesa los miedos, argumentos, teorías y reclamaciones que Putin y su entorno llevan supurando durante las últimas semanas de tensión con Occidente. Todos empujaron al presidente a dar este paso sin vuelta atrás. Y cuando uno de ellos dudó, fue reprendido por el propio Putin ante las cámaras. Fue el director del servicio de inteligencia exterior (SVR) de Rusia, Serguei Naryshkin, el el único que tropezó al decir su papel cuando dijo que Rusia debería dar a los socios la oportunidad de dialogar y luego, si se daba el caso, reconocer su independencia. Putin lo interrumpió y pidió que hablase claro, reclamando todo su apoyo. Naryshkin, confundido y tartamudeando, rectificó pasándose de frenada: apoyó la anexión de los territorios a Rusia. Putin le tuvo que regañar de nuevo: "No estamos hablando de eso":

El primer ministro, Mijail Mishustin, habló con su habitual llana sinceridad: "Llevamos muchos meses preparándonos para la posible adopción de la República Popular de Lugansk y la República Popular de Donetsk". Nikolai Patrushev, el secretario del Consejo de Seguridad agitó los miedos contra Occidente "su objetivo es la destrucción de Rusia" y clamó que "no es el pueblo de Ucrania el que organizó

esto. Están siendo atemorizados y obligados a tomar este camino". El Gobierno ruso lleva semanas tratando de apartar a la UE de la negociación y Patrushev corroboró: "El único país con el que necesitamos tener negociaciones es Estados Unidos".

El ministro de Defensa, Sergei Shoigu, fue más allá diciendo que Ucrania, que renunció a las armas nucleares después de la independencia de la Unión Soviética, tenía un "potencial nuclear" mayor que Irán o Corea del Norte, en clara referencia a las recientes peticiones del presidente ucraniano de revisar su estatus nuclear.

Tanto la UE como EEUU han anunciado sanciones. Biden firmará "pronto" una orden ejecutiva con sanciones económicas para las autoproclamadas repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk.

(“El Mundo”, 22/02/2022)

Tiempo ha, desde que la Rusia de Putin invadió sin obstáculos la península de Crimea ante la impotencia del gobierno de Ucrania y la falsa reacción (ineptitud) de Occidente, tiempo ha, repito, en que he venido pensando y diciendo que, tal como actuaba el sátrapa ruso y como (no) actuaban los países democráticos de Occidente, pronto o tarde Rusia seguiría expandiéndose hasta ir, poco a poco, adueñándose de territorios de Ucrania, probablemente con el ánimo de hacer propia la nación del Dniéper, que tanto dolor les causa desde que salió de la órbita de Moscú.

Bien cierto que Putin es chiquito, pero bien matón, y cual avezado jefe de espías soviético, ha ido planificando ante la incalificable lenidad de la NATO y la timorata observación de la Unión Europea, con más miedo que un ratón a un gato.

La gran verdad es que la nación ucraniana viene siendo una realidad prendida con alfileres, con dos partes bien diferenciadas cultural y económicamente, y en la que las semillas de la oligarquía rusa se han ido adueñando poco a poco de la realidad social y económica, protegiéndose con una galopante corrupción de todo orden, que ha generado el rechazo de Occidente y la indefensión de las clases ucranianas emergentes.

Los países occidentales no han querido saber casi nada de Ucrania, amparándose (es verdad en parte) en que las ayudas económicas se diluyen en manos de los remanentes jerarcas pro rusos, sembrantes de mafias poderosas, pero también es cierto que el monstruo de la Unión Europea (ella misma cuarteada) bastante está teniendo con sobrevivir.

Y mientras tanto, la faceta defensiva, que debería corresponder a la NATO, ha quedado abandonada en Ucrania, porque los dirigentes estadounidenses bastante tenían con escaparse de las guerras de

Afganistán y otros países, amén del miedo a pringarse en nuevos conflictos, máxime cuando algunos dirigentes (Trump el más señalado) han montado histéricos planteamientos de “América lo primero” (“América the first”).

Como además después de la cuasi pacífica invasión de Crimea, quedó sembrada la lucha en la zona oriental, sobre parte de las regiones u oblast de Donbass y Lugansk, los sucios negocios de los magnates de la venta de armas seguían prosperando y el país se sumergió en una lucha absurda de desgaste, que lo único que generó y ha generado ha sido miles de muertos.

En ese ambiente, comprobada por Putin la indudable debilidad de Occidente y la NATO para proteger a Ucrania, no le ha sido demasiado difícil planificar lo que ya está comenzando a ejecutar, cual es “recobrar”, como mínimo, las zonas de influencia rusa, en las que la lengua y las costumbres son menos occidentales.

Podría decirse que todo el territorio situado al norte del río Dniéper (y algo más) sigue estando en riesgo de que, paso a paso, año tras año, Rusia, con el zar Putin al frente, vaya quedándose lo que le interesa.

Causa pena, mucha pena; y causa irritación, mucha irritación, comprobar que Rusia hace lo que le da la gana porque le conviene; que Occidente amenaza con represalias que muchas veces dan risa; que el gobierno ucraniano quiere, pero no puede; y que en ese río revuelto los mafiosos oligarcas rusos y ucranianos consolidan su enorme negocio y amasan sus grandes fortunas, que expanden por todo el mundo.

El pueblo ucraniano pareció reaccionar cuando el desalmado y sinvergüenza de Víktor Yanukovich tuvo que salir huyendo cuando las manifestaciones del año 1994 le cercaron y le obligaron a escapar con los bolsillos bien forrados.

Pero quienes con el tinte de demócratas pro-occidentalista asumieron el control del país sucumbieron víctimas de sus propias ineptitudes y del poder de facto de las mafias oligárquicas, ya se vió que poco futuro podía tener Ucrania sin una real y efectiva incardinación en Occidente, que se solicitaba por el gobierno, pero que lastraban los magnates para que no mermara su control y poder.

Así ha llegado al momento presente y los augurios no pueden ser más sombríos, ya que Putin solamente se

Alea jacta es

detendrá cuando se enfrente a un poder igual o superior al suyo, con menos temores y mayor efectividad, y si las amenazas de sanciones muy duras se aplican, ya buscarán sus acólitos y sus organizaciones, amparadas en su enorme potencial económico,  la manera de sobrepasarlas.

No tengo la menor confianza en que la actual crisis evolucione para bien, sino todo lo contrario, porque, conociendo al pacífico, culto y sacrificado pueblo llano de Ucrania, se seguirá soportando, como durante tantos años de la URSS, la opresión social y económica.

En fin, que lo que tenía que pasar, pasó.

Mucho decir “¡Que viene el lobo!”, hasta que llegó de veras y todos quienes debieron tomar medidas se quedaron cacareando. Y los ucranianos sin plumas.

¡Que Dios bendiga a Ucrania!

¡Porque otras ayudas parecen inalcanzables!

“Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

20 enero 2022

El conflicto Ucrania vs. Rusia: Sigue la tensión entre Occidente y Rusia. ¡Que viene el lobo!

Desde que Rusia, por orden del avieso Vladimir Putin, ocupó “manu militari” la península de Crimea (que, no olvidemos, había sido “regalada” por Krushchev a su país, Ucrania, varios lustros antes), se han venido sucediendo escaramuzas y acciones bélicas en las fronteras entre las dos naciones, principalmente al nordeste de Ucrania, junto a las regiones de Donbass y Lugansk, no solamente ruso parlantes sino también culturalmente muy vinculadas desde antaño a Rusia.

Así, en la parte rusa se instaló una fuerza armada sin signos identificativos, pero con materiales de clara fabricación rusa, que comenzó a hostigar a las fuerzas ucranianas – más débiles y no demasiado bien dotadas— que  hacían como que defendían los lindes de la nación del Dniéper, creando casi continuamente incidentes armados y obligando a las arcas de Ucrania a un enorme gasto militar para tratar de contener lo que se anunciaba y es como un la amenaza y tal vez un claro intento de invasión por el vecino del norte, especialmente de los oblast de Lugansk y Donetsk.

En conflicto, la “sorda” guerra, fue reproduciéndose con bajas humanas para ambos lados, y daños materiales en la parte ucraniana, y hasta para terceros (no se olvide el derribo del avión de Malaysian Airlines abatido sobre territorio ucraniano por un misil de fabricación rusa lanzado en la región de Donbass), en una continua política de desgaste, que ha sucedido al derrocamiento del pro-comunista Viktor Yanukóvich, un sátrapa ucraniano “amigo” del vecino norteño, y que actualmente sigue refugiado en el país que fue de los zares.

Así, peor que mejor, han ido pasando los años y Putin, el peligroso “Maquiavelo” ex KGB soviético, ha seguido manteniendo la presión para intentar desangrar a lo que en su día fue la república socialista de Ucrania.

Mientras tanto, Crimea ha sido “colonizada” para

Rusia, creando un “sin vivir” a la población de origen ucraniano, aunque, eso sí, aumentando el disfrute para la opulencia rusa y ucraniana, que sigue disfrutando de la península el Mar Negro como hacía antaño, antes del regalo de Kruschef.

Los diferentes gobiernos de Kiev han ido sorteando la esquilmación de sus arcas en esa pseudo guerra sin fin, mientras imploraban  a las naciones democráticas y consolidadas de Occidente (entiéndase Unión Europea ,NATO y USA) su apoyo y presión a Rusia, no solamente para la utópica devolución de Crimea, sino especialmente para la protección y el cese de la real amenaza de las milicias pro-rusas que hostigan la paz en el este.

Sin resultado, claro, porque, amparándose en la galopante corrupción de Ucrania y en su falta de desarrollo económico, los occidentales han venido

dando “palmaditas en la espalda”, sin acciones concretas y efectivas, inclusive con la reunión en Minsk, Bielorrusia, en la que pareció establecerse un protocolo de pacificación que fue incumplido ya antes de crearse.

Y ahora, como Rusia, “lobo hambriento”, comprueba que Ucrania no solamente no mejora sus posiciones pre bélicas y económicas, sino que no acaba de lograr el decidido apoyo de los países que dicen ser sus aliados (pero en voz no muy alta), busca excusas de cualquier clase y calibre, llegando a amenazar de manera clara con que si Ucrania se integra en la NATO, o esta organización se involucra más activamente en defensa y beneficio del país ex soviético, invadirá las

regiones semi ocupadas por las guerrillas.

En fin, que Occidente se comporta con debilidad y titubeos frente a la calculada maniobra de Putin y con su debilidad brinda estímulos a éste para que siga programando lo que pretende: incorporar a Rusia las regiones que, más o menos, están ocupadas por las guerrillas que le son satélites, consolidando para siempre (si es que no lo hubiera logrado ya) la “reconquista” de Crimea.

Causa pena, sin duda, ver cómo el gobierno ucraniano trata de sobrevivir y sobreponerse a las amenazas que penden sobre el país, pero irrita y llega a indignar esa doblez acobardada de los países que dicen proteger.

No cabe duda de que en modo alguno es deseable una guerra en la zona de conflicto, pero tampoco es discutible que cuando el “lobo” comprueba que “las ovejas” están sin protección, maquina para atacar y devorar.

¡Qué le vamos a hacer! La relajación, el acomodamiento, el falso refugio en el pacifismo por parte de Occidente, está propiciando que, pese a quien pese, en poco tiempo el “lobo” Rusia y su dueño, el peligroso Putin, realicen una acción relámpago y den el mordisco que les interesa.

Porque el sueño de la “gran Rusia” cada vez se incremente más en el “futuro zar” Vladimir Putin, ansioso y obsesionado por extender sus “dominios” a

lo que fue el dominio de los zares, buena parte del cual aun conserva, pese aparentar falsas democracias. Que lo diga si no el régimen “autocrático” y dictatorial de Bielorrusia.

Me temo que va a repetirse lo del cuento de “Pedro y el lobo”, y que pese a tanto aviso de que el depredador va a llegar, como casi nadie repara en ello, al final el lobo cazador “se zampe” la oveja ucraniana.

 ¡Ojalá me equivoque!

“Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” Cicerón    (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

23 febrero 2018

Ucrania sigue sin terminar la guerra ni administrar la paz

"Ucrania, cuatro años después del Maidan: los cambios cuestan más que la revolución.- Pocos países han sido tan fértiles en revueltas y tan poco fructíferos en cambios como Ucrania. Pero poco a poco, algunas cosas empiezan a mejorar pese a una guerra que no termina

(22.02.2018JAVIER C. ESCALERA, en “EL CONFIDENCIAL”)
La palabra Rusia nunca había cotizado tan bajo en esta antigua república soviética llamada Ucrania: bancos rusos y centros culturales del país vecino son apedreados con frecuencia, los gentilicios rusos pierden su sitio en el mapa, la política se envuelve en la bandera e idioma ucranianos, intentando en vano rebajar el tono de los contrastes del país. Cuatro años después de la revuelta de Maidan en Kiev, Rusia es una extraña, pero Europa no queda tan cerca como se esperaba.
Ucrania no puede haber tenido más revoluciones y menos cambios. Las élites empresariales han sobrevivido a los líderes políticos, que a su vez se reencarnan en élites a la espera de una segunda o tercera vida.
Casi nadie recuerda que hubo un primer Maidan en 1990, cuando estudiantes descontentos con la mayoría comunista en el parlamento tomaron la plaza central, que desde entonces da nombre a cada nueva revuelta. Ese intentó cayó en el olvido porque, aunque precipitó la caída del régimen soviético, transportó al país de una tiranía a otra: de los jerarcas de la hoz y el martillo a los del capitalismo de rapiña y pillaje. Los ucranianos lo siguieron intentando y repitieron la gesta en 2004, esta vez con mayor resonancia mundial: lo llamaron la Revolución Naranja, y ahí fue la clase media naciente en las ciudades la que se interpuso ante el fraude electoral, posibilitando que la oposición ganase las elecciones.
Las reformas no tuvieron el alcance esperado, y las mismas elites se reacomodaron en su sitio. Pero las expectativas de cambio no dejaron de crecer, y así es como diez años más tarde cristalizaron en el llamado Euromaidan. Su detonante fueron los frustrados sueños europeos de parte de la población, pero acabó en un alzamiento nacionalista que depuso al presidente y contribuyó a una fractura del país nunca vista.
Pesimismo es una palabra demasiado grande para el momento presente. El país sigue siendo el mismo de siempre, pero los nubarrones se mueven. “Lo que se puede encontrar ahora en Ucrania es un equipo de políticos que ejecuta nuevas políticas gubernamentales con la ayuda de herramientas y estructuras viejas”, explica Ostap Kushnir, autor del ensayo ‘Ucrania y el neo-imperialismo ruso’. A pesar de las dificultades, hay logros en el haber del gobierno: “El más importante, la supervivencia de Ucrania como país” a pesar de “los ataques externos y las inestabilidades internas”.

Una Ucrania más occidental

La guerra ha rebajado algunas expectativas, pero la vida sigue y “Ucrania ha dejado de ser vista sólo como un campo de batalla entre Rusia y Occidente, o como un país subsidiado de Moscú que
temporalmente ha salido de la órbita rusa”. En el campo de lo concreto, el Tratado de Asociación con la UE y el acuerdo para la liberalización del régimen de visados son dos éxitos anunciados hace demasiado pero alcanzados al fin: “A largo plazo, estos cambios han cambiado la orientación de Ucrania, moviéndola hacia el oeste”, opina Kushnir.
A esto se suelen contraponer los problemas de identidad: las intensidades nacionales distintas de este a oeste y las opciones lingüísticas distintas por todo el país. La escritora Anne Applebaum, autora del libro sobre Ucrania 'Hambruna roja', cree excesivo cuestionar, como se ha hecho, que estemos ante un país de verdad: “No creo que Ucrania sea más artificial que cualquier otro estado. ¿España es "artificial" porque Cataluña tiene un idioma diferente? ¿Es Gran Bretaña artificial? Dado el tipo de presión ejercida sobre el país en los últimos años, en realidad es sorprendente lo bien que lo ha sobrellevado”.
Para Ruslan Minich analista de Internews Ukraine, la de 2014 fue, de nuevo, otra “revolución sin resultados revolucionarios”, aunque sus logros “son mayores que los de las anteriores”, porque ahora el país “es más democrático” y la sociedad civil “tiene más peso a la hora de presionar a favor de las reformas y en contra de la corrupción”.
La resaca revolucionaria es muchas veces sonrojante. Activistas de partidos ultranacionalistas ucranianos conmemoraron este cuarto aniversario de las movilizaciones de Maidán con una manifestación y ataques a varios edificios rusos, entre ellos la sucursal de Sberbank, la gran entidad bancaria estatal de Rusia. También rompieron las ventanas de Alfa Bank y del Centro de Ciencia y Cultura rusa.
“Lo que el gobierno ha hecho particularmente mal es no saber estabilizar una sociedad en ebullición y convertirla en un activo del país”, critica Kushnir.
La primera baja política del año ha sido una estrella extranjera invitada cuya luz ya se apagó el año pasado. El expresidente de Georgia Mijail Saakashvili no podrá entrar en Ucrania (donde llegó a gobernar la región de Odesa y a ejercer de líder opositor tras romper con el gobierno de Kiev) al menos hasta el año 2021. Saakashvili, tras varias escaramuzas con la policía, fue interceptado el 12 de febrero en Kiev y expulsado en cuestión de horas bajo el argumento de que se encontraba en el país de forma ilegal. El presidente, Petró Poroshenko, le había retirado la ciudadanía en julio de 2017.
La agitación sigue. Miles de manifestantes antigubernamentales salieron este domingo a las calles de Kiev, la capital de Ucrania, para exigir la destitución del presidente ucraniano, que a su vez acusa a Saakashvili de intentar organizar un golpe patrocinado por los aliados del expresidente ucraniano Viktor Yanukovich, respaldados por Rusia.

Una guerra sin solución a la vista

Pero de todas las asignaturas pendientes, es la guerra la más sangrante, en el sentido literal de la palabra. Rusia propuso el pasado septiembre en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desplegar una misión de paz de la ONU en el este de Ucrania, donde desde aquel convulso 2014 se
enfrentan las tropas de Kiev y los separatistas prorrusos impulsados por Moscú. La canciller alemana, Angela Merkel, y Poroshenko analizaron esta semana en una conversación telefónica las perspectivas para una posible misión los Cascos Azules en Donbas, la salida de los oficiales rusos del Centro Conjunto de Control y Coordinación y el intercambio más rápido posible de todos los prisioneros a ambos lados de la línea del frente. Pero los separatistas ya no son una fuerza uniforme, como se hizo evidente en un fallido golpe en Lugansk en noviembre de 2017. Moscú tiene que esforzarse periódicamente para poner orden.
Los acuerdos de Minsk, alcanzados en septiembre de 2014 y febrero de 2015, prevén un cese del fuego, la retirada del armamento pesado de la línea de contacto, intercambio de prisioneros y elecciones locales, entre otras medidas. Pero Poroshenko acaba de firmar una controvertida ley sobre el regreso de la región de Donbas a la soberanía de Kiev. Aprobada en enero por la Rada Suprema (Parlamento ucraniano), esta ley cataloga ese territorio como "ocupado" y otorga al presidente ucraniano el derecho a enviar al ejército a la zona en tiempo de paz para asegurar la soberanía del país. Esto confirma la intención de Kiev de resolver la crisis por medio de la fuerza, según el representante ruso para el conflicto en Ucrania, Boris Grizlov. En todo caso, aquellos que quieren serrar los dos territorios controlados por los separatistas con ayuda Rusia en el este de Ucrania parecen tener la iniciativa ahora.
¿Será algún día posible para Kiev volver a conectar
con esas regiones del este, una tierra dolida por las bajas civiles y recelosa de un nacionalismo ucraniano que le es ajeno? Para Kateryna Zarembo, autora del libro sobre la juventud ‘Ukrainian Generation Z’, el norte de su país es el nuevo oeste. Desde su oficina de Kiev ha impulsado encuestas por todo el país para saber cómo piensan los ucranianos del futuro, los que ahora están estudiando y buscando su primer trabajo. “En respuestas a muchas preguntas, la juventud en el norte parece ser mucha más prooccidental, proeuropea, proucraniana y antirrusa que en oeste”.
En concreto, en el norte y en el oeste es mayor el porcentaje de jóvenes que se consideran completamente europeos, pero en Ucrania en general la apatía juvenil respecto a la política sigue siendo más alta que en otros países: un 45% de los jóvenes votó en las elecciones de 2014, mientras que en Polonia, Hungría y República Checa estos porcentajes son del 60%, 50% y 70% respectivamente. “El 95% se considera de nacionalidad ucraniana, aunque las diferencias en cuanto a la lengua persisten”. El uso del ucraniano
está creciendo, pero el ruso es la lengua principal para tratar con la familia y el entorno tanto en el este como en el sur.
Algunas piezas del puzzle empiezan a encajar. Pero el suelo ucraniano es tan fértil en cosechas como en revueltas, y un nuevo temblor nacional puede rasgar la convivencia, prendida por los alfileres de la idea de ‘patria en peligro’ y el instinto de supervivencia.”


Ya hace tiempo que no escribo sobre Ucrania y su realidad, no porque no haya más que sobrados motivos para dedicarle comentarios a ese para mí querido país, sino porque otros temas, curiosamente también relacionados con el separatismo (el catalán, en esta España nuestra) me han afectado más de cerca, y he optado por tratar aquello que me quedaba más a mano. 
Vaya por delante que mantengo contacto con instituciones, empresas y personas del país del Dniéper, y no dejo de estar sorprendido del curioso equilibrio que se mantiene en una nación que tiene en su extremo nordeste (el más próximo a Rusia) una guerra permanente, que ha desembocado en una práctica secesión de las regiones de Donbass y Lugansk (o de parte de ellas), que, amparadas en unos supuestos deseos independentistas, están sujetas a la influencia y suministro de armamento y medios desde los territorios rusos. 
Esa guerra, no larvada, sino real, existe, pero el
resto del país, sin olvidar el conflicto, hace como que no lo tiene en cuenta, pese a la sangría que implica en su economía, en la que ni se sabe la ingente suma que se dedica a armamento y a necesidades del ejército. 
El pueblo ucraniano, curtido en mil adversidades a lo largo de su historia, invadido muchas veces por el este y por el oeste, por el norte y por el sur, ha ido adquiriendo lo que podría denominarse una “mala salud de hierro”, y va sobreponiéndose de forma continua a los extremismos que en su seno se generan por esas situaciones conflictivas y a las carencias y escaseces que las penurias económicas le suponen. Es, parece que piensan los ucranianos, su sino en la historia. 
Pero la realidad es que ese pueblo, admirable por su sensatez y su cultura en general, ya estaba en los tiempos del control de la URSS soñando con la Europa del Oeste, y, al alcanzar su independencia, pese a los intentos de mantenerle en la órbita comunista, degustó las mieles de sentirse occidental y desasirse de esa Rusia cuasi imperial que ha desembocado en el reino zarista de Putin. 
Y a fe que, poco a poco, Ucrania ha ido prosperando, no solamente en lo económico y en lo social, sino en el bienestar, que mucho hay que recordar cuando para entrar a la nación se requería una Visa, y para desplazarse los ucranianos a Europa precisaban el tormentoso y difícil proceso de obtener una “Visa Schengen”. 
Actualmente, ni para entrar ni para salir a y de Ucrania se necesita ese visado que tantas zozobras ha causado, y la realidad es que los ucranianos emigrados a Europa no han causado prácticamente ningún problema en la Unión Europea, a diferencia de tantos otros oriundos de países de credo islámico o de territorios segregados de la ex Unión Soviética. Es más, los ucranianos son un gran ejemplo de integración en las sociedades de occidente a las que emigran, porque conservan sus hábitos y tradiciones pero se amoldan al modo de vida de su destino.
Por tanto, Ucrania ha mejorado en ese aspecto de
mejor economía y mejor convivencia, pero se ha quedado enquistada en la inmadurez que supone su propia diversidad, ya que las regiones del norte y del este son de cultura predominante rusa, las del oeste no pueden ocultar (hasta en el idioma) la querencia hacia Polonia y países occidentales, y en el sur, la mezcla de influencia rumana y húngara es indudable. 
Dentro de poco proyecto realizar mi acostumbrado viaje en los tiempos de la Pascua, y espero confirmar in personam lo que casi a diario percibo en el contacto con la familia, los amigos, las empresas y las instituciones del entrañable país del Dniéper, de los Cárpatos, del Dniéster y del Prut, del mar de Azov y del mar Negro, y hasta de la arrancada (¡ay, dolor!) Crimea. Y hasta del denostado y semiocultado
Chernóbyl.
Mas entre tanto, no puedo sustraerme a la realidad que sigue presentándose de esta Ucrania que ha sido capaz de superar tantas distorsiones sociales, económicas y étnicas, pero está siendo tan incapaz de alcanzar la estabilidad que sirve la paz. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

06 julio 2016

Historia viva: Ucrania, la guerra olvidada de nunca acabar

"Se cumplen dos años de la rendición de Slaviansk, donde empezó la guerra en Ucrania
Allí fue donde los sublevados tomaron por primera vez las armas y fue su caída la que dio alas a Kiev para creer en que la victoria estaba cerca
(05 de julio de 2016, Arturo Escarda/Efe.   Moscú.  EFE/Igor Kovalenko)
El 5 de julio de 2014, tras dos meses de duros combates, los separatistas prorrusos rindieron a las fuerzas gubernamentales la ciudad de Slaviansk, convertida en un símbolo para las dos Ucranias enfrentadas en una guerra que ha costado la vida a cerca de 10.000 personas.
Allí fue donde los sublevados tomaron por primera vez las armas y fue su caída la que dio alas a Kiev para creer en que la victoria estaba cerca.
No pudo ser, porque tras varias semanas de rápidos avances en todos los frentes que permitieron a las fuerzas ucranianas llegar a las puertas de los bastiones rebeldes, los rusos -voluntarios, según Moscú; mercenarios y soldados enviados por el Kremlin, según Kiev- entraron en el juego y frenaron en seco la operación.
La guerra que ha devuelto a Europa algunos de sus viejos miedos olvidados empezó en Slaviansk, una provinciana ciudad de 115.000 habitantes conocida hasta entonces por sus balnearios de barro y aguas minerales, y por la cercanía a uno de los cinco monasterios más importantes para los ortodoxos de Rusia y Ucrania.
A 120 kilómetros al norte de Donetsk -capital de la homónima región, que a primeros de abril de 2014 se rebeló contra las fuerzas europeístas de Kiev- es también un nudo de comunicaciones estratégico, razón por la que fue elegida, según los expertos, para transformar las protestas populares en una sublevación armada.
Andaban los periodistas de medio mundo en Donetsk y Lugansk, donde un grupo de activistas prorrusos desarmados había proclamado la independencia de sus regiones tras apoderarse de varios edificios públicos, cuando saltó la noticia de que los rebeldes habían tomado la comisaría de Slaviansk y se habían hecho con todo su arsenal.
El Gobierno europeísta de Kiev no quiso caer de
nuevo en los errores de Crimea, arrebatada a Ucrania sin un sólo tiro, y reaccionó con la declaración de una operación antiterrorista y el inmediato envío de tropas a la zona.
En una entrevista publicada hoy por Life.ru, un miliciano que combatió hasta el último día por mantener la ciudad en manos de los prorrusos reconoció que la ciudad fue tomada el 12 de abril por medio centenar de combatientes que cruzaron ilegalmente la frontera desde Rusia.
Esos hombres perfectamente pertrechados y uniformados que habían participado en la anexión de Crimea llegaron al este de Ucrania con sus propias armas y municiones, y al tomar la comisaría entregaron su arsenal a los residentes locales partidarios de la sublevación.
El 13 de abril, Slaviansk amaneció temerosa de la respuesta ucraniana, tomada por un puñado de hombres recién convertidos en milicianos que patrullaban las calles fusil en mano como los auténticos dueños de la ciudad.
Pocos creían entonces en que la situación acabaría en una sangrienta guerra, sobre todo con el recuerdo fresco de la pacífica retirada de los militares ucranianos de Crimea.
Para Kiev, en Slaviansk empezó una operación militar orquestada por el Kremlin para arrebatar a Ucrania el Donbass, un territorio industrial rico en recursos naturales y conformado por las regiones de Donetsk y Lugansk, fronterizas con Rusia.
Otros creen que el deseo de Moscú se limitaba a provocar tensiones internas en Ucrania jugando con los miedos de la población étnica rusa mayoritaria en esa zona del país, atemorizada por el fantasma de los ultranacionalistas que derrocaron al régimen del expresidente Víktor Yanukóvich en la revolución del Maidán.
Pese a que Rusia siempre ha negado cualquier implicación en el conflicto de Ucrania, sí ha tenido que reconocer que como poco cientos de sus ciudadanos, muchos de ellos militares (fuera de servicio según Moscú), han combatido contra las fuerzas de Kiev, sobre todo en los meses del verano y el otoño de 2014.
Si la intención era debilitar al Gobierno ucraniano y alejar al país de la órbita de la OTAN y la Unión Europea, en Slaviansk la situación se fue de las manos.
Tras una serie de tímidos intentos de recuperar la ciudad, las tropas ucranianas lanzaron el 2 de mayo una operación militar en toda regla y pocos días después los muertos en ambos bandos ya se contaban por decenas.
Slaviansk y la vecina Kramatorsk se convirtieron en un objetivo a batir para Kiev, cuestión de orgullo para unos y otros, escenario de la primera batalla que nadie quería perder.
Hace dos años, los hombres de Strelkov que habían retado a Kiev, a los que para entonces se habían sumado centenares de combatientes, rompieron el cerco de los militares ucranianos y dejaron la cuna de su guerra para retroceder a Donetsk, bastión de los sublevados hasta el día de hoy”

Será porque paseando por Kiev nadie podrá imaginarse que el ejército ucraniano está en pie de guerra. Será porque las gentes no hablan casi nada del conflicto armado que sigue activo en el este de la nación, la realidad es que ese traumático y sangriento enfrentamiento continúa sin solución, pasando por días más desapercibido, y cada vez más muertos incrementan unas realidades que nunca debieran haberse producido.
Me consta que algunos escritores y tratadistas enamorados de Rusia (y de varios de ellos soy un buen amigo y hasta discrepamos conservando la armonía y las formas) opinan que en la raíz del conflicto se halla la tendencia nacionalista y de extrema derecha que alimentan los Estados Unidos de América y la Unión Europea, para tener contenida (o al menos entretenida) a Rusia.
No opino así, y desde luego no puedo ocultar que Rusia, de una u otra manera, sigue enviando hombres y material a los secesionistas de Donbass y
Lugansk, a quienes “alimenta” el ansia independentista con el ejemplo de Crimea. Reflejo ineludible de sus reminiscencias de potencia imperialista.
No puedo olvidar, porque lo he vivido en múltiples ocasiones, que las gentes de esas dos regiones eran y son muy de cultura rusa, no solo por la cercanía, sino también por el idioma y las costumbres. Pero eso nunca puede ser justificación para que el gobierno de Putin, de una u otra manera, generalmente de forma hábil y sibilina, siga alimentando un conflicto bélico en toda regla que ha destrozado las dos zonas probablemente más ricas de Ucrania.
Ahora, ni riqueza, ni ciudades, ni cultura, ni desarrollo. Muerte.
Y bien se sabe que mientras hablan las armas difícilmente dialogan los afectados.
No se, en verdad, qué va a ocurrir con este dramático conflicto.
Pero sí conozco bastantes gentes y familias que se han venido a España, buscando asilo o la condición de refugiados, con tal de evitar el servicio de armas para los cabezas de familia, o huir de la depresión
económica en que se halla Ucrania, o, esencialmente, buscando una paz social que no se respira en el país del Dniéper.
Todo muy lamentable, pero mucho más que la Unión Europea alentara la pugna y oposición a Rusia y después se haya escurrido de las ayudas al pueblo ucraniano.
Es cierto que en Ucrania galopa por doquier la corrupción y no es fácil que las ayudas económicas lleguen a su destino, pero el auxilio de Europa se esfuma en manos de los mismos oligarcas de siempre, que siguen amasando enormes fortunas a costa de un pueblo que cada vez se aprieta más el cinturón y se refugia más en las nostalgias de “lo que pudo haber sido y no fue”.
¡Dios salve a Ucrania, porque los países que se dicen amigos poco hacen para ello!

"Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras"  Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA