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29 abril 2014

Ucrania: La lenta agonía de una nación que Occidente no sabe y no se atreve a ayudar

“Ucrania sin freno: Las tímidas sanciones económicas de EE UU y la UE no hacen mella en el guión de Putin
El drama de Ucrania se ensombrece por días. La sucesión de enfrentamientos y su gravedad acentúa el deterioro y acerca la posibilidad de un conflicto armado a gran escala. Los últimos incidentes —la captura por separatistas prorrusos y posterior exhibición de un grupo de observadores militares de la OSCE y el atentado contra el alcalde de la segunda ciudad del país— abonan un conflicto ante el que la diplomacia gira en el vacío. Las promesas hechas por Moscú en Ginebra el 17 de abril para contener la crisis son papel mojado; una mera distracción ante la determinación de Vladímir Putin de desestabilizar Ucrania.

Las nuevas sanciones económicas contra individuos y empresas rusas próximas al poder, anunciadas ayer por EE UU y la UE, no van a cambiar la situación. La pretensión de Obama de coordinar con Europa el castigo al Kremlin está diluida por la falta de voluntad política occidental. El tímido gradualismo de las sanciones y su falta de convicción, sobre todo por parte europea —donde Alemania ejerce un decisivo papel de freno en el que confluyen culpabilidades históricas y la influencia de sus lobbies políticos e industriales— hace de ellas una herramienta más propagandística que real. El rotundo desafío de Putin en Ucrania asume que las discrepancias europeas y la aversión de Obama por la confrontación actúan como disolventes de la respuesta internacional.

Los heroicos días de Kiev que precedieron a la huida del presidente Yanukóvich —saludados por los crédulos como el triunfo de la democracia y los valores europeos sobre el agujero negro ruso— han favorecido una lectura equivocada del guion de Ucrania. Más de dos meses después, un país dividido y arruinado, con un Gobierno
provisional impotente, un Ejército simbólico y 40.000 soldados rusos listos en su frontera, asiste a la multiplicación de graves incidentes que presagian su rotura. El escenario anticipa las dificultades titánicas que habrán de vencerse para hacer de las elecciones presidenciales de mayo un ejercicio representativo.

Pese a Bosnia, pese a Georgia, los europeos han venido dando por hecho que su seguridad y sus libertades eran inmutables. Ucrania vuelve a demostrar que no. Todavía se discute en el Pentágono y Europa sobre las intenciones reales del presidente Putin. Pero tanto si la escalada en marcha es una exhibición de fuerza para aplacar después la tensión y afianzar las ganancias, como si las maniobras rusas en la frontera anticipan una intervención militar, es Moscú quien gana por la mano y escribe el trágico guion a remolque del cual actúan Europa y Estados Unidos.

Los acontecimientos en Ucrania muestran la necesidad de que Occidente se replantee en un contexto amplio la actuación de Rusia. El oscuro poder que Putin representa no solo pretende reparar antiguos agravios de los que se considera víctima. Es el de un régimen personal y autoritario decidido a reinterpretar las reglas de la posguerra fría, y no solo en Europa.”

(Editorial en “El País”, 29/04/2014)


Comentando con la hija de unos amigos que reside en Kiev, y que viaja con asiduidad a Europa Occidental,  me dice que actualmente es casi imposible en Ucrania conseguir billetes de Euro o de Dólares USA.

Es decir, Ucrania se está quedando aislada del resto del mundo, y ya no solamente por la falta de disponibilidad de divisas, sino porque su propia moneda (la Hryvnia) ha sufrido una gran devaluación de facto, y la economía del país ha quedado tocada de muerte con la amputación de Crimea y con la inseguridad política y social en las regiones del Este, como Kharkiv, Donetsk, Lugansk y alguna más.

La Unión Europea ha prometido inyecciones de dinero, pero éste tarda en llegar, y mucho; los negocios en Ucrania se han  paralizado ante la incertidumbre de si un día de estos toda la nación de parte, y un trozo se anexiona a Polonia o a algún otro país limítrofe, y el resto se integra en Rusia.

El Gobierno de Kiev está sumido en una enorme debilidad, sin apenas recursos, y atenazado por el mandato de evitar a toda costa las acciones armadas (que, por el contrario articulan muy bien los pro-rusos), y los militares (los que quedan sumisos al gobierno de Kiev) no se atreven a significarse, y menos a atacar a quienes hasta
hace poco eran sus compatriotas.

¿Conclusión?

Estados Unidos no quiere ni oír hablar de uso de la fuerza. Europa, mucho menos, porque hay poco dinero, y además tiene pendiente la “espada de Damocles” del suministro del gas ruso.

Total: Muchas palabras bonitas de apoyo a Ucrania, muchas advertencias a Rusia; mucho cacarear que se adoptan medidas, y Vladimiro Putin se está mofando de la inutilidad y ligereza de los protectores de la exhausta Ucrania.

Ahora ya no se trata de defender de una u otra manera la democracia; ahora se trata del espantoso ridículo que una vez más
ha hecho Occidente frente al taimado exjefe de la KGB, que va camino de convertirse en un nuevo Zar-republicano: Vladimiro  el Único, el Invasor.

Ucrania está agonizando.

Y Occidente lo único que hace es dilatar esa agonía, para acabar poniendo la tumba.

“Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa .- Ernesto Sábato (1911-2011) Escritor argentino.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

15 abril 2014

Ucrania: Camino del abismo, mientras USA y la UE aplican cataplasmas al problema y Rusia sigue sus planes

Rusia insaciable.- Putin se ha propuesto impedir que Ucrania construya su futuro cerca de Europa
(El País 15 ABR 2014)
“Los peores augurios se han cumplido. Rusia no está dispuesta a dar tregua a su vecina Ucrania: después de arrebatarle la península de Crimea, ahora siembra la inestabilidad en las regiones orientales con el propósito de frustrar las elecciones presidenciales previstas para el 25 de mayo e impedir que su antiguo satélite construya un futuro viable mirando a Europa.

El Kremlin está dispuesto a hacer pagar muy caro a Kiev su deseo de volar por libre. No ha necesitado, de momento, invadir el territorio ucranio, aunque 40.000 soldados rusos esperen al otro lado de la frontera. Nadie, en las cancillerías europeas y en la Casa Blanca, tiene dudas sobre el origen de esos uniformados sin identificar que, como en Crimea, toman comisarías y edificios oficiales en las provincias de Donetsk, Járkov y Lugansk. Rusia infiltra a sus fuerzas
especiales y al mismo tiempo espolea los temores de la minoría rusohablante con bulos, tan burdos como efectivos, sobre la llegada del fascismo o las persecuciones. Un guion perfectamente previsible, en el que no faltan, por supuesto, líderes prorrusos que piden la intervención de Moscú para evitar “un genocidio”.

La situación es peligrosa. Hasta ahora Kiev ha dado muestras de impotencia al incumplir su ultimátum de enviar al Ejército —ni siquiera puede controlar las deserciones de sus propias fuerzas policiales—. Pero una respuesta militar daría a los rusos la excusa perfecta para cruzar la frontera. Tampoco han tenido efecto las promesas del presidente interino de Ucrania, Alexander Turchínov, de someter a referéndum la futura organización administrativa del país: lo que Rusia pretende es desgajar de Ucrania su cinturón industrial, o bien mantener a esa región bajo control indirecto, mediante una estructura federal que debilite al Estado ucranio y frustre sus pretensiones de incorporarse a la OTAN.

Y mientras el este de Ucrania se desliza peligrosamente fuera del control de Kiev, en Luxemburgo los ministros de Exteriores de la Unión Europea anunciaron ayer que se ampliará la lista de sancionados —33 rusos y ucranios— con congelamiento de bienes y retirada de visados. No parece que esto vaya a incidir en los planes del Kremlin. La UE y la OTAN dieron por perdida a Crimea, y ahora parece que no saben cómo reaccionar.

Bla, bla, bla...
Putin juega con la fragilidad de Ucrania y con las debilidades de Europa: sus divisiones, su dependencia del gas ruso, sus intereses comerciales. Frente al matonismo hay dos opciones: plegarse o bien hacerle frente sabiendo que se va a salir contusionado. Rusia tiene un flanco débil, su economía, pero las sanciones efectivas —a las que Estados Unidos parece más dispuesto— tendrían repercusiones para Europa, sobre todo Alemania.

Queda por ver si los mismos países que aplaudieron el Maidán están dispuestos a asumir daños, o prefieren dejar que Rusia moldee a su antojo las fronteras. En este caso, Europa habrá ya confirmado su irrelevancia como jugador internacional.”

De la literatura española me viene a la memoria la fábula de Tomás de Iriarte sobre los galgos y los podencos, que sienta “como anillo al dedo” a lo que está aconteciendo en Ucrania.

Habría que decir que “lo que tenía que pasar, pasó”, es decir, que Yanukóvich era un títere en manos de Putin, y cuando cayó el muñeco, el ”amo” comenzó a mover sus peones, comenzando por apropiarse de Crimea, sin la menor oposición, hasta el punto de que hoy (aceptado o no por la Comunidad internacional), esa península es parte de Rusia; y después ha seguido sembrando discordia y algaradas separatistas en las regiones ucranianas fronterizas con Rusia, aunque “tirando la piedra y escondiendo la mano”, ya que dice que Rusia nada ha hecho (“excusatio non petita acusatio manifestat”), insinuando, al más fino estilo KGB, que estaría en peligro el suministro de gas a la Europa occidental y que siempre ayudará a los ciudadanos de su etnia, que además vienen pidiéndole protección.

Ante ello, el gobierno de Kiev bastante hace con sobrevivir tambaleándose, sin dinero, sin bases sólidas de actuación, con fuerzas armadas mermadas y sin moral y maniatado por la tibia posición de USA y la Unión Europea, que han puesto de manifiesto una vez más que solamente en lo económico radican sus intereses y que si han de añadir Ucrania a su grupo económico a base de acciones militares o de gran presión, prefieren que se extinga la nación ella solita.

Lo de Putin no debería ser consentido, y yo mismo me estoy planteando que, como hablo el ruso y conozco bastante bien las zonas ucranianas ruso parlantes, voy a pedir a Putin que sitúe algunos de esos voluntarios pro-rusos en el patio de enfrente de mi casa, para que consigan que me independice de mi ciudad y así no pague impuestos.

Y también voy a pedir al gobierno español que, como en Sudamérica las comunidades de habla y cultura hispánica sufren opresión o merma de sus derechos humanos, constituya una gran fuerza de voluntarios (ahora que hay tantos parados) para que poco a poco se vayan infiltrando y propicien la posterior integración en un nuevo Gran Imperio Español.

Es de vergüenza lo que “no” han hecho USA y la UE, y que ha conducido a Ucrania al abismo, poniéndola en riesgo de desaparición.

No han sido ni fríos ni calientes; se han limitado a anunciar sanciones más teóricas que reales, y a pedir al zorro ruso que respete la gallina ucraniana.

Pena da, y más pena me dan los ucranianos, la mayoría que se han
sentido felices perteneciendo a una nación liberada de la antigua URSS y con su propia idiosincrasia, singular y distinta de Rusia, de manera que nunca han querido esa protección del “papa” Putín (y pongo acento en la “i”), que lleva al país a su neutralización y extinción.

He podido comprobar personalmente con qué orgullo y satisfacción el pueblo ucraniano celebraba cada 24 de agosto el aniversario de su Independencia de la URSS, y cómo lo ensalzaba en todas las regiones (Crimea incluida) en tonos alegres y festivos, con cánticos, celebraciones y vida en paz y armonía, como para creerme ahora que todo ha cambiado. Lo han cambiado los mercenarios que Rusia ha pagado para crear una atmósfera de inestabilidad identitaria que ni siquiera estaba planteada en Ucrania.

Y la UE, que tanto ofreció el premio a los ucranianos, ahora es como Pilatos: se lava prácticamente las manos, evitando costes y preservando su economía, con tal laxitud, que cualquier acción diplomática de las que sugiere (con la boca pequeña, eso sí) para resolver la situación, solamente provoca hilaridad en el gigante ruso.

¡Qué vergüenza da la conducta de la Unión Europea!

Propició el arranque pseudo-fascista de las revueltas de Maidan, para apartarse luego de ella; impulsó un acuerdo con el anterior presidente, para aplaudir luego que los ultras le derrocaran; prometió ayuda al gobierno provisional, y todo ha quedado en previsiones de ayudas económicas que dudo lleguen a tiempo; y acobardada por quedarse sin gas, lo más que hace es congelar teóricamente los fondos espúreos de dirigentes rusos y ucranianos.

¡Que Dios proteja a Ucrania, que mucha falta hace!

Y así tal vez los ucranianos de bien, la mayoría, podrán gritar, como yo les he oído tantas veces, 
¡Gloria a Ucrania!, ¡Slava Ukraina!

Y por si algún lector no la recuerda, he aquí la fábula en verso de “los galgos y los podencos”:



Por entre unas matas,
seguido de perros,
-no diré corría-,
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: “Tente,
amigo; ¿qué es esto?”

“¿ Qué ha de ser?” –responde-;
sin aliento llego...
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo.”

“Sí -replica el otro-,
por allí los veo...
Pero no son galgos.”
“¿Pues qué son?” “Podencos.”

“¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos,
bien visto los tengo.”

“Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.”
”Son galgos, te digo.”
”Digo que podencos.”

En esta disputa,
llegando los perros
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA