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10 enero 2018

Esta España nuestra: Cuando Cataluña se debate ¿hacia una nueva locura o hacia la sensatez democrática?


"La gran zanja: Cataluña, España y nuestra mente tribal


La crisis que ha atravesado Cataluña ha polarizado a la sociedad y exacerbado nuestra mentalidad tribal. Es preciso rebajar la tensión y regenerar la esfera pública

(Eduardo Suárez, en “Letras libres”, 08 Enero 2018)La política española ha sido un terreno fértil para mentes coléricas. A menudo han pesado menos los argumentos sólidos que las metáforas huecas y han encontrado más eco quienes gritan que quienes intentan explicar la realidad.La crisis que ha atravesado Cataluña ha exacerbado esa tendencia. Se han publicado muchos artículos bien argumentados. Pero también insultos, hipérboles y juicios de intenciones que han empobrecido la esfera pública de una forma que nos resulta familiar a quienes cubrimos la elección de Donald Trump.
El debate se ha degradado en una inercia que ni los políticos ni los periodistas hemos sabido o hemos querido detener. Esa inercia ha agrandado la brecha que separa a los catalanes. Se ha creado una
atmósfera en la que todo vale si apuntala tu posición.
Yo también tengo la mía. Estoy a favor de una Cataluña plural, moderna y abierta a Europa y en contra de cualquier proyecto que se asiente sobre la fantasía étnica de la uniformidad. No creo que tenga sentido una vía unilateral a la independencia ni mantener en prisión preventiva a los políticos catalanes. Tampoco creo que podamos encontrar una solución a esta crisis a espaldas de la mitad de los catalanes: de cualquier mitad.
Escribo esto aquí porque me parece justo que el lector sepa desde qué posición escribo. Pero este texto no es un análisis sobre el fondo de la cuestión catalana sino un artículo contra la forma en la que han evolucionado los discursos de algunos actores durante este periodo de tensión.
Por supuesto, no todas las voces son culpables y no todas son culpables por igual. El objetivo de este texto es explicar por qué esta atmósfera es nociva con la ayuda de algunos ejemplos y de intelectuales que han estudiado los efectos de la polarización. El final de la campaña ofrece ahora un respiro y quizá la oportunidad de abrir una página menos bronca en el conflicto que se libra en Cataluña. Merece la pena evaluar lo ocurrido con la esperanza de que no vuelva a ocurrir.
Anatomía de la paranoia
La revista Harper’s publicó en noviembre de 1964 el artículo The Paranoid Style in American Politics. Su autor era el historiador Richard Hofstadter, que había pronunciado unos meses antes una conferencia en la Universidad de Oxford con un argumento similar. El artículo, que generó un enorme debate, era un alegato contra el pensamiento paranoico de los
activistas de la derecha radical en Estados Unidos, que habían empujado ese año al senador republicano Barry Goldwater hasta la candidatura presidencial.
El texto no era una crítica a las propuestas concretas del candidato sino una disección de la forma psicótica de hacer política de sus seguidores: una amalgama de conservadores, evangélicos, anticomunistas y ultras de la Sociedad John Birch.
“Al librarse siempre un conflicto entre el bien absoluto y el mal absoluto, lo que es necesario no es un acuerdo sino la voluntad de luchar hasta el final”, escribe Hofstadter sobre esa forma de hacer política. “Esta demanda de un triunfo total conduce a la formulación de objetivos que no son realistas. Al ser imposible lograrlos, el fracaso exacerba el sentimiento de frustración del paranoico. Incluso un éxito parcial le deja con el mismo sentimiento de impotencia que tenía al principio”.
El estilo paranoico de hacer política del que habla Hofstadter se ha ido agravando en Estados Unidos. El ocaso de los demócratas sureños, el triunfo de Ronald Reagan y el ascenso del Tea Party han ido empujando a los republicanos hacia una paranoia cuyo exponente máximo es la elección de Trump.
Esa paranoia, cuyo impacto en las presidenciales de 2016 ha estudiado en Harvard el profesor Yochai Benkler, no ha evolucionado de forma uniforme sino asimétrica. Entre los republicanos, ha silenciado la influencia de medios conservadores moderados como el Wall Street Journal en favor de páginas radicales como Breitbart News, cuyos artículos sobre inmigración dominaron la conversación durante la campaña. Entre los demócratas, las voces más influyentes han sido medios moderados como el New York Times o el Washington Post.
El artículo de Hofstadter explora el estilo hiperbólico en el que los líderes paranoicos definen a sus adversarios políticos: “El enemigo está delineado con claridad. Es el modelo perfecto de malicia, una especie de superhombre amoral: siniestro, ubicuo, poderoso, cruel. Al contrario que nosotros, el
enemigo no es una víctima de su pasado, de sus deseos, de sus limitaciones. Se inventa crisis, inicia retiradas de depósitos bancarios, causa crisis económicas, crea desastres y se aprovecha de la miseria. (...) A menudo al enemigo se le supone una fuente especialmente efectiva de poder: controla la prensa, tiene financiación ilimitada y poder para lavar el cerebro y una técnica especial de seducción”.
No es difícil percibir en esas líneas de Hofstadter algunos de los argumentos que hemos escuchado durante el procés. Las voces más extremas han presentado al adversario como un ente todopoderoso o como el arquetipo de la maldad. Ese maniqueísmo ha dividido a los ciudadanos y ha propiciado que la política dejara de ser el arte de lo posible: uno no puede sentarse a negociar con Lucifer.
La paranoia que retrata Hofstadter está presente en algunos de los relatos sobre Cataluña: el adoctrinamiento generalizado en las escuelas, el dinero del IBEX que tutela a Ciudadanos, la omnipotente mano negra del Kremlin o los espías españoles que empujaron a atentar al imam de Ripoll. Se han elaborado relatos en torno a hechos falsos o a medias verdades. Se han elevado a categoría sucesos anecdóticos que concuerdan con la perspectiva de quien los pone en circulación.
Cada bloque mide al otro bloque por la conducta de sus elementos más extremos. En ocasiones por la conducta de elementos que ni siquiera pertenecen a él. El saludo nazi de un energúmeno en Barcelona es la prueba de que quienes se oponen a la independencia son ultras sin escrúpulos. La expulsión de los guardias civiles de un hotel de Calella es la prueba del fanatismo de dos millones de votantes del independentismo catalán.
Cualquier detalle es la prueba de la maldad del enemigo: los ataques indiscriminados a los reporteros, los carteles que señalan a los líderes constitucionalistas o el apoyo de una asociación a un tuit que dice que no son catalanes quienes no están a favor del independentismo catalán.
La Cataluña ilustrada no es inmune a esta enajenación transitoria: una catedrática firmó un documento que define a España como “un país agrícola que se dedica a la caza y a atraer jubilados” y un investigador a sueldo del contribuyente llegó a decir que el candidato socialista Miquel Iceta era “un payaso”, “un impostor” y una persona “repugnante”.
Quienes se oponen a la independencia han definido a sus adversarios como paniaguados, racistas y miserables. Los secesionistas los han retratado como traidores, colonos, franquistas y botiflers.
Concebir la política como una batalla moral es el primer paso para deshumanizar al adversario y para destruir el equilibrio en el que se basa cualquier democracia. Una batalla entre el bien y el mal no admite matices. Cava una zanja que divide el país en dos mitades. Asomarse a esa zanja se vuelve cada vez más difícil. Elimina cualquier incentivo para llegar a un acuerdo que desinfle la tensión y ponga las bases para reconstruir la convivencia. Sin ese acuerdo es imposible encontrar una solución.
La caverna de Lippmann
Walter Lippmann apenas tenía 33 años cuando publicó Public Opinion en 1923. Acababa de volver de Europa, donde había trabajado con el legendario George Creel en la organización responsable de la propaganda de Estados Unidos durante la I Guerra Mundial. La guerra convenció a Lippmann de que era más fácil manipular al ser humano en situaciones de tensión extrema, cuando las emociones se adueñan de la muchedumbre y borran cualquier atisbo de racionalidad.
“En tiempos de seguridad moderada, los símbolos de la opinión pública están sujetos a comprobaciones, símiles y argumentos: van y vienen, concitan acuerdos y se olvidan sin llegar a organizar la emoción de todo el grupo”, escribe Lippmann. “Pero
queda una actividad humana en la que toda la población alcanza la unión sagrada. Eso ocurre en medio de una guerra, cuando el miedo, el odio o la beligerancia han asegurado el dominio completo del espíritu para destruir cualquier otro instinto”.
La atmósfera casi bélica que hemos vivido desde septiembre no es casual. Responde a los intereses de quienes necesitan avivar el conflicto para sobrevivir. Como explica Hofstadter, la política paranoica requiere un bloque monolítico y un enemigo bien definido. Los argumentos de sus líderes encogen en el escenario prosaico de una negociación multicolor.
Plantear un conflicto en términos absolutos se ajusta muy bien a la psicología del ser humano. Al fin y al cabo, somos seres tribales. La evolución nos ha programado para adaptar nuestras creencias a las de las personas que tenemos alrededor. Nuestros cerebros no están programados para desafiar nuestros prejuicios sino para reforzarlos y esa tendencia se agudiza (no se reduce) con la educación.
Estos datos demuestran por ejemplo que el escepticismo sobre el cambio climático es mayor entre los republicanos con educación superior. Como explica la investigadora Tali Sharot en su libro The Influential Mind, la educación a veces potencia los sesgos cognitivos: las personas más cultas se las arreglan para encontrar argumentos que apuntalan sus puntos de vista. Nuestros cerebros están programados para reaccionar a las historias y a las emociones. Los datos no suelen hacernos cambiar de opinión.
Esa perspectiva coincide con lo que cuenta en este artículo Pau-Marí Klose. También con la experiencia de Katherine Cramer, profesora de la Universidad de Wisconsin, que recorrió durante años varias comunidades rurales de Wisconsin para comprender mejor el resentimiento de sus habitantes hacia las elites ilustradas de ciudades como Nueva York. “Uno puede presentarles todos los datos del mundo pero no servirá de nada”, explica Cramer. “Ignorarán esos datos si tienen la impresión de que la gente que se los pasa los toma por tontos”.
La atmósfera que habitamos tiene una enorme influencia en la forma en que percibimos la realidad. “La influencia más sutil y penetrante es aquella que crea y mantiene el repertorio de nuestros estereotipos”, escribe Lippmann sobre el peso de ese aprendizaje social. “Se nos explica el mundo antes de que podamos verlo. Imaginamos la mayoría de las cosas antes de experimentarlas y esos prejuicios que creamos gobiernan nuestro proceso de percepción a menos que la educación nos haga consciente de ellos”.
Lippmann define esos estereotipos como “las imágenes en nuestras cabezas” y abre Public Opinion con un fragmento del mito platónico de la caverna, que utiliza como una alegoría de nuestra incapacidad para comprender del todo los problemas de la

sociedad. A Lippmann no le preocupan tanto nuestros prejuicios como la seguridad con la que asumimos que son ciertos y el modo en que rechazamos otros puntos de vista sobre asuntos sobre los que tenemos un conocimiento muy superficial.
El psicólogo Jonathan Haidt apunta una forma de moderar la opinión de una persona sobre un problema: pedirle que lo explique con sus propias palabras. “Esa persona se da cuenta de que no comprende todos los ángulos del problema y empieza a actuar de otra manera”, explica Haidt, que echa en falta los matices en el análisis que algunos intelectuales progresistas hacen de los votantes de Trump.
Muy pocos han intentado examinar esos matices durante la crisis catalana. Hemos leído que el separatismo paseaba su odio por las calles de Bruselas o que el independentismo era “el nuevo nazismo”. También que aplicar el artículo 155 era una estupidez, que Ciudadanos se creó para apartar el catalán de Cataluña o que son los independentistas quienes intentan frenar “la destrucción, el caos, el apocalipsis”. Pocos han apuntado en cambio que los catalanes se perciben a sí mismos mucho más moderados que a sus partidos o que una proporción importante apoyaría una tercera vía si se le diera esa opción.
A quienes alimentan el conflicto en Cataluña no les interesa que emerja esa tercera vía. Alguno ha llegado a decir que quienes la defienden son como los judíos que creyeron posible aplacar a Hitler en la Alemania nazi sin que esas palabras hayan forzado su dimisión. Independentistas y constitucionalistas han usado sin pudor la alegoría de la Alemania nazi. Más de uno ha llegado a comparar al independentismo con el Ku Klux Klan.
El diseño de las redes sociales y la adicción a los clics de muchos medios han ofrecido un altavoz de las voces más estridentes y han ayudado a que muchos catalanes vivan atrapados en una ficción. Esa atmósfera bronca ha empujado a los más radicales a envenenar el espacio público con insultos, palabras xenófobas y falsedades. Han llegado a decir que Ciudadanos era “un partido neofalangista” o que el “tragaldabas Oriol Junqueras” se comería en prisión “un lujoso menú pagado por España”. Se ha sugerido que un camión podría atropellar a todos los jueces del Supremo o que Franco moriría en una urna catalana… ¡42 años después!
Mención especial merecen los insultos machistas. Se han publicado infundios malintencionados sobre Elsa Artadi. Se ha llegado a decir que Anna Gabriel era “un orco” y gastaba “muy poco en desodorante”. Se ha publicado que Inés Arrimadas era “una mala puta” y se ha deseado que sufriera una violación en grupo.
Son palabras que se descalifican por sí solas pero que
han encontrado eco en un entorno en el que todo vale para golpear al adversario y en el que las emociones pesan más que la razón. Esa atmósfera también la retrató Lippmann hace casi nueve décadas: “En el momento en el que uno empieza a
hablar de fábricas, minas, montañas o incluso de una autoridad política como los ejemplos perfectos de algún principio eterno, ya no está debatiendo sino combatiendo. Ese principio eterno censura todas las objeciones, aísla el problema de sus orígenes y de su contexto y prende la mecha de una emoción fuerte, que es apropiada para los principios pero nada apropiada para hablar de muelles, almacenes o inmuebles. Y si uno empieza en ese tono ya no puede parar”.
Seres tribales
Jonathan Haidt es el autor del libro The Righteous Mind, que analiza los orígenes y los efectos de la polarización. En noviembre pronunció este discurso en el Manhattan Institute, un instituto de pensamiento conservador. El discurso, que ha reseñado en esta columna David Brooks, se centra sobre todo en las amenazas a la libertad de expresión en los campus de Estados Unidos. Pero sus palabras aportan luz también para la atmósfera que se ha creado en Cataluña.
“La evolución nos ha diseñado y adaptado de forma exquisita para vivir en sociedades pequeñas con una religión intensa y animista y con un conflicto violento entre distintos grupos por el territorio”, dice Haidt. “Amamos tanto la vida tribal que hemos inventado los deportes, los clubes de fans y los tatuajes. La mentalidad tribal está en nuestros corazones y en nuestras mentes. Nunca podremos deshacernos del todo de ella pero podemos minimizar sus efectos porque somos una especie con una conducta flexible”.
Reducir el efecto de esos instintos tribales que cita Haidt es difícil pero no imposible. Algunos proyectos empiezan a intentarlo, asustados por los seísmos políticos recientes y por sus consecuencias para el futuro de nuestras sociedades. El profesor Ethan Zuckerman acaba de lanzar la herramienta Gobo, que permite a cualquiera abrir sus perfiles sociales a opiniones que no concuerdan con sus puntos de vista. A principios de octubre intentamos algo similar en Politibot: preguntar a nuestros usuarios en Telegram y Messenger su opinión sobre aspectos de la crisis catalana y ofrecerles después artículos en contra de esa opinión. Muchos de nuestros usuarios agradecieron ese esfuerzo en este entorno de alta tensión.
Las redes sociales también pueden ser parte de la solución. Este proyecto unió en un grupo privado de Facebook a 25 mujeres que habían votado a Trump en Alabama con 25 mujeres de San Francisco que habían votado a Hillary Clinton. Las conversaciones generaron comprensión entre personas con
experiencias muy distintas e inspiraron series periodísticas sobre los asuntos que apenas salían en la prensa o que los medios no estaban explicando bien.
Una sociedad partida en dos mitades es una sociedad enferma. Recomponerla requiere un esfuerzo de quienes tienen un altavoz en la esfera pública: los políticos, los periodistas o los líderes de la sociedad civil.
Los periodistas podríamos ayudar también a romper ese círculo vicioso. Este informe de Claes de Vrees para el Shorenstein Center ofrece algunas claves útiles para cubrir mejor cualquier fenómeno populista. Algunas son obvias como explicar en detalle los efectos concretos de las propuestas políticas de cada partido o huir de los relatos que presentan las elecciones como una carrera de caballos o como una batalla campal. Otras requieren cierto esfuerzo como ignorar los ataques de los políticos que disparan contra los reporteros. En palabras del profesor De Vrees, “comportarse como un civil cuando te disparan como a un enemigo”.
El entorno no es el más propicio para rebajar la tensión y regenerar la esfera pública en Cataluña. Pero esa regeneración es el primer paso para empezar a resolver esta crisis. Una zanja cada vez más honda solo empeorará las cosas. ¿Por qué no tender un puente hoy?




Gracias a mi buen amigo riojano, ilustre profesor sobre la narrativa cinematográfica, Jorge Latorre, he llegado al artículo que reproduzco antes, y que me ha seducido por la objetividad y concreción con las que analiza la problemática del conflicto independentista catalán.
La verdad es que desde que finalizaron las elecciones autonómicas de Cataluña me había conjurado a no lanzarme a comentarios sobre los desvaríos y esperpentos de las partes o sectores en conflicto, y casi me siento comprometido a no volver a hacerlo hasta que cuaje la composición del nuevo Parlament y se alumbre el nuevo Govern, si es que ocurre, que difícil parece.
Pero al filo de lo que con tanto tino escribe Eduardo Suárez, creo que no es demasiado tarde para que vayan apeándose extremismos, reproches, insultos, rebeldías infundadas y sentimentalismos de vía estrecha, que en el problema catalán solamente han contribuido a crispar la vida social en una región como la catalana, casi siempre tan tradicional y moderada, cercada por su proverbial “seny” o sentido común.
Hace unos días un buen amigo y compañero desde antaño, catalan-parlante y muy vinculado a la región, no solamente por raigambre natal del norte de la Comunidad Valenciana, sino también por haber trabajado en Cataluña y tener familiares trabajando en ella, me sorprendió en buena manera cuando en una comunicación privada entre nosotros denotó una excitación o irritación impropia de él, atribuyendo al gobierno de España los males que sufría la educación en la región y hasta rasgándose las vestiduras por la ideada “brutalidad” de las fuerzas de seguridad “del gobierno español” en la represión de las pacíficas e idílicas manifestaciones frente a la Consellería de Economía de la Generalitat, en las que por puro
accidente se destrozaron coches de la Guardia civil, y si se impidió la salida de una comisión judicial y de las fuerzas de seguridad que la protegían fue por puro miedo (así se dijo), porque en la calle los miles de manifestantes que eran arengados se limitaban a gritar. (Ésta es al menos la manipulada versión que ofrecieron los “pacíficos” dirigentes que todavía están en prisión, ahora llamados “rehenes” del gobierno central).
Mas soslayando, por manido y repetido, lo del victimismo de los independentistas, sigue quedando claro que cuando dos no quieren ninguno de ellos habla con el otro.
Parece que algunos, váyase a saber si bajo las convincentes razones de un presidio, han dicho que renunciarían a una declaración unilateral de
independencia, pero del dicho al hecho media buen trecho, como enseña la fábula del escorpión que prometió a la rana no clavarle el aguijón si le cruzaba el río a sus lomos, y que bien se sabe que se vió impelido a actuar “según le exigía su naturaleza”, o séase, clavando.
Ahora, después de unas elecciones que han dejado un panorama electoral muy complejo, con un práctico empate, los pro-independencia proclaman que quieren la presidencia del Parlament y el control del Govern, aunque entre ellos van lanzándose “ataquitos” simulando estar en abierta oposición, pero poco creíbles, máxime cuando sus líderes, están “fuera de juego”. El uno, en prisión, por alentar e inspirar la sedición; el otro, cobardemente huido al extranjero, para no ser detenido por lo mismo; y los dos cabecillas de los alborotos y las “pacíficas violencias”, también degustando rancho carcelario, por haber sido “pacificadores”…
Así no habrá solución, y mucho me temo que seguiremos con el enredo catalán por mucho tiempo, porque nadie quiere hablar con el oponente, ya que entiende que ello implica rebajarse o ceder.
Es indudable que la fuerza de la Constitución española dota de muchas mayores posibilidades a las tendencias de los no independentistas, pero vistas las intenciones casi revolucionarias y antisistema de los otros, parece aconsejable usar más la prudencia que la fuerza y energía de las razones legales.
En esas estamos, y la verdad es que esa incertidumbre sobre si vamos a otra nueva locura independentista o si llegaremos a la razón y por vía de diálogo y pacto se hallará alguna solución, esa incertidumbre, repito, en nada beneficia ni a la economía de Cataluña ni de España. Y menos a la convivencia
Pero, ya se sabe, los separatistas se olvidan de la economía (antes ya han desviado muchos fondos para sus maniobras) y los defensores de la unidad española piensan que su fuerza por la razón evitará mayores daños.
Como dice el refrán,
“los unos por los otros, la casa está sin barrer”.
Recojo de Internet:
” “Yo la amaba. Sí. Mas con lo que habéis osado, imposible la hais dejado para vos y para mí». Se lo dice don Luis Mejía a don Juan Tenorio tras el engaño que el burlador hizo de doña Inés de Ulloa, al que añadió el anuncio de su intención de seducir también a doña Ana, prometida del propio don Luis. ¿No hay un cierto paralelismo entre ese drama -fantástico-religioso según su autor, ripioso para algunos e inmortal para otros- con la situación política de hoy mismo?”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

28 enero 2015

Ucrania: La guerra de nunca acabar; Grecia: sin corbata ¿y con rumbo? Y España en pre-elecciones…

La guerra en el este de Ucrania se agrava pese a los gestos diplomáticos
El Parlamento de Ucrania declara a Rusia “Estado agresor” que “apoya a terroristas”
Pilar Bonet Moscú 27 ENE 2015 – (“El País”,28/01/2015)

El campo de batalla ha eclipsado a la diplomacia en el este de Ucrania. La escalada bélica de las últimas dos semanas pone a prueba la capacidad de compromiso de todas las partes involucradas en el conflicto, que de momento no se percibe. La Rada Suprema de Ucrania (Parlamento), reunida en sesión extraordinaria, ha calificado a Rusia como “Estado agresor” que “apoya el terrorismo” y “amenaza la seguridad y paz del mundo”. “Exhortamos a la comunidad internacional a reconocer la agresión contra Ucrania, la ocupación de su territorio y a intensificar las exigencias para el restablecimiento de las fronteras reconocidas internacionalmente”, señala la declaración aprobada con 271 votos a favor entre los 289 registrados. En contra estuvo el bloque que agrupa a antiguos miembros del partido de las Regiones, del expresidente Víctor Yanukóvich.

En su declaración, la Rada ha exhortado a las organizaciones internacionales y los Estados a secundarla, así como a presionar a Moscú y aprobar nuevas sanciones contra Rusia. El Parlamento declaró “organizaciones terroristas” a las autodenominadas
Restos de la ciudad de Donetsk
Repúblicas Populares de Lugansk y Donetsk (RPL y RPD).

El jefe de Gobierno ruso, Dmitri Medvédev, ha advertido de que Moscú reaccionará “sin limitaciones” si se decide excluirlo del sistema internacional de pago interbancario SWIFT. Medvédev calificó de “instrumento puramente político” las calificaciones de las agencias internacionales. La víspera, Standard and Poor´s rebajó la calificación de Rusia a bono basura, por debajo del límite de inversión.

Guerra y sanciones


16 de marzo. Referéndum en Crimea.

18 de marzo. Rusia se anexiona la península.

25 de mayo. Petró Poroshenko es elegido presidente de Ucrania.

14 de junio. Los prorrusos derriban un avión militar en el este de Ucrania, mueren 49 soldados.

17 de julio. El vuelo MH17 de Malaysia Airlines es abatido en territorio rebelde. Mueren 298 civiles.

5 de septiembre. Acuerdos de Minsk, ambas partes pactan una tregua que incumplen.

17 de marzo. Europa y EE UU imponen restricciones para viajar y congelan las cuentas de altos cargos rusos y ucranios.

17 de abril. Rusia, Ucrania, EE UU y la UE acuerdan en Ginebra “rebajar” la tensión.

27 de junio. La Unión Europea firma un acuerdo de cooperación con Ucrania.

30 de julio. EE UU y la Unión anuncian nuevas sanciones contra Rusia.

19 de diciembre. Obama firma una ley del Congreso para aumentar las represalias.

LO ya robado y lo que se robará
La toma de posición del Legislativo ucranio carece de consecuencias prácticas pero está en sintonía con las voces occidentales que exigen nuevas medidas contra el Kremlin. El viceministro de Exteriores de Rusia, Grigori Karasin, ha calificado la declaración de la Rada de “demencial e irresponsable” y afirmó que está destinada a “bloquear el camino para buscar el compromiso que tan necesario es ahora en Ucrania”, según la agencia Interfax.

Tras cuatro levas que movilizan a ciudadanos hasta de 60 años, las autoridades ucranianas precisan de más efectivos en el frente. Por esta razón, la Rada enmendó el martes la denominada “ley de la depuración de los órganos de poder”, a fin de que los oficiales afectados por la purga política aprobada en otoño sean eximidos temporalmente. Exigida por los activistas encumbrados por el Maidán (la protesta que derrocó el régimen de Yanukóvich) esa norma inhabilita a los funcionarios que tuvieron cargos de responsabilidad en época de Yanukóvich y el Gobierno calcula que afecta a un millón de personas. Su aplicación en el Estado Mayor del Ministerio de Defensa y en los órganos de Seguridad e Interior ha afectado negativamente la calidad del mando en plena ofensiva militar contra los separatistas en el este (oficialmente calificada como “operación antiterrorista”). Yuri Lutsenko, jefe del grupo parlamentario del Bloque de Petró Poroshenko, puntualizó que la enmienda afecta sólo a los oficiales “cuyo trabajo es necesario para el frente ahora”.

En Donetsk se dieron cita el lunes el político Víctor Medvedchuk, enviado del Gobierno central y los líderes de la RPL y la RPD, Igor Plotnitski y Alexandr Zajárchenko, respectivamente. Dmitri Peskov, el jefe de prensa del presidente ruso, Vladímir Putin, valoró la reunión con “optimismo precavido”, según la agencia gubernamental rusa Ría Novosti. Medvedchuk fue jefe de la Administración presidencial de
Yanukóvich y se le considera como un representante no oficial de Putin en Ucrania.

Kiev alivia la purga política para reclutar soldados para el frente

Peskov expresó su esperanza de que las “consultas previas” tuvieran su continuación en temas como el alto el fuego, la retirada de la artillería y sistemas de misiles y el comienzo de las tareas para trazar una línea de separación de las partes e intercambio de prisioneros. Todos estos puntos estaban recogidos en los acuerdos que en septiembre pasado fueron firmados en Minsk por representantes de Kiev, los secesionistas y Rusia bajo la égida de la OSCE. Las acusaciones de violar los acuerdos son múltiples y recíprocos.

Sobre el terreno, continúa la confrontación armada. El jefe del grupo Resistencia Informativa, Dmitri Tymchuk, ha afirmado que los insurgentes han sido reforzados con hombres y técnica, incluidos “soldados rusos procedentes de dos brigadas de artillería” de Rusia."
 
"Tsipras buscará una solución de la deuda “que beneficie a todos”

El primer ministro griego promete que no habrá “ni un griego sin ayuda ni sin comida”

(María Antonia Sánchez-Vallejo, Atenas 28 ENE 2015 – en “El País, 28/01/2015)

Los neoestalinistas de Grecia
En un discurso a su equipo de Gobierno, emitido en directo por la televisión desde la sala del Parlamento donde se ha reunido por primera vez el Consejo de Ministros, el jefe del Ejecutivo griego, Alexis Tsipras, recordó cuáles serán las prioridades del “Gobierno de salvación nacional” que lidera, como lo calificó en dos ocasiones: afrontar la crisis humanitaria que vive el país tras cinco años de políticas de austeridad y recortes (“ni un griego sin ayuda, sin comida, sin electricidad”), la recuperación económica y la creación de empleo, la reestructuración de la deuda “con los socios para una solución que beneficie a todos”, el imperio de la transparencia –una de las palabras que más repitió- y la lucha contra la corrupción, la evasión fiscal y el clientelismo.

“Tenemos nuestro propio programa de reformas con el objetivo de no crear nuevo déficit, pero también sin los imperativos asfixiantes” impuestos por la troika desde 2010, cuando se aprobó el primer
rescate. “Aquí no hay vencedores ni vencidos, somos el Gobierno de todos los griegos y como tal trabajaremos”, recalcó.
“La actitud de Europa hacia Grecia ha cambiado tras el resultado de las elecciones del 25 de enero, y nosotros estamos abiertos a hablar con todos en Europa”, dijo, señalando que este jueves visitará Atenas Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo, y el viernes, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem.

“Debemos acometer reformas necesarias que no se hicieron en los últimos 40 años, para poner fin a una forma de Estado que funcionaba en contra de los intereses de la sociedad”, dijo Tsipras en su discurso en referencia a la corrupción y el clientelismo. Fue un
discurso general, en el que desgranó las ideas fuerza de su campaña –repetidas también en la celebración de la victoria, el domingo por la noche en Atenas- y en el que no anunció ninguna medida concreta; de eso se encargará este primer Consejo de Ministros, que procedió a deliberar en secreto tras la introducción televisada de Tsipras.

Entre otras iniciativas, el Ejecutivo aprobará la subida del sueldo mínimo a los 751 euros (la cuantía anterior a la crisis); frenar la privatización de intereses nacionales estratégicos (parte del puerto del Pireo, la empresa pública de electricidad). Además, el viceministro de Sanidad ha anunciado "el restablecimiento del acceso universal al sistema público de salud y la eliminación del copago".


Como comenté en mi entrada del día de ayer, me había propuesto dejar en paz a los lectores durante el mes de enero, y héte aquí que resulta imposible, porque los acontecimientos se multiplican y siento la necesidad de efectuar (al menos para mí mismo) el adecuado comentario.

Uno de los temas que hoy me ocupa –más aún, me preocupa— es el conflicto del este de Ucrania, que, lejos de adormecerse, va cobrando cada vez más una especial virulencia.

La realidad (y cuento con informaciones privilegiadas de primera mano) es que Rusia y su “zar” Putin no descansan insuflando belicismos y combate en las regiones de Donbass y Lugansk, aprovechando que las fronteras de Ucrania son en esa zona solamente virtuales, y enviando tropas y armamento a los separatistas pro rusos, que son en realidad unos mercenarios reclutados por la misma Rusia.

Frente a ello, el gobierno de Ucrania demasiado hace manteniendo a duras penas las líneas de su defensa, porque cuenta con peor armamento, no renueva convenientemente sus tropas, compuestas además por bastantes soldados inexpertos, y carece de los suficientes medios económicos para afrontar una guerra de tan larga duración.

En los últimos días se ha recrudecido el cerco de Mariupol, la bella
Era el aeropuerto de Donetsk
ciudad portuaria del mar de Azov, que está siendo destrozada por los ataques de los milicianos rusos, al igual que ya ocurrió con la industriosa Donetsk, en la que su aeropuerto es solo un esqueleto de hormigón retorcido y la ciudad ha sido triturada por las armas, d elo que es ejemplo el que fue magnífico estadio "Donbass Arena", hoy un amasijo de hierros y hormigón destrozados

Con esta triste realidad, Occidente sigue diciendo que incrementará sus sanciones (¿??) a Rusia, pero la realidad es que ni la diplomacia ni la ayuda militar aparecen por parte alguna ni por tanto hay resultados positivos.

No es de extrañar que el pueblo ucraniano, buen amante de la paz, esté ya cansado de apoyos verbales carentes de eficacia, y que se haya sumido en una resignación teñida de desconsuelo.

Y es que la Unión Europea bastante tiene con preocuparse de la que se le viene encima con el cambio político en Grecia, que hace tambalearse la estructura económica, ya que todos los países están
involucrados en el rescate que se hizo y en la deuda estatal del país heleno, que bien dudoso es que puedan recuperar.

Pero además la Unión Europea y Estados Unidos de América han de “tragarse el sapo” del nuevo gobierno griego, iconoclasta (cual parece demandaba un tercio de la población que le ha votado), que ha comenzado por “descorbatarse” –gesto para evidenciar su separación del poder tradicional— y por prometer un “bolchevismo” a lo Lenin, que no por idealista y descabellado en estos tiempos, va a a impedir un vuelco de rebeldía y de rechazos en las acomodadas vidas de los países occidentales.

Aunque las comparaciones siempre son odiosas, y posiblemente falsas, no acabo de ver en nuestra España querida a ese Pablito Iglesias del “P(j)odemos” sustrayéndose a la vida muelle que proporciona la política, ni eliminando al PSOE (pese al corral revuelto de éste, con Andalucía en pre-elecciones y los “gallos” buscando predominancia), ni menguando demasiado al Partido Popular, que ya se basta por sí solo para reducir sus expectativas de voto, por mor del tancredismo de su líder y de las lacras de sus corruptos.

En fin, que la guerra sigue en Ucrania; que la ruptura política se impone en el extremo sur de Europa, y que en nuestro país, separatismos catalanes aparte, el clima pre-comicios alborota el gallinero.

Lo que de veras resulta lamentable es la falta de horizontes concretos de solución para todos esos problemas.

¿Se vislumbran rumbos positivos y efectivos?

Ni un profeta sería capaz de predecirlo.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA