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24 enero 2023

Ucrania: La guerra de nunca acabar. Rusia quiere y no puede. Europa y la OTAN pueden pero no quieren ni se atreven. El miedo se impone mientras la destrucción y la barbarie castigan al pueblo ucraniano

La paradoja atómica: razones para ayudar a Ucrania, CARLOS ALBERTO MONTANER 21/01/23


El presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, interviene ante el Grupo de Contacto. EFE

El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, está pidiendo el agua por señas. Ese es un cubanismo que quiere decir que «carece de recursos». Le están destruyendo su país y demanda un cierto número de carros de combate alemanes Leopard, el mejor del mundo, para intentar evitarlo. Los alemanes se lo están pensando.

Cada día que pasa mueren más civiles, incluidos niños. Por la otra punta, los rusos les están indicando a los alemanes que este invierno será particularmente amargo si entrega los Leopard. Desde el ángulo de Moscú se vería como una traición a viejos compromisos de los alemanes. Al fin y al cabo, Zelensky interrumpió su muy exitosa carrera de cómico, y llegó al poder en Ucrania para combatir la corrupción, y ha tenido que enfrentarse a una militarmente poderosa vecina: Rusia.

Ya conté que Zelenski era un actor cómico. Su profesión es hacer reír a la gente. Los políticos habituales las hacen llorar con los impuestos y con la corrupción. Ello hace que Ucrania tenga que tomar decisiones incómodas, como la de solicitar los tanques Leopard: de las que fomentan las lágrimas.

Solo recuerdo a dos políticos que previamente han sido actores profesionales: Ronald Reagan (1981-1989), al frente de Estados Unidos y Jimmy Morales, presidente de Guatemala (2016-2020). Generalmente, han sido militares y abogados, con uno que otro médico, como ocurrió en Cuba con el Dr. Ramón Grau y en Chile con el Dr. Salvador Allende.

Vladimir Putin, un ex teniente coronel del KGB, a quien no se le ocurrió otra cosa que acusar de antisemita a Zelenskiy para ganarse el apoyo instantáneo del mundo y desatar la invasión contra Ucrania. Zelenski es judío, no religioso, como la mitad de los judíos, nació en 1978, y perdió una serie de parientes durante el Holocausto y los pogromos. La mentira dicha por Putin, sencillamente, no funcionó. Como fue concebida para agredir a su vecino en un descarado plan para reconstruir el perímetro de influencia del Kremlin en la época en la que existía la URSS, la mayor parte de las naciones votaron en la ONU urgiendo a Moscú que se marchara de Ucrania cuanto antes: 141 países de 193, frente a las cuatro naciones sospechosas de siempre: Corea del Norte, Siria, Bielorrusia y Eritrea, más Rusia, claro. Treinta se abstuvieron y 27 ni siquiera estuvieron allí durante la votación.

Hace muchos años el profesor de la Universidad de Georgetown, José Sorzano, embajador alterno de EEUU ante la ONU (la titular era la embajadora Jeane Kirkpatrick y el gobierno era presidido por Ronald Reagan), le oí decir de la que URSS era «una especie de Bangladesh con cohetes atómicos». Parece que tenía razón.

La URSS contaba con todos los problemas del Tercer Mundo, menos en la industria aeroespacial y en el terreno de las armas nucleares. Pero mantener esas dos ventajas comparativas requerían que la tensión liquidara un esfuerzo que se pudiera haber hecho en otra dirección. A diferente escala, es lo que sucede con Corea del Norte. Haber descubierto este desequilibrio le sirvió al tándem Reagan-Bush para arruinar a la URSS.

Detener a Rusia significa que los Países Bálticos no sean los próximos. El hecho de que estén en la OTAN no es garantía»


En definitiva, hay tres razones para saludar y apoyar el inmenso sacrificio que está haciendo Ucrania. En primer lugar, detener a Rusia significa que los Países Bálticos no sean los próximos. El hecho de que estén dentro de la OTAN no es garantía. No hay nada que alimente más el apetito imperial de Rusia que el hecho de que pueda conquistar libremente Ucrania. La resistencia hasta ahora es ejemplar. La libertad cuesta muy cara. Hay que pagar el precio entre todos. En segundo lugar, a todos nos conviene que las armas rusas convencionales demuestren en combate su inferioridad frente a las occidentales. En tercer lugar, el alcance y precisión de los tanques Leopard 2 es superior a los rusos. Los blindajes son mejores.

Los motores occidentales resultan mucho mejores. Hay un ahorro en combustible lo que los hace más económicos. El confort para el equipo humano que está dentro del carro de guerra es insuperable, dado el poco espacio de que se dispone. Pero, sobre todo, las miras térmicas de que disponen los hace muy efectivos durante el día y la noche. Pueden lanzar un proyectil de 120 mm y, guiados por el calor que despiden los tanques enemigos perseguirlos y hacer blanco en ellos.

Ya han dicho, el presidente y el primer ministro, ambos de Polonia y de nombres impronunciables, que están dispuestos a incumplir el acuerdo con Alemania con tal de transferir los tanques de guerra a Ucrania. No sé si esto es una coartada para los alemanes, pero las autoridades de Polonia y Lituania están de acuerdo en darle todo el apoyo a Ucrania.

Rusia va a intentar, otra vez, el chantaje nuclear. Es un bluff. Seguro. Los ingleses y los franceses, más los israelíes, que están dispuestos a borrar del mapa a los reactores nucleares iraníes, no se van a perder la fiesta. Los expertos hablan de la «paradoja atómica». De muy poco sirven las bombas nucleares repetidas. Ingleses y franceses tienen la posibilidad de hacer blanco en todas las ciudades de más de 20.000 habitantes. Hay que estar loco para desatar esa guerra.

(De “El Independiente”, 23/01/2023)


He de confesar que cuando pienso y opino sobre el conflicto ruso/ucraniano no puedo mantener la adecuada objetividad.

A mis condicionantes personales (esposa natural de Ucrania, hijos y nietos nacidos en el país del Dnéper) se unen los muchos y auténticos afectos y conocidos en ambas naciones, que, aun impulsándome a mantener el equilibrio al escribir, me decantan por considerar que lo que viene haciendo Rusia es un auténtico crimen de guerra mucho genocidio y mucha sinrazón, basados en la doblez, la mentira y los tópicos de un imperio que fue y se esfumó porque los zares ya fueron eliminados y los comunistas se han ido apagando entre el bienestar del abusivo capitalismo.

Ha sido necesario un sátrapa como Putin, rodeado de la oligarquía multimillonaria, y un pueblo bastante inculto, con muchas carencias y manipulado por la propaganda oficial, para que, por el momento, parezca que los rusos apoyan a su dictatorial presidente y el pueblo ucraniano no tiene más remedio que refugiarse bajo el manto protector de su presidente Zelenskiy (un cómico más sensato y a veces más heroico de lo que parece) y la esperanza obligada en la Unión Europea y en los Estados Unidos de América, que permitan la supervivencia como nación de lo que fue una parte importante de la URSS.

Putin ha embarcado a Rusia en mil y una aventuras bélicas que han terminado en masacres y fracasos, como Chechenia, Afganistán, Siria,  y otras tantas, y lo ha hecho porque a su corte de oligarcas conviene el conflicto para enriquecerse más aun, al socaire de la falsa y patriótica razón de la recuperación de lo que fue una nación (eso sí, bajo el yugo de la hoz y el martillo).

En esa dinámica, Ucrania está pudiendo defenderse de los inhumanos e injustificados ataques de Rusia, usando los millones y el enorme armamento que le facilitan sus protectores occidentales, pero sin poder rematar su defensa y doblegar el loco e irracional ataque de los enemigos, que atacan y matan con la excusa falsa de que son agredidos por los ucranianos.

¿A qué se debe que la guerra que se anunciaba de pocos días dure ya tantos meses?

Rusia no se fía de sí misma y teme que, si se excede y recurre al armamento nuclear, en ello vaya su propia destrucción. Y Ucrania (mejor dicho, con los países que le apoyan) no quieren involucrarse más, pero tampoco se apartan del conflicto.

Esto es, en fin, “el cuento de nunca acabar” y esta guerra no parece tender a su final, y solamente se podría vislumbrar un final del conflicto si se alcanza una paz basada en otro zarpazo de Rusia, que consolide su ya consumada expoliación de Ucrania, y consagre la expropiación de las regiones ucranianas de Donbass, Lugansk y Zaparozhya, más pro-rusas, y en las que predomina el habla y las costumbres del país vecino.

¿Qué va a acontecer? ¡Chi lo sá!

Lo único y triste es que la guerra no tiene trazas de terminarse  y mientras tanto las gentes sufren y mueren y la economía ucraniana (la de Rusia también) va sobreviviendo de prestado mientras el capitalismo occidental apoya su supervivencia, a la espera de incorporar la nación al poderío de occidente, o dicho de otra manera, al poderío de los capitalistas occidentales. Y el hambre y la destrucción siguen imperando, y el odio entre naciones llegaron a ser solamente una lacra que se incrementa.

Mi bisabuela, tan íntegra y tan religiosa ella, acostumbraba a decir ante los problemas sin aparente solución: “Solo queda rezar, y eso es lo único que valdrá la pena”.

Ojala así fuera.

Por el momento no me sustraigo a mis querencias ucranianas y proclamo de todo corazón “Slava Ukraini” (Gloria a Ucrania), “Geroyam slava” (Gloria a los héroes).

Nunca existió una buena guerra ni una mala paz”  Benjamín Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

24 agosto 2022

Hoy, 24 de agosto: 31 aniversario de la independencia de Ucrania. La difícil supervivencia de una nación que el absolutismo genocida de Putin trata de suprimir


Confieso que durante muchos años he celebrado en territorio ucraniano, y junto a los ciudadanos de ese país, la conemoración del aniversario de su independencia.

Siempre ha sido un día grande, con las gentes gozando la festividad, retomando la vida en familia, saliendo a las calles para manifestarse, presenciando la parada militar en la avenida Kreschiatyk; en pocas palabras, compartiendo el orgullo de ser una nación independiente que iba prosperando poco a poco con esfuerzo, pero siempre con sentimientos patrióticos.

Ya fueron problemáticos los años en los que desde Rusia se trató de manejar la vida y realidad de Ucrania, influyendo los oligarcas ucranianos y los pro-rusos para que la presidencia del gobierno y éste mismo estuvieran volcados a Rusia, mediante la colocación de

mandatarios claramente pro-Moscú, como Kuchma y Yanukóvich y sofocando todo conato de tendencia nacionalista, hasta que tuvo lugar el pronunciamiento en Maidan Nezalechnosti (plaza de la Indepencia), que pasó a definir la voluntad mayoritaria de apartamiento del absolutismo ruso.

Desde entonces, el taimado Vladimyr Putin se ha valido de mil y una artimañas para neutralizar a los mandatarios que buscaban la real independencia social y económica, bien envenenándoles (como a Yúshcenko) bien propiciando su prisión mediante acusaciones casi siempre falsas.

La tendencia en Ucrania que he percibido personalmente durante los muchos años de convivencia y relación con los ucranianos, ha sido el deseo de lograr la integración efectiva en el mundo occidental, especialmente en la Unión Europea, bien que ello era muy difícil porque la corrupción seguía galopando, las estructuras económicas evolucionaban lentamente y en la Unión Europea se veía con recelo la posibilidad de aproximación.

Así las cosas, cuando el sátrapa Yanukóvich (de infausta memoria por su descarada tendencia pro rusa y sus abusos dictatoriales) hubo de salir huyendo, porque el pueblo no quería ni verle, el Kremlim se propuso reconquistar Ucrania, y montó una guerra separatista en las regiones de Lugansk y Donbass, apoyando tropas secesionistas y hasta infiltrando combatientes y armamento, llegando a consumar la tropelía de adueñarse de la península de Crimea, ante la cuasi indiferencia de Occidente.

Y de aquellos polvos han venido los actuales lodos, de una agresión brutal, inhumana, de Rusia, a poblaciones más cercanas a su territorio, con desprecio genocida de la población.

Lo más sorprendente ha sido la reacción del pueblo ucraniano,

embravecido en la defensa de una independencia que no quiere perder, pese a las dentelladas bélicas en el este del país.

En esa situación llega ahora la celebración del 31 aniversario de la independencia de Ucrania, y aunque los festejos han debido suprimirse por la guerra y el riesgo de más ataques de Rusia, ya que Putin y los suyos buscan siempre golpear donde más duele, olvidando los más elementales principios de humanidad, sí, ha llegado el aniversario de la declaración de independencia, y el pueblo ucraniano lo ha celebrado con todo honor y orgullo, precisamente combatiendo al invasor para preservar su independencia.

No puedo menos que ensalzar ese bravía conducta de los nacionales ucranianos, ejemplo para el mundo, que tal vez no quiere implicarse más en una guerra que no puede serle ajena, porque supone el freno al deseo expansionista del totalitarismo del criminal Putin y sus secuaces.

Por ello, a los ucranianos, a los simpatizantes y a las personas de buena voluntad que apoyan la independencia de Ucrania, no puedo menos que felicitarles en este señalado día, pidiendo a Dios que haga callar las armas, especialmente las de Rusia y permita la paz, para que la independencia y la esencia de Ucrania sobrevivan por centurias.

Mi grito es el los ucranianos: ¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes!, Slava Ukraini! Geroiam slava!

"La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas" Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 febrero 2022

Ucrania: Su lenta descomposición mientras Occidente quiere y no puede ni sabe frenar la taimada avalancha desde Rusia. Lo que tenía que pasar, pasó…


“Putin reconoce a los territorios separatistas y despliega allí sus tropas  (
XAVIER COLÁS, Lunes, 21 febrero 2022 - 23:18)

El presidente ruso consigue con esta decisión dejar a Occidente descolocado y a Kiev ante el abismo de otro posible estallido del conflicto

Tal y como Occidente temía y no supo evitar, Rusia arrancó este lunes por la noche otro territorio a Ucrania. Vladimir Putin decidió romper la baraja y reconocer los territorios separatistas de Donetsk y Lugansk. Pone fin así a un proceso de paz en Ucrania que, aunque había logrado contener notablemente la sangría de muertes, no estaba ofreciendo a Moscú los réditos deseados. El líder ruso dio instrucciones para desplegar el ejército ruso en estos territorios rebeldes de Ucrania. Ordenó al Ministerio de Defensa ruso que envíe fuerzas "en misión de paz" a estas zonas de Donbass y también pidió a su ministro de Relaciones Exteriores que establezca relaciones diplomáticas con las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Las medidas entraron en vigor de inmediato, dijo el Kremlin.

El canciller alemán, Olaf Scholz, acordó con su colega francés, Emmanuel Macron, y con el líder de EEUU, Joe Biden, que la decisión no quedaría sin respuesta, según informó la Cancillería. "Biden condenó enérgicamente la decisión del presidente ruso Putin de reconocer la "independencia" de las llamadas regiones DNR y LNR de Ucrania", en una llamada con el presidente de Ucrania, Volodimr Zelenskiy, dijo la Casa Blanca.

Los acuerdos de Minsk, firmados en 2015 cuando Ucrania estaba acorralada por los combatientes separatistas y las tropas rusas, concedían un mayor poder a los territorios sublevados, donde Rusia tiene más capacidad de influencia. Lo firmado entonces no se ha cumplido y Rusia ha dado una patada al tablero que deja a Occidente descolocado y a Kiev ante el abismo de otro posible estallido del conflicto.

En un amargo mensaje nocturno a la nación, Putin se quejó ante las cámaras del comportamiento hacia Rusia de la Ucrania postsoviética. Acusó a los ucranianos de haber robado el gas ruso en el pasado y de usar la energía para chantajear a Moscú, acusando a los sucesivos líderes de Ucrania de querer "toda las cosas buenas de Rusia sin ninguna obligación".

Durante una larga charla en un despacho con varias pantallas, dos banderas de Rusia y un enjambre de teléfonos analógicos, Putin volvió sobre uno de sus traumas recurrentes, afirmando que el colapso de la URSS fue un "robo" para Rusia.


"La seguridad de Ucrania puede amenazar la seguridad de Rusia", denunció Putin en un salto al presente al calibrar las posibilidades de Kiev de acceder a la OTAN: "Es una cuestión de tiempo, y los riesgos para Rusia surgirán de una manera decisiva, ataques relámpago y ataques preventivos". Putin calcula que los misiles tomahawk "podrían alcanzar Moscú en 35 minutos, y los hipersónicos en tres minutos". "Nos engañaron diciendo que no iban a ampliar la OTAN", denunció Putin.

La medida puede trastocar los esfuerzos diplomáticos. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, dijo por la mañana que planeaba reunirse con su homólogo norteamericano Antony Blinken en Ginebra el jueves y mencionó que hubo algunos avances en las conversaciones con Occidente sobre seguridad. Pero Blinken avisó de que cualquier reunión sería cancelada si Rusia invade. La tensión es máxima en esa zona gris donde rusos, ucranianos y separatistas se tocan.

El reconocimiento de estas repúblicas supone una anexión 'de facto' de los separatistas armados de Donetsk y Lugansk, cuya subsistencia queda ligada a Rusia. La pregunta es ahora qué otro resorte puede buscar Putin para seguir condicionando la política de Kiev, que para bien o para mal pierde esos territorios definitivamente. En realidad, Moscú lleva años succionando estos dos estados fallidos: circula el rublo y Rusia ya ofrece pasaportes a los residentes de las dos regiones. Moscú asegura que ahora hay 800.000 ciudadanos rusos allí. Si son atacados los defenderá con las armas.

La decisión de Putin culmina una jornada de tensión directa entre Moscú y Kiev. Rusia dijo que los saboteadores militares ucranianos intentaron ingresar al territorio ruso en vehículos armados y provocaron cinco muertos, una acusación que Kiev catalogó como "noticias falsas". Al caer la noche, una potente explosión sacudió el centro de Lugansk, una de las dos capitales separatistas.

DRAMA EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD

Horas antes de firmar el decreto junto a los líderes separatistas, Putin había preparado a los rusos para una decisión que aparta más a Rusia de Occidente y de su vecina Ucrania. En una reunión televisada de su Consejo de Seguridad, que normalmente se celebra a puerta cerrada, Putin volvió sobre sus habituales demandas sobre Europa central, e insistió en que no es suficiente que Occidente diga que Ucrania no estaba lista para unirse a la OTAN en este momento. Uno a uno, fueron desfilando por delante de Putin sus principales colaboradores: jefes de los servicios de inteligencia, ministros y otros cargos ligados a los servicios de seguridad.

Como en una coreografía, cada uno fueron poniendo sobre la mesa los miedos, argumentos, teorías y reclamaciones que Putin y su entorno llevan supurando durante las últimas semanas de tensión con Occidente. Todos empujaron al presidente a dar este paso sin vuelta atrás. Y cuando uno de ellos dudó, fue reprendido por el propio Putin ante las cámaras. Fue el director del servicio de inteligencia exterior (SVR) de Rusia, Serguei Naryshkin, el el único que tropezó al decir su papel cuando dijo que Rusia debería dar a los socios la oportunidad de dialogar y luego, si se daba el caso, reconocer su independencia. Putin lo interrumpió y pidió que hablase claro, reclamando todo su apoyo. Naryshkin, confundido y tartamudeando, rectificó pasándose de frenada: apoyó la anexión de los territorios a Rusia. Putin le tuvo que regañar de nuevo: "No estamos hablando de eso":

El primer ministro, Mijail Mishustin, habló con su habitual llana sinceridad: "Llevamos muchos meses preparándonos para la posible adopción de la República Popular de Lugansk y la República Popular de Donetsk". Nikolai Patrushev, el secretario del Consejo de Seguridad agitó los miedos contra Occidente "su objetivo es la destrucción de Rusia" y clamó que "no es el pueblo de Ucrania el que organizó

esto. Están siendo atemorizados y obligados a tomar este camino". El Gobierno ruso lleva semanas tratando de apartar a la UE de la negociación y Patrushev corroboró: "El único país con el que necesitamos tener negociaciones es Estados Unidos".

El ministro de Defensa, Sergei Shoigu, fue más allá diciendo que Ucrania, que renunció a las armas nucleares después de la independencia de la Unión Soviética, tenía un "potencial nuclear" mayor que Irán o Corea del Norte, en clara referencia a las recientes peticiones del presidente ucraniano de revisar su estatus nuclear.

Tanto la UE como EEUU han anunciado sanciones. Biden firmará "pronto" una orden ejecutiva con sanciones económicas para las autoproclamadas repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk.

(“El Mundo”, 22/02/2022)

Tiempo ha, desde que la Rusia de Putin invadió sin obstáculos la península de Crimea ante la impotencia del gobierno de Ucrania y la falsa reacción (ineptitud) de Occidente, tiempo ha, repito, en que he venido pensando y diciendo que, tal como actuaba el sátrapa ruso y como (no) actuaban los países democráticos de Occidente, pronto o tarde Rusia seguiría expandiéndose hasta ir, poco a poco, adueñándose de territorios de Ucrania, probablemente con el ánimo de hacer propia la nación del Dniéper, que tanto dolor les causa desde que salió de la órbita de Moscú.

Bien cierto que Putin es chiquito, pero bien matón, y cual avezado jefe de espías soviético, ha ido planificando ante la incalificable lenidad de la NATO y la timorata observación de la Unión Europea, con más miedo que un ratón a un gato.

La gran verdad es que la nación ucraniana viene siendo una realidad prendida con alfileres, con dos partes bien diferenciadas cultural y económicamente, y en la que las semillas de la oligarquía rusa se han ido adueñando poco a poco de la realidad social y económica, protegiéndose con una galopante corrupción de todo orden, que ha generado el rechazo de Occidente y la indefensión de las clases ucranianas emergentes.

Los países occidentales no han querido saber casi nada de Ucrania, amparándose (es verdad en parte) en que las ayudas económicas se diluyen en manos de los remanentes jerarcas pro rusos, sembrantes de mafias poderosas, pero también es cierto que el monstruo de la Unión Europea (ella misma cuarteada) bastante está teniendo con sobrevivir.

Y mientras tanto, la faceta defensiva, que debería corresponder a la NATO, ha quedado abandonada en Ucrania, porque los dirigentes estadounidenses bastante tenían con escaparse de las guerras de

Afganistán y otros países, amén del miedo a pringarse en nuevos conflictos, máxime cuando algunos dirigentes (Trump el más señalado) han montado histéricos planteamientos de “América lo primero” (“América the first”).

Como además después de la cuasi pacífica invasión de Crimea, quedó sembrada la lucha en la zona oriental, sobre parte de las regiones u oblast de Donbass y Lugansk, los sucios negocios de los magnates de la venta de armas seguían prosperando y el país se sumergió en una lucha absurda de desgaste, que lo único que generó y ha generado ha sido miles de muertos.

En ese ambiente, comprobada por Putin la indudable debilidad de Occidente y la NATO para proteger a Ucrania, no le ha sido demasiado difícil planificar lo que ya está comenzando a ejecutar, cual es “recobrar”, como mínimo, las zonas de influencia rusa, en las que la lengua y las costumbres son menos occidentales.

Podría decirse que todo el territorio situado al norte del río Dniéper (y algo más) sigue estando en riesgo de que, paso a paso, año tras año, Rusia, con el zar Putin al frente, vaya quedándose lo que le interesa.

Causa pena, mucha pena; y causa irritación, mucha irritación, comprobar que Rusia hace lo que le da la gana porque le conviene; que Occidente amenaza con represalias que muchas veces dan risa; que el gobierno ucraniano quiere, pero no puede; y que en ese río revuelto los mafiosos oligarcas rusos y ucranianos consolidan su enorme negocio y amasan sus grandes fortunas, que expanden por todo el mundo.

El pueblo ucraniano pareció reaccionar cuando el desalmado y sinvergüenza de Víktor Yanukovich tuvo que salir huyendo cuando las manifestaciones del año 1994 le cercaron y le obligaron a escapar con los bolsillos bien forrados.

Pero quienes con el tinte de demócratas pro-occidentalista asumieron el control del país sucumbieron víctimas de sus propias ineptitudes y del poder de facto de las mafias oligárquicas, ya se vió que poco futuro podía tener Ucrania sin una real y efectiva incardinación en Occidente, que se solicitaba por el gobierno, pero que lastraban los magnates para que no mermara su control y poder.

Así ha llegado al momento presente y los augurios no pueden ser más sombríos, ya que Putin solamente se

Alea jacta es

detendrá cuando se enfrente a un poder igual o superior al suyo, con menos temores y mayor efectividad, y si las amenazas de sanciones muy duras se aplican, ya buscarán sus acólitos y sus organizaciones, amparadas en su enorme potencial económico,  la manera de sobrepasarlas.

No tengo la menor confianza en que la actual crisis evolucione para bien, sino todo lo contrario, porque, conociendo al pacífico, culto y sacrificado pueblo llano de Ucrania, se seguirá soportando, como durante tantos años de la URSS, la opresión social y económica.

En fin, que lo que tenía que pasar, pasó.

Mucho decir “¡Que viene el lobo!”, hasta que llegó de veras y todos quienes debieron tomar medidas se quedaron cacareando. Y los ucranianos sin plumas.

¡Que Dios bendiga a Ucrania!

¡Porque otras ayudas parecen inalcanzables!

“Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

20 enero 2022

El conflicto Ucrania vs. Rusia: Sigue la tensión entre Occidente y Rusia. ¡Que viene el lobo!

Desde que Rusia, por orden del avieso Vladimir Putin, ocupó “manu militari” la península de Crimea (que, no olvidemos, había sido “regalada” por Krushchev a su país, Ucrania, varios lustros antes), se han venido sucediendo escaramuzas y acciones bélicas en las fronteras entre las dos naciones, principalmente al nordeste de Ucrania, junto a las regiones de Donbass y Lugansk, no solamente ruso parlantes sino también culturalmente muy vinculadas desde antaño a Rusia.

Así, en la parte rusa se instaló una fuerza armada sin signos identificativos, pero con materiales de clara fabricación rusa, que comenzó a hostigar a las fuerzas ucranianas – más débiles y no demasiado bien dotadas— que  hacían como que defendían los lindes de la nación del Dniéper, creando casi continuamente incidentes armados y obligando a las arcas de Ucrania a un enorme gasto militar para tratar de contener lo que se anunciaba y es como un la amenaza y tal vez un claro intento de invasión por el vecino del norte, especialmente de los oblast de Lugansk y Donetsk.

En conflicto, la “sorda” guerra, fue reproduciéndose con bajas humanas para ambos lados, y daños materiales en la parte ucraniana, y hasta para terceros (no se olvide el derribo del avión de Malaysian Airlines abatido sobre territorio ucraniano por un misil de fabricación rusa lanzado en la región de Donbass), en una continua política de desgaste, que ha sucedido al derrocamiento del pro-comunista Viktor Yanukóvich, un sátrapa ucraniano “amigo” del vecino norteño, y que actualmente sigue refugiado en el país que fue de los zares.

Así, peor que mejor, han ido pasando los años y Putin, el peligroso “Maquiavelo” ex KGB soviético, ha seguido manteniendo la presión para intentar desangrar a lo que en su día fue la república socialista de Ucrania.

Mientras tanto, Crimea ha sido “colonizada” para

Rusia, creando un “sin vivir” a la población de origen ucraniano, aunque, eso sí, aumentando el disfrute para la opulencia rusa y ucraniana, que sigue disfrutando de la península el Mar Negro como hacía antaño, antes del regalo de Kruschef.

Los diferentes gobiernos de Kiev han ido sorteando la esquilmación de sus arcas en esa pseudo guerra sin fin, mientras imploraban  a las naciones democráticas y consolidadas de Occidente (entiéndase Unión Europea ,NATO y USA) su apoyo y presión a Rusia, no solamente para la utópica devolución de Crimea, sino especialmente para la protección y el cese de la real amenaza de las milicias pro-rusas que hostigan la paz en el este.

Sin resultado, claro, porque, amparándose en la galopante corrupción de Ucrania y en su falta de desarrollo económico, los occidentales han venido

dando “palmaditas en la espalda”, sin acciones concretas y efectivas, inclusive con la reunión en Minsk, Bielorrusia, en la que pareció establecerse un protocolo de pacificación que fue incumplido ya antes de crearse.

Y ahora, como Rusia, “lobo hambriento”, comprueba que Ucrania no solamente no mejora sus posiciones pre bélicas y económicas, sino que no acaba de lograr el decidido apoyo de los países que dicen ser sus aliados (pero en voz no muy alta), busca excusas de cualquier clase y calibre, llegando a amenazar de manera clara con que si Ucrania se integra en la NATO, o esta organización se involucra más activamente en defensa y beneficio del país ex soviético, invadirá las

regiones semi ocupadas por las guerrillas.

En fin, que Occidente se comporta con debilidad y titubeos frente a la calculada maniobra de Putin y con su debilidad brinda estímulos a éste para que siga programando lo que pretende: incorporar a Rusia las regiones que, más o menos, están ocupadas por las guerrillas que le son satélites, consolidando para siempre (si es que no lo hubiera logrado ya) la “reconquista” de Crimea.

Causa pena, sin duda, ver cómo el gobierno ucraniano trata de sobrevivir y sobreponerse a las amenazas que penden sobre el país, pero irrita y llega a indignar esa doblez acobardada de los países que dicen proteger.

No cabe duda de que en modo alguno es deseable una guerra en la zona de conflicto, pero tampoco es discutible que cuando el “lobo” comprueba que “las ovejas” están sin protección, maquina para atacar y devorar.

¡Qué le vamos a hacer! La relajación, el acomodamiento, el falso refugio en el pacifismo por parte de Occidente, está propiciando que, pese a quien pese, en poco tiempo el “lobo” Rusia y su dueño, el peligroso Putin, realicen una acción relámpago y den el mordisco que les interesa.

Porque el sueño de la “gran Rusia” cada vez se incremente más en el “futuro zar” Vladimir Putin, ansioso y obsesionado por extender sus “dominios” a

lo que fue el dominio de los zares, buena parte del cual aun conserva, pese aparentar falsas democracias. Que lo diga si no el régimen “autocrático” y dictatorial de Bielorrusia.

Me temo que va a repetirse lo del cuento de “Pedro y el lobo”, y que pese a tanto aviso de que el depredador va a llegar, como casi nadie repara en ello, al final el lobo cazador “se zampe” la oveja ucraniana.

 ¡Ojalá me equivoque!

“Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” Cicerón    (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

24 noviembre 2020

Bielorrusia: ¿Mimetismo con lo acontecido en Ucrania? Rusia nunca tolerará otra nueva “evasión democrática” en sus fronteras


Crisis en Bielorrusia: todo lo que debes saber para entender el conflicto

Las multitudinarias manifestaciones en contra del presidente bielorruso Alexandre Lukashenko no cesan en ese país

(Por Raúl Castillo)

Las imágenes dieron la vuelta al mundo. En lo que hasta ahora es la manifestación más grande en la historia de ese país, más de 200.000 personas -según calculó el portal Tut.by-, salieron el domingo 16 de agosto a las calles de Minsk, capital de Bielorrusia, para protestar en contra del gobierno de Alexander Lukashenko. Más de una semana después de las elecciones presidenciales en las que el mandatario se proclamó como ganador, la tensión política y social en el país va en aumento.

Horas antes de la protesta opositora, la cual llamaron Marcha por la Libertad, Lukashenko midió su poder congregando a sus fieles en la plaza de la Independencia. A ella estaban llamados “quienes apoyan al gobierno, quienes aman la patria, quienes están en contra de la división del país en bandos opuestos”, según la organización Bélaya Rus, cercana al régimen que gobierna

desde 1994.

El llamado del líder bielorruso, sin embargo, quedó lejos de alcanzar a sus opositores: las fuentes oficiales afirman que 65.000 personas acudieron a la contramarcha, mientras que observadores independientes y medios de comunicación locales rebajaron la cifra en unos cuantos miles.

¿Cómo Bielorrusia llegó a este punto de crispación y cómo se desarrolla la crisis política? En El Diario te contamos todo lo que debes saber para entenderlo.

1. Más de dos décadas en el poder

Lukashenko preside Bielorrusia desde hace 26 años. Es el único que ha ocupado ese cargo desde que el país se independizó en 1991. Y el gobernante con más años en el poder en toda Europa. Desde que asumió, tanto sus opositores como buena parte de la comunidad internacional, lo señalan como uno de los últimos reductos autoritarios del continente, violador de derechos humanos

Mi posición y el Estado nunca me permitirán llegar a ser un dictador, pero gobernar con estilo autoritario es una característica mía y siempre lo he admitido”, respondió él a esas acusaciones en su contra durante una entrevista en el año 2003

Un año después, suprimió a través de un referéndum el límite de dos períodos presidenciales, asegurándose así la reelección indefinida.

No rehúye a los calificativos. En el año 2012 aseguró que era “mejor ser dictador que homosexual”, esto en alusión al ministro de Exteriores alemán Guido Westerwelle, quien se define abiertamente como homosexual.

En ese momento Westerwelle lideraba las sanciones contra el gobierno bielorruso desde la Unión Europea (UE) por violación de derechos humanos.

En la práctica es igual que en su discurso. En una oportunidad advirtió que cualquiera que participara en una protesta opositora sería tratado como un “terrorista” y que le torcerían el pescuezo “de la misma forma que a un pato”. La prensa no escapa de la persecución, y muchos periodistas han sido detenidos, al mismo tiempo que el gobierno maneja los medios de comunicación públicos.

Dos años más tarde, en los comicios presidenciales de 2010 –que ganó ampliamente Lukashenko–, nueve de los diez candidatos opositores fueron arrestados. Las denuncias de fraude, otra vez, persiguieron al proceso electoral.

2. Campaña electoral desigual

El 8 de mayo el Parlamento bielorruso convocó elecciones presidenciales para el domingo 9 de agosto de 2020. Como sucede desde los comicios de 1994, los primeros de Bielorrusia como país independiente, Lukashenko se presentó como candidato sin problema alguno. Y otra vez sus opositores enfrentaron todo tipo de sabotajes.

Pocos días después de la convocatoria a elecciones, el precandidato opositor Siarhei Tsikhanouski, uno de los favoritos en los sondeos electorales, fue detenido. La justicia lo acusó de violencia contra la autoridad al producirse un incidente con la policía durante un acto de campaña. Su esposa Svetlana Tijanóvskaya se hizo cargo del liderazgo opositor y logró formar una coalición en torno a su figura para combatir a Lukashenko.

El mandatario desestimó la candidatura de Tijanóvskaya al asegurar que los bielorrusos “no estaban listos para votar por una mujer” y que la “constitución no está hecha para las mujeres”.

Pero la respuesta de la población fue masiva. Junto a la candidata, otras dos mujeres lideraron la oposición en las elecciones. Congregaron a más de 60.000 personas en el cierre de campaña, algo hasta entonces nunca visto en Bielorrusia. Se trató de María Kolesnikova y Veronika Tsepkalo.

La primera era jefa de campaña de Viktor Babaryko, otro opositor que fue encarcelado en junio por supuesta evasión de impuestos y lavado de dinero. Para ese momento, lideraba los sondeos de votación. Mientras que la segunda es esposa de Valery Tsepkalo, quien huyó del país en julio porque supuestamente el gobierno había ordenado detenerlo.

Tanto la UE como Amnistía Internacional (AI) condenaron la persecución contra los líderes políticos y pidieron su liberación.

Pero los políticos no fueron los únicos encarcelados. Desde el inicio de la campaña electoral, en mayo, más de 2.000 personas fueron detenidas, según el Centro de Derechos Humanos Viasna.

3. Pobre control de la pandemia

Al clima de disconformidad social por la persecución a los candidatos opositores, se le sumó el descontento por la forma en la que el gobierno de Lukashenko hizo frente al covid-19.

Según el mandatario, para curar el virus lo mejor era pasear, tomar vodka e ir al sauna. Y mientras que el mundo anunciaba el confinamiento para cortar la propagación del virus, él defendió su negativa a ordenar una cuarentena.

Hasta la publicación de esta nota, Bielorrusia acumula 69.589 contagios y 613 muertes, aunque la mayoría de ellos se encuentran recuperados (67.149). En el último mes la cifra de contagios diarios ha disminuido considerablemente en comparación a los meses de mayo y junio, cuando el país tuvo su pico de casos.

4. Sospechas de fraude

La jornada electoral transcurrió sin la participación de observadores independientes. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) informó que no supervisaría las elecciones de 2020 ya que no se le había enviado una invitación oportuna. De igual manera, las autoridades restringieron el acceso de observadores nacionales.

Desde 1995, la OSCE no ha reconocido ninguna elección en ese país como libre y justa.

Con la pandemia como alegato, la junta electoral permitió la apertura de los colegios electorales el 4 de agosto -cinco días antes del final de la votación-, para así evitar aglomeraciones. Este método, según la oposición, facilitó la falsificación. De acuerdo con las cifras oficiales, más del 40% de los electores habían votado el domingo por la mañana.

El día de la elección se cortó la conexión a Internet en varias ciudades del país.

Asimismo, la oposición denunció que varios colegios electorales cerraron a las 8:00 pm, hora local, sin permitir votar a las personas que se encontraban en la cola. Más temprano, aseguraron que las juntas electorales de cada centro retrasaban deliberadamente el procedimiento, entre siete y ocho minutos por elector, para impedir el voto favorable a Tijanóvskaya.

A pesar de la falta de Internet, algunas personas publicaron videos de supuestas irregularidades. En una de las grabaciones en el barrio de Zalioni Lug, se observa a una profesora, presuntamente miembro de la comisión que presidía el centro de votación, bajando por unas escaleras en las afueras del colegio  con un paquete sospechoso en las manos.

Luego de cerrar las mesas, publicaron un resultado a boca de urna muy similar al que posteriormente confirmó la junta electoral. Según ellos, Lukashenko ganó con el 80% de los votos. Tijanóvskaya obtuvo alrededor del 10%, mientras que el restante de sufragios se repartió entre otros candidatos. La líder opositora afirmó que en realidad había obtenido entre 60% y 70% de los votos.

5. Represión y tortura contra manifestantes

Después de conocer los resultados a boca de urna, miles de personas salieron a las calles ya no solo de Minsk, sino de otras ciudades como Brest, para mostrar su disconformidad. La policía disparó gases lacrimógenos, balas de goma y granadas paralizantes contra los manifestantes. Detuvieron a 3.000 de ellos y en total, desde el inicio de las protestas, ya son 6.700 detenidos.

Luego de sus liberaciones, muchos de los manifestantes aseguran que fueron torturados por las fuerzas de seguridad del Estado. Algunos, como Vladímir, explicaron al medio español El Periódico que a él y a otros presos los golpearon con porras durante media hora. Los dejaron en un lugar sin techo, de unos seis por nueve metros, junto a un centenar de presos.

“Allí apenas cabíamos; había gente en pantalones cortos, uno ni siquiera tenía zapatos”, dijo. Aseguró que no pudieron dormir porque los agentes les ordenaron

salir y los obligaron a permanecer de rodillas mientras registraban sus identidades. Tampoco les dieron comida. 

El gobierno de Bielorrusia se defendió al afirmar que ningún manifestante resultó muerto y que, por el contrario, decenas de miembros de las fuerzas de seguridad resultaron heridos.

6. Líderes opositores en el exilio

Tijanóvskaya desapareció por unas horas del ojo público luego de la publicación de los resultados. La candidata opositora había asegurado que permanecería en Bielorrusia para exigir unos comicios “sin manipulación”. Sin embargo, el martes 11 de agosto reapareció en Lituania.

Linas Linkevicius, ministro de Exteriores de Lituania, aseguró a The Guardian que Tijanóvskaya estuvo arrestada por las autoridades bielorrusas durante siete horas.

Todo indica que le forzaron a leer una declaración frente a una cámara, en la que dijo: “Bielorrusos, los insto a ser razonables y respetar la ley. No quiero sangre ni violencia. Les pido que no se resistan a la policía, no vayan a las calles, no pongan sus vidas en peligro”.

El ministro lituano de Exteriores dijo que la líder opositora bielorrusa no quería dejar su país, pero que no le dejaron otra opción. En Lituania estaban sus hijos, que ya habían recibido amenazas.

Su compañera de campaña, Verónika Tsepkalo, hizo lo propio el mismo domingo y se dirigió a Varsovia, donde su esposo, Valeri Tsepkal, buscaba ayuda internacional.

7. El por qué del blanco y el rojo

La bandera blanca con una franja roja horizontal que la atraviesa, es uno de los símbolos de las manifestaciones contra Lukashenko. Asimismo, cientos de protestantes visten camisas blancas como forma de demostrar que son pacíficos.

Estos colores, en realidad, hacen alusión a la antigua bandera de la República Popular Bielorrusa de 1918 y de la Bielorrusia independiente entre 1991 y 1995. En ese año, la bandera cambió por la hasta ahora vigente de color verde y roja, que se aprobó a través de un referéndum se empleaba cuando el país era una

república de la Unión Soviética.

A lo largo de toda la historia, la bandera color blanco-rojo-blanco ha sido usada como símbolo de la diáspora bielorrusa y por grupos de resistencia antisoviética. Asimismo, desde que se modificó en el año 1995, se convirtió en símbolo de lucha en contra del gobierno del líder bielorruso.

8. Lukashenko pierde apoyo

El hasta ahora férreo control del poder del gobierno de Bielorrusia empieza a derrumbarse. Varios funcionarios, así como oficiales de policía actuales renunciaron a sus cargos. En varias empresas estatales los trabajadores convocaron huelgas.

La disconformidad de los mismos adeptos a Lukashenko se empieza a manifestar incluso en mítines convocados por el mandatario. Este lunes 17 de agosto, en su visita a la fábrica de vehículos pesados (MZKT) y la planta de tractores (MTZ) de Minsk, el presidente se enfrentó a miles de manifestantes que le gritaron “¡Vete!”.

Lukashenko, visiblemente molesto, respondió: “Gracias, ya he dicho todo lo que quería decir. Pueden decir ‘vete'». Posteriormente, preguntó a los presentes si querían nuevas elecciones, a lo que respondieron que sí. Otra vez desafiante, el

mandatario respondió que elecciones ya hubo, y que hasta que no lo matasen, no habría nuevos comicios. Luego matizó al asegurar que unos nuevos comicios sólo serían posibles luego de una reforma de la constitución.

En otras áreas, el personal del principal canal de medios de propiedad del Estado se declaró en huelga y prometió comenzar a informar sobre “la verdad”. Asimismo, el embajador de Bielorrusia en Eslovaquia, Igor Leshchenya, declaró su solidaridad con los manifestantes.

9. La posición de Rusia

La relación de Bielorrusia con Rusia es cercana incluso dentro de los opositores a Lukashenko. Y aunque el gobierno de Vladimir Putin ha asegurado a su par bielorruso que prestará la ayuda necesaria en caso de alguna “amenaza” de los países fronterizos, el Kremlin no vería con malos ojos otro gobierno que sea antioccidente.

El autócrata bielorruso pide apoyo a Putin luego de los recientes roces entre ambas Administraciones. El pasado 3 de agosto Bielorrusia detuvo a 33 mercenarios rusos de la compañía rusa Wagner a los que las autoridades acusaron en un primer momento de preparar disturbios en Minsk. Posteriormente se conoció que el destino de los rusos era Venezuela.

Algunos líderes europeos como la canciller alemana, Ángela Merkel, el presidente francés, Emmanuel Macron y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, pidieron a Putin que hiciera entender al régimen bielorruso que abandone la violencia y llame a un diálogo “pacífico y verdaderamente inclusivo”.

10. Respuesta internacional

El alto representante de la Unión Europea para las Relaciones Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, presentó una declaración escrita sobre la situación en Bielorrusia.

“La UE está esperando una investigación amplia y transparente sobre cualquier tipo de infracción. Al mismo tiempo, se tiene que castigar a los responsables”, dijo Borrell. Anunció que informará durante la Cumbre de los Líderes Europeos del 19 de agosto de las nuevas sanciones de la UE contra Bielorrusia una vez que los ministros de Exteriores lleguen al acuerdo.

Por su parte, el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, afirmó que el pueblo de Bielorrusia tiene derecho a gozar de “las libertades que reclama”, e instó a las autoridades de ese país a no usar la fuerza contra los manifestantes. Díaz antes, el gobierno estadounidense declaró que no aceptaría el resultado de las elecciones por no considerarlas justas y transparentes.

A través de un comunicado, el régimen de Nicolás Maduro, uno de los pocos en reconocer los resultados de las elecciones bielorrusas, felicitó a Lukashenko por su “inobjetable victoria”.

(De “El Diario” , 24/11/2020)

“Slava Ukraina”,
слава Україні (Gloria a Ucrania), gritaban los congregados en la Maidan Nezalecnosti, Майдан Незалежності (Plaza de la Independencia), de Kiev, cuando hace ya unos cuantos años se pronunciaron reiterada y masivamente contra los usos y abusos del sátrapa que les controlaba cuasi dictatorialmente como presidente de la república, el pro-ruso Víktor Yanukóvich, inadmisible muestra del nepotismo y de la corrupción subsiguiente al desmembramiento de la URSS.

Aquel pronunciamiento (llamémoslo así) condujo a la caída (huyendo del país) del político censurado y dio pie a una etapa de convulsiones políticas e institucionales en Ucrania, de las que sigue sin reponerse el país del Dniéper, que, por ende, sigue sumido en una brutal crisis económica y social, consecuencia del mantenimiento en el este de su territorio de un conflicto bélico pro independentista de las regiones de Lugansk y Donetsk, amén de la anexión traumática de la península de Crimea por parte de Rusia.

Con estos vecinos antecedentes, los ciudadanos de Bielorrusia llegaron al punto de hartazgo respecto de su dictador particular, el más que pro-ruso, Lukashenko, un acólito de Vladimir Putin, el nuevo “zar” de todas las Rusias y cuyos fueros dominadores de todo lo cercano superan muy mucho los hechos de las épocas zaristas y comunistas.

He tenido ocasión a lo largo de los años de comprobar cómo el pueblo de Bielorrusia vivía en una aparente sumisión al líder político que se perpetuaba en el control y poder, resignándose durante mucho tiempo a sobrevivir en la medida de lo posible, con los consuelos de algunas escapadas a la vecina Polonia, especialmente en la zona oeste de la nación de la Rusia blanca.

Por eso he comprendido mucho y bien la tribulación que ha venido
poniendo de manifiesto una gran dama nacida en Bielorrusia, anclada en Valencia por mor de su matrimonio con un ilustre jurista, y que ha venido siendo y es ejemplo de esposa y madre de familia, consagrada a honrar al máximo la cultura de la España en la que se ha integrado.

He ido leyendo los comentarios de esta preclara dómina, y a través de ellos he vuelto a comprender las tribulaciones que pueblos como Ucrania y Bielorrusia (y no me olvido de Armenia y de los ex satélites de la URSS) siguen experimentando cuando su cultura, su orden social y su economía vagan por el universo de las naciones “como pollos sin cabeza”

En el texto de “El Diario”  que recojo al inicio , entiendo se analiza de manera suficiente la problemática que afecta a Bielorusia, y a la que habrá que seguir prestando atención, pese a las sordinas que su propio régimen y los medios rusos han instalado para que no trascienda el
drama que se sigue viviendo allí, entre privaciones de libertad, censura, violación de derechos humanos, crisis económica y tantas otras pandemias absolutistas. 
De todas maneras, personalmente solo vislumbro negros nubarrones de vida dictatorial, porque Rusia jamás consentirá que, una vez más (como ocurrió con Ucrania) haya un pueblo que intente alcanzar las libertades de la democracia.

Porque para Putin, como para Lukashenko (y tantos otros comunistas) la
libertad del pueblo radica en seguir fiel y ciegamente a los líderes encastillados a su frente, para bien y provecho de ellos mismos.

Al igual que ocurrió en Kiev, por mi parte grito con el mayor de mis deseos:


“ Slava Belarus”,  

Слава Беларусі!!!

GLORIA A BIELORRUSIA!!!

 “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”

Miguel de Cervantes (1547-1616) Escritor español.

 SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA