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17 febrero 2010

¡Que se vaya a donde nadie le conozca...!

“La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás”.- Voltaire (1694-1778) Filósofo y escritor francés.

“El presidente del Gobierno preparó un discurso sólido y lo leyó con energía y claridad. Le sirvió de poco, la verdad. Ha perdido credibilidad. Nadie se traga lo que dice. Ha mentido tanto, ha hecho tantos vaticinios que no se han cumplido, ha demostrado tanta ligereza, tanta frivolidad que, incluso entre los suyos, sus palabras se acogen con escepticismo.
Además, se ha encontrado en el debate con el mejor Rajoy.El presidente del PP estuvo espléndido. Desenmascaró todas las falacias zapatéticas, evidenció sus insuficiencias, subrayó sus incapacidades y se negó a un pacto de Estado salvo que se produzca una rectificación completa de la política gubernamental, incluso con la reducción de impuestos. Su sugerencia de elecciones anticipadas o de que el PSOE cambie de líder produjeron el regocijo de una parte de la Cámara.
Zapatero, en fin, ha pronunciado un buen discurso, muy meditado. Rajoy estuvo espléndido y la impresión general es que el líder popular derrotó ampliamente al líder socialista.
Zapatero está bajo mínimos. Le zarandean desde dentro y desde fuera de España. El barco del Estado navega a la deriva. El timonel no sabe qué hacer. Europa le pide que vire a estribor pero a él el cuerpo le pide girar a babor.
Y no sabe qué hacer.
Un diez pues al discurso de Rajoy y nota alta para el de Zapatero. Victoria del líder del PP que da así razón a las encuestas. El PSOE de Zapatero resultaría hoy derrotado si se convocasen elecciones generales. En el cuerpo a cuerpo, las cosas han estado más igualadas porque Zapatero domina ya la controversia parlamentaria, si bien Rajoy le ha acorralado de forma inmisericorde, arrojando sobre el atribulado rostro zapatético, más ojeroso que nunca, sus más ácidas contradicciones.”
(Luis María ANSON, de la Real Academia Española, en “El Imparcial, 18/02/2010)

Bien sé que plumas más autorizadas y cualificadas van a publicar opiniones de todas las clases y colores sobre el debate que hoy se ha celebrado en el Congreso de los Diputados de España, acerca de soluciones para la galopante crisis económica actual.
Pero no puedo sustraerme a la inquietud que me produce la inconsciencia del presidente del gobierno, que parece proponer ahora la adopción de medidas –difusas— que ya se le sugirieron muchos meses antes, cuando él y sus egregios adláteres negaban todo atisbo de crisis.
Es la misma inquietud que experimenta el pueblo llano, a quien se le anuncia a bombo y platillo grandes soluciones, y que solamente percibe, por una parte, más de lo mismo, la creación de comisiones (ya dijo Napoleón que la mejor manera de nunca resolver un asunto era encargarlo a una comisión) y por otra un “guirigay”, una pelea de gallos “a lo Jalisco”, entre el (desgraciadamente) todavía presidente del gobierno y el líder de la oposición, que ni condenados a la eternidad, se aproximarían a un entendimiento. Y a su derredor, la corte de falsarios nacionalistas, buscando cual aves de rapiña, o publicidad de cara a próximas elecciones (los catalanes) o conveniencia propia (los vascos) o no sé sabe qué (los “decolorados” comunistas, como casi siempre).
“Miquelarena, ¡qué país!”, exclamó Mariano José de Larra, ante tantos desatinos en la política española en los inicios del pasado siglo.
Y ahora habría que parafrasearlo, diciendo: “Españoles y simpatizantes: ¡qué desastre!”
Porque al final, los aplausos de unos y de otros, la nueva comisión “para pactos”, los dimes y los diretes, solamente servirán para que el tiempo siga pasando y aquí no veamos más brotes verdes que las lechugas o las acelgas que algunos pueden comer, si es que les llega el subsidio de desempleo para ello.
Dan ganas de decir, y lo digo: ¡Váyanse a paseo!
Así lo expresa la conocida frase de Ralph Waldo Emerson (1803-1882) Poeta y pensador estadounidense:
“Al que juró hasta que ya nadie confió en él; mintió tanto que ya nadie le cree; y pide prestado sin que nadie le dé; le conviene irse a donde nadie lo conozca”
¿Me ayudaría el lector a decirme a quién podríamos aplicar esta sentencia?
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 octubre 2008

QUIEN NO SE QUEJA ES PORQUE NO QUIERE

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta,
viendo que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.

Quejoso de mi fortuna
yo en este mundo vivía,
y cuando entre mí decía:
¿habrá otra persona alguna
de suerte más importuna?
Piadoso me has respondido.
Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías, l
as hubieras recogido.
(Fragmento de “la vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca)

Cualquiera pensará, tras leer el anterior fragmento del famoso clásico español, que el que no se consuela es porque no quiere.
No pretendo eso, ni mucho menos, pero sí poner de manifiesto que vivimos tiempos de autosugestión y pánico en lo económico, que para nada requieren irreflexivas reacciones y drásticas, por impensadas, opiniones.
Que se nos ha venido encima una buena, no hay quien lo dude, pero hay que pensar cuáles son los motivos: Irresponsabilidad en el gasto, falta de previsión en las finanzas y exceso de ambición e las ganancias.
Y me refiero a todos: a la banca, a los financieros, a los hombres de negocios, y también a nosotros, los sufridos particulares de “a pie”.
Ahora bien, si un ciudadano cualquiera se estampa contra la indigencia porque se excedió en su ritmo de vida, todos dirán que fue un irresponsable y un manirroto.
Si quien fracasó fue un hombre de negocios, su hundimiento se deberá a la coyuntura.
Si quien se fue al garete fue el financiero, es que fallaron las previsiones por una imprevista reacción de los mercados.
¿Y si el tema se les “fue de las manos” a los políticos?
Pues, bien claro, se deberá siempre a la “influencia de factores externos y extraños a la economía, que pretendieron atentar contra el equilibrio de la balanza de pagos, para implementar una economía de mercado no previsora…”.
O sea, palabrería.
Me viene ahora a la memoria que tenemos un gobierno tan magnífico, prepotente e imprudente, que negó la crisis cuando ya nos envolvía; que se dedicó a proclamar las excelencias de nuestro sistema financiero, cuando poco después hubo de inyectarle 50.000 ¡millones! de euros (“Solamente para mantener la confianza de los inversores”…¡Mentirosos)
Y como somos tan buenos – la octava potencia económica mundial, aunque aún no pertenecemos al G8- pues cada vez que hay una cumbre de naciones poderosas e influyentes en lo económico, se nos deja de lado.
He llegado a oír de papanatas del partido gobernante que ello es porque no necesitamos ayuda alguna…
¡Qué gran falacia! .Se nos deja de lado porque no pintamos un “pimiento” (con perdón por la vulgaridad) y nuestros representantes, el ínclito “zapatitos”” y el estulto “moratitos”, no tienen el menor prestigio y consideración allende nuestras fronteras.
Cierto que el que no se queja es porque no quiere, y que otros muchos están igual o pero que nosotros. Pero seguro que ningún otro ciudadano europeo siente el rubor, la vergüenza, que experimentamos los españoles, cuando comprobamos día a día que solamente sirven nuestros gobernantes para reunirse con Chavez venezolanos que nunca se callan, con Castros cubanos que solamente romancean sobre su hispanidad, con palestinos tan terroristas como poco fiables, con marroquíes que nos están enviando “morralla” humana cada día…
Eso sí: Vamos a la ONU y proclamamos en alta voz, como si nadie nos oyera, que los otros son los malos y los necesitados.
¡Ay, en qué manos estamos!
¡Ojalá podamos sustentarnos, al menos, de las hierbas que cojamos, siempre que el gobierno y nuestros preclaros gobernantes no nos las quiten antes!
¡Y siempre que el ministro de Justicia no nos organice un “follón” más de los tres que hasta ahora hemos sufrido de funcionarios, secretarios y jueces, por culpa de su chulería intratable, a lo “descarado”, cual practica una mozuela llamada Leire…!
“Pues, volviendo a mi sentido,
hallo que las penas mías,
para hacerlas tú alegrías,
las hubieras recogido.”

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA