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04 febrero 2019

Llorando por Venezuela: Un dictador acorralado y un nuevo dirigente sin más recursos que las declaraciones de los magnates de occidente. El drama de la tibieza contra la tiranía

“Si Bolívar volviera...
(03/02/2019, Ricardo Ruiz de la Serna, en “El Imparcial”)
“El próximo 15 de febrero se cumplirán 200 años del Segundo Congreso Constituyente de la República de Venezuela, en que nació la Gran Colombia y Simón Bolívar pronunció un famosísimo discurso que el periódico Correo del Orinoco difundió durante varias semanas. James Hamilton lo tradujo al inglés para su difusión en los Estados Unidos e Inglaterra. Durante una hora, el prócer expuso su proyecto político para los territorios que iban ganando para la independencia. La guerra aún no había terminado. Los realistas aún dominaban Coro y Maracaibo. Hacía pocos años que las clases populares habían apoyado al asturiano Boves y a sus llaneros contra los criollos. La dimensión de guerra civil que tuvieron las independencias americanas distaba de estar resuelta.
Aquel discurso de Bolívar advirtió del deseo que todo tirano tiene de un poder sin límites: «En el régimen absoluto el Poder autorizado no admite límites. La
voluntad del Déspota, es la Ley Suprema ejecutada arbitrariamente por los Subalternos que participan de la opresión organizada en razón de la Autoridad de que gozan». Se disculpará las mayúsculas del texto original, pero su sentido es inconfundible: allí donde el poder es ilimitado, la voluntad del tirano es ley suprema.
Esto es lo que lleva padeciendo décadas el pueblo venezolano.
En efecto, Maduro heredó de Hugo Chávez un aparato institucional y un proyecto político -lo que llamaron el “socialismo del siglo XXI”- que revestía de apariencia democrática un sistema diseñado para ejecutar la sola voluntad del presidente. Lejos de ser un sistema de controles y contrapesos, la Venezuela de Chávez y Maduro suprimió todo límite real al ejercicio del poder. Desde el control del papel y la clausura de medios de comunicación hasta la persecución a los opositores y la creación de milicias, no hubo ámbito de la vida política, económica, social o cultural que no se convirtiera en instrumento al servicio del chavismo. Esto lo heredó Maduro.
Así, las políticas emanadas del Foro de São Paulo se aplicaron sin compasión ni freno en la rica Venezuela, cuyos recursos nutrieron al régimen de los hermanos Castro en Cuba, al Ecuador de Rafael Correa, a la Bolivia de Evo Morales y a sus restantes aliados continentales y en ultramar. Veinte años después, el país se ha convertido en un refugio para la
narcoguerrilla colombiana, los terroristas de Hizbolá y la influencia iraní en todo el cono sur. Se trata de deslegitimar a Juan Guaidó señalando los apoyos que la oposición tiene en el exterior, pero quienes entregaron Venezuela a los extranjeros fueron Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Todo esto fue posible gracias a un formidable aparato de propaganda y a un sistema represivo policial organizado por los asesores cubanos que desembarcaron por centenares. Suele recordarse “Aló, presidente” -aquel programa televisivo que tantas risas desataba en Europa- pero uno debe ver hasta hoy “La hojilla”, del siniestro Mario Silva, que señala a los opositores y dicta las consignas que las juventudes chavistas y maduristas repiten. Si pueden aguantar las más de tres horas -a veces cuatro- que suele durar, no se pierdan “Con el mazo dando”, el espacio televisivo de Diosdado Cabello, a quien sólo La Habana pudo arrebatar el control del SEBIN, los servicios de inteligencia del régimen. Presenta el programa con un garrote de plástico sobre la mesa.
Los intentos de blanquear a Maduro en televisión están abocados al fracaso. Maduro resistirá en el poder lo que le permita el Ejército; no lo que decidan sus propagandistas. Las FARC y las milicias creadas en 2007 por Hugo Chávez no podrán sostenerlo en el poder si los militares deciden precipitar su caída. Ya han comenzado a producirse los primeros reconocimientos a Juan Guaidó en las fuerzas armadas. Primero fue el general de la Fuerza Aérea
Víctor Romero Meléndez. Hace pocas horas, se ha sumado el también general del Ejército del Aire Francisco Esteban Yáñez. La ayuda humanitaria solicitada por Guaidó para Venezuela está de camino. Puede que Maduro aún tarde en caer, pero resulta evidente que el chavismo-madurismo llega a su fin.
Durante todo este tiempo, Hubo Chávez y Nicolás Maduro trataron de instrumentalizar la figura de Simón Bolívar. Chávez llegó incluso a abrir su tumba en 2010. Los mismos que trataron de perpetuarse en el poder, sometieron a su propio pueblo al hambre, lo reprimieron, lo entregaron a la influencia castrista e hicieron de Venezuela un santuario del narcoterrorismo; esos mismos, digo, trataron de secuestrar la figura de Bolívar que hace ahora 200 años condenó la tiranía en Angostura. Cada vez que pronuncian el adjetivo “bolivariano”, mancillan una vez más su nombre. Cada vez que el SEBIN secuestra, tortura y mata, la memoria de Bolívar se revuelve.
Bolívar lucharía contra todo eso.
Si Bolívar viviera, alzaría un ejército contra los chavistas, los maduristas y sus amigos. Si él volviera, lucharía contra los castristas, los terroristas de Hizbolá y los narcos de las FARC. Si Bolívar cabalgase de nuevo, devolvería la libertad a una Venezuela oprimida por dos décadas de “socialismo del siglo XXI”.
Llega un momento en el que los acontecimientos de Venezuela no pueden dejarnos indiferentes. 
El histrionismo del camionero Maduro (gorila de aspecto, además), ha venido siendo tolerado por el mundo occidental y los países civilizados se han quitado las “gafas de ver”, para evitar cerciorarse del drama que viene viviendo ya demasiado tiempo el pueblo venezolano. 
El energúmeno presidente (todavía con el poder fáctico) de la nación caribeña,”más bruto que un arado” solemos decir en el argot español, ha querido seguir las malditas 
enseñanzas del también tirano Hugo Chavez, y, además de copiarle, lo ha hecho mal, arruinando la economía y la vida social de la antaño floreciente nación sudamericana. 
Con unas reservas de petróleo inmensas, con riquezas naturales que parecían inagotables, el gorila Maduro ha seguido echándose en los brazos de los dirigentes cubanos más dictadores todavía que los Castro, y estos le han esquilmado “a lo comunista” no solamente la riqueza nacional, sino algo mucho más grave y difícilmente recuperable: la honra nacional. 
Hemos visto cómo unas fuerzas policiales y militares sin recato ni ley detenían a quien se oponía a los abusos del dictador, cómo las revueltas sociales se traducían en cientos de ciudadanos muertos, cómo el energúmeno presidente inutilizaba por su capricho y
egoísmo el parlamento que fue elegido democráticamente, cómo no se hallan ni los alimentos ni los medicamentos esenciales, cómo los hospitales apenas pueden funcionar, por carencias totales…
En una palabra, Maduro y sus secuaces, que se han embolsado los millones que han querido, han abocado el país al caos, al deterioro, a la miseria. 
Y pese ello, los gobiernos democráticos del mundo aun han sido, y son, timoratos, y se han decidido a apoyar a Guaidó como presidente “interino”, para que convoque elecciones (¿con qué medios?) que devuelvan la vida democrática al país. 
En Venezuela casi todo lo oficial lleva el apellido de “bolivariano”, y la realidad es que de eso poco tiene, porque el tirano Maduro viene bloqueando cualquier intento de mejora y regeneración, ya que lo que intenta es perpetuarse en el poder. 
Claro, que a ello contribuyen, por un lado, las bravatas de insensatez de Trump, y de otro, la sibilina (como siempre) posición de Putin, quien desde su omnipotente poder en Rusia, se dedica a apoyar los focos de inestabilidad y de pobreza que van surgiendo en el mundo. 
Por todo ello, me lamento de que el versátil (y sin escrúpulos) Pedro Sánchez, se haya vuelto ahora falso paladín de la Unión Europea, y de que los miembros de ésta actúen con sordina.
En España reside más de un cuarto de millón de venezolanos, la mayoría huidos de la insufrible realidad social venezolana, y apenas si se les ha atendido más que cuando se han percatado los gobernantes que ayudándoles algo se podía conquistar mayoir prestigio electoral. 
Tibieza, mucha tibieza. 
Y ya lo rezaba el Apocalipsis: “Porque no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”
Pues ¡menudo futuro espera a España y a Europa con tanto líder medroso…
Ojalá no haya que “enterrar” pronto a Venezuela…
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

02 marzo 2015

Ucrania: Desastre en las zonas de la guerra. ¿Para qué?



Debáltsevo, la Grozni de Ucrania .- La estratégica ciudad del este del país, reconquistada por los prorrusos, intenta recobrar el pulso tras un asedio devastador

Pilar Bonet Debáltsevo 2 MAR 2015

En el centro de Debáltsevo, decenas de personas rodean una mesa de jardín, sobre la cual sus teléfonos móviles son alimentados por una maraña de cables y enchufes desde un transformador vecino. Con los pies en el fango, los propietarios de los teléfonos, exhaustos y desaliñados, esperan a completar la recarga para regresar a sus casas sin electricidad, sin agua, sin calefacción ni cristales y a menudo sin techo.

Esta es la realidad cotidiana de Debáltsevo, según se apreciaba el viernes en una visita a la localidad ferroviaria que los insurgentes prorrusos acabaron de conquistar el 18 de febrero. En teoría, desde el 15 estaba vigente el alto el fuego acordado en Minsk (Bielorrusia). Las fuerzas leales a Ucrania dominaron Debáltsevo desde la huida de las milicias prorusas en la segunda mitad de julio. Pero los secesionistas culminaron con éxito el asedio iniciado el 19 de enero y vuelven a controlar el centro ferroviario.

En el cerco de Debáltsevo, Ucrania ha sufrido un gran revés: 2.971 soldados escaparon; 128 fueron heridos; 107, capturados, 19 desaparecieron y 18 murieron, según datos de Kiev del 23 de febrero. “Esto es una verdadera guerra y aún hay cuerpos en los bosques”, cuenta Víctor Goncharov, un coronel jubilado que en 1968 participó en la invasión soviética de Checoslovaquia. “Esto ha sido mucho peor. Me dan pena estos jóvenes que luchan en uno y otro
lado”, afirma.

El paisaje en ruinas de Debáltsevo recuerda a Grozni en 1996, durante la guerra de Chechenia, y supera a Tsjinvali, la capital de Osetia del Sur, tras la guerra ruso-georgiana de 2008. Edificios desplomados, reventados, acribillados, quemados, hierros retorcidos, cristales hechos añicos y escombros por doquier. Es muy probable que bajo las ruinas aún haya cadáveres, señala un médico.

“Estábamos atrapados. Disparaban de todos los lados”, afirma Goncharov, que pasó un mes en el sótano y, ahora, ayudado por su mujer, parchea lo que queda de su casa. Los Goncharov viven en la calle Krásnaya y junto con los vecinos, abrieron boquetes entre huerto y huerto para formar un corredor de emergencia. El matrimonio no quiere cobijarse con los hijos residentes en Kiev. “Nos quitarían lo poco que tenemos aquí. Robaban los de antes y roban los de ahora”, afirma Víctor, mientras en las cercanías los artificieros hacen explotar las minas abandonadas.

Unos 3.000 soldados de Kiev huyeron de la localidad al final del cerco prorruso

Los insurgentes, que en julio no pudieron retener la ciudad, han vuelto mejor equipados y en una operación coordinada entre las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk (RPD y RPL), explican unos jóvenes que dicen haberse escondido mientras el pueblo estuvo bajo la administración de Kiev.

En Debáltsevo, antes de la guerra, residían 25.000 personas, que en su mayoría fueron evacuadas. Ahora, los habitantes salen de los escondrijos donde se han refugiado y otros regresan poco a poco.
“Hacemos visitas a domicilio y todavía hay gente traumatizada que teme abrirnos”, afirma el doctor Maurice Negre, de Médicos Sin Fronteras (MSF), que llegó con su equipo el 21 de febrero. En la ciudad, calcula, debe de haber unas 5.000 personas y su número aumenta.

De Donetsk a Debáltsevo hay 75 kilómetros, pero, por seguridad, los civiles prefieren una ruta de casi 170. Por el camino, desfila una caravana de vehículos procedente de la frontera con Rusia, con cerca de 60 camiones marcados con la inscripción Ayuda Humanitaria de la Federación Rusa y 21 cisternas de crudo. En la zona secesionista la gasolina escasea y la que hay sube de precio a ojos vistas.

Las restricciones al transporte desde el territorio controlado por Kiev revalorizan la frontera rusa y la importancia del tren para los insurgentes. En vez de camiones que saltan sobre la carretera deformada por las bombas y cisternas de 20 toneladas de capacidad media, el tren puede traer contenedores de gran capacidad. A unos 10 kilómetros de Debáltsevo, atravesamos lo que queda de un puente, debajo del cual se extiende la vía del tren, en parte dañada. Los insurgentes no han restablecido aún el transporte ferroviario con Rusia.

En los accesos a Debáltsevo aún hay huellas de los combates: tanques carbonizados, restos de municiones, ropa militar e incluso un ligero olor a materia orgánica en descomposición. Ante el local de reparto de ayuda humanitaria los civiles forman una larga cola para recibir comida, agua, pan, prendas de abrigo y otros objetos básicos. Se repartían mantas y velas. Entre las cajas marcadas con las siglas de Unicef y Cruz Roja Internacional deambula una mujer en traje de camuflaje. Dice llamarse Zhana y haber venido desde Kiev a luchar del lado de los insurgentes. “Mi hijo que es estudiante cree que estoy aquí de enfermera”, afirma, mientras recoge comida para sus soldados “en primera línea del frente”.

Un grupo de chicos preguntan si es verdad que el jefe del Gobierno ruso, Dmitri Medvédev, prometió financiar la reconstrucción de Debáltsevo. Los jóvenes critican a Kiev y a sus representantes y se crispan cuando Tatiana, empleada en una empresa de los ferrocarriles afirma que, con la llegada de los insurgentes, “han desaparecido nuestros ordenadores”.

Entre los uniformados que circulan por Debáltsevo están los cosacos. Uno de ellos, que se presenta como Nikolái Pashkovski, dice que entre sus misiones está el detectar la presencia de “agentes de Ucrania” vestidos de paisano.

La clínica de Debáltsevo tiene los cristales rotos, pero su reconstrucción ha comenzado. El médico jefe Valeri Lutsenko admite que durante estos meses el personal sanitario ayudó a dos milicianos heridos a huir a Rusia. Otros dos milicianos fueron detenidos por los ucranios al recibir el alta. Ahora, uno de ellos ha vuelto “vivo, pero con una herida sin cicatrizar”. Del otro, no saben nada. “Esto es una guerra civil”, dice el doctor.

(De “El País”)


Impresionante.

Impresionante como todas las crónicas desde la zona de guerra en el este de Ucrania.

A la destrucción casi absoluta se ha unido la ruptura casi total de los vínculos convivenciales con la población que ha quedado en lo que ahora se llama “Ucrania”, ya que el resto son las dos regiones en conflicto, denominadas por los líderes de la secesión como “Nueva Rusia”.

Y es que no podemos olvidar que el odio genera odio; la guerra genera más guerra; el extremismo produce mayor extremismo.

Recuerdo mis visitas a la región de Donbass, capital Donetsk, en la que se hallaba una importante actividad industrial y negocial, de gentes con perfil moderno y “europeo”, con industria próspera y buena actividad económica.

La ciudad de Mariúpol, por ahora retenida por el ejército regular ucraniano, se presentaba activa y bella, a las orillas de mar de Azov,
con edificios singulares y signos de prosperidad como la abundante construcción y la frenética actividad callejera.

Lugansk, mientras tanto, era la zona minera por excelencia, mucho más atrasada, especialmente porque las explotaciones mineras era obsoletas, pero con mucho trabajo de extracción, amén de la implantación de importantes complejos fabriles.

Actualmente, ya lo relata con pelos y señales la crónica transcrita, todo es “campo de soledad, mustio collado”, que diría el clásico español, y la destrucción, los recuerdos de la sangre vertida, los restos bélicos son la muestra del desgarramiento social y cívico que se ha producido.

No voy en este momento a volver a los argumentos de la Rusia absolutista y predominante, sino simplemente hacer un a modo de elegía o endecha, por lo que fue una bella zona de un bello país y que hoy solamente alberga campos de muerte y desolación.

Cierto que la población de Ucrania es muy sufrida, porque ha tenido que soportar invasiones de toda clase y tiranías inenarrables, como la
Holomodor que impuso Stalin, o la destrucción nazi. Pero ahora soporta lo peor: La destrucción sin sentido de su “alma”, de su espíritu culto, trabajador, creativo, pacífico.

Y por el norte, en Moscú, no se sabe por qué (o tal vez se sospecha todo y mucho) la muerte del opositor Nemtsov pone de manifiesto que el “zar” de Rusia y sus acólitos con ansias imperialistas están dispuestos a hacer lo que sea para lograr sus propósitos de ensoñaciones imperialistas.

¡Lloro por ti, Ucrania!

“La guerra vuelve estúpido al vencedor y rencoroso al vencido”.- Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filósofo alemán.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

05 mayo 2014

Ucrania: Rusia sigue preparando sibilinamente su control.- La serpiente se enrosca… y asfixia.

"La mano rusa: Moscú busca anexar de facto el este de Ucrania, lo que tendría menor coste internacional (José Ignacio Torreblanca 1 MAY 2014, en “El País”)
El guion de lo que ocurre en el este de Ucrania es demasiado familiar. De hecho, es idéntico al que llevó a la conversión de Bosnia-Herzegovina en un Estado aparentemente federal, pero en realidad fragmentado y fallido debido a la inexistencia de estructuras institucionales que pudieran asegurar el funcionamiento integrado del Estado. Esa federalización, consagrada en los acuerdos de la base de Dayton de 1995, fue un error mayúsculo: significó la conversión de una victoria sobre el nacionalismo serbio de Milosevic, finalmente derrotado, en el logro por parte de los serbobosnios de aquello por lo que habían luchado: la organización del país de acuerdo a líneas étnicas. Trágicamente, la cantonalización consagró y endureció las divisiones étnicas que se tenían que haber transcendido.

Ahora, la pendiente por la que nos deslizamos en Ucrania es la misma. Donde entonces tuvimos un aparato político-militar dirigido por Radovan Karadzic y Ratko Mladic, ahora asistimos también a la emergencia de estructuras políticas y militares paralelas como la autoproclamada República de Donetsk y el llamado Ejército Popular del Donbás. Algunos observadores externos siguen pensando, con una inocencia digna de encomiar, que todos estos movimientos e insurrecciones son espontáneos. Pero, como ocurrió en Bosnia en su momento, y el Tribunal Penal Internacional para los crímenes en la antigua Yugoslavia probó, están instigados y apoyados logística y políticamente desde el exterior, entonces Serbia, hoy Rusia.

La mejor prueba de ello nos la da el jefe militar de los rebeldes en
toda la región de Donetsk y según los propios rebeldes, futuro comandante del Ejército de Novorosia (Nueva Rusia), esa reliquia del imperio zarista que puebla los discursos de Putin. Igor Strelko, responsable del secuestro de los observadores de la OSCE, a los que acusa de ser espías de la OTAN (nótese aquí otra similitud con los secuestros de cascos azules de la ONU por los serbobosnios), es el número 15 de la última lista de sancionados por el Consejo de la Unión Europea. Según nuestros 28 ministros de Asuntos Exteriores, este hombre, que no solo está “implicado en los incidentes de Sloviansk” sino que es el “asistente para cuestiones de seguridad de Sergey Aksionov”, autoproclamado primer ministro de Crimea, ha sido “identificado como perteneciente a la Dirección Central de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia (GRU)”, es decir el servicio de inteligencia del Ejército ruso. No lo dicen nuestros ministros en un pasillo, sino en el equivalente del Boletín Oficial del Estado de la UE (véase decisión 2014/238/PESC del Consejo en el Diario Oficial de la Unión Europea L/126/55 de 29 de abril de 2014 “relativa a medidas restrictivas respecto de acciones que menoscaban o amenazan la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania”). El
propio Strelko reconoció el 26 de abril en una entrevista al diario ruso Komsomolskaya Pravda que al menos un tercio de sus hombres eran “voluntarios” rusos y que tras liberar Crimea se disponían a continuar su tarea en Donetsk. Igual que en Crimea los soldados rusos iban sin insignias, en Ucrania los operativos de la inteligencia y fuerzas especiales rusas son fácilmente distinguibles por sus pasamontañas. Que nadie se haga ilusiones; Rusia está detrás de estos milicianos y su objetivo es claro: dado que la anexión formal del este de Ucrania tendría un coste internacional muy elevado, prefiere anexársela de facto. ¿El modo?: una cantonalización que integre de facto el este de Ucrania en Rusia y lo aísle del resto del país. Que nadie se llame a engaño. 

Poco que añadir al perspicaz análisis del profesor Torreblanca, ya que vaticina, en mi opinión con agudeza previsora, lo que va a acontecer en Ucrania. 
Y me atrevo a decir más: Lo que al final acontezca casi está pactado de una forma tácita. 
Bien se de la imposibilidad del pacto tácito, pero me explico indicando que Rusia sabe que mientras no efectúe una invasión directa de Ucrania, tanto la Unión Europea, la NATO y USA van a seguir su política de sanciones más aparentes que reales, para al final invocar algo así como el consenso en la regionalización o federalización del país ucraniano, bajo una fórmula similar a la de tres “semi-repúblicas” casi independientes, con una autonomía amplia, al estilo de lo que era Crimea, cuyo sistema permitiría la total influencia rusa en las zonas que le interesaran. 
Claro está que la mayoría del pueblo ucraniano está en contra de la división de su país, ya que si por fin se consiguió organizar unanación independiente, con rasgos propios e individualizados, no es nada grato tirar por la borda lo conseguido. 
Pero Rusia y su prostituto presidente son “avaros de toda avaricia” y quieren cada vez más, tal vez soñando con las grandezas imperiales de los tiempos de Catalina o de Pedro.
Mal está la cosa, y peor acabará, ya que Ucrania es hoy una nación sin estructura política, sin líderes acreditados por las urnas, sin reservas económicas, sin criterios defensivos, esperando un maná que nunca le llegará de Occidente.
Tengo la tentación muchas veces de escribir que lo mejor para Ucrania sería ser entregada en bandeja a Rusia, pero me resisto a ello, porque implicaría una cobarde opinión.
Lo que acontece es que Rusia tira la piedra mediante activistas y tropas de élite infiltrados, el gobierno de Kiev apenas si se sostiene y poco puede hacer, salvo aparentar fuerza tratando de combatir rebeliones, y Occidente –USA incluida—dice aplicar medidas que apenas si se notan, acobardada como está Europa por una posible carencia de gas.
En Ucrania actualmente es imposible obtener divisas para viajar al extranjero, y parece ser que muchos bancos hacen “corralito”, limitando los importes a reintegrar a los clientes.
La vida sube y sube, el nivel de bienestar se apaga…
Y Rusia se dice legitimada para hacer lo que le da la gana, para “proteger” a los ciudadanos de etnia rusa…
¡Vaya cinismo! ¡Vaya intromisión agresiva!
Mañana España va a invadir Marruecos, porque ha de proteger a la población castellano parlante…
¡Absurdo!
Pero la serpiente sigue enroscándose en Ucrania y pronto la engullirá, cuando haya asfixiado al país, mientras Occidente se rasgará las vestiduras, en una postura de ligereza y cinismo que sugiere su debilidad…
Ayer me decía un ucraniano: ¡Ya ni Dios puede salvar a Ucrania…!
“Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”.- Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA