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22 diciembre 2017

Efemérides singular el 22 de diciembre. Una Tamara que honra al mundo e ilumina la humanidad


Cada año, cuando el invierno ya va presentando sus blancas realidades en España, y en Europa los ríos van helándose y las chimeneas siembran de aromas de leña ardiente los entornos, llega una fecha que ni puedo ni quiero soslayar: El 22 de diciembre.

Es en ese día, hoy,  cuando me surge la necesidad imperiosa de glosar, no a una persona ya partida de este mundo y que ya ha alcanzado glorias canónicas, sino a una mujer que sigue entre nosotros, inigualable, única; que en esa fecha, años atrás, en ambiente y circunstancias bien distintas, vió la luz en su Kremenchuk ucraniano, para después iluminar ella misma las aulas de la Universidad Médica Bogomolets, de Kiev, y acabar expandiendo su profesionalidad, clarividencia y más aún su bondad, en esta España nuestra, a la que viene aportando sus mejores esencias como esposa, madre y médico ejemplar.

Ecce el motivo de mi glosa en este día de hoy: Tamara, la mujer, la digna sucesora andando los siglos de aquella Tamara, la Tsaritsa, clarividente reina de Georgia, que alcanzó la santidad y que
gobernó con prudencia y sabiduría su reino y supo extender la ciencia, la cultura, la convivencia y la paz entre sus súbditos y los vecinos.

Hoy se trata de otra Tamara, ilustre como la predecesora en el nombre, y que nos llegó hace ya muchos años desde su Ucrania natal y viene orlando esta España tan suya y tan nuestra.

Se trata de una Tamara inolvidable, dulce, serena, firme, prudente, generosa; en pocas palabras, un prodigio de mujer.

Prodigio de mujer, repito, a quien hoy, lleno de gozo, elogio, ensalzo y felicito con todo mi corazón.

Y digo más: Imposible desear que llegue a reinar en mi vida. Ya lo hace; que por algo es mi esposa.

¡Bien hayas, Tamara amada! ¡Bien hayamos con tu vida entre nosotros!

Por muchos años y por siempre.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 diciembre 2013

A Tamara

"Elige una mujer de la cual puedas decir: Yo hubiera podido buscarla más bella pero no mejor".- Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC) Filósofo y matemático griego.
El veintidós de diciembre es el día más corto del año. Comienza el invierno.
Ese día la noche es la más larga del año, y lo es por un motivo especial: Así lucen más las estrellas, y singularmente una de ellas, una que se prodiga entre el cielo y la tierra.
En ese veintidós de diciembre, en el centro de Ucrania, a orillas del río Dniéper, en Kriukov, cerca de Kremenchuk,  oblast o distrito de Poltava; sí, en Ucrania (en aquel tiempo importante república de la extinta URSS), nació una mujer que andando el tiempo se ha convertido en señuelo y ejemplo para las ucranianas y también para las españolas.
Preclara estudiante, eminente doctora en medicina, difundió su saber en su patria de origen y en la actual, que es España.
Esposa ejemplar, madre adorable, amiga valorada y querida por todos, profesional eminente, esta fémina sin igual se llama Tamara.
El nombre de Thamar, que en hebreo significa el dátil, el fruto de la palmera, patronímico que ya lució la hija del rey David, y encumbró la sabia y poderosa reina de Georgia (Tamara) en el siglo XIII, entraña la dulzura, la bondad personal combinada con la sabiduría y la prudencia.
Y a fe que esta Tamara a la que gloso en el día de hoy reúne todas esas cualidades, y muchas más que omito divulgar aquí y ahora, para referírselas en la intimidad, que por algo gozo del privilegio de ser su esposo.
Gracias, Tamara, por tu existencia, y por la belleza vital que a diario comunicas a los tuyos y a todos los que te conocen.
Y recibe nuestra felicitación, tú, la dulce, la preclara, tú, la estrella de Kremenchuk, lucero de Valencia, que eres tiempo ha la reina de nuestros corazones.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

20 diciembre 2012

22 de Diciembre, Tamara, la “estrella” de Kremenchuk.


La reina Tamara
Todos los años, al llegar estas fechas, al filo de la Navidad, me siento movido a dedicar una entrada de este blog a una de las personas que más aprecio, consideración y elogio me han merecido en esta mi ya no corta vida.
Se trata de alguien que, nacida en las estepas ucranianas, en Kremenchuk, a orillas del “padre” Dniéper, creció entre esas tierras y las colinas de Kiev, para conformar en la capital de Ucrania su extensa formación académica y su prolija experiencia como investigadora en el campo de la Medicina.
Y allí, en aquellas tierras del verde y del agua, en las que el trigo se dora en las alas del viento, esta protagonista, ya estrella del firmamento ucraniano, alcanzó por siempre el firmamento de la maternidad y el aurea de la ciencia, y llegó a traspasar fronteras, y llegó a esta España nuestra para consolidar su brillo ejemplar como esposa y madre, a la par que para prestigiar la profesión médica, sembrando ciencia, prudencia y bondad.
Por eso, cuando sus ojos verdes siguen ornando su presencia entre quienes le rodean, lo menos que puede hacerse, es glosar su figura, y proclamar que Tamara –que así se llama la estrella de este firmamento— cumple en esta fecha un año más de su prolífica y generosa vida, y que la humanidad entera, y especialmente quienes tenemos la dicha de beneficiarnos de su irrepetible personalidad, se llena de gozo ante la efemérides de esta madura y espléndida mujer que en sí misma es una oda a la belleza e inteligencia femenina.
Querida Tamara, muchas felicidades te deseamos todos los que te amamos, y especialmente éste que se siente feliz y orgulloso de ser tu esposo.
Permíteme, Tamara, la licencia de dedicarte este soneto de la poetisa ucraniana  Julia Prilutzky  (Nació en Kiev, Ucrania, en 1912 y  adoptó la ciudadanía argentina desde temprana edad. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Buenos Aires y música en el Conservatorio Nacional. Publicó su primer libro de poesía a la edad de dieciocho años y pronto se convirtió en portavoz de la generación poética de los años cuarenta. Entre sus libros más reconocidos figuran «Antología del amor», «Sonetos» y «Sólo estará la rosa»)

Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.

Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:

Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA