Mostrando entradas con la etiqueta COMPROMIS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta COMPROMIS. Mostrar todas las entradas

06 enero 2020

Esta España nuestra: La investidura de Pedro Sánchez lleva la desfachatez y la miserable conveniencia al Parlamento. ¿Quo vadis España?

“El presidente-indecente
No puede ser creíble un Gobierno solidario y progresista cuando se establece una diferencia entre el pueblo llano y los pueblos elegidos



(Rubén Amón, “No es No”, en “El Confidencial”, 06/01/2020)
Entre prisas, resacas y pascuas militares, la siniestra investidura de Pedro Sánchez merecería haberse urdido en la clandestinidad, alevosa y nocturnamente: un Gobierno que se exilia de la Constitución y que se encomienda a la extorsión del soberanismo incurriendo en el problema nuclear de la desigualdad entre españoles. ¿Cómo pueden pavonearse Sánchez e Iglesias de haber apuntalado
Rufián es...un Rufián
un gran proyecto social, solidario, cuando el soborno de ERC implica una diferencia jerárquica y hasta categórica entre catalanes y no catalanes?

No puede hablarse de igualdad ni de justicia mientras las ambiciones de Sánchez las hayan subordinado a una temeraria subasta de privilegios territoriales e identitarios. La propia abstención de Bildu proporciona a la orgía soberanista un obsceno argumento de euforia. No puede hablarse de un proyecto progresista. Lo contradice el populismo justiciero de Iglesias y lo contraindica la regresión nacionalista de los pueblos elegidos, pero ocurre que Sánchez se ha convertido en acelerador y benefactor providencial del sueño cavernario. Derecho tenía a la investidura porque no había alternativa posible, pero el patriarca narcisista ha decidido ungirse de cualquier manera y a cualquier precio. Así se desprende del memorial suscrito con ERC y amparado por los frailes del PNV. No hace falta resucitar a Umberto Eco para escudriñarlo. El texto de la vergüenza no dice nada escrutado en diagonal o leído con el monóculo de Carmen Calvo, pero lo dice todo en sus requiebros
PNV...¡Oremus!...
escolásticos: el referéndum, la mesa simétrica entre gobiernos, la mordaza a los procedimientos judiciales, el libro prohibido de la Constitución. 
Avergüenza el silencio de las baronías, su implicación en la 'omertà'. La Península de las ocho naciones que postulaba Iceta sobrentiende la humillación de los territorios mesetarios y 'extremoduros', pero el cesarismo de Sánchez y la cobardía de sus virreyes han enmudecido la dignidad del PSOE. Que no es un partido socialista, es un partido sanchista en la identificación enfermiza con el líder, en la abrasión de sus principios, en la capitulación de sus ideas.
Merecía Sánchez el bochorno al que lo expusieron los partidos constitucionalistas, pero los contratiempos y los episodios altisonantes que se han amontonado este fin de semana va a convertirlos él mismo en una nota a pie de página del 'Manual de resistencia'. La investidura que mañana profana el principio de convivencia ha explorado todos los límites de la capacidad adaptativa, del cinismo y de la decencia. Bien se la discutió Sánchez a Mariano Rajoy en aquel debate televisado de diciembre de 2015. “Usted no es decente”, objetó entonces el candidato del PSOE a propósito de las corruptelas genovesas. Cuatro años después —y parece que han pasado 10—, Sánchez se apropia de la indecencia para asegurarse el trono de
Acusa, pero perdió antes...
prometido convertir Teruel en Shangri-la; se ha arropado en la superioridad moral que la izquierda se atribuye a sí misma; han olvidado sus mentiras los profetas de la prensa progre, y se han multiplicado a su favor los voceros del Apocalipsis.
A Sánchez le convienen sobremanera las hipérboles reaccionarias que evocan la Guerra Civil o que comparan el nacionalismo con el 'nazionalismo'. Las menciones al Frente Popular, las extrapolaciones históricas e histéricas de Abascal, las prédicas cainitas de la caverna ultraderechista se utilizan desde la izquierda política y mediática como la
Democracia a martillazos
demostración de que no había otro camino posible al emprendido por Sánchez en aras de la justicia social.
Y no es verdad. El presidente en funciones —todavía hay esperanza— ha despreciado la alternativa constitucionalista, ha vejado la propuesta de Inés Arrimadas y ha forzado una crisis institucional que socava la separación de poderes, que degrada la Justicia —“la deriva de los tribunales”, llegó a decir Sánchez el sábado— y que convierte la legislatura en una amenaza al modelo de convivencia territorial. No hace falta exagerar la gravedad del sanchismo con relatos catastrofistas y nostalgia guerracivilista cuando el sanchismo ha acreditado por sí solo y por sí mismo la temeridad y la irresponsabilidad de un proyecto sometido a la
La pareja peligrosa...
estricta supervivencia del timonel. Ya quisiéramos que fuera el suyo un programa clarividente, una visión de Estado. Ya nos gustaría que la sumisión al chantaje del soberanismo resolviera la clave de bóveda del problema catalán. Nos maravillaría incluso que Pablo Iglesias mutara en un sublime exégeta de la Constitución, pero fue el propio Sánchez hace unas semanas quien inculcó en la opinión pública la angustia que supondrían para España un Gobierno y una legislatura expoliadas entre los vaivenes del populismo y el nacionalismo.
La unción del presidente-indecente predispone un periodo de estremecimientos políticos e institucionales. Sánchez ha precipitado una
Yo no he roto nada...
desproporcionada prueba de estrés al 'sistema'. No es sencillo demolerlo, porque reviste más solidez de la que muchas veces aparenta —las instituciones, los partidos, la tutela de la UE, los mercados...—, pero el mayor optimismo de la danza macabra de Frankenstein proviene de la incorregible relación de Sánchez con la mentira. Su palabra no tiene valor. Y no pueden fiarse de ella ni Iglesias ni Junqueras.
El problema es que no está jugando a las cartas con su dinero, sino con la credibilidad del Estado y con la decencia de la democracia. Cuánto desparpajo tuvo Sánchez ayer para vengar el discurso del PP y de Cs. Y qué silencioso se mantuvo cuando la portavoz de Bildu se despojó del pasamontañas y soltó entre los presentes la serpiente de la paz.”

…
Confieso que sigo a Rubén Amón en sus casi siempre atinadas crónicas y comentarios que se publican en la
prensa diaria y especialmente en Onda Cero.
Por eso recojo su publicación en “El Confidencial”, porque viene en buena medida a glosar y criticar la triste, inadmisible e indignante situación a la que se ha llegado en la sesión de investidura del sinvergüenza Pedro Sánchez, que ayer humilló y sonrojó a la mayoría de españoles de a pie, exceptuando a los serviles de las bancadas socialistas (que de algo tienen que comer) y que, ahora que "la tienen agarrada", no sueltan la “teta” del poder.
Vuelvo a confesar que ayer me sentí incomodado cuando comprobé que el candidato a presidente comenzaba por insultar a las fuerzas “no progresistas” (según él) por mantener sus principios, llegando a convertir su discurso en un principal alegato contra estos sus adversarios, en vez de ofrecer e informar sobre su programa de gobierno y demostrar la ponderación que debe presidir a todo aspirante a Presidente del Gobierno.
Sánchez se comportó como lo que es: un ambicioso desmedido, sin escrúpulos, que, como hiciera Fausto, vende su alma (investidura) al “diablo” del frente popular y de los diversos y casi siempre siniestros independentismos.
Así, toleró que los independentistas catalanes le impusieran una mesa de negociación sobre su independencia, que desembocará (salvo que Sánchez caiga de la poltrona, o le expulsen) en un referéndum a la carta solamente para los catalanes, que ya bien se encargarán los extremistas de surtir de argucias para que derive (falsificando si es preciso) en una aceptación de su salida de España.
Y asimismo no tuvo vergüenza en “comprar” los votos de los nacionalistas vascos a cambio de darles la financiación que a otras autonomías escatima; y hasta dejarles exigir cambios en la Navarra que inveteradamente luchan por conquistar para Euskadi.
No menos deleznable fue la “simonía” (venta de los sacramentos) de ofrecer unas “mejoritas” a zascandiles como el líder de Compromís, o a              "
Oramas, la valie"
engañabobos” como el tal Guitarte de “Teruel existe”, otro espécimen más de la falsedad de los políticos que dicen defender a un pueblo cuando solamente defienden sus conveniencias.
Y el culmen de la hipocresía y de la doblez se alcanzó cuando los terroristas de Bildu atacaron inmisericordes la esencia de España y al Rey, y el tal Pedro Sánchez ni siquiera se inmutó ni menos salió
Mujer bomba "ex"?
en defensa de las instituciones que el pueblo español respeta, y que a él le sirven para disfrutar del poder y del boato que al parecer su cónyuge (envidiosa de la reina) le exige.
Rechazable es la mentira que tanto práctica el indigno Sánchez, pero inadmisible y punible debe ser su omisión en la defensa de los valores esenciales de una convivencia cuyas ubres él mismo desangra.
En fin, que en el día de ayer se ofreció “urbi et orbi” la muestra de la desfachatez con la que se nos va a intentar seducir en los próximos tiempos, y que
Carácter Suárez...solo folclórico
la oposición actual ni ha sabido ni ha podido evitar desde su discurso siempre tan formalito y lleno de lamentos, pero nada creativo.
Esta España nuestra ya comenzó a desangrarse y ahora va camino de lo que en medicina se llama “shock hipovolémico”, o sea, claudicación general por carencia de cualquier riego sanguíneo convivencial y democrático.
No viene mal recoger como colofón estos versos de Víctor Manuel San José, cantados por su esposa, Ana Belén, e inspirados en un poema de Blas de Otero:

“España camisa blanca de mi esperanza
Reseca historia que nos abrasa
Con acercarse sólo a mirarla.
Paloma buscando cielos más estrellados
Donde entendernos sin destrozarnos
Donde sentarnos y conversar.

España camisa blanca de mi esperanza
La negra pena nos atenaza
La pena deja plomo en las alas.
Quisiera poner el hombro y pongo palabras
Que casi siempre acaban en nada
Cuando se enfrentan al ancho mar.

España camisa blanca de mi esperanza
A veces madre y siempre madrastra;
Navaja, barro, clavel, espada.
La muerte siempre presente nos acompaña
En nuestras cosas más cotidianas
Y al fin nos hace a todos igual.

España camisa blanca de mi esperanza
De fuera o dentro, dulce o amarga
De olor a incienso, de cal y caña.
Quien puso el desasosiego en nuestras entrañas
Nos hizo libres pero sin alas
Nos dejó el hambre y se llevó el pan.

España camisa blanca de mi esperanza
Aquí me tienes nadie me manda
Quererte tanto me cuesta nada.
Nos haces siempre a tu imagen y semejanza
Lo bueno y malo que hay en tu estampa
De peregrina a ningún lugar”


                              SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

27 abril 2016

Esta España nuestra: La previsible nueva convocatoria electoral. O cómo las dobleces y mentiras solamente conducen al realismo. ¿A dónde quiere llegar la oposición?

“El gran error de marginar al PP
Por primera vez en la historia democrática española, el Parlamento ha sido incapaz de investir a un presidente del Gobierno y, en consecuencia, salvo sorpresa de última hora, el próximo dos de mayo se procederá a la automática disolución de las Cámaras y a la convocatoria de elecciones. Los partidos políticos transfieren a los ciudadanos la responsabilidad de deshacer un bloqueo institucional que tiene, es preciso recordarlo, su causa última en el rechazo del principal partido de la izquierda española, el PSOE, a reconocer la victoria electoral del Partido Popular, en una inaudita maniobra de deslegitimación del adversario que no sólo suponía romper los acuerdos básicos de la Transición, sino que estaba condenada al fracaso. Sólo desde esta perspectiva cabe explicar la estrategia políticamente estéril con la que se ha conducido el secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, a lo largo de los últimos cuatro meses, con el agravante, nada menor, de haber solicitado a Su Majestad que propusiera su investidura pese a que, era sabido, no podía contar con los votos suficientes, una vez que el Comité Federal de su partido le había vetado cualquier posibilidad de acuerdo con los populares, pero también con aquellas formaciones que pusieran en cuestión el modelo territorial recogido en la Constitución. En esas circunstancias, la pretensión
de Pedro Sánchez tomaba tintes temerarios y así se le hizo llegar desde todos los sectores del arco parlamentario. Que ayer reconociera a Su Majestad que no podía afrontar una nueva sesión de investidura era, simplemente, la tardía constatación de los hechos. Pedro Sánchez, que ayer aprovechó la rueda de prensa posterior a la audiencia con Su Majestad para marcar las líneas de su próxima campaña electoral, trata de excusar su fracaso histórico –es el primer candidato a una investidura que no consigue su propósito– en una supuesta pinza de bloqueo entre el Partido Popular y Podemos, en la que, sin embargo, no es fácil encontrar intereses comunes. Muy al contrario, ha sido el Partido Socialista quien se ha colocado en una posición imposible y, de paso, ha impedido cualquier salida razonable al «impasse» institucional. Porque desde el primer momento, desde el mismo día 21 de diciembre, ya con los resultados de las urnas en la mano, era evidente que sólo cabían dos opciones de pacto con posibilidad de gobierno: el gran acuerdo de Estado que ofrecía el vencedor de las elecciones, Mariano Rajoy, y la coalición de izquierda radical que le propuso Podemos, para la que era imprescindible contar con el concurso de las formaciones independentistas. Ciertamente, Pablo Iglesias reclamaba el legítimo reparto del Poder Ejecutivo entre dos socios a los que sólo separaban 500.000 votos, oferta con toda la lógica política que el PSOE, sin embargo, nunca ha estado dispuesto a aceptar, pues sería tanto como reconocer el estrecho margen por el que se mantiene como primer partido de la izquierda. En este sentido, que Pablo Iglesias, apoyado en una consulta directa a sus militantes, no haya sucumbido al habitual señuelo socialista del «todos contra el PP» ha sido, sin duda, una imprevista contrariedad para el candidato socialista, que ayer demostró con sus ataques directos a Iglesias que le está costando digerirla. Todo ello, con independencia de que los presupuestos políticos e ideológicos que separan al Partido Socialista de la izquierda radical que representa Podemos son lo suficientemente divergentes como para salvarlos con el cliché del «cambio». Y esta última reflexión nos lleva directamente a la otra vertiente del error de Sánchez, la que tiene que ver con la decisión de rechazar, sin opción alguna, la oferta que le hizo
llegar Mariano Rajoy –y que el presidente del Gobierno en funciones todavía mantiene en vigor– , propuesta que no sólo se incardina en la práctica de las grandes democracias europeas, sino que, a nuestro juicio, era la salida más razonable a la situación y la que hubiera permitido abordar desde la fortaleza de una gran mayoría parlamentaria de consenso constitucional las reformas institucionales que precisa nuestro país. De hecho, existen entre el Partido Popular y el PSOE suficientes puntos de confluencia en los asuntos de Estado y en la concepción del modelo económico y territorial de España como para haber hecho posible el gobierno de concentración. Por ello, que Pedro Sánchez atribuya a Mariano Rajoy la mayor responsabilidad en el fracaso de la legislatura y en la repetición de las elecciones roza el cinismo político. Porque lo que pretendía el secretario general socialista era, nada
menos, que el vencedor de las elecciones, que le había sacado cerca de dos millones de votos de ventaja en las urnas, le abriera gentilmente el camino a La Moncloa por derecho propio y con un programa que prometía deshacer toda la labor legislativa llevada a cabo por ese mismo Gobierno. Al final, sólo apelando a la inveterada presunción de superioridad moral del socialismo español se puede entender la estrategia llevada a cabo por el PSOE y su secretario general. Porque desde la racionalidad política se hace imposible. Pretender gobernar con 90 escaños y con las manos atadas a derecha e izquierda, sin voluntad de pacto, sólo podía llevar hasta donde ahora estamos. Abocados a repetir suerte.”
(De la prensa diaria)
…
“¿Y ahora qué vamos a votar?
Nos encontramos ante una segunda vuelta en toda
regla. El 20-D dejó un resultado abierto pero un camino señalado: la gran coalición que deberían haber formado PP y PSOE. Tan sólo la suma de ambos conseguiría una mayoría absoluta el Congreso de los Diputados. Pero, finalmente, no ha podido ser y regresamos a la casilla de salida para volver a tirar los dados.
La mayoría de las encuestas publicadas hablan de un escenario político semejante al de diciembre de 2015, pero con algunas diferencias que permitirían que la suma de escaños de PP y Ciudadanos se acercara o incluso llegara a los 176 diputados que representa la mayoría absoluta, ambos quedaron el 20-D a tan sólo 13 parlamentarios de lograrla.
Ante el 26-J cabrá esperar un descenso en la participación, más por fatiga del electorado que por rechazo al sistema parlamentario, además es de manual considerar que el voto tenderá a concentrarse o polarizarse en dos opciones antagónicas. En el centroderecha la fuerza que más voto atraería debería ser el PP, pues es la única que podría disputar el gobierno a una fuerza de la izquierda. Obviamente el voto útil desde la derecha
hasta el centro sería atraído como un imán hacia los populares para reforzar al PP ante lo incierto del resultado final. Pero la duda está en lo que ocurrirá en la izquierda, prácticamente dividida en dos bloques muy igualados entre sí; los socialistas por un lado y toda la galaxia Podemos por otro.
Las encuestas de NC Report para LA RAZÓN de este mes de abril nos revelan un debilitamiento de los socialistas a favor de los de Iglesias. El PSOE lleva cuatro semanas consecutivas retrocediendo y Podemos otras tantas subiendo hasta el extremo que a mediados de abril los morados habían dado ya el «sorpasso» a los socialistas. El tracking del día 16 confirmaba el adelanto de Podemos al PSOE con el 20,9% frente al 20,7%. La semana pasada se confirmaba la situación e incluso se ampliaba la distancia entre ambos con un 21,2% de Podemos frente a un 20,5% del PSOE.
Pero en el centroderecha español también empieza a haber movimientos. Durante el presente mes el PP no ha parado de crecer, pasando del 29,4% al 29,9% en cuatro semanas, mientras que C’s que tras las elecciones generales se reforzaba, ha empezado a dar signos de agotamiento, alcanzando su techo a principios de este mes con el 15,5% para comenzar un lento descenso en la tercera semana y que lo dejó en el 15,2% en la cuarta semana de abril.
Son señales que nos indican que podemos estar ante el inicio de la concentración del voto indeciso del centroderecha en el PP y el de la izquierda en Podemos. Y que confirmaría la teoría de la polarización electoral en estos dos partidos, relegando a un segundo plano al PSOE y a Ciudadanos.
Los populares esperan beneficiarse del voto útil y mejorar sus resultados del 20-D, incluso compensando la previsible pérdida de votos y escaños de C’s. Su objetivo es acercarse a los 140 escaños que junto a la treinta larga que obtendrían los de Rivera aseguran sumar la mayoría absoluta. De hecho, el PP volvería a ser la primera fuerza política en escaños y votos el 26-J. Es el partido que más votantes del 20-D retendría, concretamente el 89,7%, frente al 84.2% de Podemos, el 81,8% del PSOE, el 80,7% de Ciudadanos.
Los socialistas luchan por obtener entre 82 y 85
escaños, frente a los 90 del 20-D, mientras que Podemos aspira a sumar entre 68 y 71, y C’s pretenden alcanzar de 41 a 46 diputados.
La otra consecuencia de la repetición de las elecciones es enfrentarnos a una gran abstención, la mayor de toda la etapa democrática. De hecho las pérdidas más importantes de votos de los cuatro grandes partidos es debido a la abstención, que le quita el 12,7% del electorado a Ciudadanos, el 10,2% al PSOE, el 9,2% a Podemos y el 6.3% al PP. En total la abstención se incrementaría del 30,6% del 20-D al 35,9% el 26-J, lo que supone un descenso en la participación de 5,4 puntos en seis meses y alcanzando el mínimo histórico desde 1977.
(Lorente Ferrer, en ”La Razón”, 27/04/2016)
…
Desde las elecciones generales del pasado 20 de diciembre he procurado no manifestarme demasiado sobre el esperpento que algunos líderes políticos –más bien proyectos “non natos” de ello— han brindado al pueblo español.
Parto de la base de que el “galleguismo” inmovilista del líder del PP ha sido nefasto, al dejar evidente que vive atenazado por la realidad de la corrupción cada vez más desvelada.
Pero no menos lamentable y errónea ha venido siendo la trayectoria del de los socialistas, un “chuleta” a la vez que inepto dirigente, que se ha creído que solamente con decir lo que se le ocurre, y en su beneficio, ya es el ombligo del mundo e iba a
alcanzar el olimpo de una presidencia del gobierno que ni sabe en qué consiste y que es demasiado para su mucha codicia y su poca capacidad.
No le anda a la zaga ese proyecto de “tibieza” llamado Rivera, el de Ciudadanos, que ha demostrado esencialmente ser “de pueblo”, aliándose en apariencia con unos socialistas que solamente le podían ofrecer buena propaganda (que de eso saben y mucho), pero olvidando que el pueblo español, de uno u otro signo, quiere consistencia, verdades, realidades.
No olvido, ni mucho menos, a los de “P(j)odemos”, que en verdad son la mayor noticia de esta nueva etapa política, porque, pese a sus habilidades
dialécticas, siguen manteniendo sus principios ideológicos “neo-estalinistas”, que bendicen cualquier medio con tal de alcanzar el fin del poder y del control gubernamental de la sociedad.
Esos sí que son auténticos y por tanto los peligrosos para quienes, como yo mismo, desde luego no somos iconoclastas ni de izquierda radical.
Así pues, salvo algún “invento” de última hora por parte de ese conglomerado falsario de los de “Compromís” (que solamente están comprometidos con su ansia de poder y de dineritos) que sea cogido al vuelo por el convenenciero de Pedrito (no el “Picapiedra”, sino el Sánchez), nos vamos a encontrar el próximo 20 de junio ante las urnas.
Y ahí estará la única realidad; y ahí no valdrán los “cuentos de la lechera” de Sánchez; ni las bonitas palabras del muchachito Rivera; ni la aparentemente sesuda razón inmovilista del gallego Rajoy.
Ahí prevalecerá la verdad que arrojan los votos de los ciudadanos, que ni son tan listos y clarividentes como los analistas políticos quieren atribuirles, ni son tan “borreguiles” como algunos otros les tratan.
Son el pueblo, en democracia. Y lo que resulte de su voto deberá armonizarse para organizar, más bien o más mal, esta realidad de convivencia que es la España nuestra.
“No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino” Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

15 junio 2015

España se llena de “zurdos de las dos manos”.- O cómo los partidos antisistema son cuña para los tradicionales. Del azul y el rojo, al morado y al magenta

“SUS VOTANTES LES PIDIERON OTRA FORMA DE HACER LAS COSAS.-  Iglesias, Rivera y la distancia del dicho al hecho
(Por Alberto López Marín, en “El Imparcial”, 05/06/15)

El Pablo Iglesias preelectoral predicaba que con Podemos se acabaría aquello de tomar decisiones que afectan a los ciudadanos en "reservados de restaurantes". Este miércoles, Iglesias faltó a su palabra en una cena con Pedro Sánchez en lugar indeterminado y conocida con posterioridad.

Albert Rivera mantenía un discurso análogo y ha caído en la misma contradicción en sus encuentros con Sánchez y Mariano Rajoy. El presidente de Ciudadanos se escuda en que fue condición de Ferraz y Moncloa ese secretismo, pero en su mano, como en la de Iglesias, estaba oponerse o denunciarlo públicamente.

Los dos líderes alternativos han de atender también a que el
precedente andaluz no se reproduzca en más territorios o su decisiva pero no en todos los casos abundante presencia en ayuntamientos y parlamentos autonómicos será vista como un freno para que arranquen las legislaturas.

Por último, no extraña que Rajoy y Sánchez maniobren y decidan en nombre de sus delegados en regiones y municipios, pero sí que lo hagan y de forma tan acentuada los nuevos. En el caso de Madrid, comunidad y ciudad, la voz de Rivera silencia las de Ignacio Aguado y Begoña Villacís. De hecho, su rostro es el principal en la web de Ciudadanos de todos los lugares y no los de quienes han encabezado las listas.
Si el camino de UPyD se torció cuando saltó a la luz la falta de democracia interna, algo que ocurría desde los inicios de la formación, y la cerrazón de una Rosa Díez que siempre criticó a los que no saben vivir fuera de la política, los de Podemos y Ciudadanos pueden ser aún más breves si sólo aportan un mejor envoltorio al

mismo producto. Será interesante también conocer los años que Iglesias y Rivera -que lleva desde 2006- están al frente de sus filas.

Los partidos emergentes ya no son mera oposición desde los medios. Desde el 24 de mayo se han asegurado escaños y notable financiación del Estado y representan a una porción de la población que ha confiado en ellos por proponer otra forma de hacer las cosas.”

…


Ayuntamientos antisistema por toda España

(14/06/2015, “El Imparcial”)

Ada Colau en Barcelona, Manuela Carmena en Madrid o representantes del brazo político de ETA en varios municipios vascos y navarros -por ejemplo, Pamplona- conforman un horizonte electoral ciertamente inquietante. Es fruto del resultado electoral, aunque con una elaboración previa no exenta de cierta irresponsabilidad.

Sobresale la actitud del PSOE que, con tal de desbancar al PP a toda
costa, no ha dudado en pactar con partidos de extrema izquierda e incluso con los proetarras en Navarra y Euskadi; cuestión ésta que el propio Pedro Sánchez negó por activa y por pasiva durante la pasada campaña. Sin mayorías claras prácticamente en ningún consistorio, ha sido necesario llegar a acuerdos difícilmente digeribles por muchos que ahora ven cómo su voto sirve para aupar a un partido al que jamás apoyarían.

PP y PSOE tienen gran culpa de ello. Su ejecutoria durante estos últimos años ha desembocado en esta suerte de “ayuntamientos de castigo”. Sin embargo, se esperaba algo más de un Partido Socialista cuyo único afán ha sido pactar contra el PP, no a favor de nada. El tiempo dirá cuál es el resultado de este giro hacia el radicalismo, pero los socialistas deben comprender que los populistas pretenden, claro está, derrotar al PP: el problema es que antes quieren aniquilar al PSOE.”

…


Ya escribió Alejandro Casona que “algunos hay que parecen zurdos de las dos manos”, frase llena de significado, no para vituperar a quien es zurdo, sino para señalar que quien pudiendo usar sus dos manos en la vida, cada una para su propio cometido y habilidad, no sabe sino usar ambas solamente como lo hace con la izquierda, tradicionalmente considerada menos ducha y útil, de manera que acaban siendo ineptos, porque no dedican cada extremidad prensil al fin más adecuado.

¿A qué viene ello?

Pues no puedo menos que comentar lo acontecido en España después de las elecciones municipales y autonómicas del pasado 24 de mayo, cuyas consecuencias empezaron a confirmarse con hechos el pasado fin de semana con motivo de la constitución de los nuevos ayuntamientos y de la elección de alcaldes.

Hay que reconocer que se ha producido un cambio radical, un vuelco, en el panorama municipal, porque el predominio del PP ha sido sustituido por la entrada de los P(j)odemos, Ciudadanos y un conglomerado de coaliciones afines (que pretenden desfigurar sus raíces y que son tan antisistemas y proizquierdistas como su patrocinador), y el propio PSOE ha sufrido un notable descenso de votos, aunque ha incrementado el número de municipios que controla.

¿Cómo ha sido posible todo ello?

En primer lugar, porque la ciudadanía se ha cansado de tanta corrupción y de tanta estrechez económica, sin asumir ni valorar el esfuerzo de recuperación económica que se ha producido desde el gobierno. La renuncia al estado de bienestar es muy dolorosa.

En segundo lugar, porque el otro partido mayoritario, el PSOE, ahíto de oposición y ávido y necesitado de poder a cualquier precio, se ha echado en manos de esas terceras fuerzas políticas sobrevenidas, apoyándolas y apoyándose en ellas en lo que le ha convenido, para cerrar en falso su crisis de organización, de entendimiento y de identidad.

Y en tercer lugar, porque los partidos y coaliciones emergentes han subyugado con sus “cantos de sirena” a la juventud y a buena parte de la ciudadanía irritada y agobiada.

Así, aun negándose la creación de un frente popular de izquierdas, se ha rozado esa situación, y basta comprobar las estadísticas para cerciorarse de que la pérdida del poder municipal del partido conservador ha sido enorme, pero que el partido socialista que era su alternativa solamente ha conseguido algunos gobiernos municipales gracias a su entreguismo pactista con las otras fuerzas emergentes.

Mareas ¿rojas?
Ha bastado el paso de uno o dos días, para que ya se haya comenzado a notar el solapado revanchismo de los que han alcanzado el poder, pues se ha anunciado la retirada de cuadros con motivos más o menos morales o religiosos; la ausencia en celebraciones que connoten algo de religión; la implantación de un sistema asambleario y populista bien ajeno a las esencias auténticas de la vida democrática; en fin, un “romper con casi todo”, como manera de demostrar que se ha producido un cambio esencial.

Ya veremos lo que pasa, porque mal se cohonesta el aumento de ayudas sociales y la subida de impuestos para ello con la reducción de gastos públicos que se proclama; y peor aún será dejar sin cubrir necesidades ciudadanas patentes distrayendo los fondos para otras cosas como paralizar los desahucios legítimamente decretados por la autoridad judicial, o cambiar la regulación de las hipotecas sin cambiar la ley (¿?); o tantas y tantas cosas.

Y es que esas nuevas fuerzas emergentes, ahora conquistadoras del poder municipal, se han empeñado en ser “zurdos de las dos manos”,
y de esa forma, apenas si conservan lo que de bueno existía y todo lo quieren hacer nuevo y rayano en lo revolucionario.

La conclusión es obvia: romperán lo que había que conservar y no consolidarán adecuadamente lo que quieren innovar.

“Zurdos de las dos manos” están siendo también esos socialistas que dicen que “con el PP nunca”, y ellos mismos se entregan a quienes desean su destrucción para ocupar su espacio político.

(¿No habría que reflexionar que en Alemania y hasta en Francia, cuando ha sido preciso, conservadores y socialistas se han unido en la gran coalición, para mantener la estabilidad del país?) 

Y más ”zurdos de las dos manos” son los que ahora llegan, a Cataluña (Barcelona es un ejemplo con Ada Colau), a Madrid (la jueza
Carmena al final desvela su comunismo bolchevique), a Valencia (Joan Ribó, comunista y nacionalista, quiere resolver los problemas yendo en bicicleta), a A Coruña y Santiago (donde los “Mareas” van a provocar un auténtico maremoto). Pero estos, al menos, tienen la justificación de que eran de natural “zurdos”, izquierdistas, de manera que su habilidad raya en la izquierda, y ya veremos, de querer consolidar algo más propio de la derecha, si no son “diestros de las dos manos”. Que el dinero y el poder son muy pegajosos...

Tiempos de cambio, tiempos de incógnitas y tiempos de preocupaciones para el ciudadano moderado.

Porque detrás de la innovación, de la aparente rebeldía, de la aparente ruptura, se esconde el ansia del poder “de otra manera”, tal vez al estilo leninista, del que ya sabemos los grandes “bienes” que ha acarreado a la humanidad.

Vamos a desear que la ineptitud de estos zurdos dobles no salpique demasiado a la ciudadanía, y especialmente haga reaccionar al partido en el poder de la nación, que, cual don Tancredo, ve cómo se le alborota el gallinero y deja que las gallinas (y bastantes gallitos) merodeen a sus anchas, con la justificación –falsa- de que estaban sin pienso y ahora les ha llegado la comida.

En fin, para no ser demasiado “zurdo”, deseo que en lo posible y en lo esencial nos quedemos más o menos como estamos.

“No se puede cambiar el curso de la historia a base de cambiar los retratos colgados en la pared” Sri Pandit Jawaharlal Nehru (1889-1964) Político indio.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA