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16 noviembre 2015

La masacre de París y los migrantes refugiados: el escorpión y la rana

El escorpión y la rana es una fábula de origen desconocido, aunque atribuida a Esopo. En ella un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río prometiéndo no hacerle ningún daño. La rana accede subiéndolo a sus espaldas pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula "¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos" ante lo que el escorpión se disculpa "no he tenido elección; es mi naturaleza". (De Wikipedia)
¿Hay soluciones frente al Estado Islámico (EI)?
(José Luis Gómez, en “Periodista Digital”,  15 /11/2015)
“El Estado Islámico (EI) se ha responsabilizado de los ataques del viernes en París. "Ocho hermanos portando cinturones explosivos y con rifles de asalto han llevado a cabo un ataque sagrado [...] dentro de nuestra cruzada contra Francia", afirma el grupo terrorista en un comunicado.
"Francia será implacable", replica el presidente francés, François Hollande, que culpa de la matanza al Estado Islámico y promete castigar a los yihadistas con todos los mecanismos del Estado de derecho.
"Es sorprendente ver las cifras de la movilización yihadista en Europa Occidental, contribuyendo, por un lado, a la insurgencia en Siria e Irak y, por otro, elevando el terrorismo endógeno", comenta la profesora María Cadaval en un análisis en Mundiario. París llora la muerte de al menos 128 personas. El Estado Islámico está en guerra con Occidente, que no acaba de poner fin al nuevo terrorismo global.
Es doloroso pero no es algo nuevo lo sucedido en París. Nueva York, Madrid, Londres, París... son sólo algunas de las ciudades occidentales cuyos ciudadanos han sido víctimas de ese terrorismo. El fenómeno está diagnosticado, del mismo modo que las fortalezas y debilidades de Occidente. Lo que faltan son las soluciones al que ya es el gran problema occidental en el siglo XXI.
¿Puede estar la solución en casa? "Lo que subyace a la movilización yihadista en los países más opulentos de Europa Occidental es una generalizada crisis de identidad entre los musulmanes jóvenes", explicó días antes de los atentados el profesor Fernando Reinares en un artículo en El País. En su opinión, ni el multiculturalismo británico ni el asimilacionismo francés pueden ser evaluados positivamente.
Como acredita este profesor visitante en la American University, en Washington, miles de esos jóvenes musulmanes de segunda generación en Europa Occidental se muestran receptivos a la idea de que la
única nación a la que pertenecen es la "nación del Islam", tal y como la promueven el Estado Islámico y su Califato, al igual que la más minoritaria Al Qaeda. Así se conectan identidad y terrorismo hoy en día.
Si Occidente cortase la financiación del Estado Islámico, estrangulando su existencia, y buscase algún remedio a su propia fábrica de terroristas jóvenes, las cosas empezarían a cambiar. Al menos un poco más que sólo con nuevos bombardeos. ¿Pero se refieren a eso los líderes mundiales cuando hablan de respuestas implacables?
Los bárbaros asesinatos cometidos en París la noche del pasado día 13 me pillaron de viaje en Cádiz, a donde había viajado para un acto muy entrañable de homenaje a un viejo superior en la milicia de mi juventud, que se celebró el siguiente día, con la asistencia de un buen número de altos mandos del Ejército, la mayoría de ellos en la reserva o ya retirados.
Por tanto, ni tuve tiempo ni oportunidad de publicar, como hubiera sido mi deseo, una endecha o comentario sobre la brutal barbarie.
Pero sin embargo tuve la posibilidad y el honor de compartir con cualificados y expertos militares unas bien sensatas reflexiones sobre aquello de “los polvos que ahora causan estos lodos”, y todos esos tópicos que se repiten en situaciones como ésta que lamentablemente nos toca vivir.
Son momentos, son tiempos, en los que hay que sobreponerse al dolor y a la indignación y penetrar en el campo de las reflexiones con uno mismo y con los demás.
Vaya por delante que rechazo totalmente todo atisbo de xenofobia y de odio irracional y marginación hacia las gentes de etnia árabe y de creencias y cultura musulmanas.
Mas no me resisto a poner de manifiesto que en nuestra sociedad española, como en buena medida acontece también con la
francesa, se ha incurrido en grave lenidad, bien permitiendo la entrada y residencia de gentes de muy distinta cultura (¿?), si es que la tienen, y principios abismalmente contrarios a los de nuestra educación de corte cristiano occidental, a quienes se ha llegado a consentir todo tipo de extralimitaciones (abusos en muchos casos) en sus costumbres y hábitos de vida entre nosotros, al socaire de unas mal entendidas tolerancias que esconden más bien la inmadurez y falta de criterio de quienes las emiten en medio de un demagógico y falso progresismo.
No ha mucho un amplio sector de los “junta-letras” (los periodistas, mis propios colegas, que no hacen honor a su importante labor de informar y formar la opinión pública) y una buena parte de esa falsa progresía que ha ido invadiendo nuestra sociedad y trata de implantar una muelle aceptación de hábitos y formas y conductas de los inmigrantes, no ha mucho, repito, bastantes se “rasgaron las vestiduras” porque el cardenal-arzobispo de Valencia (¡atención, deséchese toda connotación religiosa por mi parte!) se hiciera un comentario durante una conferencia, en el sentido de que había que prestar atención al riesgo de infiltrados peligrosos en medio del aluvión de refugiados que estaba invadiendo Europa.
Hubo al respecto acerbas críticas y acabó “a los pies de los caballos” el autor de la frase, pero la vida y la historia son muy tozudas y "lo que tenía que pasar, pasó..."
Y ahora, tras la atrocidad conocida, los mismos que otrora predicaron la
bondadosa tolerancia, piden serenidad y mano firme, con expulsión de todo aquel que ”huela” a sospechoso, y sin la menor vacilación.
Hasta leo hoy mismo que una miembro de ese conglomerado anti-todo y lleno de doblez que es “P(j)odemos”, ha dicho ante la embajada de Francia en Madrid que quienes cantaban "La Marsellesa" eran unos "fachas terroristas”.
¡Vaya extremismo y radicalismo! Además de incultura, claro.
Hay que estar (probablemente ser) descerebrado…
Aunque no es demasiado de extrañar esa inadmisible barbaridad, dado el origen, menos lo es si se tiene en cuenta que en esta patria nuestra eso de pitar un himno (el nuestro, el de España) hasta se ha convertido en un ignominioso deporte cuando los eventos públicos cuentan con la asistencia de gentes que se creen de izquierdas y son más bien cavernarios.
Lo de París es una atrocidad y su origen no es sino consecuencia de la permisividad respecto de ciertos grupos y refugiados y también una nada práctica política de integración de los migrantes, que se obtendría y alcanzaría fomentando su educación y mínimo bienestar en sus
países de origen.
Ahora, tras el dolor y los lamentos, todo es proponer soluciones, drásticas casi todas, pero pocos paran mientes en que en una sociedad culta y democrática el imperio de la ley es la mejor garantía de la convivencia armónica y pacífica; y menos se acuerdan de que las fuerzas del orden y de la defensa nacional resultan primordiales en el mantenimiento de la vida social pacífica. 
Así que ni estigmaticemos a todos los emigrantes ni nos convirtamos en sus colegas, sino que analicemos la problemática que entrañan y elaboremos estudios y planes que cuajen en soluciones efectivas, tanto  las naciones emisoras de migrantes como en las que generan los refugiados; y dejémonos ya, y de una vez, de lucubrar sobre si "son galgos o son podencos", como en la conocida fábula.
¡Ah! Y no se olvide que cual en la historia del escorpión y la rana, aunque ésta porte generosa e ingenuamente sobre ella al escorpión para vadear el río, en la propia naturaleza del bicho agresor va implícita su necesidad irrefrenable de clavar su aguijón; dicho de otra manera, con el fundamentalismo islámico no hay más solución que atajarlo con los más hábiles y enérgicos medios, porque con blanduras y dulces protecciones terminaremos aguijoneados de muerte.
Ha habido terrorismo en USA, y lo ha habido en España, y ahora en Francia se ha repetido.
Mucho llorar y mucho espanto, pero ¿dónde están las acciones tendentes a evitarlo?
Ojalá no hayamos de tararear más veces nuestro himno nacional (desgraciadamente el español no tiene letra autorizada), escuchando el insulto entre pitadas de que somos unos fachas.
Porque quien así pita e insulta el himno de su nación adopta la más execrable de las radicalidades: la de la sinrazón iconoclasta.
¡Descansen en paz las víctimas de la ciega barbarie parisina! 
¡Y espabilen las autoridades gobernantes en todos los países, porque estos escorpiones islámicos no se recatan en clavar su aguijón; que además ¡quieren matar!, ¡porque para eso han sido engendrados!

¿Por qué aprendemos a temer el terrorismo pero no el racismo, no el sexismo/machismo, no la homofobia? Angela Davis (1944-?) Política, activista y profesora estadounidense.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

11 marzo 2015

Memorias de la historia: A los 11 años del atentado terrorista en Madrid. La fábula de los galgos y los podencos.

Por qué el 11-M dividió a los españoles
La sociedad enmarcó la matanza terrorista en los trenes de Cercanías en lo conocido. Y lo conocido era, por una parte, ETA y, por otra, la guerra de Irak. En realidad, ambas interpretaciones eran erróneas
(Fernando Reinares 11 MAR 2015, en “El País)

Al contrario de lo que sucedió con la sociedad británica tras los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres, los perpetrados el 11 de marzo de 2004 en Madrid dividieron profundamente a los españoles. Aún persisten secuelas de esa desunión, aunque con el tiempo sean menos manifiestas. Ha sido y es una discordia basada en diferentes atribuciones de culpa por la matanza en los trenes de Cercanías. Pero resultó ser una división espuria, derivada de una politización del 11-M que se prolongó con la comisión parlamentaria dedicada a esos atentados y más allá. Algo a su vez posible debido a especificidades del sistema político español —como su mayor tendencia a la polarización o la recurrente ausencia de consensos de Estado en Asuntos Exteriores, Defensa
o antiterrorismo— y, sobre todo, porque los ciudadanos no eran conscientes de la amenaza de un fenómeno terrorista instalado en nuestra sociedad una década antes del 11-M.

Unos españoles, ubicados sobre todo en la derecha del espectro político, creyeron, y aún en parte siguen pensando, que los atentados de Madrid fueron de uno u otro modo obra de la organización terrorista ETA. La formulación más habitual de este argumento aduce que los denominados moritos de Lavapiés —una manera extravagante de aludir a quienes constituyeron la red terrorista del 11-M— carecían de los conocimientos y las capacidades para llevar a
cabo lo ocurrido el 11 de marzo de 2004. Por eso, aunque se tratara de individuos que participaron en los hechos, tuvieron que haber sido instigados y apoyados desde el interior de nuestro país por otros terroristas con experiencia. A menudo, a este argumento se añaden especulaciones sobre el modo en que el presidente del Gobierno que el PSOE formó tras el resultado de las elecciones celebradas tres días después del 11-M, José Luis Rodríguez Zapatero, ofreció a ETA una salida de transformación en lugar de optar por derrotarla.

El atentado de Madrid se decidió en diciembre de 2001 en la ciudad paquistaní de Karachi

Otros españoles, situados preferentemente a la izquierda del mismo espectro político, pensaron, y no pocos aún creen, que los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron una consecuencia de la llamada foto de las Azores —en alusión a la instantánea tomada el 16 de marzo de 2003 en una de esas islas del Atlántico y que hizo visible el alineamiento del presidente del Gobierno español, José María Aznar, con la guerra al terrorismo auspiciada por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush— y el posterior despliegue de tropas españolas en Irak inmediatamente después de haber sido invadido este país y derrocado el dictador Sadam Hussein. No ha sido inusual que desde este sector social se critique al entonces Ejecutivo del Partido Popular por haber insistido en asociar a ETA con el 11-M, incluso cuando la evidencia apuntaba en otra dirección, para mantener así sus expectativas electorales ante los comicios generales que se celebraron sólo tres días después de los atentados.

En realidad, ambas interpretaciones sobre el 11-M eran erróneas y la lacerante división en que se sumieron los españoles, incluidas las propias víctimas, ha sido y es engañosa. Ninguna evidencia hay, directa o indirecta, de que la organización terrorista ETA estuviese implicada en los atentados. Tampoco es cierto que la idea de perpetrar una matanza en Madrid surgiera a raíz de la presencia de soldados españoles en territorio iraquí. Como explico y documento en el libro ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España, la decisión de ejecutar ese acto de terrorismo se tomó en diciembre de 2001 en la ciudad paquistaní de Karachi y fue ratificada durante una reunión que delegados de tres organizaciones yihadistas magrebíes mantuvieron en Estambul en febrero de 2002. Además, lo que se convertirá en la red del 11-M inició su formación al mes siguiente, todo ello más de un año antes de la invasión de Irak.

Pero no hacía falta investigar los atentados del 11-M ni desvelar
nueva información sobre los mismos para evitar la división de los españoles, aunque hacerlo haya contribuido a mitigarla. Bien pudo haber bastado con que, como ocurría con los británicos, los españoles hubiéramos estado lo suficientemente sensibilizados respecto a la amenaza del terrorismo yihadista que, además de la relacionada con ETA, se cernía sobre nuestro país con anterioridad a la invasión y ocupación de Irak. Desde al menos 1997, los informes que la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) del Cuerpo Nacional de Policía remitía a los jueces de instrucción de la Audiencia Nacional, quienes debían autorizar escuchas telefónicas relacionadas con los yihadistas que desarrollaban ya actividades en España, dejaban constancia de que sus investigaciones eran necesarias para “prevenir la muy posible comisión de atentados en nuestro país”.

No hubo una adecuada pedagogía política sobre el terrorismo yihadista y se trivializó su peligro

Al presentar ¡Matadlos! a lo largo del último año en numerosas ciudades españolas he podido constatar cómo, incluso entre los ciudadanos interesados y que eran adultos cuando se perpetraron los atentados de Madrid, existía un gran desconocimiento sobre la trayectoria del yihadismo en nuestro país desde mediada la pasada década de los noventa. Casi nadie —o muy pocos— sabía que Al Qaeda fundó en España, en 1994, una de sus más importantes células en Europa Occidental, desmantelada en noviembre de 2001 al quedar de manifiesto su conexión con la responsable de los atentados del 11-S. Como casi nadie —o muy pocos— eran conscientes de que sólo a lo largo de 2003, el año anterior al del 11-M, se detuvo en nuestro país a más de 40 individuos por su implicación en actividades de terrorismo yihadista. Esta cifra nunca antes había sido tan elevada desde que, en 1995, fuese detenido en Barcelona el primer yihadista o desde que, en 1997, se desarticulara en Valencia la primera célula yihadista.

El desconocimiento de estos y de otros muchos episodios relacionados con la evolución del terrorismo yihadista en España a lo largo del decenio que precedió a los atentados de Madrid, así como el hecho de que no fuera percibido como amenaza por parte de la opinión pública española hasta muy tardíamente, y sólo cuando se inició la crisis iraquí en 2002, se explican en parte por la obligada atención que suscitaba el frecuente terrorismo de ETA. Pero no hubo una adecuada pedagogía política sobre el problema e incluso se llegó a trivializar su peligrosa realidad —¿hay que recordar aquello de la Operación Dixán?—. Consecuencia de todo ello fue que, cuando se produjo el 11-M, los españoles buscaron interpretar la matanza terrorista en los trenes de Cercanías enmarcándola en lo conocido al no poder hacerlo en relación a lo que les era desconocido. Lo conocido era, por una parte, ETA y, por la otra, Irak.

Si el 11-M nos dividió es porque los españoles carecimos como sociedad de la necesaria resiliencia ante atentados terroristas de gran magnitud, más allá de la gestión de crisis y emergencias. En la actualidad, cuando el yihadismo global se encuentra más extendido que nunca y la amenaza del terrorismo que lo caracteriza no ha sido tan elevada para las democracias liberales desde el 11-S, que España sea menos vulnerable a la par que más consciente y resiliente, tanto frente a la penetración de los actores y la ideología asociados con dicho fenómeno, como ante cualesquiera eventuales nuevas expresiones de su violencia contra nuestros ciudadanos e intereses, continúa siendo una tarea pendiente para las élites políticas y el conjunto de nuestra sociedad civil, en especial los medios de comunicación.”

Fernando Reinares es investigador principal de terrorismo internacional en el Real Instituto Elcano, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos y Adjunct Professor de Estudios de Seguridad en la Universidad de Georgetown. Autor del libro ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2014).


“Once años después, la asociación de víctimas del 11-M pide
justicia y memoria


(C. Pastrano, en “El País”, 11/03/2015)

No es ni mucho menos un día más. Hoy se cumple el undécimo aniversario de los atentados de Atocha de marzo de 2004 y, como cada año, diferentes personalidades políticas y personas a título individual se han concentrado en las inmediaciones de la estación de Cercanías de Madrid para recordar a las 192 víctimas que fallecieron en el ataque de Al Qaeda y a las más de 2.000 que resultaron heridas.

Al acto ha sido convocado por la asociación 11-M Afectados del Terrorismo junto a UGT, CCOO y la Unión de Actores y se ha contactado con todas las personalidades políticas. Pilar Manjón, presidenta de la asociación de víctimas, ha hecho hincapié en que hoy es un día “de justicia y memoria”.

Por parte del PSOE, ha acudido su secretario general, Pedro Sánchez, y los candidatos de su partido al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid, Antonio Miguel Carmona y Ángel Gabilondo, respectivamente. En el caso de UPyD, Ramón Marcos. Sánchez ha destacado el valor de la unidad de todos los demócratas en la lucha contra el terrorismo. “Lo que tenemos que hacer es tener en pie todos los instrumentos del Estado de Derecho para hacer frente a esta amenaza”, ha declarado. Posteriormente, la concentración se ha trasladado a la calle Téllez, lugar donde explotaron una de los explosivos en 2004, para realizar una ofrenda floral.

En la mañana de hoy también tienen lugar otras actos en memoria de las víctimas. En el madrileño parque del Retiro, y está previsto que Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), lea a mediodía un manifiesto por las víctimas"...

Fue una enorme tragedia. Un espanto inolvidable. 

Todos los ciudadanos nos sentimos entonces víctimas de aquella barbarie, que afectó en la mayor medida a las buenas y laboriosas gentes de Madrid y cercanías que habían madrugado y se desplazaban a sus puestos de trabajo y a sus lugares de estudio.

Hoy, cuando se cumplen once años de aquella bárbara experiencia, pese a que el tiempo todo lo mitiga, seguimos sintiéndonos doloridos por las vidas humanas que se perdieron y se frustraron para siempre, pero además de la indignación por el incremento de la ciega sinrazón y violencia de los “musulmanes malos”, nos sentimos tremendamente irritados por el uso que los políticos de uno y otros signo (aunque en este caso parece que los que más se excedieron fueron los situados a la izquierda) hicieron en su momento del atentado.

Por de pronto, al día siguiente del atentado, quien era el “mago” manipulador de las ideas y tácticas desde la izquierda, el peligroso Alfredo Pérez Rubalcaba (ni una mala palabra y menos una buena acción) y actuó lo oportuno para culpar al Partido Popular y al entonces Presidente del Gobierno –José María Aznar—de lo ocurrido, llamando a las gentes a concentrase ante la sede del partido, quebrantando inclusive la jornada de reflexión en el día previo a las elecciones general, y manipulando todo lo manipulable, con el resultado conocido de instaurar en la cúpula gubernamental a quien resultó ser un zascandil e inepto para conducir los destinos de España, de apellido “shoemaker” en inglés.

Y se ha demostrado que no fueron las decisiones de Aznar las que provocaron la masacre (aunque habría que reprocharle más de una actuación imprudente, soberbia e inadecuada) sino que existía un minucioso plan elaborado desde varios años antes, que es el que se ejecutó.

Malo fue lo que ocurrió, pero peor han sido los acontecimientos y acciones subsiguientes, pues se ha perpetuado casi un enfrentamiento atávico sobre el tema entre derechas e izquierdas, hasta el punto de disociar las celebraciones en honor y recuerdo de la víctimas del terrorismo, tiñéndolas o de azul o de rojo a conveniencia, sin profundizar en que la propia sociedad española no estaba, ni está, preparada ni sensibilizada para reaccionar y evitar la tremenda y salvaje invasión del yihadismo, que ejecuta a cuchillo en plan salvaje y además lo filma; que conquista mujeres especialmente para embarazarlas de nuevos secuaces; que expande su virus iconoclasta más deprisa que el ébola, destruyendo todo aquello –inclusive reliquias culturales— que le parece contrario a su paranoica concepción del islamismo extremo.

Pues bien; de una parte, se sigue permitiendo la encubierta xenofobia
para con los desarrapados de zonas principalmente de creencia musulmana; y se sigue ejercitando una política de contención ante la inmigración ilegal que resulta vergonzosa, porque basta ver cómo cada día cientos de subsaharianos intentan subir unas vallas cerca de Ceuta y Melilla, cual si se tratara de simios de un zoo, y cómo esos pobres hombres (que se sienten en el paraíso dirigiéndose libremente al Centro de Internamiento de Extranjeros) son luego dejados al albur de sus vagancias por toda España, cuando no pueden ser expulsados.

¿Qué se presiona a Marruecos para evitar los asaltos? ¿Qué política se exige a la Unión Europea, tan moderna, tan teóricamente sensible ante los derechos humanos, para una solución adoptada por los veintiocho países aparentemente unidos?

Nada de nada.

Así pues, en España continuamos culpándonos unos a otros por la poca atención a los más necesitados (incluidos los moritos y los negritos que se nos han “colado”, dicho con todo respeto sea); y seguimos discutiendo quiénes fueron los culpables de la masacre de hace once años.

Sin percatarnos de que tenemos ya entre nosotros, cual marabunta, los especímenes del yihadismo, en jóvenes que se van a prepararse, en madres que adoctrinan a sus hijos, en exaltados extremistas de toda clase.

Nos está ocurriendo como en aquella fábula de “los galgos y los podencos”, que, pese a muy antigua y más repetida, sigue de vigente actualidad:



LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas,
seguido de perros,
-no diré corría-,
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: “Tente,
amigo; ¿qué es esto?”

“¿ Qué ha de ser?” –responde-;
sin aliento llego...
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo.”

“Sí -replica el otro-,
por allí los veo...
Pero no son galgos.”
“¿Pues qué son?” “Podencos.”

“¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos,
bien visto los tengo.”

“Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.”
”Son galgos, te digo.”
”Digo que podencos.”

En esta disputa,
llegando los perros
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.
(De Tomás de Iriarte)



“La experiencia es una buena escuela, pero la matrícula es muy cara”.- Heinrich Heine (1797-1856) Poeta alemán.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

11 marzo 2014

Memorias de la Historia: El 11 de Marzo de 2004. Cuando la muerte viajó en los trenes de Madrid y la amenaza terrorista conmovió al mundo



“El 11-M cierra heridas pero no nos libera de seguir buscando la verdad


en los hechos ha sido incluso objetada por el presidente del tribunal sentenciador. Indagamos en la prueba fundamental para condenar a Zougam, y, en estos momentos, las dos testigos protegidas están siendo procesadas por falso testimonio. Las numerosas aportaciones de este periódico al proceso pueden verse reflejadas en el sumario.

















puedo por menos hoy que acordarme de los 192 que se fueron y de ellos, los grandes héroes anónimos.

servicios sanitarios alertaron a la ciudadanía de que ya no hacía falta más sangre, que estaban todas las reservas llenas. Fue emocionante.

consuela. Aquella mañana, poco a poco, se fueron acercando profesionales de la sicología a Ifema, al mayor tanatorio de la historia democrática de España. Muchos/as dejaron sus trabajos. Otros, se olvidaron de sus días libres... Y se fueron juntando, esperando apoyar a los sicólogos municipales. Sabían que la jornada sería tan negra como histórica. Allí llevaron las bolsas. Muchas de ellas, con el sonido
de sus móviles aún retumbando en su interior. Casi nadie se acordará ahora, pero la gestión de aquello la pilotó María Dolores de Cospedal, entonces subsecretaria de Interior.



Tremendo drama. Enorme trauma para los ciudadanos de España y del mundo. Vuelco político.
Todo eso y mucho más se agolpa en la memoria cuando se recuerdan los dramáticos acontecimientos del 11-M en Madrid. 







acaecido, aunque acabó con la condena de unos cuantos musulmanes
y algún que otro desquiciado español, pero sin aclarar casi nada sobre el origen y la autoría intelectual del desastre.


asociaciones de víctimas, del pueblo llano. Y por fin parece que se ha adoptado una postura común de recuerdo de los desaparecidos y de rechazo de la violencia ciega y salvaje.