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26 noviembre 2018

A vueltas con los actuales gobernantes: Anuncian triunfalistas éxitos que son derrotas por ineptitud

“Gibraltar y el Brexit, la ceremonia de la confusión
Rafael Calduch Cervera (Catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense)
En medio de la campaña electoral en Andalucía y a pocos días del Consejo Europeo que debía aprobar el Acuerdo de retirada de Reino Unido de la Unión Europea, el presidente del Gobierno irrumpió en los medios de comunicación destacando la negativa española al texto final por no recoger adecuadamente el derecho de España a vetar cualquier acuerdo que afectase al status de Gibraltar.
Tras varios días de tensión y gestiones entre Bruselas, Londres y Madrid, ante el riesgo de que la cumbre quedara suspendida, el sábado a mediodía Sánchez informó de que finalmente se aceptaría el texto propuesto, ya que se habían recibido unas garantías históricas para la negociación con Londres sobre el futuro de Gibraltar, incluyendo una posible
cosoberanía.
Pero detrás de la parafernalia mediática, ¿qué ha ocurrido realmente? ¿Cómo ha quedado Gibraltar en el contexto de un futuro acuerdo entre Reino Unido y la UE tras el Brexit? ¿Podía España haber impedido realmente la aprobación del acuerdo de retirada por el Consejo Europeo?
La cláusula de salvaguarda de la posición española sobre Gibraltar fue hábilmente incorporada por la diplomacia española en el Consejo Europeo del 29 de abril de 2017 al incluir en las orientaciones aprobadas para la negociación con Londres el siguiente texto: «Una vez que Reino Unido haya abandonado la Unión, ningún acuerdo entre la UE y Reino Unido podrá aplicarse al territorio de Gibraltar sin acuerdo entre el Reino de España y Reino Unido».
La omisión británica de cualquier referencia a Gibraltar le concedió a España una posición negociadora muy sólida para evitar que Londres lograse concesiones al negociador europeo que pudiesen dañar la histórica reclamación española sobre el Peñón.
Pero lo cierto es que durante el año y medio transcurrido desde entonces, la precaria posición del Gobierno de Rajoy con el problema independentista catalán y el reciente acceso de Sánchez parece que dejaron en segundo plano la preocupación por la negociación del Brexit, a pesar de ser tratada en varios consejos europeos y de ministros.
El resultado es que en el Acuerdo de retirada Reino Unido logró introducir en el art. 3, so pretexto de definir el ámbito territorial de su aplicación, una referencia explícita a Gibraltar «en la medida en que le era de aplicación la legislación europea».
Parece que en el último momento, algún avezado diplomático español debió advertir al Ministerio de Exteriores y, más tarde, a Moncloa de que la conexión jurídica del citado art. 3 con lo dispuesto en el 184, regulador de la negociación del futuro Tratado entre Reino Unido y la UE, suponía dejar sin efecto el derecho de veto español reconocido en las orientaciones de 2017.
En efecto, de ambos artículos se desprendía claramente que el futuro tratado que regule las relaciones entre británicos y europeos, incluyendo Gibraltar, podía ser aprobado sin que España tuviese que aprobar previamente lo que se incluyese sobre el Peñón.
Todo lo que se ha logrado en los últimos días por el presidente de Gobierno y la diplomacia española es una carta oficial del Gobierno británico, transmitida por su embajador en Bruselas, sobre la interpretación que realizará Londres del art. 184 del acuerdo de retirada, según la cual «no supone ninguna obligación o presunción... de que dichos acuerdos tengan el mismo alcance territorial que el previsto en el artículo 3 del acuerdo de retirada».
Este compromiso, que en la medida en que supone una interpretación auténtica del citado art. 184 obligará jurídicamente a Reino Unido, no hace sino reconocer lo evidente, que en cualquier negociación sobre las relaciones con la UE se puede modificar el ámbito de aplicación territorial recogido en el art. 3, incluido Gibraltar, por la simple razón de que éste
sólo tiene validez para el acuerdo de retirada y no para futuros tratados.
Sin embargo, nada se afirma sobre la necesaria autorización previa de España para la regulación que los futuros tratados entre Londres y Bruselas puedan establecer respecto del status de Gibraltar. Naturalmente el Gobierno español seguirá teniendo su participación en el Consejo Europeo, donde podrá hacer valer su posición sobre estos temas en cualquier tratado, pero en el marco del sistema de votación establecido en el Tratado de Lisboa.
Lamentablemente hemos asistido, de nuevo, a una nueva derrota diplomática en la defensa de la histórica reclamación sobre Gibraltar por nuestra omisión más que por la eficacia británica. El discurso triunfalista del Gobierno español, tal vez influido por la campaña electoral, no cambiará la realidad de que en el futuro de un Reino Unido fuera de la UE, Londres seguirá decidiendo sobre Gibraltar sin contar con España"

Después de escuchar las manifestaciones de ese tahúr de la comunicación en que se ha convertido el descarado y mentiroso presidente del gobierno español, el caradura Pedro Sánchez, al informar de la posición y reivindicaciones del ejecutivo español al tiempo de acordarse el Brexit con el Reino Unido, respecto de ese "callo" cada vez menos extirpable en que se ha convertido Gibraltar; después de escuchar tanto triunfalismo (trompetería nula en rueda de prensa sin preguntas), más de un español con cierta o bastante edad podría haber rememorado aquellas frases henchidas de patrioterismo que en las escuelas y colegios se nos repetían, hace más de cincuenta años sobre que “..ya tocan a rebato en el Peñón de Gibraltar…”
Pero todo ha sido mentira. 
Ni el gobernar en provecho de sí mismo y de su "nueva rica" esposa, que ejerce Sánchez, ha sido reivindicativo de los derechos españoles sobre la roca, ni ese cacareado veto al Brexit era posible, y por lo tanto ninguna presión se ha mantenido; ni una carta aparecida por arte de ensalmo y que firma el presidente del Consejo Europeo, diciendo que de Gibraltar deben tratar los afectados, o sea la “perfida” Albión y la pazguata España, ni esa carta, repito, es más que un caramelito en la boca del
gobierno español para acallar las más que razonables críticas que han surgido ante la incapacidad, ineptitud y “faroleo” del ciudadano Sánchez, a quien lo único que parece preocuparle es pasear a su mujercita en el avión presidencial por medio mundo, y si es haciendo carantoñas al régimen dictatorial de Cuba, mejor; porque acción de gobierno, salvo chalanear en el parlamento, salvo decir “digo”, para decir a los cinco minutos “diego”, nada de nada positivo. 
No es que en los últimos tiempo Rajoy fuera muy gobernante y actuara con eficacia, que no lo fue, ya que se diluyó en la incapacidad para neutralizar tanta podredumbre en el partido que dirigía; pero este Sánchez, además de colocar los mil y pico cargos de la administración entre serviles de su partido, nada más.
“Memorias de la historia, que a veces tienen que llorar…” se nos hacía cantar en los tiempos de la primaria, para reivindicar en vano los derechos españoles sobre Gibraltar; y si así era, ahora  seguimos en la historia con ganas de llorar, pero no
porque no podamos todavía recuperar ese antro de blanqueo e capitales y contrabando que es Gibraltar, donde los británicos siguen ejerciendo la piratería de todo orden que les caracterizó en tiempos no demasiado lejanos, sino porque el presidente triunfante, con su esposa “la turista”, ha hecho el ridículo en Europa con unos anuncios de veto al Brexit que ni eran viables ni él mismo se creía y que han sido soslayados mediante una cartita que ni siquiera se integra en el instrumento jurídico establecido para la salida del Reino Unido de esta Europa que cada vez es menos Unión.
El sábado, al filo de las siete de la tarde, el triunfalismo sanchista, anunciando se habían logrado tres importantes objetivos respecto de Gibraltar, dejó paso a la realidad. ¡ERA PURA MENTIRA! Dice el aforismo latino que "Excusatio non petita, acusatio manifestat", o sea, que las excusas no pedidas son muestra de acusación.
Y bien que se afanaron el suspecto ministro principal de Gibraltar, Picardo (apellido adecuado por lo de la “picardía” que despliega con su contrabando de bienes y dineros y que bien que quiere a nuestro país cuando se aprovecha de mediante una suntuosa mansión en la costa del sol) y especialmente esa
“mujer de hierro” (y de tozudez, pero "más lista que el hambre") que es Teresa May.
Pedro Sánchez ha quedado  una vez más “ a los pies de los caballos” de la Unión Europea, y del Reino Unido, y de Gibraltar. 
Ha quedado enredado entre las “boñigas” del ministro Borrell y las falsedades de sus dos ministros ya dimitidos. Y los que seguirán…
La verdad es que este Pedro Sánchez está emulando a don Juan Tenorio: “Y en todas partes dejé memoria amarga de mí…”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

27 agosto 2013

El “cuento de nunca acabar”: Gibraltar es español, pero lo regenta un gobierno impostor y satélite al amparo del Reino Unido.



Este modismo proviene de la tradición de los llamados “cuentos de la buena pipa” y en otros lugares, concretamente en Andalucía, del llamado “cuento de la haba que nunca se acaba”. En todos estos tradicionales cuentos comienzan unos relatos que parece ser prometedores y que acaban siendo repetitivos, interminables y aburridos. Cuentos en lo que no se cuenta nada y que se agotan en sí mismos como recurso expresivo. Es la razón por la que se usa este modismo para aludir a un asunto cuya solución no parece tener fin por una serie indefinida de demoras en cuanto a su conclusión definitiva.
(Fuente: Carlos Rivera)


“CASTIELLA, GIBRALTAR, TRISTAN GAREL-JONES, MARGALLO”

“Tristan Garel-Jones es uno de los políticos más inteligentes que he conocido a lo largo de mi dilatada vida profesional. Hombre serio, culto, profundo conocedor de España y su historia. En el Reino Unido lo ha sido todo: diputado, lord del Tesoro, tesorero de la Corte de Su Majestad, ministro de Asuntos Exteriores para Europa. Habla un español perfecto y se distingue por su claridad de ideas y su buena educación. Desde una independencia inalterable, ha propuesto con dos pares que se legalice la Fiesta de los Toros en Gran Bretaña para que asistan a ella los responsables de las sociedades protectoras de animales y se enteren de la verdad. Se declara admirador de Luis Miguel, de Pepe Luis, de Ordóñez, de Paco Camino, de Gregorio Sánchez.

Tuve la suerte hace muchos años de que Tristán Garel-Jones me enseñara el Parlamento británico. Durante un par de horas recorrimos la Cámara de los Comunes, la Cámara de los Lores y las diversas dependencias de un Parlamento que, a diferencia del español, se distingue por su austeridad. Tristán Garel-Jones me dejó las cosas claras. Montesquieu existe en Inglaterra. El Parlamento es independiente del Gobierno y tiene una autoridad indiscutida.

Para entender el problema de Gibraltar -me dijo en aquella ocasión el
político británico- hay que partir de la base de que el Parlamento aprobó respetar la voluntad del pueblo gribraltareño. Si los gibraltareños deciden permanecer en su estatus actual, Gran Bretaña los respaldará sin fisuras.

El ministro Castiella tuvo conciencia clara de esa realidad y estableció una política consistente en hacer la vida lo más ingrata posible a los gibraltareños. Era y es el único camino. Si los gibraltareños disfrutan de todos los beneficios no se cuarteará nunca su voluntad de ser lo que son. Si España convierte el Peñón en un lugar inhóspito las cosas podrían cambiar. Castiella no llevó adelante todo lo que pensaba, pero sabía muy bien lo que se debía hacer y me lo explicó detenidamente en una larga conversación que mantuve con él. Era un hombre muy inteligente. Decidió cerrar la verja y proyectó cortar
el suministro de agua española, de líneas telefónicas y de electricidad. Tenía pensado trasladar al entorno de Gibraltar las industrias menos salubres de España y absorber la mano de obra marroquí. Su propósito consistía en incomodar hasta el límite la vida de los gibraltareños. El ministro Moratinos cometió el desatino de hacer todo lo contrario. Convirtió al Gobierno del Peñón en interlocutor tripartito y benefició a los gibraltareños con toda clase de prebendas, cerrando los ojos ante el blanqueo de capitales, los delitos fiscales, el contrabando desaforado, los negocios on-line.

El actual ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, que es un chuleta, se ha dedicado a matonear a España ofendiendo gravemente a nuestra nación mientras los gibraltareños se forran a ganar dinero y disfrutan de sus villas y posesiones en la Costa del Sol y de todas las trapisonderías inimaginables. Se ha hecho, en fin, lo contrario que se debía hacer. El Peñón debe ser una base militar de vida
Felipe V de España regaló Gibraltar


especialmente incómoda. Hoy es un auténtico paraíso. Solo la disciplina militar obligaría a vivir en una base caracterizada por su dureza. Los civiles terminarían por buscar otros lares. Entonces se podría negociar conforme a lo decidido por el Parlamento británico porque, como me explicó claramente Tristán Garel-Jones, nada que contradiga la decisión parlamentaria tendrá viabilidad. El ministro Margallo, que es un peso pesado de la política española, ha entendido muy bien la realidad gibraltareña y ha empezado a tomar las medidas adecuadas. Permanece impávido mientras sobre su cabeza se descargan los bloques de hormigón”.

Luis María ANSON, de la Real Academia Española, en “El Imparcial”, 26/08/2013)


Tanto se viene escribiendo sobre el conflicto entre España y el Reino Unido, respecto de Gibraltar, que he demorado ocuparme de él en profundidad, por aquello de que es más viejo que la tos y además ha aparecido en tiempos en los que a los gobiernos de los dos países les conviene desviar la atención a esta controversia mal planteada y probablemente nunca acabada, evitando así, en el Reino Unido, lo referente al referéndum independentista de Escocia y otras cuestiones de transcendencia electoral, y en España, que los papeles del llamado “caso Bárcenas”, más el “caso de los ERES andaluces”, no contaminen demasiado la opinión pública en tiempos en que los ejecutivos suelen estar más o menos de vacaciones.

La realidad es que la postura del impropiamente llamado “gobierno gibraltareño”, con ese chulo de fulanas que es el ministro principal Picardo al frente, no puede ser más provocativa y demagógica; y
también es verdad que España, mejor dicho su gobierno, ha entrado poco al trapo de las provocaciones, pues mal se entiende se tolere modificación de caladeros de pesca, construcción de espigones en agua que no son gibraltareñas (porque no las hay, según el Tratado de Utrecht), existencia de buques tanque que venden gasolina y contaminan las aguas, burdo abuso de la sanidad española por los gibraltareños que tienen propiedades en España, y, sobre todo, fraude fiscal continuado, contrabandeando tabaco y protegiendo la evasión fiscal desde el paraíso financiero que es actualmente la roca .

Y digo que el Gobierno español ha mantenido una postura “light”, porque, dejando de lado la posible contundencia verbal, lo que ha dicho el ministro de Exteriores, el magnífico ministro García-Margallo (un ceutí que se afincó mucho tiempo en Valencia, de indudable
capacidad intelectual y gran valía y experiencia política), la realidad es que no se ha actuado “manu militari” como tal vez merecían las usurpaciones y atentados a la legalidad internacional y a la convivencia pacífica, que ha propiciado el nuevo “bucanero” (pirata al servicio de su majestad británica, como antaño) llamado Picardo y que mejor haríamos en llamarle “picarón” o “picardón”.

Recuerdo mis tiempos de estudiantillo de bachiller, cuando el espíritu nacional era una “asignatura obligada" y el patriotismo de pandereta y faldicorta imperaba en una España deprimida y aislada, y en esos tiempos se nos enseñaba en la escuela aquella canción semi-militar de “Memorias de la historia, que a veces tienen que llorar: ya tocan a rebato en el peñón de Gibraltar…”

Y en aquellas calendas, se nos hablaba de la pérfida Albión y de los piratas ingleses, aunque todo se dulcificó cuando la España de Franco fue introduciéndose en el orden europeo e internacional.

Ahora resurge este “callo”, este viejo conflicto, con tintes de agresión
que cada parte pinta respecto de la otra, y que, por muy irritante que sea, que lo es, solamente implica un desacuerdo entre dos gobiernos que se entienden bien, menos en lo que no pueden entenderse.

¿Qué solución cabe?

Opino que tal vez, nótese mi duda, solamente la diplomática, porque a estas alturas no vamos a empezar con soluciones militares, pese a que después de tres siglos ni la diplomacia que todo lo “empastra” y hace duradero, haya logrado avances significativos.

Yo propongo que se nombre ministro del gobierno español al famoso Picardo, dándole autonomía sobre Gibraltar, confiriéndole competencias sobre la reproducción de los monos que saturan la roca, y se cree una especie de Andorra, con dos co-príncipes que
nada manden (como en la nación pirenaica), para que gobiernen los naturales del peñón, pero, eso sí, sin tolerar ni una sociedad basada en Gibraltar ni una transferencia de dinero contaminada de los macacos de la roca, ni… ni… no sé qué más.

Y, pese a la ironía, seguiríamos igual, como acontece en tantas y tantas familias, que solamente se pelean cuando les conviene mostrar una crisis y así justificar que no pueden pagar deudas.

Gibraltar no es español en la práctica; ni es inglés en la ley. Es una moneda de trueque que dos naciones, España y Reino Unido, se disputan en apariencia, para al final hacer como los trileros: que
desaparezca del panorama político lo que es impopular.

Voy a plantearme seriamente domiciliar mis ingresos en Gibraltar y mis deudas en España, para que los acreedores españoles sufran demoras y colas para alcanzar la frontera de la Línea de la Concepción, y, en cambio, mis dineritos corran de paraíso fiscal en paraíso fiscal, hasta que un “Bárcenas” cualquiera los trinque.

¡Afanes de tres siglos de historia, que ahora tenemos cada día!

“El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras.”.- Guy de Maupassant (1850-1893) Escritor francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

13 junio 2012

Memorias de la Historia: Gibraltar, una piedra en el zapato de España, mientras el Reino Unido “se hace el inglés”

Gibraltar es un territorio de ultramar del Reino Unido, con el estatus de Territorio Británico de Ultramar, y amplias capacidades de autogobierno. Está situado en el extremo meridional de la Península Ibérica, al este de la bahía de Gibraltar, y que se extiende sobre la formación geológica del peñón de Gibraltar (en inglés: the Rock of Gibraltar o también, The Rock), península que domina la orilla norte del estrecho homónimo, comunicando el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Limita con España y alberga una población de cerca de 29.000 habitantes en una superficie de menos de 7 km2, con una economía basada en el sector de servicios, principalmente como centro financiero, turístico y puerto franco.
Gibraltar fue conocida en la antigüedad como Mons Calpe (latín para Monte Calpe), una de las dos míticas columnas de Hércules, y posteriormente renombrada como derivación del árabe abal Tāriq (جبل طارق), o "montaña de Tariq", en recuerdo del general Táriq ibn Ziyad, quien dirigió el desembarco en este lugar de las fuerzas del Califato Omeya de Walid I en el 711. Integrada en la Corona de Castilla desde la segunda mitad del siglo XV, fue ocupada en 1704 por la escuadra angloholandesa en apoyo del pretendiente Carlos III de España durante la Guerra de Sucesión Española, al término de la cual, fue cedida a la corona británica en aplicación del Tratado de Utrecht en 1713. Desde los años 1950, el devenir político de Gibraltar ha sido objeto de controversia en las relaciones hispano-británicas. Es uno de los dieciséis integrantes de la lista de territorios no autónomos de las Naciones Unidas bajo supervisión de su Comité de Descolonización. Su soberanía es reclamada por España.
Historia Antigüedad y Edad Media
La península y el peñón de Gibraltar, debido a su situación privilegiada en una de las orillas del estrecho homónimo, han sido conocidos desde la antigüedad. Fenicios y griegos visitaron Gibraltar y la mitología griega identificó el peñón como una de las Columnas de Hércules, denominadaCalpe.
Gibraltar siguió el devenir de la costa meridional de la Península Ibérica, pasando del dominio romano al vándalo, posteriormente al visigodo, para ser parte del Imperio bizantino después, volver de nuevo a manos visigodas, pasando finalmente en 711 a manos musulmanas, junto con el resto del reino visigodo. Hasta entonces no se tiene constancia de ningún asentamiento estable en el territorio. No obstante, la conquista del reino visigodo por los musulmanes conllevó un hecho significativo: la atribución de un nombre que, con algunas variaciones, ha sobrevivido hasta hoy: جبل طارق (Yabal Tāriq, Monte de Táriq) en honor del caudillo musulmán Táriq Ibn Ziyad.
El primer asentamiento permanente data de la época almohade. En 1160 el sultán almohade Abd al-Mumin ordenó la construcción de una fortificación en el territorio, cuyos restos aún forman parte del castillo de esta época. Este pasaría posteriormente a manos del reino taifa de Granada, el cual lo conservaría hasta 1309, fecha en que es tomado por tropas castellanas. En 1333 es conquistado por los meriníes (los tradicionales benimerines), que habían invadido la España musulmana, quienes lo ceden al reino nazarí de Granada en 1374. Finalmente, en 1462, es vuelto a ocupar, esta vez definitivamente, por las tropas del I duque de Medina Sidonia, a cuyo sucesor se le concedió en 1488 el marquesado de Gibraltar, que en 1502 se reincorporó al dominio real. Un año después, los Reyes Católicos le concedieron su propio escudo de armas.
Ocupación y cesión al Reino Unido
En el contexto de la Guerra de Sucesión Española, una flota del bando en favor del pretendiente Archiduque Carlos, formada por navíos ingleses y holandeses, atacó en el verano de 1704 varias localidades de la costa sur española hasta llegar a la bahía de Algeciras el 4 de agosto de 1704, donde tomaron posiciones para el ataque a Gibraltar. Las fuerzas borbónicas defensoras contaban con 80 soldados y 120 cañones, de los que un tercio estaban inservibles, junto con 300 milicianos con escasa o nula instrucción militar, lo que revelará ser insuficiente para hacer frente a la fuerza asaltante que totalizaba 12.000 hombres y 1.500 cañones, y el apoyo de infantes de marina. Entre ellos se encuentra un batallón de 350 soldados catalanes que protagonizarían el asalto terrestre, desembarcando en la playa conocida desde entonces como "Catalan Bay". Tras cinco horas de bombardeos, los defensores accedieron a negociar su capitulación haciendo entrega de la plaza al Príncipe de Hesse-Darmstadt.
La ocupación de Gibraltar supuso el desplazamiento de la mayor parte de su población. El 5 de agosto, el cabildo de Gibraltar presidido por Cayo Prieto Laso de la Vega junto con el gobernador militar de Gibraltar, el general de artillería Diego Salinas, deciden abandonar Gibraltar al no desear prestar juramento de fidelidad al archiduque. A finales de ese mismo año de 1704 tropas hispanofrancesas ponen sitio a la ciudad pretendiendo sin éxito tomarla por las armas. La posesión británica sería reconocida en el Tratado de Utrecht en 1713, que puso fin a la guerra. Por este tratado, España cedía a perpetuidad el peñón a Gran Bretaña sin jurisdicción alguna, estableciéndose, no obstante, una cláusula por la cual si el territorio dejaba de ser británico, España tendría la opción de recuperarlo.
El posterior Tratado de Utrecht puso fin a las hostilidades, y el reconocimiento del pretendiente Felipe como rey de España por parte de Inglaterra a cambio de la cesión de los territorios de Gibraltar y Menorca.
España hizo varios intentos para recuperar Gibraltar durante el siglo XVIII: el primero, ya nombrado unos meses después de la toma de la ciudad y un segundo asedio unos años después del Tratado de Utrecht, en 1727. El más duradero y persistente tuvo lugar entre 1779 y 1783, conocido como El Gran Asedio, pero fue igualmente infructuoso. Al margen de la guarnición británica, en el territorio se fue estableciendo población de origen diverso (fundamentalmente genovesa, pero también maltesa, portuguesa, judía y norteafricana) y finalmente recibió en 1830 el estatus de colonia británica. Durante el siglo XVIII se acordó la creación de una zona neutral en el istmo entre el peñón y las fortificaciones españolas, cuya mitad más próxima a Gibraltar fue ocupada posteriormente por los británicos. La apertura del canal de Suez (1869) subrayó la importancia estratégica de Gibraltar. 
Siglo XX
A principios del siglo XX, las autoridades británicas levantaron la barrera fronteriza (1909), luego popularizada en España como "la verja", en el terreno del istmo. Posteriormente, durante la segunda guerra mundial también se construyó un aeropuerto en dicho terreno, que España no reconoce como británico.
Tras el fin de la guerra, la actitud de las autoridades franquistas se fue endureciendo, posiblemente también como factor de cohesión interna. A principios de la década de 1960, el gobierno español planteó la situación de Gibraltar ante el comité de descolonización de las Naciones Unidas, siendo adoptadas por la Asamblea General las resoluciones 2231, de 1966, y 2353, de 1967, por las que se instaba al inicio de conversaciones entre España y Reino Unido para poner fin a la situación "colonial" de Gibraltar, salvaguardando los intereses del pueblo gibraltareño. En respuesta a estas resoluciones, las autoridades de Gibraltar apelaron al derecho a la autodeterminación y el Reino Unido organizó un referéndum en 1967 para los gibraltareños. En 1969, la constitución otorgada por el gobierno británico estableció el cambio en el estatus de la colonia, transformada en un Territorio Británico de Ultramar (British Overseas Territory).
La concesión de mayor autogobierno fue interpretada por las autoridades españolas como una contravención del Tratado de Utrecht y una maniobra en la dirección equivocada. En 1969 el gobierno español suprimió las comunicaciones terrestres entre España y Gibraltar. Los accesos permanecieron cerrados hasta siete años después de la muerte de Franco, en 1982, tras la llegada al poder del socialista Felipe González, cuando sólo se abrieron al tráfico peatonal. El cierre fue traumático tanto para la economía del Campo de Gibraltar (ya que varios miles de españoles trabajaban en la colonia) como para la de Gibraltar en sí, que sufrió una crisis económica, que hubo de ser contrarrestada mediante la inyección económica de más fondos por parte del Reino Unido.
Siglo XXI
En 2001 España y el Reino Unido anunciaron un acuerdo preliminar que incluía una propuesta de cosoberanía. Sin embargo, este acuerdo no llegó a ser firmado, especialmente al ser ampliamente rechazado por los gibraltareños en un nuevo referéndum convocado por las autoridades gibraltareñas en 2002.
A pesar de ello, más tarde quedó constituido el "Foro Tripartito de Diálogo sobre Gibraltar", formado por los gobiernos de España, Reino Unido y el de Gibraltar, de cuyos trabajos resultó el anuncio el 25 de julio de 2006 de un acuerdo sobre el uso conjunto del aeropuerto, pensiones, telecomunicaciones y tránsito del puesto fronterizo, conocido popularmente en España como La Verja.
En el marco del desarrollo de esta vía de diálogo, el 21 de julio de 2009 se produjo la primera visita oficial a Gibraltar de un miembro del Gobierno español, la del Ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, hecho destacado como histórico por la prensa británica y española, a la vez que controvertido pues despertó muestras de rechazo por algunos sectores tanto en España (Partido Popular y medios conservadores) como Gibraltar (oposición gibraltareña).
Sin embargo, esta mejora de relaciones no se ha traducido en ausencia de incidentes.
Gobierno y política
Desde la adopción de las cartas constitucionales de 1969 y 2006, este último ha desarrollado un nivel de autogobierno. Como Territorio Británico de Ultramar, Gibraltar tiene un Gobernador, designado por el monarca del Reino Unido. El Gobernador es responsable de los asuntos de defensa y relaciones exteriores.
El Gobierno de Gibraltar es elegido para un mandato de cuatro años. El Parlamento unicameral actualmente se compone de diecisiete miembros elegidos.
Todas las partes se oponen la transferencia de la soberanía a España, cuyos gobiernos han solicitado tradicionalmente la devolución del territorio. Por su parte, la posición mantenida por el gobierno británico, de no optar por ningún cambio sin el consentimiento del pueblo de Gibraltar, fue flexibilizada tras las negociaciones de 2002, al aceptar el principio de soberanía conjunta con España. Sin embargo, los partidos políticos locales, con el apoyo de la oposición británica, se opusieron a este acuerdo, reclamando en su lugar la autodeterminación del peñón e instando al Gobierno a realizar una consulta similar a la formulada en 1967.
Estatus de Gibraltar en la Unión Europea
Gibraltar forma parte de la Unión Europea (UE) aunque con un estatus especial. Según el tratado de adhesión del Reino Unido a la Comunidad Económica Europea en 1973, Gibraltar entraba en la CEE como un "territorio europeo de cuyas relaciones exteriores el gobierno del Reino Unido es responsable". Gibraltar es el único territorio europeo que goza de este estatus en la Unión Europea.
Según lo negociado por el Reino Unido a petición del gobierno de Gibraltar, algunas leyes de la UE no se extienden a Gibraltar. Según varias disposiciones del tratado de adhesión del Reino Unido a las comunidades europeas, Gibraltar:
Una declaración común realizada por España y el Reino Unido se anexó a la Constitución Europea (Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, cuya ratificación no llegó a completarse). La declaración se mantuvo en el Tratado de Lisboa de 2007.
El censo electoral compilado para las elecciones europeas de 2004 mostró que, salvo unos pocos, la mayoría de los gibraltareños había ejercitado su derecho a la ciudadanía británica.
Gibraltar fue excluido de las elecciones al Parlamento Europeo por una disposición especial del Tratado que organizaba estas elecciones por sufragio directo, pero esta disposición fue recurrida con éxito ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Como consecuencia de esta decisión, los gibraltareños votaron por primera vez en las elecciones al Parlamento Europeo de 2004, formando parte de la región suroeste de Inglaterra.
Geografía
Gibraltar es una estrecha península situada en la costa mediterránea meridional de la Península Ibérica, entre la bahía de Algeciras y el mar de Alborán, al noroeste del estrecho de Gibraltar. La península consiste en un peñasco de piedra caliza y pizarra conocido como El Peñón. Se levanta abruptamente desde el istmo hasta 411,5 m de altura en Rock Gun Battery, la cumbre más septentrional. Su mayor altura (426 m) se sitúa cerca de su extremo meridional.
Clima
Los veranos en Gibraltar son calientes, húmedos y casi sin lluvias. Los inviernos son suaves y cuentan habitualmente con lluvias. Su temperatura media anual es de 21 °C durante el día y 15 °C durante la noche. Existen dos vientos predominantes, el levante del Este procedente del desierto del Sahara en África, que trae aires más húmedos y aguas más cálidas, y el poniente del Oeste, que trae aires frescos y aguas frías.
Flora y fauna 
Existen más de 500 especies de plantas con flor en Gibraltar. Una de ellas, conocida como Gibraltar candytuft (Iberis gibraltarica) es endémica del peñón.
Con respecto a la fauna, los mamíferos incluyen el conejo, el zorro, el delfín y el macaco de Gibraltar (también conocido como mono de Berbería), posiblemente introducido por los árabes desde el norte de África. Se trata del único primate salvaje que existe en Europa. Aunque son libres para desplazarse por todo el territorio, se suelen aglomerar en la zona del área natural protegida del peñón. Una superstición sostiene que si los monos abandonan el peñón, lo mismo harán los británicos, así que son cuidados por el gobierno local (una situación algo análoga a la de los cuervos de la Torre de Londres).
Economía
La actividad económica de Gibraltar está condicionada por sus limitaciones físicas y la carencia de terreno abierto en la península, que hacen inexistente el sector primario de la agricultura. En el sector secundario, mantiene una pequeña cantidad de industria ligera para consumo interno como el de bebidas. Las fuentes de ingresos principales son por tanto en el sector terciario y de servicios: el transporte marítimo, el turismo (más de siete millones de turistas visitan Gibraltar cada año), las actividades financieras y las relacionadas con los servicios de la administración.
La economía gibraltareña estuvo sustentada tradicionalmente en la provisión de servicios al Ministerio de Defensa del Reino Unido. En 1984, tales actividades constituían el 60% de la economía gibraltareña.
Además, la exención de impuestos con la que cuenta Gibraltar ha provocado que multitud de empresas de juego virtual establezcan sus sedes fiscales en este territorio, convirtiéndolo en uno de los lugares con mayor número de este tipo de compañías del mundo. Hasta 15 casinos virtuales operaban desde Gibraltar a principios de 2006.
Centro financiero 
Fue sobre todo tras la elección de Joe Bossano en 1988, cuando Gibraltar, amparada en su condición de territorio de la Comunidad Europea, al tanto que exenta del IVA y al margen de la unión aduanera, desarrolló una legislación fiscal que la convirtió en un activo centro financiero off-shore, considerado un paraíso fiscal debido a sus ventajosas condiciones fiscales. Se definieron así dos tipos de compañías: las exentas (exempt companies) y las cualificadas (qualifying companies), que, residentes en Gibraltar, no tienen actividad económica ni comercial en el territorio. Estas compañías pagan un impuesto anual no superior a 300 libras esterlinas y pagan un impuesto sobre beneficios testimonial (2% en el caso de las compañías cualificadas; nada si se trata de exentas). Adicionalmente, no existe ningún tipo de control de cambios para las personas físicas o jurídicas residentes en Gibraltar. En septiembre de 2004, Gibraltar tenía 28.000 compañías en su registro, (prácticamente una sociedad registrada por habitante) de las que 8.500 eran impositivamente libres.
Demografía
Dos tercios de los habitantes del territorio son gibraltareños (los nacidos allí antes de 1925 y sus descendientes). Cerca de una quinta parte está compuesta por extranjeros residentes. El resto lo componen la guarnición y sus familias. Cualquier ciudadano europeo tiene derecho a vivir en el territorio.
Como es propio en un puerto mediterráneo, la población actual de Gibraltar tiene un origen diverso: principalmente compuesto de ascendencia británica, andaluza, genovesa, maltesa, portuguesa, así como árabe y judía originaria del norte de África y otros países del sur del Mediterráneo. Actualmente no existe más que una minoría de españoles residentes: los que trabajan en el peñón cruzan diariamente a Gibraltar para volver a sus casas tras la jornada laboral.
Los habitantes de Gibraltar son llamados «llanitos» o «yanitos» (palabra posiblemente procedente del italiano gianni (Giovanni: 'Juan'). La lengua vernácula de Gibraltar, que es una mezcla basada fundamentalmente en el andaluz con gran influencia del inglés entre otros muchos idiomas del Mediterráneo, también se le conoce como llanito.
Cultura
La cultura de Gibraltar refleja los orígenes diversos de los gibraltareños. Al igual que los demás Territorios Británicos de Ultramar, la única lengua oficial es el inglés, lengua por tanto del gobierno, comercio, educación y de los medios de comunicación. La gran mayoría de los gibraltareños también habla el español. No obstante, la lengua vernácula, el llanito, es una mezcla basada fundamentalmente en el español andaluz con gran influencia del inglés entre otros muchos idiomas del Mediterráneo.
(De Wikipedia y otras fuentes)
El Rey acudirá a Algeciras para apoyar la labor en el Estrecho de la Guardia Civil
El Rey viajará la semana que viene a Algeciras para apoyar a la Guardia Civil en la labor que efectúa en aguas del Estrecho de Gibraltar, y que consisten desde la protección de los pescadores que faenan en áreas en torno al Peñón, como combatir el narcotráfico y el crimen organizado.
Un portavoz de la Casa del Rey ha confirmado a Europa Press que don Juan Carlos se desplazará la semana próxima a Algeciras con el fin de visualizar el respaldo de la Corona a la labor que la Guardia Civil realiza en la zona, tal y como ha avanzado el diario 'Abc'.
Entre las tareas que habitualmente realiza la Benemérita en las aguas del Estrecho, normalmente centradas en la lucha contra los tráficos ilícitos y la inmigración, la Guardia Civil ha tenido últimamente que escoltar a los barcos gaditanos que faenan en las aguas que rodean al Peñón y que, desde marzo, sufren el acoso de la policía de Gibraltar, apoyada en algunos casos por la Royal Navy.
El Gobierno de Gibraltar, que dirige Fabián Picardo, rompió unilateralmente en marzo el acuerdo vigente desde 1999 con los pescadores gaditanos, a quienes se les permitía pescar sin restricciones dentro de las tres millas que Reino Unido y Gibraltar reclaman como aguas de su jurisdicción -- pero que España no les reconoce-- siempre y cuando no se acercaran a menos de 225 metros de la costa. Ahora el Gobierno gibraltareño les quiere imponer nuevas condiciones para poder pescar en las aguas en disputa.
Debido a que el Gobierno del PP dio por muerto el Foro de Diálogo sobre Gibraltar que formaban los Ejecutivos de España, Reino Unido y el Peñón las negociaciones para buscar una solución a los impedimentos a los pescadores se están llevando directamente entre los propios afectados y el Gobierno de la roca, sin que por el momento se haya alcanzado una arreglo, a pesar de los llamamientos al diálogo tanto de Madrid como de Londres.
El conflicto entre Gibraltar y los pescadores gaditanos empujó incluso al Gobierno a aconsejar a la Reina que se abstuviera de viajar a Londres para celebrar con el resto de monarquías el 60 aniversario del reinado de Isabel II.
La presencia de don Juan Carlos en Algeciras se producirá, además, unos días después de la visita oficial que, desde el lunes, realizan en Gibraltar los condes de Wessex, por la que el Gobierno español ya ha expresado formalmente al Gobierno británico su disgusto y malestar.”
(De “Te interesa”, 13/06/2012)
¡Qué incomodo resulta caminar cuando se introduce una "china" o piedrecita en nuestro zapato!
Pues no otra cosa viene ocurriéndole a España desde hace varios siglos, por mor de aquella Guerra de Sucesión entre los Austrias y los Borbones, dos dinastías que con tal de obtener la corona dejaron a España medio desmantelada, en lo social, en lo político y en lo territorial. Basta repasar cualquier tratado de historia para conocer en profundidad lo acaecido.
Y hoy, en pleno siglo XXI, cuando los problemas de bienestar y supervivencia económica parecen ser el objetivo primordial de todas las naciones, en esta “vieja” Europa permanece una controversia que le hace no sólo más vieja, sino arcaica.
Cuando en todos los foros internacionales las potencias civilizadas han clamado y apoyado el fin de la era colonial y exigido la descolonización, los “hijos de p…érfida Albión”, vulgo ingleses, siguen abroquelados en un problema que ellos mismos han enquistado tanto que ni saben ni pueden ni menos quieren resolver.
Ya les aconteció en las islas Malvinas (que UK mantiene en su soberanía por su atávica terquedad y por sus reminiscencias del imperio que tan mal administraron y perdieron), pero mucho más les “aprieta el cilicio” en el trozo más meridional del oeste de Europa, ese continente, esa unión de naciones, a la que los británicos aplican la teoría castiza del “ni contigo ni sin ti”, pues no se quieren integrar del todo ni se quieren separar del todo. Probablemente porque “Money is Money”.
Bueno, pues mientras tanto, como los gibraltareños son como los gatos del patio de vecindad, que grandes escándalos no arman pero se pasan el día mayando, al gobierno británico –una de cal y otra de arena— no se le ha ocurrido nada mejor que enviar a la roca gibraltareña a uno de los hijos de su Queen sexagenaria en reinado, para que así esos poco miles de habitantes que conviven en la roca con los macacos salvajes se sientan, por lo que parece, felices.
Pero especialmente felices por aquello de “hacer la puñeta” (no pido perdón por la expresión porque está muy lejos de ser una “palabrota”), ya que en plena discusión sobre si los pesqueros españoles pueden acercarse a la roca media milla más o menos, con patrulleras españolas e inglesas ”jugando a los barquitos”, en medio de las celebraciones sobre la soberana de ese “su” territorio, no se les ocurre ni más ni menos que proyectar en la noche sobre la roca de Gibraltar una foto o retrato en grande de la reina inglesa.
La verdad es que Isabel II me parece demasiado respetable como para que se le estampe contra la roca y se le utilice como medio de “hacer rabiar” a los españolitos de las zonas próximas, además de al gobierno español, que ha de soportar todo tipo de impertinencias.
Pero de todas maneras, esa provocación que raya lo barriobajero, lo “caradura”, diría yo, por aquello de la dureza de la roca, no merece más que la repulsa y una adecuada respuesta con elegancia, cual puede ser que el Rey de España gire pronto la visita a las proximidades que ha sido anunciada.
No estamos, desde luego, en tiempos de confrontaciones, y menos por honores perdidos ni por trozos de tierra y piedras, cuando entre las primas de riesgo, las “sobrinas” de los desempleos, las crisis durísimas, están haciendo malvivir a una buena parte de la población española, hermanada en desdichas con la de otros países europeos.
Pero tampoco es admisible, a menos de que la desvergüenza sea la norma de conducta,que en el "gobierno" del peñón lo parece, que se vaya buscando como siempre mantener una soberanía, no ya inglesa, sino gibraltareña, que de facto es lo que impone el Reino Unido.Recuérdese lo acontecido en Arabia, en Egipto, en Palestina, en la India, etc. etc.
Memorias de la Historia…,sí, porque habría que dar unos cuantos azotes “retroactivos” a los políticos y mandamases de aquellos tiempos del Tratado de Utrecht y posteriores decisiones respecto de Gibraltar, al igual que ahora habría que atar un mono macaco de los muchos que pueblan los altos de la roca a las piernas de cada gibraltareño, para que mientras van ideando cómo crear organizaciones que inviertan en el extranjero y evadan impuestos, para depositar las ganancias en el Peñón, mientras van “distraídamente” albergando narcotraficantes y otros facinerosos, aprendan que no son nadie sin "mamar" de UK, porque no tienen tierra ni para cultivar una lechuga.
En fin, que esta piedra, más bien “piedrón”, o peñón, en el zapato de España, podría tener fácil remedio si se actuara al revés de cómo se está haciendo: En vez de caminar con la “china” en el calzado, pues…quitarse el zapato, o sea, olvidarse de los “llanitos” y de sus mentores, esos ingleses tan acostumbrados a lo largo de la historia a asaltar y a expoliar, que se encontrarían (tan tacaños como son ellos) con el despilfarro de tener que alimentar con sus suministros y  a una pandilla de "medio andaluces" aprovechados que se han instalado en Gibraltar para hacer como los buitres, que solamente comen los despojos ajenos.
Claro, que como actualmente es la Unión Europea la que nos manda lo que hacer, igual escucha los “warnings” de los hijos de la Gran…” del otro lado del canal, y nos obliga hasta a mantener gratis a los gibraltareños y a apuntarles al paro… ¡Seguro que lo agradecían, “rapiñeros” que son ellos…!
En resumen, los ingleses seguirán haciéndose los “ídem”, los “llanitos” seguirán aprovechándose de la cercana España, y los españoles –próximos o lejanos— seguiremos con la piedrecita en el zapato y con ese “cabreo” ancestral que nos provoca todo lo de las Islas Británicas, porque, como ellos circulan por la izquierda (menos en Gibraltar), nos los encontramos siempre de frente…
“En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser”.- William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA