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26 mayo 2014

Elecciones: El día después.- Ucrania tiene nuevo Presidente y renace la esperanza Las elecciones al Parlamento Europeo muestran en España la debilidad de los partidos mayoritarios

“El oligarca Poroshenko gana las presidenciales con amplio apoyo
  • ·  El empresario logra entre un 55% y un 57% de los votos, según los primeros sondeos

      
    (Pilar Bonet,  Kiev 25 MAY 2014, en “El País”) 
    El empresario Petro Poroshenko, de 48 años, es el vencedor de las elecciones presidenciales de Ucrania, a gran distancia del resto de los candidatos, si se confirman las encuestas a pie de urna que le atribuyen más del 57% de los votos emitidos. En segundo lugar figura la ex primera ministra, Yulia Timoshenko, con un 12,39%, según el sondeo conjunto realizado por los cuatro principales institutos sociológicos de Ucrania. Otras encuestas dan porcentajes parecidos, por lo que todo indica que, al haber superado limpiamente la barrera del 50%, no será necesaria una segunda vuelta electoral para que Ucrania tenga un nuevo y legítimo presidente.
En una comparecencia celebrada media hora después de concluir las elecciones, Poroshenko manifestó que miles de tártaros de Crimea y centenares de miles de habitantes de las regiones orientales del Estado habían votado también en las elecciones, pese a las dificultades y los peligros para su vida. “Podemos decir de forma firme y convincente que ha votado toda Ucrania y que ésta es la elección de toda Ucrania”, manifestó. Poroshenko, al que algunos llaman “el rey del chocolate” por sus actividades empresariales como gran productor de bombones, anunció que sus primeros pasos estarán destinados a “acabar con la guerra y el caos” y traer la paz a Ucrania. Afirmó que defenderá los intereses y la seguridad de los habitantes
de las regiones del este del país y que dará prioridad a la seguridad y defensa. También dijo que Ucrania ha apoyado el Estado unitario y su futuro europeo. “El 85% de los ucranios apoyaron el camino europeo para Ucrania”, manifestó, y señaló que el trabajo de su Administración se regirá por la idea proeuropea.
En tercer lugar, de forma inesperada, siempre según las encuestas, se clasificó el radical Oleg Liashko, con un 8,6%; en cuarto, el exministro de Defensa Anatoli Gritsenko, con un 6,3%, seguido de Serguéi Tigipko, con un 4,7%. Los candidatos ultranacionalistas y derechistas, Oleg Tiagnibok y Dimitri Yarosh, con 1,45% y 1,08% respectivamente, están en puestos de cola de la veintena de pretendientes que finalmente se enfrentaron en la liza. La participación electoral osciló según las regiones. La más alta fue en las regiones del oeste del país, como Lvov, Ivano Franko y
Transcarpatia, donde a las cuatro de la tarde se había superado el 52%. En su conjunto, a esa hora había votado el 45% del censo. En la provincia de Donetsk, los grupos armados de la proclamada República Popular de Donetsk impidieron las votaciones en muchas localidades.
Poroshenko es oriundo de la región de Odesa, habla inglés y rumano, y estudió relaciones internacionales y economía en Kiev. Ha sido diputado en la Rada Suprema (Parlamento), secretario del Consejo de Seguridad de Ucrania (de febrero a septiembre de 2005) y jefe del consejo del Banco Nacional de Ucrania de 2007 a 2012, así como ministro de Exteriores, de 2008 a 2010, y ministro de Desarrollo Económico y Comercio, de marzo a noviembre de 2012. Suave en las formas, pero resuelto en los contenidos, Poroshenko es visto por muchos de sus conciudadanos como la persona que puede encauzar
las medidas económicas y políticas necesarias para sacar al país de la crisis y afirmar los intereses nacionales ante Rusia con eficacia y firmeza, pero sin estridencias.
Durante el último medio año, Poroshenko ha demostrado también su valentía física personal, al subirse a una excavadora para frenar a unos manifestantes que intentaban tomar por asalto la sede de la Administración Presidencial en otoño y posteriormente, en marzo, al acudir a Simferópol, la capital de Crimea, en un intento fallido de entrevistarse con las autoridades locales e impedir la secesión. Poroshenko anunció que su primera visita como presidente será a Donbás, la región minera e industrial del este de Ucrania que se ve agitada por una oleada de separatismo apoyado desde Rusia.
En lo que se refiere a Yulia Timoshenko, la opinión más generalizada es que, tras su estancia en la cárcel donde fue recluida siendo Víctor Yanukóvich presidente del país, la ex primera ministra no ha llegado a reconectar con la realidad política y que su programa resultaba vago y demagógico. En Kiev, la capital, se celebraban también elecciones a alcalde, en las que el campeón de boxeo Vitali Klichkó confirmó su posición de favorito. Klichkó y Poroshenko forman parte del mismo equipo y ambos compartieron el júbilo de la victoria en su cuartel electoral, en las dependencias del Arsenal, el museo de arte moderno de Kiev.
En la capital, la afluencia de votantes era masiva en colegios visitados por esta corresponsal en distintos puntos de Kiev, en la orilla
izquierda del Dnieper, y en el barrio de Sviatoshin, en las cercanías de las dependencias de la fabrica de aviación Antónov. La mayoría de los ciudadanos interpelados confirmaban su intención de votar por Poroshenko. “Es un oligarca pero da trabajo a miles de personas”, afirmaba Galina, una jubilada que en el pasado había votado por el líder comunista Petro Simonenko, que se retiró de la campaña.
Kiev es una ciudad de aluvión donde convergen personas de todo el país. Entre los electores con los que habló esta corresponsal se encontraba Yelena, profesora de literatura ucraniana nacida en Slaviansk. Elena, de 36 años, estudió filología ucrania en aquella ciudad de la región de Donetsk, que hoy es uno de los focos más duros de la guerra, y según afirma “el ucranio que se habla en los pueblos de aquella provincia es tan limpio y tan auténtico como el de otras regiones”. La profesora dijo estar considerando la posibilidad de trasladar a Kiev a su madre, a la que la guerra obliga a refugiarse en un sótano de forma intermitente. Entre los que votaban en Kiev había también gente venida de Crimea y del este del país.”
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"Los populares esperaban movilizar a seis millones de sus votantes más fieles y sólo fueron cuatro
Mariano siempre cae de pie: El PP vence por los pelos a la peor versión del PSOE y al voto de castigo
Después de dos años y medios de durísimas medidas, los de Rajoy reciben un exiguo e insuficiente voto de confianza
(Ana I. Martín / El Semanal Digital, 26 de mayo de 2014)
 "A la primera reválida la ciudadanía le da a Rajoy un aprobado raspado"
 Aviso muy serio al PP de Rajoy y fin de la era Rubalcaba en el PSOE
 Podemos…. ¡Terminar de fastidiarla!
 Desplome del PP y el PSOE y subida alarmante de la extrema izquierda de Podemos 
Mariano Rajoy siempre cae de pie. Tantas veces como le han dado por herido mortalmente en estos dos años y medio de durísimas medidas, y a la primera reválida la ciudadanía le da un aprobado raspado en las urnas.
La victoria en las elecciones de este domingo por 16 escaños frente a los 14 del PSOE y tres puntos (26,6% frente a 23%) es más que eso.
Es, al margen de la lectura de la abrupta caída del bipartidismo, la pista de despegue de los populares hacia un reto mucho mayor: el de los comicios municipales y autonómicos de dentro de doce meses, en los que el PP se jugará su enorme poder territorial.
Los populares confiaban en este triunfo, y de hecho todas las encuestas les daban como favoritos desde el mismo momento en que el presidente anunció que Miguel Arias Cañete era el elegido.
Sin embargo el serio revés que sufrió el candidato en el ecuador de la campaña les hizo dudar por primera vez.
A la vista está que el PP supo sobreponerse a la ofensiva monotema
del PSOE contraatacando con su mejor baza: la recuperación económica, unida a la desastrosa herencia de los socialistas.
Fruto de unas recetas que, como se ha hartado de repetir el presidente durante estas semanas, si se aplican en Europa llevarán a la UE al desastre.
Rajoy y los suyos se pasaron toda la contienda electoral apelando al voto útil y a su electorado de siempre. Intentando reconciliarse con el votante tradicional del PP, dolido y decepcionado por la subida de impuestos, la política antiterrorista y el caso Bárcenas.
Y no les salió bien, porque los seis millones de votantes pata negra que confiaban en movilizar se quedaron en 4.059.925 votos. Supo a poco.
Así que fue una victoria tan agridulce que los operarios se apresuraron a desmontar el balcón donde el PP celebra sus triunfos porque no se iba a asomar nadie.
Celebraciones, cero, y en la calle Génova apenas un par de decenas de personas.
La de este domingo es una victoria de Rajoy y Arias Cañete, pero también lo es de las estructuras regionales y provinciales.
Al comienzo de la precampaña el jefe de filas de los populares y María Dolores de Cospedal advirtieron a todos los barones regionales y provinciales que ojo con pensar que ésta no era su guerra, porque lo era de todos.
Y ellos se lo tomaron al pie de la letra, conscientes de que serán los próximos en examinarse.
Mención especial merece el cuestionado coordinador de la campaña, Carlos Floriano, que a las once de la noche se quitó un peso de encima.
Muchos le culparon de los errores de Arias Cañete y este triunfo acalla parte de las críticas que había venido recibiendo.
Las referidas al duelo con el PSOE, porque en la parte de la movilización hay mucho examen de conciencia que hacer.
Con la de este domingo el PP continúa una racha que dura ya cinco años y que arrancó, precisamente, en las europeas de 2009.
No obstante es tiempo para la reflexión, y los populares lo harán este mismo lunes: a las cinco de la tarde Rajoy ha convocado al Comité Ejecutivo Nacional”
“EL BIPARTIDISMO ESTÁ HERIDO, NO MUERTO
Si Izquierda Unida se hubiera encaramado en un resultado similar al obtenido por Le Pen en Francia, sí se podría hablar del fallecimiento del bipartidismo en España. No ha sido así. Tanto el Partido Popular como el PSOE han sufrido un considerable revés pero continúan siendo, y con mucha diferencia, las dos principales fuerzas políticas españolas.
A la derecha del PP, no hay opciones relevantes. El partido de Rajoy llegará a las elecciones generales, lógicamente, representando al centro-derecha. A la izquierda del PSOE, sí existen un par de agrupaciones al menos que le pueden inquietar. Los socialistas deben reconducir su partido si no quieren verle seriamente cuarteado. Hay quienes creen que debe virar a babor. Hay quienes piensan todo lo contrario, que debe recuperar el centro-izquierda porque el ultraizquierdismo es pasajero y está en función de una crisis económica feroz y prolongada.
En todo caso, el bipartidismo está herido, no muerto. El voluntarismo de determinadas instancias políticas y de algunos comentaristas y tertulianos crea ahora en los medios de comunicación un clima que no responde a la realidad. Dar por muerto al bipartidismo en España es un ejercicio de especulación voluntarista.
Luis María ANSON de la Real Academia Española”
(De “El Imparcial”, 26/05/2014)
Ayer domingo fue un día de muchas elecciones, en muy diferentes partes del mundo.
Para comenzar, en la Unión Europea, elección de integrantes del parlamento, en los países integrantes.
En Ucrania, elecciones a Presidente de la nación, después de que Yanukóvich (que aún se estaba autoproclamando presidente) huyera con el saco bien lleno.
En Colombia elecciones presidenciales también, con dos candidatos en liza: el actual presidente y un candidato de la derecha.
Y en Egipto, para completar el panorama, elecciones legislativas y presidenciales.
De los cuatro procesos electorales me llama la atención preferente lo referido a la Unión Europea, que ha significado la misma abstención de voto que en anteriores ocasiones, pero un cierto cambio de preferencias partidistas, con incremento de votos de extrema derecha (Francia, por ejemplo) y de rebeldes e insumisos (España y otros países del centro).
Esta elecciones europeas han significado en España el surgimiento de unos cuantos “partiditos”, de diferentes tendencias ideológicas e imposibles de armonizar, porque si unos cojean por la izquierda, los otros lo hacen del dedo gordo del pie de ese lado, y otros dicen que ellos se inclinan por el voto en blanco, pese a lo cual se presentan.
De estas elecciones europeas se ha derivado en España un vapuleo a los dos principales partidos, porque han perdido un montón de diputados, pero especialmente han significado un vapuleo más al partido de los socialistas que, de la mano de esa “valenciano” que no querría en mi tierra valenciana, se han dado un batacazo, yas que el timonel Rubalcaba ha quedado en paños menores, al montar toda su campaña en falsos alegatos de machismo de sus oponentes, sin transmitir ni una sola idea constructiva para Europa, quedó demostrado que si el líder está caduco, sus ideas más aún.
No le ha ido a la zaga el Partido Popular en el gobierno, que se ha salvado de milagro, obteniendo una victoria pírrica, por solamente dos diputados, y perdiendo un tercio de los que había obtenido en la anterior legislatura, sin duda porque el desgaste de gobernar es alto, pero la extraña política económica ha aumentado su caída.
Y si seguimos a los medios de comunicación, de la pléyade de partiditos que se han comido las migajas perdidas por los dos grandes partidos, además de Izquierda Unidad, que ha aumentado un poquito, ha surgido –según los chicos de la prensa—el “poderoso” llamado “Podemos”, sobre cuya denominación tengo la duda de si muy pronto no cambiará la “p” por la “j”…
Y ese podemos, izquierdoso, insumiso, rebelde, ha conseguido cinco escaños, sin duda fruto de sus stages en las calles y de sus algarabías, pidiendo una honestidad que dudo ellos mismos sean capaces de practicar.
Conclusión: Aviso a los grandes, y creación de una constelación de “moscas cojoneras” (con perdón), que me temo se diluirán en Europa en cuanto haga un poco de frío mayoritario.
Así que estas elecciones europeas han acabado de defenestrar al líder socialista tan obsoleto que se aferraba al poder porque siempre ha estado en él de una u otra manera; y han servido de seria advertencia al impávido presidente del gobierno, que ha visto como su política económica fracasa por falta de sentido común y de una divulgación pedagógica y eficaz.
Las segundas elecciones a las que me refiero ahora son las de
Ucrania, ese pingajo de país, medio devorado por Rusia y abandonado por la Unión Europea y USA.
La verdad es que el pueblo ucraniano ha dado una gran lección de civismo y ha desmentido a quienes imputaban la defenestración de Yanukóvich a un movimiento de extrema derecha solamente, cuando era todo un país el que clamaba contra sus abusos y tropelías.
Bien sé que en las regiones orientales de Donetsk y Lugansk los infiltrados especialistas rusos, disfrazados de patriotas, han impedido prácticamente el voto, y que Crimea está ya bajo la bota rusa; pero no olvido lo que me cuentan y narran también las crónicas, sobre que muchas gentes de esas regiones orientales se han desplazado hasta Kiev, la capital, para poder ejercer su derecho al voto.
Todo un modelo de civismo.
Y, por otra parte, la elección de Petro Poroshenko por mayoría absoluta, frente a una Yulia Tymoshenko con exiguos votos, ha evidenciado que en Ucrania el pueblo se ha espabilado, o al menos lo parece.
Poroshenko tiene el peligro de todos los oligarcas rusos y ucranianos: que ansía el poder, y sin duda quiere ganar dinero. Pero al menos ha demostrado en los tiempos de las protestas de la plaza, de Maidan Nezalechnosti, una valentía sorprendente, manteniéndose en ellas pese a los riesgos y los peligros de venganza desde el criminal Yanukovich.
Poroshenko es el “rey del chocolate” en Ucrania y en buena parte de Europa, y espero que no se convierta en el “chocolate del loro”, que no falle a su país.y que como dicen que es multimillonario no necesite robar al pueblo como hizo su predecesor pro ruso.
Ello dependerá de que la indómita y peligrosa Yulia Tymoshenko se aquiete en su papel de perdedora y ejerza una leal oposición, sin
promover esas conspiraciones pseudo-patrióticas tan propias de ella.
Una vez más, cuando parece que Ucrania podría encarrilarse hacia la paz, mediante un líder que quier –lo dice, al menos—el diálogo con todos, hay que repetir esa frase que tanto dicen los ucranianos.
¡Slava Ukraina! (¡Gloria a Ucrania!)
Y, como dicen los toreros en España: ¡Que Dios reparta suerte!
Falta hace…

“Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores” . Winston Churchill (1874-1965) Político británico.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

23 mayo 2014

Tiempo de elecciones: Europa busca reafirmarse y Ucrania intenta sobrevivir

“Las mentiras de Putin: En Ucrania se percibe la voluntad de votar el domingo y la de permanecer en el país
(Bernard-Henri Levy, en "El País", 23/05/2014))
Vuelvo a Ucrania.Pero esta vez, a varias de esas ciudades de habla rusa situadas en el este del país que, según los medios de comunicación occidentales, son presa de la fiebre separatista.
Estoy con Petro Porochenko, el candidato favorito para las elecciones presidenciales del domingo, al que no veía desde que visitó a François Hollande en abril, en una campaña como las estadounidenses, con tres ciudades cada día, y en cada ocasión el mismo ritual, a toda marcha, desde la pequeña rueda de prensa hasta el gran mitin popular ante la basílica, pasando por el reparto de fotos dedicadas del candidato.

Y de esta breve inmersión en la otra Ucrania, de esta estancia en esas tres ciudades de nombres impronunciables (Dnipropetrovsk, Dniprodzerjynsk, Kryvyï Rih), de historia a veces inquietante (Dniprodzerjynsk se llama así en homenaje a Felix Dzerjinski, el fundador de la Checa), de esas instantáneas de campaña a la sombra
de altos hornos o de minas, de plantas de carbón y acerías que no han cambiado desde la época soviética (y que son un insulto para las normas más elementales de seguridad y protección del medio ambiente), extraigo algunas observaciones que, en vista del debate actual, pueden tener interés.

En primer lugar, hay mucha gente. El hombre de Kiev celebra en las tres ciudades unos mítines espectaculares: la plaza local, abarrotada; una multitud increíble de banderas y pancartas; y, en cada ocasión, decenas de miles de hombres y mujeres que se han acercado a escuchar al patriota ucranio (¡y desde qué distancia! En Kryvyï Rih dicen que, con varias decenas de kilómetros de extensión, sobre las minas y los depósitos de minerales, es la ciudad más larga de Europa, y posee la mayor línea de tranvía del mundo).

En segundo lugar, la gente está contenta de estar allí. Rostros ennegrecidos por los pozos damnificados en las orillas del Inhulets, obreros cansados por el trabajo del complejo metalúrgico de
Dniprovsky, cincuentones desdentados cuya esperanza de vida no llega, según me dicen, a los 60 años: todos aplauden al candidato, o, mejor dicho, le ovacionan. Le ovacionan cuando promete unas condiciones de trabajo más humanas, salarios acordes con los que él paga en sus propias empresas, jubilaciones decentes, le ovacionan cuando evoca el martirio de esta región desangrada por las guerras, las revoluciones y contrarrevoluciones, el genocidio ucranio, la ocupación nazi, pero también le ovacionan, igual que en Kiev, cuando expresa su voluntad de luchar contra la corrupción y por la transparencia, contra el Gobierno de sinvergüenzas y por el respeto a los derechos.

Las grandes democracias deben proteger el proceso electoral porque este fortalecerá al país y a Europa

Más satisfactorio y sorprendente todavía, en estos territorios sobre los que planea la sombra de los antiguos reinos cosacos, en estas ciudades arruinadas pero que, como Dnipropetrovsk, presumen de
albergar las fábricas de las que salieron los primeros misiles balísticos intercontinentales de la URSS, es el hecho de que escuchen a Porochenko cuando, al tiempo que anuncia su intención de proteger los derechos de las minorías y, por tanto, su lengua, afirma su apego innegociable a ese crisol nacional que es la lengua ucrania: “No existen ucranios del oeste y ucranios del este, no hay ucranios rusófonos y ucranófonos, no existe más que una Ucrania, única e indivisible”; y tengo la impresión, por un breve instante, de estar oyendo de nuevo a un gran estadounidense cuando, hace 10 años, dijo por primera vez que “no hay estados azules ni estados rojos, solo existe Estados Unidos”.

De los asistentes, los que he podido entrevistar, algunos salen conquistados, otros son más escépticos y seguirán siendo fieles, me dicen, al Partido de las Regiones, del huido presidente Yanukóvich, pero todos están de acuerdo en dos cosas:

Una, la voluntad de votar. Con miedo, por supuesto, al peligro de que les rompan la cabeza los matones llegados de Rusia para entorpecer las elecciones. Pero con la firme intención de superarlo. Con el empeño feroz de derrotar a los rompeurnas, y la esperanza de ver que los cientos de observadores enviados por la comunidad internacional cumplen su tarea y les ayudan a deshacerse de ellos.

Y otra, la intención igualmente firme de permanecer, pase lo que pase, en Ucrania. Queremos que nos traten mejor, dicen. Ya no soportamos más esta miseria, esta desolación. Queremos un Estado descentralizado que nos permita administrarnos mejor. Pero descentralizado no es federalizado. Y que no crean que vamos a caer en la trampa tendida por Putin cuando propone un federalismo que no es más que la disolución de Ucrania.

Es decir, esta no es, ni mucho menos, la terrible situación que esbozan los creadores de opinión occidentales.

La Ucrania de habla rusa es mucho más ucrania de lo que quieren creer quienes buscan buenas o malas razones para ceder ante Putin.

Y el mensaje —¿hace falta decirlo?— se dirige también a ellos, a nosotros, a todas las posibles víctimas de una guerra semántica que, como de costumbre, es decisiva.

No a esta federalización que no es más que una forma educada de hacer vulnerable al país para absorberlo, tarde o temprano, en el seno de la dictadura.

Y sí a un proceso electoral que, al fortalecer a Ucrania, fortalecerá también a Europa, y que, por tanto, las grandes democracias deben garantizar y proteger.”

(Bernard-Henri Lévy es filósofo.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia)


(Mikel Ayestarán en ABC, 23/05/2014)

Piden una vez más a Rusia de manera «oficial» que reconozca su desanexión de Kiev, pero de momento Moscú no ha dado este paso

Tras ocupar una docena de edificios públicos y organizar un referéndum carente de cualquier mínima garantía, los separatistas piden una vez más a Rusia de manera “oficial” que reconozca su desanexión de Ucrania, pero de momento Moscú no ha dado este paso. El silencio ruso, unido a la condena pública del uso de las armas por parte de Rinat Ajmetov, hombre más rico de Ucrania y dueño de la mayor parte de empresas de Donetsk y Lugansk, han frenado el ritmo de un proceso cada día más estancado.

Para combatir esta sensación de punto muerto Pavel Gubarev, autoerigido gobernador popular de Donetsk, ha presentado en sociedad el movimiento "Novorossia" (Nueva Rusia), que recupera el nombre histórico empleado en la época zarista para referirse al sur y  este de
la actual Ucrania, conquistada por el imperio ruso en el siglo XVIII. Tras proclamar la independencia de Donetsk y Lugansk la “Nueva Rusia” debería extenderse a Odesa, Jersón, Mykolaiv, Dnepropetrovsk y Zaporizhia para completar sus fronteras históricas, el auténtico cinturón industrial y la zona más densamente poblada de la actual Ucrania.

La bandera elegida por el movimiento es la cruz de San Andrés, “porque Rusia y Cristo están con nosotros”, según Gubarev, y ya tienen su periódico semanal en la calle para “seguir los pasos del ‘Iskra’ publicado por Lenin en la revolución de 1917”. Legado comunista y religión de la mano una vez más en esta nueva forma de panrrusismo exportada con éxito por Vladimir Putin a Crimea y que
en Donetsk y Lugansk tratan de implementar lo más rápido posible.

Las dos provincias separatistas tratan de que su mensaje cale en las otras cinco con las que cuentan para reinstaurar Nueva Rusia y con las que comparten legado histórico y cultural y el ruso como lengua mayoritaria. Después llegará el momento de decidir si se mantiene como estado independiente o pide la incorporación a la Federación Rusa, tal y como hizo Crimea.”


Estamos en vísperas de la celebración de la elecciones al Parlamento Europeo, en ni más ni menos que veintiocho países de la Unión Europea, coincidentes (no sé si por casualidad o por maléfica brujería) con las convocadas elecciones presidenciales en Ucrania.

Anticipo que ninguno de los dos comicios convocados me inspiran la menor confianza y mucho menos me dirigen hacia el optimismo.

Cierto es que las elecciones en la Unión Europea hay que presumirlas sin violencias ni irregularidades llamativas, es decir, hay que dar por supuesto que se ajustarán a las reglas electorales elementales en la democracia. ¡Faltaría más!

Pero esas elecciones están revestidas del tono grisáceo de la general indiferencia y se hallan bajo el síndrome de una más que previsible abstención.

No puedo opinar de otros países, pero desde luego, en España la campaña electoral para elegir parlamentarios de la Unión Europea ha sido una riña callejera y sin estilo, especialmente provocada por la ineptitud de un Arias Cañete que debe ser muy buen ministro, pero que es un muy mal estratega y orador (dando al oponente motivos de réplica); y por el “verdulerismo” de una Elena que me causa
vergüenza como valenciano que ostente el homónimo apellido, ya que es manipuladora, a veces soez y barriobajera y siempre cínica, agarrándose al “clavo ardiendo” de un supuesto machismo de su oponente, cuando en su propia formación política existen tantos o más motivos para opinar igual. Y cuando no presenta ni un solo propósito creíble para llevar a Europa ha desvelado.

Y el resto de partidos, bien necesitados todos ellos de mayor soporte popular, ha hecho lo que ha podido, y tal vez recoja las migajas de una decepción general en los votantes, que no se sienten nada llamados a elegir a unos parlamentarios que van a cobrar un sueldo mínimo de diez veces el salario interprofesional español.

Así pues, de las elecciones europeas poco nuevo se puede esperar, salvo el teórico testimonio de por dónde caminan las intenciones de votos, lo cual tampoco es demasiado fiable, porque cuando llega la hora de la elección del representante más cercano es cuando se afina la “puntería” por el elector patrio.

Y las otras elecciones, las presidenciales de Ucrania, son más bien un motivo de tristeza, porque en una tercera parte del país dudo que puedan celebrarse y no creo que en todo caso sus resultado sean fiables.

Por algo Putín (nótese mi acentuación en la última sílaba, que es intencionada) ha venido desplegando a sus secuaces para establecer
una insalvable red de pseudo tendencias pro-rusas, a fin de tener siempre al “ratón” ucraniano cerca del "gato" ruso.

Me llama no obstante la atención que en los sondeos pre-electorales la siempre peligrosa Yúlia Tymoshenko, ahora ya liberada de la prisión política que el sinvergüenza de Yanukóvich le impuso, es decir, que esa mujer medio política medio demagoga, solamente esté alcanzando un diez por ciento de las estimaciones de voto, frente a más del doble del magnate Piotr Poroshenko.

No deja de extrañarme que el pueblo ucraniano esté dando la espalda a quien otrora fuera su heroína, pero me parece que la oligarquía de Poroshenko (como la de Alhkmetov y otros varios) está “comprando” votos para mantener viva la nación ucraniana, ya que a ellos no les conviene ser “cola de león” (Rusia) cuando son “cabeza de ratón” (Ucrania).

Y hay que preguntarse si será posible votar en las regiones orientales de Lugansk, Donetsk y alguna otra, y si no aparecerán, por arte de birlibirloque, unos activistas bien pagados por Rusia para impedir el voto, o al menos coaccionar a los votantes.

Los ucranianos quieren votar, pero los activistas van a coaccionarles hasta el extremo.

Y será una elección castrada, porque se ha extirpado Crimea de forma traumática y se ha intoxicado a la población rusófona con la
amenza de que “viene el lobo” nacionalista, cuando no se han percatado de que el “gran oso” ruso, de la mano de Putín, les va a conducir al servilismo y a la pobreza.

Me escribe un amigo desde Crimea y me cuenta que desde que son “oficialmente” rusos (¿???) los precios se han incrementado entre un 20 y un 50 por 100, y que el trabajo ha menguado casi totalmente.

En fin, y por acabar, deseo que en Europa la afluencia a las urnas aumente y se vote con ponderación y cordura.

Y que en Ucrania, al menos, se pueda votar… sin presiones ni “Put(in)adas”



“Del mismo modo que no sería un esclavo, tampoco sería un amo. Esto expresa mi idea de la democracia” .- Abraham Lincoln (1808-1865) Político estadounidense.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA