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03 octubre 2016

Esta España nuestra: Elegía (en prosa) por un dirigente político que ni alcanzó la gloria ni redimió a su partido.- ¿Quo vadis PSOE?


“La elegía es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido, un sentimiento, etc. La elegía funeral (también llamada endecha o planto en la Edad Media) adopta la forma de un poema de duelo por la muerte de un personaje público o un ser querido, y no ha de confundirse con el epitafio o epicedio, que son inscripciones ingeniosas y lapidarias que se grababan en los monumentos funerarios, más emparentados con el epigrama, otro género lírico” (De Wikipedia)

“NO HACER LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO
No, no seré yo el que haga leña del árbol caído. Pedro Sánchez ha demostrado a lo largo de los últimos años dedicación y esfuerzo. Ha trabajado de forma intensa, ha cosechado aciertos y ha cometido errores. Se equivocó al no dimitir el 20-D tras la derrota del PSOE en las elecciones generales. Acertó el sábado en sus palabras de despedida. Habló con serenidad y con sinceridad. No estalló en improperios contra los que le habían destituido de forma abrupta y se mostró orgulloso de pertenecer al centenario Partido Socialista. Demostró nobleza y buen sentido al despedirse.

He manifestado mi desacuerdo en esta sección de El Imparcial con la política de Sánchez en muy numerosas ocasiones. Tras su dimisión o su destitución prefiero subrayar sus aspectos positivos en lugar de cebarme en sus errores como están haciendo incluso no pocos de los que le elogiaban y se regocijaban con la fórmula de un Gobierno de la izquierda radical.
La política es una larga paciencia, un largo, largo saber esperar. Pedro Sánchez es joven y tal vez las circunstancias le proporcionen nuevas ocasiones de saltar al primer plano de la vida nacional. Se merece, en todo caso, el respeto y la consideración por mucho que de sus posiciones se pueda discrepar. Al enfrentarse con Felipe González no midió bien sus fuerzas porque el expresidente, además de una vasta experiencia, conserva autoridad sólida en su partido y en los foros nacionales e internacionales. Cumplida su hora, cabe esperar del buen
sentido de Sánchez
serenidad en su posición de reserva ante la nueva etapa del PSOE que se inicia ahora con graves dificultades pero alentadoras esperanzas, bajo la dirección de Fernández y Susana Díaz.
(Luis María ANSON, de la Real Academia Española (”El Imparcial”, 3/10/2016)
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelan cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!"

Este poema de Rodrigo Caro viene “como pedrada en ojo de boticario” a la situación que vivimos el pasado sábado, día 1 de Octubre (antaño celebración del “Santo Ángel Custodio del Reino de España", y a quien tal vez habría que volver a invocar), en cuya fecha los integrantes de la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español (PSOE, por abreviar, y creo que ya sobra la “O” de “obrero”) ofrecieron a sus militantes y a los ciudadanos de esta España
que se convulsiona pretendiendo ser todavía la “nuestra”, un espectáculo entre infantil, marrullero y malicioso, de “patio de colegio”, tratando, unos, de conservar la “bola” (entiéndase sillón o poltrona política) y los otros, de arrebatársela, pero procurando que no se notara demasiado. Ni Valle Inclán hubiera podido imaginar esperpento mayor.
Lo anecdótico  y no tanto (gritos, peleas, recesos, secuaces gritando en la calle, filtraciones de lo que era secreto,
propuestas sin ton ni son, urnas piratas, dimes y diretes) casi encubrió lo principal: El PSOE se halla en estado agónico, o casi catatónico, por mor de un dirigente (Pedro Sánchez) y sus acólitos, que han pretendido perpetuar su poder desde el negativismo, frente a otros –los llamados críticos— que han tratado de aprovechar la situación para defenestrar al “chulito” e insensato líder, al tiempo que aupar a los suyos a un poder con el que no saben qué hacer. Ni pueden.
Así, desde “el no es no” (¡vaya perogrullada!) hasta el no querer terceras elecciones consecutivas, se ha ido tejiendo en las penumbras políticas de la izquierda, un pacto incomprensible e inadmisible de los defenestrados con los podemitas, sujetos ambos (para completar el “guiso”) por independentistas catalanes y por alguna otra inaceptable tendencia, para aupar a la presidencia de un “gobierno  mosaico”, por lo atomizado y colorista, a “ése”, al líder, al que lloran los que estaban bajo sus faldas, y que después de aquel “zapatero” de los brotes verdes es la estrambótica expresión de la doblez y marrullería.
Suele usarse la forma literaria de elegía, para lamentarse de manera poética y poner en evidencia el dolor que se siente por alguien o algo.
En esta ocasión prefiero que sea elegía “a modo de”, y por eso la escribo prosaica, aunque con el lamento de que un partido –el socialista— que pese a sus errores, contribuyó en tiempos antañones al desarrollo y gobernabilidad de esta España nuestra, se haya quedado moviéndose “como un pollo sin cabeza”, de aquí para allí, entre “noes” y “síes”, pleno de
vaciedades; en resumen, falto de auténticos líderes, tanto en su dirigencia como en su oposición, dando la penosa impresión de que poco a poco va desintegrándose.
¿Quo vadis, PSOE?
Esto, en España, ¡ay dolor!, ni se sabe ni se espera saberlo.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

27 septiembre 2016

Esta España nuestra: Después de Galicia y Euskadi, sigue el “tinglado de la antigua farsa”. Y el socialista Sánchez de avestruz, ocultándose en la arena política.


“La irresponsabilidad política
Obrar de acuerdo con nuestras convicciones sin preocuparnos de las consecuencias de nuestras acciones es propio de una lógica religiosa, no política. El principal efecto es que los actores se exoneran a sí mismos de lo que sus decisiones deparen

"Obra bien y deja el resultado en manos de Dios”. Esa es la lógica que se ha impuesto en la política española, una lógica religiosa, ejemplo paradigmático de lo que Max Weber describiera como “ética de las convicciones”. El efecto principal de actuar exclusivamente en función de las convicciones, como señalara el sociólogo alemán, es que los actores se
exoneran a sí mismos de las consecuencias de sus acciones, es decir, se convierten en irresponsables. A dónde o a quién se traslade la responsabilidad no es importante: las consecuencias se atribuirán a circunstancias más allá del control de uno, a la mala fortuna o a la perversidad de los demás. Al contrario que la ética de las responsabilidades, que examina críticamente una y otra vez las relaciones entre medios y fines, la ética de las convicciones solo viaja río abajo hasta desembocar en el océano, no permitiendo nunca remontar el curso del río para, a la luz de las consecuencias de las acciones propias, corregir las decisiones tomadas.
Esa lógica pseudo-religiosa actúa como un inhibidor que impide tanto aprender del pasado como anticipar el futuro. Que la legislatura pasada desembocara en una repetición de las elecciones cuyo resultado no solo mantuvo al Partido Popular en el poder sino que reforzó a Mariano Rajoy a costa de los demás líderes
y partidos, no hace mella alguna. Rotos los eslabones del razonamiento causal y sustituidos por un pensamiento doctrinal o ideológico, no hay posibilidad de reconstruir una cadena de actuaciones donde causas y consecuencias estén atadas unas a otras. ¿Que hay unas terceras elecciones? ¿Y a mí qué? ¿Cómo va a ser responsabilidad mía si yo en todo momento he obrado correctamente de acuerdo con mis convicciones más profundas y auténticas? ¿Cómo puede estar mal ser coherente?, se pregunta perplejo aquel que es cuestionado por su proceder.
Lamentarse sobre la irresponsabilidad política tiene un fin: reivindicar una política basada en razones pragmáticas, en cálculos y beneficios, costes y oportunidades, una política, esta vez sí, pensando en la gente, pero no en la gente en abstracto, sino como individuos cuyas vidas pueden ser mejoradas marginalmente gracias a esa cosa tan detestada llamada política. Que se sepa, la política (democrática) sirve para cambiar la vida de la gente a mejor. El político ansía el poder porque es un medio de lograr esos fines. Si tiene mucho poder puede cambiar muchas cosas, si tiene poco puede cambiar menos. Es solo una cuestión de grado. Y los partidos son instrumentos para lograr esos fines, no fines en sí mismos.
El suicidio de un partido o un líder es renunciar a mejorar las vidas de sus votantes
El suicidio de un político o de un partido político no es, como se dice estos días, votar a éste, abstenerse para que gobierne el otro o formar coalición con el de más allá, sino ser incapaz, por supuesta coherencia con unas convicciones inamovibles, de transformar las vidas de la gente, ser irrelevante para aquellos que te eligieron, no devolverles nada a cambio de sus votos. El suicidio del PSOE, como el de Podemos, no está tanto en su incapacidad de gobernar juntos o separados sino en la incapacidad de elegir entre alternativas, de asumir costes, de ordenar las preferencias de forma transitiva, ser coherente con ellas y explicarle a sus votantes cómo y por qué han tomado esas decisiones. Y el suicidio del PP es ser incapaz de entender que sin Mariano Rajoy todo es posible, incluso una gran coalición, pero que con él no se puede hacer nada de lo que requiere el país.
La consecuencia de esta suma de irresponsabilidades es el deterioro del sistema político, incluso su des-legitimación. La cerrazón del PSOE apuntala a Mariano Rajoy, porque priva al PP de incentivos para cambiar de líder. Mientras, la ausencia de crítica dentro del PP convierte al partido ganador de las elecciones en aquel contra el que todos los demás están dispuestos a votar. El PSOE estará satisfecho por haber quedado inmaculado. Lo mismo Podemos: su coherencia brillará en la nada para que todo el mundo la pueda admirar. Gobernará la derecha, sí, pero seguiremos siendo de izquierdas. ¿Qué más se puede pedir? Y mientras, el PP seguirá prefiriendo un
líder tóxico a un acuerdo político razonable e incluyente. Anteponer un líder a las políticas que se quieren llevar a cabo es una mala idea cuando no se tiene mayoría absoluta.
Pero hay otra política posible, una que reconozca que en una sociedad democrática todas las opciones que estén dentro del marco de derechos y libertades compartidos son igualmente legítimas. En Alemania gobiernan los conservadores y los socialistas en coalición. ¿Cómo lo hicieron? Con un método tan sencillo como el de repartirse las diferencias: Merkel intercambió, entre otras cosas, la austeridad presupuestaria por la elevación del salario mínimo. Aquí PP y PSOE podrían hacerlo igual: no hay entre ellos diferencias que no puedan ser graduadas y repartidas, aunque se parta de cero. El PSOE podría lograr la derogación de la LOMCE, subir el salario mínimo, invertir en políticas activas de empleo, etcétera. Y si Rajoy es un problema moral, pues que ponga el problema encima de la mesa y pacte un candidato alternativo. ¿O es que alguien piensa que si Rajoy fuera el único problema del PSOE estaríamos donde estamos?
Gobernará la derecha, pero habremos sido coherentes, sostiene orgullosa la izquierda
El mismo razonamiento sobre el reparto de diferencias serviría para un Gobierno de izquierdas, a la portuguesa (si los números dieran, cosa que no hacen por más que se pretenda). Pero eso requeriría un Podemos que entendiera la diferencia entre llegar al poder para mejorar las cosas (cambiar el sistema)
y llegar al poder para cambiar de sistema y sustituirlo por otro o peor, fragmentarlo con una cadena de absurdos referendos de autodeterminación que obligarían a todos los españoles a votar desastrosamente en torno a líneas étnico-identitarias en lugar de cívico-políticas.
Podemos tendría que dejarse de fábulas y sentarse a pensar qué es lo que puede ofrecer a sus votantes, hoy, aquí y ahora, a cambio de su votos, porque cada minuto cuenta a la hora de devolver a sus votantes las políticas de igualdad y justicia social que les prometieron. ¿Pero eso es lo que quiere Podemos? ¿Seguiría siendo Podemos después de aceptar el juego pragmático de la política democrática, que siempre es incremental?
Es posible otra política. Pero en lugar de asumir responsabilidades, muchos prefieren huir de ellas. En el fondo, Rajoy no es el problema, es la excusa perfecta para que nadie, a izquierda y derecha, tenga que asumir responsabilidades. Y mientras, los votantes siguen huérfanos de políticas que mejoren sus vidas. La política en España se ha convertido en una inmensa huida adelante para evitar asumir responsabilidades.”
(Por José Ignacio Torreblanca, en “El País”, 26/09/2016)
Después de leer y analizar las brillantes y profundas reflexiones del Profesor Torreblanca, la verdad es que poco queda por decir.
Pero uno no puede reprimirse ante tanta insensatez, desvergüenza y egoísmo, como los que Pedro Sánchez (el “redentor” de la que él denomina “sociedad progresista”) ha evidenciado en pocas horas, y una vez más, después de recibir un varapalo descomunal en las dos autonomías en las que se volcó para apoyar las opciones de su partido socialista cada vez más exánime.
Por si no hubieran sido suficientes los dos batacazos que se dio en las elecciones generales (baldías, como se sabe) de diciembre de 2015 y junio de 2016, este chulito de vía estrecha, con apariencias de marrullero “in crescendo”, se ha caído sin solución en la sima de la insidia, la insensatez y la imprudencia política.
No es que los demás líderes políticos sean un
ejemplo de esencias democráticas, ni de modelos a seguir, pero este Sánchez de los socialistas ha sido capaz de batir todos los records de estulticia, cabezonería e ineficacia.
Ya el profesor Torreblanca pone en su sitio a cada grupo y líder, pero con el ciudadano Sánchez se queda corto, porque lo peor es que su conducta y su empecinamiento irritan a cualquiera que tenga un poco de sensatez.
Si habrá o no nuevas elecciones generales resulta imposible de vaticinar, y más bien parece que hacia eso nos encaminamos.
Pero que la degradación de la clase política está alcanzando menos que mínimos, es algo innegable.
¡Váyanse todos a paseo!, da ganas de decir, siguiendo la castiza exclamación.
Pero eso no sirve para nada, que “de paseo” están unos y otros desde hace más de once meses, y por lo visto aún no se han dado cuenta de que no les vamos a permitir ni renovar los zapatos.
Si “avestruz” Sánchez sigue así y su partido no le corta las alas (no quiero ponerme violento aludiendo al cuello), ya veremos si alguien es capaz de mantener este “chiringuito” de egoísmos y destarifos.
Vamos, que seguimos inmersos en el “tinglado de la antigua farsa”, pero ni los actores saben interpretarla ni parece que haya director responsable que ordene echar el telón.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

09 mayo 2016

Esta España nuestra: Se perfilan bloques a la derecha y a la izquierda, y no se sabe dónde “caerá” el socialismo. Nunca segundas partes fueron buenas…

El liderazgo de la izquierda
(Francisco Marhuenda en “La Razón”, 9/05/2016)
Hay muchos nervios en el PSOE. Una cosa son las declaraciones públicas y otra muy distinta lo que comentan en privado tanto los seguidores de Pedro Sánchez como sus detractores. Un “sorpaso” sería demoledor para el socialismo español, porque nunca fue posible desde la Transición hasta nuestros días. No hay que tomar en serio las declaraciones de Felipe González sobre su época, porque el PSOE mantuvo muy bien el tipo tras la sucesión ininterrumpida de escándalos que anegaron la imagen del felipismo en sus últimas legislaturas. No hay más que recordar el resultado de 1996. La situación ahora es diametralmente opuesta, porque Podemos es un auténtica alternativa dentro del espacio de la izquierda mientras que Ciudadanos no lo es en el centro derecha. El movimiento que representa Podemos supo capitalizar el malestar de las clases medias y los jóvenes ante los estragos provocados por la crisis y las medidas impopulares que tuvieron que adoptar tanto Zapatero como Rajoy. Podemos es el heredero político del Movimiento del 15-M, las plataformas antidesahucios y otras mareas que fueron capaces de mantener la ilusión de la izquierda ciudadana mientras se sentía abandonada por el PSOE e IU. Es la clave de su éxito. En cambio, el voto del centro derecha sigue mayoritariamente fiel a Rajoy, aunque perdió 3,5 millones de sufragios. Una parte importante optó por la abstención. Rivera no ha conseguido con Rajoy, a pesar de la brutal y pertinaz campaña que ha sufrido desde que asumió la presidencia del Gobierno, el mismo efecto que Iglesias sobre Sánchez. Lo más interesante del
resultado del 26 de junio será, precisamente, cómo queda configurada la izquierda en la próxima legislatura. Podemos ha captado el voto de las clases medias cabreadas, los funcionarios y los jóvenes, porque creen que es una izquierda más auténtica e ilusionante. Es un voto sobre todo urbano y le falta abrirse paso en los sectores más tradicionales del socialismo. La duda es saber, también, cuál es el efecto del pacto con IU, porque es el viejo comunismo de toda la vida que nunca fue capaz de
ser una alternativa. Es cierto que no alcanzarlo sería un desastre para sus expectativas, pero se equivocaría Podemos si el coste es muy elevado porque los viejos comunistas siempre tiran al monte y no quieren a esos jóvenes airados que han conseguido lo que ellos soñaban durante la Transición.”
Pues, bueno, ya estamos otra vez enfrascados en la zarabanda pre-electoral.
Los unos presumen de sus bondades y excelencias y vituperan a los otros, con lo del “y tú más…”.
La “antigua farsa” benaventiana se reproduce a nivel político, y los ciudadanos comienzan a sentirse entre hartos de tanta palabrería sin fondo ni sentido y cansados de ver que, por muchas elecciones que se convoquen, las divisiones se mantienen.
Bien cierto es que la democracia halla su genuina expresión en las urnas, pero no menos lo es que se debe de fundamentar en el consenso, el diálogo y la negociación.
Y en esta España nuestra, entre unos y otros nos han dejado sin valores esenciales en los que asentar la solución a los problemas políticos.
No cabe duda que la corrupción galopante ha desatado una desconfianza grande y una irritación comprensible en el pueblo, pero no especialmente al modo que ha tratado de implantar ese lenguaraz y
vacuo dirigente que es Pedro Sánchez, quien bien ha visto las vigas en los ojos ajenos del partido en el poder, pero ha tratado de encubrir las mismas expoliaciones de dinero público en sus propios ámbitos, que no poco hay en Andalucía, donde su partido se presenta como limpio, cuando ha extendido por doquier los desfalcos.
Así, toda la parafernalia de este clown de los socialistas (denostado hasta por los senior de su grupo) no ha hecho sino conducir al caos y a la desazón, cuando aparenta querer formar un gobierno que es incapaz de obtener, porque ni su persona es válida ni cuenta con los apoyos necesarios.
La huida hacia delante de Sánchez ha sido penosa, porque ha acusado a los neocomunistas de “P(j)odemos” de no querer apoyarle, y de privar a la nación de un gobierno de izquierdas, y sin embargo ha seducido con cantos de sirena a esos inmaduritos de los Ciudadanos, que se han querido revestir de progresistas y centristas cuando realmente son un ala nueva de la derecha democrática española.
Así las cosas, difícil es vaticinar qué va a acontecer
en los próximos comicios, pero más bien semeja que se acentuará algo o mucho la dicotomía que existe al presente.
Los del partido en el gobierno (en funciones, aunque solamente “funcionen” escurriéndose de casos de corrupción) han fallado una vez más en las cuestiones de divulgación y propaganda, porque se han abroquelado en la “gran coalición”, que no era sino una entelequia, y, por el contrario, no han sabido encandilar a los de su clase, los Ciudadanos, quienes, necesitados de sacar cabeza por alguna parte, al final llegaron a un pacto “contra natura” con los socialistas, que solamente servía para demostrar cierta actividad.
¿Y “P(j)odemos y los de Izquierda Unida?
Pues acabarán uniéndose, porque son “los mismos perros pero con diferentes collares”. Unos, los del
chico de la coleta, más al día, han sabido granjearse mucho apoyo de la ciudadanía irritada y de la juventud desilusionada. Los otros, los de esa Izquierda en modo alguno unida, no han sabido desasirse de los santones que durante años la han capitaneado, y además están asfixiados por unas deudas que les resultan insalvables. Al final se juntarán, porque “los lobos de la misma camada nunca se muerden”.
En fin y conclusión: Ya veremos cómo y dónde acaba el ínclito Sánchez. Probablemente será engullido por su propia formación política, ya que sus “fuegos artificiales” con lo de la investidura no han sido sino una huida hacia adelante para preservar un sillón en su grupo. Y éste saldrá perjudicado.
Y ya veremos cómo y dónde acaba Rajoy, cuyo hieratismo a nada bueno va a conducir a su formación partidista, ya que bajo sus alas protectoras ha crecido el abuso, el despilfarro y la corrupción. No
ha sabido sacar provecho del voto de confianza que supuso su mayoría absoluta en las elecciones que ganó.
Sea lo que fuere, y como fuere, vamos a seguir atormentados por toda la sarta de declaraciones, proclamas, manifestaciones, críticas, exabruptos y
todo lo demás que implica una campaña electoral.
Que la cordura entre  los de un lado y del otro se imponga es lo deseable.
¿Será posible?
Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas” Mario Benedetti (1920-2009) Escritor y poeta uruguayo.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

27 abril 2016

Esta España nuestra: La previsible nueva convocatoria electoral. O cómo las dobleces y mentiras solamente conducen al realismo. ¿A dónde quiere llegar la oposición?

“El gran error de marginar al PP
Por primera vez en la historia democrática española, el Parlamento ha sido incapaz de investir a un presidente del Gobierno y, en consecuencia, salvo sorpresa de última hora, el próximo dos de mayo se procederá a la automática disolución de las Cámaras y a la convocatoria de elecciones. Los partidos políticos transfieren a los ciudadanos la responsabilidad de deshacer un bloqueo institucional que tiene, es preciso recordarlo, su causa última en el rechazo del principal partido de la izquierda española, el PSOE, a reconocer la victoria electoral del Partido Popular, en una inaudita maniobra de deslegitimación del adversario que no sólo suponía romper los acuerdos básicos de la Transición, sino que estaba condenada al fracaso. Sólo desde esta perspectiva cabe explicar la estrategia políticamente estéril con la que se ha conducido el secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, a lo largo de los últimos cuatro meses, con el agravante, nada menor, de haber solicitado a Su Majestad que propusiera su investidura pese a que, era sabido, no podía contar con los votos suficientes, una vez que el Comité Federal de su partido le había vetado cualquier posibilidad de acuerdo con los populares, pero también con aquellas formaciones que pusieran en cuestión el modelo territorial recogido en la Constitución. En esas circunstancias, la pretensión
de Pedro Sánchez tomaba tintes temerarios y así se le hizo llegar desde todos los sectores del arco parlamentario. Que ayer reconociera a Su Majestad que no podía afrontar una nueva sesión de investidura era, simplemente, la tardía constatación de los hechos. Pedro Sánchez, que ayer aprovechó la rueda de prensa posterior a la audiencia con Su Majestad para marcar las líneas de su próxima campaña electoral, trata de excusar su fracaso histórico –es el primer candidato a una investidura que no consigue su propósito– en una supuesta pinza de bloqueo entre el Partido Popular y Podemos, en la que, sin embargo, no es fácil encontrar intereses comunes. Muy al contrario, ha sido el Partido Socialista quien se ha colocado en una posición imposible y, de paso, ha impedido cualquier salida razonable al «impasse» institucional. Porque desde el primer momento, desde el mismo día 21 de diciembre, ya con los resultados de las urnas en la mano, era evidente que sólo cabían dos opciones de pacto con posibilidad de gobierno: el gran acuerdo de Estado que ofrecía el vencedor de las elecciones, Mariano Rajoy, y la coalición de izquierda radical que le propuso Podemos, para la que era imprescindible contar con el concurso de las formaciones independentistas. Ciertamente, Pablo Iglesias reclamaba el legítimo reparto del Poder Ejecutivo entre dos socios a los que sólo separaban 500.000 votos, oferta con toda la lógica política que el PSOE, sin embargo, nunca ha estado dispuesto a aceptar, pues sería tanto como reconocer el estrecho margen por el que se mantiene como primer partido de la izquierda. En este sentido, que Pablo Iglesias, apoyado en una consulta directa a sus militantes, no haya sucumbido al habitual señuelo socialista del «todos contra el PP» ha sido, sin duda, una imprevista contrariedad para el candidato socialista, que ayer demostró con sus ataques directos a Iglesias que le está costando digerirla. Todo ello, con independencia de que los presupuestos políticos e ideológicos que separan al Partido Socialista de la izquierda radical que representa Podemos son lo suficientemente divergentes como para salvarlos con el cliché del «cambio». Y esta última reflexión nos lleva directamente a la otra vertiente del error de Sánchez, la que tiene que ver con la decisión de rechazar, sin opción alguna, la oferta que le hizo
llegar Mariano Rajoy –y que el presidente del Gobierno en funciones todavía mantiene en vigor– , propuesta que no sólo se incardina en la práctica de las grandes democracias europeas, sino que, a nuestro juicio, era la salida más razonable a la situación y la que hubiera permitido abordar desde la fortaleza de una gran mayoría parlamentaria de consenso constitucional las reformas institucionales que precisa nuestro país. De hecho, existen entre el Partido Popular y el PSOE suficientes puntos de confluencia en los asuntos de Estado y en la concepción del modelo económico y territorial de España como para haber hecho posible el gobierno de concentración. Por ello, que Pedro Sánchez atribuya a Mariano Rajoy la mayor responsabilidad en el fracaso de la legislatura y en la repetición de las elecciones roza el cinismo político. Porque lo que pretendía el secretario general socialista era, nada
menos, que el vencedor de las elecciones, que le había sacado cerca de dos millones de votos de ventaja en las urnas, le abriera gentilmente el camino a La Moncloa por derecho propio y con un programa que prometía deshacer toda la labor legislativa llevada a cabo por ese mismo Gobierno. Al final, sólo apelando a la inveterada presunción de superioridad moral del socialismo español se puede entender la estrategia llevada a cabo por el PSOE y su secretario general. Porque desde la racionalidad política se hace imposible. Pretender gobernar con 90 escaños y con las manos atadas a derecha e izquierda, sin voluntad de pacto, sólo podía llevar hasta donde ahora estamos. Abocados a repetir suerte.”
(De la prensa diaria)

“¿Y ahora qué vamos a votar?
Nos encontramos ante una segunda vuelta en toda
regla. El 20-D dejó un resultado abierto pero un camino señalado: la gran coalición que deberían haber formado PP y PSOE. Tan sólo la suma de ambos conseguiría una mayoría absoluta el Congreso de los Diputados. Pero, finalmente, no ha podido ser y regresamos a la casilla de salida para volver a tirar los dados.
La mayoría de las encuestas publicadas hablan de un escenario político semejante al de diciembre de 2015, pero con algunas diferencias que permitirían que la suma de escaños de PP y Ciudadanos se acercara o incluso llegara a los 176 diputados que representa la mayoría absoluta, ambos quedaron el 20-D a tan sólo 13 parlamentarios de lograrla.
Ante el 26-J cabrá esperar un descenso en la participación, más por fatiga del electorado que por rechazo al sistema parlamentario, además es de manual considerar que el voto tenderá a concentrarse o polarizarse en dos opciones antagónicas. En el centroderecha la fuerza que más voto atraería debería ser el PP, pues es la única que podría disputar el gobierno a una fuerza de la izquierda. Obviamente el voto útil desde la derecha
hasta el centro sería atraído como un imán hacia los populares para reforzar al PP ante lo incierto del resultado final. Pero la duda está en lo que ocurrirá en la izquierda, prácticamente dividida en dos bloques muy igualados entre sí; los socialistas por un lado y toda la galaxia Podemos por otro.
Las encuestas de NC Report para LA RAZÓN de este mes de abril nos revelan un debilitamiento de los socialistas a favor de los de Iglesias. El PSOE lleva cuatro semanas consecutivas retrocediendo y Podemos otras tantas subiendo hasta el extremo que a mediados de abril los morados habían dado ya el «sorpasso» a los socialistas. El tracking del día 16 confirmaba el adelanto de Podemos al PSOE con el 20,9% frente al 20,7%. La semana pasada se confirmaba la situación e incluso se ampliaba la distancia entre ambos con un 21,2% de Podemos frente a un 20,5% del PSOE.
Pero en el centroderecha español también empieza a haber movimientos. Durante el presente mes el PP no ha parado de crecer, pasando del 29,4% al 29,9% en cuatro semanas, mientras que C’s que tras las elecciones generales se reforzaba, ha empezado a dar signos de agotamiento, alcanzando su techo a principios de este mes con el 15,5% para comenzar un lento descenso en la tercera semana y que lo dejó en el 15,2% en la cuarta semana de abril.
Son señales que nos indican que podemos estar ante el inicio de la concentración del voto indeciso del centroderecha en el PP y el de la izquierda en Podemos. Y que confirmaría la teoría de la polarización electoral en estos dos partidos, relegando a un segundo plano al PSOE y a Ciudadanos.
Los populares esperan beneficiarse del voto útil y mejorar sus resultados del 20-D, incluso compensando la previsible pérdida de votos y escaños de C’s. Su objetivo es acercarse a los 140 escaños que junto a la treinta larga que obtendrían los de Rivera aseguran sumar la mayoría absoluta. De hecho, el PP volvería a ser la primera fuerza política en escaños y votos el 26-J. Es el partido que más votantes del 20-D retendría, concretamente el 89,7%, frente al 84.2% de Podemos, el 81,8% del PSOE, el 80,7% de Ciudadanos.
Los socialistas luchan por obtener entre 82 y 85
escaños, frente a los 90 del 20-D, mientras que Podemos aspira a sumar entre 68 y 71, y C’s pretenden alcanzar de 41 a 46 diputados.
La otra consecuencia de la repetición de las elecciones es enfrentarnos a una gran abstención, la mayor de toda la etapa democrática. De hecho las pérdidas más importantes de votos de los cuatro grandes partidos es debido a la abstención, que le quita el 12,7% del electorado a Ciudadanos, el 10,2% al PSOE, el 9,2% a Podemos y el 6.3% al PP. En total la abstención se incrementaría del 30,6% del 20-D al 35,9% el 26-J, lo que supone un descenso en la participación de 5,4 puntos en seis meses y alcanzando el mínimo histórico desde 1977.
(Lorente Ferrer, en ”La Razón”, 27/04/2016)

Desde las elecciones generales del pasado 20 de diciembre he procurado no manifestarme demasiado sobre el esperpento que algunos líderes políticos –más bien proyectos “non natos” de ello— han brindado al pueblo español.
Parto de la base de que el “galleguismo” inmovilista del líder del PP ha sido nefasto, al dejar evidente que vive atenazado por la realidad de la corrupción cada vez más desvelada.
Pero no menos lamentable y errónea ha venido siendo la trayectoria del de los socialistas, un “chuleta” a la vez que inepto dirigente, que se ha creído que solamente con decir lo que se le ocurre, y en su beneficio, ya es el ombligo del mundo e iba a
alcanzar el olimpo de una presidencia del gobierno que ni sabe en qué consiste y que es demasiado para su mucha codicia y su poca capacidad.
No le anda a la zaga ese proyecto de “tibieza” llamado Rivera, el de Ciudadanos, que ha demostrado esencialmente ser “de pueblo”, aliándose en apariencia con unos socialistas que solamente le podían ofrecer buena propaganda (que de eso saben y mucho), pero olvidando que el pueblo español, de uno u otro signo, quiere consistencia, verdades, realidades.
No olvido, ni mucho menos, a los de “P(j)odemos”, que en verdad son la mayor noticia de esta nueva etapa política, porque, pese a sus habilidades
dialécticas, siguen manteniendo sus principios ideológicos “neo-estalinistas”, que bendicen cualquier medio con tal de alcanzar el fin del poder y del control gubernamental de la sociedad.
Esos sí que son auténticos y por tanto los peligrosos para quienes, como yo mismo, desde luego no somos iconoclastas ni de izquierda radical.
Así pues, salvo algún “invento” de última hora por parte de ese conglomerado falsario de los de “Compromís” (que solamente están comprometidos con su ansia de poder y de dineritos) que sea cogido al vuelo por el convenenciero de Pedrito (no el “Picapiedra”, sino el Sánchez), nos vamos a encontrar el próximo 20 de junio ante las urnas.
Y ahí estará la única realidad; y ahí no valdrán los “cuentos de la lechera” de Sánchez; ni las bonitas palabras del muchachito Rivera; ni la aparentemente sesuda razón inmovilista del gallego Rajoy.
Ahí prevalecerá la verdad que arrojan los votos de los ciudadanos, que ni son tan listos y clarividentes como los analistas políticos quieren atribuirles, ni son tan “borreguiles” como algunos otros les tratan.
Son el pueblo, en democracia. Y lo que resulte de su voto deberá armonizarse para organizar, más bien o más mal, esta realidad de convivencia que es la España nuestra.
“No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo, sino tan sólo si marchamos por el mismo camino” Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA