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13 mayo 2009

Cómo desembarazarse...del gobierno (Yo también quiero la pildora)

(Grabado obtenido de "la estrella digital", 13/05/2009)


“La verdad es que José Luis Rodríguez Zapatero cada vez habla con más seguridad y con mejores tablas. En su discurso del debate sobre el Estado de la Nación demostró una vez más el dominio que ha adquirido en sus intervenciones públicas.Naturalmente, como era de esperar, el presidente no cantó la palinodia, no reconoció sus errores, no anunció rectificación alguna. Se limitó a enumerar una serie de novedades que nos costarán un ojo de la cara. Las dádivas zapatéticas forman parte de sus objetivos electorales. Son el cuento de la lechera, como ha dicho Rosa Díez. Mientras la economía aguante, Zapatero no va a cambiar. Nos endeudará hasta la náusea y hará crecer el déficit hasta extremos europeamente insoportables.”
(LUIS MARÍA ANSON, “la Razón”, 13/05/09)

"Si no es capaz de gobernar, déjenos a los españoles decidir quién nos gobierna” (Rosa Díez, del partido Unión Progreso y Democracia, en la sesión del Congreso de los Diputados del 12/05/09)

Después del soplo de aire fresco que ha significado dedicar dos entradas de este blog a las Pysanky ucranianas, con su acervo de tradición y simbolismo, me había propuesto a mí mismo descansar algunos días en mis comentarios.
Y hete aquí que el día de ayer comenzó en el Congreso de los Diputados de España la sesión sobre “el estado de la nación”, que concluirá en el día de hoy.
Han sido tantos y tan variados los argumentos brindados por sus señorías, los diputados (a veces merecerían llamarse “disputados” por las peleas de patio de colegio que protagonizan) que no puedo sustraerme a una breve impresión personal.
Ciertamente, la “vedette” ha sido, debía ser, el presidente del gobierno español, el inefable Rodríguez Zapatero (“Shoemaker” para quienes ironizan sobre él en lengua inglesa), quien, fiel a su costumbre de “no decir ni una mala palabra y no protagonizar ni una buena acción (por ineptitud, que quede claro)”, ha inundado nuevamente de promesas el hemiciclo legislativo, a modo e imitación de aquel político que en un mitin electoral prometía la construcción de un puente y que cuando se le espetó que para qué, ya que no había ningún río que cruzar, pues prometió tan finamente que empezarían por construir un río.
Algo de eso ha habido en la banda de “conejitos” que el presidente zapateril ha ido sacando de su chistera, cual padre benefactor de la patria y mago encantador de adversidades.
Y no ha faltado tampoco el fajamiento del líder de la oposición, quien ha estado como boxeador insistente, golpeando al optimista “Shoemaker” y recordándole que hace un año dijo que ni se vislumbraba crisis, y que ahora la crisis que nos envuelve, con más de cuatro millones de desempleados y la economía casi en caída libre, aún le permite decir que “vislumbra brotes verdes…”
No sé, ni me importa, quién ha triunfado, ni creo que ninguno de los dos contendientes haya merecido nada, pero sí se me ocurre que con tanta medida y contramedida, resulta irritante que cada día haya nueve mil parados más, que se apliquen parches a los rasguños y no se suturen las heridas, y que el ciudadano de a pie haya de asistir impávido o confuso además a que se publicite una serie de medidas de distracción.
Por ejemplo, la “historia” de la píldora del día después, esa pastillita que se dice evita embarazos no deseados, y que según las progresías de las féminas ministras que lucen sus cabelleras al viento en esa tropilla de incapaces llamada gobierno, servirá para que la mujer no resulte “cargada” con embarazos, y por ello, se dispensará la pildorita en las farmacias, sin receta, a cualquier mujer o moza con más de dieciséis años de edad.
O sea, cualquiera de nuestras hijas, nietas, sobrinas, conocidas o vecinas, si la noche anterior ha gozado del sexo hasta donde no debiera y sospecha una posible preñez, acude a la farmacia, pone cara de preocupada y le pide a la boticaria, o a su manceba (ojo, dependienta, que así se llaman las de las farmacias) un de esas pastillitas.
Los padres normalmente no se enterarán, los médicos no controlarán, nadie valorará el riesgo sanitario y menos el riesgo ético y de formación.
Me parece que esta cortina de humo que el gobierno nos lanza ahora, para ocultar sus carencias, nos brinda la ocasión de idear un sistema nuevo en democracia, al menos en su forma, para desembarazarse de los gobiernos, y especialmente del gobierno que nos toca sufrir.
Se trataría de algo tan simple como que en las farmacias, y en los hospitales y en los kioscos, y hasta en máquinas expendedoras automáticas en las calles, en las paradas de tranvía y metro y autobús, previa exhibición del documento de identidad español o extranjero, se pudiera obtener la pastillita (a precio más económico que el anunciado de ¡veinte euros!), pero con efectos ambivalentes. Evitar embarazos no deseados, es decir, “desembarazarse”; y además suscitar en las gentes el “desembarazo” de esta tropichuela de cuentistas, discutidores e ineptos que son el gobierno y la oposición.
Opino que a más de uno seducirá “desembarazarse” del gobierno, sin ni siquiera provocar un aborto (que ya existe porque el gobierno mismo ya es un feto agonizante), de forma que, computando el número de pildoritas vendidas, todas ellas productoras del “desembarazo”, si se supera determinado porcentaje, queden convocadas inmediatamente elecciones generales, a las que, eso sí, quedaría prohibido participar a los lideres del gobierno y de la oposición. O sea, a los que nos “embarazaron”
¡Qué iluso soy si pienso que es posible lo que he dicho!
¡Qué ilusos somos todos si confiamos en que el gobierno actual, y la oposición al mismo, nos sacarán de la crisis!
Solamente nosotros, el pueblo, podremos evitar un nuevo “embarazo” en forma de crisis, usando el método ancestral de “la aspirina entre las piernas” (no entro en detalles, por conocido), o dicho de otra manera, enviando a “tomar vientos” a los mentirosos, mandantes, manipuladores y… que constituyen la fauna política.
Lamento tanta preñez y despreñez, pero los vientos que corren son estos, y personalmente no me apetece lamentarme de lo dicho o de lo hecho usando esa “píldora del día después”.
“ El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas” Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA