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22 marzo 2022

Tiempos de tribulación: Ucrania es masacrada poco a poco por Rusia, España es abandonada por un gobierno inepto y convenenciero y Europa ayuda con la boca pero abandona con sus actos


¡Vaya tiempos que nos ha tocado vivir!

Cierto es que peor que nosotros lo pasan los ciudadanos de Ucrania que han sido destrozados por las ansias salvajes del sátrapa de Putin y de sus desalmados generales apoyados por los oligarcas.

Cierto es que, en otro ámbito, no mucho mejor lo están pasando los millones de refugiados ucranianos que han huido “con lo puesto” a países europeos que les han acogido de urgencia.

Cierto es que esos mismos países de acogida están experimentando en sus propios pobladores los zarpazos de pandemia y la ferocidad de la crisis energética y de alimentación, además de un enorme incremento de

gasto militar para un conflicto armado en Ucrania en el que por miedo no participan activamente pero lo sufren.

Cierto es que en esta España nuestra un presidente del gobierno carente de escrúpulos, además de mentir más que hablar abandonando hasta a sus propios socios, promete soluciones que ni él mismo conoce, y propicia que la depauperada economía  se vaya hundiendo con bloqueos en los transportes y en los suministros alimenticios, y con parálisis productivas de difícil recuperación, en tanto, por si no había bastantes problemas, se posiciona respecto del inacabable conflicto del Sáhara, diciendo apoyar a

Marruecos mientras irrita a Argelia, de quien dependemos en una buena parte en el suministro del gas.

En verdad, estos son tiempos de tribulación, pero que no nos han caído de lo alto ni porque sí, ya que detrás de todo ello está la avidez de un Putin a veces ninguneado, la endeblez de una Ucrania engañada con falsas promesas, el egoísmo hedonista de las naciones con buen nivel de vida, la irreflexión de los políticos egoístas manejados por capitalistas sin escrúpulos.

Y así estamos, sin que nadie, por lo que parece, sea capaz de “poner el cascabel al gato”, porque mucho hablar, mucho prometer, mucho ocultar, soluciones efectivas y constructivas pocas se adivinan.

Hay que elevar al Cielo un canto a la esperanza, mientras deberíamos instalarnos en la reflexión y en la cordura, evitando la guerra, procurando el auxilio a los desvalidos, protegiendo a los migrantes sin

techo, eliminando los egoísmos de los beneficios especulativos en las materias primas, e instaurando, en fin, una sensatez internacional por encima de las ansias de conquista y de las ambiciones de los triunfos.

Me confieso muy escéptico al respecto, y ojalá me equivoque totalmente.

Y mientras tanto, espero que una pizca de buen espíritu se instale al menos en los responsables del gobierno de las naciones.

Enfrentarse, siempre enfrentarse, es el modo de resolver el problema. ¡Enfrentarse a él!.- Joseph Conrad (1857-1924) Novelista británico de origen polaco.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 julio 2012

¿España va hacia el fondo del pozo?: Ni saben ni quieren resolver la crisis quienes pueden y deben hacerlo. ¡Que nos quedemos como estamos!

“El verano más largo, denso y ardiente de la democracia
(Jose A. Vara , en “Vozpopuli”, 20-07-2012)
Cristóbal Montoro se presentó ante el Congreso en avanzado estado de realismo. Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca, pensó, quevedescamente. Y saltó por encima de medias tintas, afirmaciones ambiguas, senderos tortuosos y elipsis retóricas. Un nacionalista catalán le tachó luego de "macarra". En el debate del plan de ajustes del Gobierno, Montoro tiró por el camino de en medio, que es siempre el más corto, y coronó la senda de la cruda realidad que había atacado la jornada anterior: Como no hay dinero en las arcas públicas, si no se sube la recaudación, ni siquiera podremos pagar las nóminas.
Algo ya sabido. Algo ya de sobra conocido pero que provocó la ira de la oposición, hasta el punto de que el titular de Hacienda fue responsabilizado de la escalada de la prima de riesgo, de la del bono, de la caída del IBEX y de la del Imperio Romano. Puro fariseísmo. Hipocresía de aluvión. En las puertas mismas de la hecatombe, la oposición juega ahora a hacer aspavientos de damisela virginal. "¡Pero cómo puede ser tan bruto este hombre!". "Se ha expresado salvajemente", llegó a decir Rubalcaba.
Casualidades en la eurozona
Pero al menos esta vez, esa antítesis de Demóstenes que es Cristóbal Montoro, se aproximó a la diana. Horas después de su descarnada descripción de nuestra lacerante realidad, el Bundestag, reunido especialmente para la ocasión, aprobaba por atronadora mayoría el plan de ayuda al sistema financiero español. Tras la ratificación por el Eurogrupo, a final de mes llegará a las arcas del FROB el primer tramo de la línea de crédito a nuestra banca, cifrado en unos treinta mil millones de euros. Hasta Bankia se desesperaba desde la sima de su cotización.
En el tablero europeo, laberíntico como un jardín borgiano, a veces ocurren casualidades. O no. Pero el tosco y sincero bombardeo lanzado por Montoro, la tarde en la que las calles de media España se erizaban de ciudadanos cabreados manifestándose contra recortes, tarifazos, impuestazos y demás garrotazos sobre las espaldas del contribuyente, Merkel lograba reducir a los espíritus más críticos de su grupo y de la oposición y forzaba  la firma de un cheque (no precisamente en blanco) en respaldo de un Gobierno español cada vez más derrotado y descangallado. Las verdades del barquero Montoro en el Congreso español por la mañana tuvieron un eco positivo en la Cámara alemana por la tarde. Bendita coincidencia.
"Los problemas del sector bancario español son un problema para la estabilidad financiera de la zona euro", advirtió el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, a sus compatriotas en la crucial votación del Bundestag. Resumiendo, es el euro lo que está en peligro. En estos días en los que analistas, inversores y banqueros vuelven a jugar a los dados con el futuro de la moneda común europea, la canciller alemana ha demostrado no su fe en España, que es perfectamente descriptible, sino su voluntad de sacar adelante la maltrecha realidad de la eurozona. Nada nos conviene ahora el hundimiento de España, es el resumen del voto del Bundestag impulsado por la canciller de hierro. Al menos, un respiro, un alivio coyuntural y pasajero en la erizada selva de las malas noticias que llueven sobre una España hundida y desesperada.
¿No podemos elegir?
Mariano Rajoy, cada vez más oculto, se ha parapetado en un valladar de aseveraciones manidas y no siempre del todo veraces. "No podemos elegir", "no tenemos libertad", "no podemos hacer otra cosa". No es exactamente así. La estructura del gasto público, de la administración, de las comunidades autonómicas, de los sueldos oficiales, de las agencias, fundaciones, oficinas y otras entidades de colocación de políticos y demás familia, siguen intactas. O sea, el despilfarro oficial, estatal, autonómico y municipal. Y no muestra el Gobierno del PP una voluntad manifiesta de quererlo entender. "Es muy complejo y lleva tiempo", es la respuesta eterna.
Pues tiempo es precisamente de lo que carece este Ejecutivo. De aquí a septiembre hay que atravesar  el más largo y ardiente verano de cuantos tenemos constancia, con un abrasivo aumento del IVA en el horizonte. Y con unos sindicados dispuestos a sacudirse su lastimosa imagen, desacreditada y llena de lamparones, mediante movilizaciones de todo jaez. Y unos funcionarios, de mayoritario voto conservador, echando chispas. Y enseguida, septiembre con un paisaje de Campus sublevados y rebelión en casi todas las aulas. Pues amarga la verdad  quiero echarla de la boca. Y no sólo para insistir en que no hay dinero. También para anunciar que la tijera se reorienta en la requerida dirección. Porque sí se puede elegir.
España está al borde del abismo financiero  
Los 'pufos' que el Gobierno de Zapatero dejó a Mariano Rajoy  .-El presidente popular y su equipo tienen que sanear 16.000 millones en Sanidad, 62.000 en el sistema financiero o 20.000 en infraestructuras
(Periodista Digital, 22 de julio de 2012) 
Las cuatro mil empresas públicas, fundaciones y consorcios que tienen las tres administraciones públicas acumulan una deuda de 56.000 millones de euros.
El propio Zapatero admitió no hace mucho en una entrevista concedida a la cadena Al Jazeera que "sufriríamos menos si hubiéramos ahorrado más y hubiéramos tomado menos dinero prestado del exterior".

Aunque le faltó añadir que buena parte de los 'pufos' los ha dejado él, tras ocho años de desastrosa gestión, es obligado reconocer que tiene más razón que un santo.
Y quien mejor lo sabe es Mariano Rajoy, que a los siete meses de llegar a La Moncloa sigue encontrando facturas sin pagar y sde enfrenta a una situación casi desesperada..
Aunque el presidente del Gobierno repite una y otra vez que "las herencias se reciben sin derecho a inventario" también insiste que los españoles tienen que saber la verdad de las cuentas del Estado.
Unas cuentas que, como explica Paloma Cervilla en 'ABC', se resumen en una deuda total de 997.000 millones de euros, el 92,1 % del PIB, de los que 800.000 millones corresponden a todas las administraciones (central, autonómica y local).
Ello obligará a destinar el año que viene 38.000 millones a los intereses del dinero que se ha tenido que pedir prestado al exterior. Nueve mil millones más que este año.
Si no se hubiera gastado tanto en los ejercicios anteriores no se tendría que destinar tanto al pago de los intereses, y no hubiera sido necesario tener que hacer tantos recortes
La lista que sigue no está completa, pero ayuda a entender el colapso en que ha caído España:
  • 1.- Pufo del déficit: 25.000 millones
    El Gobierno de Zapatero se había comprometido con la Unión Europea a finalizar 2011 con un déficit del 6%. Días después de llegar al Gobierno, Rajoy se encontró que era del 8%, y a día de hoy ha terminado siendo del 8,9.
  • 2.- Pufo financiero: 62.000 millones
    De aquella afirmación de Zapatero en Nueva York en septiembre de 2008 de que "tenemos uno de los sistemas financieros más solidos de la comunidad internacional" a la petición de una ayuda financiera de hasta 100.000 millones de euros a la Unión Europea, solo distan cinco años.
  • 3.- Pufo sanitario: 16.000 millones
    Desde 2003, esta deuda ha crecido un 17 por ciento. Uno de los mayores problemas del sistema es el gasto farmacéutico. Se ha detectado que 200.000 personas, sin ser pensionistas y estar en activo, tienen una tarjeta sanitaria.
  • 4.- Pufo en infraestructuras: 20.730 millones
    Solo Renfe tiene una deuda de 5.200 millones; Feve (Ferrocariles Españoles de Vía Estrecha) 530 y unas pérdidas de 150, y Adif (Administración de Infraestructuras Ferroviarias) 15.000. En España hay 176 estaciones con menos de un viajero al día y 52 servicios con una ocupación por debajo del 15%.
  • 5.- Pufo eléctrico: 24.000 millones
    Rajoy ha calificado de "descomunal" el problema que arrastra el sector eléctrico y para intentar solucionarlo sube la tarifa de la luz.
  • 6.- Pufo en las empresas públicas: 56.000 millones
    Son cuatro mil empresas públicas, fundaciones y consorcios y 32.000 millones de deuda corresponden a las empresas estatales; 13.870 a las autonómicas y 9.328 a las locales. 

No hay que ser demasiado pesimista para pensar que la que está cayendo sobre España no es una tormenta económica suave o pasajera.
Es una crisis enorme, que a saber a dónde nos llevará (lo más probable a un empobrecimiento general y tal vez a una intervención drástica por parte de la Unión Europea), y sobre la que todos -especialmente los políticos— hablan, pero casi nadie hace nada.
Si de aquellos polvos han venido estos lodos, hay que convenir que nadie evitó los disparates económicos del pasado, pero nadie se está ocupando de veras de poner una solución eficaz al actual momento de zozobra.
Es cierto que el gobierno español ha tomado medidas, bien duras y traumáticas, por cierto, pero lo ha hecho bajo el “provincianismo”, y bajo el sectarismo, que precisamente caracterizó a sus antecesores en el poder. Es decir, se ha basado en su mayoría parlamentaria absoluta para implementar unas medidas que, como mínimo, debieron de haber sido discutidas en todos los foros políticos y sociales.
Pero, claro, el miedo atroz a las encuestas de opinión y el pánico a la pérdida de votos, está conduciendo a que el gobierno decida por decreto-ley (que en caso de urgencia no es mal sistema, pero no es solución para la buena gobernanza de una nación) y que la oposición critique porque sí, diciendo con cinismo que está a disposición de los gobernantes, pero sembrando el camino de escollos para minar la credibilidad de los oponentes.
Y, claro es, la imagen que se da al exterior, es faldicorta y zaragata, de un país en el que las fuerzas políticas, y las sociales (especialmente los hasta ahora ”panzistas” sindicatos) no dan su brazo a torcer ni dejan quieta la lengua.
Los inversionistas extranjeros, hábilmente manejados desde los centros de poder USA y centroeuropeos, se frotan las manos, porque “a río revuelto, ganancia de pescadores” y el gobierno alemán, tan generoso en apariencia, se regocija de obtener financiación exterior prácticamente gratis, a cambio de empobrecer la economía española, que en definitiva es un competidor menos.
La realidad es que los españoles no demostramos tener arreglo, y en vez de intentar un amplio “pacto económico y social”, en el que todos los intereses partidistas queden supeditados al bien superior de la nación, sigamos discutiendo si la ovejas son “churras” o son “merinas”, si son galgos o podencos los “perros” económicos que están a punto de darnos caza y devorarnos.
No me creo que no seamos capaces de arbitrar una fórmula para restablecer una cierta armonía “de emergencia” en este país nuestro, tal vez porque no nos hemos percatado de que si en los tiempos de los pactos de La Moncloa nos jugábamos iniciar el camino de la democracia, en la actualidad nos estamos jugando el “ser” o “no ser”, el sobrevivir, el mantener de forma mínima el estado del bienestar.
Porque si las fuerzas políticas dejan de atacarse las unas a las otras, de manifestarse en plan iconoclasta, y las fuerzas sociales, principalmente los sindicatos, dejan de mirarse al ombligo, tal vez, con “sangre, sudor y lágrimas”, cual el Mío Cid, podamos cabalgar. Hacia adelante, claro está.
Mal los unos y mal los otros. Y mal los ciudadanos, también. Que aún seguimos soñando con aquellos idílicos momentos pasados de abundancia y despilfarro, que nos han conducido a esta pobreza inmisericorde.
¡Suspiro porque nos quedemos como estamos!
Porque si nos apretamos el refajo, nos hacen más duro el cordaje; y si nos ajustamos más el bolsillo, nos lo coserán para evitar se gaste su contenido.
Nos quieren como nos quisieron al principio de nuestra vinculación a Europa. Turismo, sol y vino. Las industrias para Alemania. La agricultura para Francia.
Tenemos unos socios que lo único que pretenden es que nos quedemos como estamos. Así sea.
Difícil es…

“Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses”.- Alexis Tocqueville (1805-1859) Político e historiador francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

24 noviembre 2010

Por no callar: La crisis que nos envuelve…

“Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible”. Charles-Maurice Talleyrand Périgord (1754-1838) Diplomático y estadista francés.
...
“España se va convirtiendo en Argentina. Lecciones desde el Estado de Derecho” ( De “El Imparcial”, 24/11/2010, por José Eugenio Soriano García, Catedrático de Derecho Administrativo, ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia y autor de libros jurídicos)
Siempre me llamó la atención la extraña situación de Argentina, tan pletórica en recursos, en personas, en geografía, en cultura, de una parte, y de otra, tan desastre en todo lo que hace a la política, a sus servicios públicos, a su desempeño general. Ser ciudadano argentino debe ser una paradoja. Porque tener como referencia a Borges y encontrarse de bruces con Cristina Kirchner de otra, debe ser algo así como iluminarse al mismo tiempo con el sol y la luna.
¡Cuando las barbas de otros países veas pelar,
pon las tuyas a ...!"
¿Porqué un país tan enormemente rico, culto, grande, está condenado de antemano a estar en el pozo del mundo, allá abajo, sin apenas contar para nada?
Cuando anduve por allí, pregunté en varios círculos por esta incoherencia. Y la respuesta, siempre, fue unánime: por la clase política. Clase política compuesta de toda clase de corruptos, ladrones en el más claro sentido, sindicalistas que parecen todos extraídos de “La Ley del silencio” solo que con carácter general e imparable. En fin, toda suerte de golfos (lamento no encontrar otra palabra) cuyo populismo esencial se caracterizaba por una enorme radicalidad en su expresión con terceros y al mismo tiempo con una indulgencia para consigo mismos que rayaba en la esquizofrenia, endulzada, eso sí, por el cinismo. Tanto que me atrevo a calificar al político argentino típico como alguien absolutamente populista y cínico, pero incapaz inclusive de ser hipócrita, porque ni lo necesita. No tiene que ser un sepulcro blanqueado, sino, burlón él, desdeña absolutamente al populacho que le aplaude y le sirve, y del cual se sirve sin límites.
De ahí que tantos y tantos argentinos, cultos, preparados, enormemente elegantes, con un estilo inigualable en sus maneras e incluso en el manejo de una lengua española con superioridad sobre la que nosotros mismos practicamos, acaben refugiándose en mundos imposibles, o directamente se vayan al extranjero. Aquí en España hemos tenido la inmensa suerte de beneficiarnos de muchos de ellos.
Acostumbrado a juzgar por los hechos aparentes, recuerdo bien que, ante esa situación, yo me decía aquella frase tan banal y falsa que dice: ¨ Los pueblos tienen los políticos que se merecen¨. Y así, también recuerdo, me decía a mi mismo que con eso bastaba y que aquí, en España, nunca pasaría eso. Como pueblo, pensaba yo, seríamos mejor. Rechazaríamos la corrupción y castigaríamos en las urnas y en los Tribunales a todo aquél que traspasara, siquiera mínimamente, las fronteras morales de esa ética colectiva que en Argentina hacía tiempo ya que se había ultrapasado.
Pero he aquí que, lejos de esta situación, cuando nos contemplamos en nuestro propio espejo, en estos momentos, el nivel de corrupción es ya inmenso en España. El poder de los pocos, y de sus amigos, es inmenso. No hay crítica, ni personalidad, ni orgullo. Nos lo han quitado todo, hasta la idea misma de Nación, con desparpajo y falta de vergüenza (la Nación — española por supuesto y no la de los nacionalistas — es “un concepto discutido y discutible”) y no pasa nada. Ahora nos amenazan con una crisis que si no la para la Unión Europea, tendremos que pagar con creces todos los españoles, dándoles así a los bancos y a los políticos, parte de nuestro sudor para que sigan refrescándose con él. Y todo ello entre la resignación y la irritación y poco más. Los sindicatos son gremios acostumbrados a disfrutar del poder. La clase política, con muy pocas y contadas excepciones, llena de mediocres faltos por igual de preparación y moral, que se enriquecen relativamente pronto y que desde luego, viven por encima, muy por encima, de lo que podrían lograr de no estar en la política. Política que consiste en la pura adulación, en la “candonga” que diría un porteño, y con ello y no pensar ni discutir, se quedan siempre con la parte cremosa de la sociedad, de los negocios, en fin, que simplemente por estar ahí, la clase política y sus allegados, unidos por el interés común de perpetuarse en la buena vida a costa de los demás, continúan parasitando a los contribuyentes, a los cuales, sí, esquilman con dureza. Y desde luego, complementariamente, reparten prebendas, a quienes ante ellos se arrodillen y les lisonjeen.
En definitiva, nos hemos argentinizado. ¿Cómo ha sido posible? La clave se encuentra en el Estado de Partidos, en el sistema electoral, sin listas abiertas que permitan cierta transparencia y competencia entre quienes solicitan el voto. La más tupida opacidad reina en la elaboración de listas cerradas, que se imponen a todos y que no se pueden abrir a nadie, taponando así toda crítica, todo liderazgo, toda competencia.
Este es el gran cambio que podría modificar en parte el actual estado de cosas. La transparencia y la competencia son elementos fundamentales, no solo de la Democracia, sino también del Estado de Derecho. Y la lucha por conseguir esta apertura de que al menos haya listas abiertas, es vital. Nos jugamos no descender más. No llegar al cono sur.”

Anda uno mismo estos días, como tantísimas otras personas, más preocupado de lo normal, si cabe, por toda la vorágine de alarmantes noticias sobre caídas de la bolsa, rescate de la economía de naciones, problemática empresarial, necesidad de reformas drásticas, que en nuestro país se anuncian como precedente necesario de un empobrecimiento que todo el mundo (entendido como tal el pueblo llano) experimenta ya, porque su sueldo ha menguado, la cesta de la compra se ha encarecido, y el otrora bienestar se ha transformado en carencias, ansiedad y agobio.
Sócrates (Portugal) y 
Zapatero (España),¿ se ayudan, 
se empujan o se 
consuelan mutuamente?
Y a raíz de ello, no deja de sorprender la inconsciencia, o el cinismo, o la incompetencia, o la incapacidad, de un presidente del gobierno que ni siquiera se percata de cuándo miente, que hace una política tan al minuto que “se va, la empastra y vuelve”; que se ampara en toda serie de argucias para encubrir el fenecimiento de su proyecto político, en el que se ha asido como clavo ardiendo a un vicepresidente tan experimentado en la pillería política como carente de auténtico sentido del estado; a unas ministras incompetentes como la “perdida” “minisTrini”, que ni ha sabido ni ha podido tratar la problemática del Sahara; o la infumable Leire (¡cómo un ministerio, como el de Sanidad, puede llegar a estar en manos de alguien(a) tan corto(a), sectario(a) e incompetente!).
Y así estamos, incursos en esta crisis, que es global, ciertamente, pero en la que no se ha pronunciado desde el gobierno ni una mala palabra ni ha faltado una buena promesa, y en la que no se ha ejecutado ni una buena acción, porque ni siquiera las medidas correctoras anunciadas se han puesto en práctica.
¿Ayuda o captura?
El desempleo aumenta, la obtención de recursos para la Hacienda Pública es cada vez más cara y dificultosa; el endeudamiento estatal va subiendo; la economía se halla estancada.
Y mientras tanto, unos atacan a los otros; los otros a los unos; se dedican a hablar y anunciar corrupciones, pero nadie se “ata los machos” y se dedica a decir verdades y a dar soluciones.
No cabe duda que una reforma del sistema electoral, como propugna el autor del artículo transcrito al inicio, es necesaria. Pero ¿cómo? ¡Si depende de los propios partidos políticos!
En fin, que a lo mejor hay que volver a aquellos tiempos en que como la religión era estatal, todos estaban obligados a rezar (en apariencia, claro). Solo implorando la ayuda del Más Allá parece que podría vislumbrarse algo de luz en este desesperanzador panorama.
“Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas”.- Bertrand Russell (1872-1970) Filósofo, matemático y escritor inglés.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

07 julio 2008

¿CRISIS? ¿DIJO USTED CRISIS? SOLAMENTE PROBLEMILLAS...

El líder del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, volvió a defender ayer las medidas puestas en marcha por su Gobierno ante las "dificultades económicas". El Presidente aseguró además que no va a regodearse en la actual crisis, y criticó por ello a quienes se apuntan "con fruición a la idea de crisis" porque, denunció, aspiran a que les ayude a recuperar el poder. En su discurso de clausura del 37 Congreso Federal del PSOE, Zapatero se dirigió a los que le acusan de no querer reconocer la magnitud de las dificultades económicas y ha negado tajantemente esa idea.
(LA ESTRELLA DIGITAL, 07/07/2008
)

Bien, queridos amigos, ¡no hay crisis!
Lo ha dicho el “oráculo” (no de Delfos, sino de los socialistas) y hay que ser obedientes –o hacerse los despistados, que es más práctico—frente a esa “doctrina oficial” del nunca bien ponderado líder del único y oficializado partido socialista, en loor de muchedumbre. O de manada…
Nada, no insistamos, sobre crisis, porque las dificultades económicas son simplemente “problemillas”, y quien opina lo contrario es porque quiere conquistar el poder (¡vaya, no sabía yo que cuarenta y pico millones de españoles puedan reconquistar el poder por pensar así!)
Total, que no poder pagar la hipoteca cada mes, porque ha incrementado enormemente su coste, será imprevisión, pero no crisis; el aumento del coste de la vida como no lo había experimentado en los últimos diez años, es consecuencia de un “reajuste” de los precios energéticos, pero no crisis; los problemas para financiar las pensiones, son consecuencia de que los pensionistas se han habituado a vivir demasiado bien, pero no son crisis; el hundimiento de la industria de la construcción y del mercado inmobiliario, son una simple desaceleración, nunca una crisis.
Y así sucesivamente…
¿Quién osa contradecir al oráculo del gobierno y hablar de crisis?
Como el último Congreso del PSOE más bien ha oscilado entre los feminismos y la filosofía de una ONG, puedo atreverme a decir que me ha sorprendido el culto al “divo” Zapatero, que ha reeditado cultos a la personalidad anteriores.
Cierto es que frente a ello, los opositores (que poco parecen una compacta oposición) se presentan desgreñados en no se sabe qué contiendas ideológicas, que vienen a ocultar la realidad de una lucha por el poder.
Así, el “oráculo” ha rozado cotas de divinidad, y, cual Nerón tañendo su arpa, ha generado cataratas de entusiasmo monjil (perdón por utilizar esta expresión después del proclamado laicismo de los “nuevos” colonizadores sociales).
Probablemente, alguien me criticará diciendo que solamente ironizo sobre los “logros” socialistas.
Podría ser, porque lamentablemente, los otros grupos políticos no dan pie ni al sarcasmo.
En fin, ojala sea como predijo el filósofo español Eugenio Trías (1942-?):
“En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra”
No nos regodeemos con la crisis, que nos lo prohíbe el “padre prior”; simplemente aprovechemos estas pequeñas dificultades económicas, con toda paciencia, a ver si iniciamos una época algo menos cínica y fofa y un poco más seria y moralmente transcendente.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA