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08 junio 2017

Regreso a la memoria: Cuatro años después del inolvidable 50 Aniversario de la XXI Promoción de Milicias Universitarias



"Gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia".-  Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.

¡Qué gran verdad es que el tiempo no solamente corre; vuela. Y a la velocidad de la luz!

Crónica/novela del 50 Aniversario
Parece que fue ayer, pero aconteció el 8 de junio de 2013, rondando las 10'30 horas de su mañana, en término de Ronda (Málaga), sitio de Montejaque, acuartelamiento del Tercio IV Alejandro Farnesio de la Legión, y los integrantes de la XXI Promoción de Milicias Universitarias (Compañías 4ª y 1ª de la 1ª Agrupación, de la IPS, en dicho campamento) que aún se mantenían con vitalidad suficiente,  se hallaban congregados en el patio de armas, frente a la sierra de Grazalema y el siempre recordado "murex", conteniendo en sus mentes las emociones mil que se les agolpaban al rememorar que cincuenta años antes habían vivido y convivido   con las esencias militares en esas tierras inolvidables, estudiando y esforzándose para alcanzar la graduación de Oficiales de la escala de complemento del Ejército español.
Poster conmemorativo
Allí, en la plaza de armas, frente a la formación legionaria, con la presencia de quien había sido su Capitán y Profesor, Don José Manuel Sánchez Gey, estaban los que habían sido sus subordinados y discípulos, junto con sus familias y allegados.
Quiso participar  una fina lluvia, que empapó los uniformes ahora civiles de los otrora oficiales de complemento, aunque el sol de Montejaque (el amado y temido sol de esos pagos) pronto ofreció su
luz y su alegre calor para sumarse a la celebración.
Presidiendo la comida del 50 Aniversario
Y en esa plaza de armas que antaño --cincuenta años antes-- había sido mudo testigo de mil emociones en la Jura de Bandera de los entonces "caballeros aspirantes a oficial de complemento", se revivió el acto de juramento a la enseña de España, bien que en esta ocasión los antaño "milicios" lo hicieron junto con sus esposas, hijos y nietos, brindando a los presentes y a la presidencia del acto (Secretario de Estado de Defensa, General Jefe de la Brigada de la Legión, mandos del Tercio) el testimonio de su patriotismo y compromiso.
Noviembre 2016, homenaje al "Capitán General"
El homenaje a los fallecidos, al son incomparable de la pieza musical "los novios de la muerte", se entreveró con las hondas emociones del recuerdo a los compañeros ausentes y en especial a los que ya habían instalado para siempre en el firmamento de la vida sus estrellas de seis puntas.
Y cuando el acto castrense llegó a su fin, todos los integrantes del grupo y de la Promoción ("Agostiembre" pasaron de denominarse poco después) se reunieron "en familia" con su Capitán, en la siempre recordada Ronda, sobre el famoso Tajo, para revivir en una centenaria intimidad las emociones del reencuentro.
Noviembre 2016: Diario de Cádiz
Esa celebración del 50 Aniversario no terminó allí aquel día, sino que se ha venido repitiendo desde entonces mediante contactos fraternales, comidas de hermandad, visitas a los mandos de la Legión, participación en actividades militares (como, por ejemplo, en la creación de la cátedra Comandante Sánchez Gey, o visitas a la U.M.E., o participación en el Sábado Legionario) y también en celebraciones "familiares", cual homenajes al "Capitán General" (graduación especial y única conferida por los miembros de la Promoción a quien había sido su Capitán/Profesor), visitas al líder y "padre militar" en Cádiz, encuentros en esa bella capital con su familia, amigos, compañeros de la milicia, y hasta presencia en la prensa escrita mediante felicitaciones en su aniversario cada año.
Porque la longevidad de la memoria y vivencias de esa XXI Promoción débese en gran parte a la providencial supervivencia de su jefe y patriarca Sánchez Gey, quien en sus casi 98 años sigue brindando ejemplo de humanismo y sapiencia, de hombría de bien y de entereza.
Marzo 2017: Con el General Jefe de la Legión
Regreso a la memoria, sí; regreso a las emociones vividas; recreación actual, hoy y ahora, de tantos y tantos recuerdos...
Es el "Agostiembre", el retorno a Montejaque, una parte esencial e inolvidable de nuestras vidas...
Así es obligado cantarlo y contarlo, y a ese menester se dedica éste que en su día fue cronista y hoy se siente enorgullecido de seguir narrando.
Por último, referencia a lo que en este mismo blog se publicó en aquel junio de 2013, en  enlace que sigue: http://cadadiatienesuafan.blogspot.com.es/2013/06/volver-y-desde-montejaque-un-entranable.html
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

17 septiembre 2014

VIAJE A LA MEMORIA: 17 DE SEPTIEMBRE, EL 95 ANIVERSARIO DE UN LÍDER, JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ GEY.

El tiempo va corriendo para todos (“Tempus fugit”), y, mal que nos pese, no se detiene.
Se suceden los acontecimientos, las celebraciones, los aniversarios y los desencuentros y las desapariciones de muchas gentes que nos han acompañado en la vida.
Y por eso, cuando es el aniversario o cumpleaños de algún famoso, conocido o allegado, nos congratulamos de que siga entre y con nosotros, un poco como agradeciendo a la vida que respete a esa persona a quien valoramos, apreciamos o queremos. 
Cada Aniversario es, quiérase o no, un “Viaje a la Memoria”, porque en esa data, al alegrarnos de la efemérides, conscientemente repasamos la biografía de la persona que protagoniza el evento. 
En ese retorno a los recuerdos, el día 17 de Septiembre es una fecha especial para los que fuimos integrantes de un grupo de mozalbetes que allá en los años 1963 y 1964 acudimos a Montejaque-Ronda, en las estribaciones de la serranía, valle de La Indiana, frente a los riscos de la sierra de Grazalema, para cumplir lo que entonces era un deber (a la sazón apenas socialmente contestado) para todos los españoles: el servicio militar. 
Servicio militar que era obligatorio y que se permitía a los estudiantes universitarios prestar mediante su integración en las llamadas “Milicias Universitarias”, en el marco de la “Instrucción Premilitar Superior” (más tarde “Instrucción Militar de la Escala de Complemento”).
Y en el “Viaje a la Memoria”, más de un centenar de estudiantes de las regiones de Valencia, Murcia y Andalucía que integramos las compañías 4ª y 1ª, hoy recordamos que nos reunimos en ese campamento de Montejaque, en torno a una figura, a un personaje, a quien los tiempos y nuestro afecto y respeto han elevado a la singular condición de “capitán, profesor y líder”. 
Era, y es felizmente, Don José Manuel Sánchez Gey, entonces capitán de Infantería, ya maduro, quien arrostró el reto de conducir a aquellos espabilados muchachos desde su algo hedonista vida de estudiantes universitarios a la efectiva realidad de la vida militar, para que alcanzaran más tarde puestos de mando como oficiales del Ejército. 
De esta manera, en los trimestres de los veranos de 1963 y 1964, el capitán Sánchez Gey forjó con su buen hacer, inteligente mando y sabia enseñanza a más de un centenar de oficiales y suboficiales del Ejército español, quienes más tarde, coincidiendo con el inicio de sus actividades profesionales, ejercieron como mandos militares a lo largo y ancho de la geografía española. 
Cuando habían transcurrido cincuenta años de aquellos ya lejanos tiempos de instrucción y estudios militares en Montejaque, los supervivientes de aquella XXI Promoción de Milicias Universitarias del campamento rondeño, volvimos a congregarnos en torno al otrora capitán, elevado por nosotros al grado supremo de “Capitán General”, para celebrar el cincuentenario de la despedida campamental y graduación como oficiales y suboficiales y rendir al propio tiempo tributo a la patria y a su bandera y homenajear de afecto a nuestro maestro y líder. 
Todo esto que la memoria suscita se torna hoy más presente, porque el “Capitán General”, Don José Manuel Sánchez Gey, alcanza la gloriosa edad de ¡noventa y cinco años!, con la mente lúcida, el recuerdo patente y el ejercicio permanente de su sapiencia en el mando y en la vida, no ya solamente con todo el mundo de su Cádiz “casi” natal (él había nacido en la misma provincia, en Villamartín), con su vasta familia que alcanza ya hasta la cuarta generación, sino con los que fuimos sus alumnos y subordinados --ya septuagenarios nosotros-- y que al conmemorar el 95 Aniversario de nuestro líder nos sentimos retornar a aquellos irrepetibles años de nuestra mocedad en las entrañables tierras rondeñas de Montejaque. 
¡Gracias, pues, nuestro “Capitán General”, por hacernos volver, con motivo de tu Aniversario, a tiempos tan “nuestros”, tan sufridos y a la vez tan queridos, como aquellos en los que nos enseñabas a sacar provecho del “polvo, sudor y hierro” de nuestra experiencia militar! 

Por encargo de todos, de los que ya se fueron para permanecer siempre en el recuerdo, y de los que seguimos por aquí, recibe, querido José Manuel,  un gran abrazo,
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
"Nuestra adhesión a un jefe natural no es una pérdida de libertad, es el reconocimiento de que nuestras ideas tienen un ejecutor y un intérprete".- Jorge Santayana (1863-1952) Filósofo y escritor español.

11 diciembre 2013

Los luceros de la Navidad: Una historia soñada en Montejaque



Con especial afecto, recuerdo y dedicación hacia Don José Manuel Sánchez Gey (nuestro “Capitán general”) y familia; a los compañeros de Milicias Universitarias y a sus familias, en el deseo de que en sus vidas se repitan sueños como éste

El crepúsculo vespertino ya se había cernido sobre la cuenca del río Guadiaro, y una neblina parecía envolver el valle de La Indiana.

La pequeña población de Arriate se vislumbraba un poco hacia el norte, enarbolando la torre campanil de su blanca y coqueta iglesia, como irguiéndose en índice para guiar hacia los riscos de la sierra de Grazalema.

Un tren, locomotora de vapor al frente, resoplaba en el ascenso de las cuestas desde la estación de La Indiana en dirección a Ronda.

El cielo estrellado lucía pese a la ligera bruma.

Y poco a poco, mientras la noche se asentaba en las faldas de la montaña rondeña e invadía las pendientes de Benaoján y Montejaque, los luceros iban significando sus destellos formando como un haz  curvado que surcaba el cielo en dirección hacia una cueva que, recóndita, se hallaba en el camino que acompañaba el curso del río.

Presté atención y agucé el oído porque percibía un lejano rumor con tonos musicales, de cítaras y trompetas, que parecía provenir del alma de la montaña, en la que se adivinaba como una luz difusa e intensa de tono plateado.

Y según me fui acercando, preso de la sorpresa, esos sonidos armoniosos y esa luz tornabanse cada vez más intensos y seductores.

Llegué así a esa cueva, que se abrió ante mí con un panorama sorprendente, y cuando me convencía para entrar en ella e indagar lo que acontecía, noté como una mano que asía mi brazo y me empujaba hacia el interior.

Absorto en la vivencia, tuve ante mí un hombre maduro de amplia barba, que solícito miraba hacía una joven mujer, y entre ambos yacía, en un camastrillo, un niño como recién nacido.

Mientras contemplaba tan sorprendente escena, un bello sonido de fondo, de violines y flautas, enviaba al ambiente sones llenos de dulzura y paz.

Me pregunté, en la medida en que mis emociones me lo permitían, qué era todo aquello, y a mi mente llegaron escenas vividas más de cincuenta años antes en los aledaños del entonces campamento de Montejaque, como unos jóvenes soldados (yo mismo) desfilando bajo sones marciales, o recientemente unos más que maduros personajes besando la bandera en una renovación de su juramento, mientras se escuchaban marciales acordes de marchas e himnos legionarios.

Y de súbito, la familia que tenía frente a mí en la cueva tornóse vestida en color caqui y sobre ellos apareció, refulgiendo, una estrella de seis puntas, mientras con de forma tenue sonaban las notas del tango “Volver...”.

Sorprendido, un impulso súbito me hizo dejar aquella aparición emocionante y sugestiva, y al salir de la cueva contemplé en el cielo, disipada ya la neblina, como un enorme cordón de estrellas, de luceros esplendentes, que, ajustada la visión, eran estrellas de seis puntas,y dibujaban en el firmamento la frase “Feliz Navidad, en vuestro regreso”.

Inquirí, me inquirí en alta voz, qué era todo aquello que estaba experimentando, cuando un estridente sonido, el del teléfono junto a la cabecera de mi cama, me devolvió a la realidad.

Era el “Capitán general” Sánchez Gey, que me llamaba para felicitarme la Navidad…

De esta guisa, en este año del cincuentenario de nuestra XXI Promoción de Milicias Universitarias en Montejaque, no solamente hemos retornado allí, sino que hemos grabado en nuestras vidas y en nuestras mentes el imborrable recuerdo de unos años que revivimos siempre, pero especialmente en esta Navidad, junto a los compañeros presentes, y con el corazón enviado a los que ya nos dejaron, con todos los nuestros, con todos…los que amen y sueñen con los luceros de la Navidad…máxime si es en Montejaque.


Por la transcripción,
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

11 junio 2013

Volver a y desde Montejaque: Un entrañable encuentro de antiguos compañeros.- Las emociones que las palabras no pueden describir…

"Ni el pasado existe ni el futuro. Todo es presente”.- Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) Escritor español.

No solamente recordar es volver a vivir, sino que re-vivir es algo así como actualizar y concretar en sensaciones actuales las vivencias que soterradas en nuestra mente.

Actual arco de entrada
Dígase como se diga, sea como sea, la realidad es que quien esto escribe, junto con un grupo de compañeros (y hasta por edad y por antigüedad amigos) ha podido experimentar el placer, el lujo, la emoción, de pisar las tierras que holló cincuenta años antes; de visionar los paisajes que le inundaron el panorama diez lustros antes; de conversar con los acompañantes sobre lo que fue y lo que es…
Una delicia semejante a una ensoñación.
Tal vez el lector ajeno a la conmemoración del 50 Aniversario de la XXI Promoción de Milicias Universitarias (Instrucción Premilitar Superior) del campamento de Montejaque-Ronda, en los años 1963/64, y más concretamente de las compañías 4ª y 1ª (respectivamente para cada año); tal vez, el lector, repito, se pregunte qué, cuál, cómo, dónde, fue ese acontecimiento, porque apenas si ha habido eco en los medios de comunicación, ahora tan ocupados en las sábanas de unos, los cameos de otros, los engaños de los más y los juicios de casi todos.
Estrella de Alférez
Hallará, sin embargo, quien siga este blog, sobrada noticia de que se preparaba para el pasado sábado, en el acuartelamiento General José Gabeiras, del IV Tercio de la Legión “Alejandro Farnesio”, en Montejaque-Ronda, en el seno de la Fiesta de la Legión, la renovación del juramento a la bandera de una buena parte de los universitarios que muchos años atrás, en la parte final de sus carreras, prescindieron de sendos trimestres estivales de descanso y ocio, para alcanzar su formación en el servicio de las armas (a la sazón obligatorio para todos los ciudadanos) y obtener, con los adecuados estudios en el propio campamento, su graduación como suboficiales (sargentos) u oficiales (alféreces) de la escala de complemento del Ejército Español.
Y más aún, el lector ajeno a aquellos redivivos estudiantes-soldados, también deberá saber que quien mandó e instruyó a esos jóvenes universitarios que fueron, todavía obsequia a la vida con su presencia y vitalismo. Me refiero al otrora Capitán, Don José Manuel Sánchez Gey, ahora elevado por todos los que le seguimos a la categoría suprema de "Capitán General" y a la condición de “padre” militar y espiritual de todos nosotros.
Galones de sargento
Y fue así, el pasado viernes, siete de junio, cuando el sol comenzaba a iluminar de refilón el tajo rondeño, al filo de las siete de la tarde, los teléfonos móviles de los miembros de aquellas dos compañías de instrucción; de aquellos llamados “milicios”, comenzaron a sonar ya en Ronda, inquiriendo dónde se hallaba cada uno, con ansia irrefrenable de fundirse cuanto antes en el abrazo emocionado y emocionante del reencuentro.
Y de esta guisa, en el “Mirador de la Espinela”, magnífica instalación hostelera colgada sobre el Tajo de Ronda, con vistas espectaculares sobre toda la serranía y las estribaciones de Grazalema, fueron intuyéndose más que reconociéndose, mientras se abrazaban,  aquellos que cincuenta años antes presumían de bigotillos y exhibían pobladas y casi siempre negras cabelleras (algún díscolo pelirrojo y algunos rubios había).
“¿Perdona, quién eres tú?”, fue la pregunta más repetida, a la que siempre siguió un apretado abrazo y un encararse para contemplar que el paso de los años había ajado algún que otro rostro, despoblado alguna que otra cabeza y tintado al níveo casi todos los cabellos; pero que el carácter y el espíritu seguían incólumes.
Las esposas, parejas, hijos, acompañantes, observaban en un segundo plano, con curiosidad y regocijo aquel encuentro de compañeros con gestos de adolescentes entre ellos, al tiempo que ni podían imaginar cómo había sido posible el “milagro” de una reunión así tantos años después.
El entusiasmo y las ganas de convivencia se desplegaron por las calles de la ciudad de Ronda, tan desconocida para muchos de nosotros en su realidad actual, pero tan recordada; y unas cañas de cerveza o unas copitas de vino fino y un tapeo fueron el sello del primer contacto.
La mañana siguiente, la del sábado día ocho de junio, apareció inusitadamente fría y desapacible. Era sorprendente el frío viento que soplaba y la amenaza de lluvia que negros nubarrones presagiaban.
Emblema de la IPS
(¡En aquellos Ronda y Montejaque de sol inmisericorde y de los cuarenta grados a la sombra de cincuenta años atrás!)
Pero cuando el colectivo, con esposas, hijos y bastantes acompañantes, inclusive nietos y bisnietos, descendía en el autobús hasta el que fuera su campamento, hoy remozado acuartelamiento de la unidad legionaria de élite (el Tercio IV Alejandro Farnesio, al que, en tono jocoso se denomina "los okupas"), ni siquiera la fina lluvia que comenzaba a caer pudo evitar el efluvio ardiente de la emoción.
Sí, efectivamente, al igual que “el retorno a Brideshead”, el retorno a “nuestro” Montejaque se estaba consumando.
Ya nos emocionó que al paso de nuestro autobús (identificado en su frente con un llamativo poster de nuestra promoción, que más adelante se reproduce), la marcialidad de los legionarios nos acogiera con perfectos saludos, pero mucho más nos entusiasmó el hecho de pisar físicamente la tierra (hoy casi todo asfalto) de la que fuera nuestra Plaza de Armas, en la que banderas y gallardetes anunciaban la celebración prevista.
Unos atentos y disciplinados suboficiales fueron acomodando a nuestros acompañantes en las tribunas, mientras que a nosotros, los que habíamos alcanzado el grado de oficiales  y suboficiales de complemento cincuenta años antes, se nos disponía en grupo destacado y unido a los pies de la tribuna presidencial, integrándose con nosotros varios hijos de nuestro Capitán.

Arma de Infantería
Arreciaba la lluvia, que empapaba nuestros trajes civiles, nuestros uniformes de ahora, pero allí permanecíamos entre estoicos y embargados por los efluvios de la emoción al visionar de nuevo tan “in situ” lo que tan nuestro había sido y volvía a ser, y vernos situados frente a la sierra de Grazalema, y al “murex” de nuestros disparos, oliendo a campo, a nuestra montaña querida.
El desarrollo del acto castrense fue, como es habitual en las celebraciones legionarias, impecable, lleno de emoción, con el recibimiento a la bandera, la llegada y revista de tropas por el Secretario de Estado de Defensa acompañado del General Jefe de la Legión, la Jura de bandera por más de setecientos civiles, entre los que destacaba nuestro grupo –que desfiló unido (e identificado cada cual con su "galleta" de la XXI Promoción y 50 Aniversario), hacia la enseña patria, entremezclándose con nosotros,  esposas,  hijos,  nietos--; el homenaje a los muertos, con la ofrenda (escalofriante) al Cristo de la Legión de la corona de laurel, a los sones del toque cornetil de silencio y de toda la banda; la interpretación musical de la pieza legionaria “novios de la muerte”; la salva de fusilería; y el desfile impresionante de las tropas legionarias.
Menos mal que todos mirábamos al frente, y más bien al infinito, porque así quedaron para cada uno de nosotros, para nuestros adentros, las lágrimas de incontenible emoción que, de manera espontánea pero inevitable, nublaban nuestros ojos…
Ojos que sí imaginaron dibujadas en el ya azulado firmamento, las refulgentes estrellas de seis puntas de aquellos compañeros que ya habían partido hacia ese infinito que es el recuerdo perenne.
Tan es así que el “meteoro”, ese tan amado por nosotros “meteoro de Montejaque”, pasó a obsequiarnos al cabo de un rato con un sol brillante, que no solamente secaba nuestras emociones, sino que nos situaba en la realidad del hoy y ahora, desde el ayer que nos había conducido hasta allí. 
Momento de la Jura de bandera
Y entonces salimos en hilera individual con paso sostenido, hasta llegar a la bandera, que besamos con respeto y rubor, notando en nuestros labios el calor de la madre patria que la seda nos transmitía.
Al regreso del juramento, abrazos entre todos, dándonos la enhorabuena, porque habíamos vuelto a nuestros orígenes desde nuestro presente, especialmente acompañados por nuestros allegados y por los familiares de nuestro Capitán, por éste mismo (en lugar de honor en la tribuna presidencial), en torno al cual hicimos racimo para perpetuar nuestro encuentro en las fotos, entremezclados todos, como la mejor demostración de que entre el Capitán y subordinados, profesor y alumnos, se había instaurado ya una indisoluble unión de familia.
Y llegó el culmen, con el desfile de las tropas, impresionante, que enardeció a todos los presentes, rubricando con su aplauso fervoroso la emoción que causaba tanta marcialidad y orden.
Acabado el acto castrense, la alegre conversación prologó el retorno a Ronda, para nuestra propia e íntima celebración del cincuentenario.
Programa de la celebración en Ronda
Nos aguardaba el restaurante “El Mirador de la Espinela”, y en su planta noble se nos había reservado toda una sala, en la que nos acomodamos los concurrentes, presididos por nuestro "Capitán General" y su hijo, ilustre y laureado militar, el Coronel José Manuel Sánchez-Gey Venegas (nuestro “alter ego”, y eficacísimo valedor), y una buena parte de sus familiares más allegados. Toda la sala, todos puestos en pie, recibimos con un emocionado aplauso a nuestro "Capitán General", que compartió mesa con los primeros números de la Compañía y el Cronista de la unidad.
El  Cronista introdujo la bienvenida y glosa de la reunión, en medio de la cual resultó conmovedor y emocionante el recuerdo a los compañeros fallecidos, nombrados por Jesús Bataller uno a uno, en medio de un silencio que cerró una atronadora y emocionada salva de aplausos, después de la lectura del poema dedicado a los que ya nos habían dejado:
“Amigo,
Buen amigo,
Compañero…
Te fuiste
Y no sé quién era primero…
Luces ya con tu estrella en nuestro cielo,
Por siempre en el recuerdo, compañero…”
Placa entregada
Tras las palabras de varios asistentes, se hizo entrega al "Capitán General" de una placa de alpaca, con especial dedicatoria, que se reproduce aquí mismo, y también, de un ejemplar encuadernado en noble de la crónica-novela de la vida campamental, titulada “Noventa días que hacen historia” y “Seis puntas tiene una estrella”, cuya dedicatoria firmaron todos los presentes.
Y, en fin, el Capitán obsequió a sus discípulos con un libro de su autoría, escribiendo y firmando personalmente las dedicatorias, y con fotocopia de las calificaciones de los estudios militares que habían cursado medio siglo antes.
La emoción desbordó a todos, y especialmente al más que nonagenario "Capitán  General", quien solamente podía agradecer con arrebatada emoción tanto afecto, con las palabras de "¡Gracias!", "¡Muchas gracias!""!Sois increíbles!".
Después, una exquisita comida, regada con buenos caldos (por separado se inserta el programa de la celebración y la minuta de la comida), dio paso a la tertulia, a la convivencia, a los cánticos y a la deliciosa conversación.
Póster
Todo esto, y mucho más, se vivió en aquellas jornadas en que se volvió a y desde Montejaque, en un inolvidable encuentro de antiguos compañeros, que podría calificarse como “un ramillete de emociones, en el que sobraron las palabras”

Gracias mil al "Capitán General" y a su familia; gracias mil a todos los compañeros; y a sus familiares y a los amigos; y a los mandos del campamento de Montejaque.
¡Que Dios bendiga a todos!
Y honor para las compañías 4ª y 1ª de la 1ª Agrupación, del campamento de Montejaque, años 1963/64. Que siguen vivas y en actividad cincuenta años después.
Y honor a las Milicias Universitarias, IPS.
Y honor a la Infantería Española.
Y honor al Ejército español que fue y es.
¡Y, sobre todo, VIVA ESPAÑA!
Por encargo del cronista de las Compañías, lo transcribe
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

16 septiembre 2012

Efemérides: En el 17 de Septiembre, honra a José Manuel Sánchez Gey, “El Capitán”

“Comienzo con la premisa de que la función del líder es producir más líderes, no más seguidores”.- Ralph Nader (1934-?) Activista y abogado estadounidense. 


Cuando llegan estas fechas necesariamente he de acordarme de quien hace ¡cuarenta y nueve años! dejó una honda huella en mi carácter y permanece desde entonces en mi memoria. Como en la de otros muchos antaño jóvenes universitarios.
Me refiero al ilustre militar, José Manuel Sánchez Gey, quien en los veranos de 1963 y 1964 fue el capitán instructor y profesor de las compañías 4ª y 1ª, respectivamente, de la 1ª Agrupación del entonces campamento de Montejaque, situado en las proximidades, mejor dicho, en las faldas de la montaña que corona la bella ciudad de Ronda, en la provincia de Málaga.
Fotos del entonces capitán Sánchez Gey, la compañía a su mando y la 1ª Agrupación, en Montejaque, años 1963/64
En aquel campamento, parte del cual aun existe en la actualidad (si bien completamente remodelado y destinado al IV Tercio de la Legión, con la denominación de “Acuartelamiento General José Gabeiras”), allí, en aquellas laderas de la serranía rondeña, frente a la sierra de Grazalema, quien esto escribe y otros ciento y pico universitarios más (junto con otros cuatro mil, componentes de otras unidades, y procedentes de la región valenciana, Murcia y Andalucía) se integraron en las dichas compañías de instrucción de la IPS (Instrucción Premilitar Superior, posteriormente denominada Instrucción Militar de la Escala de Complemento, IMEC), al mando del entonces capitán de Infantería, José Manuel Sánchez Gey.
Poco tiempo ha, junto con un compañero valenciano de aquella  experiencia militar, el bueno de Jesús Bataller Peris, (quien a estas alturas se enorgullece sintiendo la ilusión juvenil de aquellos tiempos y proclama ufano que obtuvo el nº 2 de la promoción, aunque en mi opinión bien pudo alcanzar el primero) tuve la satisfacción emocionada de compartir unas horas en Cádiz con quien fue nuestro capitán; y después, ya de regreso, recorrer y pisar aquellas tierras montejaqueñas, en las que tantas ilusiones se nos generaron, tantos esfuerzos desplegamos, tantas ambiciones se nos frustraron, tantas vivencias experimentamos, al tiempo que los entonces estudiantes intentábamos asimilar la vida militar para alcanzar la estrella de seis puntas que era la deseada divisa para ser alféreces de complemento del Ejército Español.
Los años han pasado, nuestra nación española ha cambiado “de arriba abajo”, nuestra sociedad se ha transformado, nuestra insultante juventud se ha trocado en…incipiente ancianidad; pero los recuerdos son perennes y las vivencias de aquellas lejanas fechas se han sublimado hasta convertirse en una indeleble memoria de una juventud que revivimos cuando la recordamos y cuando estamos cerca del militar que nos lideró.
Allí, en aquellos años sesenta, estuvo “soportándonos” el entonces capitán Sánchez Gey, y a los universitarios algo acomodaticios que éramos nos imbuyó el espíritu de la milicia, para que cumpliéramos nuestros deberes militares con la patria (hoy absolutamente profesionalizados) como oficiales de mando. Y a fe que lo hizo con dedicación, generosidad y respeto hacia nuestras personas, ya que con elegancia y austeridad nos inculcó la esencia militar, acomodándola a nuestra formación universitaria.
Todo ello viene a cuento porque el 17 de septiembre, es el ¡NONAGÉSIMO TERCER ANIVERSARIO! del nacimiento de Don José Manuel Sánchez Gey, quien en su Cádiz de arraigo familiar, a la que honra y que le honra, despliega su plenitud vital, y sigue ejerciendo como líder augusto de su familia, de sus amigos, y de quienes, como quien esto firma, fueron sus alumnos y subordinados. 
Por ello es necesario agasajar y recordar a este nuestro líder en la milicia y en la vida que fue para todos nosotros "el capitán"  (y me arrogo, tal vez de manera osada, la representación informal del centenar largo de jóvenes que estuvimos a sus órdenes).
Me consta, querido José Manuel, que tu austeridad y sencillez te hacen eludir cualquier elogio a tu trayectoria personal, profesional y militar, pero una cosa es que tú no lo desees y otra bien distinta que nosotros, los que nos enorgullecemos no solo con tu recuerdo sino con tu permanencia entre nosotros, proclamemos a los cuatro vientos nuestra algazara, nuestro júbilo, porque el Buen Dios haya permitido contarte todavía entre los “nuestros”; y pues bastantes de los compañeros de campamento de aquel entonces marcharon ya hacia las estrellas, los que todavía pisamos esta vida, ya sin demasiadas energías para marcar el paso, nos sentimos felices de tener con nosotros a “nuestro capitán”, “nuestro padre” en buena medida en unos estíos campamentales, tan de antaño como que el año próximo se cumplirán cincuenta años.
Permíteme, querido José Manuel, mi capitán, que te evoque en aquella Plaza de Armas, en la que mirando a la sierra, con tu porte marcial, tu mirada serena y tu voz firme y sonora, nos mandabas para rendir honores a la bandera y a los caídos por España, o te enorgullecías de que tu compañía había desfilado portando el fusil de asalto Cetme, primicia en el Ejército Español.
Y dame licencia también, mi capitán, para que en tu Nonagésimo Tercer Aniversario, mirando al cielo y a las estrellas de la sierra rondeña, pida al Dios de nuestro Montejaque y de Benaoján y Grazalema y Ronda, que nos siga obsequiando con tu presencia y magisterio entre nosotros, y podamos repetirte, evocando tu figura recortada sobre los fondos de la serranía, el inicio de aquel poema de Eduardo Marquina (en su obra “En Flandes se ha puesto el sol”): 

¡Capitán de los Tercios de Flandes,
Señor Capitán!

“Para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos”.- José Martí (1853-1895) Político y escritor cubano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA