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14 enero 2016

Esta España nuestra: La pintoresca constitución del Congreso de los Diputados, o “el tinglado de la antigua farsa"

“Rajoy en el burladero: Iglesias decidirá si hay legislatura o nuevas elecciones
Si la CUP mantuvo en vilo durante más de tres meses la legislatura catalana, ahora es Podemos la formación que tiene la llave para dar recorrido en el conjunto de España a la nueva etapa abierta tras la constitución de las Cortes o, por el contrario, precipitar nuevas elecciones. 
El teatro vuelve de nuevo a la Carrera de San Jerónimo, pero esta vez bajo rasgos nunca vistos. No tiene precedentes que una prediputada, deposite su voto en la tribuna acompañada de su bebé, como tampoco que los parlamentarios estrenen su tono mitinero desde el escaño antes incluso de conseguir su plena condición de tales. Esto fue lo que este miércoles se vivió en el Congreso, donde Pablo Iglesias y su guardia pretoriana se esforzaron en dejar claro que el acuerdo sellado por el PSOE con el PP y Ciudadanos para repartirse la Mesa de la Cámara Baja y dar su presidencia al ex lendakari Patxi López, supone para Podemos un punto de difícil retorno en los esfuerzos que en lo sucesivo puede hacer para confiar en los socialistas. Es una circunstancia a tener muy en cuenta, ya que si en algo coinciden Mariano Rajoy y Pedro Sánchez es en que los 69 diputados de la izquierda radical que ahora se sientan en el hemiciclo son los que tienen la llave para dar aire a la XI legislatura, permitiendo la formación de Gobierno o, por el contrario, precipitando nuevas elecciones.
La posibilidad de nuevas elecciones acabará dependiendo de los cálculos que interesen a Pablo Iglesias.
Igual que la CUP colocó en el alero durante más de
tres meses la legislatura catalana, ahora es Podemos la formación que tiene la sartén por el mango en el centro de la soberanía nacional, en un periodo donde se cruzan varios calendarios a la vez: el que maneja Zarzuela para iniciar las consultas y proponer un candidato a la investidura; el que depende de Mariano Rajoy para intentar que algún grupo ajeno al suyo le apoye con los votos suficientes para continuar en La Moncloa, una misión cada vez más difícil; y el que marcará los tiempos de Pedro Sánchez para consolidarse o no dentro del PSOE, algo sobre lo que recibirá señales firmes en el comité federal previsto para el sábado, 30.
Según el análisis compartido tanto en el Gobierno como el cuartel general socialista, sobre estos calendarios va a sobrevolar en los próximos días/semanas el puro cálculo electoral. Si Pablo Iglesias llega a la conclusión de que a Podemos le benefician nuevas elecciones porque puede dar el sorpasso y convertirse en segunda fuerza política, “no habrá nada que le frene”, aseguran fuentes de los dos principales partidos. Los gestos que este miércoles hizo la cúpula de Podemos hacia el PSOE fueron de una extrema dureza al considerar que Pedro Sánchez no la ha tenido en cuenta en el reparto de los cargos que administrarán en adelante el día a día parlamentario y ha priorizado el pacto con Albert Rivera y con el PP. Si el enfado cede en breve y hay una aproximación a los socialistas, se demostrará que Podemos ha concluido que no le favorecen unas nuevas elecciones y, por lo tanto, apoyará la investidura de Sánchez. Si, por el contrario, el cabreo aumenta, se hará evidente que Iglesias ha empezado a trabajar en serio a favor de una nueva campaña electoral.
Los cálculos electorales dificultan los pactos
A pesar de que Albert Rivera se presenta todavía con cierto descaro como fiel de la balanza, aunque cuenta solo con 40 diputados, se ha quedado sin balón en este juego y deberá limitarse a esperar, aseguran tanto en el PP como en el PSOE. Ambos partidos coinciden en que a Ciudadanos es a quien menos interesa ir a unas nuevas legislativas, puesto que podría perder casi la mitad de la representación que acaba de ganar. Eso explica que su guión postelectoral apenas haya variado desde el 20-D y se haya enquistado en lugares comunes relacionados con la importancia que concede a la formación de un Gobierno estable.
En esta misma dinámica, desde el burladero, están también el Gobierno y el PP, pendientes de los cálculos electorales del resto de las fuerzas políticas. Consciente de que Rajoy tiene escasas posibilidades de conseguir el apoyo del PSOE a su investidura por más presiones que Sánchez reciba del Ibex y por más avisos que lleguen en próximas fechas de Bruselas, el relato del presidente en funciones no pasa de momento del emplazamiento a los socialistas y a Ciudadanos a componer una gran coalición en la que prevalezcan los intereses nacionales y la recuperación económica, en un afán por evitar unos nuevos comicios que prolongarían probablemente la incertidumbre política hasta bien entrado el verano.
Ciudadanos es el menos interesado en que se repitan las legislativas, pues podría caer por debajo de los 30 escaños
La paradoja, afirman en el PP, es que son los propios cálculos electorales y, por tanto, la desconfianza que genera la posible cercanía de una nueva campaña, los que van a dificultar las negociaciones para formar Gobierno, pues ni Rajoy, ni Sánchez, ni Iglesias ni Rivera van a querer correr riesgos antes de conocer qué recorrido real le aguarda a la XI legislatura.
¿Están los mercados financieros preparados para digerir varios meses de zozobra política? La respuesta de un alto cargo del Gobierno es sorprendente: “Mi conclusión es que los mercados no se enteran de lo que pasa”.
(De Federico Castaño en “Voz populi”, 14/01/2014)

"He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos".
Estas palabras con las que comienza Jacinto Benavente sus “Intereses Creados”, pueden servir hoy para iniciar la crónica de esos otros intereses creados de estos días en los que estamos asistiendo a la vertebración del Parlamento español después de las pasadas elecciones generales del 20 de Diciembre, adobadas con los esperpentos, rebeldías y aparentes sediciones catalanas.
La verdad es que ayer, al visionar el “espectáculo” de la constitución del Congreso de los Diputados, quien esto escribe se sintió entre sorprendido, admirado y desconcertado.
Congreso y un habitante
Ciertamente, nunca se había visto que a una sesión del Congreso acudieran electos en bicicleta acompañados por una charanga de indumentaria verdilanga (los de Compromís, falleros chabacanos y siempre extraños); o que una buena parte de los que iban a aceptar ser “padres legisladores” no se dignaran tomar posesión algo menos descamisados, o sea, con corbata; o que algún otro no hablara puño en alto; y –lo más chocante—que una diputada electa estuviera con un bebé de seis meses en sus brazos, al que dio teta y pasó a otros compañeros para que hicieran carantoñas.
¡Digno de una película de Luis García Berlanga!, aunque éste tenía bastante más gracia como autor de filmes iconoclastas.
Y así, después de toda esa, para mí, inadecuada y bufa parafernalia, al final se eligió un presidente de la cámara y se constituyó el Congreso, a la espera de los presumibles arduos trámites para la investidura de presidente del gobierno.
“El tinglado de la antigua farsa”, sí; pero además de farsantes, sin clase.
Se me podrá, quizá, tachar de muchas cosas, pero me niego a admitir que quienes representan la voluntad popular, a los ciudadanos, a mí mismo, se comporten como si estuvieran en un mitin callejero, o en una algarada estudiantil, o en una celebración futbolera, o en una verbena folklórica.
Pase lo de la indumentaria, porque aunque el hábito no hace al monje, el pijama no identifica precisamente al prócer.
Pase lo del puño en alto que lucieron los “p(j)odemitas”, a quienes, como al escorpión en la fábula de él y la rana, su propia naturaleza les impulsa a ello.
Pase la llegada en bicicleta con la charanga, que al fin la música siempre alegra los corazones.
Tres bebés y una mamá
Pero, que se me perdone;  critico, y mucho, ese “teatro”, esa “comedia” de una mamá diputada exhibiendo a su bebé, y ella misma destetándose para darle sustento. ¡Faltó una exhibición mamaria "a lo Cicciolina"!
¡Ni en tiempos de los neandertal!
¿No hay una guardería en el edificio del Congreso?
¿A qué viene esa “exhibición”?
Ello califica a su autora y a quienes le han jaleado, ya que demuestran nulo respeto a la institución, y menos aún a la infancia, y denotan simplemente deseos, no de cambio como proclaman, sino de alboroto, que es lo que entrañan.
Dicho lo anterior, ¡vaya panorama de fraccionamiento!
Ninguno de los bloques, los llamados de derechas y de izquierdas, es autosuficiente y habrá de recurrir a artilugios, como las abstenciones, para permitir la investidura de un nuevo presidente, que quedará en precario.
¡Hasta los leones enfrentados!
Todo sorprende, y aún más la osadía irresponsable de un hasta ahora líder del partido de la oposición (cada vez más crecido y "chulito", como olvidando sus antecedentes partidistas), y más que contestado en su propio partido, derrotado con amplio retroceso en las elecciones, y que se autoproclama como el futuro presidente, “salvador” de no se sabe qué esencias democráticas mediante la creación de un a modo de frente popular.
¿Habrá que recordarle el olor a excremento que impera sobre la Administración pública andaluza?
Sí; continúa y se acrecenta “El tinglado de la antigua farsa”, que, sin duda, inspiraría ahora nuevamente a don Jacinto Benavente para escribir sobre otros “intereses creados”, que “haberlos, haylos”.
Mariano José de Larra se lamentaba: “¡Miquelarena, qué país!”.
Yo me permito apostillar: ¡Queridos lectores, cuánto disparate!

"El aspecto exterior pregona muchas veces la condición interior del hombre" William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

11 marzo 2015

Memorias de la historia: A los 11 años del atentado terrorista en Madrid. La fábula de los galgos y los podencos.

Por qué el 11-M dividió a los españoles
La sociedad enmarcó la matanza terrorista en los trenes de Cercanías en lo conocido. Y lo conocido era, por una parte, ETA y, por otra, la guerra de Irak. En realidad, ambas interpretaciones eran erróneas
(Fernando Reinares 11 MAR 2015, en “El País)

Al contrario de lo que sucedió con la sociedad británica tras los atentados del 7 de julio de 2005 en Londres, los perpetrados el 11 de marzo de 2004 en Madrid dividieron profundamente a los españoles. Aún persisten secuelas de esa desunión, aunque con el tiempo sean menos manifiestas. Ha sido y es una discordia basada en diferentes atribuciones de culpa por la matanza en los trenes de Cercanías. Pero resultó ser una división espuria, derivada de una politización del 11-M que se prolongó con la comisión parlamentaria dedicada a esos atentados y más allá. Algo a su vez posible debido a especificidades del sistema político español —como su mayor tendencia a la polarización o la recurrente ausencia de consensos de Estado en Asuntos Exteriores, Defensa
o antiterrorismo— y, sobre todo, porque los ciudadanos no eran conscientes de la amenaza de un fenómeno terrorista instalado en nuestra sociedad una década antes del 11-M.

Unos españoles, ubicados sobre todo en la derecha del espectro político, creyeron, y aún en parte siguen pensando, que los atentados de Madrid fueron de uno u otro modo obra de la organización terrorista ETA. La formulación más habitual de este argumento aduce que los denominados moritos de Lavapiés —una manera extravagante de aludir a quienes constituyeron la red terrorista del 11-M— carecían de los conocimientos y las capacidades para llevar a
cabo lo ocurrido el 11 de marzo de 2004. Por eso, aunque se tratara de individuos que participaron en los hechos, tuvieron que haber sido instigados y apoyados desde el interior de nuestro país por otros terroristas con experiencia. A menudo, a este argumento se añaden especulaciones sobre el modo en que el presidente del Gobierno que el PSOE formó tras el resultado de las elecciones celebradas tres días después del 11-M, José Luis Rodríguez Zapatero, ofreció a ETA una salida de transformación en lugar de optar por derrotarla.

El atentado de Madrid se decidió en diciembre de 2001 en la ciudad paquistaní de Karachi

Otros españoles, situados preferentemente a la izquierda del mismo espectro político, pensaron, y no pocos aún creen, que los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron una consecuencia de la llamada foto de las Azores —en alusión a la instantánea tomada el 16 de marzo de 2003 en una de esas islas del Atlántico y que hizo visible el alineamiento del presidente del Gobierno español, José María Aznar, con la guerra al terrorismo auspiciada por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush— y el posterior despliegue de tropas españolas en Irak inmediatamente después de haber sido invadido este país y derrocado el dictador Sadam Hussein. No ha sido inusual que desde este sector social se critique al entonces Ejecutivo del Partido Popular por haber insistido en asociar a ETA con el 11-M, incluso cuando la evidencia apuntaba en otra dirección, para mantener así sus expectativas electorales ante los comicios generales que se celebraron sólo tres días después de los atentados.

En realidad, ambas interpretaciones sobre el 11-M eran erróneas y la lacerante división en que se sumieron los españoles, incluidas las propias víctimas, ha sido y es engañosa. Ninguna evidencia hay, directa o indirecta, de que la organización terrorista ETA estuviese implicada en los atentados. Tampoco es cierto que la idea de perpetrar una matanza en Madrid surgiera a raíz de la presencia de soldados españoles en territorio iraquí. Como explico y documento en el libro ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España, la decisión de ejecutar ese acto de terrorismo se tomó en diciembre de 2001 en la ciudad paquistaní de Karachi y fue ratificada durante una reunión que delegados de tres organizaciones yihadistas magrebíes mantuvieron en Estambul en febrero de 2002. Además, lo que se convertirá en la red del 11-M inició su formación al mes siguiente, todo ello más de un año antes de la invasión de Irak.

Pero no hacía falta investigar los atentados del 11-M ni desvelar
nueva información sobre los mismos para evitar la división de los españoles, aunque hacerlo haya contribuido a mitigarla. Bien pudo haber bastado con que, como ocurría con los británicos, los españoles hubiéramos estado lo suficientemente sensibilizados respecto a la amenaza del terrorismo yihadista que, además de la relacionada con ETA, se cernía sobre nuestro país con anterioridad a la invasión y ocupación de Irak. Desde al menos 1997, los informes que la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) del Cuerpo Nacional de Policía remitía a los jueces de instrucción de la Audiencia Nacional, quienes debían autorizar escuchas telefónicas relacionadas con los yihadistas que desarrollaban ya actividades en España, dejaban constancia de que sus investigaciones eran necesarias para “prevenir la muy posible comisión de atentados en nuestro país”.

No hubo una adecuada pedagogía política sobre el terrorismo yihadista y se trivializó su peligro

Al presentar ¡Matadlos! a lo largo del último año en numerosas ciudades españolas he podido constatar cómo, incluso entre los ciudadanos interesados y que eran adultos cuando se perpetraron los atentados de Madrid, existía un gran desconocimiento sobre la trayectoria del yihadismo en nuestro país desde mediada la pasada década de los noventa. Casi nadie —o muy pocos— sabía que Al Qaeda fundó en España, en 1994, una de sus más importantes células en Europa Occidental, desmantelada en noviembre de 2001 al quedar de manifiesto su conexión con la responsable de los atentados del 11-S. Como casi nadie —o muy pocos— eran conscientes de que sólo a lo largo de 2003, el año anterior al del 11-M, se detuvo en nuestro país a más de 40 individuos por su implicación en actividades de terrorismo yihadista. Esta cifra nunca antes había sido tan elevada desde que, en 1995, fuese detenido en Barcelona el primer yihadista o desde que, en 1997, se desarticulara en Valencia la primera célula yihadista.

El desconocimiento de estos y de otros muchos episodios relacionados con la evolución del terrorismo yihadista en España a lo largo del decenio que precedió a los atentados de Madrid, así como el hecho de que no fuera percibido como amenaza por parte de la opinión pública española hasta muy tardíamente, y sólo cuando se inició la crisis iraquí en 2002, se explican en parte por la obligada atención que suscitaba el frecuente terrorismo de ETA. Pero no hubo una adecuada pedagogía política sobre el problema e incluso se llegó a trivializar su peligrosa realidad —¿hay que recordar aquello de la Operación Dixán?—. Consecuencia de todo ello fue que, cuando se produjo el 11-M, los españoles buscaron interpretar la matanza terrorista en los trenes de Cercanías enmarcándola en lo conocido al no poder hacerlo en relación a lo que les era desconocido. Lo conocido era, por una parte, ETA y, por la otra, Irak.

Si el 11-M nos dividió es porque los españoles carecimos como sociedad de la necesaria resiliencia ante atentados terroristas de gran magnitud, más allá de la gestión de crisis y emergencias. En la actualidad, cuando el yihadismo global se encuentra más extendido que nunca y la amenaza del terrorismo que lo caracteriza no ha sido tan elevada para las democracias liberales desde el 11-S, que España sea menos vulnerable a la par que más consciente y resiliente, tanto frente a la penetración de los actores y la ideología asociados con dicho fenómeno, como ante cualesquiera eventuales nuevas expresiones de su violencia contra nuestros ciudadanos e intereses, continúa siendo una tarea pendiente para las élites políticas y el conjunto de nuestra sociedad civil, en especial los medios de comunicación.”

Fernando Reinares es investigador principal de terrorismo internacional en el Real Instituto Elcano, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos y Adjunct Professor de Estudios de Seguridad en la Universidad de Georgetown. Autor del libro ¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2014).


“Once años después, la asociación de víctimas del 11-M pide
justicia y memoria


(C. Pastrano, en “El País”, 11/03/2015)

No es ni mucho menos un día más. Hoy se cumple el undécimo aniversario de los atentados de Atocha de marzo de 2004 y, como cada año, diferentes personalidades políticas y personas a título individual se han concentrado en las inmediaciones de la estación de Cercanías de Madrid para recordar a las 192 víctimas que fallecieron en el ataque de Al Qaeda y a las más de 2.000 que resultaron heridas.

Al acto ha sido convocado por la asociación 11-M Afectados del Terrorismo junto a UGT, CCOO y la Unión de Actores y se ha contactado con todas las personalidades políticas. Pilar Manjón, presidenta de la asociación de víctimas, ha hecho hincapié en que hoy es un día “de justicia y memoria”.

Por parte del PSOE, ha acudido su secretario general, Pedro Sánchez, y los candidatos de su partido al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid, Antonio Miguel Carmona y Ángel Gabilondo, respectivamente. En el caso de UPyD, Ramón Marcos. Sánchez ha destacado el valor de la unidad de todos los demócratas en la lucha contra el terrorismo. “Lo que tenemos que hacer es tener en pie todos los instrumentos del Estado de Derecho para hacer frente a esta amenaza”, ha declarado. Posteriormente, la concentración se ha trasladado a la calle Téllez, lugar donde explotaron una de los explosivos en 2004, para realizar una ofrenda floral.

En la mañana de hoy también tienen lugar otras actos en memoria de las víctimas. En el madrileño parque del Retiro, y está previsto que Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), lea a mediodía un manifiesto por las víctimas"...

Fue una enorme tragedia. Un espanto inolvidable. 

Todos los ciudadanos nos sentimos entonces víctimas de aquella barbarie, que afectó en la mayor medida a las buenas y laboriosas gentes de Madrid y cercanías que habían madrugado y se desplazaban a sus puestos de trabajo y a sus lugares de estudio.

Hoy, cuando se cumplen once años de aquella bárbara experiencia, pese a que el tiempo todo lo mitiga, seguimos sintiéndonos doloridos por las vidas humanas que se perdieron y se frustraron para siempre, pero además de la indignación por el incremento de la ciega sinrazón y violencia de los “musulmanes malos”, nos sentimos tremendamente irritados por el uso que los políticos de uno y otros signo (aunque en este caso parece que los que más se excedieron fueron los situados a la izquierda) hicieron en su momento del atentado.

Por de pronto, al día siguiente del atentado, quien era el “mago” manipulador de las ideas y tácticas desde la izquierda, el peligroso Alfredo Pérez Rubalcaba (ni una mala palabra y menos una buena acción) y actuó lo oportuno para culpar al Partido Popular y al entonces Presidente del Gobierno –José María Aznar—de lo ocurrido, llamando a las gentes a concentrase ante la sede del partido, quebrantando inclusive la jornada de reflexión en el día previo a las elecciones general, y manipulando todo lo manipulable, con el resultado conocido de instaurar en la cúpula gubernamental a quien resultó ser un zascandil e inepto para conducir los destinos de España, de apellido “shoemaker” en inglés.

Y se ha demostrado que no fueron las decisiones de Aznar las que provocaron la masacre (aunque habría que reprocharle más de una actuación imprudente, soberbia e inadecuada) sino que existía un minucioso plan elaborado desde varios años antes, que es el que se ejecutó.

Malo fue lo que ocurrió, pero peor han sido los acontecimientos y acciones subsiguientes, pues se ha perpetuado casi un enfrentamiento atávico sobre el tema entre derechas e izquierdas, hasta el punto de disociar las celebraciones en honor y recuerdo de la víctimas del terrorismo, tiñéndolas o de azul o de rojo a conveniencia, sin profundizar en que la propia sociedad española no estaba, ni está, preparada ni sensibilizada para reaccionar y evitar la tremenda y salvaje invasión del yihadismo, que ejecuta a cuchillo en plan salvaje y además lo filma; que conquista mujeres especialmente para embarazarlas de nuevos secuaces; que expande su virus iconoclasta más deprisa que el ébola, destruyendo todo aquello –inclusive reliquias culturales— que le parece contrario a su paranoica concepción del islamismo extremo.

Pues bien; de una parte, se sigue permitiendo la encubierta xenofobia
para con los desarrapados de zonas principalmente de creencia musulmana; y se sigue ejercitando una política de contención ante la inmigración ilegal que resulta vergonzosa, porque basta ver cómo cada día cientos de subsaharianos intentan subir unas vallas cerca de Ceuta y Melilla, cual si se tratara de simios de un zoo, y cómo esos pobres hombres (que se sienten en el paraíso dirigiéndose libremente al Centro de Internamiento de Extranjeros) son luego dejados al albur de sus vagancias por toda España, cuando no pueden ser expulsados.

¿Qué se presiona a Marruecos para evitar los asaltos? ¿Qué política se exige a la Unión Europea, tan moderna, tan teóricamente sensible ante los derechos humanos, para una solución adoptada por los veintiocho países aparentemente unidos?

Nada de nada.

Así pues, en España continuamos culpándonos unos a otros por la poca atención a los más necesitados (incluidos los moritos y los negritos que se nos han “colado”, dicho con todo respeto sea); y seguimos discutiendo quiénes fueron los culpables de la masacre de hace once años.

Sin percatarnos de que tenemos ya entre nosotros, cual marabunta, los especímenes del yihadismo, en jóvenes que se van a prepararse, en madres que adoctrinan a sus hijos, en exaltados extremistas de toda clase.

Nos está ocurriendo como en aquella fábula de “los galgos y los podencos”, que, pese a muy antigua y más repetida, sigue de vigente actualidad:



LOS DOS CONEJOS

Por entre unas matas,
seguido de perros,
-no diré corría-,
volaba un conejo.

De su madriguera
salió un compañero,
y le dijo: “Tente,
amigo; ¿qué es esto?”

“¿ Qué ha de ser?” –responde-;
sin aliento llego...
Dos pícaros galgos
me vienen siguiendo.”

“Sí -replica el otro-,
por allí los veo...
Pero no son galgos.”
“¿Pues qué son?” “Podencos.”

“¿Qué? ¿Podencos dices?
Sí, como mi abuelo.
Galgos y muy galgos,
bien visto los tengo.”

“Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.”
”Son galgos, te digo.”
”Digo que podencos.”

En esta disputa,
llegando los perros
pillan descuidados
a mis dos conejos.

Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.
(De Tomás de Iriarte)



“La experiencia es una buena escuela, pero la matrícula es muy cara”.- Heinrich Heine (1797-1856) Poeta alemán.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

09 junio 2014

El nuevo “muro” entre las ideologías y los bienestares: De las invasiones en el este de Europa a las manipulaciones antidemocráticas y antimonárquicas en España

“Quieren volver a levantar el muro de Berlín
( Joaquín Vila, en “El Imparcial”, 08-06-2014)

“Los que llevaban los uniformes eran iguales porque hacían lo mismo: ejecutar el terror con eficacia”. Así relataba el escritor húngaro Sándor Márai, en su libro de memorias “Tierra. Tierra”, la invasión de su patria, Hungría, primero por los nazis y luego por el Ejército Rojo. Hitler y Stalin, los mayores asesinos de todos los tiempos, los líderes del nazismo y del comunismo a mediados del siglo XX, “eran iguales” y demostraron durante la Segunda Guerra Mundial cómo sus Ejércitos seguían al milímetro el guión de los dos regímenes más repugnantes e inhumanos de la Historia: “ejecutar el terror con eficacia”

Sándor Márai, el gran escritor húngaro, autor de novelas tan bellas, absorbentes, emocionantes como “El último encuentro”, “La mujer justa” o “La herencia de Esther”, cuenta en sus memorias que primero fueron los nazis quienes impusieron la represión, la barbarie y el terror cuando ocuparon Hungría. Luego, los soviéticos en la contraofensiva del Ejército Rojo a las brigadas de Hitler que habían intentado conquistar Rusia, en la sangrienta batalla que aplastó al Ejército alemán, incapaz de derrotar al General Invierno y a las aguerridas tropas bolcheviques. Y tanto unos como otros desenmascararon pronto su monstruoso rostro. Los nazis
persiguieron y detuvieron, primero a los judíos y luego a todo aquel ciudadano que renegara del déspota régimen alemán. Su destino: los campos de concentración, el asesinato, la represión. La libertad y los derechos humanos fueron aplastados a cañonazos.

Pero, cuando el Ejército Rojo invadió Hungría y los países del Este, la barbarie se diferenció poco de la de los nazis: hombres torturados y asesinados, mujeres violadas, pueblos enteros calcinados, arrasados. Y así conquistaron todas esas naciones, que quedaron atrapadas durante más de medio siglo por el cruel y repugnante régimen comunista.

Sándor Márai, entonces, regresó a Budapest, descubrió su casa reducida a escombros, los seis mil libros de su valiosa biblioteca desaparecidos. Se horrorizó ante la terrible nueva era que comenzaba. Al igual que hicieron los nazis, se perseguía en nombre de la “Única Idea Salvadora.” Y en su país se impuso el sangriento sistema soviético y el saqueo institucionalizado. Al final, al comprender que su mera presencia, aunque silenciada por la censura, avalaba al régimen dictatorial de su país, decidió exiliarse, el precio a pagar para que “no puedan comprarme como individuo”.

Pues con la ocupación soviética de Hungría y con el establecimiento del régimen comunista, Sándor Márai, que se había convertido en un escritor tan famoso y reconocido como Thomas Mann o Stefan Zweig, comenzó a declinar. Tachado pronto por los comunistas de escritor "decadente y burgués", aquel europeo individualista y cosmopolita, de ideales humanistas, jamás pudo plegarse al absolutismo, a la falta de libertad y en 1948 abandonó Hungría definitivamente para exiliarse.

El desmoronamiento político y moral de su patria bajo el yugo comunista y la vida errante que llevó junto a su esposa judía durante las últimas décadas de su vida, al instalarse primero en Italia y luego en Estados Unidos, contribuyeron al aislamiento profesional y personal de Márai.

La vida, la censura de sus obras, el dolor del gran escritor húngaro a mediados del siglo pasado suponen el mejor ejemplo de la crueldad humana cuando el fanatismo se impone. Y las dos ideologías que mejor representan esa crueldad no son otras que el fascismo y el comunismo.Y ahora que se conmemora el 70 aniversario del épico Desembarco de Normandía, el principio del fin de Hitler, conviene recordar que el mundo se convierte en un infierno cuando las dictaduras fascistas o los regímenes comunistas toman el poder. Poco antes de la conmemoración en las playas francesas del desembarco de las tropas aliadas, se habían celebrado las elecciones europeas, cuyo resultado resulta estremecedor: El Viejo Continente todavía no está a salvo de ese veneno que se inoculó por todo el mundo durante, y después, de la Segunda Guerra Mundial, hasta que el Papa Juan Pablo II y Reagan derribaron el Muro de Berlín.

La extrema derecha en Francia, en Holanda, en Dinamarca y, de algún modo, en Gran Bretaña ha dejado asomar de nuevo su depredador hocico. Y en España, la extrema izquierda. Unos y otros representan lo más abyecto de la Humanidad: el odio y el exterminio de los que no piensan como ellos. La extrema derecha quiere expulsar a los extranjeros como el racismo de Hitler hizo con los judíos, a los que luego gasearía por millones. La extrema izquierda sueña con volver a levantar el muro de Berlín para imponer el absolutismo y aniquilar las libertades, como en Cuba, en Corea del Norte, en China, en Venezuela…

La Historia demuestra que el mundo nunca ha estado a salvo de los iluminados, de los asesinos que se camuflan tras una ideología por perversa que sea. Y nunca lo estará. Además del riesgo del resurgimiento del comunismo y del fascismo, el mundo se enfrenta a otro fanatismo igual de letal: el terrorismo islamista o cualquier otro tipo de terrorismo. España ha sufrido en sus carnes el etarra. Pero
todavía hay partidos que lo justifican.

“Podemos”, sin ir más lejos, de la mano del cacareado, chiflado e histriónico Pablo Iglesias, que ha deslumbrado a más de uno, pese a su demagogia y locura política, ha apoyado sin ningún pudor a ETA y ya ha anunciado que su partido se va a unir a Bildu en las manifestaciones a favor de los presos asesinos. La sorpresa electoral, el hombre que está siendo alardeado por muchos resulta un buen ejemplo del peligro que corren España y Europa con la propagación de este tipo de telepredicadores quienes, pese a su demagogia y a su anacrónica y delirante ideología, logran el apoyo de los desesperados y de los analfabetos políticos. Y en este
viaje le acompañan los comunistas de IU, los republicanos radicales y secesionistas de ERC, los proetarras de Bildu y algunos otros grupos extremistas. Entre todos ellos han logrado un buen puñado de votos. Por increíble que parezca, millones de españoles les han votado.

No hay que olvidar que Hitler llegó al poder en 1933 tras ganar las elecciones. Pero su sentimiento democrático se desvaneció cuando, poco después de convertirse en canciller, encarceló y aniquiló a todos los diputados de la Oposición. A partir de ahí, Alemania comenzó los preparativos para invadir el mundo e imponer su crueldad. El resultado: más de cincuenta millones de muertos, entre ellos seis millones de judíos. Stalin no le fue a la zaga. Algunos historiadores calculan que el régimen soviético pudo superar con creces esos
millones de asesinatos, entre los que murieron torturados o fusilados en los campos de concentración de Siberia y los que cayeron por los puñales de la represión tanto en la Unión Soviética como en los países satélites que ocupó. Solzhenitsyn afirmó que entre 1917 y 1959 habían sido asesinadas 110 millones de personas. Hitler y Stalin “eran iguales: ejecutaron el terror con eficacia”. Y ahora, Europa, setenta años después, todavía no ha escarmentado.

Sándor Márai, desesperado y hundido en el exilio, se suicidó en 1989 disparándose un tiro en la sien con un revólver. Desconocía, paradojas de la Historia, que poco después caería el muro de Berlín, ese muro que ahora algunos quieren volver a levantar.”
Me ha sorprendido y en cierta forma impresionado el título que el director de “El Imparcial” ha dado a su comentario. Y, ciertamente, me ha hecho reflexionar.

Este mundo que nos ha tocado vivir, después de la caída del muro de Berlín nos pareció instalarse en una paz y un bienestar idílicos, casi propios de una de aquellas églogas que Virgilio escribió.

Pero se trataba y se trata de un espejismo.

En la post URSS, la avariciosa soberbia de Vladimir Putín, más frío de carácter que todo el hielo de Siberia, está propiciando de forma calculada el retorno a la ex "maravillosa" Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, revestida de capas de un zarismo absolutista que él practica, sin duda para alcanzar el grado de autocomplacencia masturbadora que pretende. Y así, después de masacrar en Georgia, en Osetia y Abjasia, se dedica a minar meticulosa pero incansablemente la independencia e idiosincrasia de una Ucrania atenazada entre los falsos milicianismos pro occidentales y pro-rusos,
sojuzgados por la imponente presión de la privación del suministro de gas, encarecido por otra parte hasta precios asfixiantes para la economía ucraniana, débil y pobre por demás.

Entre tanto, en Ucrania existe un poder, un Presidente, con unos caracteres de debilidad alarmantes, pues nadie duda de que si la Unión Europea y USA dejaran de proclamar (porque en la práctica nada positivo hacen) que protegen  a esta nación, en diez minutos se incrustaría en la circunvalante zona pro-rusa.

Y en Europa, entre crisis económicas e institucionales, van tratando de sobrevivir las monarquías a base de renovaciones mediante las abdicaciones de los viejos reyes, para dejar paso a los más jóvenes (aunque no tanto) herederos, convertidos en reyes de urgencia.

No muy diferente es cuanto acontece en España, este país de nuestros sufrimientos, en el que un Rey eficaz en lo político, disoluto 
en lo atinente a su vida personal y últimamente viejo y enfermizo, no ha tenido más remdio que dejar el paso y la sucesión a un muy honesto Príncipe, ortodoxo hasta la saciedad, tal vez demasiado perfecto, a no ser de que contara con una esposa, la futura Reina, algo rebelde, un punto inconformista, algo izquierdosa, pero más sincera y apegada al pueblo.

Ello en medio de un clima absolutamente batido por iconoclastas ideas de unos “Podemos” que subyugan a una bisoña población que cree en el imposible y utópico que ellos predican, pero que esconden, cual lobo con piel de cordero, una super izquierdista doctrina que no
debería tener más eco, pero que los de Izquierda Plural (Comunismo pluscuamperfecto) se han empecinado en proclamar cual dogma de fe, propugnando la instauración de una idílica sociedad, bien lejana de la realidad y demandas de los tiempos actuales.

Yo no sé si no se trata de instaurar, de edificar de nuevo, un “muro de Berlín” de las ideas, creando, reproduciendo, la maléfica y atávica división entre izquierdas y derechas, para establecer de facto aquello de las dos Españas que tanto dolió a Machado, y que tantos daños reportó a lo largo de los tiempos.

No solamente Rusia trata de mantener el muro entre su ex imperio y occidente; no solamente occidente trata de forzar la lucha contra ese malévolo y falaz intento; es que en España, por aquello de contraponer monarquía con democracia (¡menuda barbaridad!) se quiere lograr que se instaure el “muro” entre la izquierda y la derecha, que desemboque en la “lucha de clases” del siglo XXI, que no es otra cosa que enfrentar el bien
real con el bien aparente pero iconoclasta en su esencia.

Alguien podrá tacharme de extremista o de maniqueo, pero que al menos que quede bien claro que hago mis fervientes votos para que nunca más exista un “muro de Berlín” y nunca más haya que lamentar la existencia de esas “dos Españas”. Y menos enfrentadas con violencia.

Que en otro caso, como ya vaticinó Machado al “españolito que viene al mundo”, se nos helará el corazón…

"La política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos".- Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA