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11 octubre 2016

La piel de toro: Portugal coloca a uno de sus políticos, Antonio Guterres, en la cumbre de Naciones Unidas.

"Habemus nuevo secretario general: ahora urge transformar la ONU
Guterres es la mejor elección: inteligente, hábil, diplomático y comprometido con los vulnerables
(Daniel López Acuña en “El País”, 10/10/2016)
Finalmente, la semana pasada salió humo blanco de los salones del Edificio de la ONU en Nueva York. Tras repetidos tanteos en los que no se arribaba a un consenso pleno, Antonio Guterres, ex primer ministro de Portugal y ex Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, recibió el respaldo por aclamación de parte de los quince miembros del Consejo de Seguridad para ser postulado como el nuevo Secretario General de las Naciones Unidas y ser ratificado por la Asamblea General en los próximos días.
Ha sido la mejor decisión posible, a pesar de las grandes expectativas que se tenían de seleccionar por primera vez a una mujer en el máximo cargo del Sistema Multilateral creado después de la Segunda Guerra Mundial. Sin lugar a dudas se ha escogido al mejor: un hombre inteligente, hábil, diplomático, experimentado, conocedor del sistema y comprometido con los más vulnerables del mundo. He tenido oportunidad de conocerle personalmente durante los años que pase en Ginebra en la OMS, cuando él era el responsable máximo del Acnur, la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados. Pude testimoniar de primera mano, en el seno del Comité Permanente Inter Agencias para la Acción Humanitaria Internacional (IASC) su liderazgo, su firmeza, su capacidad de decisión y su filiación con los principios humanitarios.
El conflicto de Siria, el éxodo de personas en Sudan del Sur, los problemas crónicos de Irak y Afganistán, el terrorismo yihadista, la crisis de los refugiados son algunos de los retos de Guterres
De hecho, en numerosas ocasiones durante su gestión como Alto Comisionado alzó la voz sobre el problema del desplazamiento forzoso en un mundo envuelto en guerras pertinaces que no concluyen. Hizo un llamado a la necesidad de repensar la respuesta humanitaria ante una situación sin precedentes que ha desbordado la capacidad de los mecanismos internacionales de ayuda humanitaria y de atención a los refugiados, solicitantes de asilo, desplazados internos y otros migrantes en situación irregular que buscan escapar de la destrucción, de la violencia, de la persecución, de las violaciones a los derechos humanos y de la intolerancia. Se optó felizmente, tras múltiples intrigas palaciegas de la diplomacia internacional, por el candidato más r
edondo e incluso me atrevería a decir la persona idónea para encabezar una transformación del sistema de las Naciones Unidas en su conjunto en un momento en el que el pesado aparato que hoy existe necesita fortalecerse, aligerarse, ser más eficiente, más eficaz pero sobre todo más relevante.
Se tiene ya a la persona, pero ahora hace falta debatir y encauzar el programa que la ONU deberá acometer en los próximos años. Habemus nuevo secretario general pero hace falta ahora dar un giro de timón decisivo para transformar a la ONU y ponerla a la altura de las circunstancias del mundo de hoy. No podemos pensar en que las cosas transcurran sin emprender reformas. No es posible proseguir con un bussiness as usual que haría del Sistema de las Naciones Unidas un aparato crecientemente obsoleto, pesado e irrelevante.
Toca a las naciones apoyar la transformación de lo que ellas mismos crearon hace siete décadas para evitar que el mundo cayera en una nueva conflagración universal
Hay que delinear una agenda de cambio que produzca un aggiornamento de la ONU de manera que el sistema se reposicione en un mundo que demanda cambios profundos. El nuevo secretario general tendrá que emprender esta gran campaña transformadora pero no puede hacerlo solo. Debe guiarla y tratar de viabilizaría construyendo proactivamente los consensos necesarios. Pero tocara también a los Estados miembros respaldarlo y mostrar su voluntad de cambio. Sin ellos no será posible avanzar en la tan necesaria agenda de transformación del marco de actuación multilateral que debe garantizar la paz y la seguridad. Como diría Cervantes en el ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, el caballero no puede ir más aprisa que la cabalgadura.
Guterres asumirá la Secretaria General en enero próximo. Lo hará en una coyuntura de alta tensión internacional en torno al conflicto de Siria, al silencioso pero dramático conflicto y éxodo de personas en Sudan del Sur, a los problemas que se han hecho crónicos de Irak y Afganistán, a la disrupción y el horror generados por el terrorismo yihadista, a la crisis de los refugiados en la Unión Europea que ha desatado una peligrosa ola de neopopulismo de derecha y una xenofobia vergonzante en numerosos Estados miembros, y muchos otros episodios que no terminaríamos de nombrar.
El nuevo secretario general heredara una situación en la que la ONU no siempre ha estado al frente de las respuestas necesarias: un papel secundario en la resolución del conflicto Sirio, un fracaso en las operaciones de paz en Sudan del Sur, un cuestionamiento de la conducta de muchos de los contingentes de las fuerzas de paz (cascos azules) que se han visto envueltos en inaceptables episodios de explotación sexual y violencia de género e incluso de transmisión del cólera en Haití, un fracaso estrepitoso en el alcance de la reciente Cumbre Mundial de Alto Nivel sobre los Refugiados y los Migrantes celebrada en septiembre, una descafeinada respuesta a la Cumbre Mundial Humanitaria celebrada en Estambul en mayo del 2016, entre otras.
El nuevo secretario general heredara una situación en la que la ONU no siempre ha estado al frente de las respuestas necesarias
Es cierto que la ONU cuenta en su haber la aprobación, hace un poco más de un año, de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) para el 2030: una agenda universal para el desarrollo con 17 grandes objetivos a ser alcanzados que hoy por hoy son loables aspiraciones acordadas por los 193 Estados Miembros. Sin embargo no se cuenta con una hoja de ruta para alcanzarlos y se ha debatido muy poco en el marco de la Asamblea General, del Ecosoc y del Consejo de Seguridad sobre cómo llegar a ellos, que transformaciones globales, regionales y nacionales se requieren para alcanzarlos y cuál es la economía política a tomar en cuenta para pasar de la situación de hoy a las aspiraciones del 2030.
Se requiere un sistema más coherente y más coordinado que responda adecuadamente a las demandas de la agenda del desarrollo sostenible que ha sido acordada. Esta hoja de ruta de la transformación necesaria de la ONU pasa desde mi punto de vista por los siguientes diez grandes capítulos que pueden constituir un decálogo para las reformas necesarias:
  1. Enfrentar los desafíos de la universalidad que están implícitos en los ODS para el 2030. La agenda aprobada en 2015 no es solamente una agenda para los países pobres. Esta referida a todos los países, en distintos grados de desarrollo, y entraña compromisos para todos. Esto demanda acciones por parte de todos con beneficios para todos. El tema de fondo es llevar al sistema de Naciones Unidas para el Desarrollo (organismos, fondos y agencias) más allá del paradigma de la ayuda al desarrollo y privilegiar la acción colectiva
  2. Definir prioridades para la acción colectiva del sistema de las Naciones Unidas. No se trata de que la ONU trate de hacer todo en todas partes. Seria irreal e irresponsable pensar que el Sistema de las Naciones Unidas dará respuesta al amplio
    espectro de la agenda de los ODS para el 2030. Habrá que ser selectivos y concentrar las tareas en unas cuantas prioridades estratégicas con altas externalidades positivas.
  3. Articular mejor las actuaciones de los tres pilares de la ONU: la acción humanitaria, la cooperación para el desarrollo y la consolidación de la paz y la seguridad mundiales. En la actualidad los tres pilares tienden a operan en forma de silos, no están debidamente interconectados, generan duplicaciones y en ocasiones suponen líneas de acción encontradas
  4. Promover la consolidación de bienes públicos globales. Esto resulta vital para catalizar las transformaciones que se requieren para alcanzar los ODS, especialmente en lo que se refiere a la erradicación de la pobreza, a la reducción de inequidades, a la protección ambiental y al preservar y proteger los derechos humanos y los derechos sociales fundamentales en una economía y una sociedad globalizadas. Hay que potenciar el desarrollo de estos bienes públicos globales y el acceso universal a sus beneficios. Supone una financiación colectiva de acciones conjuntas para objetivos de interés común. Abarca la seguridad y la paz, la estabilidad climática, la seguridad en materia de salud, las normas y estándares mundiales, las plataformas comunes de conocimiento y los derechos humanos fundamentales entre otros.
  5. Racionalizar la arquitectura del sistema de las Naciones Unidas. Eliminar la incoordinación y la duplicación de acciones entre organismos y agencias. Alentar un espíritu de colaboración y complementariedad más que de competencia. Racionalizar los mandatos superpuestos. Ajustar las expectativas generadas a los recursos disponibles. Descontinuar las acciones superfluas, redundantes y obsoletas. Concentrar las intervenciones en un grupo de problemas prioritarios bien identificados que requieren las acciones conjuntas de las distintas partes del sistema
  6. Dar paso a nuevas formas de trabajo. Eliminar las ineficiencias y los modelos de gestión obsoletos. Privilegiar la relevancia de las actuaciones. Definir en qué países se requiere una presencia permanente y con qué modalidades, especialmente en países de renta media donde la presencia puede ser racionalizada. El futuro del sistema a nivel de los países pasa por la construcción de capacidades nacionales y por servir de puente en los procesos de conocimiento que contribuyan a la formulación y puesta en marcha de políticas y estrategias con impacto para alcanzar los ODSs para el 2030. Hay que construir complementariedades con los organismos de integración regional y no perpetuar un modelo cuasi bilateral y muy balcanizado para un sistema multilateral que debería operar de manera más integrada.
  7. Actuar como una fuerza ordenadora y catalizadora de la ayuda oficial al desarrollo (ODA). Esto es primordial para lograr avances en la consecución de los ODSs 2030. Para los países de menor renta esto será fundamental para rencauzar los flujos internos de financiación para el desarrollo. De nuevo habrá que hacer todo esto con una perspectiva universal de la agenda para el desarrollo sostenible para el 2030. Además, habrá que alinear estos procesos con el desarrollo de bienes públicos globales
  8. Intensificar las acciones para la resolución de conflictos, para la respuesta a los refugiados y para la asistencia humanitaria. Hay una necesidad ingente de acción decisiva en materia de prevención y resolución de conflictos. Hay un espacio importante que puede ser aprovechado para mejorar las acciones de integración efectiva de las actuaciones en situaciones de fragilidad, crisis, conflicto y post conflicto. Se requieren acciones más unificadas del Sistema de Naciones Unidas en estos escenarios congregando esfuerzos humanitarios, de recuperación, de consolidación de la paz y de construcción de la paz y resolución de conflictos.
  9. Replantearse la gobernanza de la ONU. Desarrollar mecanismos más incluyentes que representen mejor las perspectivas de los actores que juegan un papel en la acción global de interés
    público en apoyo del desarrollo sostenible, especialmente de la sociedad civil. Superar la fragmentación, los mandatos verticales y las gobernanzas paralelas y construir procesos horizontales que puedan apuntalar una meta-gobernanza que rija los procesos transversales de los que debe ocuparse el sistema promoviendo acciones coherentes y convergentes.
  10. Potenciar la rendición de cuentas basada en resultados. Prestar mayor atención a la definición de lo que el aparato de Naciones Unidas debe producir y al impacto que ello debe generar, especialmente a nivel de país. Trascender el actual énfasis en la ejecución de proyectos y actividades que muchas veces sustituyen o duplican las capacidades nacionales, para centrarse más en el apoyo a la formulación de políticas y en el fortalecimiento de las capacidades institucionales .Ir más allá de la rendición de cuentas a los gobiernos y centrarse más en procesos multidimensionales de rendición de cuentas a las personas.
El Sistema de las Naciones Unidas y la arquitectura de la cooperación al desarrollo en su totalidad se encuentran en un punto crítico de inflexión. Las transformaciones globales son de tal magnitud que requieren ajustes urgentes para que sigan teniendo un papel significativo en el mundo de hoy. El nuevo secretario general tiene todos los atributos para conducir un proceso en esta dirección pero tendrá que actuar con gran determinación. Toca ahora al concierto de naciones que forman parte de la ONU permitir que se transite en esa dirección y apoyar la transformación de lo que ellas mismos crearon hace siete décadas para evitar que el mundo cayera en una nueva conflagración universal. Las cartas están echadas y el reloj empezara a andar a partir de enero del 2017”


Mi buen y viejo amigo portugués, José S. Mendes Gomes, haciendo uso de la confianza que siempre nos hemos tenido, comentó días atrás en Facebook que el nombramiento de Antonio Guterres apenas si había tenido eco en España, y que ni yo mismo había escrito nada al respecto.
Le respondí que la actualidad política de España había difuminado esta noticia, pese a su importancia.
Y es que mientras en esta España nuestra los socialistas se debaten en sus estertores para soportar o no un gobierno en el que no participen, y no llegan a las manos porque su propia ineptitud se lo impide, en Portugal, de una u otra manera, se ha ido promoviendo a sus políticos de renombre a puestos significados en el orden internacional.
Fue primero Durao Barroso, presidiendo la Comisión Europea, y ahora es Antonio Guterres, ex primer
ministro socialista, quien resulta aupado a la Secretaría General de la ONU.
Hay que felicitar a los portugueses y felicitarse por el hecho de que este significado político pueda trabajar en la dificilísima, casi imposible, tarea de ir rehaciendo la paz en el mundo y de erradicar las desgracias y miserias.
No fui en su día demasiado partidario de Guterres, quien me pareció demasiado sectarista en el gobierno de Portugal, con más ineficacias que otra cosa, pero ahora, después de que en su cometido en ACNUR (el Alto Comisionado para los Refugiados) haya concitado la general aprobación, hay que pensar que probablemente la dimensión de este hombre es mucho mayor y mejor en los ámbitos supranacionales.
Deseo fervientemente que desde el nombramiento de Guterres el mundo vaya estabilizándose y mejorando de su mano, y especialmente felicito al pueblo portugués porque sigue siendo vivero de figuras internacionales.
Habría que recordar a estos politiquillos que venimos soportando en esta España nuestra, tan marrulleros, falaces y egoístas, tan iconoclastas, que el desprendimiento y la generosidad en el servicio al bien común son las claves para que una nación siga navegando por los mares de la paz y del progreso.
Ojalá el ejemplo de Portugal y de Guterres se pueda aplicar a los infumables Sánchez, Luena, Iceta y demás corte de especuladores políticos, sin olvidar a los podemitas, el “coletas”, el “niño de las gafitas” y el amo del “monedero”, más la ristra de “chorizos” que en toda España y en Andalucía vienen sirviéndose de la banca y de las ayudas públicas para engordar sus faltriqueras.
Querido amigo Zé Mendes Gomes: que tus delicadezas en las interpretaciones pianísticas sirvan para templar las mentes que van a dirigir a tu país, tu Portugal, y al mundo. Aquí nos hace falta, no un piano, sino toda una orquesta sinfónica. Y dudo que sirva para algo.
Moita e boa saúde!!! E até breve!!!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

05 mayo 2014

Ucrania: Rusia sigue preparando sibilinamente su control.- La serpiente se enrosca… y asfixia.

"La mano rusa: Moscú busca anexar de facto el este de Ucrania, lo que tendría menor coste internacional (José Ignacio Torreblanca 1 MAY 2014, en “El País”)
El guion de lo que ocurre en el este de Ucrania es demasiado familiar. De hecho, es idéntico al que llevó a la conversión de Bosnia-Herzegovina en un Estado aparentemente federal, pero en realidad fragmentado y fallido debido a la inexistencia de estructuras institucionales que pudieran asegurar el funcionamiento integrado del Estado. Esa federalización, consagrada en los acuerdos de la base de Dayton de 1995, fue un error mayúsculo: significó la conversión de una victoria sobre el nacionalismo serbio de Milosevic, finalmente derrotado, en el logro por parte de los serbobosnios de aquello por lo que habían luchado: la organización del país de acuerdo a líneas étnicas. Trágicamente, la cantonalización consagró y endureció las divisiones étnicas que se tenían que haber transcendido.

Ahora, la pendiente por la que nos deslizamos en Ucrania es la misma. Donde entonces tuvimos un aparato político-militar dirigido por Radovan Karadzic y Ratko Mladic, ahora asistimos también a la emergencia de estructuras políticas y militares paralelas como la autoproclamada República de Donetsk y el llamado Ejército Popular del Donbás. Algunos observadores externos siguen pensando, con una inocencia digna de encomiar, que todos estos movimientos e insurrecciones son espontáneos. Pero, como ocurrió en Bosnia en su momento, y el Tribunal Penal Internacional para los crímenes en la antigua Yugoslavia probó, están instigados y apoyados logística y políticamente desde el exterior, entonces Serbia, hoy Rusia.

La mejor prueba de ello nos la da el jefe militar de los rebeldes en
toda la región de Donetsk y según los propios rebeldes, futuro comandante del Ejército de Novorosia (Nueva Rusia), esa reliquia del imperio zarista que puebla los discursos de Putin. Igor Strelko, responsable del secuestro de los observadores de la OSCE, a los que acusa de ser espías de la OTAN (nótese aquí otra similitud con los secuestros de cascos azules de la ONU por los serbobosnios), es el número 15 de la última lista de sancionados por el Consejo de la Unión Europea. Según nuestros 28 ministros de Asuntos Exteriores, este hombre, que no solo está “implicado en los incidentes de Sloviansk” sino que es el “asistente para cuestiones de seguridad de Sergey Aksionov”, autoproclamado primer ministro de Crimea, ha sido “identificado como perteneciente a la Dirección Central de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia (GRU)”, es decir el servicio de inteligencia del Ejército ruso. No lo dicen nuestros ministros en un pasillo, sino en el equivalente del Boletín Oficial del Estado de la UE (véase decisión 2014/238/PESC del Consejo en el Diario Oficial de la Unión Europea L/126/55 de 29 de abril de 2014 “relativa a medidas restrictivas respecto de acciones que menoscaban o amenazan la integridad territorial, la soberanía y la independencia de Ucrania”). El
propio Strelko reconoció el 26 de abril en una entrevista al diario ruso Komsomolskaya Pravda que al menos un tercio de sus hombres eran “voluntarios” rusos y que tras liberar Crimea se disponían a continuar su tarea en Donetsk. Igual que en Crimea los soldados rusos iban sin insignias, en Ucrania los operativos de la inteligencia y fuerzas especiales rusas son fácilmente distinguibles por sus pasamontañas. Que nadie se haga ilusiones; Rusia está detrás de estos milicianos y su objetivo es claro: dado que la anexión formal del este de Ucrania tendría un coste internacional muy elevado, prefiere anexársela de facto. ¿El modo?: una cantonalización que integre de facto el este de Ucrania en Rusia y lo aísle del resto del país. Que nadie se llame a engaño. 

Poco que añadir al perspicaz análisis del profesor Torreblanca, ya que vaticina, en mi opinión con agudeza previsora, lo que va a acontecer en Ucrania. 
Y me atrevo a decir más: Lo que al final acontezca casi está pactado de una forma tácita. 
Bien se de la imposibilidad del pacto tácito, pero me explico indicando que Rusia sabe que mientras no efectúe una invasión directa de Ucrania, tanto la Unión Europea, la NATO y USA van a seguir su política de sanciones más aparentes que reales, para al final invocar algo así como el consenso en la regionalización o federalización del país ucraniano, bajo una fórmula similar a la de tres “semi-repúblicas” casi independientes, con una autonomía amplia, al estilo de lo que era Crimea, cuyo sistema permitiría la total influencia rusa en las zonas que le interesaran. 
Claro está que la mayoría del pueblo ucraniano está en contra de la división de su país, ya que si por fin se consiguió organizar unanación independiente, con rasgos propios e individualizados, no es nada grato tirar por la borda lo conseguido. 
Pero Rusia y su prostituto presidente son “avaros de toda avaricia” y quieren cada vez más, tal vez soñando con las grandezas imperiales de los tiempos de Catalina o de Pedro.
Mal está la cosa, y peor acabará, ya que Ucrania es hoy una nación sin estructura política, sin líderes acreditados por las urnas, sin reservas económicas, sin criterios defensivos, esperando un maná que nunca le llegará de Occidente.
Tengo la tentación muchas veces de escribir que lo mejor para Ucrania sería ser entregada en bandeja a Rusia, pero me resisto a ello, porque implicaría una cobarde opinión.
Lo que acontece es que Rusia tira la piedra mediante activistas y tropas de élite infiltrados, el gobierno de Kiev apenas si se sostiene y poco puede hacer, salvo aparentar fuerza tratando de combatir rebeliones, y Occidente –USA incluida—dice aplicar medidas que apenas si se notan, acobardada como está Europa por una posible carencia de gas.
En Ucrania actualmente es imposible obtener divisas para viajar al extranjero, y parece ser que muchos bancos hacen “corralito”, limitando los importes a reintegrar a los clientes.
La vida sube y sube, el nivel de bienestar se apaga…
Y Rusia se dice legitimada para hacer lo que le da la gana, para “proteger” a los ciudadanos de etnia rusa…
¡Vaya cinismo! ¡Vaya intromisión agresiva!
Mañana España va a invadir Marruecos, porque ha de proteger a la población castellano parlante…
¡Absurdo!
Pero la serpiente sigue enroscándose en Ucrania y pronto la engullirá, cuando haya asfixiado al país, mientras Occidente se rasgará las vestiduras, en una postura de ligereza y cinismo que sugiere su debilidad…
Ayer me decía un ucraniano: ¡Ya ni Dios puede salvar a Ucrania…!
“Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo”.- Sófocles (495AC-406AC) Poeta trágico griego.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

06 marzo 2008

Estalla Kosovo

Muy por encima de la anécdota de que la ex-Yugoslavia continúe todavía desmembrándose, el hecho de la auto-proclamación de la independencia por parte del Parlamento de la provincia serbia de Kosovo, ha sido como una explosión cuyos efectos aún están por ver.
Resulta bien sintomático que una provincia de un estado soberano e independiente, cual es Serbia, se auto-independice por una decisión de su parlamento provincial, en contra de la autoridad y decisión del parlamento y gobierno serbio.
Resulta preocupante que, al socaire de la Resolución 1244 de las Naciones Unidas, que estableció el sistema de control del orden y protección de minorías en la provincia kosovar (parte de Serbia), se trate de justificar la independencia no ya solamente por los kosovares, sino por la Unión Europea y por la mayoría de los países que la integran, con el argumento –poco válido— de que esa independencia estaba implícita en la Resolución de la ONU.
Resulta paradójico que Rusia, tan opuesta en tantos casos al orden establecido por la ONU, se haya convertido ahora (y en esta ocasión con aparente razón) en defensor del orden jurídico internacional, que no permite la independencia sin el pronunciamiento del país del que se desgaja la nueva nación, o, en su caso, sin una decisión de la ONU.
Sin embargo, Estados Unidos dijo que procedía la independencia (Bush continúa considerando el mundo como si fuera su rancho tejano) y cual acólitos esperando propinilla, la mayoría de los países, incluyendo a casi todos los de la Unión Europea, se han aprestado a reconocer la nueva nación.
La situación es esperpéntica y movería a ironía y sarcasmo, si no fuera porque detrás de ella se esconden poblaciones martirizadas por una guerra informal de etnias y religiones, como la que está latente entre los serbios kosovares (en esta ocasión mayoría a proteger) y los albaneses, que son los ahora controladores. Y porque puede reavivarse el fuego de la guerra soterrada.
Y preocupa lo que acontece, porque aunque Serbia puede sentirse herida, y con razón, ya que en territorio kosovar se hallan muy importantes símbolos de su identidad como país y de su esencia religiosa, no es menos cierto que serbia tiene muy poca autoridad moral después de las atrocidades que cometió con los musulmanes de Bosnia, e inclusive con los musulmanes de Kosovo.
Por tanto, nos encontramos ante el panorama de que Rusia y la propia Serbia se han constituido en los únicos defensores y garantes de la legalidad internacional, frente a Estados Unidos y la corte de adoradores y seguidores que secundan la independencia.
España, por ahora, está diciendo que no es correcta la independencia proclamada. En buena parte, porque el partido del gobierno, en plena eclosión electoral, debe presentarse como opuesta a los Estados Unidos; y en otra buena parte, porque la propia España sufre problemáticas separatistas (independentistas al fin) en Galicia, Euskadi y Cataluña.
Y he dicho “por ahora”, porque dudo que después de las elecciones, cualquiera que sea el partido que forme gobierno, no busque la forma de agradar al “tío” Sam.
Para Ucrania, lo que está aconteciendo es una lección, que debe obligar a su clase política “a tocar madera”.
De una parte, el intento secesionista de Crimea fue resuelto en tiempos de Kuchma, y parece funcionar razonablemente (“Más vale no meneallo, amigo Sancho”).
Y por otra, la radicalización de bloques surgida a raíz de los tiempos de la tibia “revolución naranja”, repetida en las últimas elecciones, con un partido aglutinando un tercio de votos, principalmente de las poblaciones del este, ruso-parlantes y de religión ortodoxa; y otros del centro y oeste, reuniendo más o menos el mismo apoyo, defensores a ultranza de la lengua ucraniana y de las costumbres distintas de las rusas, más religión católica.
Esta situación se presenta como un león dormitando, que demanda prudencia para no despertar nacionalismos ni separatismos, porque en otro caso, un “Kosovo” del este de Ucrania, podría quebrar el feble equilibrio actual.
Sin embargo, hay motivos para desterrar excesivos temores en Ucrania, porque ésta ya fue nación en el pasado, ya fue una República inclusive en tiempos de control soviético, ya reivindicó con bastante unidad su independencia, y cuando la logró, viene luchando ya bastantes años por crecer como nación, no en deshacerse. La tradición nacional tiene mucho peso.
Falta hace que en unos y otros impere la prudencia y la cordura, inclusive en temas conflictivos como la posible adhesión a la OTAN o las relaciones económicas con Moscú, para que no explote el caos y la desunión.
De todas formas, hay que “felicitar”, pero a la inversa, a los Estados Unidos y a la Unión Europea, ya que el tema de Kosovo lo dejaron “imposible para vos y para mí”, todo ello fruto de esa tibieza egoísta que impera en el globalizado mundo occidental, que ya denunciable el Apocalipsis. “Como no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

La independencia de Kosovo

MADRID.- Con la declaración de independencia, los albano-kosovares consiguen, con la ayuda de EE.UU., Francia, la RFA e Italia, el sueño de su vida, pero abren otra caja de Pandora con graves riesgos de desestabilización dentro y fuera de los Balcanes.
La independencia de Kosovo cierra el círculo de las guerras balcánicas iniciadas por Slobodan Milosevic cuando proclamó, a finales de los ochenta, en territorio kosovar su proyecto de una Gran Serbia que incluía dos tercios de Bosnia, un tercio de Croacia, todo Montenegro y Kosovo.
Aunque el derecho internacional está claramente de parte de Serbia, que considera "nula e ilegal" la independencia kosovar, hace muchos años que, con su represión y violencia, el régimen serbio perdió su autoridad moral sobre la mayoría albano-kosovar.”
(Felipe Sahagún.- el mundo.es internacional, 18/02/2008)

Por si lo que quedaba de la antigua Yugoslavia no fuera suficiente avispero, después de la desmembración de Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Montenegro, aparece ahora el tema de la independencia de Kosovo.
En mis tiempos de estudiante de Derecho internacional, mi estimado Profesor, el Catedrático Doctor Adolfo Miaja de la Muela, predicó en memorables lecciones desde su cátedra, que además del pacto, en el orden jurídico internacional, se consagraba muchas veces la vía de hecho.
También mantenía este preclaro profesor que si la mayoría de los países aceptaban el nacimiento de uno nuevo, además de la vía de hecho, aparecía la “fuerza de los hechos”.
Fríamente visto desde España, el problema de Kosovo no merece en modo alguno la consideración de un problema de creación de una nueva nación, porque se trata simplemente del intento secesionista de una provincia de Serbia (el reducido núcleo matriz de la ex-Yugoslavia), en la que, por la proximidad a Albania, hay una mayoría de población de etnia albanesa y religión musulmana, y la minoría es de población de etnia serbia y religión cristiana.
Como bien comenta el profesor y periodista Felipe Sahagún, aunque Serbia tiene todo el derecho internacional de su parte, ha perdido toda fuerza moral para aplicarla, después de la represión y violencia que ejerció con los albaneses y especialmente con los bosnios, es decir, con los de creencias y costumbres islámicas.
A falta de una derecho positivo internacional, es decir, unas leyes concretas reguladoras de la forma de obtención de la independencia, es a la Comunidad internacional a quien corresponde debatir, regular y admitir cómo acceder y aceptar esa independencia.
Y esa Comunidad internacional se presenta en este caso en un doble plano: el de las Naciones Unidas, ámbito en el que solamente el consenso o los acuerdos vinculantes son válidos, y en el que el derecho de veto de los cinco miembros fundadores bloquea aquellos temas que a alguno o varios de ellos no interesan o convienen; y el de la Unión Europea, que, aún sin la enjundia y volumen de la ONU y con diferente autoridad moral, engloba nada menos que a veintisiete países de la “vieja Europa”, alguno de ellos (Eslovenia) perteneciente en el pasado a la Federación Yugoslava; y otros (Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria) provinientes del ámbito de influencia soviética, aunque con muy diferentes características y matices.
Esa Unión Europea aparenta una gran autoridad moral y potencia económica, aunque no deja de ser un gigante con pies de barro, trufado de dificultades derivadas del diferente desarrollo económico y social de sus integrantes.
Pues bien, el Consejo de Seguridad de la ONU, que se reunió para tratar del tema de Kosovo a instancias de Rusia, acabó sin adoptar resolución alguna, poniendo de manifiesto el enfrentamiento entre Rusia, de una parte, y Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia, de otra.
Y la Unión Europea, en su reunión de ministros de asuntos exteriores, ha decidido que cada país trate el problema con arreglo a “sus prácticas nacionales o reglas jurídicas”, criterio tan amplio y ambiguo que equivale a establecer que cada nación haga lo que mejor le parezca, con el fin de que no quiebre la endeble apariencia de entendimiento y unidad en la Unión Europea.
No alcanzo a ver por qué Kosovo debe ser una nación, aunque entiendo que a los países que lo apoyan les parezca bien, ya que con ello tratan de contrarrestar la tradicional influencia rusa en Serbia.
Y ahora, al final, se presenta un nuevo espacio de confrontación entre Rusia y los países occidentales, en el que resulta muy peligroso dejarse llevar solamente por las querencias del occidentalismo, ya que podría estar sentándose un peligroso precedente para provincias o regiones de etnias y culturas religiosas discrepantes con las naciones a las que pertenecen, que podría facilitar su secesión o independencia.
No pretendo hacer un exhaustivo análisis del problema, sino simplemente, con motivo de lo acaecido, reflexionar sobre lo que acontece cuando se desmembra o desintegra un sistema o una federación de países sometidos a un régimen autoritario, por no decir dictatorial o carente de libertades.
Viene ello a cuento, porque Ucrania también se desgajó de la extinta URSS, aunque no era realmente una provincia sino una República integrada en aquélla, y la propia Ucrania hubo de lidiar con el intento secesionista e independentista de Crimea.
Piénsese si en Ucrania hubiera una tendencia segregacionista de varias provincias del este, por diferente lengua, discrepante cultura y costumbres respecto de los oblasts del oeste. Sería el fin.
Por eso, siempre se presenta como preferible el diálogo, la transacción, la armonización de diferencias, el respeto a las diferentes etnias, religiones y culturas, frente a la defensa a ultranza de esencias que más bien provienen de reminiscencias históricas y de ultra-doctrinarismos que solamente conducen a quebrar la armonía entre las gentes y las naciones.
En definitiva, Ucrania entraña la importante enseñanza de cómo armonizar diferentes orígenes históricos, tradiciones, costumbres, lenguas, religiones, etcétera.
Que el problema de Kosovo sirva para que en Ucrania se reconduzcan los enfrentamientos por las diferencias y se busquen más los lugares comunes que los puntos de discrepancia.
Así, no se correrá el riesgo de que Ucrania mude su joven independencia por un fraccionamiento que la desintegre
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA