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21 diciembre 2022

Tamara: Setenta veces de vida y belleza para la eternidad

Hay quien me dice que como todos los años escribo unas letras de felicitación y recuerdo a Tamara, mi esposa, por su cumpleaños, aun sigo muy enamorado de ella. Nada más cierto. Ni más justo

Y setenta veces siete lo seguiría, y lo seguiré haciendo y estando.

Nada más grato y emocionante que glosar en la intimidad (aunque se publique) los muchos años de convivencia con esta mujer excepcional, obra maestra de la naturaleza, a quien el buen Dios situó en su Ucrania natal y envió después a esta España nuestra para seguir luciendo junto a mi sus excelencias de esposa y madre, y de ilustre médico.

Pero sobre todo, lo que refulge en esta Tamara “tan nuestra” son sus virtudes humanas: sencilla, afable, clarividente, entregada, siempre servicial, y de una belleza y presencia física que los años se han encargado de conservar y ensalzar, de manera que en cada tiempo semeja que su cada vez más extensa presencia entre nosotros le adorna mejor en esos preciosos ojos azules, en esa mirada dulce y serena, en ese rostro que, en fin, llama al amor, ya que lo da.

Y desde ahí, desde mi amor hacia Tamara, completo estas líneas para proclamar por doquier que el aniversario de “mi” Tamara es un regalo que el mundo recibe y que los suyos tenemos el privilegio de gozar.

Así, querida Tamara, quédate con nosotros para siempre, puesto que ya eres “nuestra”.

Que Dios te proteja y bendiga; que ampare a tu ahora atribulada patria de nacimiento; que extienda sus bendiciones a esta tu España actual…Y a ti, como ciudadana preclara

Y que, por tu esencia entre nosotros, nos mantenga la felicidad de lucirnos como la flor imperecedera de nuestro jardín de la vida.

¡Que Dios te bendiga!

Por encargo de tu esposo,

"El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio"  Stendhal (1783-1842) Escritor francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

18 diciembre 2022

TIEMPO DE NAVIDAD: ¿Se alegra la tierra? ¿Se regocijan las gentes? ¿Se experimenta la paz?


Me perdonará el lector que trate de eludir la enormidad de citas y frases tópicas que nos anudan en estos tiempos cercanos a la  celebración de la Navidad.

La gran verdad es que la conmemoración de la Natividad de Jesús, que ha venido celebrando el mundo cristiano se expandió a la celebración de un tiempo generalizado de hermanamiento, de afecto, de amor y de paz.

Pero pocos años ha durado la dulce y armoniosa época de la Navidad, porque el materialismo ha seguido invadiendo todos los ámbitos positivos y entrañables de la vida social, hasta el punto de que, por una parte, la Navidad se ha convertido en tiempo de fiesta casi sin espiritualidad, y en unas fechas paganizadas para las vacaciones, los viajes, las compras, las celebraciones, sin el norte que en su tiempo guio y ahora mismo debiera regir las vidas de los humanos con esencias cristianas.

Basta echar un vistazo a la realidad social para comprobar que la ansiada paz social, la ansiada armonía internacional, se han esfumado por mor de egoístas y materialistas deseos de poder, de dominio y de riqueza, en modo alguno inspirados, ni remotamente, en el mensaje evangélico que inspira el nacimiento de Jesús, que es lo que en definitiva se conmemora, o al menos así debiera ser.

En nuestro día a día impera la brutalidad de una guerra cada vez más viva y más sangrienta entre dos naciones casi hermanas, como son Ucrania y Rusia, que han sucumbido al ansia de poder de las oligarquías, y a las especulaciones escandalosas de las grandes potencias económicas, que solamente buscan engrosar la bolsa a base de acciones desprovistas de cualquier base humanitaria, y que producían, producen y probablemente seguirán causando el empobrecimiento cada vez más escandalosas de las etnias, de las naciones y de las gentes más débiles.

En cuanto a las naciones, repárese el caos violento e inmisericorde en que los partidos políticos han sumido esta España nuestra, en la que solamente importa mantenerse en el poder, romper a los adversarios, engrandecer las ganancias y las influencias, al socaire de una falsa política protectora de los más necesitados (incluyendo a las víctimas de las migraciones), en medio de una pérdida muy grave de las formas y normas de convivencia, hasta el punto de que las redes sociales semejan más un basurero que un medio de difusión cultural y que lo importante es aquello de “insulta, que algo queda”.

Lo triste es que cada vez estamos más apegados a la falta de espiritualidad y de ética que debieran ser las pautas de una conmemoración tan bella y transcendente como que el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana para ejecutar el plan divino de la redención.

Se me podrá reprochar, quizás, que la vida es no solamente espiritualidad, pero a ello replico que en nada daña sino todo lo contrario, la reflexión ética y profunda sobre la motivación de la Navidad convertida en una celebración mundana y alejada de los contenidos que la inspiran.

Me perdonará el lector mi, tal vez, demasiado personalista comentario acerca del tiempo de Navidad en los momentos actuales, pero ello me permite que haga votos porque en estas fiestas de profunda convivencias personal, familiar y social todos aquellos pue puedan leer estas disquisiciones, las compartan o no, sientan en su espíritu el halo de luz, de paz y de amor que nos deben envolver en estas conmemoraciones.

A mi esposa, a mis hijos, padres y parientes; a los amigos; a los conocidos (incluyendo los que ya presumo que celebran Allá arriba la Navidad auténtica) y a los desconocidos, vaya sobre todo mi abrazo emocionado de afecto, deseos de amor, bienestar y paz.

Que no en balde hace más de dos mil años en Belén de Judá, Dios se hizo Hombre para redimír al género humano.

¿No escucháis acaso, hermanos, ese clamor en el cielo?

¿No os llega un gran brote de consuelo en vuestro corazón humano?

¡GOZAD DE LA NAVIDAD!

¡HACED PROPIA LA NAVIDAD!

¡SED FELICES Y HACED FELICES A LOS DEMÁS!

"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año" Charles Dickens (1812-1870) Escritor y novelista inglés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 diciembre 2021

A Tamara, flor ucraniana que adorna la Navidad en Valencia

 

Los años van pasando y la vida de las personas va urdiéndose junto a la propia identidad

Hoy, una vez más, debo y quiero glosar a esta persona singular, que muchos lustros ha se incardinó en mi vida, y que fue, ha sido, y sin duda será, una de las razones y uno de los gozos de mi existencia.

Me refiero a Tamara, mi querida esposa, esa delicada flor que desde su Ucrania natal pasó a lucir en Valencia, regalo de inigualable belleza, no solo a la vista de las gentes, sino de  los corazones de quienes le conocen.

Tamara, siempre honrando su nombre, Tsaritsa (la zarina, la reina), y rememorando a aquella monarca de Georgia que allá por el siglo XIII rigió con sabiduría y clarividencia los destinos de su país, elevándolo a cotas de desarrollo y prosperidad inusuales.

Esa Tamara (ahora también española) viene ornando mi existencia desde que me obsequió compartiéndola, y cada año un espontáneo e inagotable impulso desde mi amor hacia ella me suscita los más bellos sentimientos, para agradecerle su entrega y ser.

Una vez más, en el día de hoy, cuando los retoños respectivos ya han crecido y nos han alegrado la vida con muchos y adorables nietos, en nuestra deliciosa y amorosa unión, es de condigno que proclame a los cuatro vientos la dicha que me ha brindado Tamara, la flor, el dátil delicioso, y que espero seguir disfrutando, cuando ya la huella de los tiempos vaya dejandonos sus huellas, aunque no en nuestros espíritus.

Eso es lo que fluye en mí y eso es lo que quiero proclamar a los cuatro vientos, para que el mundo sepa que esa Tamara, cual el fecundo fruto de la palmera, cual delicioso dátil, cual la orquidea bella, adorna la vida mía y la de los que nos rodean, la del mundo en una palabra, cumpliendo los años que envuelve en su bella sonrisa y en su delicado y clarividente espíritu; que las palabras resultan limitadas y escasas para evocar su presencia entre nosotros y en el mundo.

¡Que cumplas muchos años más, Tamara amada!

¡Que sigas siendo la bella orquídea que envuelva mi existencia!

¡Que sigas siendo el bello regalo del buen Dios en mi vida y en la de los nuestros!

Y que. por los años que nos restan aquí, en la tierra. sigas siendo la luz, el faro, la guía de todos cuantos, como yo, te adoran.

 Vivimos en el mundo cuando amamos; sólo una vida vivida para los demás merece la pena ser vivida” Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

(Publicado el 22/12/20222 en el blog LOS AFANES DE CADA DIA (HABLANDO DE COSAS...) (cadadiatienesuafan.blogspot.com)

22 diciembre 2018

A Tamara, Edelweiss de leyenda


La flor “Edelweiss” , con el nombre científico “Leontopodium alpinum”  (que proviene del griego y significa “pie de león en los Alpes”), es de tamaño variable y aparente fragilidad, porque es increíblemente resistente y capaz de sobrevivir a más de tres mil metros de altitud, soportando las temperaturas extremas de las montañas alpinas.
En realidad, ésas son las condiciones adecuadas para su desarrollo, ya que sólo crece de forma natural por encima de los 1.500 metros, en paredes y pendientes calcáreas o sobre rocas, en aquellas hendiduras que reciben una pequeña dosis de luz solar. Una fibra vegetal la protege de las heladas y las radiaciones ultravioleta. Florece entre julio y septiembre y sus hojas pueden ser de color blanco, grisáceo o ligeramente amarillento. Es una especie oriunda de las regiones montañosas europeas, su hábitat se extiende desde los Cárpatos hasta los Pirineos, aunque abunda especialmente en los Alpes austriacos y suizos.
Se puede encontrar en España, en la parte centro-occidental de los Pirineos, desde el alto Aragón hasta Cataluña. También es posible hallarla en algunas cordilleras asiáticas muy elevadas como la del Himalaya.
El solo hecho de tener que escalar montañas, y alcanzar difíciles recovecos para conseguir un ejemplar, casi justifica por sí sólo las múltiples historias y leyendas que se han generado en torno a Edelweiss.
Pero aún hay más.
Edelweiss vive camuflada. Se esconde bajo la apariencia de una sola flor, cuando en realidad es un conjunto de diminutas florecillas que han evolucionado y crecen agrupadas para sobrevivir.
Como el amor, la flor Edelweiss espera en algún lugar recóndito y prácticamente inaccesible a que alguien la descubra para llevársela. Aunque son tantos los que la persiguen, que corre el riesgo de extinguirse y ha tenido que ser declarada especie protegida. Su belleza y fortaleza han alimentado una leyenda viva que esconde ciertos misterios.
Hoy y ahora, 22 de diciembre, ofrezco al lector una de esas leyendas, mi leyenda:
Tamara, la Edelweiss
Una noche, una estrella le confesó a la luna que sentía envidia de todo aquello que vivía en la tierra y que deseaba abandonar el firmamento para convertirse en flor. La luna, despechada y enfadada, decidió vengarse enviándola a una de las montañas más altas de la tierra.
Allí, la estrella, bañada por el manto blanco de la
nieve, se transformó en una de las flores más bellas, con pétalos del color de la luna. 
Pero no sabía que su destino era permanecer siempre sola, casi imperceptible para la gente, en lo más alto de las montañas.
Cuentan que un joven apuesto se hallaba enamorado de una mujer de una belleza comparable a la de la pureza de la nieve que cubría las altas montañas, de cabellos rubios/blancos, ojos verdes y rasgos finos y suaves… de una tez muy albina, extremadamente hermosa, de nombre Edelweiss.
Un día el apuesto joven le cogió de las manos y titubeando se declaró: 
–  No podía demorar más tiempo, amada mía, en confesarte lo que por ti siento. Sufro día y noche de dolor por dentro, cada instante en que cierro los ojos, tanto que ni una tempestad podría llevarse un solo ápice de mi afecto. Ni siquiera toda la nieve de las altas montañas sería capaz de apagar el fuego que hace latir mi corazón. Vengo a deciros, mi bella Edelweiss, que os amo con todo mi ser.

Sorprendida, pero halagada, la mujer apartó sus manos, recorrió su rostro silenciosamente, y con una tierna sonrisa le habló: 
 Amado mío, abrumada me hallo ante tus hermosas palabras y el dulce mensaje con el que las proclamas. ¿Pero no te parece que una declaración de amor debe ir confirmada por una gran hazaña?

El joven abrió los ojos aturdido, y con firmeza volvió a apresar sus manos entre las suyas, mientras decía convencido, cuenta la leyenda de: 
–  Hermosa Edelweiss, ¿Qué es lo que queréis? Porque os aseguro que conseguiré todo aquello que deseéis; si así logro demostraros el amor que os profeso.

–  Enamorado mío, os tomo la palabra. – replicó ella.- Éste es el momento de que os vayáis, porque el reto que os vengo a proponer no está al alcance de 

miedosos ni cobardes… Cuenta una leyenda que una estrella a la tierra llegó, convirtiéndose en la más bella flor que habita donde el hielo y las nieves esculpen las altas montañas
“Si es verdad que por mi mueras, allá a buscar esa flor fueras… y ya te aviso, que si no la consiguieras, tampoco mi amor obtuvieras”

El joven palideció ante tal reto, sus mejillas se encendieron y apretando los puños juró:
–  Por tu amor, Edelweiss, yo traeré esa flor.
Y se marchó con un firme caminar.

Dicen que pasaron muchos, muchos días, y que el apuesto joven nunca regresaba. También dicen que, aunque ella reía todas las mañanas, cuando las estrellas cubrían el firmamento, si nadie la veía, lloraba, y rogaba que él volviera junto a ella.
Parece, aunque no es nada seguro, que la pena acabó una de esas frías y largas noches de invierno, en la que según cuentan generación tras generación los vecinos del lugar, a las montañas salió totalmente desnuda a buscarle, gritando su nombre hasta desgarrarse la voz, y nunca más se la volvió a ver.
Pero por lo que yo se, el final de la leyenda no es cierto:
Aquel hombre, ya no tan joven, volvió finalmente de lo alto de la montaña, portando el Edelweis allí obtenido, y halló todavía, esperándole, a “su” Edelweiss, que se había refugiado aguardándole en Ucrania; hay quien dice que en los Cárpatos, allá por el monte Goverla; y otros creen que más bien en las llanuras de Kremenchug, cerca de río Dniéper.
Mas lo cierto es que, juntos ya, él entregó la flor conquistada, que se mantenía lozana, como prenda y prueba eterna de un amor que ambos habían
consagrado hasta el fin de los tiempos, y reanudaron envueltos en blanca túnica de nieve el viaje de la vida como pareja enamorada e inseparable.
No se ha sabido mucho más, excepto que se dice, y casi todos lo creen, que se les ha visto por las costas del mar mediterráneo, no muy lejos de la bella y florida ciudad de Valencia, la “tierra de las flores, de la luz y del amor”. Y que ese especial Edelweiss, pese a estar bajo el cálido sol mediterráneo, cada día luce con más hermosura y lozanía para general sorpresa. Unos lo atribuyen al amor, otros a la pureza de los sentimientos. 
¡Esas son las esencias del Edelweiss!
No he conseguido saber con certeza cómo se llamaba  la Edelweiss de la leyenda, tal vez Tsaritsa (la reina), pero no creo ser demasiado indiscreto si confío al lector  que en la historia y vida real, existe; y se llama, TAMARA
¡Y afirmo que esa flor de mujer, esa leyenda viva, sigue lozana y eterna, ahora por y para siempre con su enamorado, rememorando aquel joven que antaño fue a buscar  para ella el Edelweiss!
Y cuyo enamorado le envía esta felicitación porque un año más la bella esencia de su amada le honra a él, al tiempo que honra a las gentes y a la humanidad.
¡FELIZ ANIVERSARIO, TAMARA, EDELWEISS!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

02 enero 2018

Carta a los Reyes Magos 2018: Para que se cumplan nuestros deseos, previsiones y propósitos


Queridos Reyes Magos de Oriente:

Permitidme el tuteo, ya casi impuesto en nuestra sociedad, y que me dirija a vosotros como “reyes” masculinos (y no como “reinas magas” que algunos raros políticos iconoclastas y anti-sistema han introducido en capitales como Madrid y Valencia).

Me decido a escribiros desde la costumbre y la tradición de toda la vida, porque ya en la más tierna infancia se nos instruyó que vosotros, por un mensaje desconocido, seguisteis una estrella que os condujo por todo el Oriente hasta la humilde cueva-pesebre que para nosotros era, fue, y para
muchos sigue siendo, el lugar en que Dios se hizo Hombre.

Al margen de bastantes majaderías de unos gobernantes resentidos y rompedores sin motivo, y especialmente ineptos e incultos (los "Herodes" del siglo XXI), todavía quedamos bastantes –mayores y más jóvenes— que seguimos creyendo y confiando en la edificante historia de los Reyes Magos de Oriente, que se postraron ante el Jesús recién nacido en el portal de Belén, para ofrecerle oro, incienso y mirra.

Y por eso, queridos Reyes, en estas vísperas de vuestra fiesta en España, pese a la enorme competencia artificial originada por el comercio con la figura de Santa Claus o Papá Noël (que no son sino la réplica de origen anglosajón a la fiesta cristiana y tradicional de siempre), me dirijo una vez más a vosotros, queridos Magos de Oriente, si bien con la peculiaridad de que me atrevo a hacerlo mediante esta carta que quiero se publique en las redes sociales, para que no quede ordenador, tablet, móvil o cualquier otro ingenio similar, que no pueda recibirla, y así se conciten adhesiones o (tal vez no) rechazos.

Ya es demasiado largo este introito, y por eso debo comenzar a pediros cosas y a formularos deseos, para que vosotros, que fuisteis capaces de peregrinar tras una estrella en busca de la verdadera luz, y después, con vuestras ofrendas  marcasteis a la humanidad el camino de la petición, llevéis nuestras necesidades  y anhelos ante Quien todo lo puede y seáis mediadores  con vuestras aportaciones, de regalarnos lo pedido y lo ansiado.

¿Lo primero? Amor. Pero no ese “love” de las revistas y programas del corazón, sino ese concepto infinito y eterno del amor entre los humanos y para todo lo que les rodea, a la imagen y semejanza del que vosotros buscasteis en el portal de Belén.

Ese Amor entre los esposos, los padres con los hijos, los hermanos entre sí, los familiares, los vecinos, los ciudadanos, los de una u otra tendencia social y política, los ricos con los pobres y viceversa, las naciones, el universo.

Ese Amor que implique, transporte consigo, la Paz. Entre todos y todo, como la mejor forma de armonía y entrañando los propósitos de conductas comprensivas, generosas, tolerantes, nunca de fuerza ni de violencia.

Ese Amor que permitirá superar los individualismos, egoísmos, corrupciones, mentiras, y que deberá conducir a la mayor armonía entre todos nosotros.

Bien que os diréis, cuando leáis (como espero) esta carta, que os pido muchas cosas bonitas y generales, pero que tal vez esos conceptos superan la concreción a la que vosotros estáis obligados por la tradición que os ha nombrado los “reyes” de los regalos, y por eso, más que incluiros una lista de peticiones, al modo de los infantes que todavía se
acuestan pronto en la “noche de Reyes”, para estar dormidos cuando visitéis su casa, os pido que continuéis siendo los “Reyes” de siempre, y por tanto vayáis a casa de todos los políticos (incluidos los fugados a Bélgica y lo que están en prisión, por sus “geniales ideas”) y les dejéis, no el carbón que tradicionalmente se dejaba como castigo a los niños que se habían portado mal, sino el oro de la generosidad, el incienso del amor a los semejantes y la mirra de los remedios curativos de los males sociales.

Ya que dejaréis esas cosas a los gobernantes, no hagáis menos con los gobernados, y hacedles llegar en sus sueños la paz, el amor y el ansia de verdad que vosotros buscasteis, porque de esta forma, la Navidad tomará en la humanidad la justa dimensión de la armonía entre la materia y el espíritu, y, pasadas las fiestas navideñas, todos podamos ser un poco mejores.

¡Ah! Y si tenéis relación con las “reinas magas” (que seguro no os quedarán lejos; aunque de diferente sexo son de la misma especie) o con “Santa Claus o Papá Noël (otros colegas vuestros no ajenos a la Navidad), informadles, como compañeros más que
competidores que son, de esta mi carta, que nunca se sabe por ”mano” de quien llegan los bienes o las bondades a este mundo nuestro.

En la confianza de que los nuevos “carteros reales” que son las redes sociales os hagan llegar esta carta, ya os digo que no merece respuesta escrita, sino consecuencia generosa por vuestra parte.

Éste que fue, y quisiera seguir siéndolo, niño…

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA


"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya"
Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) Escritor francés

12 diciembre 2016

LA NAVIDAD DEL MUNDO.- Una felicitación para todas las personas de buena voluntad



Todos los años, cada año, cuando se aproximan las fiestas navideñas, recibo (casi desde los primeros días de diciembre) mensajes más o menos copiados o estereotipados en los que el remitente me desea lo mejor.
Esos mensajes suelen adornarse con guirnaldas o  reproducciones de campanas y piñas doradas, o fotos de ramas de acebo con el contraste del verde y las bolitas rojas, o simplemente pinos bañados en oro. Y en ocasiones se acompaña una poesía y una música melódica, bien clásica, bien un villancico, bien
un cantar.
Pero la verdad es que cada año echo en falta que las felicitaciones de Navidad contengan una más apropiada referencia a la conmemoración que las motiva: Que Dios se hizo Hombre (Niño) para redimir a la humanidad.
Se me dirá, y con toda razón, que ello solamente podría afectar a los cristianos,  y a quienes  profesan en su religión la  bella y transcendente creencia de que Dios se hizo Hombre, bien que otras religiones (como la musulmana) acepten  con respeto el nacimiento de Jesús.
¿Cómo, pues, puede entenderse que entre quienes viven en el ámbito de la civilización cristiana (no solamente católica), se olvide el aspecto esencial de la Navidad y se transforme en una casi simple
fórmula y conmemoración?
Dice el argot popular y zarzuelero que "hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad", pero yo creo que el "adelanto" ha derivado hacia la progresiva desnaturalización del acontecimiento, ya que ha conseguido que lo más importante sean las comidas de empresas, o de amigos; los menús de las reuniones familiares; los regalos en la Nochebuena, de la mano de Santa Claus, el Papa Noël de muchos, Diet Morosz en los países de etnia rusa o eslava; o los viajes de vacaciones, para conocer nuevos lugares y pueblos, o
para esquiar, o para descansar simplemente.
Todo ello está muy bien (no se olvide que una esencia de la religión católica y cristiana es el día "santo", de descanso) pero echo en falta una significación espiritual y comunitaria que transforme la simple celebración mundana en un tiempo de estrechamiento de relaciones entre las gentes, de recomposición de afectos enfriados, de mejora en la atención de unos con otros, en definitiva, del auxilio (caridad) entre las gentes.
Como esta "filosofada" puede resultar a más de un lector o discutible o incómoda, o inaceptable, o impropia, simplemente añadiré que ello es lo que me inspira hoy y ahora el especial significado de las fechas que se aproximan.
Así pues, desde mis propias convicciones, y con el mayor respeto a las de los demás (hasta pidiendo perdón por si lo escrito no se considera por alguien pertinente), envío a quien esto lea, y a quien no pueda o no quiera leerlo, un abrazo fraterno de paz y amor, con el deseo de que la Navidad reporte felicidad de cuerpo y de espíritu a todos los hombres; que acaben las guerras y las contiendas; que se busque el bien común; que terminen los egoísmos y los atropellos; que el orbe quede envuelto en la luz maravillosa de la armonía.
Puede parecer una utopía, pero al menos es un deseo que sugiero hagan por lograr a todos los lectores, crean más o menos en el "milagro" de la Navidad: Paz y Amor. Ayuda Fraterna. Alegría.
Ello es cuanto, a vuela pluma (mejor dicho, a "vuelateclado" del ordenador), me permito decir en mi nombre y en el de mi amplia familia y (permítaseme también) en el de mis amigos, que espero no mengüen.
Un gran abrazo a todos,
que ¡DIOS SE HACE HOMBRE EN NAVIDAD!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

13 febrero 2013

Carta Abierta a San Valentín en el 14 de Febrero

Querido San Valentín: 
Perdona que te envíe esta carta abierta en estas fechas algo complicadas por ahí, en esa región del reino celestial, porque tu jefe debe de andar algo preocupado ante la necesidad de sustituir a su representante en la tierra. Y si tu jefe esta atareado moviendo los hilos del gobierno de los espíritus de los humanos, no menos debes de estar tu mismo, no ya por si hay crisis de gobierno en la tierra (por algo tu ya perteneces a la pléyade de ministros celestiales), sino porque igual tienes que pensar o prever quién va a ser en lo sucesivo tu interlocutor como delegado en el orbe terrestre para los asuntos del amor entre los seres humanos. Y comprendo que es importante la labor que ha de desarrollar tu delegado o representante, porque en los tiempos recientes se ha producido un revoltijo entre los hombres y entre las mujeres, por aquello de que entre los seres del mismo sexo se ha ido aprobando el matrimonio y hasta la adopción de hijos. 
Bien se sabe cuál es tu opinión y la de tu jefe, pero no vamos a complicarnos romanceando entelequias, sino comprobando que mañana mismo se celebra en gran parte del orbe tu festividad, recordando que fuiste el Obispo que perdió la vida por defender el sano y santo amor entre jóvenes, hombres y mujeres, de tu época.  
Por ello, cuando estas fechas se alcanzan, aunque nos inunda el regusto del comercio de los grandes almacenes con motivo de la festividad, tampoco podemos sustraernos a la conmemoración, y pedirte, ahora que nos estamos quedando sin Papa, pero que te conservamos a ti como ministro plenipotenciario del Amor entre los seres creados, que nos “eches una mano” en la protección y custodia del amor entre nosotros, de manera que cuando preveas que puede surgir una quiebra entre el afecto de las personas que se aman, aparezcas tu en la distancia, inspirando los más adecuados sentimientos y apoyando la preservación del amor entre las criaturas. 
Poco más hay que decirte que tú no puedas tener en cuenta, pero por si acaso, acuérdate de estos que vagamos por aquí, en medio de las zozobras de los desempleos, de los desencuentros sociales y políticos, de las guerras egoístas e irracionales, para que seamos capaces de sobrellevar tanta corrupción, tanto ex abrupto y tanta insidia, conservando la esencia del afecto y la armonía entre nosotros, para que desde la generosidad recíproca se mantenga el Amor. 
De ti depende en buena parte, como Patrono entronizado que eres de los enamorados, que nuestras intenciones y peticiones no queden en un vano intento, y por ello te enviamos con todo cariño (¡cómo no al Ministro del Amor!) nuestro recuerdo y nuestro deseo de que mantengas con los nuestros y con los ajenos ese Amor por el que entregaste tu vida. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA