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13 diciembre 2018

Esa Navidad que nos llega: Paz y Bien para todos. Y, por supuesto, un poco de cordura…

Óleo de Bartolomé Esteban MURILLO
Desde que las políticas comerciales se han incrustado en nuestra vida diaria, las celebraciones cívicas y religiosas, especialmente la Navidad, se han convertido en un reclamo a las gentes para gastar, comprar, regalar; y ha quedado arrinconada la esencia de cada efeméride.
Ya hemos sobrepasado la primera decena del mes de diciembre, que siempre ha sido el mes de las navidades, y en el que los recuerdos de aquellas jornadas entrañables de reuniones de familia, de conmemoraciones religiosas, de visitas a las representaciones del nacimiento de Jesús (los “belenes” de siempre), de las exageradas comidas, y de tantas y tantas otras celebraciones; sí, aquellos días que hoy nos parecen arcanos y que tanto marcaron nuestras infancias, adolescencias e incluso madurez, han dejado paso a un largo mes decembrino en el que las tiendas y los grandes almacenes están casi siempre abiertos, con ánimos –parece— de devorar a los consumidores, que compran y compran, para regalar y hasta...para seguir la corriente.
Todo eso está muy bien, porque la vida actual demanda actividad y práctica comercial, pero ha venido a enmascarar, en ocasiones a neutralizar, el auténtico sentido de las celebraciones navideñas.
Bien está, y bien estará, que se mantengan las prácticas religiosas y que cada cual y cada familia celebre conforme a su fe ese acontecimiento acaecido hace ya más dos mil años, cuando (más allá y por encima de de la leyenda) llegó al mundo un tal Jesús,
De "El Greco"
nombre masculino en
castellano de origen hebreo, en arameo (Yeshúa), y con el significado literal de “Salvador”, el nombre del Hijo de Dios en la Biblia

No se trata solamente de celebrar un acontecimiento histórico como el nacimiento de Jesús en Belén (bien importante ya de por sí), sino de mantener (y recuperar, en lo perdido) aquellos aromas de convivencia, afecto, entendimiento, celebración, unión familiar, que antaño nos hacían a todos tan entrañables las fechas navideñas.
Yo sugeriría a los políticos (y bien consciente soy de que poco o ningún caso harán) que aparquen el “y tú más”, y las mentiras, y las amenazas, y los ataques inhumanos y sin razón. Y que, al menos por unos días, la alegría, el bien querer, el humanismo con los más necesitados, sean las notas exclusivas de la convivencia.
Si a ello añadimos la determinación por la cordura en la vida social y por lograr el afecto y la buena
De Rubens
convivencia en la armonía familiar, habremos conseguido, aunque sea un poco, que el Jesús nacido en Belén de Judea nos envíe la gracia de su sonrisa y que el mundo pueda ser un poco mejor.
Con ese deseo, he aquí mis votos y anhelos de Paz, Alegría, Felicidad y Armonía, de todos para con todos.
Querámoslo o no, Jesús vuelve a nosotros.
¡FELIZ NAVIDAD!
Y este enlace lo es a una bella canción de Navidad: https://binged.it/2EsXhvQ
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

12 diciembre 2016

LA NAVIDAD DEL MUNDO.- Una felicitación para todas las personas de buena voluntad



Todos los años, cada año, cuando se aproximan las fiestas navideñas, recibo (casi desde los primeros días de diciembre) mensajes más o menos copiados o estereotipados en los que el remitente me desea lo mejor.
Esos mensajes suelen adornarse con guirnaldas o  reproducciones de campanas y piñas doradas, o fotos de ramas de acebo con el contraste del verde y las bolitas rojas, o simplemente pinos bañados en oro. Y en ocasiones se acompaña una poesía y una música melódica, bien clásica, bien un villancico, bien
un cantar.
Pero la verdad es que cada año echo en falta que las felicitaciones de Navidad contengan una más apropiada referencia a la conmemoración que las motiva: Que Dios se hizo Hombre (Niño) para redimir a la humanidad.
Se me dirá, y con toda razón, que ello solamente podría afectar a los cristianos,  y a quienes  profesan en su religión la  bella y transcendente creencia de que Dios se hizo Hombre, bien que otras religiones (como la musulmana) acepten  con respeto el nacimiento de Jesús.
¿Cómo, pues, puede entenderse que entre quienes viven en el ámbito de la civilización cristiana (no solamente católica), se olvide el aspecto esencial de la Navidad y se transforme en una casi simple
fórmula y conmemoración?
Dice el argot popular y zarzuelero que "hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad", pero yo creo que el "adelanto" ha derivado hacia la progresiva desnaturalización del acontecimiento, ya que ha conseguido que lo más importante sean las comidas de empresas, o de amigos; los menús de las reuniones familiares; los regalos en la Nochebuena, de la mano de Santa Claus, el Papa Noël de muchos, Diet Morosz en los países de etnia rusa o eslava; o los viajes de vacaciones, para conocer nuevos lugares y pueblos, o
para esquiar, o para descansar simplemente.
Todo ello está muy bien (no se olvide que una esencia de la religión católica y cristiana es el día "santo", de descanso) pero echo en falta una significación espiritual y comunitaria que transforme la simple celebración mundana en un tiempo de estrechamiento de relaciones entre las gentes, de recomposición de afectos enfriados, de mejora en la atención de unos con otros, en definitiva, del auxilio (caridad) entre las gentes.
Como esta "filosofada" puede resultar a más de un lector o discutible o incómoda, o inaceptable, o impropia, simplemente añadiré que ello es lo que me inspira hoy y ahora el especial significado de las fechas que se aproximan.
Así pues, desde mis propias convicciones, y con el mayor respeto a las de los demás (hasta pidiendo perdón por si lo escrito no se considera por alguien pertinente), envío a quien esto lea, y a quien no pueda o no quiera leerlo, un abrazo fraterno de paz y amor, con el deseo de que la Navidad reporte felicidad de cuerpo y de espíritu a todos los hombres; que acaben las guerras y las contiendas; que se busque el bien común; que terminen los egoísmos y los atropellos; que el orbe quede envuelto en la luz maravillosa de la armonía.
Puede parecer una utopía, pero al menos es un deseo que sugiero hagan por lograr a todos los lectores, crean más o menos en el "milagro" de la Navidad: Paz y Amor. Ayuda Fraterna. Alegría.
Ello es cuanto, a vuela pluma (mejor dicho, a "vuelateclado" del ordenador), me permito decir en mi nombre y en el de mi amplia familia y (permítaseme también) en el de mis amigos, que espero no mengüen.
Un gran abrazo a todos,
que ¡DIOS SE HACE HOMBRE EN NAVIDAD!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA