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21 diciembre 2022

Tamara: Setenta veces de vida y belleza para la eternidad

Hay quien me dice que como todos los años escribo unas letras de felicitación y recuerdo a Tamara, mi esposa, por su cumpleaños, aun sigo muy enamorado de ella. Nada más cierto. Ni más justo

Y setenta veces siete lo seguiría, y lo seguiré haciendo y estando.

Nada más grato y emocionante que glosar en la intimidad (aunque se publique) los muchos años de convivencia con esta mujer excepcional, obra maestra de la naturaleza, a quien el buen Dios situó en su Ucrania natal y envió después a esta España nuestra para seguir luciendo junto a mi sus excelencias de esposa y madre, y de ilustre médico.

Pero sobre todo, lo que refulge en esta Tamara “tan nuestra” son sus virtudes humanas: sencilla, afable, clarividente, entregada, siempre servicial, y de una belleza y presencia física que los años se han encargado de conservar y ensalzar, de manera que en cada tiempo semeja que su cada vez más extensa presencia entre nosotros le adorna mejor en esos preciosos ojos azules, en esa mirada dulce y serena, en ese rostro que, en fin, llama al amor, ya que lo da.

Y desde ahí, desde mi amor hacia Tamara, completo estas líneas para proclamar por doquier que el aniversario de “mi” Tamara es un regalo que el mundo recibe y que los suyos tenemos el privilegio de gozar.

Así, querida Tamara, quédate con nosotros para siempre, puesto que ya eres “nuestra”.

Que Dios te proteja y bendiga; que ampare a tu ahora atribulada patria de nacimiento; que extienda sus bendiciones a esta tu España actual…Y a ti, como ciudadana preclara

Y que, por tu esencia entre nosotros, nos mantenga la felicidad de lucirnos como la flor imperecedera de nuestro jardín de la vida.

¡Que Dios te bendiga!

Por encargo de tu esposo,

"El amor es una bellísima flor, pero hay que tener el coraje de ir a recogerla al borde de un precipicio"  Stendhal (1783-1842) Escritor francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

28 abril 2021

Paula, la flor que irradia la esperanza


Cuando cada año llega este día, mi gozo se ilumina al comprobar que hace ya unos cuantos lustros (nunca demasiados, pìenso) llegó a la vida una muñeca vigorosa y morena, que a todos sorprendió por la potencia del llanto que era su aviso de arribada.

Estaba ya la madrugada, casi el amanecer primaveral de aquel día de finales de abril, cuando los padres de la neonata, alborozados por la que ya era su segunda hija, lucubraron sobre su posible nombre.  

Decidieron finalmente llamarle Paula y no desdeñaron la posibilidad de dotarle de un segundo, Esperanza, aunque finalmente decidieron no registrarlo, y no por falta de ganas. Situación premonitoria.

Los años ha ido pasando casi de manera sigilosa, y la vida ha ido configurando en aquella morenita abrileña una mujer hermosa, una esposa amante y una madre solícita de una preciosa muchacha hoy quinceañera, (de quien me enorgullezco cada vez que le llamo nieta y ella se dirige a mí como “abuelín”) que reúne las bellezas de cuerpo y de espíritu de su progenitora.

Es llegado el tiempo, en estas calendas abrileñas, de glosar a esta mujer, esposa, madre, que es mi hija Paula.

Y quiero tenerla figuradamente conmigo, no solamente enviándole el beso paterno y amoroso que claro está que le daré personal y físicamente en cuanto pueda, sino cantándole como flor que irradia esperanza, compendio de todas las flores, porque bien ha demostrado con su vida y trayectoria que merecía aquel segundo nombre que sus padres estuvieron a punto de atribuirle: Esperanza.

Porque esta Paula hoy cumpleañera ha demostrado que es singular portadora de la mayor de las esperanzas, pues ha ejemplificado la manera de practicar en la vida (y por tanto transmitiéndolo a los que le rodean), la sensatez, la laboriosidad, la entrega, la alegría; especialmente cuando ha tenido que desplegar las amplias alas de su sólida y a la vez vitalista voluntad de incardinar en la esperanza su positiva y valiente reacción frente a contratiempos y dolencias que a cualquiera nos hubieran quebrado la entereza.

Sí; Paula ha sido, viene siendo y será, la flor que en nuestra familia encarna especialmente la alegría de vivir y la esperanza de seguir haciéndolo con la generosa vitalidad de quien se siente querida y a su vez quiere a los suyos.

Añadiré, por acabar, que cuando felicito a Paula, y le califico como la flor que alumbra la esperanza, este su padre (como todos quienes le rodean) agradece al buen Dios  que ella haya mostrado el camino de la vida con voluntad, ánimo, rectitud y esperanza.

Sea por ti, Paula amada.

(Atención Paula: Y no me olvido de tu esposo, Marco, mi querido yerno, que tu nos has aportado a la familia)

"Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres"    Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA