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30 marzo 2019

TIEMPOS REVUELTOS EN EL MUNDO: Venezuela, en la encrucijada; El Reino Unido con y sin “brexit”; y esta España nuestra, cerca de elecciones de resultado incierto y manipulado


Varios asiduos lectores de este blog me han reprochado amablemente que ya llevo demasiado tiempo sin escribir sobre los muchos y apasionantes (a la vez que poco gratos) acontecimientos que baten el mundo.
No les falta razón, aunque debe comprenderse que este “juntaletras” tiene más ocupaciones de las deseables, y debe alternar sus escarceos literarios con sus trabajos profesionales y de enseñanza a varios universitarios foráneos. 
Sea como fuere, llegado es el momento en que proclame que nada me gusta cómo están evolucionando las cosas en este mundo nuestro.
Si comenzamos por lo más preocupante y doloroso, además del ya cronificado problema de la inmigración legal e ilegal (que saca a la luz las falacias y falsedades de los gobiernos y las sociedades), se viene destacando la brutal crisis económica, política y
social de Venezuela, país riquísimo en recursos y que ha esquilmado hasta la mayor pobreza un espécimen
con maneras de primate llamado Maduro (apellido apropiado para quien debería estar igual para ser defenestrado), y que ha propiciado la irrupción de un presidente que se llama “encargado” (¿de qué?), que carece de poder fáctico y que se limita a ejercer de “mosca cojonera” (¡con perdón!) del sátrapa en el poder y sus acólitos, no se sabe si más ladrones o más aprovechados.
La verdad es que por el momento ni con Maduro ni con Guaidó han tenido remedio las penas y problemas de Venezuela, y las ayudas humanitarias a
una población convertida en tercermundista han sido
secuestradas por los genocidas gobernantes. 
Ya veremos en qué acaba el problema, porque lo extraño es que ni Maduro se atreve a eliminar a Guaidó, ni éste consigue que los supuestos aliados que dicen apoyarle, borren de un golpetazo al “gorilesco” dictador castrista y por tanto bolivariano comunista.
Pero si mal están las cosas en Venezuela, en Europa se está viviendo el espectáculo bochornoso que protagoniza el Reino Unido a propósito del Brexit. 
Tremendo error fue el de Cameron convocando temerariamente un referéndum sobre el tema, que le resultó al revés de lo que pretendía, forzándole a su fulminación política.  

Tremendo error ha sido también que su sucesora, Teresa May, ”más terca que las mulas romeras”, se obcecase en mantener el Brexit como manera de afincarse más en el poder, llegando a irritar a sus hasta ahora socios de la Unión Europea, y creando en la política británica una atomización que ha llevado a aquello de que “ni contigo ni sin ti (brexit) tienen mis males remedio”, porque el parlamento vota y repite votaciones y nada positivo resulta, mientras la poco efectiva dirección de la European Union trata de capear el temporal que se le avecina por la prevista, aunque no se sabe si posible, salida del Reino Unido.


Ya veremos en qué acaba todo, aunque es de temer que, como ya auspiciaba el borracho, “al final nos subirán el vino”.

Y por si por los andurriales externos a nuestro país no hubiera bastante inestabilidad y confusión, en esta España nuestra (bueno, que “era” nuestra, porque ahora parece pertenecer de ese Sánchez desvergonzado que goza de “nuestro” Falcon y se aprovecha las argucias de los Decretos-Ley para engordar su propaganda electoral con promesas
imposibles), en esta España que tiempo atrás fue de los ciudadanos, repito, el desalmado Sánchez, ha tardado muchos meses en convocar las elecciones que había prometido celebrar inmediatamente para organizar su posible perpetuación en el poder, mediante pactar con felonía con los infumables independentistas catalanes. convocadas que han sido las elecciones, se ha puesto de manifiesto una atomización partidista que nada bueno presagia, porque si mala es en la izquierda, al menos se sabe que los de ese lado al final se arrejuntan en coaliciones, aunque sean casi anti natura. Pero las derechas, o centro derechas, como se les quiera denominar, también aparecen troceadas, peleándose entre ellas, negando lo innegable y asumiendo lo inasumible, ya que ni unos son tan extremistas como se quiere mostrar, ni son tan desiguales que como nos quieren exhibir.

Así, es casi inevitable que después de las elecciones solamente sea viable un gobierno de coalición, bien de las izquierdas, bien de las derechas, con lo que ello implicará de debilidad en las acciones de gobierno. 

Estamos asistiendo, pues, al “tinglado de la antigua farsa”, y acabaremos como los personajes de “los intereses creados” del genial don Jacinto Benavente. 

Y quien esto escribe va camino de incrementar su fe en los “milagros de Lourdes”, como aquél del chiste, implorando: “¡Virgencita, virgencita, que me quede como estoy!”. 

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA




19 enero 2019

Europa y sus convulsiones: El “Brexit” de nunca acabar. May da ejemplo a Pedro Sánchez de cómo agarrarse a la poltrona


Corbyn y May
JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA
19 ene. 2019.  en “El Mundo”
El 23 de mayo de 2016, Jeremy Corbyn publicó en sus redes sociales una fotografía en la puerta de su colegio electoral que acompañó del siguiente mensaje: "Acabo de votar a favor de la permanencia. La UE es el mejor marco en el que afrontar los desafíos de nuestro tiempo". Un mensaje idéntico al de Theresa May, entonces ministra del Interior en el Gabinete de David Cameron, que durante la campaña del referéndum del Brexit no sólo anunció que votaría a favor de la permanencia por ser "lo mejor para el Reino Unido", sino que compartió su temor por las consecuencias económicas, de seguridad e incluso territoriales de una salida ("abandonar la UE", dijo, "acabaría con la Unión con Escocia").
Ahí los tienen: May estaba a favor de la permanencia en la UE pero decidió gestionar la salida a cambio de ser la primera ministra que liderara esa salida. Igual que Corbyn, que también estaba a favor de la
permanencia, pero ha renunciado a promoverla para no cerrarse las puertas de Downing Street. Los dos pensaron que tras el referéndum sólo se podía ser primer ministro si aceptabas el Brexit (o por lo menos si no promovías la permanencia), ya que lo contrario les merecería la acusación de oponerse a la voluntad popular. 
Ahora los dos están bloqueados. Una por su cinismo, que le lleva a no querer renunciar al poder por no poder aprobar un Brexit en el que nunca creyó y que no tiene el apoyo de su partido. El otro por su oportunismo, pues espera que el Gobierno le caiga en las manos sin tener que pronunciarse ni a favor ni en contra del Brexit. Pero la realidad es que ninguno de los dos puede ser primer ministro, que el Reino Unido se asoma al abismo de un Brexit sin acuerdo, que la UE va a tener que tragarse el empantanamiento británico y que los millones de personas que votaron por quedarse están huérfanos de líderes y alternativas que representen su deseo de permanencia.
Seas conservador o laborista, la permanencia en la UE es la mejor opción para el Reino Unido: beneficia a las empresas tanto como a los trabajadores, aumenta la influencia del país en el mundo y ayuda a mantenerlo unido. Pero ninguno de los dos partidos es capaz de ofrecer eso a sus votantes. May no
quiere unas elecciones que perdería. Corbyn quiere unas elecciones, aunque no sepa para qué. Ella sabe lo que quiere, pero no puede gestionarlo con éxito. Él no sabe lo que quiere, pero también quiere gestionarlo con éxito. ¿Qué ocurre cuando los líderes deciden no seguirse a sí mismos? Justo esto.”

Una vez más el Profesor Torreblanca brinda su brillante disección de los acontecimientos en la política europea, y al tiempo mueve a reflexionar si al igual que acusa a la infumable (por tozuda y egoísta) Teresa May y a su oponente –- no menos imprudente — Corbyn, es decir, de esa irreflexión empeñada en mantener a toda costa el poder o de obtenerlo a cualquier precio, eso lo estamos contemplando y sufriendo día a día en esta España nuestra. Por mor de la insultante desvergüenza de un presidente del gobierno que parece querer los privilegios y las prebendas a cualquier
¡Oremus!
coste, para perpetuarse al máximo en el sillón, aunque para ello mienta, se contradiga, rectifique con lo de “donde digo, digo diego”, y mantenga como ministros un conjunto de marionetas que, si no tienen alguna irregularidad que ocultar, deben al menos tapar sus ineptitudes. 
¡Ah! Y eso sí, saben subir los impuestos, como acostumbran los del puño y la rosa ahora cada vez más marchita. 
La única verdad es que Pedro Sánchez se abroquela en su discurso convenenciero y lleno de dobleces, pactando a escondidas con los independentistas catalanes, aunque simulen unos y otros que andan “a la greña”, porque, como el rey francés Enrique IV dijo, “París (Madrid) bien vale una misa”.
Y en contraste con el refinado Sánchez (el de los viajes en avión oficial hasta para asistir a festivales musicales), aparecen los “trillizos” –como les llaman los socialistas, también agarrados en muchos tripartitos— Pablo Casado,
¿Quién miente más?
Albert Rivera y Abascal, quienes tras el concubinato en su coalición de Andalucía (al menos en esto han sido coherentes) pretenden desalojar cuanto antes al deshonesto presidente socialista.

Es una pena, pero es así, que, en esta España nuestra, como en el Reino Unido (¿"unido"?) y como en bastantes países de la Unión Europea. el servicio al bien común que debería regir la conducta de los políticos se haya trucado en aprovechamiento partidista propio basado en extremismos y nacionalismos, con las excusas de
las migraciones y de los excesos supuestos pero temidos de los que buscan solamente implantar el radicalismo de apariencias democráticas. 

Pero ¿qué le vamos a hacer? De aquellos excesos y errores de un estúpido premier británico llamado James Cameron surgió el “brexit”, como de los excesos de la corrupción y falta de liderazgo del Partido Popular español y de las veleidades de “Ciudadanos” ha surgido ese vituperable gobierno del personaje, ambición malsana por encima de todo, llamado Sánchez.
“La ambición no hermana bien con la bondad, sino con el orgullo, la astucia y la crueldad.” Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

24 junio 2016

El Reino Unido “se escapa” de la Unión Europea. ¿Quo vadis Europa? Soplan vientos de crisis.

“ALEMANIA, LÍDER INDISCUTIBLE DE EUROPA
(LUIS MARÍA ANSÓN, de la Real Academia Española, en “El Imparcial”, 24/06/2016)
El empate técnico que vaticinaban varias de las principales encuestas británicas lo han resuelto el diez por ciento de los indecisos que, con el Brexit, han desbaratado en parte sustancial una de las más grandes construcciones supranacionales articulada tras la Segunda Guerra Mundial.
En medio de la confusión y las inciertas consecuencias del referéndum británico hay algo que parece claro: Alemania queda como líder indiscutible de Europa. Por su alianza profunda con los Estados Unidos de América, por su economía pujante, por su Armada todavía poderosísima, por su fuerza militar, por su Commonwealth reflejo del mayor imperio que ha conocido la Historia Universal, Inglaterra disputaba el liderazgo europeo a Francia y a Alemania. Al hacer mutis por el foro, ha dejado al gran perdedor de la Segunda Guerra Mundial como rector de los destinos europeos.
El Reino Unido se había quedado fuera del euro y también de Schengen, los dos hitos que anticipaban la evolución de la Unión Europea hacia los Estados Unidos de Europa. El trauma de la fuga británica, que se materializará en varios meses de negociaciones, es enorme pero si las naciones europeas actúan con eficacia y sin nerviosismos todavía quedaría vivo el cuerpo de Europa, aunque se haya quedado cojo.
Existe, por cierto, un criterio generalizado sobre la torpeza de Cameron al convocar un referéndum innecesario cuando todavía el mundo no se ha desembarazado por completo de la última crisis
económica globalizada. Si para Europa el resultado del referéndum británico es gravísimo, para el Reino Unido, partido en dos, y para su primer ministro, al que no le ha quedado otro remedio que anunciar su dimisión, la situación resulta especialmente alarmante.”
….

En la historia hay sobradas muestras de grandes errores políticos que provocaron situaciones sociales y económicas de consecuencias imprevisibles e insostenibles.
El referéndum organizado por David Cameron respecto de la salida del Reino Unido de la Unión Europea es un nuevo ejemplo de imprudencia política y de estulticia en las decisiones.
Parto de la base de que el pueblo británico tiene un mucho de singular, y no ya porque circulen por la izquierda, ni porque su lenguaje sea especial, ni porque presenten a menudo un cierto síndrome de “islitis”, ni por su moneda diferente; tal vez reminiscencias de la piratería que ejercieron en tiempos pasados…
Pero no cabe duda que ese pueblo británico se halla inserto en la cultura occidental, y más aún cerca del estilo europea de vida, bien que siempre haya
tratado Gran Bretaña (con su añadido de Irlanda del Norte) de cortejar a los Estados Unidos de América, una excolonia que se resistió a aceptar y que ahora es aliada, probablemente por mor de su potencial económico.
Claro que para una mayoría de británicos, por lo que resulta de las urnas, la Unión Europea no es interesante.
Sirve Europa a los británicos para hacer negocios, para gastarse sus pensiones en las cálidas playas de España e Italia, para hincharse de vino, para hacer negocios de todo tipo, incluyendo el contrabandismo en Gibraltar. Pero rechazan a Europa porque les acerca emigrantes y les fuerza a estilos económicos y de vida que ellos, los de la ...Albión, tan isleños, se niegan  a aceptar, confiados tal vez en que ya hace muchos siglos vencieron a una Armada que envió Felipe II, llamada la Invencible, y que se derrotó por solamente intentar acercarse a las islas.
Así las cosas, la Unión Europea, poco gobernable máquina de burocracia difícilmente operativa, se confió en sí misma, con aquel proverbial “¿Quién como yo?”, que nos viene de los tiempos bíblicos.
Y así se ha llegado al llamado “brexit”. O sea, "salirse"...
Europa ha perdido una estrella y el Reino Unido ha perdido la oportunidad de “civilizarse” a la europea.Ha sido una "huida" sin demasiado sentido, paradógicamente apoyada por los británicos menos jóvenes pero basada en la ola de populismo tendente a la ingobernabilidad que se está implantando en Europa toda. 
Las consecuencias de lo ocurrido resultan imposibles de vaticinar en estos momentos, pero no hay que ser clarividente para imaginar fuertes convulsiones económicas y graves crisis sociales en el Reino escindido y en la Europa abandonada.
Rusia, feliz, porque ve desintegrarse al forúnculo que le significa la Unión Europea.
¡Tantos años diciendo que se construía una gran Europa y ahora resulta que se desintegra!
Todo ello mueve a pensar que la megalómana idea de una Europa Unida no deja de ser una entelequia, porque en su seno impera la desigualdad
entre países, culturas y civilizaciones. Mejor sería una asociación “ad hoc” entre cada grupo de naciones.
Y, desde luego, lo mejor sería que los países de más reciente ingreso (Polonia, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Croacia, Bulgaria, Rumanía, Chipre, Malta) dejaran de pensar que deben ser auxiliados de manera abundante, para salvar sus propias carencias. De vivir casi "de gorra", como diría el castizo. Las carencias que presentan son las que ellos mismos no quieren o no pueden resolver.
Y los países europeos dominantes deberían pensar que los “nuevos” no son sus “colonias”, brindándoles apoyo conforme a sus peculiaridades y carencias.
Ardua labor la que espera a la Unión Europea; y ardua trayectoria la que espera al Reino Unido, en un camino contradicciones internas y defecciones de políticos, con dimisiones y tal vez nuevas elecciones.
¿Quo vadis Europa?
De momento, las estrellas se caen de la bandera europea… ¿y a dónde van a parar?

"La independencia siempre fue mi deseo; la dependencia siempre fue mi destino" Paul Verlaine (1844-1895) Poeta francés
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

04 septiembre 2015

¿Son los “bufones de Dios”? La crisis de los inmigrantes y refugiados


“Los bufones de Dios” narra la historia de Gregorio XVII, un papa “bueno” que, de repente, recibe una revelación particular sobre el inminente fin del mundo. Sus “hermanos en Cristo”, el colegio cardenalicio, le obligan a abdicar, cosa que él hace con resignación cristiana. “Si nuestro pontífice está loco, mejor librémonos de él. Si es un santo, de ninguna manera lo perderemos”. La explicación no puede estar más ceñida al contexto.  Ingresa en Montecassino, medita y decide dar a conocer la mala nueva al mundo. En realidad, el mundo ya la conoce, porque en la Unión Soviética llevan dos años de malas cosechas y, cuando pase el invierno, el ejército soviético se pondrá en marcha para apoderarse de la comida y las fuentes de energía que necesita y que el malvado Occidente se niega a venderle.
El ex-papa continúa con su predicación. Todo el mundo sabe que lo que dice es cierto, pero nadie le hace caso. Ningún político querrá ser tachado de sembrador del pánico. Para complicar más las cosas, Gregorio XVII sufrirá un ataque cerebral cuando está hablando en un importante club inglés. Se convertirá en un “bufón de Dios” apelativo poco cristiano con el que un ministro francés llama a los niños con minusvalía psíquica. El pobre Jean Marie Barette, antes Gregorio XVII, se encuentra con que debe proclamar un mensaje que nadie cree y en unas condiciones de minusvalía. Dios parece burlarse de él. Sólo le queda un apoyo: un enfermero llamado Maran Atha, el cual lo ayuda y lo lleva a un refugio de los Alpes. Allí se dará cuenta de que Cristo no lo ha abandonado, ya que Atha es el mismísimo Cristo. También se da cuenta de “que la Ultima Venida y el Juicio Final mismo serán actos de amor.”
(Del blog “Bitácora”, de Fernando2008)

Vaya por delante que recomiendo la lectura del libro de Morris West, porque por encima de su temática a veces tangencial con la religión y las iglesias, suscita hondas reflexiones acerca de los mensajes a los hombres sobre su futuro, y cómo el Ser Supremo se sirve de los medios más impensables para los humanos, para asistirles en las conductas adecuadas.
Por encima de glosar el argumento de la novela, que desde luego merece ser leída y releída, trato desde hace tiempo extraer de ella la reflexión de que son los “bufones de Dios”, los seres disminuidos y desvalidos (aparentemente los de menor "importancia", los más desdeñados), quienes en muchas ocasiones son los portavoces de admoniciones y ejemplos para el género humano.
En la novela, ese Papa dimitido y obligado a marcharse (nótese que el libro fue escrito antes de que Benedicto XVI renunciara al pontificado), trata de anunciar al mundo el mensaje recibido --y por ello es perseguido como enemigo de la humanidad hasta el punto de estar en peligro de muerte inmediata— queda minusválido y en su huida llega a ocultarse entre otros impedidos y discapacitados, de quienes se vale el Cristo de la novela para anunciar su auxilio al mundo. Y al ser preguntado ese redentor sobre el por qué se vale de esos seres aparentemente inferiores, los mermados y sin aparente valor vital, proclama que precisamente ellos, en su limitación física y psíquica, son los mejores correos, la mayor gloria en su inocencia e incapacidad, para anunciar al mundo la grandeza de la obra salvadora.
Séase o no creyente, la novela   arrastra a una profunda reflexión sobre los materialismos y egoísmos del género humano y de la sociedad actual, su enorme miopía, que vienen especialmente a cuento en estos días, en los que estamos abrumados por la tragedia de los refugiados e inmigrantes que huyen espantados de sus patrias y sus tierras, cruzando medio mundo, para evitar la destrucción, la barbarie y la muerte, intentando salvar a sus familias y a sus hijos.
Y al propio tiempo estamos indignados por el egoísmo de los dirigentes políticos (especialmente los europeos), que se pasan el tiempo discutiendo sobre cómo han de discutir (aquello de “si son galgos o son podencos”), mientras miles y miles de criaturas aterrorizadas y desvalidas pugnan por alcanzar una vida mejor, que se les niega con mafias despiadadas que les expolian y engañan, barcos innavegables, vallas lacerantes, policías brutales, xenofobias inadmisibles, y con los malos tratos desplegados por países que proclaman continuamente el respeto a los derechos humanos pero que no quieren ver la tragedia que se desarrolla ante sus ojos: con miles de vidas rotas, miles de vidas perdidas en el mar, miles de vidas en hambruna.
Ha tenido que ser la fotografía de un niño turco, de 3 años, ahogado en el mar entre Turquía y una cercana isla griega, ha debido de ser esa criatura muerta en la aureola de su tierna inocencia, quien sea el "bufón de Dios",  quien conmueva a las gentes sensibles y de buen corazón de Europa y del mundo,  y ya ha movilizado iniciativas y ofrecimientos, revolviendo la laxa conciencia de muchas gentes.
El problema es y seguirá siendo que unos gobiernos (como el de Hungría) se escudan en que primero han de proteger a sus ciudadanos, quienes pese a todo desautorizan a sus políticos y auxilian generosamente a los desvalidos.
Otros gobiernos, como el del Reino Unido, que siempre se ha opuesto a cualquier tolerancia, y que viene intransigente en lo referente a la inmigración, ahora se coloca la careta de la comprensión, porque está sufriendo en sus entrañas el problema de los emigrantes que en Calais acechan para dar el salto al paraíso británico. ¡Ellos, los de  UK, que decían que los ilegales que entraban en España e Italia eran problema solamente de estos países!
Otro gobierno, el de Francia, no puede menos que “hacerse” el sensible, y preocuparse de veras, porque tiene dentro, en casa, la infiltración de tantos y tantos árabes, que casi con sus segundas generaciones van colapsando a la genuina ciudadanía.
En esta España nuestra, se han ofrecido ciudades y comunidades para acoger a unos miles de esos refugiados que huyen actualmente, lo cual es muy elogiable, aunque tal vez habría que examinar previamente si se brinda toda la asistencia y apoyo requeridos a los desamparados que desde hace años pugnan por subsistir en nuestro país. Y sin olvidar todo lo que podría hacerse con los miles de millones de los que se apropian los corruptos de todos los colores.
Volvamos a estos “bufones de Dios” de ahora y agradezcámosles que, pese a su tremenda desgracia, estén siendo capaces de excitar en la acomodada sociedad occidental un punto de conciencia y generosidad.
No olvidemos: Esos “bufones” de hoy serán, como en la novela de Morris West, los que propicien la redención del mañana.
“Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde entonces empieza a pisar firme” José Luis Sampedro (1917-2013) Escritor y economista español.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

27 agosto 2013

El “cuento de nunca acabar”: Gibraltar es español, pero lo regenta un gobierno impostor y satélite al amparo del Reino Unido.



Este modismo proviene de la tradición de los llamados “cuentos de la buena pipa” y en otros lugares, concretamente en Andalucía, del llamado “cuento de la haba que nunca se acaba”. En todos estos tradicionales cuentos comienzan unos relatos que parece ser prometedores y que acaban siendo repetitivos, interminables y aburridos. Cuentos en lo que no se cuenta nada y que se agotan en sí mismos como recurso expresivo. Es la razón por la que se usa este modismo para aludir a un asunto cuya solución no parece tener fin por una serie indefinida de demoras en cuanto a su conclusión definitiva.
(Fuente: Carlos Rivera)


“CASTIELLA, GIBRALTAR, TRISTAN GAREL-JONES, MARGALLO”

“Tristan Garel-Jones es uno de los políticos más inteligentes que he conocido a lo largo de mi dilatada vida profesional. Hombre serio, culto, profundo conocedor de España y su historia. En el Reino Unido lo ha sido todo: diputado, lord del Tesoro, tesorero de la Corte de Su Majestad, ministro de Asuntos Exteriores para Europa. Habla un español perfecto y se distingue por su claridad de ideas y su buena educación. Desde una independencia inalterable, ha propuesto con dos pares que se legalice la Fiesta de los Toros en Gran Bretaña para que asistan a ella los responsables de las sociedades protectoras de animales y se enteren de la verdad. Se declara admirador de Luis Miguel, de Pepe Luis, de Ordóñez, de Paco Camino, de Gregorio Sánchez.

Tuve la suerte hace muchos años de que Tristán Garel-Jones me enseñara el Parlamento británico. Durante un par de horas recorrimos la Cámara de los Comunes, la Cámara de los Lores y las diversas dependencias de un Parlamento que, a diferencia del español, se distingue por su austeridad. Tristán Garel-Jones me dejó las cosas claras. Montesquieu existe en Inglaterra. El Parlamento es independiente del Gobierno y tiene una autoridad indiscutida.

Para entender el problema de Gibraltar -me dijo en aquella ocasión el
político británico- hay que partir de la base de que el Parlamento aprobó respetar la voluntad del pueblo gribraltareño. Si los gibraltareños deciden permanecer en su estatus actual, Gran Bretaña los respaldará sin fisuras.

El ministro Castiella tuvo conciencia clara de esa realidad y estableció una política consistente en hacer la vida lo más ingrata posible a los gibraltareños. Era y es el único camino. Si los gibraltareños disfrutan de todos los beneficios no se cuarteará nunca su voluntad de ser lo que son. Si España convierte el Peñón en un lugar inhóspito las cosas podrían cambiar. Castiella no llevó adelante todo lo que pensaba, pero sabía muy bien lo que se debía hacer y me lo explicó detenidamente en una larga conversación que mantuve con él. Era un hombre muy inteligente. Decidió cerrar la verja y proyectó cortar
el suministro de agua española, de líneas telefónicas y de electricidad. Tenía pensado trasladar al entorno de Gibraltar las industrias menos salubres de España y absorber la mano de obra marroquí. Su propósito consistía en incomodar hasta el límite la vida de los gibraltareños. El ministro Moratinos cometió el desatino de hacer todo lo contrario. Convirtió al Gobierno del Peñón en interlocutor tripartito y benefició a los gibraltareños con toda clase de prebendas, cerrando los ojos ante el blanqueo de capitales, los delitos fiscales, el contrabando desaforado, los negocios on-line.

El actual ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, que es un chuleta, se ha dedicado a matonear a España ofendiendo gravemente a nuestra nación mientras los gibraltareños se forran a ganar dinero y disfrutan de sus villas y posesiones en la Costa del Sol y de todas las trapisonderías inimaginables. Se ha hecho, en fin, lo contrario que se debía hacer. El Peñón debe ser una base militar de vida
Felipe V de España regaló Gibraltar


especialmente incómoda. Hoy es un auténtico paraíso. Solo la disciplina militar obligaría a vivir en una base caracterizada por su dureza. Los civiles terminarían por buscar otros lares. Entonces se podría negociar conforme a lo decidido por el Parlamento británico porque, como me explicó claramente Tristán Garel-Jones, nada que contradiga la decisión parlamentaria tendrá viabilidad. El ministro Margallo, que es un peso pesado de la política española, ha entendido muy bien la realidad gibraltareña y ha empezado a tomar las medidas adecuadas. Permanece impávido mientras sobre su cabeza se descargan los bloques de hormigón”.

Luis María ANSON, de la Real Academia Española, en “El Imparcial”, 26/08/2013)


Tanto se viene escribiendo sobre el conflicto entre España y el Reino Unido, respecto de Gibraltar, que he demorado ocuparme de él en profundidad, por aquello de que es más viejo que la tos y además ha aparecido en tiempos en los que a los gobiernos de los dos países les conviene desviar la atención a esta controversia mal planteada y probablemente nunca acabada, evitando así, en el Reino Unido, lo referente al referéndum independentista de Escocia y otras cuestiones de transcendencia electoral, y en España, que los papeles del llamado “caso Bárcenas”, más el “caso de los ERES andaluces”, no contaminen demasiado la opinión pública en tiempos en que los ejecutivos suelen estar más o menos de vacaciones.

La realidad es que la postura del impropiamente llamado “gobierno gibraltareño”, con ese chulo de fulanas que es el ministro principal Picardo al frente, no puede ser más provocativa y demagógica; y
también es verdad que España, mejor dicho su gobierno, ha entrado poco al trapo de las provocaciones, pues mal se entiende se tolere modificación de caladeros de pesca, construcción de espigones en agua que no son gibraltareñas (porque no las hay, según el Tratado de Utrecht), existencia de buques tanque que venden gasolina y contaminan las aguas, burdo abuso de la sanidad española por los gibraltareños que tienen propiedades en España, y, sobre todo, fraude fiscal continuado, contrabandeando tabaco y protegiendo la evasión fiscal desde el paraíso financiero que es actualmente la roca .

Y digo que el Gobierno español ha mantenido una postura “light”, porque, dejando de lado la posible contundencia verbal, lo que ha dicho el ministro de Exteriores, el magnífico ministro García-Margallo (un ceutí que se afincó mucho tiempo en Valencia, de indudable
capacidad intelectual y gran valía y experiencia política), la realidad es que no se ha actuado “manu militari” como tal vez merecían las usurpaciones y atentados a la legalidad internacional y a la convivencia pacífica, que ha propiciado el nuevo “bucanero” (pirata al servicio de su majestad británica, como antaño) llamado Picardo y que mejor haríamos en llamarle “picarón” o “picardón”.

Recuerdo mis tiempos de estudiantillo de bachiller, cuando el espíritu nacional era una “asignatura obligada" y el patriotismo de pandereta y faldicorta imperaba en una España deprimida y aislada, y en esos tiempos se nos enseñaba en la escuela aquella canción semi-militar de “Memorias de la historia, que a veces tienen que llorar: ya tocan a rebato en el peñón de Gibraltar…”

Y en aquellas calendas, se nos hablaba de la pérfida Albión y de los piratas ingleses, aunque todo se dulcificó cuando la España de Franco fue introduciéndose en el orden europeo e internacional.

Ahora resurge este “callo”, este viejo conflicto, con tintes de agresión
que cada parte pinta respecto de la otra, y que, por muy irritante que sea, que lo es, solamente implica un desacuerdo entre dos gobiernos que se entienden bien, menos en lo que no pueden entenderse.

¿Qué solución cabe?

Opino que tal vez, nótese mi duda, solamente la diplomática, porque a estas alturas no vamos a empezar con soluciones militares, pese a que después de tres siglos ni la diplomacia que todo lo “empastra” y hace duradero, haya logrado avances significativos.

Yo propongo que se nombre ministro del gobierno español al famoso Picardo, dándole autonomía sobre Gibraltar, confiriéndole competencias sobre la reproducción de los monos que saturan la roca, y se cree una especie de Andorra, con dos co-príncipes que
nada manden (como en la nación pirenaica), para que gobiernen los naturales del peñón, pero, eso sí, sin tolerar ni una sociedad basada en Gibraltar ni una transferencia de dinero contaminada de los macacos de la roca, ni… ni… no sé qué más.

Y, pese a la ironía, seguiríamos igual, como acontece en tantas y tantas familias, que solamente se pelean cuando les conviene mostrar una crisis y así justificar que no pueden pagar deudas.

Gibraltar no es español en la práctica; ni es inglés en la ley. Es una moneda de trueque que dos naciones, España y Reino Unido, se disputan en apariencia, para al final hacer como los trileros: que
desaparezca del panorama político lo que es impopular.

Voy a plantearme seriamente domiciliar mis ingresos en Gibraltar y mis deudas en España, para que los acreedores españoles sufran demoras y colas para alcanzar la frontera de la Línea de la Concepción, y, en cambio, mis dineritos corran de paraíso fiscal en paraíso fiscal, hasta que un “Bárcenas” cualquiera los trinque.

¡Afanes de tres siglos de historia, que ahora tenemos cada día!

“El patriotismo es el huevo de donde nacen las guerras.”.- Guy de Maupassant (1850-1893) Escritor francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA