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10 junio 2009

Lucubraciones sobre las elecciones al parlamento europeo: ¿Sirven para algo?

Después del trámite electoral que han supuesto las elecciones a miembros del Parlamento europeo, me aventuro de nuevo a escribir algunas ideas sobre la realidad que nos envuelve, mejor dicho, nos atropella.
He guardado silencio durante el tiempo electoral, campaña y publicación de los resultados de España y de los demás países de la UE, por evitar la contaminación y la influencia de tantos y tantos comentarios de políticos y periodistas sobre lo que se avecinaba en las elecciones y lo que significan los resultados.
Vaya por delante que ni proclamo que hayan ganado los unos ni que hayan perdido los otros, aunque resulta indudable que en España los socialistas van resbalando hacia atrás lenta pero constantemente –cual la cucaracha-- como consecuencia de su errática y falsa política de mentir y crear cortinas de humo y confusión; que los populares van creciendo despacito, porque dan “un pasito para adelante y otros tantos para atrás”, y porque carecen del “glamour” o encanto que se requiere para derrotar la enorme falsedad de sus oponentes, que el pueblo español consiente y casi goza.
Hay quien ha comentado que la abstención es lo que ha ganado. Falsedad completa. La abstención es la nada. Y la nada es eso…nada. O sea, que no se puede obtener conclusión o razonamiento de la absoluta inexistencia, del vacío.
Lo que acontece es que votar al Parlamento de Europa es casi como un brindis al sol, porque esa imagen de la Cámara legislativa europea resulta tan lejana, tan poco familiar, tan poco nacional, tan incomprensible, que votar a alguien para que pertenezca a esa cámara semeja como enviar un regalo virtual por Internet.
He hablado con filo-socialistas que están satisfechos de lo poco que han perdido sus idolatrados políticos.
He hablado con filo-conservadores que exultan de gozo porque se ha derrotado en toda regla a los de la izquierda.
Pues no, Ni lo uno ni lo otro. Nadie debe de estar satisfecho después de la soez e inmunda campaña electoral que hemos tenido que sufrir los ciudadanos, llena de acusaciones, de manipulaciones, de mentiras, de verdades trucadas, que simplemente han evidenciado que los políticos son unos sucios y marrulleros jugadores. Y cuanto más cerca del poder, más sucios, marrulleros y manipuladores.
¡Asco! ¡Tedio!¡Impotencia!
¡Váyanse a paseo, señores candidatos y señores políticos!
Estamos cansados, hartos, de tanta doblez, de tanta crisis que acaba porque ya hay brotes verdes, cuando quien lo proclama no tiene ni la más repajolera idea de lo que habla…
Estamos rebosados por tanto negativismo contra todo, como el que emana de las filas de quienes ni entre ellos han sabido entenderse..
¿Y para qué han servido estas elecciones europeas?, me pregunto yo. Para evidenciar que siempre hay ineptos que desde su fatuidad se erigen en definidores del dogma frente a los incapaces de entender que los excrementos (en roman paladino llamados m…..) no admiten más regeneración que la de servir de abono a lo que puede nacer: Alguna que otra berza o zanahoria, algún tubérculo propio para comida de asnos…( con respeto para los borricos, animales que admiro y que son una de mis mascotas)
Pese a todo, proclamo mi fe en la democracia y en las elecciones, pero cuando sean limpias, y cuando el pueblo no solamente vote a unos o a otros, sino que les vote con nota –del 1 al 10— porque ello permitirá conocer que los mejores no pasan de un 3…
“No niego los derechos de la democracia; pero no me hago ilusiones respecto al uso que se hará de esos derechos mientras escasee la sabiduría y abunde el orgullo” Henry F. Amiel (1821-1881) Escritor suizo.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA