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15 septiembre 2015

La avalancha de refugiados en Europa: De las palabras a los hechos


“Crisis de refugiados 

¿Por qué Merkel rectificó su iniciativa de abrir las fronteras alemanas? Alemania restablece el control fronterizo para frenar a los refugiados


Enrique Müller Berlín 14 SEP 2015

El sueño de verano que vivió Alemania durante nueve días y que permitió creer que el país se había convertido en el líder moral de Europa, gracias a la decisión de Angela Merkel de abrir de par en par las puertas de la primera potencia económica del continente a los refugiados que estaban atrapados en Hungría, sufrió un duro golpe el sábado, cuando la canciller leyó en su teléfono móvil un mensaje urgente de Horst Seehofer, el líder de sus socios de la CSU de Baviera y jefe del Gobierno regional.

A las 13.26 horas de ese día, el celular de Merkel comenzó a sonar, y cuando la canciller y líder de la CDU abrió el SMS firmado por Seehofer se dio cuenta que la situación que ella misma había provocado el 4 de septiembre se estaba convirtiendo en una crisis nacional que podía poner en peligro la estabilidad de su Gobierno de coalición. “Fue una llamada de emergencia”, dijo Seehofer al confirmar la existencia del mensaje de texto.

Merkel se comunicó inmediatamente con el líder bávaro. Seehofer dejó saber que había sido una conversación muy importante y que se había concretado cuatro horas más tarde en el curso de una conferencia telefónica entre Merkel, Signar Gabriel -líder de los socialdemócratas, la otra pata fundamental de la coalición de Gobierno- y el propio Seehofer en la que participaron también los ministros del Interior, Thomas de Maizière y de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier.

“Llegamos muy rápidamente a un acuerdo y no hubo prácticamente discusiones”, confesó Seehofer el domingo, poco después de que el ministro del Interior anunciara que el Gobierno había decidido reintroducir controles en la frontera con Austria para poner freno a la llegada de refugiados. “Fue más bien una confirmación mutua de que había llegado el momento de actuar”, añadió.

Las declaraciones de Horst Seehofer también dejaron al desnudo que la generosa iniciativa de Merkel estaba cosechando críticas en el seno de su propio partido y en todas las capitales de los 16 Estados federados. La peor de todas había sido emitida por el propio líder bávaro desde las páginas de la revista Der Spiegel. “Fue un grave error que nos mantendrá ocupados durante mucho tiempo. No veo ninguna posibilidad de volver a meter al genio en la botella”, dijo al tiempo que anunciaba que había invitado a Múnich a Viktor Orbán, el primer ministro húngaro –muy hostil a la política alemana de puertas abiertas a los refugiados sirios- para “buscar juntos”, una solución, una iniciativa que fue calificada por el semanario como una “verdadera afrenta” contra la canciller.

“La presión sobre Angela Merkel era demasiada fuerte y las criticas llegaron de todas partes”, señaló el periódico Süddeutsche Zeitung, al sugerir que la canciller había capitulado, sobre todo ante la presión ejercida por su aliado bávaro. “En lo que respecta a la llegada de refugiados, ya nadie se atreve a hacer pronósticos, pero muchos se preguntan si la canciller tiene un plan”.

“El sueño de verano de los refugiados fue muy hermoso. Los refugiados fueron recibidos en las estaciones con aplausos y chocolates y la canciller anunció ante la nación: ¡Lo lograremos!”, anotó el portal Spiegel Online. “Pero este hermoso momento se acabó y ahora estamos confrontados a la realidad, que es cruel. El país no estaba preparado para recibir a tanta gente, ni mentalmente, ni tampoco en forma organizada”.

La decisión de Merkel de cerrar las fronteras del país fue recibida con júbilo en Munich, donde Seehofer aseguró que pretende “proteger el interés de la nación y de la población alemana”. Pero el líder bávaro dejó al secretario general de su partido, Andreas Scheuer, el grito de la victoria: “La voz de la razón en la política de refugiados tienen un nombre: la CSU”.

No está claro qué argumentos utilizó Seehofer para convencer a Merkel a dar un giro radical en la política de asilo, pero este lunes el
portavoz de la canciller, Steffen Seibert, intentó salvar la imagen de su jefa con una frase que no convenció a nadie. Durante una rueda de prensa en Berlin, el portavoz señaló que Merkel seguía convencida de que el país podía controlar la situación.

“El hecho es: ¡podemos hacerlo!”, dijo Seibert al recordar la frase pronunciada por la propia Merkel. “Pero nadie ha dicho que lo podemos lograr en una noche. Alemania seguirá cumpliendo con sus compromisos humanitarios y legales. La introducción de controles fronterizos no es un cierre, y algunos refugiados seguirán entrando” añadió.”

(De “El País”)

…

¡Era demasiado bonito!

¡Era demasiado altruista!

¿Era posible, de veras?

Ya vemos lo que ha tenido que hacer Alemania ante la avalancha de refugiados que se ha presentado en sus confines y que ha colapsado prácticamente las posibilidades asistenciales de Baviera y de Múnich.

Ya hemos visto cómo se las gastan los húngaros, con un primer ministro ultraderechista que roza lo despiadado y que no ha reparado en recibir a palos policiales a los migrantes que llegaban desde Macedonia, además de construir a velocidad de vértigo una valla de casi doscientos kilómetros.(¡Y se llamó despiadados a los españoles por la valla de Melilla!)

Hasta los austríacos, tan prudentes siempre, han tenido que establecer filtros y controles en sus fronteras.

Y es que de repente se ha organizado una “travesía del desierto” que deja en minúscula la que hubo de protagonizar Moisés en los tiempos
faraónicos.

Se ha desatado en los países europeos una bien comprensible compasión hacia los fugitivos de las guerras, y se han multiplicado las ofertas privadas y oficiales para asistir a los supuestamente desvalidos.

Pero una cosa son las buena voluntades y otra las capacidades.

Y Europa ha puesto de manifiesto que ni siquiera ha alcanzado la adolescencia en materia de su integración.

Porque hay países, como Hungría, aferrados todavía a un duro esencialismo con tintes nacionalistas, que no está muy lejos de los egoísmos todavía latentes en los países que estuvieron bajo la bota comunista, cual Polonia, Eslovaquia, República Checa y las tres repúblicas bálticas, que se resisten “como gato panza arriba” a que se les merme en algo el estado de bienestar que van alcanzando  poco a poco, ya que aún mantienen el rechazo casi xenófobo al islamismo y
a los musulmanes, quizá por aquello de su mal entendido cristianismo.

Pero lo grave no son las reacciones y evasiones de responsabilidad. Lo grave son los errores cometidos en su día, tratando de manera descafeinada conflictos de honda gravedad, como el de Iraq, o el de Afganistán, o inclusive el de Siria (luchando contra el genocida presidente  mediante estimular a los islamistas que a la postre han resultado peores), pero todo ello bajo la moralina de USA, que pone una vela a Dios, velando según dice por el orden y la paz mundial, y otra al diablo, mediante gigantescos negocios de venta de armas y de oligarquía económica en los países aparentemente liberados.

Europa, como casi siempre, ha sacado a relucir su “buen corazón” y una buena dosis de sorprendida improvisación, pero ha dejado demasiadas sospechas, ya que nadie se cree que Alemania se haya convertido en una “hermanita de la caridad” de repente, y a la vista
queda que una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo.

Además, me pregunto: ¿De veras todos los que entran en Europa son refugiados? ¿De verdad todos ellos huyen de la guerra? ¿No habrá ningún infiltrado de esos locos asesinos islamistas? ¿No hay más solución que acogerles?

Leo que al parecer pueden llegar sirios hasta completar once millones, y me pregunto en qué  país o países se va a albergar a tamaña multitud.

¿No sería mejor actuar enérgicamente, acabar la guerra y reconstruirles un país al que volver?

Entiendo que Alemania trate de nutrirse de mano de obra para el futuro, pero ¿qué decir de países como España, con un veintitantos
por ciento de desempleados?

Adóbense estas reflexiones con la consideración de todas las tendencias más bien de izquierdas, en el sentido de ofrecer unas ayudas que no se sabe de dónde saldrán, ni si llegarán, y se tendrá buena percepción del enorme problema que se ha cernido sobre Europa.

Porque finalmente de los errores, graves errores, del pasado, emergen los problemas, graves problemas, del presente.

Vamos, aquello de “los polvos” y “los lodos”.

“El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda” Oliver Goldsmith (1728-1774) Escritor británico.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

03 septiembre 2008

PERIPLO POR EUROPA (II): TRES DIFERENTES GRUPOS DE PAÍSES (I): HUNGRÍA, REPÚBLICA CHECA Y POLONIA.

Como ya anticipo en el título, al volver a tratar sobre mi periplo europeo, quiero hacer una primera clasificación o distinción de los países visitados y conocidos, en tres grupos: Los “veteranos” de la Unión Europea y zona Euro, como España, Francia, Italia, Austria, Alemania, y Suiza (que en la práctica admite el Tratado Schengen y la circulación oficiosa del Euro); los casi “recién llegados”, adheridos al Tratado Schengen –libre circulación sin fronteras— pero todavía con su moneda propia, como Hungría, República Checa y Polonia; y los terceros ”no Euro”, como Ucrania. (Prescindo del Principado de Liechtenstein, porque casi se confunde con Suiza).

He de reconocer que Hungría y República Checa, países que ya visité varias veces desde 1996, me han defraudado. No me ha extrañado que, aún integrados en la UE, su economía esté todavía muy lejos de permitir la vigencia del Euro. Es más, he percibido un exceso de picaresca en las gentes y en los comerciantes a la hora de tratar con extranjeros, principalmente turistas del oeste de Europa, intentando engañarles con cambios de moneda abusivos y engañosos, y “machacando” con carísimos precios, superiores a los normales en el país.

Polonia me ha causado otra impresión bien diferente, tal vez porque esté menos “contaminada” de las malas prácticas de los otros dos países que he mencionado.

Hungría
Aplica el Tratado Schengen a regañadientes y ni siquiera ha adaptado sus infraestructuras fronterizas a la inexistencia de controles.
Es curioso comprobar, cuando el automóvil se acerca a Hungría, sobrepasada la antigua frontera de Austria, que desde Hungría, agazapados, varios policías escrutan la autopista y fotografían con teleobjetivo los vehículos que se aproximan.
Nada más entrar en Hungría, varias advertencias indican la obligatoriedad de comprar la vignete; teóricamente debía ser un adhesivo, pero es un recibito que se paga por el uso de las autopistas, con diferente coste según los días de duración.
Si quien accede no lleva moneda nacional –el forint- puede pagar en Euros, pero a un cambio un 25% más bajo que el oficial (¿acaso la vignete no es oficial?) Y si quiere pagar con tarjeta de crédito, se le dirá amablemente que no funciona en ese momento la conexión con el banco –mentira— para evitar aplicar un cambio oficial.
En toda Hungría, y especialmente en Budapest, el problema es el mismo, llegándose al colmo en los restaurantes, cuando se ofrece en la factura el precio en forints, pero al ladito un papelín con la indicación de su equivalente en Euros, a un cambio escandaloso por lo bajo. La tarjeta de crédito no funciona “desde ayer”; y si uno dice que va a pagar en forints, entonces se indica que el servicio, es decir, el camarero, no está incluido y que ello importa “la voluntad”, pero siempre más del 18 %.
Si uno reclama y no quiere pagar, al instante se amenaza con llamar a la policía.
Pero además el servicio es despectivo, poco ordenado, con ironías aprovechando que el magyar o húngaro es incomprensible para cualquier europeo.
Y los precios… ¡Mamma mía!..Propios de Madrid y Barcelona… Mucho violín, muchas csardas, muchas danzas húngaras, pero un enorme abuso.
Hablo así porque en el año 1996 pude experimentar de la delicia de un buen servicio, de la amabilidad de los húngaros y de unos precios asequibles. Volví a comprobarlo en 1998; lo ratifiqué en 2002. Y ahora, se ve que, como ya son europeos, se dedican a expoliar a los turistas.
Por otra parte, hay mendigos por demasiados sitios; hay desatención en las oficinas de turismo; carecen de glamour en los hoteles (en el mío, de una reputada cadena europea, hube de pedir por tres veces el libro de reclamaciones para obtener una cuenta en regla, y un servicio de desayuno en un buffet que estaba semivacío, pese a ser las 9 de la mañana y deber cerrarse a las 10’30).
Conclusión: Menos violín y más control desde los órganos de la Unión Europea, metiendo en vereda al gobierno húngaro, para que no permita los abusos generalizados.

República Checa

En este país no hay problema de papelitos de autopistas, porque hay pocos kilómetros de ellas.
Pero es el imperio del engaño en el cambio desde el Euro, en la aplicación de precios, en el servicio de los restaurantes.
Llegué a pensar si habían copiado de Hungría… (mi visita a la República Checa fue dos semanas después que a Hungría)
Los precios, también excesivos, especialmente en la hostelería. El servicio, malo de solemnidad, sin el menor caso al cliente, llevando a la mesa, por ejemplo, los platos al tun tun, sin que hubiera servilletas, ni cubiertos, y debiéndose esperar a la bebida cinco minutos (hablo del restaurante de un hotel de cuatro estrellas), y después tener que escuchar del estúpido camarero que ése es el modo de servir allí, que si no nos gusta, no vayamos…
Habrá excepciones, pero no las he visto.
Lo que en Hungría eran mendigos, aquí son ladrones de bolsos, carteras y monederos…
En fin, todo un atropello al visitante.
Estuve en República Checa, no solamente en Praga, en 1998 y en 2000. Ladronzuelos había los mismos o más. Petulancia, mal servicio y carestía, lo hay con creces ahora.

Polonia

Desconocía este país, y no entré en él con buen pie, pues accedí desde Ucrania, después de esperar en la frontera de Krakovets casi cuatro horas, y recibir un exhaustivo control, no de los ucranianos, sino de los polacos, lo cual no me pareció del todo mal si lo hacen con todos los viajeros, ya que al ser frontera Schengen deben de estar muy atentos a los habituales fraudes.

Tiene carreteras bien asfaltadas, pero la mayoría estilo España de los años 80, pasando por todos los pueblos, con interminables colas por los semáforos y los camiones, de manera que una media de circulación superior a 60 km/h es ya una maravilla.
Las autopistas están casi todas en obras y apenas hay áreas de servicio.
Pero es muy diferente a Hungría y República Checa.
En Polonia la gente es seria, pero amable.
Cobra en su moneda –el zlot— pero no se excusa para admitir tarjetas de crédito.
Conocen la hostelería y el servicio al turista, porque tanto en zonas rústicas como en capitales (especialmente me sorprendió Krakow) se trata al visitante con cortesía, los precios son ajustados –mucho más baratos que en los dos países referidos— y no hay engañifas de servicio o de impuestos aparte.
Muy pocos mendigos, mucha limpieza y la apariencia de una buena organización cívica y administrativa.
Fue mi primera visita, pero no será la última.
En fin, estas son experiencias y comentarios que tal vez interesen a más de uno, especialmente en lo que se refiere a estas nuevas naciones emergentes en la Unión Europea, que muy mucho dudo estén preparadas y convengan. (Y no hablo de Rumania y Bulgaria, porque ello es “harina de otro costal” )
Quedémonos con la sentencia: “Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía”. Anaxágoras (500 A.C.-428 A.C.) Filósofo griego.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA