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27 septiembre 2016

Esta España nuestra: Después de Galicia y Euskadi, sigue el “tinglado de la antigua farsa”. Y el socialista Sánchez de avestruz, ocultándose en la arena política.


“La irresponsabilidad política
Obrar de acuerdo con nuestras convicciones sin preocuparnos de las consecuencias de nuestras acciones es propio de una lógica religiosa, no política. El principal efecto es que los actores se exoneran a sí mismos de lo que sus decisiones deparen

"Obra bien y deja el resultado en manos de Dios”. Esa es la lógica que se ha impuesto en la política española, una lógica religiosa, ejemplo paradigmático de lo que Max Weber describiera como “ética de las convicciones”. El efecto principal de actuar exclusivamente en función de las convicciones, como señalara el sociólogo alemán, es que los actores se
exoneran a sí mismos de las consecuencias de sus acciones, es decir, se convierten en irresponsables. A dónde o a quién se traslade la responsabilidad no es importante: las consecuencias se atribuirán a circunstancias más allá del control de uno, a la mala fortuna o a la perversidad de los demás. Al contrario que la ética de las responsabilidades, que examina críticamente una y otra vez las relaciones entre medios y fines, la ética de las convicciones solo viaja río abajo hasta desembocar en el océano, no permitiendo nunca remontar el curso del río para, a la luz de las consecuencias de las acciones propias, corregir las decisiones tomadas.
Esa lógica pseudo-religiosa actúa como un inhibidor que impide tanto aprender del pasado como anticipar el futuro. Que la legislatura pasada desembocara en una repetición de las elecciones cuyo resultado no solo mantuvo al Partido Popular en el poder sino que reforzó a Mariano Rajoy a costa de los demás líderes
y partidos, no hace mella alguna. Rotos los eslabones del razonamiento causal y sustituidos por un pensamiento doctrinal o ideológico, no hay posibilidad de reconstruir una cadena de actuaciones donde causas y consecuencias estén atadas unas a otras. ¿Que hay unas terceras elecciones? ¿Y a mí qué? ¿Cómo va a ser responsabilidad mía si yo en todo momento he obrado correctamente de acuerdo con mis convicciones más profundas y auténticas? ¿Cómo puede estar mal ser coherente?, se pregunta perplejo aquel que es cuestionado por su proceder.
Lamentarse sobre la irresponsabilidad política tiene un fin: reivindicar una política basada en razones pragmáticas, en cálculos y beneficios, costes y oportunidades, una política, esta vez sí, pensando en la gente, pero no en la gente en abstracto, sino como individuos cuyas vidas pueden ser mejoradas marginalmente gracias a esa cosa tan detestada llamada política. Que se sepa, la política (democrática) sirve para cambiar la vida de la gente a mejor. El político ansía el poder porque es un medio de lograr esos fines. Si tiene mucho poder puede cambiar muchas cosas, si tiene poco puede cambiar menos. Es solo una cuestión de grado. Y los partidos son instrumentos para lograr esos fines, no fines en sí mismos.
El suicidio de un partido o un líder es renunciar a mejorar las vidas de sus votantes
El suicidio de un político o de un partido político no es, como se dice estos días, votar a éste, abstenerse para que gobierne el otro o formar coalición con el de más allá, sino ser incapaz, por supuesta coherencia con unas convicciones inamovibles, de transformar las vidas de la gente, ser irrelevante para aquellos que te eligieron, no devolverles nada a cambio de sus votos. El suicidio del PSOE, como el de Podemos, no está tanto en su incapacidad de gobernar juntos o separados sino en la incapacidad de elegir entre alternativas, de asumir costes, de ordenar las preferencias de forma transitiva, ser coherente con ellas y explicarle a sus votantes cómo y por qué han tomado esas decisiones. Y el suicidio del PP es ser incapaz de entender que sin Mariano Rajoy todo es posible, incluso una gran coalición, pero que con él no se puede hacer nada de lo que requiere el país.
La consecuencia de esta suma de irresponsabilidades es el deterioro del sistema político, incluso su des-legitimación. La cerrazón del PSOE apuntala a Mariano Rajoy, porque priva al PP de incentivos para cambiar de líder. Mientras, la ausencia de crítica dentro del PP convierte al partido ganador de las elecciones en aquel contra el que todos los demás están dispuestos a votar. El PSOE estará satisfecho por haber quedado inmaculado. Lo mismo Podemos: su coherencia brillará en la nada para que todo el mundo la pueda admirar. Gobernará la derecha, sí, pero seguiremos siendo de izquierdas. ¿Qué más se puede pedir? Y mientras, el PP seguirá prefiriendo un
líder tóxico a un acuerdo político razonable e incluyente. Anteponer un líder a las políticas que se quieren llevar a cabo es una mala idea cuando no se tiene mayoría absoluta.
Pero hay otra política posible, una que reconozca que en una sociedad democrática todas las opciones que estén dentro del marco de derechos y libertades compartidos son igualmente legítimas. En Alemania gobiernan los conservadores y los socialistas en coalición. ¿Cómo lo hicieron? Con un método tan sencillo como el de repartirse las diferencias: Merkel intercambió, entre otras cosas, la austeridad presupuestaria por la elevación del salario mínimo. Aquí PP y PSOE podrían hacerlo igual: no hay entre ellos diferencias que no puedan ser graduadas y repartidas, aunque se parta de cero. El PSOE podría lograr la derogación de la LOMCE, subir el salario mínimo, invertir en políticas activas de empleo, etcétera. Y si Rajoy es un problema moral, pues que ponga el problema encima de la mesa y pacte un candidato alternativo. ¿O es que alguien piensa que si Rajoy fuera el único problema del PSOE estaríamos donde estamos?
Gobernará la derecha, pero habremos sido coherentes, sostiene orgullosa la izquierda
El mismo razonamiento sobre el reparto de diferencias serviría para un Gobierno de izquierdas, a la portuguesa (si los números dieran, cosa que no hacen por más que se pretenda). Pero eso requeriría un Podemos que entendiera la diferencia entre llegar al poder para mejorar las cosas (cambiar el sistema)
y llegar al poder para cambiar de sistema y sustituirlo por otro o peor, fragmentarlo con una cadena de absurdos referendos de autodeterminación que obligarían a todos los españoles a votar desastrosamente en torno a líneas étnico-identitarias en lugar de cívico-políticas.
Podemos tendría que dejarse de fábulas y sentarse a pensar qué es lo que puede ofrecer a sus votantes, hoy, aquí y ahora, a cambio de su votos, porque cada minuto cuenta a la hora de devolver a sus votantes las políticas de igualdad y justicia social que les prometieron. ¿Pero eso es lo que quiere Podemos? ¿Seguiría siendo Podemos después de aceptar el juego pragmático de la política democrática, que siempre es incremental?
Es posible otra política. Pero en lugar de asumir responsabilidades, muchos prefieren huir de ellas. En el fondo, Rajoy no es el problema, es la excusa perfecta para que nadie, a izquierda y derecha, tenga que asumir responsabilidades. Y mientras, los votantes siguen huérfanos de políticas que mejoren sus vidas. La política en España se ha convertido en una inmensa huida adelante para evitar asumir responsabilidades.”
(Por José Ignacio Torreblanca, en “El País”, 26/09/2016)
Después de leer y analizar las brillantes y profundas reflexiones del Profesor Torreblanca, la verdad es que poco queda por decir.
Pero uno no puede reprimirse ante tanta insensatez, desvergüenza y egoísmo, como los que Pedro Sánchez (el “redentor” de la que él denomina “sociedad progresista”) ha evidenciado en pocas horas, y una vez más, después de recibir un varapalo descomunal en las dos autonomías en las que se volcó para apoyar las opciones de su partido socialista cada vez más exánime.
Por si no hubieran sido suficientes los dos batacazos que se dio en las elecciones generales (baldías, como se sabe) de diciembre de 2015 y junio de 2016, este chulito de vía estrecha, con apariencias de marrullero “in crescendo”, se ha caído sin solución en la sima de la insidia, la insensatez y la imprudencia política.
No es que los demás líderes políticos sean un
ejemplo de esencias democráticas, ni de modelos a seguir, pero este Sánchez de los socialistas ha sido capaz de batir todos los records de estulticia, cabezonería e ineficacia.
Ya el profesor Torreblanca pone en su sitio a cada grupo y líder, pero con el ciudadano Sánchez se queda corto, porque lo peor es que su conducta y su empecinamiento irritan a cualquiera que tenga un poco de sensatez.
Si habrá o no nuevas elecciones generales resulta imposible de vaticinar, y más bien parece que hacia eso nos encaminamos.
Pero que la degradación de la clase política está alcanzando menos que mínimos, es algo innegable.
¡Váyanse todos a paseo!, da ganas de decir, siguiendo la castiza exclamación.
Pero eso no sirve para nada, que “de paseo” están unos y otros desde hace más de once meses, y por lo visto aún no se han dado cuenta de que no les vamos a permitir ni renovar los zapatos.
Si “avestruz” Sánchez sigue así y su partido no le corta las alas (no quiero ponerme violento aludiendo al cuello), ya veremos si alguien es capaz de mantener este “chiringuito” de egoísmos y destarifos.
Vamos, que seguimos inmersos en el “tinglado de la antigua farsa”, pero ni los actores saben interpretarla ni parece que haya director responsable que ordene echar el telón.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 octubre 2012

Los comicios autonómicos en Galicia y Euskadi: “Pescados son los del cesto, porque los del mar son peces…”

“Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”.- Isaac Asimov (1920-1992) Escritor y bioquímico estadounidense.


“Elecciones: ¿Y, ahora, qué hace Rajoy?
(Joaquín Vila, en “El Imparcial”, 21-10-2012)
En parte, Rajoy ha salvado los trastos. Feijóo ha revalidado e incrementado con toda justicia su mayoría absoluta. La gestión del presidente de la Xunta ha sido impecable y los gallegos pueden respirar tranquilos, pues un gobierno del PSOE aliado con todo el batiburrillo nacionalista hubiera aguzado la crisis económica mientras se dedicaban a reivindicar las bobadas pseudoindependentistas. Que hasta allí ha llegado la tontería del nacionalismo extremista.
Pero los resultados electorales en el País Vasco son una auténtica tragedia para España. Los independentistas del PNV, con 27 diputados, y los proetarras de Bildu, con 21, han ocupado el Parlamento de Vitoria. 21 escaños, pues, que atufan a dinamita. 21 metralletas que apuntan al corazón de nuestra nación, de nuestra esencia, de nuestra cultura, de nuestra Historia, que los proetarras utilizarán para disparar contra España y que ETA aprovechará para volver a llenarse los bolsillos de dinero que, si nadie lo remedia, empleará, una vez más, para rearmarse.
La banda, todavía armada, ha logrado, de nuevo, chotearse de todos y aplaude con las orejas al conseguir lo que pretendía con sus falsos y cínicos comunicados de cese de la violencia. Porque ni se han disuelto ni han entregado las armas. Y ahí siguen, al acecho. Ahora, sentaditos en los escaños, cobrando suculentos sueldos de nuestros impuestos y, además, gobernando un porrón de municipios, entre ellos San Sebastián. Una vergüenza.
Urkullu, probable nuevo lehendakari
Las cesiones indignas de Zapatero al propiciar la legalización de Bildu con la mema pretensión de aplacar las iras terroristas y la falta de coraje de Rajoy para poner todo el Estado de Derecho a investigar y desmontar al partido proetarra han propiciado que el País Vasco caiga en manos de los aliados de los asesinos y del PNV, un partido que cada día se obsesiona más con dedicar todos sus esfuerzos a un objetivo: la secesión.
Artur Mas se va a quedar relegado con sus fanfarronadas y a perder el protagonismo que tanto le gusta. Porque Cataluña, por mucho referéndum que pretenda celebrar, y que nunca será aceptado por el Parlamento español ni por el resto de españoles, no tiene metralletas en su Parlamento. Sólo un amplio grupo de extraterrestes retrógrados que pretende levitar, aislarse del mundo y levantar ridículas fronteras cuando el mundo se globaliza y se une para ser más fuerte y coherente. Y, aunque Europa no termina de ponerse de acuerdo en nada, nunca aceptará que los catalanes formen un Estado dentro de la UE.
Los siniestros Gobiernos autonómicos de Cataluña y el País Vasco son los problemas más acuciantes y difíciles a los que se enfrenta Rajoy. Está luchando a brazo partido, aunque con escaso éxito, por remontar la crisis económica. Pero las bombas nacionalistas e independentistas pueden, aún más, hacer saltar por los aires la convivencia entre los españoles.
¿Y ahora qué va a hacer el presidente del Gobierno? ¿Cómo va a atajar estos dos frentes que amenazan la estabilidad y la coherencia de España? De momento, no sabe, no contesta. Y, mientras, el PSOE tan contento, pese al batacazo descomunal que se ha vuelto a llevar en las urnas. Rubalcaba tiene los días contados. O el PSOE se va por el desagüe. Y, Zapatero, el máximo responsable del secesionismo y de la crisis, tan pichi, descansando en su mansión de Somosaguas. ¡Menudo marrón que le ha dejado al pobre Rajoy!”
“NÚÑEZ FEIJÓO LE SACA LAS CASTAÑAS DEL FUEGO A RAJOY
Socialistas, comunistas y nacionalistas habían jugado la carta a escala nacional de la pérdida de Galicia para el PP. Si así hubiera sido, se desencadenaría una campaña general para exigir a Rajoy su dimisión y la convocatoria de nuevas elecciones generales, todo ello con el factor adicional de un eventual rescate europeo con nuevas condiciones de recortes y austeridad.
Los electores gallegos tenían conciencia clara de la dimensión nacional que suponía la consulta regional y han otorgado un voto de confianza a Mariano Rajoy. La solidez del Partido Popular y la debilidad del PSOE se han puesto de manifiesto en Galicia. Núñez Feijóo le ha sacado las castañas del fuego a Rajoy, acentuándose la crisis interna para el PSOE y para su líder Alfredo Pérez Rubalcaba.
En Galicia, los ciudadanos no han olvidado los despropósitos y las ocurrencias de José Luis Rodríguez Zapatero, que ha dejado una terrible herencia económica y una herencia política todavía peor. Eso se ha podido comprobar en el País Vasco. Bildu existe gracias a la política de Zapatero, a sus gestiones y maniobras en el Tribunal Constitucional y a la indigna negociación de tú a tú que el expresidente socialista mantuvo con la banda terrorista Eta.
Rubalcaba, el "liquidador" del PSOE
Mariano Rajoy, por consiguiente, mantiene sus posiciones, el PSOE se resquebraja aún más, Galicia va a conservar el eficaz Gobierno de Núñez Feijóo y sobre el País Vasco soplan vientos de fronda con los horizontes políticos cada vez más emborrascados. “
(Luis María Anson, en “El Imparcial”, 22/10/2012)
Mi maestro profesional (y en otros muchos órdenes), un jurista valenciano que aún adorna con su presencia la vida valenciana y española, se ha caracterizado por el grafismo y la ironía de sus expresiones, de las que muchas veces me he beneficiado en mis intervenciones en el foro.
Y una de ellas que viene al caso en estos momentos políticos de España, es la que he incluido en el título, la que reza “pescados son los del cesto, porque los del mar son peces”; expresión que tiene múltiples sinonimias en el rico lenguaje de la lengua castellana, pero que se pueden resumir en el popularmente famoso “cuento de la lechera”, aquél en el que (detallo, por si alguien no lo recuerda bien, proviene de una fábula de Samaniego) la jovencita que lo protagoniza va haciendo mil cábalas y conjeturas sobre las venturas y delicias que alcanzará cuando venda el litro de leche recién ordeñada que porta en el recipiente –hoy prácticamente desaparecido— denominado “lechera”, pero que se ven frustradas cuando por mor de un tropezón la leche se derrama y todo acaba en un buen moratón en sus rodillas.
Pienso que algo así como lo de la frase que titula esta entrada del blog, o como el cuento de la niña lechera, ha ocurrido con las elecciones autonómicas en Galicia y en el País Vasco, llamado por sus moradores Euskadi.
Porque unos dijeron que si estas elecciones iban a ser la prueba de fuego del Gobierno de España, ya que iban a reflejar el descontento de los ciudadanos con una política de dureza extrema en los recortes sociales y de austeridad económica en tiempos de crisis galopante; otros presagiaron que iba a potenciarse el independentismo en Galicia, mediante la unión de varios partidos (incluido el socialista, que tan sin rumbo navega y que se apunta a todas las alternativas, sean o no racionales); otros, que iba a denotarse cómo la ciudadanía vasca valoraba el esfuerzo que se decía realizado por el gobierno socialista que, más que gobernar, ha calentado sillones en Euskadi; otros, en fin, han vaticinado mil desgracias políticas y una caída en el Averno de muchos dirigentes políticos.
El "saliente"
Pero no. Una vez más se ha podido comprobar que, en primer lugar, los resultados de las elecciones autonómicas son difícilmente extrapolables al conjunto de la nación (recuérdese que después del triunfo abrumador del Partido Popular en las elecciones generales, se vaticinaba lo mismo en las elecciones andaluzas, y pese a todo, el triunfo fue limitado y sin mayoría absoluta).
Beiras, el "totem"
Así, en Galicia, que ofrece unas características sociológicas muy especiales, el arraigo de las políticas de tinte conservador, como la del PP, es grande, máxime cuando los socialistas la única vez que ostentaron el poder fueron un auténtico desastre, y los nacionalistas –Bloco Nacionalista Galego-- son de corte extremo izquierdoso, con anacronismos y absurdos planteamientos, más estrambóticos aún si van de la mano de su líder (hoy escindido y en otra formación, el "rico-anarquista", el inclasificable Beiras), que solamente seducen a los jóvenes y a los pobres de vía estrecha; progres, esos nacionalistas gallegos, pero que ninguna garantía de realismo ofrecen, ya que cuando detentaron el poder, compartiéndolo con los del puño y la rosa, se aprovecharon de él como todos los demás y fueron aún más inútiles que los antecesores.
Y por ello, en Galicia, ese pueblo experto en meigas (que “haberlas, haylas”, según es leyenda), los electores han optado por votar la única opción coherente que se les ofrecía, mal que fuera del mismo color que el gobierno de la nación. Y los demás partidos políticos han sido, en buena manera, arrasados por la corriente de sensatez conservadora que ha imperado (“Que me quede como estoy…”, diría el paralítico del cuento).
En cuanto a Euskadi, País vasco, también se ha demostrado que solamente puede llamarse "pescados" a los que están en el cesto, es decir, que hay que atenerse a los hechos y a los resultados. Porque después de repetir los socialistas, con esa facilidad que les caracteriza para elaborar raciocinios sofísticos, que gracias a ellos, durante su gobierno, los terroristas etarras había decidido la paz, ha resultado que el pueblo ni se lo cree; ya que se ha percatado de la “flojera” de los chicos del puño agarrando la rosa, quienes solamente han sobrevivido en el poder mientras otro partido nacional –los populares— les han dado indirecto soporte, pero que han tenido que sucumbir a su falta de fuerza política y a su ausencia de apoyos.
El político de los recortes
Y cuando se ha mirado al “cesto”, a la realidad, se ha comprobado, mediante las elecciones, que un veinticinco por ciento del pueblo vasco que ha votado (¡cuántos vascos han tenido que emigrar por el terrorismo y no votan!), se ha decantado por apoyar a la versión light y trajeada de los terroristas independentistas (EH ..., ni menciono el resto), y un treinta y tantos por ciento se ha inclinado por el partido conservador vasco, que no otra cosa es el PNV.
De esta guisa, solamente un cuarenta por ciento de los votos ha ido a parar a los partidos de corte nacional, a los que no les han valido ni sus cacareos de sensatez ni sus proclamas de ponderación. Porque, no se olvide, lo vasco es muy vasco, y antes se prefiere la diferenciación que la integración.
"Pez vela", ¿catalán?


Todo lo antes dicho podrá ser correcto, pero desde luego, hay que recordar que, como “pescados son los del cesto, porque los del mar son peces”, ni los resultados de las elecciones aúpan al Gobierno de España ni a Mariano Rajoy, ni al Partido Popular; ni hunden definitivamente al PSOE, ni a su sibilino líder, Pérez Rubalcaba; ni consagran de forma definitiva el independentismo de Euskadi.
Hay que señalar que han sido una muestra más del ejercicio de vida democrática que se respira en España, por encima de crisis y de recortes y de huelgas y de todo tipo de intentos sindicales de cometer desmanes. Que mientras las urnas decidan el destino de los pueblos, los absolutismos quedarán alejados de la vida política y social.
Es decir, en definitiva, siguen en el mar los “peces” de las entelequias separatistas, y en el “cesto” de la vida diaria se han recogido las esencias de la democracia, expresada mediante el sufragio.
¿Por qué no pensar –creyendo en los “peces”— que algún día saldremos de esta crisis que nos asfixia? Que al fin y al cabo, la vocación de los peces es convertirse en pescados...
¡Algo hay que soñar!, aunque a ello no alcanza la política…

“Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases debajo de ellos.”.- George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA