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20 diciembre 2012

22 de Diciembre, Tamara, la “estrella” de Kremenchuk.


La reina Tamara
Todos los años, al llegar estas fechas, al filo de la Navidad, me siento movido a dedicar una entrada de este blog a una de las personas que más aprecio, consideración y elogio me han merecido en esta mi ya no corta vida.
Se trata de alguien que, nacida en las estepas ucranianas, en Kremenchuk, a orillas del “padre” Dniéper, creció entre esas tierras y las colinas de Kiev, para conformar en la capital de Ucrania su extensa formación académica y su prolija experiencia como investigadora en el campo de la Medicina.
Y allí, en aquellas tierras del verde y del agua, en las que el trigo se dora en las alas del viento, esta protagonista, ya estrella del firmamento ucraniano, alcanzó por siempre el firmamento de la maternidad y el aurea de la ciencia, y llegó a traspasar fronteras, y llegó a esta España nuestra para consolidar su brillo ejemplar como esposa y madre, a la par que para prestigiar la profesión médica, sembrando ciencia, prudencia y bondad.
Por eso, cuando sus ojos verdes siguen ornando su presencia entre quienes le rodean, lo menos que puede hacerse, es glosar su figura, y proclamar que Tamara –que así se llama la estrella de este firmamento— cumple en esta fecha un año más de su prolífica y generosa vida, y que la humanidad entera, y especialmente quienes tenemos la dicha de beneficiarnos de su irrepetible personalidad, se llena de gozo ante la efemérides de esta madura y espléndida mujer que en sí misma es una oda a la belleza e inteligencia femenina.
Querida Tamara, muchas felicidades te deseamos todos los que te amamos, y especialmente éste que se siente feliz y orgulloso de ser tu esposo.
Permíteme, Tamara, la licencia de dedicarte este soneto de la poetisa ucraniana  Julia Prilutzky  (Nació en Kiev, Ucrania, en 1912 y  adoptó la ciudadanía argentina desde temprana edad. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Buenos Aires y música en el Conservatorio Nacional. Publicó su primer libro de poesía a la edad de dieciocho años y pronto se convirtió en portavoz de la generación poética de los años cuarenta. Entre sus libros más reconocidos figuran «Antología del amor», «Sonetos» y «Sólo estará la rosa»)

Dame tu brazo, amor, y caminemos,
dame tu mano y sírveme de guía.
Ya no quiero saber si es noche o día:
mis ojos están ciegos. Avancemos.

Dame tu estar, amor, en los extremos,
tu presencia y tu infiel sabiduría:
por los caminos de la sangre mía
ya no sé si es que vamos o volvemos.

Y no me digas nada. No es preciso.
Deja que vuelva al pórtico indeciso
desde donde no escucho ni presencio:

Todo fue dicho ya, tan a menudo,
que ahora tengo miedo, amor, y dudo
de aquello que está al borde del silencio.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA