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20 noviembre 2019

Esta España nuestra: A propósito de la sentencia sobre los EREs de Andalucía. ¿No presumía el PSOE de “cien años de honradez”?


“Editorial ABC (20/11/2019)

El mayor fraude de la democracia

La sentencia de los ERE obliga al PSOE y a Unidas Podemos a replantear los pactos de coalición que suscribieron la pasada semana
ABC no se equivocaba cuando al desvelar en exclusiva el fraude masivo de los ERE lo calificó como el caso de corrupción más grave de la democracia. Nunca dos dirigentes políticos que llegaron a ser presidentes de un partido, en este caso el PSOE, habían sido condenados, y nunca se había documentado con la crudeza con que lo hace la Audiencia de Sevilla un caso tan grosero de amiguismo, cuyo último fin era crear una red clientelar al servicio del PSOE. El cortijo en que el socialismo convirtió a Andalucía durante 34 años queda retratado en una sentencia que vuelve a demostrar la doble moral con que la izquierda mide la gravedad de las conductas, incluso del saqueo sistemático de dinero público.
Todo el peso de la ley. 
La condena de diecinueve antiguos altos cargos del
socialismo andaluz, entre ellos Manuel Chaves y José Antonio Griñán, por el desfalco sistematizado de 680 millones de euros, demuestra que su partido siempre mintió respecto a los ERE. Está probado que el PSOE los diseñó como coartada de una red clientelar ideada para perpetuar a los gobiernos socialistas en Andalucía. Por cuantía económica, por contumacia en el diseño de una estructura delictiva y por la consciente permisividad de la Junta andaluza, es el caso más serio de desfalco de las arcas públicas vivido en España. Las penas de prisión superiores a cinco años para Griñán y otros nueve antiguos altos cargos apuntan a que previsiblemente serán encarcelados en breve, lo que representa un durísimo golpe emocional para el PSOE. La evidencia es que


durante quince años se cebó un sistema organizado de corrupción, privilegios y abusos con el dinero público que el PSOE deberá llevar siempre en su conciencia, por más que trate de sacudirse cualquier responsabilidad. La trama de Filesa era, en comparación, un juego infantil.
El PSOE incurrió ayer en un ejercicio de cinismo. Pero su reacción no fue una sorpresa: silencio descriptible de Pedro Sánchez y derivación de responsabilidades al socialismo andaluz. El PSOE podrá alegar cuanto quiera, porque ni se condena al partido por financiación ilegal ni se juzgaba un enriquecimiento ilícito de sus dos expresidentes. Pero en nada se compadece esta reacción con el falaz discurso que Sánchez siempre mantuvo. Si otro partido, como el PP, incurre en conductas corruptas, bien merece una moción de censura, aunque su presidente fuese ajeno a esas prácticas. En cambio, si es el PSOE, lo hace por la causa del progresismo, comprometido con los derechos de los desempleados. Todo era una farsa, una burda mentira que el propio PSOE se encargó de normalizar en el Parlamento con partidas presupuestarias ad hoc para dar patente de legitimidad a un robo. El PSOE creó una red inmoral de nepotismo, sus dos presidentes y varios consejeros han sido condenados, se pervirtió el control de las subvenciones, se eludieron los más básicos sistemas de supervisión, se silenció a la Intervención del Estado, se repartieron millones a capricho -incluso para drogas y burdeles- y la Junta de Susana Díaz se confabuló para obstaculizar la labor judicial. Al menos, el PSOE no debería citar la palabra «honestidad» para proteger a los suyos. 
Pedro Sánchez no puede escurrir el bulto. Tampoco Pablo Iglesias y el resto de una izquierda política que ayer no sabía dónde esconderse con tal de no poner en jaque la gobernabilidad. Si Unidas Podemos tuviese un mínimo criterio de ética pública
no podría apoyar la investidura de Sánchez, obligado, por su parte, a repensar la estrategia que presentó a la sociedad como presunto abanderado de la ética y la regeneración. Pero es mucho pedir. Una vicepresidencia y varios ministerios bien valen un escorzo de hipocresía. Contra Rajoy, Iglesias sostenía en mayo de 2018, en referencia a la sentencia de la trama Gürtel, que no podía haber «delincuentes a los mandos del Gobierno». Si Rajoy -estigmatizado por una simple frase por un juez afín al PSOE- era entonces un «delincuente», también hoy lo es Sánchez.
El doble rasero de la izquierda y su pretendida superioridad moral son flagrantes. Da igual el importe defraudado y que un socialista delinca, porque siempre lo hace guiado por la buena fe. Pero los delitos de otros partidos son intrínsecamente más graves porque se miden por criterios ideológicos y de dogmatismo excluyente. Algo enfermizo empieza a anidar en la izquierda si ese es
el listón con el que medir un latrocinio como el de los ERE. La democracia no puede deglutir todas sus miserias bajo el prisma del «pensamiento único» que impone la izquierda. Cuando los tribunales cumplen su misión es porque la democracia responde. Pero el PSOE, que llegó a impulsar escraches contra la juez instructora, es responsable de una merma de la higiene democrática. Acorde con el rasero del PSOE, la sentencia debería inhabilitar a Sánchez para gobernar.”

«El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra», relata el Evangelio (Juan 8,1-11)
Este pasaje bíblico nunca debieron olvidarlo los socialistas españoles, quienes, pese a debutar en la corrupción política con los casos “Filesa” y “Juan Guerra”, se erigieron en la opinión pública como los guardianes de la ortodoxia y honestidad en la política y en la gestión de la cosa pública, favorecidos sin duda por una serie de facinerosos que hicieron propio el dinero ajeno, como en algunos acontecidos de algunos “populares”, usando los fondos públicos para llenar su faltriquera. 
Y especialmente, el tahúr sinvergonzón de Pedro Sánchez aprovechó las condenas del caso “Gurtel” para orquestar una moción de censura contra Mariano Rajoy que, entre las dobleces de los independentistas (vascos incluidos) y la
pusilanimidad del líder gallego, propiciaron un gobierno socialista que nació “para unos días” y se ha perpetuado entre prórrogas y ardides torticeros. 
Mas reza el refrán que “a todo puerco le llega su San Martín” y no otra cosa ha acontecido con los aparentemente “virginales” chicos del puño y la rosa, porque se descubrió un decenio atrás y se ha confirmado ahora mediante una sentencia de casi dos mil folios, que en su manantial de votos (Andalucía) el hedor que desprendía la política provenía del continuo latrocinio de fondos públicos, destinados en apariencia a solventar y remediar carencias de empresas en crisis y angustias salariales de trabajadores en paro, pero que iban sirviendo para llenar las arcas de una buena “troupe” de golfos y mangantes, hasta pagándoles sus adicciones a drogas y sus juergas prostibularias. Todo ello, mientras los líderes responsables hacían como que miraban hacia otro lado, aunque bien sabían que su poder se cimentaba en la compra de voluntades con ese dinero suciamente distraído de su lícito y socialmente deseable destino.
En el interminable juicio (en el principal, porque aun resta por celebrar más de otros ciento cincuenta), nadie sabía nada de nada, pero bien se desvelaba a dónde había ido a parar el dinero, y los líderes (ex
ministros, consejeros autonómicos, altos cargos) ponían cara de extrañados y de ignorar, pese a que los encargados de la vigilancia contable les habían repetido que no se estaba actuando correctamente. Pero es que en Andalucía había una plaga de miopía. Y en Madrid, sede nacional, de interesado despiste. 
En fin, que ha llegado el “San Martín” de los socialistas, y ahí se ha desplegado la “letanía de los “aminoácidos” (“a mí no”)” y ninguno de los dirigentes se da por aludido, porque “eso aconteció en otros tiempos”, cuando ellos estaban dedicados a
otros menesteres.
Más de un político no socialista ha dicho, con ironía y con toda razón, que Pedro Sánchez debería “autopresentarse” una moción de censura, pero ello solo ha servido para la chirigota, porque, a buena hora ese truhan a quien soportamos presidiendo en funciones un “desgobierno”, va a darse por aludido, él, que va flotando cada vez más sobre el bien y el mal de nuestra nación, hasta el punto de que prescinde hasta de dar cuentas a la Corona, que, si pudiera, también haría propia, con tal de seguir en su Eldorado del Falcón, del lujo y de la vida regalada en palacios de todos los españoles.
El problema, el gran problema para todos nosotros es que éste, estos, que tiraron la primera piedra, han resultado tan “pecadores”, tan “chorizos”, como aquellos a quienes acusaban e insultaban.
¡Indignante que tacharan de ladrones a los contrincantes políticos cuando ellos mismos estaban, 
no libres de falta, sino más “pringados”
!El problema, el gran problema para todos nosotros es que éste, estos, que tiraron la primera piedra, han resultado tan “pecadores”, tan “chorizos”, como aquellos a quienes acusaban e insultaban.

¡Indignante que tacharan de ladrones a los contrincantes políticos cuando ellos mismos estaban, no libres de falta, sino más “pringados”!
Menos mal que parece que van a hacer una “pasada”catequística por las “Iglesias” (pontífice Pablo) en su nueva maniobra política. Pero ni aun así quedarán libres de su pecado: El cinismo con latrocinio.
“En el pasado, aquellos que locamente buscaron el poder cabalgando a lomo de un tigre acabaron dentro de él” (John F. Kennedy)
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

15 junio 2018

Esta España nuestra: Un Presidente del gobierno apresurado, con un gobierno improvisado y un ambiente en ventolera ¡El puerto de Arrebatacapas!


Ya he escrito en este blog en varias ocasiones sobre el puerto de montaña de Arrebatacapas, en la provincia de  Ávila, en la carretera que discurre entre las localidades de Cebreros y San Bartolomé de Pinares, y situado a una altitud de 1.068 metros, que se caracteriza por ser un lugar agreste y batido por los vientos. 
Mas en un sentido figurado y coloquial utilízase la mención “puerto de arrebatacapas” para referirse a cualquier sitio o situación social o vital por los que —a semejanza del accidente geográfico— corren vientos impetuosos; o al lugar o casa donde, por la confusión, el desorden que imperan y la calidad de las personas que los habitan, hay riesgo de fraudes y rapiñas.
Y en esta España nuestra, después de la moción de censura que aupó a la Presidencia del gobierno a ese ambicioso sin escrúpulos que reincide en buscar el poder a cualquier precio, llamado Pedro Sánchez, más por ineptitud y culpas del partido pepero que gobernaba que por valores propios, hemos empezado a encontrarnos como si nos hubiéramos anclado en el “puerto de arrebatacapas” de la política. 
A toda prisa Pedro Sánchez nombró un gabinete de
ministros, hasta sorprendente en cierta forma, pues integró en él, además de a sus incondicionales socialistas, a un cúmulo variopinto de figuras a quienes ni se valoraba ni se esperaba, y entre ellas, pretendiendo (supongo) un toque de modernidad o “frikismo”, introdujo al periodista de etnia valenciana, Máxim Huerta, más conocido por sus tertulias radiofónicas y alguna que otra novela de medio tiro, que por sus valías y preparación para asumir un ministerio tan complejo como Cultura y Deporte, máxime cuando reiteradamente el novato había proclamado a los cuatro vientos y con excesos twiteros que ni le gustaba ni practicaba el deporte. 
Poco duró la felicidad en casa del gobierno, y menos en la del inesperado ministro, porque de repente un medio de comunicación desveló que ese político
había estado envuelto en un fraude a la Hacienda Pública de muchos miles de euros, por tratar en plan tramposo de evadir impuestos mediante sociedades instrumentales. Y aunque el “defraudador” parece que había saldado sus responsabilidades con el fisco muchos años atrás, cayó víctima de las lenguaraces afirmaciones tiempo atrás del “boss” Sánchez, quien había proclamado que nunca admitiría bajo su mandato a quien así obrara. 
¡Nunca digas de este agua no beberé!
El casi non-nato ministro trató de justificar sus trapacerías redimidas, pero la sentencia estaba echada, y fue “invitado” a dimitir, lo cual hubo de hacer casi entre sollozos, pero pretendiendo morder a “la jauría” (¿de quienes, de políticos, o de periodistas?).
Y poco después, al ministro de Agricultura llamado Planas le salió un forúnculo en salva sea la parte cuando se supo que estaba imputado por un tema de extracción ilegal de aguas en el Parque natural de Doñana. 
Y, por si fuera poco, el nuevo ministro de Cultura,  Guirao, nombrado casi ipso facto en cuanto cayó Huerta, se le dice afectado, y tal vez investigado, por historias pasadas en los museos. 
Vamos, que el gobierno de Sánchez parece instalado en su particular “puerto de arrebatacapas”, de lo que ni siquiera se ha sustraído el nuevo ministro de Interior, Grande-Marlaska, en la incipiente polémica con la judicatura del Tribunal Supremo, sobre el traslado de los presos preventivos independentistas catalanes a prisiones más cercanas a su intentada república. 
Vientos ábregos para el gobierno, pero no menos para el partido que había sido defenestrado, especialmente para su “tancredista” líder, el gallego Rajoy, quien, harto de todo y de todos y víctima de sí mismo, precisó renunciar a todo, para abrir una etapa en el partido conservador que no se anuncia ni pacífica ni constructiva. 
Y “como éramos pocos, parió la abuela”, ya que dos días antes del comienzo de la competición futbolística del Mundial, en Rusia, un histérico, egoísta e inexperto presidente de la federación de fútbol,
fulminó al seleccionador del equipo nacional, por un rifirrafe sobre si había fichado sin su "permiso" por un equipo de Madrid. 
Y así, el egocentrismo infantiloide de ese advenedizo pelado de cabellos y de ética conductual, dejó al equipo nacional sin conductor pocos minutos antes de su debut competitivo. 
No se crea que con esto justifico al inocente de Lopetegui, quien se vendió al cacique Florentino Pérez a cualquier costa. Y así ha recibido de palos. 
¡Más ventoleras insufribles, todo tiende a ser los puertos de arrebatacapas!
De manera que lo mejor va a ser acostumbrarse aún más al cúmulo de egoísmos, fallos, errores, atropellamientos y situaciones esperpénticas que desde los políticos hasta los deportistas nos vienen deparando. 
Y esperemos que la “generosa” y mediática recepción
en Valencia de 600 y pico inmigrantes no se convierta en otro espectáculo de filias, fobias, propagandas y abusos, a lo que unos y otros nos tienen acostumbrados. 
Lo confieso: a veces, renunciaría a esta España. 
Pero no podemos ni debemos hacerlo: ¡Es la España nuestra! 
¿Podremos rescatarla de tanta ineptitud y mezquindad?

"El hombre que ha cometido un error y no lo corrige comete otro error mayor".- Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

14 mayo 2018

Esta España nuestra: ¿Ha "estallado la paz" en Cataluña?

La verdad es que uno viene resistiéndose a escribir sobre ese forúnculo en "salva sea la parte" que nos ha nacido a los españoles, con la mal llamada "independencia" de Cataluña. 
La verdad es que uno se ve forzado a repetir una y mil veces que esos que se llaman catalanes y que dicen ser demócratas, y que dicen ser fieles ejecutores del resultado de las urnas, son, ni más ni menos, un hatajo de descerebrados ilusionistas de una utopía independentista, guiados desde la lejanía por un loco visionario que se cree el "padre" de la Cataluña ideal, cuando no pasa de ser un mequetrefe cobarde que se aprovecha con mezquindad de la autoridad democrática por él orquestada para organizar su farándula histriónica de una república imposible. 
Ahora hemos tenido que vivir la farsa de la investidura ("inventadura", diría yo) de un  tembloroso a lo parkinsoniano personajillo que dice ser "la voz de su amo" y que no es sino uno más de los felones secuaces de ese Puigdemont ensoberbecido que quiere campar por Cataluña, ya que nadie le quiere y que no consigue imponerse en la propia tierra de la que se ha escapado.
Ese Quim Torra es un especimen que hasta en lo físico repele, pero que en lo político se reviste de republicanismo e independentismo, y de fidelidad aparente a su "papaíto" Puigde..., cuando es un don nadie que se ampara en la doblez del presidente del parlament catalán para lograr un liderazgo faldp de la Generalitat que nace abortado.
Así, queridos lectores, no es posible la convivencia, no es posible la armonía social, porque los que se dicen triunfadores están masacrando a los disidentes, por el simple hecho de serlo. 
La discrepancia es anatema, porque en Cataluña, o se es "puigdemontino", o "independentista, o de la CUP, o se es un "maldito". 
Dice el gobierno de Mariano Rajoy que ansía la paz en Cataluña, y ni por asomo la consigue, porque se dedica a zascandilear con declaraciones y se asusta de emprender acciones que sean eficaces, como suspender de una vez esa infame TV3· que es el principal foco de propaganda pro secesionista, y que los melindres de Rajoy no se han atrevido a suprimir, la que pese a todo excita y exalta a los lenguaraces malos y falsos catalanes. 
¡Qué pena! En Cataluña no se ha hecho la paz. Ni se hará. Habrá que recordar el título del libro de Gironella: "Ha estallado la paz". En Cataluña no se ha restañado la fractura.
¿O acaso no ha seguido explotando el radicalismo, el anarquismo, el rupturismo, la sinrazón, la antidemocracia?
La verdad es que hay, no 155 razones, sino 155 motivos elevado al infinito para abortar de una vez tanta     conducta antidemocrática. 
Que una cosa es la libertad en Cataluña, y otra bien diferente la falsedad que aprovecha esa aparente que no real democracia.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA 

13 noviembre 2017

Esta España nuestra: Cataluña se “autovomita” su frustrada independencia. “Begin the begin”…



“El globo de la independencia, pinchado por sus propios creadores 
(Publicado el 11 de Noviembre de 2017, en “El Independiente”)
Victoria Prego
Las cosas pintan hoy mejor  para los defensores de la legalidad y peor para quienes han roto en Cataluña una y otra vez las leyes de una manera consciente y deliberada. Digo hoy con pleno conocimiento del término porque en esta sesión diaria de electrochoque en que se ha convertido la cuestión catalana es muy arriesgado hacer previsiones más allá de las siguientes 24 horas. Pero hoy estamos mejor que anteayer y que hace tres o cuatro días. Y eso es así porque lo sucedido en la noche del jueves en el Tribunal Supremo ha supuesto un golpe durísimo, yo diría que letal, a la doctrina imperante hasta ahora entre el independentismo dirigente. Hasta ese momento se mantuvo la ficción de que la independencia de Cataluña era un principio imbatible, una exigencia incrustada en el alma del poble catalán de modo inquebrantable. Pero hete aquí que uno de los símbolos más adorados, uno de los referentes más sólidos, más entusiastas, más activos y más contumaces de esa exigencia irrenunciable declaraba ayer, al unísono con sus compañeros interrogados por el juez instructor del Alto Tribunal que -dice literalmente el auto de su
señoría- “no es que hayan asumido la intervención derivada de la aplicación del artículo 155 de la Constitución sino que han manifestado que, o bien renuncian a la actividad política futura o, los que desean seguir ejerciéndola, lo harán renunciando a cualquier actuación fuera del marco constitucional”.    Aquí  está la almendra del asunto: las señoras Carme Forcadell,  Anna Simó, Ramona Barrufet y los señores Lluis Corominas y Lluis Guinó, se han comprometido a acatar la Constitución de ahora en adelante. Y ése es un compromiso determinante y una victoria de la Justicia española, la victoria buscada por el Estado de Derecho recurriendo en exclusiva a la aplicación de la ley. Y hay que añadir que la actuación de la Fiscalía ha contribuido muy grandemente al éxito de lo sucedido. Por una razón: porque los cinco encausados se habían resistido a darse por vencidos ante el poder de la Constitución y estuvieron aproximándose a su acatamiento pero sin dejarlo meridianamente claro. En ese punto, los fiscales mantuvieron la petición de prisión incondicional. No podían suavizar la dimensión de las medidas cautelares solicitadas ante un compromiso asumido de lado, eso no era suficiente.
No es adecuado decir que la Fiscalía ha quedado en mal lugar ante la condescendencia del juez. Cada uno hizo el papel que le correspondía
Por eso el Ministerio Público no se movió un milímetro de su posición pero hizo algo que tendría su efecto inmediato en el ánimo de los encausados: levantó la petición de prisión incondicional para la señora Barrufet porque había sido la única que se había desmarcado con claridad de toda tentación de defender la puesta en práctica del independentismo por los escandalosos procedimientos en que la declaración de independencia había sido llevada a cabo y porque reconoció que aquel referéndum no había tenido la menor garantía y no podría nunca haber  servido de base  para proclamar una independencia basada en cualquier caso en leyes ilegales, tal y como les había advertido repetidamente el Tribunal Constitucional. Con este reconocimiento la Fiscalía le abría la puerta y Barrufet  se iba a la calle. Y los demás tomaron nota porque los fiscales siguieron pidiendo la cárcel inmediata para todos ellos. Por eso hicieron un último intento de declarar. Y el juez acudió a darles la última oportunidad, que podía no haberlo hecho. Ellos y sus abogados sabían que, o la aprovechaban, o ya no habría otra posibilidad de escapar de la cárcel. Y todos circularon ordenadamente por la única senda aceptable para la Justicia porque era la única que discurría por los cauces de la legalidad. Por eso no es adecuado decir que la Fiscalía ha quedado en mal lugar ante la condescendencia del juez. No, cada uno hizo el papel que le correspondía y lo hizo adecuadamente y conforme a Derecho. Si estos señores no hubieran tomado el camino de la legalidad y no se hubieran comprometido a mantener sus furas actividades dentro del amplio ámbito que enmarca la Constitución, habrían marchado todos a prisión porque el juez les habría enviado a ella sin dudar.
Será interesante asistir a la digestión por parte del movimiento independentista de la bajada del autobús protagonizada por los miembros de la Mesa del Parlament
Fueron, pues, inteligentes y evitaron su paso a la cárcel, aunque nada de esto les libra de un proceso judicial que se celebrará en su momento, una vez que el Supremo haya asumido todas las causas abiertas en distintas instancias judiciales y la instrucción haya llegado a término. Y ahí se abren muchas posibilidades que no viene al caso ahora enumerar porque incluyen elementos políticos que pueden darse, o no, según sean las circunstancias. Ahora bien, de aquí a mañana, a pasado mañana y a los días sucesivos, será interesante asistir a la digestión por parte del movimiento independentista de la bajada del autobús, por decirlo de alguna manera, protagonizada por los miembros de la Mesa del Parlament. No pueden llamarles “traidores” a la cara porque eso será tanto como reconocer la evidencia de que el movimiento independentista ha recibido un hachazo que le ha partido por el eje y del que será difícil recuperarse por mucho que intenten disfrazarlo. Y que además puede que no sea el único golpe porque los miembros del antiguo govern encarcelados -que lo están no por sus ideas sino por sus actos-  ya saben lo mucho que se equivocaron en su estrategia de no contestar a las preguntas de los fiscales, a lo que hay que añadir el flaquísimo favor que les hizo el ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont huyendo a Bruselas y empujando a que la juez tomara la precaución de meterlos entre rejas para impedir que siguieran el camino de su estrafalario antiguo líder que, además, tuvo la desdichada ocurrencia de asegurar que, unos desde el interior y los otros desde el exterior, formaban un equipo compacto que llevaría a cabo su proyecto político de gobierno como si no hubieran sido destituidos.
Lo que hagan los ex miembros del govern encarcelados es todavía una incógnita. Pero podemos tener por seguro que si se siguen negando a contestar a las preguntas de la Fiscalía, si no reconocen que cometieron  de una manera tan empecinada ilegalidades flagrantes y si no aceptan lo que han aceptado Carme  Forcadell y los otros miembros de la Mesa del Parlament, esto es, que en su futura acción política discurrirán dentro del respeto a la Constitución, la Fiscalía no podrá hacer otra cosa que pedir su mantenimiento en prisión y el juez no podrá hacer otra cosa que mantener esas medidas cautelares por el riesgo de fuga -cortesía de Puigdemont-  y de reiteración delictiva, también cortesía del ex president.
Será muy interesante escrutar el clima en que se produce la manifestación del sábado por la tarde en Barcelona convocada por las organizaciones callejeras autoras de los grandes despliegues de la Diada porque eso dará una idea aproximada de cómo es de intenso el divorcio con la realidad de los creyentes de la Tierra Prometida de la república independiente de Cataluña. Y ya circula por las redes una pregunta que tiene su morbo y su crueldad: ¿Irá Forcadell a la manifestación? Y yo añado, ¿irá abrazada a la Constitución a reclamar democracia, denunciar represión y libertad para los “presos políticos”, como ella, que ya está en la calle? Todo forma ya parte de un espectáculo pero Puigdemont por un lado y Forcadell por otro han descabellado la ficción de la independencia. Los miembros encarcelados del antiguo govern podrían ser los llamados a darle la puntilla”
Como tanto se ha escrito, y tanto falta por escribir, sobre el esperpéntico intento de independencia vía república de un sector de visionarios independentistas catalanes, más que abundar en lo que con tanta certeza y pulcritud, como siempre, publica la ínclita Victoria Prego, lo que procede es que reflexionemos un poco sobre las circunstancias que ha propiciado la eclosión referendaria e independentista.
En primer lugar, qué duda cabe, la esquizofrenia político-paranoide de ese político con el mocho como pelo (no menciono el cerebro porque dudo lo tenga), el “porrito” o títere Puigdemont, que con absoluta inexperiencia y menor rigor se lanzó con voluntarismo suicida a una independencia ni conveniente ni posible, desafiando con infantilismos la bien construida (pese a todo) legalidad de la Constitución española.
Por otra parte, las ansias revanchistas y devoradoras de unos grupúsculos de izquierdas más alborotadores que células políticas, quienes, fiándolo todo a ese asambleísmo callejero que está pretendiendo instaurar el “coletas” del Iglesias, y que solamente le ha conducido a la lenta desintegración en medio de su ausencia de formas democráticas.
Y muy fundamentalmente también ha contribuido a la eclosión pro-independentista de Cataluña, el “tancredismo” del partido en el poder de la nación, el gobierno de Rajoy, quien se embarcó en aquello de “si son galgos o son podencos”, y a quien le llegó “el lobo” de la declaración de independencia.
Pero con los que no contaba la aparente maquinaria independentista era con las inaguantables tendencias diarreicas de muchos de sus dirigentes, quienes, al comprobar que un puñado de consellers se quedaban tras las rejas carcelarias, hubieron de renunciar a sus esencias, proclamando que esa independencia era de pacotilla y que ellos acataban la aplicación de la Constitución española y especialmente de su artículo 155.
¡Serán cagones!
Tanta manifestación, tanta aparente firmeza, tanta declaración, para al final aparecer con las bragas y los calzoncillos adobados de excremento sólido, mientras “sotto voce” muchos de los suyos les llaman traidores.
Añadir leyenda
Es comprensible: Trocar el mullido coche, el repleto sobre mensual, la honorable escolta, el aparente prestigio que llena de vanidad, por las celdas de una prisión, la limpieza del propio habitáculo con mocho (¡para eso ya tenían a Puigdemont!), la comida de rancho, etcétera, eso, sí, era inasumible, por lo que el “donde digo digo, digo Diego”, se adoptó pronto.
Y así la “Carme” “forcallada” se rajó; y la Ada Colau (vulgo, “la meona”) dijo separarse de la teta socialista que le permitía seguir con el bastón de mando barcelonés, para acercarse al “coletas” y finalmente intentar “mear” en tiesto más independentista.
Total, que, como bien dice Victoria Prego, el globo independentista ha sido pinchado por sus propios inspiradores.
Y yo añado: ¡Ufff! ¡Menos mal!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

20 junio 2017

Al borde del verano: Calores que matan y ardores que destrozan.- Mientras Portugal se calcina, la vida política española se enciende

Nadie, ni español ni extranjero, residente o no en España, podrá negar que el presente anticipo del solsticio de verano que llega mañana está siendo difícilmente soportable, con “olas de calor” que sobrepasan por doquier los cuarenta grados Celsius, y con problemas de supervivencia vital, en medio de una sequía preocupante.
Si a ello se une la justificada psicosis de riesgo que genera el terrorífico incendio en la zona centro de Portugal, el panorama no puede ser más desalentador.
A raíz de lo de Portugal, país que bien conocí y conozco,--porque me acogió solícito durante más de dos lustros (¡qué buenas amistades quedaron y siguen aun por allí!)--, no basta con decir que la naturaleza es incontrolable y que frente a su fuerza ingente poco puede hacerse, porque el incendio de Pedrogâo Grande y comarca (hoy ya extendido a varias freguesías de los vecinos distritos –provincias- de Coimbra y Castelo Branco) pudo ser muy difícil de predecir y paliar, pero por encima de sus espantosos resultados flota un cheiro (aire, tufo, aroma, olor,  en portugués) a imprevisión;  a pocas diligencias, lentas coordinaciones y falta de agilidad.
No se olvide que en Portugal, y más en su centro, la dispersión poblacional en diminutas aldeas es tradicional, y la buena disposición ciudadana mediante la elogiable institución de los “bombeiros voluntarios”, o sea, no profesionales, aunque ejemplares y bien bravos, frente a los “bombeiros sapadores” (profesionales) no ha sido capaz ni suficiente para paliar la catástrofe de tantas dimensiones como la que está aconteciendo.
Si a ello se añade (como en España ocurre también) la falta de limpieza “preventiva” de los bosques, el “cocktail” estaba preparado. Y a fe que resultó explosivo y mortal. Porque "lo que tenía que pasar...pasó"
Reparaba yo mismo ayer en la profesionalidad denotada y demostrada por la brigada de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias de España, que, con sus doscientos efectivos y abundantes medios materiales, se ha situado en las zonas de conflicto y ha establecido los adecuados parámetros de actuación, que sin duda llevarán a la solución de la catástrofe . (Buenas muestras de ello ha comprobado quien esto escribe en los encuentros y convivencia junto con los veteranos compañeros de las Milicias Universitarias con los integrantes de la U.M.E., en su cuartel general de Madrid y en varios de sus batallones de intervención en emergencias, BIEM).
En fin, ya veremos cuándo se alcanza por fin la estabilización y el control del “infierno” portugués.
Y estemos avisados de que en esta España nuestra corremos los mismos peligros, bien que parece que existen mejores sistemas y esquemas de defensa frente a estas catástrofes.
Ahora bien, en lo que parece que ni estamos preparados ni queremos estarlo, es en cuanto a los “incendios” y catástrofes políticos que se están anunciando, porque después de la entronización de Pedro Sánchez como el “Papa de la izquierda”, "el Mr. Proper de la política española2, las palabras (y los hechos, que es peor) de este imbuido de soberbia y trufado de ánimos de venganza solamente anuncian contorsiones, crisis, fuegos.
Bien puede entenderse que proclame y pregone que él lidera la izquierda (¡para que lo haga “P(j)odemos” casi es mejor así!); y también llegaríamos a resignarnos para que estableciera su unidireccional odio hacia el partido gobernante, haciendo guiños a los “morados” para integrar la “zurdería” o zurdez política.
Pero ya es más que suspecta la doblez rayana en la insensata imprudencia que implica esa teoría del estado único pero plurinacional, que denota el uso de un trabalenguas y de medias verdades para lograr el objetivo principal. Que él, Pedro Sánchez, "apóstol" apócrifo del izquierdismo, sea el líder que limpie España y la conduzca a que finalmente nuestra nación sea “zurda de las dos manos”, manteniendo una Cataluña siempre pugnaz con el estado y la nación española, y unos dirigentes (los catalanes pro independentistas) a quienes se debió negar hace mucho tiempo el pan y la sal, inhabilitándoles por su aviesa traición a las esencias de España.
Y al nuevo aunque viejo líder de ese partido socialista que se autoproclama como regenerado (dice que va a consolidar su formación política para que saque a España del corrupto ambiente actual), la verdad es que no da mucha fiabilidad la “purga” soterrada que ya está llevando a cabo, él (tan evangélico y tan poco espiritual y religioso), con aquello de que “quien no está conmigo está contra mí…”
Mientras tanto, Don Tancredo, léase, Mariano “el pontevedrés”, sigue anclado en la mitad de la escalera, sin que se sepa si sube o si baja, porque en realidad no hace ni lo uno ni lo otro, y deja que los “incendios” de sus adversarios le eviten perder lo que
mal está conservando.
Calor, incendios, fuegos, catástrofes, al inicio del verano.
¿Soportaremos tantos sofocones y tantas imprudentes impericias?
De momento, me consuelo bebiendo una buena horchata de chufa de Alboraya, porque al menos me palía la sed y el ardor mental y evita que como fruto del fuego yo suelte más “chispas” de descontento.
¡Refrésquense, amigos, que viene “el fuego que quema”!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 mayo 2017

Esta España nuestra: Y vuelta a la confrontación liderada por un falsamente defenestrado. “Un Sánchez para las revanchas” . Manque España pierda…

“La rosa de Pedro Sánchez
Cuesta trabajo creer que el ganador pueda resucitar el PSOE que él mismo ha malogradoCerrar
(Rubén Amón, en “El País”, 22/05/2017)
Pedro Sánchez ha resucitado de sus cenizas como la rosa de Paracelso. Es un cuento de Borges y una alegoría de la fe. Tenerla no requiere de pruebas. Por eso el viejo Paracelso se resistió a obrar el milagro que le reclamaba un discípulo: "Demuéstrame que puedes devolver a la vida la rosa que acabo de arrojar al fuego".
Y no lo hizo el sabio. O sí lo hizo cuando el ambicioso alumno ya se había marchado. Puede entenderse la euforia de Sánchez en la moraleja del cuento borgiano. Nadie ha creído más que él en sí mismo. Y todos o casi todos los escépticos habíamos ridiculizado su viaje de pastor mormón, pueblo a pueblo, casa a casa

Es la victoria de la obstinación, de la perseverancia, pero Sánchez no debería incurrir en la pretensión o en el error de atribuírsela como un milagro particular. Sobre todo porque su principal mérito no proviene del proyecto, o del programa, sino del poder de identificación que ha supuesto el rechazo a la investidura de Mariano Rajoy.
Tanto se amontonaban los escándalos del PP, tanto
adquiría prestigio y relevancia la doctrina del monosílabo. La actualidad, la coyuntura, beneficiaban la candidatura de Sánchez. Le permitían canonizarse en su pasaje de responsabilidad. Porque dimitió como diputado. Y porque la interinidad del PSOE y la sensibilidad hacia la estabilidad política, derivadas ambas del fracaso electoral del sanchismo, complicaba a los socialistas la posibilidad de emprender posiciones beligerantes hacia el PP.
Pedro Sánchez era un mal candidato con un lema fabuloso. "No es no" ocupa ocho caracteres, espacios incluidos. Y tanto representa una apelación a las emociones como encubre su negligencia política. No
sólo ha logrado convertir en "derrocamiento" su legítima deposición de la secretaria general, sino que ha conseguido abstraerse de sus propios desastres electorales. Se jibarizaba el PSOE, se desnutría. Y lo hubiera seguido haciendo de haberse convocado las terceras elecciones, pero Sánchez ha alcanzado a presentarse a la militancia como la encarnación de la pureza. Los milagros necesitan la credulidad de la feligresía. Y Sánchez se hizo rosa sobre los rescoldos de su herencia.
Es donde se antoja más elocuente la estrategia fallida de Susana Díaz. Y donde se retrata la impotencia de un ejército que había alistado a más generales que soldados. La presidenta andaluza reunió a los
barones y a los patriarcas. Reconcilió a las antiguas familias, aglutinó el poder institucional, pero semejante ejercicio de músculo oficialista y de aparato burocrático no hizo sino beneficiar al corpulencia de Pedro Sánchez.
Primero porque se le estaba concediendo el tamaño de un gigante. Y en segundo lugar porque el mensaje simple y categórico del "No es no" alimentaba el antagonismo de la casta y las bases, el sistema y el antisistema, lo antiguo y lo nuevo.
Se trata de una simplificación, de un territorio emocional, pero los procesos de autodestrucción que se han producido entre los laboristas y los socialistas franceses exponen la subordinación del cartesianismo a las vísceras. Sánchez ha interpretado mucho mejor el tablero de juego que su adversaria. Y su adversaria ha sido incapaz de de desenmascarar al impostor, entre otras razones porque tampoco Susana Díaz ha estimulado el aura de victoria lejos de su territorio de conquista. Es un fracaso personal. Es el fracaso de un partido deslegitimado y el abrupto
final de una época.
Cuesta trabajo creer que Sánchez pueda liderar y resucitar el PSOE que él mismo ha malogrado, pero estamos en los tiempos de la superchería de la superstición. Y no parece importar a los militantes socialistas que la rosa de Sánchez sea de plástico.”
No cabe duda de que “El País” y el atinado comentarista Rubén Amón han quedado decepcionados por el poco previsto resultado de las primarias a la secretaría general del PSOE.
No es nada halagüeño, en verdad, el panorama que se avecina, con un líder envalentonado, en sus inevitables ansias revanchistas, que está dispuesto a alcanzar la Moncloa a cualquier precio.
Y es que se ha olvidado que lo importante en los emprendimientos de esta vida nuestra no son las primeras piedras sino las últimas. Algo que la sultana de Andalucía y sus apoltronados acólitos (viejos santones socialistas) olvidaron. Hoy, con los movimientos rupturistas en pleno auge, el sinvergüenza (¿no sabe lo que es?) de Pedro Sánchez, ha sabido aprovechar los titubeos
comodones de las fuerzas establecidas para empujar los más primarios instintos de reacción de sus votantes, que buscan romper contra todo lo que sea corrupción, poder, bienestar de los dominantes, para consagrarse a la confrontación y a la “caza” de comodones.
Así pues, ahora hay en España, como mínimo, dos socialismos: El rebelde y reaccionario, que dice buscar la limpieza social y que realmente sirve de instrumento promocional para el egoísmo del líder electo; y el “otro”, con muchas poltronas y buena vida, pero que ha caído presa de un conformismo revestido de pragmatismo político que los descontentos no han estado dispuestos a admitir.
Ha quedado abierta, pues, la etapa de la confrontación, del negativismo (”no es no”), del
acoso y derribo iconoclasta de cualquier estructura de poder que no convenga, un poco –recordémoslo— al estilo de lo que predicó en su día Alfonso Guerra, antes de le enmudecieran el coche oficial y las trapacerías de su hermano (robando lo que pudo) con aquello de que se iba a dejar España que no la reconocería “ni la madre que la parió”
Que esto último semeja va a ocurrir, personalmente no lo pongo en duda, porque a este líder retornado del exilio partidista, espoleado por las hieles de la venganza, lo que hay que concederle es cinismo, revanchismo y espíritu iconoclasta. Y testarudez a lo “aragonés” (y lo digo como elogio a la tierra de mis ancestros).
Hemos de acostumbrarnos a gobiernos –como el que se avecina— de acomodaticios socialistas dejandose manipular por “p(j)odemitas”, al estilo de los que sufrimos en tantos ayuntamientos y comunidades autónomas actualmente. Pactos que se antojan casi "contra natura". Que gobernar dudo que gobiernen, pero romper seguro estoy de que rompen.
Por mi parte, reitero el “no es no”, pero no a Rajoy
(su tibieza conduce a las actuales situaciones), sino que mi “no es no” va dirigido a ése que, como buen imitador de aquel infumable político leonés de los “brotes verdes”, con apellido de reparador de calzado, busca mandar a cualquier precio. “Manque rompa”…

Hay otro linaje de escépticos mucho más terribles, si cabe, que los que creen que todo es materia; todavía queda el caso de aquel escéptico para quien todo se reduce a su propio yo” Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA