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24 agosto 2022

Hoy, 24 de agosto: 31 aniversario de la independencia de Ucrania. La difícil supervivencia de una nación que el absolutismo genocida de Putin trata de suprimir


Confieso que durante muchos años he celebrado en territorio ucraniano, y junto a los ciudadanos de ese país, la conemoración del aniversario de su independencia.

Siempre ha sido un día grande, con las gentes gozando la festividad, retomando la vida en familia, saliendo a las calles para manifestarse, presenciando la parada militar en la avenida Kreschiatyk; en pocas palabras, compartiendo el orgullo de ser una nación independiente que iba prosperando poco a poco con esfuerzo, pero siempre con sentimientos patrióticos.

Ya fueron problemáticos los años en los que desde Rusia se trató de manejar la vida y realidad de Ucrania, influyendo los oligarcas ucranianos y los pro-rusos para que la presidencia del gobierno y éste mismo estuvieran volcados a Rusia, mediante la colocación de

mandatarios claramente pro-Moscú, como Kuchma y Yanukóvich y sofocando todo conato de tendencia nacionalista, hasta que tuvo lugar el pronunciamiento en Maidan Nezalechnosti (plaza de la Indepencia), que pasó a definir la voluntad mayoritaria de apartamiento del absolutismo ruso.

Desde entonces, el taimado Vladimyr Putin se ha valido de mil y una artimañas para neutralizar a los mandatarios que buscaban la real independencia social y económica, bien envenenándoles (como a Yúshcenko) bien propiciando su prisión mediante acusaciones casi siempre falsas.

La tendencia en Ucrania que he percibido personalmente durante los muchos años de convivencia y relación con los ucranianos, ha sido el deseo de lograr la integración efectiva en el mundo occidental, especialmente en la Unión Europea, bien que ello era muy difícil porque la corrupción seguía galopando, las estructuras económicas evolucionaban lentamente y en la Unión Europea se veía con recelo la posibilidad de aproximación.

Así las cosas, cuando el sátrapa Yanukóvich (de infausta memoria por su descarada tendencia pro rusa y sus abusos dictatoriales) hubo de salir huyendo, porque el pueblo no quería ni verle, el Kremlim se propuso reconquistar Ucrania, y montó una guerra separatista en las regiones de Lugansk y Donbass, apoyando tropas secesionistas y hasta infiltrando combatientes y armamento, llegando a consumar la tropelía de adueñarse de la península de Crimea, ante la cuasi indiferencia de Occidente.

Y de aquellos polvos han venido los actuales lodos, de una agresión brutal, inhumana, de Rusia, a poblaciones más cercanas a su territorio, con desprecio genocida de la población.

Lo más sorprendente ha sido la reacción del pueblo ucraniano,

embravecido en la defensa de una independencia que no quiere perder, pese a las dentelladas bélicas en el este del país.

En esa situación llega ahora la celebración del 31 aniversario de la independencia de Ucrania, y aunque los festejos han debido suprimirse por la guerra y el riesgo de más ataques de Rusia, ya que Putin y los suyos buscan siempre golpear donde más duele, olvidando los más elementales principios de humanidad, sí, ha llegado el aniversario de la declaración de independencia, y el pueblo ucraniano lo ha celebrado con todo honor y orgullo, precisamente combatiendo al invasor para preservar su independencia.

No puedo menos que ensalzar ese bravía conducta de los nacionales ucranianos, ejemplo para el mundo, que tal vez no quiere implicarse más en una guerra que no puede serle ajena, porque supone el freno al deseo expansionista del totalitarismo del criminal Putin y sus secuaces.

Por ello, a los ucranianos, a los simpatizantes y a las personas de buena voluntad que apoyan la independencia de Ucrania, no puedo menos que felicitarles en este señalado día, pidiendo a Dios que haga callar las armas, especialmente las de Rusia y permita la paz, para que la independencia y la esencia de Ucrania sobrevivan por centurias.

Mi grito es el los ucranianos: ¡Gloria a Ucrania! ¡Gloria a los héroes!, Slava Ukraini! Geroiam slava!

"La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas" Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

06 marzo 2008

Estalla Kosovo

Muy por encima de la anécdota de que la ex-Yugoslavia continúe todavía desmembrándose, el hecho de la auto-proclamación de la independencia por parte del Parlamento de la provincia serbia de Kosovo, ha sido como una explosión cuyos efectos aún están por ver.
Resulta bien sintomático que una provincia de un estado soberano e independiente, cual es Serbia, se auto-independice por una decisión de su parlamento provincial, en contra de la autoridad y decisión del parlamento y gobierno serbio.
Resulta preocupante que, al socaire de la Resolución 1244 de las Naciones Unidas, que estableció el sistema de control del orden y protección de minorías en la provincia kosovar (parte de Serbia), se trate de justificar la independencia no ya solamente por los kosovares, sino por la Unión Europea y por la mayoría de los países que la integran, con el argumento –poco válido— de que esa independencia estaba implícita en la Resolución de la ONU.
Resulta paradójico que Rusia, tan opuesta en tantos casos al orden establecido por la ONU, se haya convertido ahora (y en esta ocasión con aparente razón) en defensor del orden jurídico internacional, que no permite la independencia sin el pronunciamiento del país del que se desgaja la nueva nación, o, en su caso, sin una decisión de la ONU.
Sin embargo, Estados Unidos dijo que procedía la independencia (Bush continúa considerando el mundo como si fuera su rancho tejano) y cual acólitos esperando propinilla, la mayoría de los países, incluyendo a casi todos los de la Unión Europea, se han aprestado a reconocer la nueva nación.
La situación es esperpéntica y movería a ironía y sarcasmo, si no fuera porque detrás de ella se esconden poblaciones martirizadas por una guerra informal de etnias y religiones, como la que está latente entre los serbios kosovares (en esta ocasión mayoría a proteger) y los albaneses, que son los ahora controladores. Y porque puede reavivarse el fuego de la guerra soterrada.
Y preocupa lo que acontece, porque aunque Serbia puede sentirse herida, y con razón, ya que en territorio kosovar se hallan muy importantes símbolos de su identidad como país y de su esencia religiosa, no es menos cierto que serbia tiene muy poca autoridad moral después de las atrocidades que cometió con los musulmanes de Bosnia, e inclusive con los musulmanes de Kosovo.
Por tanto, nos encontramos ante el panorama de que Rusia y la propia Serbia se han constituido en los únicos defensores y garantes de la legalidad internacional, frente a Estados Unidos y la corte de adoradores y seguidores que secundan la independencia.
España, por ahora, está diciendo que no es correcta la independencia proclamada. En buena parte, porque el partido del gobierno, en plena eclosión electoral, debe presentarse como opuesta a los Estados Unidos; y en otra buena parte, porque la propia España sufre problemáticas separatistas (independentistas al fin) en Galicia, Euskadi y Cataluña.
Y he dicho “por ahora”, porque dudo que después de las elecciones, cualquiera que sea el partido que forme gobierno, no busque la forma de agradar al “tío” Sam.
Para Ucrania, lo que está aconteciendo es una lección, que debe obligar a su clase política “a tocar madera”.
De una parte, el intento secesionista de Crimea fue resuelto en tiempos de Kuchma, y parece funcionar razonablemente (“Más vale no meneallo, amigo Sancho”).
Y por otra, la radicalización de bloques surgida a raíz de los tiempos de la tibia “revolución naranja”, repetida en las últimas elecciones, con un partido aglutinando un tercio de votos, principalmente de las poblaciones del este, ruso-parlantes y de religión ortodoxa; y otros del centro y oeste, reuniendo más o menos el mismo apoyo, defensores a ultranza de la lengua ucraniana y de las costumbres distintas de las rusas, más religión católica.
Esta situación se presenta como un león dormitando, que demanda prudencia para no despertar nacionalismos ni separatismos, porque en otro caso, un “Kosovo” del este de Ucrania, podría quebrar el feble equilibrio actual.
Sin embargo, hay motivos para desterrar excesivos temores en Ucrania, porque ésta ya fue nación en el pasado, ya fue una República inclusive en tiempos de control soviético, ya reivindicó con bastante unidad su independencia, y cuando la logró, viene luchando ya bastantes años por crecer como nación, no en deshacerse. La tradición nacional tiene mucho peso.
Falta hace que en unos y otros impere la prudencia y la cordura, inclusive en temas conflictivos como la posible adhesión a la OTAN o las relaciones económicas con Moscú, para que no explote el caos y la desunión.
De todas formas, hay que “felicitar”, pero a la inversa, a los Estados Unidos y a la Unión Europea, ya que el tema de Kosovo lo dejaron “imposible para vos y para mí”, todo ello fruto de esa tibieza egoísta que impera en el globalizado mundo occidental, que ya denunciable el Apocalipsis. “Como no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

05 marzo 2008

SI UCRANIA VOTA, UCRANIA VIVE

Querido Igor:
Las elecciones para la Verkhovna Rada de Ucrania son inminentes.
Desde España, en la medida de lo posible, voy siguiendo el proceso previo a los comicios, con las manifestaciones de color azul o de color naranja, o con las apariciones de Yulia.
Inclusive la estatua inaugurada/robada del infausto Kuchma, forma parte del teatro electoral.
Sí; se trata de un teatro, de un espectáculo. Pero no de una farsa.
Se trata de un acto esencial para el desarrollo democrático, de cuya pureza dependerá la viabilidad de la democracia en Ucrania.
Leo que unos y otros partidos, antes de que se abran las urnas, ya hablan de posibles fraudes o corrupciones.
Me “huele a chamusquina”…
Es como curarse en salud, para después intentar el falseamiento de los resultados.
No solamente va a elegirse un Parlamento. Va a votarse un nuevo gobierno y un nuevo rumbo para el país.
Por eso, la fiabilidad del proceso electoral resulta esencial.
Si no hay fraude ni irregularidades, Ucrania votará.
En caso contrario, los resultados serán de los manipuladores y de los corruptos.
Yo deseo fervientemente que Ucrania, que los ucranianos, voten, en el sentido expuesto.
Si Ucrania, los ucranianos, votan, la vida democrática de Ucrania cobrará nuevas dimensiones hacia el progreso.
Ya sé, Igor, que tú no puedes votar. Pero sí hablar a tus amigos de ahí. Y observar.
Ya me dirás el lunes si, en tu opinión, ha sido Ucrania quien votó, o malhadadamente fueron los “otros” quienes hicieron las elecciones.
Que no solamente es corrupto quien manipula y falsea, sino quien se deja manipular y no reacciona…
Un abrazo desde España,
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
¡Ah! Y un día de estos te contaré sobre los líos de los republicanos contra el Rey y algunos malabarismos políticos más.