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10 junio 2019

UCRANIA: Sigue “el tinglado de la antigua farsa”. - Cambia el Presidente y continúa el descontrol de un país hundido


“La mirada del corresponsal
Ucrania, un país gobernado por el 'show'
XAVIER COLÁS
Kiev, Lunes, 10 junio 2019 
Érase una vez un cómico presidente. Un ex boxeador alcalde de la capital. Y una estrella del rock como socio del gobierno en las elecciones parlamentarias del 21 de julio. Las tres historias se dan a la vez en Ucrania, donde la regeneración de liderazgos corre más deprisa que las carreras políticas, de modo que son los famosos los que acuden al rescate
Para que el espectador más despistado no se pierda al votar, el presidente Volodimir Zelensky ha llamado a su partido igual que su antigua serie de televisión, en la que encarnaba al presidente. El ex boxeador Vitali Klichko bautizó a su fuerza política como Udar, que significa "golpe". Y ahora el cantante Svyatoslav Vakarchuk ha creado Golos, que oportunamente significa "voz".
Vakarchuk, de 44 años, es el vocalista de Okean Elzy, el grupo de más éxito de Ucrania. Pero a la vez es un conocido activista político que ya protagonizó un breve periplo parlamentario en 2007. El mes pasado anunció que creaba su partido para limpiar "el pantano tóxico en el que se ha
convertido el parlamento". Su tarjeta de presentación: tolerancia cero con la corrupción, libre mercado, integración en la Unión Europea y OTAN y rechazo a la injerencia de Rusia en los asuntos del país. Según las encuestas, Golos logrará entrar en el parlamento y será crucial para que el nuevo presidente del país pueda construir una coalición de gobierno. 
Tras las expectativas abiertas por las revueltas de Maidan en 2014, Vakarchuk encarna, igual que el presidente-cómico Zelensky, el deseo de profundizar en unos cambios que para muchos ucranianos no han sido suficientes: "En las pasadas elecciones entró un 15% de gente nueva al Parlamento y también algunos asesores como yo llegamos a participar en el gobierno, pero la vieja guardia ha seguido ahí, haciendo las cosas a la manera antigua", explica Pavlo Kukhta, director político de Golos. "Los oligarcas siguen controlando sectores críticos de la economía y los medios, aunque han sido expulsados de la banca, y lastran el sector de negocios del país, que no funciona". 
Aunque es doctor en Física y experto en supersimetría de partículas, fue la televisión la que ayudó al músico Vakarchuk a demostrar su talento. En 2005 ganó el concurso '¿Quién quiere ser millonario?' y donó el premio a los huérfanos. Ahora engrosa la lista de estrellas en la política ucraniana, donde Vitali Klichko fue el primero en llegar como poli bueno de las protestas de Maidan en 2014. Apodado Puño de Hierro, desde 2013 se dedica plenamente a su carrera política tras dejar el boxeo. Desde su puesto de alcalde de Kiev está intentando convertir la capital ucraniana en
escaparate del cambio con carriles bici y zonas verdes, aunque en el espacio postsoviético sigue haciendo el papel de tonto en buena parte de los chistes que se comparten cada día en Internet. El púgil ha conseguido encarnar una imagen de modernidad pese a tener unas credenciales de transparencia discutibles: en 1996 fue apartado de los Juegos Olímpicos de Atlanta tras dar positivo en un control antidopaje y en 2013 la policía lo relacionó con la mafia.
En torno a Klichko también orbitan otros astros. El ex presidente de Georgia y ex gobernador de la región ucraniana de Odesa, Mijail Saakashvili, ha protagonizado un teatral regreso a Ucrania tras la salida del poder del presidente Petro Poroshenko, que le había revocado la nacionalidad que antes le concedió. Ahora Klitschko le ofrece presidir su partido a pesar de haber nacido en Georgia, al otro lado del vecino mar Negro. Pero no hay distancia que no hermane el pasado soviético: el propio Klichko nació en Kirguistán. Los votantes ucranianos han de elegir entre el mejor chiste, el puñetazo más fuerte o la canción más pegadiza.”
(De “El Mundo”, 10/06/2019)

Confieso que me sorprendió bastante que el pueblo ucraniano, en las recientes elecciones a Presidente, se volcara en favor de un cómico (Zelensky), a quien siempre le he visto más dotes de histrión que de dirigente político. 
Cierto es que el otro candidato a presidente, el “chocolatero” (que sus millones vienen de ahí, de Roshen) Poroshenko, ha sido tan blandengue, torpe ambidiestro e ineficaz, que el pueblo ucraniano, que de vez en cuando parece que se enfada, le apartó de un sonoro bofetón en las elecciones. 
Verdad es que Poroshenko poco o nada resolvió y menos encarriló el país a soluciones después de la extirpación de Crimea y de la guerra con Rusia en las regiones orientales de Lugansk y Donbass. 
Y la economía empeoró para las gentes, con los precios creciendo sin tope y la vida complicada hasta el límite. 
Resultó lógico que el pueblo se hartara, pero ese hartazgo le condujo a la histeria de reaccionar a favor de un payaso que emana alguna gracia en sus “shows” televisivos, pero que es como algo “ni frío ni caliente”. Nada.
Y ya esta ahí el primer conflicto institucional, porque el disuelto parlamento, sin renovar todavía, ha impuesto un práctico veto a todas las medidas presidenciales que requieren su aprobación. Enredo, confusión, provisionalidad, inestabilidad, todo eso y más, se avecina en Ucrania, y la economía seguirá cayendo en picado y las buenas gentes ucranianas seguirán sufriendo en silencio desde su laboriosidad tan mal recompensada. presidenciales que requieren su aprobación. 

Por si faltaba algo, por ahí zascandilea la infumable y peligrosa Yulia Tymoshenko, quien no dudará en apoyar al payaso-presidente con tal de alcanzar alguna cuota de poder desde el que seguir medrando. 
En fin, querido lector, que también a Ucrania es de aplicación y más, lo del “tinglado de la antigua farsa”, que inmortalizó el Nobel español Don Jacinto
Benavente en “los intereses creados”.
Espero que no intenten los ucranianos copiar del “sanchismo” español, porque en ese caso, la “cara dura” de nuestro líder contagiará, congelándola, la ya de por sí seria faz de la vida ucraniana. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
"He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos, la que juntó en ciudades populosas a los más variados concursos, como en París sobre el Puente Nuevo, cuando Tabarín desde su tablado de feria solicitaba la atención de todo transeúnte, desde el espetado doctor que detiene un momento su docta cabalgadura para desarrugar por un instante la frente, siempre cargada de graves pensamientos, al escuchar algún donaire de la alegre farsa, hasta el pícaro hampón, que allí divierte sus ocios horas y horas, engañando al hambre con la risa; y el prelado y la dama de calidad, y el gran señor desde sus carrozas, como la moza alegre y el soldado, y el mercader y el estudiante. Gente de toda condición, que en ningún otro lugar se hubiera reunido, comunicábase allí su regocijo, que muchas veces, más que de la farsa, reía el grave de ver reír al risueño, y el sabio al bobo, y los pobretes de ver reír a los grandes señores, ceñudos de ordinario, y los grandes de ver reír a los pobretes, tranquilizada su conciencia con pensar: ¡también los pobres ríen! Que nada prende tan pronto de unas almas en otras como esta simpatía de la risa. Alguna vez, también subió la farsa a palacios de príncipes, altísimos señores, por humorada de sus dueños, y no fue allí menos libre y despreocupada. Fue de todos y para todos. Del pueblo recogió burlas y malicias y dichos sentenciosos, de esa filosofía del pueblo, que siempre sufre, dulcificada por aquella resignación de los humildes de entonces, que no lo
esperaban todo de este mundo, y por eso sabían reírse del mundo sin odio y sin amargura. Ilustró después su plebeyo origen con noble ejecutoria: Lope de Rueda, Shakespeare, Molière, como enamorados príncipes de cuento de hadas, elevaron a Cenicienta al más alto trono de la Poesía y el Arte. No presume de tan gloriosa estirpe esta farsa, que por curiosidad de su espíritu inquieto os presenta un poeta de ahora. Es una farsa quiñolesca, de asunto disparatado, sin realidad alguna. Pronto veréis cómo cuanto en ella sucede no pudo suceder nunca, que sus personajes no’ son ni semejan hombres y mujeres, sino muñecos o fantoches de cartón y trapo, con groseros hilos, visibles a poca luz y al más corto de vista. Son las mismas grotescas máscaras de aquella comedia de Arte italiano, no tan regocijadas como solían, porque han meditado mucho en tanto tiempo. Bien conoce el autor que tan primitivo espectáculo no es el más digno de un culto auditorio de estos tiempos; así, de vuestra cultura tanto como de vuestra bondad se ampara. El autor sólo pide que aniñéis cuanto sea posible vuestro espíritu. El mundo está ya viejo y chochea; el Arte no se resigna a envejecer, y por parecer niño finge balbuceos. . . Y he aquí cómo estos viejos polichinelas pretenden hoy divertiros con sus niñerías"
(Prólogo del Acto I de "Los intereses creados", de don Jacinto Benavente)



22 abril 2019

Ucrania: Una vez más los sueños se imponen a las realidades. De un Presidente chocolatero a un Presidente payaso…


"Volodymyr Zelensky gana las presidenciales de Ucrania, según los primeros sondeos a pie de urna
Gana las presidenciales sin trayectoria política ni programa concreto
Decepcionados por la lentitud de los cambios y las apreturas de la crisis económica, los ucranianos se han concedido uno de los pocos lujos que se pueden permitir: hacer 'zapping'. El actor televisivo Volodymyr Zelensky ha ganado las elecciones presidenciales con un 73,2% de los votos, según los primeros sondeos a pie de urna. El actual presidente, Petro Poroshenko, cosecha sólo el 25,3% de los sufragios. La persistencia de la corrupción y la mala situación económica le hacen perder el poder a manos de un actor que no ha tenido una experiencia política jamás.
La victoria de Zelensky en las elecciones más abiertas de la historia de Ucrania provoca algo de incertidumbre en las cancillerías occidentales, que todavía no saben cómo andará su nuevo socio por el pedregoso camino de la integración europea y los préstamos del FMI. También muchos rusos toman nota del resultado. "A todos los ciudadanos de los países postcomunistas: miradnos. Todo es posible", ha dicho hoy un Zelensky triunfal ante los suyos en su cuartel general. Ahora empieza la campaña para lograr un parlamento receptivo en las elecciones que de verdad importan, las parlamentarias de noviembre. 
Con 41 años, casado y con dos hijos, Zelensky es la estrella televisiva de un programa satírico en el que ha interpretado a un presidente de Ucrania. Se ha presentado en la campaña como el hombre de la calle que probó el cambio de Poroshenko y quiere que le devuelvan el tiempo perdido. Así ha conseguido atraerse a un importante sector de los ucranianos decepcionados
con el nuevo régimen surgido de la revuelta de Maidan en 2014. Su entrada en el Gobierno comenzará recortando privilegios por arriba: se acabó la inmunidad de los diputados, de los jueces y la del propio presidente. También quiere instaurar un sistema de consultas 'online' para tomar decisiones. Lo mismo ocurrirá para nombrar altos cargos: organizará concursos de méritos con jurados especializados en cada tema. 
Poroshenko ha felicitado a Zelensky por su victoria Ucrania. "Salgo de la Presidencia el próximo mes. La mayoría de los ucranianos han decidido, y yo acepto esta decisión ", ha dicho el todavía presidente. En realidad Poroshenko perdió las elecciones hace ya un año, cuando las encuestas le situaban por detrás de la ex primera ministra Yulia Timoshenko y más tarde detrás del propio Zelensky. Su popularidad no ha dejado de caer durante un mandato en el que ha plantado cara a la insurgencia prorrusa y ha acercado Ucrania a Europa, pero no ha logrado que su lucha contra la corrupción dé frutos perceptibles.
El nuevo presidente respalda la orientación europea del Gobierno actual, pero ha sugerido que Ucrania no está preparada para ingresar en la UE. Los medios oficiales rusos, que llevan desde 2014 desgañitándose diciendo que
Ucrania tiene a los fascistas en el Gobierno, tendrán que buscar un nuevo relato ahora que el país va a estar dirigido por un judío respaldado por un oligarca también judío instalado temporalmente en Israel.
Sin esperar a que el ganador de los comicios ucranianos fuese oficialmente proclamado, Moscú lanzó un mensaje a Zelensky. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, le instó a dialogar con los separatistas prorrusos en las regiones del este de Donbas. "No hay alternativa al diálogo directo con las personas que forman parte de un amplio sector de tu propio pueblo, si es que les sigues considerando parte de tu pueblo", ha dicho Lavrov en una entrevista difundida por la cadena 'Zvezda'. En Kiev ha existido un consenso que considera a Rusia un Estado agresor por la anexión ilegal en 2014 de la península de Crimea, su intervención en la guerra en el este del país y el incidente naval en noviembre en el mar Negro. Zelensky ha criticado la injerencia rusa, pero al mismo tiempo ha defendido una interlocución con Moscú para "poner fin a la guerra de una vez" y ha calificado a los combatientes de "rebeldes" en vez de simplemente "rusos", admitiendo que el conflicto tiene tintes de guerra civil. Para mayor despiste, en los compases finales de la
campaña se declaró contrario a conceder un estatus especial a los territorios de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk como establecen los Acuerdos de Minsk para poner fin al conflicto armado en el este del país. Y también rechazó promulgar una ley de amnistía para los combatientes prorrusos.
"Ze!", como se ha hecho llamar en la campaña, es una incógnita. La decisión de registrar un partido político con el mismo nombre que la serie se tomó hace justo un año en la sala de fumadores de los estudios de grabación de su 'show'. La mayor certeza sobre el nuevo líder ucraniano es que fue un buen presidente en su serie de televisión. En los colegios electorales, al ser preguntados por las razones de su apoyo a Zelensky, los ucranianos se encogían de hombros. Ucrania se ha abrazado a la ficción, porque la realidad les estaba pareciendo insoportable
(De “El Mundo del siglo XXI”, 22/04/2019)


El pueblo ucraniano está acostumbrado a sufrir. Díganlo, si no, las torturas a que le sometió el feroz Stalin con su Holomodor de los años 30, más las penurias y violencias de la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial, más los muchos años de opresión durante su pertenencia a la extinta URSS. 
El pueblo ucraniano está, sin duda, acostumbrado a sufrir. Y también está acostumbrado, por lo que demuestra su trayectoria histórica, a soñar. Pero a soñar en vano.
Ya se creyó el ombligo de la Unión Soviética cuando, después de Stalin, los ucranianos Jrushchov y Brezhnev lideraron la enorme y poderosa nación; y más cuando se autoconcedió la independencia de la URSS en 1991; y cuando comenzó a moverse en las vías democráticas, celebrando elecciones, hasta que llegó a los pronunciamientos políticos de la llamada “Maidan”, especialmente en 2014, cuando el pueblo congregado en la Plaza de la Independencia de Kiev aclamó como Presidente al chocolatero Poroshenko, creyendo que su buena gestión empresarial sabría aplicarla a la nación. 
Pero esos sueños del pueblo ucraniano se han desvelado siempre como casi un espejismo, porque ni la Unión Europea aceptó a Ucrania en su seno con los brazos abiertos, sino con tibieza, pocas palabras y menos efectividad; cuando Rusia robó Crimea con las artimañas que tan bien conoce Putin, y ni el gobierno ucraniano tuvo ánimos, ni medios de reaccionar, y menos cuando Europa y la Unión Europea, miraron de reojo.
Vamos, que los ucranianos, sueñan mucho, porque son pacíficos, pero consiguen poco, o casi nada. 
Porque con Poroshenko, es cierto que se ha logrado frenar un poco la catástrofe
económica, que se ha mejorado algo en la cohesión social, pero poco más, porque el tremendo gasto de una guerra     desdibujada contra Rusia en el este, con la marcha para siempre de Crimea, los oligarcas de siempre (que vienen del comunismo, en el que se enriquecieron) han seguido engordando sus bolsas y propiciando cada vcez más la corrupción en todos los órdenes, hasta dejar a Ucrania situada entre los países más pobres de Europa. 
Y ahora, en las recientes elecciones presidenciales, el pueblo (lo que queda de él, porque son millones los ucranianos que se han marchado a países extranjeros en busca de una vida mejor) ha mostrado su hartazgo con la dirección política de Poroshenko, quien no ha eliminada para nada la corrupción,
no ha sido capaz de resolver el conflicto bélico en el este, ha consentido un brutal encarecimiento del coste de vida, y, en fin, ha sido blando e ineficaz.
Sí, el pueblo se ha hartado, como en el año 2014, y se ha puesto a soñar, dejándose guiar por el cómico Zelensky, que no deja de ser toda una incógnita, pues una cosa es que sea gracioso y farandulero y otra bien distinta que esté capacitado para dirigir una nación con tan complejos problemas como los que hoy aquejan a Ucrania. 
Ojalá me equivoque, y este “payaso” televisivo que ha ganado las elecciones presidenciales sea capaz de convertir en hechos concretos y en bienestar palpable su difuminada propuesta de gestión. 
Ojalá de una vez por todas, casi a los treinta años de su independencia, Ucrania y los ucranianos obtengan el sosiego y el bienestar que merecen. 
Porque son soñadores, no cabe duda; pero también son sensibles, cultos y trabajadores. 
Hago mis votos para que el país del Dniéper y de los Cárpatos, de los pysanky y
de los bellos paisajes, entre por fin bajo el camino de una gestión presidencial recta y eficaz, y si es en medio de los chistes, bromas y chirigotas de este Zelensky ahora en el poder, mejor que mejor.
¡Slava Ukraïna! (¡Gloria a Ucrania!), que gritan con orgullo los ucranianos. 
Y que Dios les proteja de tanto lobo soviético y tanta hiena oligárquica que les esquilman y corrompen.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA