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08 junio 2018

Memorias de la Historia: La XXI Promoción de Milicias Universitarias (IPS) de Montejaque, en su LV Aniversario.- Los recuerdos imborrables de unos tiempos singulares

Hoy, 8 de junio, nuestra memoria (que el mal de Alzheimer parece respetar algo), se gira hacia el evento que hace exactamente cinco años tuvimos el honor y la enorme alegría de vivir en el acuartelamiento del Tercio Alejandro Farnesio IV de la Legión, en Montejaque-Ronda, con motivo de la conmemoración del 50 Aniversario de nuestras compañías 4ª y 1ª de la 1ª Agrupación (Infantería) de Milicias Universitarias (IPS) del campamento  en aquel lugar.
Hace ahora 5 años nos volvimos a congregar los que antaño fuimos unos jóvenes estudiantes universitarios de Valencia, Murcia y Andalucía, y que, por mor de las normas imperantes en aquellos tiempos (años 1963/64) cumplíamos con nuestro
 servicio militar obligatorio en sendos períodos de tres meses durante el verano, para así continuar sin traba nuestros estudios.
Eran tiempos en los que la pluma y los libros se nos entrelazaban con las ordenanzas militares y las prácticas de tiro y topografía y más, pero nosotros (los de nuestra promoción y otros miles de estudiantes más) supìmos superar las dificultades e incomodidades de la vida en el campamento, alojados en tiendas de campaña, con un calor sofocante y en condiciones que hoy se tildaría de muy duras, porque (además de no tener otra solución) aspirábamos a algo que en aquel trance nos resultaba tan atrayente y honorable como alcanzar el grado de Oficial de Complemento del Ejército español, y así mandar después durante unas prácticas de al menos cuatro meses en unidades militares, a los reclutas y después soldados del Ejército.
Y en aquellos inolvidables, por irrepetibles, tiempos
de nuestra vivencia en el campamento de Montejaque, nuestra Promoción, nuestra compañía de instrucción tenía el (siempre reconocido) privilegio de contar con un capitán/profesor egregio, Don José Manuel Sánchez Gey, un militar gaditano de recia personalidad, amplia familia, sólidos principios y formación y benevolente autoridad, quien nos dirigió e instruyó de tal manera, que ¡cincuenta años después! tuvimos la dicha de reunirnos de nuevo con él en aquel ahora remozado campamento de Montejaque, para, en su presencia y con su bendición y apoyo, renovar nuestro juramento a la bandera española y reunirnos, acompañados de nuestras esposas e hijos, inclusive nietos, en fraternal convivencia, disfrutando de nuevo del liderazgo del ya entonces más que nonagenario capitán/profesor .
Cinco años han transcurrido ya desde que celebramos ese cincuentenario inolvidable, y nuestro líder militar ya se ha ido y nos guía para siempre desde las estrellas, y con su brillante apoyo  nos acompaña y protege; y muchos de los nuestros también se han ido junto al capitán (nosotros le elevamos al honor máximo de “Capitán General”).
Los que aún restamos por estos pagos terrenales, y que hemos cambiado los negros o pelirrojos cabellos por las calvas o las níveas cabezas, y hemos trocado nuestras esbeltas, ágiles y juveniles figuras de antaño en las obesidades artríticas de hogaño, nosotros, los supervivientes, seguimos conmemorando la efemérides de hace 55 años y de hace 5 años; y por eso un grupo de los que aun tenemos fuerzas (ganas no faltan a ninguno) nos vamos  reunir en torno a la mesa, en la Valencia nuestra que nos vió partir un día en tren destartalado para un viaje de más de veinticuatro horas al sur y al calor, y vamos de revivir, a recordar, a resoñar en cierto modo, todos los años transcurridos desde que éramos los jóvenes “milicios” hasta que ahora somos los “redivivos” militares de complemento.
Cúmplese precisamente este año el Centenario de la creación de la Oficialidad de Complemento del Ejército español por el Rey Alfonso XIII, y por ello, nosotros también vamos a celebrar esa otra efemérides.
Que los tiempos pasan, pero los recuerdos, las Memorias de la Historia, siguen estando en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Es que ¡éramos tan jóvenes!

¡Teníamos tanta vitalidad!

¡Queríamos tanto a esta España nuestra!

¡Gloria y loor a la Oficialidad de Complemento!

¡Honor a la XXI Promoción de Milicias Universitarias
de Montejaque (1963/64)!

¡Honor a todos los miembros de la Promoción que ya lucen para siempre sus estrellas en el firmamento de nuestras memorias!

¡Honor en el recuerdo al egregio “Capitán General” Don José Manuel Sánchez Gey!

¡Y Viva España!

"La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados" Jean Paul (1763-1825) Escritor y humorista alemán.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

05 junio 2015

Memoria viva: Un 8 de junio en Montejaque-Ronda


“La memoria se acrecienta usando y aprovechándose de ella” Juan Luis Vives (1492-1540) Humanista y filósofo español.

“Tempus fugit” es la máxima latina que reza en muchos lugares y relojes de sobremesa.
Expresión que invita a reflexionar y que abre al recuerdo de lo ya acontecido, permitiendo conservarlo y preservarlo de la sima de los olvidos.
Quiero hoy y ahora referirme especialmente al evento que tuvo lugar el pasado 8 de junio de 2013, dos años hace ya, cuando un grupo de profesionales universitarios, algunos ya jubilados y otros rozando la setentena, experimentamos el emocionado gozo de reunirnos después de cincuenta años, para conmemorar unos hechos y vivencias que habían marcado nuestras vidas.
Me refiero concretamente a la celebración que en esa data protagonizamos los componentes de la XXI Promoción de Milicias Universitarias (IPS) del campamento de Montejaque-Ronda, y más concretamente los miembros de las compañías de instrucción 4ª y 1ª de la 1ª Agrupación (Infantería).
Habían transcurrido 50 años desde nuestra Jura de Bandera en el citado campamento y, por mor de la supervivencia de quien había sido

nuestro capitán y profesor, don José Manuel Sánchez Gey, decidimos reunirnos de nuevo, esta vez acompañados de nuestras familias (esposas, hijos, yernos, nueras, nietos) para rememorar los inolvidables años 1963 y 1964, en cuyos veranos asistimos al campamento y nos formamos como oficiales y suboficiales de la escala de complemento del Ejército.
De esa celebración hay sobrados constancia y comentario en este blog, como así bien de las muchas actividades y encuentros que se han potenciado desde tan inolvidable encuentro.
Y por eso, en el umbral de un nuevo 8 de junio, lo menos que puede quien esto escribe, como uno más de aquel grupo de "jóvenes" que celebraron sus “Bodas de Oro” en la Milicia desde su senectud, es dedicar unas líneas de recuerdo.
Y no es que la memoria haya enflaquecido, porque aquel 8 de junio fue a modo de piedra esencial de una convivencia retomada entre los componentes de la XXI Promoción, ya que nos agrupamos nuevamente en torno al capitán/profesor, quien sirvió de aglutinante e inspirador de aconteceres redivivos, y hasta protagonizó, simplemente siendo él mismo, varios eventos significados que culminaron en el emocionante acontecimiento de que en la Universidad Complutense se creara una cátedra inserta en la Facultad de Psicología, denominada “Cátedra Comandante Sánchez Gey” (rememorando sus enseñanzas cuando ostentaba esa graduación militar), en cuya proclamación tuvimos el honor de participar una representación del XXI Promoción, obsequiando a la cátedra con el libro “Agostiembre (El retorno a Montejaque)”, que plasma el reencuentro de y con nosotros mismos, y dando testimonio personal de la valía y magisterio de tan ilustre paladín de la espada y la pluma. 
Recuerdos emocionados, recuerdos vivos, porque los protagonistas seguimos gozando de nuestro contacto y además podemos enorgullecernos de que Don José Manuel Sánchez Gey (nuestro "Capitán general") siga, a sus noventa y cinco largos años, brindando desde "su" Cádiz el ejemplo y la docencia vital a todos nosotros.
¡Qué menos que recordar todo ello y recordar también a nuestros compañeros cuyos nombres y rostros siguen grabados en nuestras mentes, que ya partieron tiempo ha para integrarse por siempre en el estrellado cielo de nuestro entrañable Montejaque.
Una vez más, desde el recuerdo y la memoria, la enhorabuena a todos y el abrazo emocionado de quienes nos sentimos honrados de haber sido y seguir siendo miembros de tan singular e irrepetible grupo.
“Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces”  Marco Valerio Marcial (40-104) Poeta latino.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

16 septiembre 2013

17 de Agostiembre: Una efemérides muy especial para unos “veteranos jóvenes”: El 94 Aniversario de su "Capitán General", Don José Manuel Sánchez Gey.

LOS SUPERVIVIENTES CON
 EL "CAPITÁN GENERAL"
Le conocimos cuando era un ya maduro militar, ejerciendo como capitán de Infantería en el campamento de Milicias Universitarias (IPS) en Montejaque-Ronda, y nosotros no eramos sino unos muchachos, algunos casi imberbes, en el tramo final de sus carreras universitarias, y en puertas de iniciarse en la vida profesional.
Y de sus muchas enseñanzas, unas transmitidas con aire festivo, otras con la solemnidad o gravedad que requerían, se nos quedó grabado un vocablo, que ni existía ni existe en el diccionario, y que dudo vaya a ser admitido: Agostiembre.
Dicho así, y dicho allí, en medio de los tres meses de campamento de instrucción militar para suboficiales, primero, y oficiales, en el segundo año, de la escala de complemento del Ejército Español, el vocablo sonaba extraño, pero fue muy pronto adoptado por la mayoría de los compañeros que integrábamos las compañías 4ª (el primer año) y 1ª (el segundo verano) de la 1ª Agrupación, de Infantería, del campamento de Montejaque.
Agostiembre, en boca de quien era nuestro capitán, nunca fue definido con exactitud, pero fue asimilado por todos los subordinados/estudiantes: aquel mes –agosto— que preludiaba el fin de la estancia y estudios campamentales, y anunciaba la proximidad de un septiembre, ya no con uniforme y en los domicilios de cada cual.
En definitiva, Agostiembre suponía el futuro feliz e ilusionante, que era el portal de tiempos y vivencias más satisfactorias.
Han pasado más de cincuenta años (precisamente en junio celebramos el 50 Aniversario de nuestra promoción, la XXI, en el propio campamento de Montejaque, acogidos por el IV tercio Alejandro Farnesio de la Legión) y los compañeros que hemos permanecido todavía bajo las estrellas de nuestros colegas que ya alcanzaron la eternidad, seguimos diciéndonos de vez en cuando que ya nos veremos en Agostiembre.
Pues bien, pasó el Agosto del presente año y nos hallamos en la mitad de un Septiembre que se va resistiendo a alcanzar el otoño, y ahí surge la efemérides a celebrar, que no es otra que el 94 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE NUESTRO CAPITÁN.
Cierto es que actualmente para y por nosotros, y así lo proclamamos al mundo, ha alcanzado el más alto grado en la Milicia, el de "Capitán General" (con permiso del Rey que seguro lo ha concedido ya, pues en eso estamos insistiendo), pero lo importante es que a sus noventa y cuatro años, en ese su “Agostiembre” preludio de la ilusión, la esperanza, la real existencia, nuestro "Capitán General" nos sigue acompañando desde su Cádiz natal, y quién más quién menos de nosotros sigue experimentando un íntimo escalofrío cuando por vía telefónica escucha su voz tan paternal y tan serena, alegrándose de permanecer “en el primer tiempo del saludo”, y siente una enorme emoción cuando tiene la dicha de abrazarle personalmente del modo más efusivo en que puede mostrarse aprecio y respeto a un líder, a un profesor y a un  padre, lo que en definitiva es José Manuel Sánchez Gey para cada uno de nosotros.
!A tus ódenes,
 nuestro "Capitán General"!
Hemos enviado Cartas Abiertas a diversos medios de comunicación, hemos publicado salutaciones en nuestro Grupo en Facebook, pero especialmente, en medio de “los afanes de cada día”, proclamamos al mundo desde las redes virtuales nuestra honra por el privilegio de acompañar un año más a nuestro "Capitán General".
Te felicitamos y nos felicitamos por tenerte entre nosotros, querido José Manuel, porque de ti puede decirse que eres como Natanael, aquel personaje evangélico del que el propio Jesús dijo “he aquí un verdadero israelita, en quien no hay doblez ni mentira”.
Y en lo militar, repetimos una vez más la inmortal frase de Eduardo Marquina en su obra “En Flandes se ha puesto el sol”: !!!Capitán de los Tercios de Flandes!!! ¡!!Capitán de nuestra compañía de Milicias Universitarias en 1963/1964!!! ¡SEÑOR CAPITÁN!!!
Por encargo de Ángel Pérez Bonmatí y de sus compañeros,
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

11 junio 2013

Volver a y desde Montejaque: Un entrañable encuentro de antiguos compañeros.- Las emociones que las palabras no pueden describir…

"Ni el pasado existe ni el futuro. Todo es presente”.- Gonzalo Torrente Ballester (1910-1999) Escritor español.

No solamente recordar es volver a vivir, sino que re-vivir es algo así como actualizar y concretar en sensaciones actuales las vivencias que soterradas en nuestra mente.

Actual arco de entrada
Dígase como se diga, sea como sea, la realidad es que quien esto escribe, junto con un grupo de compañeros (y hasta por edad y por antigüedad amigos) ha podido experimentar el placer, el lujo, la emoción, de pisar las tierras que holló cincuenta años antes; de visionar los paisajes que le inundaron el panorama diez lustros antes; de conversar con los acompañantes sobre lo que fue y lo que es…
Una delicia semejante a una ensoñación.
Tal vez el lector ajeno a la conmemoración del 50 Aniversario de la XXI Promoción de Milicias Universitarias (Instrucción Premilitar Superior) del campamento de Montejaque-Ronda, en los años 1963/64, y más concretamente de las compañías 4ª y 1ª (respectivamente para cada año); tal vez, el lector, repito, se pregunte qué, cuál, cómo, dónde, fue ese acontecimiento, porque apenas si ha habido eco en los medios de comunicación, ahora tan ocupados en las sábanas de unos, los cameos de otros, los engaños de los más y los juicios de casi todos.
Estrella de Alférez
Hallará, sin embargo, quien siga este blog, sobrada noticia de que se preparaba para el pasado sábado, en el acuartelamiento General José Gabeiras, del IV Tercio de la Legión “Alejandro Farnesio”, en Montejaque-Ronda, en el seno de la Fiesta de la Legión, la renovación del juramento a la bandera de una buena parte de los universitarios que muchos años atrás, en la parte final de sus carreras, prescindieron de sendos trimestres estivales de descanso y ocio, para alcanzar su formación en el servicio de las armas (a la sazón obligatorio para todos los ciudadanos) y obtener, con los adecuados estudios en el propio campamento, su graduación como suboficiales (sargentos) u oficiales (alféreces) de la escala de complemento del Ejército Español.
Y más aún, el lector ajeno a aquellos redivivos estudiantes-soldados, también deberá saber que quien mandó e instruyó a esos jóvenes universitarios que fueron, todavía obsequia a la vida con su presencia y vitalismo. Me refiero al otrora Capitán, Don José Manuel Sánchez Gey, ahora elevado por todos los que le seguimos a la categoría suprema de "Capitán General" y a la condición de “padre” militar y espiritual de todos nosotros.
Galones de sargento
Y fue así, el pasado viernes, siete de junio, cuando el sol comenzaba a iluminar de refilón el tajo rondeño, al filo de las siete de la tarde, los teléfonos móviles de los miembros de aquellas dos compañías de instrucción; de aquellos llamados “milicios”, comenzaron a sonar ya en Ronda, inquiriendo dónde se hallaba cada uno, con ansia irrefrenable de fundirse cuanto antes en el abrazo emocionado y emocionante del reencuentro.
Y de esta guisa, en el “Mirador de la Espinela”, magnífica instalación hostelera colgada sobre el Tajo de Ronda, con vistas espectaculares sobre toda la serranía y las estribaciones de Grazalema, fueron intuyéndose más que reconociéndose, mientras se abrazaban,  aquellos que cincuenta años antes presumían de bigotillos y exhibían pobladas y casi siempre negras cabelleras (algún díscolo pelirrojo y algunos rubios había).
“¿Perdona, quién eres tú?”, fue la pregunta más repetida, a la que siempre siguió un apretado abrazo y un encararse para contemplar que el paso de los años había ajado algún que otro rostro, despoblado alguna que otra cabeza y tintado al níveo casi todos los cabellos; pero que el carácter y el espíritu seguían incólumes.
Las esposas, parejas, hijos, acompañantes, observaban en un segundo plano, con curiosidad y regocijo aquel encuentro de compañeros con gestos de adolescentes entre ellos, al tiempo que ni podían imaginar cómo había sido posible el “milagro” de una reunión así tantos años después.
El entusiasmo y las ganas de convivencia se desplegaron por las calles de la ciudad de Ronda, tan desconocida para muchos de nosotros en su realidad actual, pero tan recordada; y unas cañas de cerveza o unas copitas de vino fino y un tapeo fueron el sello del primer contacto.
La mañana siguiente, la del sábado día ocho de junio, apareció inusitadamente fría y desapacible. Era sorprendente el frío viento que soplaba y la amenaza de lluvia que negros nubarrones presagiaban.
Emblema de la IPS
(¡En aquellos Ronda y Montejaque de sol inmisericorde y de los cuarenta grados a la sombra de cincuenta años atrás!)
Pero cuando el colectivo, con esposas, hijos y bastantes acompañantes, inclusive nietos y bisnietos, descendía en el autobús hasta el que fuera su campamento, hoy remozado acuartelamiento de la unidad legionaria de élite (el Tercio IV Alejandro Farnesio, al que, en tono jocoso se denomina "los okupas"), ni siquiera la fina lluvia que comenzaba a caer pudo evitar el efluvio ardiente de la emoción.
Sí, efectivamente, al igual que “el retorno a Brideshead”, el retorno a “nuestro” Montejaque se estaba consumando.
Ya nos emocionó que al paso de nuestro autobús (identificado en su frente con un llamativo poster de nuestra promoción, que más adelante se reproduce), la marcialidad de los legionarios nos acogiera con perfectos saludos, pero mucho más nos entusiasmó el hecho de pisar físicamente la tierra (hoy casi todo asfalto) de la que fuera nuestra Plaza de Armas, en la que banderas y gallardetes anunciaban la celebración prevista.
Unos atentos y disciplinados suboficiales fueron acomodando a nuestros acompañantes en las tribunas, mientras que a nosotros, los que habíamos alcanzado el grado de oficiales  y suboficiales de complemento cincuenta años antes, se nos disponía en grupo destacado y unido a los pies de la tribuna presidencial, integrándose con nosotros varios hijos de nuestro Capitán.

Arma de Infantería
Arreciaba la lluvia, que empapaba nuestros trajes civiles, nuestros uniformes de ahora, pero allí permanecíamos entre estoicos y embargados por los efluvios de la emoción al visionar de nuevo tan “in situ” lo que tan nuestro había sido y volvía a ser, y vernos situados frente a la sierra de Grazalema, y al “murex” de nuestros disparos, oliendo a campo, a nuestra montaña querida.
El desarrollo del acto castrense fue, como es habitual en las celebraciones legionarias, impecable, lleno de emoción, con el recibimiento a la bandera, la llegada y revista de tropas por el Secretario de Estado de Defensa acompañado del General Jefe de la Legión, la Jura de bandera por más de setecientos civiles, entre los que destacaba nuestro grupo –que desfiló unido (e identificado cada cual con su "galleta" de la XXI Promoción y 50 Aniversario), hacia la enseña patria, entremezclándose con nosotros,  esposas,  hijos,  nietos--; el homenaje a los muertos, con la ofrenda (escalofriante) al Cristo de la Legión de la corona de laurel, a los sones del toque cornetil de silencio y de toda la banda; la interpretación musical de la pieza legionaria “novios de la muerte”; la salva de fusilería; y el desfile impresionante de las tropas legionarias.
Menos mal que todos mirábamos al frente, y más bien al infinito, porque así quedaron para cada uno de nosotros, para nuestros adentros, las lágrimas de incontenible emoción que, de manera espontánea pero inevitable, nublaban nuestros ojos…
Ojos que sí imaginaron dibujadas en el ya azulado firmamento, las refulgentes estrellas de seis puntas de aquellos compañeros que ya habían partido hacia ese infinito que es el recuerdo perenne.
Tan es así que el “meteoro”, ese tan amado por nosotros “meteoro de Montejaque”, pasó a obsequiarnos al cabo de un rato con un sol brillante, que no solamente secaba nuestras emociones, sino que nos situaba en la realidad del hoy y ahora, desde el ayer que nos había conducido hasta allí. 
Momento de la Jura de bandera
Y entonces salimos en hilera individual con paso sostenido, hasta llegar a la bandera, que besamos con respeto y rubor, notando en nuestros labios el calor de la madre patria que la seda nos transmitía.
Al regreso del juramento, abrazos entre todos, dándonos la enhorabuena, porque habíamos vuelto a nuestros orígenes desde nuestro presente, especialmente acompañados por nuestros allegados y por los familiares de nuestro Capitán, por éste mismo (en lugar de honor en la tribuna presidencial), en torno al cual hicimos racimo para perpetuar nuestro encuentro en las fotos, entremezclados todos, como la mejor demostración de que entre el Capitán y subordinados, profesor y alumnos, se había instaurado ya una indisoluble unión de familia.
Y llegó el culmen, con el desfile de las tropas, impresionante, que enardeció a todos los presentes, rubricando con su aplauso fervoroso la emoción que causaba tanta marcialidad y orden.
Acabado el acto castrense, la alegre conversación prologó el retorno a Ronda, para nuestra propia e íntima celebración del cincuentenario.
Programa de la celebración en Ronda
Nos aguardaba el restaurante “El Mirador de la Espinela”, y en su planta noble se nos había reservado toda una sala, en la que nos acomodamos los concurrentes, presididos por nuestro "Capitán General" y su hijo, ilustre y laureado militar, el Coronel José Manuel Sánchez-Gey Venegas (nuestro “alter ego”, y eficacísimo valedor), y una buena parte de sus familiares más allegados. Toda la sala, todos puestos en pie, recibimos con un emocionado aplauso a nuestro "Capitán General", que compartió mesa con los primeros números de la Compañía y el Cronista de la unidad.
El  Cronista introdujo la bienvenida y glosa de la reunión, en medio de la cual resultó conmovedor y emocionante el recuerdo a los compañeros fallecidos, nombrados por Jesús Bataller uno a uno, en medio de un silencio que cerró una atronadora y emocionada salva de aplausos, después de la lectura del poema dedicado a los que ya nos habían dejado:
“Amigo,
Buen amigo,
Compañero…
Te fuiste
Y no sé quién era primero…
Luces ya con tu estrella en nuestro cielo,
Por siempre en el recuerdo, compañero…”
Placa entregada
Tras las palabras de varios asistentes, se hizo entrega al "Capitán General" de una placa de alpaca, con especial dedicatoria, que se reproduce aquí mismo, y también, de un ejemplar encuadernado en noble de la crónica-novela de la vida campamental, titulada “Noventa días que hacen historia” y “Seis puntas tiene una estrella”, cuya dedicatoria firmaron todos los presentes.
Y, en fin, el Capitán obsequió a sus discípulos con un libro de su autoría, escribiendo y firmando personalmente las dedicatorias, y con fotocopia de las calificaciones de los estudios militares que habían cursado medio siglo antes.
La emoción desbordó a todos, y especialmente al más que nonagenario "Capitán  General", quien solamente podía agradecer con arrebatada emoción tanto afecto, con las palabras de "¡Gracias!", "¡Muchas gracias!""!Sois increíbles!".
Después, una exquisita comida, regada con buenos caldos (por separado se inserta el programa de la celebración y la minuta de la comida), dio paso a la tertulia, a la convivencia, a los cánticos y a la deliciosa conversación.
Póster
Todo esto, y mucho más, se vivió en aquellas jornadas en que se volvió a y desde Montejaque, en un inolvidable encuentro de antiguos compañeros, que podría calificarse como “un ramillete de emociones, en el que sobraron las palabras”

Gracias mil al "Capitán General" y a su familia; gracias mil a todos los compañeros; y a sus familiares y a los amigos; y a los mandos del campamento de Montejaque.
¡Que Dios bendiga a todos!
Y honor para las compañías 4ª y 1ª de la 1ª Agrupación, del campamento de Montejaque, años 1963/64. Que siguen vivas y en actividad cincuenta años después.
Y honor a las Milicias Universitarias, IPS.
Y honor a la Infantería Española.
Y honor al Ejército español que fue y es.
¡Y, sobre todo, VIVA ESPAÑA!
Por encargo del cronista de las Compañías, lo transcribe
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA