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04 noviembre 2012

Elecciones en Ucrania 2012: Más amargo y más dulce: Se agudiza el control autoritario/comunista de Yanukóvich

"La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás".- Winston Churchill (1874-1965) Político británico. 
El orondo vencedor
"Estos son los resultados preliminares de las elecciones legislativas, a las 1’20 pm del 2 de noviembre, según la Comisión Central de Elecciones.
Así pues, según dicha Comisión, el Partido de las Regiones obtendrá 186 escaños en el nuevo parlamento; Batkivshchyna, 105; los candidatos independientes, 43; UDAR, 40; Svoboda, 37; Partido Comunista, 32; otros, 7.
Ésta es la distribución preliminar de  escaños entre partidos en 2 de noviembre,  basada en el escrutinio del 99 por 100 de los votos,
En azul, el partido de Yanukóvich
Si estas cifras permaneciesen, en el nuevo parlamento el Partido de las regiones y el partido Comunistas podrían tener una mayoría pro-presidencial compuesta de sus diputados junto con la mayoría de independientes y otros candidatos que se espera se les unan. El Parlamento de Ucrania está compuesto de 450 escaños.
Los resultados preliminares de los principales partidos que sobrepasan el umbral del 5 por 100, después del escrutinio del 99’65 por 100 por la Comisión Electoral Central, son:

Partido                % votos                         Nº votos
Partido Regiones
 30.01
                               6 105 089
Batkivshchyna
 25.52
                               5 190 531
UDAR
 13.95
                               2 837 608
Partido comunista
 13.18
                               2 681 531
Svoboda
 10.44
                               2 124 797

(De Kyiv Post y otras fuentes)
 …
Poco a poco, el sátrapa Yanukóvich va sacando adelante su maquiavélico plan de adueñarse completamente del poder e ir acercándose a Rusia, lo que le permitirá aspirar a longevo mandato y a ir colocando a toda la sarta de corruptos y manipuladores que le rodean, cual anillo hambriento de dinero y lujo.
Así, ya intentó en los tiempos de la mal llamada revolución naranja un “pucherazo” en toda regla, que le frustró el pueblo, hábilmente manejado por esa terrorista política que es Yulia Tymoshenko, bajo la complaciente intervención del “blando” Yúschenko.
Pero, como decía el chinito del chiste, “la venganza fue terrible”, porque, poco a poco, Yanukóvich, basándose en las regiones rusófonas y en los corruptos magnates pro-rusos, fue prosperando en poder, por las rencillas internas de los partidos pro-ucranianos y pro-occidentalistas, de manera que ni Yulia ni Yúschenko fueron nunca capaces de entenderse.
Y cuando por fin Yanukóvich alcanzó la presidencia, poco le costó sobornar a cuantos jueces fue preciso para encarcelar a la Tymoshenko, y neutralizarla como adversaria política.
De esta guisa se ha llegado a las recientes elecciones, en las que el Partido de las Regiones (pro-rusas, añadiría yo) ha obtenido una importante mayoría, que, vinculada a un casi seguro pacto con el Partido Comunista –los lobos de la misma camada nunca se muerden— tendrá mayoría parlamentaria suficiente para gobernar y para ir poco a poco minando a la “adversaria por antonomasia”, la imprudente Yúlia, que no supo ver que su desorbitada ambición iba a conducirle a la actual situación de práctica incapacidad política.
Por tanto, en Ucrania habrá un gobierno fuerte, por su robusto apoyo parlamentario, cada vez más cercano a Rusia y cada vez más alejado de Occidente, aunque no deberá fiarse demasiado el omnipotente Víktor Yanukóvich, porque hay muchos restos de lo que fueron los partidos pro-occidentales, el pueblo está muy desencantado y de esos casi rescoldos se avivará no demasiado tarde la llama que prenderá la respuesta a tanto absolutismo y abuso del actual presidente y los suyos.
Vladymir Putin, el gran"tirano demócrata" del vecino país, estará bien satisfecho de cómo se va consolidando su “imperio”, aunque ya veremos si de este amargor actual no llega el germen para tiempos más justos y felices, que bien merece el sufrido pueblo ucraniano.
 
"La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas." .- Albert Camus (1913-1960) Escritor francés.
 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

06 marzo 2008

El "no pasará..." y el retorno al pasado

“Al grito de "la OTAN no pasará" la oposición ucraniana ha impedido al presidente del país pronunciar el discurso sobre el estado de la nación. No es la primera vez que los parlamentarios del opositor Partido de las Regiones se apoderan de la tribuna para bloquear la sesión en la Rada.
La oposición pro-rusa exige la celebración de un referéndum para evitar que el presidente Viktor Yúschenko de los pasos hacia la incorporación en la Alianza Atlántica. El presidente del Parlamento, que acusó a la oposición de convertir la cámara en "un ring de boxeo", pospuso la presentación del informe. Yúschenko, tenía, sin duda, otra cita importante en Ginebra donde, esa misma tarde, firmó el Protocolo de incorporación a la OMC. Allí apoyó la entrada de Rusia.”
(Fuente: EuroNews, 06/02/2008)

NOTA DEL AUTOR.- «¡No pasarán!» (Francés: «Ils ne passeront pas», Inglés: «They shall not pass») es el eslogan usado para expresar la determinación de defender una posición contra el enemigo. La primera referencia a su uso se encuentra en la Batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial por el general francés Robert Nivelle (aunque hay quien se la atribuye a su comandante, Philippe Pétain). Aparece después en carteles de propaganda, como el de Maurice Neumont después de la Segunda Batalla del Marne, con la forma «On ne passe pas!», que será la forma adoptada en las placas de los uniformes de la Línea Maginot. A menudo interrelacionado con el "Ni un paso atrás!".
Fue usado más tarde otra vez en el
Asedio de Madrid en la famosa forma «¡No pasarán!» durante la Guerra Civil Española (1936–39) por Dolores Ibárruri Gómez (La Pasionaria), una de las fundadoras del Partido Comunista de España. « ¡No pasarán!» ha llegado a ser un eslogan internacional antifascista, y todavía se usa así en los círculos políticos de izquierda.
A menudo se ha respondido a esta expresión con un «Pasaremos». El eslogan de respuesta de la derecha. «Hemos pasado», lo acuñó el general
Francisco Franco cuando sus fuerzas entraron finalmente en Madrid.
"No pasarán" es, además, el título de un álbum de la banda
polaca Blade Loki.
…..
La lectura de esta noticia me entristece y preocupa.
El Partido de las Regiones, el de Yanukóvich, el que su líder proclamaba como el más democrático de entre los democráticos, el que su cabeza ha venido proclamando como el legitimado por los usos democráticos para gobernar en Ucrania, como votado por más del 33% de los ciudadanos, se ha unido al partido comunista para bloquear e impedir el discurso del Jefe del Estado, el Presidente de la República, sobre el estado de la nación.
Si, ese partido de Yanukóvich, que rasgó sus vestiduras y proclamó a todos los vientos que la anterior disolución del Parlamento por el Presidente no era constitucional, pero que al ganar las elecciones por mayoría simple pretendió formar gobierno, ahora desdeña los usos democráticos, los foros democráticos y las sesiones parlamentarias, para impedir a la fuerza bruta, por vía de coacción y ocupación física, el discurso del Presidente de la República.
Y ese partido que tanta democracia dice rezumar llega inclusive a unirse a otros tan significativos como el partido comunista para boicotear por la fuerza la sesión de la Rada.
Y más aún me entristece que esas acciones tan cerriles e indignas de partidos democráticos y de parlamentarios que han pretendido jugar en un sistema político moderno y plural, hayan usado, y parafraseado la famosa frase del “No pasarán…”, que se popularizó en la guerra civil española por el bando republicano para inyectar moral al pueblo y auto-inyectárselo a sí mismo, ante el avance de las tropas del general Franco.
La frase se hizo famosa, pero por sus reminiscencias todos hemos deseado que no se repitan.
Y ahora llegan unos politiquillos de bandurria y vodka, más acostumbrados a caciquear que a emplear sus tiempos en la búsqueda constructiva del bien de su país, Ucrania, y ante el anuncio de que el gobierno va a solicitar el ingreso en la NATO, no encuentran mejor modo de mostrar su disconformidad y oposición que la “pataleta” de impedir la celebración de una sesión parlamentaria, usando un grito o proclama histórico pero superado.
No voy a opinar si a Ucrania le conviene o no ingresar en la NATO, porque ello debe ser objeto del oportuno debate en su Rada, y, si procede, de un referéndum. (No se olvide que en España, el PSOE proclamó en un inicio –durante el gobierno de Calvo Sotelo- que “OTAN, de entrada no…” y después, cuando ya gobernaba, organizó un referéndum manipulado para que se aceptara el ingreso)
Pero sí opino sobre las formas y las conductas.
“No pasará…” es lo que los ucranianos deberían decir a esas burradas de los parlamentario impidiendo hablar al Presidente de la República.
“No pasará…” es lo que el pueblo ucraniano debería manifestar ante la unión de un partido como el de las regiones –que se presenta como adalid de la democracia, algo “pro-rusa”- con el partido comunista, sospechoso en cuanto a sus esencias democráticas.
“No pasará…” debería reaccionar el propio gobierno de Ucrania, absolutamente legítimo desde que la Rada le confirió la investidura, usando los medios que confiere un estado de derecho para evitar cerrilismos rayanos en la rebelión coactiva.
“No pasará…” debería decir el Presidente de la República, ante el boicot al regular funcionamiento de una institución tan esencial como la Rada.
Pero, salvo milagros, la cordura tardará en imponerse y, con más o menos vodka, con más o menos conspiraciones, con más o menos corrupción, los parlamentarios del Partido de las Regiones, con Yanukóvich liderándoles o consintiéndoles, seguirán –ojalá me equivoque— brindando espectáculos tan lamentables como el que motiva esta Carta.
¡Ah! Y no me olvido de que los parlamentarios de la actual coalición gobernante aún no han demostrado que aquélla descolorida “revolución naranja” que promovieron tuviera nobles raíces y rectos propósitos.
Acontece en Ucrania que la clase política, los parlamentarios, los partidos, son lo menos merecido, lo menos auténtico, de la nación.
Nada muy diferente ocurre en España, donde unos están a la greña contra los otros, discutiendo sobre los curas, los obispos, las pensiones, las ayudas a fondo perdido, las viviendas “mini”, los impuestos, y lo que surja… pero ninguno de ellos, ninguno de los partidos, ninguna de las facciones, promete o acomete un plan de austeridad para atajar la inflación y permitir que el pueblo llano pueda llegar a final de mes.
Unos, los ucranianos, sin políticos de categoría y con todavía carencias vitales. Otros, los españoles, con demasiados políticos, con falta de categoría, y con problemas porque se ha estimulado a los ciudadanos a alcanzar y se les ha permitido soñar con un falso “estado del bienestar”.
En fin: “No pasará”, digo yo, el “pasado”. Ojalá así sea.
¿O acaso ucranianos y españoles seguimos estando condenados a repetirlo?
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

05 marzo 2008

Al comenzar 2008: Carta a Yulia Tymoshenko, Primera Ministra de Ucrania

Querida Yulia:
Permíteme que el tuteo, como tuteo a tantos buenos amigos y amigas ucranianos, especialmente porque honras la belleza femenina de la mujer de Ucrania.
Y no recurro al tuteo porque tú y yo seamos especialmente amigos ni íntimos (ya que, te anticipo, tu persona no despierta en mí singulares simpatías) sino porque de esta forma más coloquial puedo dirigirme a ti con mayor llaneza.
He de confesarte que, como casado que estoy con una mujer ucraniana, admiro sobre todo las calidades y recias personalidades que adornan a las féminas de tu país, incluyéndote a ti, cómo no.
Pero asimismo he de reconocerte que no solamente no me ha gustado tu trayectoria política y personal después de aquello que llamasteis (el Presidente Yúschenko y tú, junto con el sinvergüenza de Alexander Moroz) la “revolución naranja”, y que tampoco me gustó la denominación de este suceso, que desde luego no fue nada revolucionario.
Tampoco te oculto que nunca me ha gustado que bajo el aura de feminidad con que te presentas, con esa rubia --¿es natural el color?—c abellera y tradicional trenza rodeando tu cabecita, se vislumbre y se conozcan durísimas y rigidísimas posiciones personales, que permiten sospechar una importante implicación tuya con lobbies de no muy claros intereses.
Menos me ha gustado que hayas aprovechado la blandura o falta de energía del Presidente Yúschenko, tu aparente aliado político, para encaramarte a posiciones agresivas y en principio poco recomendables para la actual situación política de tu nación, especialmente exigiendo para tu persona el liderazgo del gobierno, sin descartar tus ambiciones sobre la presidencia de la república.
Bien; que no me gustes demasiado como persona y como política, no debe ser obstáculo para que te reconozca un valor muy común en las mujeres ucranianas: espíritu de sacrificio, clarividencia, tenacidad y laboriosidad.
Y bajo estos prismas me surgen atisbos de esperanza en tu gestión como principal responsable del Gabinete de Ministros, especialmente si supieres armonizar tu conocido autoritarismo con un poco de flexibilidad respecto de tus socios de coalición.
Tú, Yulia, estás llamada a una gran tarea (que tal vez exceda de tus posibilidades) cual es devolver a tu país la honestidad de conducta privada y pública, el consenso para establecer reformas que beneficien a la población menos favorecida, la habilidad para controlar las tremendas ambiciones de los grupos de presión y económicos.
Para ello has de entenderte con el Presidente Yúschenko (admitiendo las más ponderadas coordenadas que éste marque) y has de enviar a toda la clase política de tu país, incluidos tus duros oponentes, los “pro-rusos” del Partido de las Regiones, no solo un mensaje sino una definida línea de gobierno basada en el diálogo, en el pacto y no en las mayorías parlamentarias.
Cierto es que si tratas de poner en práctica los dichos propósitos, vas a tener muchas más espinas que rosas en tu trayectoria, pero podrás llegar a ser la heroína que todos quisieron ver en ti cuando aquello del color naranja, y que los tiempos posteriores se han encargado de difuminar.
Puedo recomendarte que repases la historia de la transición de España hacia la democracia, en aquellos arduos años 1975 a 1982, en los que hasta los más encarnizados oponentes políticos hicieron dejación de muchas de sus prioridades ideológicas, para converger en el objetivo común de alcanzar y consolidar la democracia.
¡Que Dios y tus capitalistas protectores te ayuden!
Termino deseándote, además de un Feliz Año, un Eficaz Año, un Consensual Año, un Democrático Año.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

Entre puentes y acueductos

Esta semana del mes de Octubre es para las gentes de la Comunidad Valenciana un tiempo excepcional para el ocio, pues el día 9 es el Día de la Comunidad Valencia (Fiesta en toda la Comunidad autónoma, rememorando la Conquista de Valencia por el Rey de Aragón Don Jaime I el Conquistador) y el día 12 se celebra en toda España el Día o Fiesta de la Hispanidad.
De esta guisa, un avezado profesional o funcionario que se organice bien, puede iniciar un tiempo de asueto el día 6 de octubre, hacer “puente” el día 8, establecer “acueducto” los días 10 y 11, aprovechar el sábado 13, y así gozar de nueve días de tiempo de descanso y vacaciones.
En esta ocasión, la suerte es para los valencianos, como en otras (pienso en Mayo, con los días 2 y 3 festivos en Madrid) lo es para los habitantes de otras Comunidades Autónomas.
¡Buena costumbre ésta de los puentes y acueductos para quien pueda disfrutarla!
Es tiempo de descanso, de viajes, de familia, de relajación, de lectura, de reflexión, especialmente si se goza de un buen tiempo como generalmente suele darse en España y especialmente en la costa mediterránea.
No he de ocultar que he aprovechado el primer “puente” y hasta el día 9 he estado “dando una vuelta” por el centro y norte de España, especialmente Asturias y Santander.
Una delicia, como casi siempre…
Mientras recorría los valles asturianos y de Cantabria y me embelesaba con sus verdes bosques, verdes valles, tenues contraluces, incipientes brumas y nieblas, y daba al cuerpo el placer de los deliciosos yantares de esas tierras bañadas por el Mar Cantábrico, he ido repasando con pausa muchas cosas, entre ellas, la actual situación en mi querida Ucrania.
Y me he dado al juego mental de asociar puentes y acueductos, no los festivos o laborales (como esta semana aquí) sino como medios materiales de unión entre las gentes.
Así, me ha gustado el “acueducto” que ha intentado tender el Presidente Yúschenko, invitando al gobierno “compartido”, de manera que aunque la sin par Yulia sea la premier, en cada ministerio haya un vice-ministro del partido de la oposición (que no sería otro que el de Yanukovich).
Y no me ha disgustado, si es que es sincero, el “puente” que tiende Yulia, la del Bloque YUT, no solamente al partido de Yúschenko ( con quien está “condenada a entenderse”), como tampoco que Yanukovich acepte con “entera resignación” pasara a la oposición, si otras fuerzas democráticas alcanzan acuerdo de gobierno con mayoría parlamentaria.
Fructíferos “puentes” políticos que pueden conducir a, por fin, “acueductos” de transición democrática.
Habrá que aprovechar esos puentes y acueductos para que Ucrania ofrezca, también en el panorama político y de una vez por todas, verdes montañas, soleados valles, brumas tenues, en una palabra, el dulce y verde pálpito de la democracia…
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

¿Nuevo "viejo" gobierno para Ucrania?: Apuntes sobre el futuro político

Con el recuento electoral prácticamente concluido, sin perspectivas de impugnaciones importantes (el partido de Yanukovich no guardaría el silencio que mantiene), leo en la agencia oficial de noticias ucraniana que el Presidente Yúschenko ha encargado al partido de Yulia Tymoshenko las conversaciones preliminares para sondear la posible formación de gobierno en Ucrania.
La noticia parece normal, pero entraña varios significados, como que Yúschenko no desea encargar a Yanukovich la formación de gobierno; que el poder de Yulia ha salido fortalecido tras los comicios; y que Yulia y Yúschenko “están condenados” a entenderse.
Ahora bien, en Ucrania las recientes elecciones pueden producir mayores efectos:
1.- El posible relevo de Yanukovich por Volodymyr Lytvin al frente del “clan de Donetsk”, ya que el segundo es más diplomático, más político, menos duro que el actual Premier en funciones.
2.- Que los políticos tomen buena nota de que el pueblo no ha olvidado ni olvidará lo que significó la “revolución naranja”, en cuanto supuso devolver a la gente la ilusión en su país y en los políticos ajenos a la órbita pro-rusa, y la esperanza de integrarse y ser definitivamente europeos.
3.- Que el pueblo “castiga” a quien no cumple con los mínimos dictados de honestidad y coherencia política, además de demandar eficacia en la gestión.
Solamente así se comprende el práctico estancamiento del Partido de las Regiones (los azules de Yanukovich), la mengua del Partido Nasha Ukraina (con el Presidente Yúschenko apoyándole) y el enorme aumento del Bloque Yulia Tymoshenko.
¿Acaso Yulia es el “hada madrina” que resolverá los problemas de Ucrania siendo la Primer Ministro?
Nada más lejos de la realidad, porque esta populista y demagógica “ninfa” no es sino una capitalista, que ha especulado cuanto le ha venido en gana para hacer sus millones y que encabeza el “clan de Dnipropetrovsk”, a cuyos dictados ha de plegarse en una u otra medida.
¿Cómo será la aparente “reconciliación” entre el Presidente y Yulia?
Tras los propósitos de enmienda, fruto de la euforia post-electoral, la realidad cotidiana conducirá a situaciones similares a las que propiciaron la ruptura en la anterior legislatura.
Pese a todo, algo positivo está ocurriendo en Ucrania. La mayoría del pueblo se ha decantado por la identidad propia de su nación, al margen del gigante ruso y acercándose a la apetitosa (en la ilusión) Europa.
De los acontecimientos en los próximos meses dependerá que en el futuro la Unión Europea instaure también el ucraniano como uno de los idiomas de la Unión.
Al estilo ucraniano, hago votos para que “Dios lo permita”.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

¿Hacia una nueva cosecha naranja? ¿Dulce, agridulce o ácida?

Querido amigo Igor:
Cuando escribo estas líneas aún no se ha publicado el final del escrutinio de las elecciones del pasado domingo, al 100%.
Por tanto doy mi opinión conociendo (16’52 hora ucraniana) el 97’45 % del voto contado, según el Comité Electoral Central.
Pienso que casi nada va a cambiar la tabla de resultados, salvo en el caso de que el Partido Socialista (ahora, con el 2’9% de los votos) supere la barrera del 3% y arañe algunos escaños, que normalmente disminuirán algo los de los otros partidos cabeceros.
Adelanto que los resultados me han sorprendido un poco, especialmente por dos razones:
a) El Partido de las Regiones, de Yanukovich, queda estabilizado, sin avanzar, pese a haber ostentado el Gobierno de la nación durante un año o más.
Ha quedado muy circunscrito a las zonas del Este, principalmente ruso parlantes.
En una palabra, le ha faltado “glamour”, encanto.
b) El Bloque de Yulia Tymoshenko ha experimentado un incremento de casi diez puntos, en detrimento del Partido de las Regiones y del Partido Socialista.
Ha obtenido muchos votos en el centro e inclusive en el Oeste de Ucrania, ya que ha superado al Partido Nuestra Ucrania (fundado por Yuschenko) en todas las provincias u oblast excepto en Zakarpatya.
Se ha demostrado que el populismo, rayando en la demagogia, es útil en Ucrania, porque el pueblo busca ilusiones y detesta las promesas rotas.
No me ha sorprendido nada, antes al contrario podía esperarse, que el Partido Socialista haya sido barrido del mapa político.
Su líder, Moroz, apoyó en su día la “revolución naranja” y después buscó la poltrona de la presidencia de la Verkhovna Rada, rompiendo su pacto con Tymoshenko y Yuschenko.
Y el pueblo ucraniano, siempre nostálgico de “lo que pudo haber sido y no fue la Revolución Naranja”, aplicó sabiamente la sentencia del líder de Roma, cuando dijo que “Roma no paga a los traidores”.
Se me dirá que nada comento sobre el partido de Yúschenko, y la verdad es que poco cabe decir, excepto que se ha mantenido más o menos, pero se ha echado a faltar que su líder tapado, el Presidente Yúschenko, saltara a la arena política, lo que no podía hacer desde que se auto-neutralizó aceptando una Presidencia de la Nación muy mermada de poderes.
Pese a todo, la no desaparición, electoralmente hablando, de “Nasha Ukraina”, de Yuschenko, inclusive su positivo mantenimiento, evidencia que todavía un sector importante de la población reconoce los valores que imprimió e imprime indirectamente quien fue el sereno aglutinante de la Revolución Naranja.
¿Y ahora qué?
Pues exceptuando alguna anulación importante de votos, que no parece probable (de hecho los observadores de la OSCE dan por correcto el proceso electoral), el mapa político de Ucrania, especialmente en el ámbito gubernamental, va a dar un vuelco.
Pese lo que pese a Yúschenko, éste no va a tener más remedio que designar Primer Ministro a Yulia Tymoshenko, para que gobierne con el soporte de “Nasha Ukraina”.
“Nunca segundas partes fueron buenas”, reza el refrán.
Y mucho me temo que pueda reeditarse el desencuentro que tiempo atrás forzó al Presidente a cesar a la Tymoshenko, porque lo que entonces propició la ruptura dudo haya desaparecido, especialmente cuando la populista Yulia aspira a ser Primer Ministro para catapultarse a la Presidencia de la República en las próximas elecciones presidenciales, desbancando así a su ex socio.
¿Qué hará Yanukovich?
Primeramente, despotricar contra la segunda coalición naranja, invocando que su partido –el de las Regiones— fue el más votado, y que la coalición en su contra es un fraude para el pueblo (Inaceptable argumento, cuando fue capaz de asociarse con el traidor y desertor Moroz).
No lo veo claro… sinceramente.
Y desde luego, el optimismo que pueda suscitar el “color naranja” del posible próximo gobierno, creo que puede a medio plazo en convertirse en agridulce sabor naranja: el de una nueva discordia.
Si ello es así, deberá ser el pueblo ucraniano quien deba buscar otros líderes, porque los tres cabezas actuales habrán demostrado que no buscan el bien del país, sino el suyo propio, o lo que es más grave, que no son capaces de pactar, cohabitar, entenderse...para una auténtica transición a la democracia.
Color naranja, sí, pero que sea de veras…
Un abrazo, desde la tierra de las naranjas…
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA