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18 diciembre 2022

TIEMPO DE NAVIDAD: ¿Se alegra la tierra? ¿Se regocijan las gentes? ¿Se experimenta la paz?


Me perdonará el lector que trate de eludir la enormidad de citas y frases tópicas que nos anudan en estos tiempos cercanos a la  celebración de la Navidad.

La gran verdad es que la conmemoración de la Natividad de Jesús, que ha venido celebrando el mundo cristiano se expandió a la celebración de un tiempo generalizado de hermanamiento, de afecto, de amor y de paz.

Pero pocos años ha durado la dulce y armoniosa época de la Navidad, porque el materialismo ha seguido invadiendo todos los ámbitos positivos y entrañables de la vida social, hasta el punto de que, por una parte, la Navidad se ha convertido en tiempo de fiesta casi sin espiritualidad, y en unas fechas paganizadas para las vacaciones, los viajes, las compras, las celebraciones, sin el norte que en su tiempo guio y ahora mismo debiera regir las vidas de los humanos con esencias cristianas.

Basta echar un vistazo a la realidad social para comprobar que la ansiada paz social, la ansiada armonía internacional, se han esfumado por mor de egoístas y materialistas deseos de poder, de dominio y de riqueza, en modo alguno inspirados, ni remotamente, en el mensaje evangélico que inspira el nacimiento de Jesús, que es lo que en definitiva se conmemora, o al menos así debiera ser.

En nuestro día a día impera la brutalidad de una guerra cada vez más viva y más sangrienta entre dos naciones casi hermanas, como son Ucrania y Rusia, que han sucumbido al ansia de poder de las oligarquías, y a las especulaciones escandalosas de las grandes potencias económicas, que solamente buscan engrosar la bolsa a base de acciones desprovistas de cualquier base humanitaria, y que producían, producen y probablemente seguirán causando el empobrecimiento cada vez más escandalosas de las etnias, de las naciones y de las gentes más débiles.

En cuanto a las naciones, repárese el caos violento e inmisericorde en que los partidos políticos han sumido esta España nuestra, en la que solamente importa mantenerse en el poder, romper a los adversarios, engrandecer las ganancias y las influencias, al socaire de una falsa política protectora de los más necesitados (incluyendo a las víctimas de las migraciones), en medio de una pérdida muy grave de las formas y normas de convivencia, hasta el punto de que las redes sociales semejan más un basurero que un medio de difusión cultural y que lo importante es aquello de “insulta, que algo queda”.

Lo triste es que cada vez estamos más apegados a la falta de espiritualidad y de ética que debieran ser las pautas de una conmemoración tan bella y transcendente como que el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana para ejecutar el plan divino de la redención.

Se me podrá reprochar, quizás, que la vida es no solamente espiritualidad, pero a ello replico que en nada daña sino todo lo contrario, la reflexión ética y profunda sobre la motivación de la Navidad convertida en una celebración mundana y alejada de los contenidos que la inspiran.

Me perdonará el lector mi, tal vez, demasiado personalista comentario acerca del tiempo de Navidad en los momentos actuales, pero ello me permite que haga votos porque en estas fiestas de profunda convivencias personal, familiar y social todos aquellos pue puedan leer estas disquisiciones, las compartan o no, sientan en su espíritu el halo de luz, de paz y de amor que nos deben envolver en estas conmemoraciones.

A mi esposa, a mis hijos, padres y parientes; a los amigos; a los conocidos (incluyendo los que ya presumo que celebran Allá arriba la Navidad auténtica) y a los desconocidos, vaya sobre todo mi abrazo emocionado de afecto, deseos de amor, bienestar y paz.

Que no en balde hace más de dos mil años en Belén de Judá, Dios se hizo Hombre para redimír al género humano.

¿No escucháis acaso, hermanos, ese clamor en el cielo?

¿No os llega un gran brote de consuelo en vuestro corazón humano?

¡GOZAD DE LA NAVIDAD!

¡HACED PROPIA LA NAVIDAD!

¡SED FELICES Y HACED FELICES A LOS DEMÁS!

"Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año" Charles Dickens (1812-1870) Escritor y novelista inglés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

06 abril 2022

El drama bélico de Ucrania: Rusia sigue imponiendo su belicismo genocida mientras Occidente, la Unión Europea y la NATO se excusan y permiten la aniquilación con su cobarde negligencia.


“Excusatio non petita, acusatio manifestat” es un apotegma o aforismo jurídico que define perfectamente la doblez de quien dice no afectarle un problema que debería afrontar. O dicho en roman paladino: “La excusa no pedida manifiesta acusación”

Eso es lo que ha acontecido y parece que seguirá pasando con el problema de Ucrania y la agresión intolerable de Rusia.

La independencia de Ucrania fue muy bien vista por Europa, por Occidente, por la Unión Europea y la Alianza Atlántica, hasta el punto de que se empezó a prometer de manera poco meditada al gobierno de la recién nacida nación con ayudas, apoyos, amistades y un sinfín de estímulos más, sin reparar en que los oligarcas de la Unión Soviética que permanecían en Rusia y en la desgajada Ucrania seguían incrustados en la corrupción y en el dominio económico que les permitían continuar campando a sus anchas en la economía e inflar cada vez más sus bolsas fruto de la esquilmación de la neonata Ucrania.

De esta guisa, los primeros gobiernos de Ucrania, elegidos de manera aparentemente democrática, fueron permitiendo los usos y abusos (más bien estos) de los magnates oligarcas mientras los cantos de sirena que Europa les enviaba adormecían la visión realista de que se trataba de un país nuevo en el que todo estaba por hacer, si se quería alcanzar el standard del mundo occidental.

Por eso, cuando algún presidente como Leonid Kuchma (prorruso declarado) jugó la doble baraja de poner una vela a Europa y otra a su amada Rusia, Occidente propició y apoyó la presidencia de políticos de tendencia pro occidental como Viktor Yushchenko, quienes en su inmadurez no fueron capaces de controlar el río revuelto de una clase política en la que los oligarcas fueron moviendo a los ambiciosos lideres políticos, que todo lo empeñaron con tal de mandar y enriquecerse, aunque en nada beneficiaran al desarrollo de su nación.

Así, emergió la figura de la nefasta Yulia

Tymoshchenko, una avispada fémina que hizo todo lo que le venía en gana para auparse al poder, que casi logró, aunque se autodestruyó enfrentándose al líder que aparentemente apoyaba, Yúschennko, y a quien derribó de una u otra manera, y que fue envenenado (muy propio del estilo asesino de la extinta Unión Soviética) hasta que se aupó el valido de Rusia, el infausto Víktor Yanukóvich, que implantó una realidad política teledirigida desde Moscú y que le permitió convertirse en el sátrapa que puso “una vela a Dios y otra al diablo”, mientras disfrutaba de un estilo gobernante a lo soviético y que fue engordando su bolsa con una sistema apoyado por los oligarcas.

Hasta que Occidente, de una u otra manera, excitó al pueblo llano de Ucrania, pacífico y desde luego harto de situaciones bélicas, para que, aprovechando el “pucherazo” de unas elecciones presidenciales, forzara la huida del sátrapa.

Pero Yanukóvich y su aliado protector e inspirador, Putin, se conjuraron para recuperar el dominio esfumado, y comenzaron a elaborar el plan

conspirativo para, con el tiempo, hacerse de nuevo, y de manera efectiva, con el control de Ucrania.

De esta manera, las presidencias de Ucrania fueron desvelándose ineficaces y poco válidas, envueltas en la tela de araña de las promesas occidentales y de los sueños de una evolución económica que solamente fueron beneficiando a los magnates. Llegó Petro Poroshenko, un industrial de buena voluntad y luces escasas, que siguió haciéndolo peor, hasta el punto de que fue derrotado en las elecciones a la presidencia por un “payaso”, el actual presidente Volodimyr Zelensky, a quien el pueblo comenzó tomándose a chacota pero acabó apoyando, porque en su sencillez humorística había brindado a las gentes un hálito de esperanza.

Por eso, a los corruptos oligarcas ex soviéticos, tanto en Rusia como en Ucrania no les quedó más remedio que servirse de Putin, ambicioso y peligroso como el

que más, que urdió, como buen conspirador y espía, la invasión y apropiación de la península de Crimea y la siembra de un separatismo pro ruso en las regiones u oblasts de Donbass y Lugansk.

Occidente, la Unión Europea y la NATO, atónitos ante tamaña tropelía se limitaron a mirar hacia otro lado con la excusa de que no les afectaba, porque la Alianza Atlántica no tenía a Ucrania entre sus miembros (le había prometido integrarla) y la Unión Europea, cada vez más desunida, no acertaba con la tecla de crear con eficacia una armónica política con Ucrania, y que mientras los negocios fueran funcionando, mejor era no implicarse más.

Como en la cancioncilla de Pancho López, “lo que tenía que pasar, pasó”, y el oso soviético, alentado por sus dueños y por su principal controlador, decidió excusarse en que se sentía inseguro por la tendencia pro occidental de Zelensky, para, por sí y ante sí, en su prepotencia, lanzar un tremebundo ataque a Ucrania, en el que pervive actualmente.

…

Van pasando los días (ya son 40) y Rusia sigue haciendo casi “lo que le da la gana”, mejor dicho, lo que puede, dentro de lo que sabe hacer, y, eso sí, machaca a la población civil de Ucrania, vendiéndolo como “operación de limpieza” falsificada por

Occidente.

Pero no me negará el lector que mientras Rusia usa y abusa y mata civiles, jóvenes y viejos, les tortura y destroza sin escrúpulos, Occidente y los Estados Unidos de América, con la NATO y la Unión Europea, publican que se sienten conmovidos y que debe ponerse fin a tanto genocidio y replican mediante una serie de medidas más blandas que un merengue, que se refieren a temas económicos, y de eficiencia más que dudosa.

Así, los occidentales suministran armas de tapadillo y dicen que dan dinero, pero evitan hacer lo que procedería ante el genocidio.

¿Acaso hace falta el imposible permiso –por el veto de Rusia—de la ONU, para repeler con energía la barbarie humana que está destrozando una nación civilizada como Ucrania?

¿Acaso suministrar lanzagranadas y algunos carros de combate, más otras armas, no es implicarse en la guerra? ¿Para qué se utiliza el dinero que se dice enviar?

¿A qué se tiene miedo?

Tan meterse en la guerra es suministrar fusiles como dotar de aviones y armas más enérgicas a Ucrania, además de enviarle fondos que es de suponer llegan a su destino.

Está muy bien acoger a los refugiados y darles documentación y permiso de trabajo, brindándoles alimentos por un tiempo. ¿Y luego, qué?

Me planteo seriamente si lo que está haciendo Occidente a través de sus naciones y organizaciones que dicen estar espantadas y que prometen ayudar, no es sino engañarse (política de "avestruz") a sí misma, porque se es consciente del desequilibrio de potencia armamentística, pero hay miedo rayano en la cobardía a irritar al oso ruso.

Lo triste del caso es que ha aflorado la tendencia convenenciera de preservar el estado del bienestar, y dejar que Ucrania “se las ventile” en su casa, lejos de las nuestras.


Quede claro que no soy en modo alguno belicista, pero recuerdo que nos está pasando como al de la anécdota y dicho valencianos: Ser bueno es ser “bo”, y ¿qué es ser dos veces bueno…? Respóndase el propio lector.

Que Dios proteja a Ucrania y a sus buenas gentes. Si se fía ello solamente a los de "este lado" occidental, el drama humano seguirá y la injusticia bélica también.

“Actuar es fácil, pensar es difícil; actuar según se piensa es aún más difícil” Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

11 marzo 2022

Ucrania: La atrocidad de Putin y sus secuaces evidencia las debilidades de la NATO y de la Unión Europea y alienta el genocidio del ejército ruso. ¡Que Dios salve a Ucrania!

Alcalde de Kiev en medio de la batalla
“Adela Cortina, ante la guerra de Ucrania: “No hemos aprendido nada del siglo XX”

Adela Cortina no tiene dudas: “Ante lo sufrido con autocracias y totalitarismos en el siglo XX, no nos ha servido de nada, no hemos aprendido nada”. 

La filósofa que acuñó el término ‘aporofobia’ compartió coloquio esta tarde con la viróloga Isabel Sola y la misionera Victoria Braquehais en el marco del II Congreso Iglesia y Sociedad Democrática que se celebra en Madrid bajo el lema ‘El mundo que viene’

“El pesimismo y el optimismo son un estado de ánimo”, especificó, para ir más allá: “Yo me identifico con la esperanza, que es una virtud ética que hay que construir, necesitamos razones para la esperanza”. Ante esta reflexión, el auditorio ovacionó a la pensadora, que puso en valor la fortaleza y resiliencia

del pueblo ucraniano, así como a los ciudadanos rusos que, sin ser mayoría en las calles “se la han jugado y están dispuestos a decir ‘no en mi nombre’ para que se masacre a un país pacífico”. “Nuestra esperanza está en esas personas que en cualquier lugar del mundo dicen ‘Esto no se pude permitir’”, rubricó.

Deseo de libertad e igualdad

La también catedrática de Ética de la Universidad de Valencia sentenció esperanzada que “en el corazón de todo hombre hay un deseo de libertad e igualdad que no puede ahogar un autócrata”.

A la vez que aplaudió la acogida a ciudadanos ucranianos, la reflexión de Cortina fue más allá: “Estamos acogiendo a los refugiados de Ucrania, pero extendámoslo porque hay otros refugiados y otros emigrantes”. “El tema de asilo y refugio -continuó- se está dando en todos los rincones de la Tierra. Y ya que hemos aprendido que hay que acoger

a los que vienen de Ucrania, acojamos a todos. Ahí están los seis millones que han huido de Venezuela. Los refugiados es un tema que hay que resolverlo globalmente”.

En esta misma línea, dejó caer que “es verdad que todos estamos en el mismo barco, pero aunque no estemos en el mismo barco, me importa la dignidad del otro”.

Mirada amplia

A Victoria Braquehais, la guerra de Ucrania le ha llevado a meditar sobre el rechazo a cualquier “invasión e imposición de unos sobre otros”, así como a proponer “una mirada más amplia sobre el valor de la persona humana, no solo el valor de la persona humana desde un punto de vista occidental”.

Desde ahí, la religiosa de la Pureza de María hizo un llamamiento para que no se mire de reojo a la realidad de los países del Sur, sino que se trabaje de la mano en materia de inversión, más aún tras lo vivido con la pandemia. “Necesitamos que la posibilidad de desarrollo llegue a todas partes, tanto en educación, en promoción de las mujeres como en investigación”, comentó la misionera desde su experiencia en Congo y Camerún.

(De la publicación “Vida nueva”, 11/03/2022)

...

En estos momentos trágicos y cruciales para la humanidad, para el mundo occidental y para la libertad y convivencia, mientras el "oso ruso" Putin, ciego y desatado, lanza sus tropas en agresión genocida contra Ucrania (como un modo aparente de preservar su dominio en lo que fue la extinta Unión Soviética, en una manera de consagrar su soberbia de liderazgo mundial y como la forma de manifestar que nada puede moverse en el mundo sin su control), mientras en Occidente los gobiernos y  los ciudadanos nos preguntamos por qué no se reacciona más enérgica y contundentemente ante tantas atrocidades, bueno es tomar en cuenta las palabras de la egregia filósofa valenciana, la doctora Cortina, en tanto mueven a la reflexión.

Bueno es ello, pero sin embargo, en mi opinión no basta con lucubrar sobre olvidos y carencias, por aquello del viejo refran de "a Dios rogando y con el mazo dando". 

Es impresionante e indignante, es aterrador cómo el monstruoso dictador ruso y sus fuerzas militares se ensañan con los civiles de una nación vecina que vivía en paz, que estaba medio indefensa y que en modo alguno provocaba la contienda, antes al contrario soportaba con estoicismo cómo las fuerzas de Putin, supuestamente emboscadas en milicias pro independentistas, le desgajaban la peninsula de Crimea y le mantenían en lucha feroz unas regiones próximas a Rusia. 

Pero resulta canallesco, alcanza grados de genocidio, de crimen de lesa humanidad, no solamente iniciar una guerra absolutamente injusta, sino también atentar sin el menor reparo contra civiles, en sus hospitales, escuelas ciudades, dondequiera que estén. 

Todas las personas de orden y muchas organizaciones y naciones han reaccionado contra las feroces acciones de guerra que los rusos han desatado, y se antoja blanda, de plastilina, la acción contra la destrucción ciega que se está ocasionando 

Podrá objetarse que para que Ucrania entre en la Unión Europea es necesario que se cumplan determinados requisitos de organización social y económica, desterrando epecialmente la corrupción. Podrá también aducirse que la NATO no debe intervenir porque Ucrania no es nación integrada en esa alianza y que se podría generar una guerra de peores consecuencias con eso que Rusia consideraría provocación.

¿Qué hacer, pues?

Muchos dirán que atacar ya, sin más; otros que las medidas de ahogamiento económico adoptadas irán minando la agresividad del oso ruso (¡atención! no lo parece por ahora),  mas la triste realidad es que se echa de menos una postura firme, enérgica, fundamentada, sin fisuras, que inclusive lleve hasta a acciones militares, para frenar la tropelía. 

Volvemos a aquello de que "los unos por los otros y la casa por barrer", y todas las porturas similares, que denotan que el hedonismo y la vida acomodaticia  están enraizadas en Occidente y enervan la capacidad de decisión y la aptitud para la reacción. 

El problema tal vez sea, salvando las distancias, cómo hallar la "piedra filosofal" de la solución eficaz y pacífica. 

Ahí queda mi comentario, con mi ruego y mi

esperanza de que, en medio de tanta catástrofe, el espíritu de la sensatez y de la concordia estabilice la vida en paz y en común. 

¡Que Dios salve a Ucrania! ¡Y al mundo occidental!

Porque, en verdad si lo han de hacer los dirigentes actuales, será inútil la esperanza

"Todos estamos en la cloaca, pero algunos estamos mirando a las estrellas"

Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

22 febrero 2022

Ucrania: Su lenta descomposición mientras Occidente quiere y no puede ni sabe frenar la taimada avalancha desde Rusia. Lo que tenía que pasar, pasó…


“Putin reconoce a los territorios separatistas y despliega allí sus tropas  (
XAVIER COLÁS, Lunes, 21 febrero 2022 - 23:18)

El presidente ruso consigue con esta decisión dejar a Occidente descolocado y a Kiev ante el abismo de otro posible estallido del conflicto

Tal y como Occidente temía y no supo evitar, Rusia arrancó este lunes por la noche otro territorio a Ucrania. Vladimir Putin decidió romper la baraja y reconocer los territorios separatistas de Donetsk y Lugansk. Pone fin así a un proceso de paz en Ucrania que, aunque había logrado contener notablemente la sangría de muertes, no estaba ofreciendo a Moscú los réditos deseados. El líder ruso dio instrucciones para desplegar el ejército ruso en estos territorios rebeldes de Ucrania. Ordenó al Ministerio de Defensa ruso que envíe fuerzas "en misión de paz" a estas zonas de Donbass y también pidió a su ministro de Relaciones Exteriores que establezca relaciones diplomáticas con las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Las medidas entraron en vigor de inmediato, dijo el Kremlin.

El canciller alemán, Olaf Scholz, acordó con su colega francés, Emmanuel Macron, y con el líder de EEUU, Joe Biden, que la decisión no quedaría sin respuesta, según informó la Cancillería. "Biden condenó enérgicamente la decisión del presidente ruso Putin de reconocer la "independencia" de las llamadas regiones DNR y LNR de Ucrania", en una llamada con el presidente de Ucrania, Volodimr Zelenskiy, dijo la Casa Blanca.

Los acuerdos de Minsk, firmados en 2015 cuando Ucrania estaba acorralada por los combatientes separatistas y las tropas rusas, concedían un mayor poder a los territorios sublevados, donde Rusia tiene más capacidad de influencia. Lo firmado entonces no se ha cumplido y Rusia ha dado una patada al tablero que deja a Occidente descolocado y a Kiev ante el abismo de otro posible estallido del conflicto.

En un amargo mensaje nocturno a la nación, Putin se quejó ante las cámaras del comportamiento hacia Rusia de la Ucrania postsoviética. Acusó a los ucranianos de haber robado el gas ruso en el pasado y de usar la energía para chantajear a Moscú, acusando a los sucesivos líderes de Ucrania de querer "toda las cosas buenas de Rusia sin ninguna obligación".

Durante una larga charla en un despacho con varias pantallas, dos banderas de Rusia y un enjambre de teléfonos analógicos, Putin volvió sobre uno de sus traumas recurrentes, afirmando que el colapso de la URSS fue un "robo" para Rusia.


"La seguridad de Ucrania puede amenazar la seguridad de Rusia", denunció Putin en un salto al presente al calibrar las posibilidades de Kiev de acceder a la OTAN: "Es una cuestión de tiempo, y los riesgos para Rusia surgirán de una manera decisiva, ataques relámpago y ataques preventivos". Putin calcula que los misiles tomahawk "podrían alcanzar Moscú en 35 minutos, y los hipersónicos en tres minutos". "Nos engañaron diciendo que no iban a ampliar la OTAN", denunció Putin.

La medida puede trastocar los esfuerzos diplomáticos. El ministro de Exteriores ruso, Serguei Lavrov, dijo por la mañana que planeaba reunirse con su homólogo norteamericano Antony Blinken en Ginebra el jueves y mencionó que hubo algunos avances en las conversaciones con Occidente sobre seguridad. Pero Blinken avisó de que cualquier reunión sería cancelada si Rusia invade. La tensión es máxima en esa zona gris donde rusos, ucranianos y separatistas se tocan.

El reconocimiento de estas repúblicas supone una anexión 'de facto' de los separatistas armados de Donetsk y Lugansk, cuya subsistencia queda ligada a Rusia. La pregunta es ahora qué otro resorte puede buscar Putin para seguir condicionando la política de Kiev, que para bien o para mal pierde esos territorios definitivamente. En realidad, Moscú lleva años succionando estos dos estados fallidos: circula el rublo y Rusia ya ofrece pasaportes a los residentes de las dos regiones. Moscú asegura que ahora hay 800.000 ciudadanos rusos allí. Si son atacados los defenderá con las armas.

La decisión de Putin culmina una jornada de tensión directa entre Moscú y Kiev. Rusia dijo que los saboteadores militares ucranianos intentaron ingresar al territorio ruso en vehículos armados y provocaron cinco muertos, una acusación que Kiev catalogó como "noticias falsas". Al caer la noche, una potente explosión sacudió el centro de Lugansk, una de las dos capitales separatistas.

DRAMA EN EL CONSEJO DE SEGURIDAD

Horas antes de firmar el decreto junto a los líderes separatistas, Putin había preparado a los rusos para una decisión que aparta más a Rusia de Occidente y de su vecina Ucrania. En una reunión televisada de su Consejo de Seguridad, que normalmente se celebra a puerta cerrada, Putin volvió sobre sus habituales demandas sobre Europa central, e insistió en que no es suficiente que Occidente diga que Ucrania no estaba lista para unirse a la OTAN en este momento. Uno a uno, fueron desfilando por delante de Putin sus principales colaboradores: jefes de los servicios de inteligencia, ministros y otros cargos ligados a los servicios de seguridad.

Como en una coreografía, cada uno fueron poniendo sobre la mesa los miedos, argumentos, teorías y reclamaciones que Putin y su entorno llevan supurando durante las últimas semanas de tensión con Occidente. Todos empujaron al presidente a dar este paso sin vuelta atrás. Y cuando uno de ellos dudó, fue reprendido por el propio Putin ante las cámaras. Fue el director del servicio de inteligencia exterior (SVR) de Rusia, Serguei Naryshkin, el el único que tropezó al decir su papel cuando dijo que Rusia debería dar a los socios la oportunidad de dialogar y luego, si se daba el caso, reconocer su independencia. Putin lo interrumpió y pidió que hablase claro, reclamando todo su apoyo. Naryshkin, confundido y tartamudeando, rectificó pasándose de frenada: apoyó la anexión de los territorios a Rusia. Putin le tuvo que regañar de nuevo: "No estamos hablando de eso":

El primer ministro, Mijail Mishustin, habló con su habitual llana sinceridad: "Llevamos muchos meses preparándonos para la posible adopción de la República Popular de Lugansk y la República Popular de Donetsk". Nikolai Patrushev, el secretario del Consejo de Seguridad agitó los miedos contra Occidente "su objetivo es la destrucción de Rusia" y clamó que "no es el pueblo de Ucrania el que organizó

esto. Están siendo atemorizados y obligados a tomar este camino". El Gobierno ruso lleva semanas tratando de apartar a la UE de la negociación y Patrushev corroboró: "El único país con el que necesitamos tener negociaciones es Estados Unidos".

El ministro de Defensa, Sergei Shoigu, fue más allá diciendo que Ucrania, que renunció a las armas nucleares después de la independencia de la Unión Soviética, tenía un "potencial nuclear" mayor que Irán o Corea del Norte, en clara referencia a las recientes peticiones del presidente ucraniano de revisar su estatus nuclear.

Tanto la UE como EEUU han anunciado sanciones. Biden firmará "pronto" una orden ejecutiva con sanciones económicas para las autoproclamadas repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk.

(“El Mundo”, 22/02/2022)

…

Tiempo ha, desde que la Rusia de Putin invadió sin obstáculos la península de Crimea ante la impotencia del gobierno de Ucrania y la falsa reacción (ineptitud) de Occidente, tiempo ha, repito, en que he venido pensando y diciendo que, tal como actuaba el sátrapa ruso y como (no) actuaban los países democráticos de Occidente, pronto o tarde Rusia seguiría expandiéndose hasta ir, poco a poco, adueñándose de territorios de Ucrania, probablemente con el ánimo de hacer propia la nación del Dniéper, que tanto dolor les causa desde que salió de la órbita de Moscú.

Bien cierto que Putin es chiquito, pero bien matón, y cual avezado jefe de espías soviético, ha ido planificando ante la incalificable lenidad de la NATO y la timorata observación de la Unión Europea, con más miedo que un ratón a un gato.

La gran verdad es que la nación ucraniana viene siendo una realidad prendida con alfileres, con dos partes bien diferenciadas cultural y económicamente, y en la que las semillas de la oligarquía rusa se han ido adueñando poco a poco de la realidad social y económica, protegiéndose con una galopante corrupción de todo orden, que ha generado el rechazo de Occidente y la indefensión de las clases ucranianas emergentes.

Los países occidentales no han querido saber casi nada de Ucrania, amparándose (es verdad en parte) en que las ayudas económicas se diluyen en manos de los remanentes jerarcas pro rusos, sembrantes de mafias poderosas, pero también es cierto que el monstruo de la Unión Europea (ella misma cuarteada) bastante está teniendo con sobrevivir.

Y mientras tanto, la faceta defensiva, que debería corresponder a la NATO, ha quedado abandonada en Ucrania, porque los dirigentes estadounidenses bastante tenían con escaparse de las guerras de

Afganistán y otros países, amén del miedo a pringarse en nuevos conflictos, máxime cuando algunos dirigentes (Trump el más señalado) han montado histéricos planteamientos de “América lo primero” (“América the first”).

Como además después de la cuasi pacífica invasión de Crimea, quedó sembrada la lucha en la zona oriental, sobre parte de las regiones u oblast de Donbass y Lugansk, los sucios negocios de los magnates de la venta de armas seguían prosperando y el país se sumergió en una lucha absurda de desgaste, que lo único que generó y ha generado ha sido miles de muertos.

En ese ambiente, comprobada por Putin la indudable debilidad de Occidente y la NATO para proteger a Ucrania, no le ha sido demasiado difícil planificar lo que ya está comenzando a ejecutar, cual es “recobrar”, como mínimo, las zonas de influencia rusa, en las que la lengua y las costumbres son menos occidentales.

Podría decirse que todo el territorio situado al norte del río Dniéper (y algo más) sigue estando en riesgo de que, paso a paso, año tras año, Rusia, con el zar Putin al frente, vaya quedándose lo que le interesa.

Causa pena, mucha pena; y causa irritación, mucha irritación, comprobar que Rusia hace lo que le da la gana porque le conviene; que Occidente amenaza con represalias que muchas veces dan risa; que el gobierno ucraniano quiere, pero no puede; y que en ese río revuelto los mafiosos oligarcas rusos y ucranianos consolidan su enorme negocio y amasan sus grandes fortunas, que expanden por todo el mundo.

El pueblo ucraniano pareció reaccionar cuando el desalmado y sinvergüenza de Víktor Yanukovich tuvo que salir huyendo cuando las manifestaciones del año 1994 le cercaron y le obligaron a escapar con los bolsillos bien forrados.

Pero quienes con el tinte de demócratas pro-occidentalista asumieron el control del país sucumbieron víctimas de sus propias ineptitudes y del poder de facto de las mafias oligárquicas, ya se vió que poco futuro podía tener Ucrania sin una real y efectiva incardinación en Occidente, que se solicitaba por el gobierno, pero que lastraban los magnates para que no mermara su control y poder.

Así ha llegado al momento presente y los augurios no pueden ser más sombríos, ya que Putin solamente se

Alea jacta es

detendrá cuando se enfrente a un poder igual o superior al suyo, con menos temores y mayor efectividad, y si las amenazas de sanciones muy duras se aplican, ya buscarán sus acólitos y sus organizaciones, amparadas en su enorme potencial económico,  la manera de sobrepasarlas.

No tengo la menor confianza en que la actual crisis evolucione para bien, sino todo lo contrario, porque, conociendo al pacífico, culto y sacrificado pueblo llano de Ucrania, se seguirá soportando, como durante tantos años de la URSS, la opresión social y económica.

En fin, que lo que tenía que pasar, pasó.

Mucho decir “¡Que viene el lobo!”, hasta que llegó de veras y todos quienes debieron tomar medidas se quedaron cacareando. Y los ucranianos sin plumas.

¡Que Dios bendiga a Ucrania!

¡Porque otras ayudas parecen inalcanzables!

“Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

20 enero 2022

El conflicto Ucrania vs. Rusia: Sigue la tensión entre Occidente y Rusia. ¡Que viene el lobo!

Desde que Rusia, por orden del avieso Vladimir Putin, ocupó “manu militari” la península de Crimea (que, no olvidemos, había sido “regalada” por Krushchev a su país, Ucrania, varios lustros antes), se han venido sucediendo escaramuzas y acciones bélicas en las fronteras entre las dos naciones, principalmente al nordeste de Ucrania, junto a las regiones de Donbass y Lugansk, no solamente ruso parlantes sino también culturalmente muy vinculadas desde antaño a Rusia.

Así, en la parte rusa se instaló una fuerza armada sin signos identificativos, pero con materiales de clara fabricación rusa, que comenzó a hostigar a las fuerzas ucranianas – más débiles y no demasiado bien dotadas— que  hacían como que defendían los lindes de la nación del Dniéper, creando casi continuamente incidentes armados y obligando a las arcas de Ucrania a un enorme gasto militar para tratar de contener lo que se anunciaba y es como un la amenaza y tal vez un claro intento de invasión por el vecino del norte, especialmente de los oblast de Lugansk y Donetsk.

En conflicto, la “sorda” guerra, fue reproduciéndose con bajas humanas para ambos lados, y daños materiales en la parte ucraniana, y hasta para terceros (no se olvide el derribo del avión de Malaysian Airlines abatido sobre territorio ucraniano por un misil de fabricación rusa lanzado en la región de Donbass), en una continua política de desgaste, que ha sucedido al derrocamiento del pro-comunista Viktor Yanukóvich, un sátrapa ucraniano “amigo” del vecino norteño, y que actualmente sigue refugiado en el país que fue de los zares.

Así, peor que mejor, han ido pasando los años y Putin, el peligroso “Maquiavelo” ex KGB soviético, ha seguido manteniendo la presión para intentar desangrar a lo que en su día fue la república socialista de Ucrania.

Mientras tanto, Crimea ha sido “colonizada” para

Rusia, creando un “sin vivir” a la población de origen ucraniano, aunque, eso sí, aumentando el disfrute para la opulencia rusa y ucraniana, que sigue disfrutando de la península el Mar Negro como hacía antaño, antes del regalo de Kruschef.

Los diferentes gobiernos de Kiev han ido sorteando la esquilmación de sus arcas en esa pseudo guerra sin fin, mientras imploraban  a las naciones democráticas y consolidadas de Occidente (entiéndase Unión Europea ,NATO y USA) su apoyo y presión a Rusia, no solamente para la utópica devolución de Crimea, sino especialmente para la protección y el cese de la real amenaza de las milicias pro-rusas que hostigan la paz en el este.

Sin resultado, claro, porque, amparándose en la galopante corrupción de Ucrania y en su falta de desarrollo económico, los occidentales han venido

dando “palmaditas en la espalda”, sin acciones concretas y efectivas, inclusive con la reunión en Minsk, Bielorrusia, en la que pareció establecerse un protocolo de pacificación que fue incumplido ya antes de crearse.

Y ahora, como Rusia, “lobo hambriento”, comprueba que Ucrania no solamente no mejora sus posiciones pre bélicas y económicas, sino que no acaba de lograr el decidido apoyo de los países que dicen ser sus aliados (pero en voz no muy alta), busca excusas de cualquier clase y calibre, llegando a amenazar de manera clara con que si Ucrania se integra en la NATO, o esta organización se involucra más activamente en defensa y beneficio del país ex soviético, invadirá las

regiones semi ocupadas por las guerrillas.

En fin, que Occidente se comporta con debilidad y titubeos frente a la calculada maniobra de Putin y con su debilidad brinda estímulos a éste para que siga programando lo que pretende: incorporar a Rusia las regiones que, más o menos, están ocupadas por las guerrillas que le son satélites, consolidando para siempre (si es que no lo hubiera logrado ya) la “reconquista” de Crimea.

Causa pena, sin duda, ver cómo el gobierno ucraniano trata de sobrevivir y sobreponerse a las amenazas que penden sobre el país, pero irrita y llega a indignar esa doblez acobardada de los países que dicen proteger.

No cabe duda de que en modo alguno es deseable una guerra en la zona de conflicto, pero tampoco es discutible que cuando el “lobo” comprueba que “las ovejas” están sin protección, maquina para atacar y devorar.

¡Qué le vamos a hacer! La relajación, el acomodamiento, el falso refugio en el pacifismo por parte de Occidente, está propiciando que, pese a quien pese, en poco tiempo el “lobo” Rusia y su dueño, el peligroso Putin, realicen una acción relámpago y den el mordisco que les interesa.

Porque el sueño de la “gran Rusia” cada vez se incremente más en el “futuro zar” Vladimir Putin, ansioso y obsesionado por extender sus “dominios” a

lo que fue el dominio de los zares, buena parte del cual aun conserva, pese aparentar falsas democracias. Que lo diga si no el régimen “autocrático” y dictatorial de Bielorrusia.

Me temo que va a repetirse lo del cuento de “Pedro y el lobo”, y que pese a tanto aviso de que el depredador va a llegar, como casi nadie repara en ello, al final el lobo cazador “se zampe” la oveja ucraniana.

 ¡Ojalá me equivoque!

“Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras” Cicerón    (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político romano.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

23 febrero 2018

Ucrania sigue sin terminar la guerra ni administrar la paz

"Ucrania, cuatro años después del Maidan: los cambios cuestan más que la revolución.- Pocos países han sido tan fértiles en revueltas y tan poco fructíferos en cambios como Ucrania. Pero poco a poco, algunas cosas empiezan a mejorar pese a una guerra que no termina

(22.02.2018 – JAVIER C. ESCALERA, en “EL CONFIDENCIAL”)
La palabra Rusia nunca había cotizado tan bajo en esta antigua república soviética llamada Ucrania: bancos rusos y centros culturales del país vecino son apedreados con frecuencia, los gentilicios rusos pierden su sitio en el mapa, la política se envuelve en la bandera e idioma ucranianos, intentando en vano rebajar el tono de los contrastes del país. Cuatro años después de la revuelta de Maidan en Kiev, Rusia es una extraña, pero Europa no queda tan cerca como se esperaba.
Ucrania no puede haber tenido más revoluciones y menos cambios. Las élites empresariales han sobrevivido a los líderes políticos, que a su vez se reencarnan en élites a la espera de una segunda o tercera vida.
Casi nadie recuerda que hubo un primer Maidan en 1990, cuando estudiantes descontentos con la mayoría comunista en el parlamento tomaron la plaza central, que desde entonces da nombre a cada nueva revuelta. Ese intentó cayó en el olvido porque, aunque precipitó la caída del régimen soviético, transportó al país de una tiranía a otra: de los jerarcas de la hoz y el martillo a los del capitalismo de rapiña y pillaje. Los ucranianos lo siguieron intentando y repitieron la gesta en 2004, esta vez con mayor resonancia mundial: lo llamaron la Revolución Naranja, y ahí fue la clase media naciente en las ciudades la que se interpuso ante el fraude electoral, posibilitando que la oposición ganase las elecciones.
Las reformas no tuvieron el alcance esperado, y las mismas elites se reacomodaron en su sitio. Pero las expectativas de cambio no dejaron de crecer, y así es como diez años más tarde cristalizaron en el llamado Euromaidan. Su detonante fueron los frustrados sueños europeos de parte de la población, pero acabó en un alzamiento nacionalista que depuso al presidente y contribuyó a una fractura del país nunca vista.
Pesimismo es una palabra demasiado grande para el momento presente. El país sigue siendo el mismo de siempre, pero los nubarrones se mueven. “Lo que se puede encontrar ahora en Ucrania es un equipo de políticos que ejecuta nuevas políticas gubernamentales con la ayuda de herramientas y estructuras viejas”, explica Ostap Kushnir, autor del ensayo ‘Ucrania y el neo-imperialismo ruso’. A pesar de las dificultades, hay logros en el haber del gobierno: “El más importante, la supervivencia de Ucrania como país” a pesar de “los ataques externos y las inestabilidades internas”.

Una Ucrania más occidental

La guerra ha rebajado algunas expectativas, pero la vida sigue y “Ucrania ha dejado de ser vista sólo como un campo de batalla entre Rusia y Occidente, o como un país subsidiado de Moscú que
temporalmente ha salido de la órbita rusa”. En el campo de lo concreto, el Tratado de Asociación con la UE y el acuerdo para la liberalización del régimen de visados son dos éxitos anunciados hace demasiado pero alcanzados al fin: “A largo plazo, estos cambios han cambiado la orientación de Ucrania, moviéndola hacia el oeste”, opina Kushnir.
A esto se suelen contraponer los problemas de identidad: las intensidades nacionales distintas de este a oeste y las opciones lingüísticas distintas por todo el país. La escritora Anne Applebaum, autora del libro sobre Ucrania 'Hambruna roja', cree excesivo cuestionar, como se ha hecho, que estemos ante un país de verdad: “No creo que Ucrania sea más artificial que cualquier otro estado. ¿España es "artificial" porque Cataluña tiene un idioma diferente? ¿Es Gran Bretaña artificial? Dado el tipo de presión ejercida sobre el país en los últimos años, en realidad es sorprendente lo bien que lo ha sobrellevado”.
Para Ruslan Minich analista de Internews Ukraine, la de 2014 fue, de nuevo, otra “revolución sin resultados revolucionarios”, aunque sus logros “son mayores que los de las anteriores”, porque ahora el país “es más democrático” y la sociedad civil “tiene más peso a la hora de presionar a favor de las reformas y en contra de la corrupción”.
La resaca revolucionaria es muchas veces sonrojante. Activistas de partidos ultranacionalistas ucranianos conmemoraron este cuarto aniversario de las movilizaciones de Maidán con una manifestación y ataques a varios edificios rusos, entre ellos la sucursal de Sberbank, la gran entidad bancaria estatal de Rusia. También rompieron las ventanas de Alfa Bank y del Centro de Ciencia y Cultura rusa.
“Lo que el gobierno ha hecho particularmente mal es no saber estabilizar una sociedad en ebullición y convertirla en un activo del país”, critica Kushnir.
La primera baja política del año ha sido una estrella extranjera invitada cuya luz ya se apagó el año pasado. El expresidente de Georgia Mijail Saakashvili no podrá entrar en Ucrania (donde llegó a gobernar la región de Odesa y a ejercer de líder opositor tras romper con el gobierno de Kiev) al menos hasta el año 2021. Saakashvili, tras varias escaramuzas con la policía, fue interceptado el 12 de febrero en Kiev y expulsado en cuestión de horas bajo el argumento de que se encontraba en el país de forma ilegal. El presidente, Petró Poroshenko, le había retirado la ciudadanía en julio de 2017.
La agitación sigue. Miles de manifestantes antigubernamentales salieron este domingo a las calles de Kiev, la capital de Ucrania, para exigir la destitución del presidente ucraniano, que a su vez acusa a Saakashvili de intentar organizar un golpe patrocinado por los aliados del expresidente ucraniano Viktor Yanukovich, respaldados por Rusia.

Una guerra sin solución a la vista

Pero de todas las asignaturas pendientes, es la guerra la más sangrante, en el sentido literal de la palabra. Rusia propuso el pasado septiembre en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desplegar una misión de paz de la ONU en el este de Ucrania, donde desde aquel convulso 2014 se
enfrentan las tropas de Kiev y los separatistas prorrusos impulsados por Moscú. La canciller alemana, Angela Merkel, y Poroshenko analizaron esta semana en una conversación telefónica las perspectivas para una posible misión los Cascos Azules en Donbas, la salida de los oficiales rusos del Centro Conjunto de Control y Coordinación y el intercambio más rápido posible de todos los prisioneros a ambos lados de la línea del frente. Pero los separatistas ya no son una fuerza uniforme, como se hizo evidente en un fallido golpe en Lugansk en noviembre de 2017. Moscú tiene que esforzarse periódicamente para poner orden.
Los acuerdos de Minsk, alcanzados en septiembre de 2014 y febrero de 2015, prevén un cese del fuego, la retirada del armamento pesado de la línea de contacto, intercambio de prisioneros y elecciones locales, entre otras medidas. Pero Poroshenko acaba de firmar una controvertida ley sobre el regreso de la región de Donbas a la soberanía de Kiev. Aprobada en enero por la Rada Suprema (Parlamento ucraniano), esta ley cataloga ese territorio como "ocupado" y otorga al presidente ucraniano el derecho a enviar al ejército a la zona en tiempo de paz para asegurar la soberanía del país. Esto confirma la intención de Kiev de resolver la crisis por medio de la fuerza, según el representante ruso para el conflicto en Ucrania, Boris Grizlov. En todo caso, aquellos que quieren serrar los dos territorios controlados por los separatistas con ayuda Rusia en el este de Ucrania parecen tener la iniciativa ahora.
¿Será algún día posible para Kiev volver a conectar
con esas regiones del este, una tierra dolida por las bajas civiles y recelosa de un nacionalismo ucraniano que le es ajeno? Para Kateryna Zarembo, autora del libro sobre la juventud ‘Ukrainian Generation Z’, el norte de su país es el nuevo oeste. Desde su oficina de Kiev ha impulsado encuestas por todo el país para saber cómo piensan los ucranianos del futuro, los que ahora están estudiando y buscando su primer trabajo. “En respuestas a muchas preguntas, la juventud en el norte parece ser mucha más prooccidental, proeuropea, proucraniana y antirrusa que en oeste”.
En concreto, en el norte y en el oeste es mayor el porcentaje de jóvenes que se consideran completamente europeos, pero en Ucrania en general la apatía juvenil respecto a la política sigue siendo más alta que en otros países: un 45% de los jóvenes votó en las elecciones de 2014, mientras que en Polonia, Hungría y República Checa estos porcentajes son del 60%, 50% y 70% respectivamente. “El 95% se considera de nacionalidad ucraniana, aunque las diferencias en cuanto a la lengua persisten”. El uso del ucraniano
está creciendo, pero el ruso es la lengua principal para tratar con la familia y el entorno tanto en el este como en el sur.
Algunas piezas del puzzle empiezan a encajar. Pero el suelo ucraniano es tan fértil en cosechas como en revueltas, y un nuevo temblor nacional puede rasgar la convivencia, prendida por los alfileres de la idea de ‘patria en peligro’ y el instinto de supervivencia.”
…

Ya hace tiempo que no escribo sobre Ucrania y su realidad, no porque no haya más que sobrados motivos para dedicarle comentarios a ese para mí querido país, sino porque otros temas, curiosamente también relacionados con el separatismo (el catalán, en esta España nuestra) me han afectado más de cerca, y he optado por tratar aquello que me quedaba más a mano. 
Vaya por delante que mantengo contacto con instituciones, empresas y personas del país del Dniéper, y no dejo de estar sorprendido del curioso equilibrio que se mantiene en una nación que tiene en su extremo nordeste (el más próximo a Rusia) una guerra permanente, que ha desembocado en una práctica secesión de las regiones de Donbass y Lugansk (o de parte de ellas), que, amparadas en unos supuestos deseos independentistas, están sujetas a la influencia y suministro de armamento y medios desde los territorios rusos. 
Esa guerra, no larvada, sino real, existe, pero el
resto del país, sin olvidar el conflicto, hace como que no lo tiene en cuenta, pese a la sangría que implica en su economía, en la que ni se sabe la ingente suma que se dedica a armamento y a necesidades del ejército. 
El pueblo ucraniano, curtido en mil adversidades a lo largo de su historia, invadido muchas veces por el este y por el oeste, por el norte y por el sur, ha ido adquiriendo lo que podría denominarse una “mala salud de hierro”, y va sobreponiéndose de forma continua a los extremismos que en su seno se generan por esas situaciones conflictivas y a las carencias y escaseces que las penurias económicas le suponen. Es, parece que piensan los ucranianos, su sino en la historia. 
Pero la realidad es que ese pueblo, admirable por su sensatez y su cultura en general, ya estaba en los tiempos del control de la URSS soñando con la Europa del Oeste, y, al alcanzar su independencia, pese a los intentos de mantenerle en la órbita comunista, degustó las mieles de sentirse occidental y desasirse de esa Rusia cuasi imperial que ha desembocado en el reino zarista de Putin. 
Y a fe que, poco a poco, Ucrania ha ido prosperando, no solamente en lo económico y en lo social, sino en el bienestar, que mucho hay que recordar cuando para entrar a la nación se requería una Visa, y para desplazarse los ucranianos a Europa precisaban el tormentoso y difícil proceso de obtener una “Visa Schengen”. 
Actualmente, ni para entrar ni para salir a y de Ucrania se necesita ese visado que tantas zozobras ha causado, y la realidad es que los ucranianos emigrados a Europa no han causado prácticamente ningún problema en la Unión Europea, a diferencia de tantos otros oriundos de países de credo islámico o de territorios segregados de la ex Unión Soviética. Es más, los ucranianos son un gran ejemplo de integración en las sociedades de occidente a las que emigran, porque conservan sus hábitos y tradiciones pero se amoldan al modo de vida de su destino.
Por tanto, Ucrania ha mejorado en ese aspecto de
mejor economía y mejor convivencia, pero se ha quedado enquistada en la inmadurez que supone su propia diversidad, ya que las regiones del norte y del este son de cultura predominante rusa, las del oeste no pueden ocultar (hasta en el idioma) la querencia hacia Polonia y países occidentales, y en el sur, la mezcla de influencia rumana y húngara es indudable. 
Dentro de poco proyecto realizar mi acostumbrado viaje en los tiempos de la Pascua, y espero confirmar in personam lo que casi a diario percibo en el contacto con la familia, los amigos, las empresas y las instituciones del entrañable país del Dniéper, de los Cárpatos, del Dniéster y del Prut, del mar de Azov y del mar Negro, y hasta de la arrancada (¡ay, dolor!) Crimea. Y hasta del denostado y semiocultado
Chernóbyl.
Mas entre tanto, no puedo sustraerme a la realidad que sigue presentándose de esta Ucrania que ha sido capaz de superar tantas distorsiones sociales, económicas y étnicas, pero está siendo tan incapaz de alcanzar la estabilidad que sirve la paz. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA