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26 septiembre 2017

Esta España nuestra: Lo que no se ha hecho en Cataluña.- Puigdemont, un tolerado iluso totalitario y falso visionario. ¿Quo vadis, Catalonia?

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“PUTSCHDEMONT
(24.09.17, en “El Blog de Javier Orrico”, en “Periodista Digital”)
Putsch
significa, en alemán, golpe de estado. Y golpe de estado significa en español levantamiento contra la legalidad instituida para transgredirla y sustituirla por una nueva legalidad al servicio del grupo golpista.
En 1923, Adolfo Hitler, acompañado de sus secuaces del NSDAP (Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán), tomó una cervecería de Múnich en la que estaba dando un mítin el gobernador de Baviera y proclamó: “Ha empezado la Revolución Nacional”. Y así, según sus planes, una vez que Baviera se hubiera convertido en su feudo, avanzar desde allí hacia Berlín. Como había hecho Mussolini, también socialista y nacionalista con su “Marcia su Roma”, la Marcha sobre Roma que lo llevó al poder en Italia.
Hitler era un revolucionario nacionalista, socialista y anticapitalista, que a veces se nos olvida, lo que nos impide advertir las nuevas manifestaciones del nazibolchevismo (mismos métodos, mismo desprecio a la legalidad, misma concepción del hombre como pieza insignificante frente al poder del Partido, único Dios, única Ley) que cada cierto tiempo reaparecen por aquí.
La justificación de aquel golpe, que desde entonces se conoce como el Putsch de Múnich, era el trato humillante y las millonarias compensaciones de guerra que el Tratado de Versalles había impuesto a Alemania, y que eran la causa de la pobreza y el hundimiento del pueblo alemán. Como la pobre Cataluña “de la pérgola y el tenis”. 
Afortunadamente, las autoridades reaccionaron un poquito y Hitler acabó en la cárcel, condenado a cinco años, de los que sólo cumplió nueve meses. Si lo hubieran condenado a veinte años, y los hubiera cumplido, Europa se habría ahorrado cincuenta millones de muertos. La debilidad del Estado democrático es siempre el principal nutriente de los golpistas y la causa de los males posteriores.
Por supuesto que Puigdemont no es Hitler. Pero es un tipo que se plantó hace unos días en el Parlamento catalán, declaró derogada la legalidad vigente, saltándose todos los procedimientos, garantías y derechos de la oposición y del resto de los españoles, y proclamó una nueva legalidad sin Resultado de imagen de puidemontmás apoyo que el de su grupo político y la programada y violenta ocupación de las calles. En fin, que se declaró independiente, puesto que ya no aceptan las leyes del Estado del que, así, se consideran ajenos. Como he escrito ya muchas veces, la convocatoria del referéndum era, por sí misma, un golpe de Estado y una declaración de independencia, puesto que sus cojones, con perdón, ya no admiten otra ley que la que ellos mismos se han auto promulgado. 
No hace falta que se asomen al balcón de la Generalitat como Companys en el golpe de estado contra la República de 1934 (¿cuántos de los que hablan de memoria histórica ocultan o ignoran que este no ha sido el primer golpe del nacionalismo catalán?), porque la independencia ya ha sido proclamada. 
Y, por supuesto, Puigdemont no es Hitler. Pero es un nacionalista, como Hitler, se apoya en los anticapitalistas y los nuevos comunistas (si Carrillo o Gerardo Iglesias vieran al líder de Izquierda Unida apoyando a éstos, antes de irse un mes de vacaciones a Nueva Zelanda y declarar que eso es lo normal entre los españoles –lo que, por cierto, de ser verdad, dejaría sin la menor razón de ser a la izquierda en pleno-, supongo que entrarían en un convento), además de en el racismo supremacista de quienes se consideran mejores y superiores al resto de españoles (“españoles subhumanos” es una de las pintadas que se pueden leer desde hace tiempo en las calles de Cataluña y en los foros de la red), y que constituye uno de los ingredientes esenciales del movimiento nacionalista desde sus orígenes. 
Además, las razones esgrimidas son muy similares a las del nazismo, el maltrato a la nación alemana (o catalana), sólo que si las compensaciones impuestas en Versalles a Alemania eran asfixiantes, a la ‘humillada’ Cataluña, una de las regiones mejor tratadas por el Estado y con mayor PIB de España, lo único que le ha hecho la “potencia ganadora” de este Versalles nuestro de la señorita Pepis ha sido financiarla sin límite. Igualito que a la Alemania de 1923.
Resultado de imagen de junquerasHablar de represión y de presos políticos, como ha hecho el siniestro Pablín Iglesias; escuchar a Ada Colau llamando a la sublevación contra, entre otros, los alcaldes socialistas (el partido que la tiene al frente de Barcelona) que han resistido a su señalamiento, método criminal de todos los totalitarios; oír a Iceta, después de haber sido apedreado, y a toda la tontería ‘progresista’ haciendo llamadas al diálogo con los golpistas; escuchar al PSOE apoyar al Gobierno, pero culpar al PP de una situación de la que ellos, vía ZP, son los responsables principales; saber que hay tanta gente en el resto de España que, por simple odio, están con los separatistas que los desprecian; en fin, leer el comunicado del F.C. Barcelona en apoyo del golpe, y que siga teniendo seguidores, no produce sino hastío. Supongo que con Tejero lo que debería haber hecho el Gobierno era sentarse a dialogar. 
Yo debería estar escribiendo contra Rajoy por no haber encarcelado a Mas tres años atrás. O por no haber aplicado el artículo 155 hace ya mucho tiempo. O por no haberse atrevido a tomar las riendas de la situación tras el atentado de Barcelona. Pero ante el putsch es el momento de estar con el Estado, con el Gobierno, con la Justicia y con la Ley” 

Con toda la que se avecina para el próximo 1 de Octubre, y con la que estamos viviendo en los días anteriores, y…con la que nos caerá encima después, muchas veces las gentes de normales se preguntan, como lo hace el autor del post que precede, sobre qué es lo que ha fallado para que nos encontremos con el sorprendente, inadmisible y parece que irremediable esperpento social-jurídico-político que nos brinda y nos forzará a presenciar una facción no mayoritaria del pueblo de Cataluña. 
Resultado de imagen de sanchez y podemosMucho se ha escrito y mucho se escribirá sobre las causas, evolución y remedios del problema, pero la verdad es que ningún político ni ningún politólogo no nacionalista catalán ha sabido o podido hallar la solución al problema. De una parte, el PP, que casi es lo mismo que el gobierno de la nación, se viene amparando (tarde y mal) en la constitución, en el estado de Derecho y en muchas grandes verdades de la realidad política española, pero no ha sabido desde hace mucho tiempo alcanzar una relativa armonización de posiciones con las otras fuerzas políticas españolas que ahora, también tarde y mal, no han tenido más remedio que asociarse a las grandes líneas (en la letra pequeña siguen yendo a la suya) de las actuaciones enervatorias del intento independentista de Cataluña. 
Los socialistas, con ese sinvergüenza (no conoce el recato) de Pedro Sánchez, juegan a todas las bandas posibles, intentando, por un lado, torpedear al partido en el gobierno, y por el otro, escaparse del ébola que les significa el “P(j)odemos” de Pablo Iglesias, que va  a la suya, pero sin separarse demasiado de las líneas de los socialistas, para ver si se les roba algún voto. 
Y aparentemente más cerca del gobierno están los Ciudadanos, de Rivera,, pero como reza el dicho valenciano del Matalafer, “ni fa ni deixa fer” (ni hace ni deja hacer), porque en unos temas apoyan a la oposición en propuestas muchas veces inútiles y en otras apoyan al gobierno, porque en otro caso se quedarían sin presencia. 
Resultado de imagen de rajoy y cataluña independiente“Los unos por los otros, y la casa Cataluña sin barrer”, porque mientras se discutía sobre si eran galgos o podencos, los astutos independentistas catalanes, han sido capaces de limar transitoriamente sus grandes diferencias y aglutinarse en la celebración de un referéndum a todas luces ilegal, y en unos cambios legislativos que prescinden de las más elementales reglas del Derecho político, buscando una revolución desde una evolución revolucionaria totalmente ilegal y falseada. 
Han sido la dispersión y la irresponsabilidad de las fuerzas mal llamadas “constitucionalistas” las que ha permitido y abonado la vergonzosa farándula catalana, en la que parece que todo lo que conviene a los más activos es lo correcto y lo demás resulta deleznable. 
¡Ahí es nada la Guardia civil encerrada por unos miles de antisistema y alborotadores extremistas, mientras los “mossos d’esquadra”, politizados, hacían oídos sordos y ojos ciegos! Dicen que fue por no exaltar más... Cinismo se llama eso.
Resultado de imagen de mossos y el referendumSe dirá que actuar con excesiva dureza propiciará la reacción violenta, y parece que, aunque tarde y mal, se está desplegando alguna energía desde el gobierno español, pero sigue habiendo en derredor esa tibieza socialista (recuérdese todo lo que viene diciendo ese amanerado –por no decir otra cosa— de Iceta) y la veleidad de un Albert Rivera que es todo menos un enlace con el catalanismo razonable. 
Nos quedan Puigdemont, Junqueras, la “chiquita pero matona” Carme Forcadell, y esa pléyade de alcaldes independentistas (siervos del poder que les alimenta) que les apoyan, PORQUE NO TIENEN MÁS REMEDIO, ya que hay que tapar a toda costa tantas tropelías de los que han venido controlando Cataluña como si fuera su masía.
Ya veremos en qué acaba esto, pero no se vislumbra buen final. 
¡Ah! Y como los Pujol y Artur Mas no habían expoliado bastante, ahora piden que por colecta ciudadana se les pague las multas que merecen del Tribunal de Cuentas de España.
¿Quo vadis, Catalonia? ¿Quo vadis, Hispania?
Resultado de imagen de quo vadis cataluñaPues… probablemente volver a la inestabilidad, al trueque insano de votos, a los pactos extraños, a más corrupción por doquier, para que, al final, como en la novela, los ciudadanos acabemos "crucificados", porque "pagar el pato" seguro que lo pagaremos...
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

12 enero 2016

Después del esperpento de Cataluña: ¿Nuevo gobierno español en el Puerto de Arrebatacapas?

“España hace tiempo que se desvanece
El llamado consenso de la Transición alumbró un marco institucional perverso y disfuncional, marcado por la arbitrariedad y la corrupción. Un sistema que, carente de unas reglas del juego correctas y de los más elementales mecanismos de control que garantizasen el funcionamiento neutral de las instituciones, devino rápidamente en el latrocinio y el caciquismo. Dentro de este despropósito, el modelo territorial jamás desentonó. Se concibió como un modelo caótico, donde la descentralización carecía de límites y cualquier competencia era susceptible de ser transferida a la administración local de turno. Característica que sirvió como moneda de cambio a la hora de negociar pactos de gobierno entre las fuerzas políticas estatales y los partidos nacionalistas, lo que ha dado lugar a una descentralización tan extraordinaria que la nación española se ha diluido dentro de sus propias fronteras.
Las castas locales han tomado buena nota de la mera virtualidad de las instituciones españolas, de la ductilidad de la Ley y de la debilidad e inconsistencia temporal de los sucesivos gobiernos
Aunque ciertamente sea en Cataluña donde la usurpación territorial está en trance de consumarse, hace tiempo que otras regiones avanzan en la misma dirección. La lógica del sistema así lo propicia. Ocurre que las castas locales han tomado buena nota de la mera virtualidad de las instituciones españolas, de la ductilidad de la Ley y de la debilidad e inconsistencia temporal de los sucesivos gobiernos. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el pancatalanismo lleva tiempo progresando sin impedimento alguno gracias a la desidia de nuestros gobernantes, a la partidización de las instituciones, a la consiguiente corrupción y a los dineros provenientes de la Generalitat de Cataluña, que trabaja para extender su ámbito de influencia con la
mirada puesta en futuras anexiones territoriales.
Lo mismo sucede en otras regiones, en las que cada día que pasa la identidad española se vuelve más testimonial. Los organismos oficiales, administraciones e instituciones son estrictamente locales, sin rastro alguno de su vinculación con el Estado español. El discurso en numerosas universidades y otros estamentos culturales es de naturaleza claramente regionalista cuando no nacionalista. Se va relegando el castellano como idioma oficial y surge, instigado por las castas locales, un sentimiento de rechazo hacía la idea de España.
Para deshacer lo andado, una reforma territorial de corte federalista no sirve. Ésta sólo significaría un afloramiento del statu quo alcanzado por las castas locales y, muy posiblemente, no sólo no frenaría el proceso de disgregación sino que actuaría como incentivo. El mal va más allá del modelo territorial consagrado en la Constitución: está en la raíz misma de un modelo político, donde el control del Poder se limita a la celebración elecciones cada cuatro años, donde los partidos son estructuras cerradas que sirven a sus propios intereses, donde la ley electoral impide a los ciudadanos elegir de forma directa a sus representantes, donde la separación de poderes no existe, donde la Ley es papel mojado y la jurisdicción territorial mera entelequia.
Se hace necesario un proceso de refundación, una catarsis, que arranque desde la misma base constitucional y defina un nuevo sistema institucional neutral.
La solución pasa por la voluntad política de revertir, mediante una serie de profundas reformas en cascada, un marco político perverso donde casi nada funciona correctamente. Se hace necesario un proceso de refundación, una catarsis, que arranque desde la misma base constitucional y defina un nuevo sistema institucional neutral e impersonal dotado de los imprescindibles controles y contrapesos. Un proceso reformista que cambie las expectativas de las personas trasladando la convicción al conjunto de la sociedad de que el cambio es verdadero, rompiendo así la perversa inercia. Se trataría, en definitiva, de la instauración de una democracia completa, con las imprescindibles salvaguardas, que garantice la libertad, la prosperidad y la unidad territorial y, sobre todo, devuelva a los españoles –- y no a los territorios–- las competencias que siempre debieron pertenecerles. Difícil, muy difícil, sí. Pero en absoluto imposible. Pese a toda apariencia, pese a toda degradación real o imaginaria, la España real sigue estando ahí, bastante más entera de lo que sus numerosos enemigos piensan”
(De “Voz Populi”, 12/01/2016)
Después del espectáculo que ha supuesto la designación e investidura, por “digitalina” (de forma “dedocrática” por si alguien no alcanza a entenderlo) del Presidente de la Generalitat de Cataluña, la capacidad de sorpresa de muchas gentes, entre las que me incluyo, ya ha quedado consumida.
Resulta que los de la CUP, feroces antisistema, anárquicos. anti todo y mucho más, de repente, a veinticuatro horas de la expiración del plazo para una nueva convocatoria de elecciones autonómicas, se presentan renunciando a todo lo que llevaban más de tres meses proclamando, y “prestan” ocho de sus diez diputados para la investidura de un President gris y desconocido `para la mayoría, salido del “dedazo” del cacareado enemigo acérrimo e inadmisible de la CUP: Artur Mas.
Y este Artur Mas, que había proclamado con sonrisa hierática de paranoico y soberbio cacique, que él no
iba a plegarse a las presiones de la CUP, pues va y se aparta de todo el proceso de investidura y designa a un anodino independentista de Girona para que se presente a la elección, con el programa (cortar y pegar) que no le había sido admitido previamente.
Esperpento, puro esperpento.
Doblez y falta de honradez y de vergüenza de unos y otros.
Así, desde luego, ni se sustenta Cataluña, ni puede continuar esta España nuestra, tan atractiva y pero tan poco cuidada.
Sirve Cataluña de piedra de toque para una España que cada vez más se abroquela en dos grandes núcleos: la izquierda “anti todo”; y la derecha “menguante”; con algún que otro partido, color naranja, que zascandilea por ahí, repartiendo sus votos entre unos dioses y otros diablos.
¡Así no hay país que aguante!
Si han de gobernar las izquierdas, que lo hagan, pero en virtud de legitimidad democrática de las urnas; si han de mantenerse las derechas, que acepten su derecho los otros. Pero estos marasmos de ajuntarse y desajuntarse, de violentar los resultados electorales con pactos "anti natura", y driblar las verdades con frases más o menos ingeniosas pero carentes de base real, solo conducen al desmembramiento y a la desintegración.
El nuevo líder catalán se lanza a desdeñar al gobierno “en funciones”, como si él ya “funcionara”; y tratará de imponer por encima de todo --saltándose “a la torera” lo que le perturbe--, una independencia cocinada con “avecrem” del malo, porque ni siquiera se puede elaborar con buenas materias primas provinientes de buenas piezas democráticas.
Y ahora vamos  a asistir a situaciones “border line”, que parecen legales pero que vulneran la legalidad, a las que es dudoso que un timorato gobierno español como el que está en funciones aunque funciona poco, aplique soluciones contundentes de orden legal y judicial, porque priva más el futuro electoral que el bien de la nación.
¿Obedecerá la policía catalana las órdenes del gobierno de España? ¿Y el funcionariado, qué hará?
¿Se atreverá el gobierno español a suspender o limitar la autonomía de Cataluña?
¿Apoyarán los partidos no gobernantes las medidas del gobierno en funciones?
Es más fácil adivinar el “gordo” de la lotería que responder con acierto a esos interrogantes.
Estoy escribiendo en este blog desde hace bastante tiempo, con diferentes gobiernos al frente de la nación, que es necesaria una “refundación” democrática de nuestro país, basada en la negociación y el consenso.
Ello, empero, semeja inalcanzable cuando los azules se decoloran; los rojos se hacen más bermellones; los naranjas pierden su color; los morados expanden su tinte y dejan al descubierto neocomunismo a lo bolivariano; y la sociedad, harta de falsedades, dobleces y carencias, se escapa y adopta una postura de evasión, de abstencionismo.
Tal vez el problema resida en que no se han operado adecuadamente los cambios generacionales, y además los grupos sociales llamados a efectuarlos son tan descafeinados y están revestidos de tanto deseo de revanchismo, de tanto hartazgo, que falta la serenidad y la generosidad del entendimiento.
¿Ya ha llegado el lobo y va a comerse las ovejas?
Unos dicen que sí; otros mantienen que no pasa nada.
Mientras tanto, en Cataluña, un tal Puigdemont se esconde tras un flequillo alborotado para presumir de determinaciones independentistas; él que al menos en su familia es tan “integracionista” como que está casado con una rumana. Europa para todos y Cataluña solamente pera ella misma... ¡Vaya desvarío!
¡Que tiemble Rumanía! El día menos pensado Cataluña y Puigdemont le exportarán la independencia de Timisoara o de alguna otra zona.
Y en España, en la España nuestra de cada vez más de pandereta y castañuela, “los unos por los otros y la casa sin barrer”.
Propongo crear un gobierno que se instale en el Puerto de Arrebatacapas…
Allí los vientos soplan de veras y quien sobrevive sí que es fuerte y perdurable…como quisiéramos que fuera la actual democracia en nuestra nación.
Y además no hay tufos del hedor de la corrupción...
“Gobernar es pactar; pactar no es ceder” Gustave Le Bon (1841-1931) Psicólogo francés.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

10 enero 2016

Esta España nuestra: ¿Acaba la crisis catalana? ¿O es el preludio de lo que acontecerá en España?

Al Everest con alpargatas
“No se puede subir al Everest con alpargatas”, dijo ayer, tan suelto de pico como de costumbre, tan aficionado a las metáforas, el presidente en funciones de la Generalidad, y a fe que no cabe definición más ajustada para el proyecto independentista que este mesías de mentón enhiesto y cara de cemento armado pretende con la anuencia del 47,6% del voto escrutado el pasado 27-S, un tercio del censo electoral catalán o menos de 2 de los 7,6 millones de habitantes que pueblan Cataluña. La montaña del famoso prusés parió ayer un nuevo y divertido ratón con el nombramiento de uno que pasaba por allí, un tal Puigdemont, un salchichón convergente dispuesto a gozar de su minuto de gloria como nuevo presidente de la Generalidad por unos meses, más menos hasta que el amo de la cosa, ese virrey catalán que es don Arturo, le ordene de nuevo la vuelta a casa, en un perentorio “lárgate de ahí, que vuelvo a ponerme yo” al frente del negocio. El pequeño Putin catalán ha encontrado a su Medvédev. Basta ver cómo el susodicho, alcalde de Gerona, agradecía anoche el gesto de un Mas a quien está dispuesto a servir fielmente en la sombra o a plena luz del día, lo que sea menester, porque quien va a seguir mandando es Mas, quien va a seguir manipulando al muñeco, tipo Romeva, que los convergentes sacaron ayer del desván es Mas, que el chico, un periodista subvencionado de los muchos que pueblan Cataluña, no pasa de ser un empleado del capo di tutti capi.
Es verdad que el heredero de Pujol ha tenido que aceptar la derrota, tremenda humillación para su orgullo desmedido
Es imposible encontrar en el panorama europeo un personaje a quien sus fieles se entreguen en pleitesía comparable a la que el independentismo catalán rinde a Mas. Un culto a la personalidad, propio de régimen totalitario, equiparable al que Serbia dedicó en su día a Milošević, o la antigua URSS al siniestro Iósif Vissariónovich, alias Stalin. Es la identificación de Cataluña con Mas del imaginario nacionalista. Es el “Gràcies, president, per liderar i per perseverar” de Carles Puigdemont. Servilismo inaudito. Es verdad que el heredero de Pujol ha tenido que aceptar la derrota, tremenda humillación para su orgullo desmedido, que le ha impuesto la CUP al tener que hacerse a un lado, pero el sacrificio se antoja menor por lo dicho arriba y aún podría calificarse de mínimo ante la perspectiva de un adelanto electoral que hubiera resultado catastrófico para Convergencia o como ahora se llame, y naturalmente para su propio historial como padre de la patria catalana, un papel que hubiera sido arrastrado por el vendaval de ese Frente Popular de extrema izquierda que se dibuja en Cataluña a las órdenes de la maga Colau. La burguesía nacionalista evita, pues, in extremis unas elecciones en las que tenía todo que perder. No es mala jugada. Y no es menos patético el papelón de estas famosas, temibles, inmarcesibles CUP, a quien papá Doc acaba de administrar un tamayazo en toda regla, porque tampoco hay precedente en la UE para una operación en la que el Duvalier catalán tranquilamente birla dos diputados a un grupo parlamentario cualquiera y los mete, los absorbe, en el suyo propio porque así conviene a sus intereses.
Un partido que ha obtenido apenas el 13% de los votos catalanes el 20D ostenta, cabría decir detenta, un poder casi omnímodo en la región, ocupando la presidencia, la consellería en cap, la totalidad del Gobierno y la mayoría del Parlamento. Grande Mas. Enorme Mas. Y todo para seguir escalando el Everest con alpargatas, para que, inhiesto el mentón desafiando la Historia, pueda seguir jugando el bonito juego de las “naciones” de la señorita Pepis cuando lo suyo son los negocios, lo que ha hecho muy bien durante 40 años en Barcelona y en Madrid son los negocios, y ello gracias a esa eficaz gestoría que fue CiU en la capital del reino. Digamos enseguida que lo sucedido ayer no es malo para quienes apuestan por la idea de una España unida y democrática, sometida al imperio de una ley igual para todos. Puede que alguno se escandalice y piense que se trata de una simple boutade, pero, a mi modesto entender, las CUP han hecho a España un favor impidiendo que encallara el prusés y evitando ese Frente Popular que amenazaba con hacerse en Cataluña con los destrozos de una burguesía desnortada. El prusés debe continuar. Es el cuanto peor, mejor. Con la ley en la mano, España debe aceptar de una vez por todas el choque de trenes que desde hace cuatro años viene proponiendo Mas y su tropa. Es el momento de poner las cartas sobre la mesa. En el supuesto, claro está, de que al otro lado del Ebro haya jugadores con sapiencia y determinación bastante, también con algo de lo que hay que tener, como para aceptar ese reto.
Lo ocurrido ayer en Barcelona cambia de forma dramática el horizonte de cosas que se venían diciendo y escribiendo en la España empantanada por unos resultados electorales imposibles de digerir por tirios y troyanos. Ahora sí que ya no vale jugar a los soldaditos de plomo. No valen los fatuos ejercicios de poder personal a los que Mariano y Pedro nos tienen acostumbrados. Particularmente importantes son los destrozos que lo ocurrido ayer va a provocar en la estrategia de pactos de Pedro Sánchez. Ahora más que nunca parece obligado acabar con la guerra civil que de forma solapada se viene librando en el socialismo español entre quienes piensan en soluciones de corte socialdemócrata para los problemas del país, y los que se inclinan por fórmulas mucho más radicales que incluyen pactos con la izquierda populista y antisistema. Es casi un estado de naturaleza en el PSOE. Salvadas todas las distancias, es la eterna vieja lucha entre reformismo y revolución. Fue el encontronazo de los años treinta del siglo pasado entre los reformistas de Prieto y Besteiro y los prosoviéticos de Largo Caballero. “Largo era la izquierda radical y pedía reformas más profundas; Prieto era un socialdemócrata que quería reformar desde dentro”, resume la hispanista británica Helen Graham (“El PSOE en la Guerra Civil”, Ed. Debate), para quien el socialista fue un partido dividido durante toda la guerra civil. Casi como ahora.
Mariano, Pedro y sus malditos intereses personales
Ni Susana es Prieto ni Sánchez es Caballero. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. La tentación de viraje a babor por parte de un joven dirigente que ha perdido 20 escaños estando en la oposición y que siente en el cogote el aliento de una bestia que le pisa los talones y le roba los votos es comprensible. Ocurre que la base electoral del PSOE, en parte culpa de la crisis y en parte por la atracción del coletas, hace tiempo que abandonó el centro político para instalarse en la izquierda pura y dura, y una parte ha dado ya el salto a Podemos. Es una razón de peso que esgrime Sánchez a la hora de considerar como un suicidio cualquier tipo de alianza, siquiera circunstancial, con el PP de Mariano Rajoy. Pretender, sin embargo, formar Gobierno con todo lo que hay a su izquierda se antoja más locura que quimera, teniendo en cuenta que el objetivo de Pablo Iglesias no es salvar el culo de Sánchez sino zamparse al PSOE de un gran e histórico bocado. Ahí es nada. Y mientras tanto, el bello Pedro se afana en poner diques de contención a la marea de los barones que pretenden cortarle la cabeza porque le consideran un pobre cartel electoral. Toda su aspiración se resume en seguir siendo jefe de la oposición y candidato del partido a las eventuales generales de mayo. Y, naturalmente, retrasando con todo tipo de artimañas la celebración del Congreso del partido.
Y Mariano a lo suyo, calladito cual novicia asustada en espera del resultado del conflicto interno que sacude al socialismo. Como el viernes contaba aquí Federico Castaño, el presidente en funciones se dispone a lanzar al PSOE en su discurso de investidura una oferta de acuerdo de Gobierno casi imposible de aceptar por parte de Sánchez, entre otras cosas porque todo su programa electoral se basa en desmontar lo hecho, bien o mal, por el PP durante los últimos cuatro años. Todo eso era válido hasta ayer mismo. Hoy, cuando la unidad de España se encuentra seriamente amenazada por una minoría que pretende quedarse con el santo y la limosna en Cataluña, ni uno ni otro pueden seguir anteponiendo sus intereses personales y de partido a los generales de la nación. He aquí una nueva línea estratégica para el líder del PSOE: exigir la retirada de Rajoy a su registro de Santa Pola para cerrar un acuerdo de Gobierno con el PP. Un gesto de patriotismo por parte de Mariano echándose a un lado y dando paso a otro candidato a la presidencia podría ayudar a
vencer la obstinada negativa de Sánchez, y sin duda pondría las cosas mucho más difíciles a los largocaballeristas del PSOE, además de aumentar las posibilidades electorales del PP si al final resultara inevitable, los dioses no lo quieran, acudir a esa segunda vuelta electoral.
Nada permite aventurar que de la nueva consulta fuera a surgir un panorama distinto del que ahora tenemos
Mariano no puede seguir a lo suyo, que no es otra cosa que contribuir en lo que pueda al descrédito de Sánchez para, a la altura de mayo florido, poder presentarse de nuevo ante los electores como el garante del orden frente a la amenaza de caos del coletas y sus Podemos. Yo o el diluvio. Eso, a estas alturas, no pasa de ser política de alcantarilla. Algún ministro del Gobierno especula estos días con que, siguiendo la lógica de este discurso, el PP podría irse hasta los 135 diputados (se supone que a costa de Ciudadanos), mientras los Pablemos podrían escalar hasta los 90, relegando al PSOE a tercera fuerza con unos 70 y con C’s recluido en los 25/30, en cuyo caso la gran coalición a tres bandas sería una realidad incuestionable a la que nada podría objetar un Sánchez caído en acto de servicio. Todo política de salón, juegos malabares, verdura de las eras, porque nada permite aventurar que de la nueva consulta fuera a surgir un panorama distinto del que ahora tenemos, y bien pudiera ser que, seis meses después del 20D, los españoles se encontraran el próximo junio tan empantanados como ahora, pero más frustrados, después de haber malgastado tiempo y dinero. Con la rebelión del nacionalismo catalán en todo su apogeo.
Afirmar Cataluña y sanear la democracia
Más que nunca urge el acuerdo entre los dos grandes partidos, cuyos líderes, incapaces de gestionar los resultados electorales del 20D, podrían caer en una grave irresponsabilidad en caso de prestar oídos sordos al sentir mayoritario de la ciudadanía. Razones políticas lo reclaman y económicas también. Aunque la confianza de los consumidores aún no ha dado muestras de resentirse, no hace falta ser adivino para predecir el parón económico que nos espera en caso de anunciarse nuevas generales. Imposible imaginar a un gestor tomando una decisión de inversión importante en tanto en cuanto no se despejen las incógnitas actuales. Un permanente wait and see. A pesar del influjo beneficioso que siguen ejerciendo los precios del crudo y la política monetaria expansiva del BCE, hay quien opina que, desde el punto de vista económico, 2016 va a ser un año perdido. La desaceleración se empezará a notar en el primer trimestre del año y será mucho más acusada en el segundo. Los más pesimistas hablan de un PIB que podría quedar reducido al 1,5% para este ejercicio, a pesar de haber cerrado el año a un ritmo del 3,2%. La mitad o menos. Urge hacer frente con la determinación que merece al desafío planteado por Artur Mas y los suyos y, en la misma tacada, abordar de una vez por todas el saneamiento integral de este país cuarteado por la corrupción, una corrupción que esta semana alcanzará su máxima expresión con una hija y hermana de rey sentada en el banquillo de los acusados."
(De “Voz populi”, 09/01/2016)
Aquello que popularizó el descarado y sin embargo inigualable periodista José María García, la frase de que “hasta el rabo todo es toro”, ha vuelto a ser de rabiosa realidad ante los apresurados y casi agónicos acontecimientos en Cataluña, para “salvar” a los del partido de Artur Mas y a sus paranoicos independentistas.
Ahí es nada que a punto de sonar el “gong” para la nueva convocatoria de elecciones autonómicas, se haya “parido” el cierre en falso de esa crisis que en Cataluña no ha hecho más que continuar.
Tan es así que a las cinco de la tarde del domingo día 10, se convoca pleno para la investidura del “valido” Puigdemont, con el tiempo justo para que se
produzca antes de medianoche, porque ese minuto determinaría fatalmente la nueva convocatoria de elecciones.
Ha tenido que ser en el último suspiro cuando el Mas (que es “menos”) se haya visto forzado a retirarse, aunque como siempre “perdonando la vida” a todo el mundo. Y ese retardo sin motivo, ese empecinamiento en que el círculo de la lógica política se convirtiera en cuadrado, ha destrozado la vida política catalana y quién sabe si no lo ha hecho también con el panorama político español.
Convergencia, el partido de Mas, ha quedado convertido en un solar, sin poder ni credibilidad, necesitando apoyarse (ni más ni menos) que en un grupo ácrata, anti-sistema e iconoclasta por definición, como la CUP, que asimismo resulta resquebrajado por esos malsanos equilibrios de que, negándose a cualquier colaboración con los llamados “conservadores”, les ceda ahora el apoyo de seis de sus diez escaños y simule su crisis interna mediante la renuncia de dos de sus componentes.
Farsa, pura farsa. 
Mentira, pura mentira.
Desastre para Cataluña, que ya veremos cómo encara su futuro en medio de la ruina económica, mientras se sigue columpiando en la utopía independentista.
Y hay más.
Lo de Cataluña va a trascender a España, porque el PP en el poder va a estar obligado a tomar posturas definidas, dejando la ambivalencia “a la gallega” de Rajoy; y el PSOE, sus líderes Sánchez y Díaz, habrán de definirse por salvaguardar la unidad de España o por embarcarse en pactos contra natura con todos los separatistas e independentistas.
Se avecina en fin un buen cisco, que volverá a mostrarnos las más auténticas esencias de la España faldicorta y zaragata que la clase política ha vuelto a recrear, dejando al pueblo fiel, a la ciudadanía, entre estupefacta y harta, porque tanto juego malabar (sucio además) solamente lleva al hastío.
Artur Mas parece que ha fenecido para la política.
Ahora falta conocer qué otros líderes se ahogan en las aguas turbulentas que provoca su caída.
Yo mucho me temo que acabaremos como predijo la castiza frase del borracho ante los avatares políticos del siglo XIX:
¡AL FINAL NOS SUBIRÁN EL VINO!


"Un fracasado es un hombre que ha cometido un error, pero que no es capaz de convertirlo en experiencia".- Elbert Hubbard (1856-1915) Ensayista estadounidense.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

04 enero 2016

Esta España nuestra: El atasco electoral de Cataluña ¿bomba de relojería para España?

“La CUP aboca a volver a las urnas, Mas debe marcharse
(“El Mundo”, 04/01/2016)
Más de tres meses después de las últimas elecciones, los catalanes están abocados a volver a las urnas en marzo si en el plazo de esta semana Junts pel Sí y la CUP no son capaces de encontrar un candidato de consenso para presidir la Generalitat.
El consejo político de la CUP rechazó ayer por mayoría votar a favor de la investidura de Artur Mas, ante la negativa de la coalición formada por CDC y ERC de aceptar un candidato alternativo. La CUP ya había sugerido previamente que sus 10 diputados estarían dispuestos a apoyar a Raül Romeva o a Oriol Junqueras, pero esa oferta no fue aceptada pese a que Junts pel Sí había asumido un conjunto de iniciativas en materia social y económica que desbordaban su programa.
Tras el empate de la semana pasada en una asamblea de militantes en Sabadell, la dirección de la CUP tardó ayer mucho menos tiempo en decidir y lo hizo en contra de Mas, al que reprochan las políticas de ajuste que ha practicado y, sobre todo, sus vínculos con la corrupción.
En su discurso de fin de año, Mas apeló al proceso independentista para pedir el respaldo de la CUP en su investidura, pero no dijo ni una sola palabra sobre las prácticas mafiosas en su partido, que, según él, no existen, como tampoco mencionó el enriquecimiento de su mentor político, Jordi Pujol.
Es complicado saber si va a haber un pacto que evite la convocatoria de elecciones, pero lo que está muy claro es que Artur Mas está absolutamente quemado.
En las últimas generales, su partido vio reducida su presencia en el Congreso a la mitad de los diputados que había logrado en noviembre de 2011.
Los números cantan sobre el fracaso de Mas. Ha habido tres elecciones autonómicas desde 2010 y es muy posible que tenga que haber una cuarta. O sea, cuatro convocatorias en cinco años. Y no han servido para nada porque las urnas no solamente no han clarificado el panorama político sino que lo han embrollado tras generar su partido una división cainita en la sociedad catalana.
Hay que recordar ahora que CiU ganó las elecciones autonómicas de 2010 con 62 escaños tras una campaña moderada en la que no se planteó ninguna confrontación con el Estado. Dos años después, los ciudadanos volvieron a votar y la formación de Mas, que quería la mayoría absoluta con un discurso radical, perdió 12 diputados. Hace tres meses, CDC y ERC, apoyadas por las plataformas de la sociedad civil, sumaron 62 escaños, mucho menos de lo que habían conseguido por separado en 2012. Estas cifras demuestran que el nacionalismo ha ido retrocediendo en Cataluña en los últimos cinco años pese a la impresionante campaña propagandística de Mas al frente de la Generalitat, que ha dedicado todas sus energías y cientos de millones de euros a la causa del independentismo.
La decisión de ayer de la CUP pone a Artur Mas delante de un espejo al mostrarle su propio fracaso tras casi cien días de arrodillarse ante un partido antisistema para implorarle su apoyo a costa de ceder en todo menos en su cargo. Ahora es el momento de recordar que Mas aceptó el paquete de medidas económicas de la CUP, que contradice frontalmente sus principios, si es que le queda alguno.
Será muy interesante observar cuál es la decisión que adoptan esta semana sus aliados y los militantes de su partido. ¿Le seguirán respaldando y asumirán el coste de ir a unas nuevas elecciones generales? ¿Optarán por ofrecer su cabeza a la CUP? La respuesta a estas preguntas la vamos a saber antes del próximo sábado.
En cualquier caso, sería un error creer que la desaparición política de Artur Mas supondría el final del desafío soberanista. Sea cual sea su suerte, existen otros líderes como Romeva o Junqueras
dispuestos a coger su bandera y a seguir en la misma línea de confrontación con el Estado y desobediencia a la legalidad. Nada habría cambiado. Lo que sí es cierto es que si se repiten las elecciones en Cataluña, ese desafío independentista quedaría paralizado durante al menos otros tres meses, lo que permitiría más tiempo para formar un Gobierno de la nación estable.
Durante estos últimos cuatro años, Artur Mas ha jugado a aprendiz de brujo, intentando llevar a cabo una temeraria ingeniería social. El experimento le ha estallado en las manos y le ha dejado malparado. Pero el problema que deja -si finalmente se va- es de enorme envergadura y de difícil solución. Ojalá su sustituto se diera cuenta de que el camino iniciado por el independentismo no lleva a ninguna parte. Pero ello es un simple deseo, porque la realidad es que, con o sin elecciones, Cataluña se ha partido en dos y llevará mucho tiempo arreglar lo que ha roto este irresponsable que, hasta ahora, nunca había pagado por los daños.”
...
El rico refranero español (y por ende catalán) se halla en riesgo de agotar las expresiones o sentencias aplicables al panorama esperpéntico/político-paranoico que se viene sucediendo en esa región española que es Cataluña; y también, por supuesto, a ese espécimen de líder que viene siendo el “mal-hallado” Artur Mas.
“Lo que tenía que pasar, pasó”; y es que la CUP (amalgama de anti-sistemas a la que el histrión Artur estaba dispuesto a someterse) al final, como el escorpión en la fábula con la rana, no ha podido sustraerse a su naturaleza y ha decidido no apoyar la investidura como Presidente de la Generalitat de Cataluña; de quien, como él, lo único que ha demostrado con creces es una soberbia incardinada en el cinismo y en la falsedad, apoyando además la corrupción.
Los de la CUP han decidido “matar todos los pájaros de un tiro”. Por una parte, castigan a Artur Mas, que
sigue siendo, pese a todo, imagen de la burguesía catalana; y atacan al sistema, poniendo de manifiesto su fragilidad al no hacer posible una investidura, por la fragmentación política generada en las últimas elecciones autonómicas; y también seccionan a los pro-independentistas de Esquerra Republicana de sus socios de conveniencia, los de Convergencia; y fuerzan a replantearse situaciones a los socialistas, y a los del partido en el gobierno, y a las fuerzas emergentes, como Ciudadanos.
En fin, una bomba que es como las llamadas “de racimo”, que se expanden y multiplican y rompen de manera sucesiva y progresiva.
¿Qué va a ocurrir a partir de ahora?
Salvo el milagro de que Artur Mas renuncie a ser presidente (difícil porque él es un ejemplo de insano caudillismo), lo más normal es que se convoquen nuevas elecciones autonómicas, que, por coincidir con la etapa de formación de gobierno en España, pueden arrastrar a resultados insospechados, y es dudoso que útiles.
Escribí no hace mucho, a raíz de los comicios generales españoles, aquello del Tenorio de que “imposible la dejasteis para vos y para mí”. Y pienso que ahora todo queda tan imposible en Cataluña que todo va a ser posible.
Lo que será más difícil es que lo posible sea lo mejor.
España y Cataluña están cada vez más sumergiéndose en una dicotomía, en una fragmentación, que casi lleva a los arcanos bloques de derechas e izquierdas, que ya se daban por superados por aquellos de la “transición democrática”, pero que, con las nuevas generaciones y por mor de las crisis (la económica y la generacional) han vuelto a presentarse aunque con muy diferentes peculiaridades; porque ahora no hay virulencia sangrienta y demoledora, sino rechazo de los unos por los otros, impulsado por una juventud que va encaneciendo sin hallar atisbos de solución a sus problemas y ansias de bienestar y trabajo.
De estos ha habido un mayor incremento en Cataluña, porque “unos por otros y la casa está sin barrer”, ya que mientras se maquinaba para el independentismo se abandonada la diaria gobernanza y todo se ha deteriorado.
Así pues, vamos a esperar expectantes, que no esperanzados por desgracia, la evolución de las cosas en Cataluña, y también en España, porque aunque la máxima ignaciana aconseja que “en tiempos de turbación no hacer mudanza”, parece que va a ser necesario cambiar muchas tendencias, muchos criterios, muchas posiciones, para que esta España nuestra (Cataluña incluida) no se nos convierta una vez más en la faldicorta y zaragata, en un esperpento nacional, en un galimatías que sofoque la convivencia y nos devuelva al llanto y crujir de dientes de pasadas confrontaciones.
No lo creo así, y por ello hago votos para que las buenas intenciones que se dice plagan el infierno se trasladen al mapa político español y a la vida diaria y cuajen en ese milenario proyecto de convivencia multicultural que es la España nuestra.

“Por mala senda en tenebrosa noche
sin saber a dónde voy, camino a ciegas,
ignorante a la par de dónde vengo”
Alphonse de Lamartine (1790-1869) Historiador, político y poeta francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

26 noviembre 2015

El terrorismo de las armas y de las ideas. Reflexiones que propicia el profesor José Ignacio Torreblanca

(Por José Ignacio Torreblanca en “Café Steiner” 26/11/2015)
Se habla de las “causas últimas” del terrorismo yihadista, un confuso magma en el que se mezcla la marginación que sufren los jóvenes de origen norteafricano con los distintos modelos de integración de minorías. Algunos se alarman cuando la conversación se desliza por esos derroteros pues temen que haya una delgada línea entre intentar explicar el fenómeno de la radicalización de esos jóvenes, en gran número europeos, que se han venido sumando al Estado Islámico, y
una eventual justificación de la barbarie terrorista.
Es esta, sin embargo, una crítica injusta e infundada: si queremos ser eficaces en la lucha contra el terrorismo debemos entender el fenómeno en toda su complejidad. Pero ese es precisamente el problema: que la complejidad del fenómeno hace imposible reducirlo a una sola causa que nos permita erradicar el problema de forma certera, rápida y definitiva. Porque en el terrorismo yihadista, además de los elementos mencionados, influyen muchos otros: desde los legados coloniales hasta las divisiones entre chiíes y suníes, la invasión soviética de Afganistán, la guerra de Irak, el papel de Irán y Turquía o el patrocinio
por parte de las monarquías del Golfo Pérsico de una visión intransigente del islam, entre otras. La violencia tiene, además, elementos epidémicos pues genera dinámicas que se autoalimentan.
Por tanto, aunque dediquemos mucho esfuerzo a entender y atajar esas causas, los resultados, de lograrse, tardarán décadas en verse. Pensemos que han sido necesarios casi 40 años de democracia para que la violencia terrorista de ETA llegara a su fin, y aun así la organización no se ha disuelto todavía formalmente. Y la magnitud del desafío yihadista supera en cientos de órdenes al terrorismo de ETA
en cuanto a fanatismo, perversión ideológica, ambiciones y nivel de violencia. Con el Estado Islámico no va a haber una negociación ni un proceso de paz. Pero si la presión exterior lo debilita lo suficiente para que pierda atractivo y con ello capacidad de reclutamiento, entonces en las comunidades donde está asentado podrán surgir alternativas que lo desplacen o expulsen. Por eso, tan importante como luchar contra las causas es luchar eficazmente contra las consecuencias.(Publicado en la edición impresa del Diario EL PAÍS el miércoles 25 de noviembre de 2015)"
Gran problema el del terrorismo y mayor incógnita la de sus orígenes en cada momento y sus derivaciones.
No más lejos que el pasado día 23 de noviembre,  asistí una vez más, y con sumo placer, a la ponencia del Profesor Torreblanca, en el Seminario ETNOR (Ética de los Negocios y las Organizaciones) que con tanto acierto dirige esa filósofa eminente que es la doctora Adela Cortina, Catedrática de Ética de la Universidad de Valencia.
Lo menos importante, por así decirlo,  era
el tema de la ponencia, referido al debate sobre las nuevas vías de vida democrática, y lo principal fue la finura de análisis que el profesor Torreblanca desplegó examinando la realidad política española, sin olvidar el reflejo de la política de convivencia y seguridad en Europa.
Viene como anillo al dedo (el castizo diría “como pedrada en ojo de boticario”) el comentario que se recoge del blog de José Ignacio Torreblanca, para pensar un poco sobre el terrorismo, no solamente el de ETA; no solamente el islámico;  sino el “terrorismo” impropio, pues me permito denominar así el de esos próceres iluminados que creen “descubrir el mediterráneo”, desvelar nuevos panoramas, con propuestas políticas que ni son ni están…
Porque “terrorismo impropio”, por llamarlo de alguna manera, es abroquelarse en el
empecinamiento de una independencia imposible bajo todos los conceptos, como pretenden Mas –terrorista de instituciones— y su corte de “adoradores” en Cataluña; y el mismo “terrorismo impropio” es el de aquellos que, al socaire de la llamada “memoria histórica”, no hacen sino dar rienda suelta al revanchismo ocultador de su cortedad de miras, queriendo o cambiar de nombre todas las calles, o romper todo lo anteriormente construido, o, en fin, hacer algo “en contra de todo”.
Ahí están, además del “noi” Mas, los CUP, los Compromís, los Bloc, los P(j)odemos, los JuntspelSí, los Mareas galleguistas, y toda esa serie de iluminados “demócratas” de pacotilla, que a estas alturas de la vida política tratan de demostrar la cuadratura del círculo.
No se trata de que por mi parte se vitupere a quienes están tratando de introducir en la vida política y ciudadana nuevos fórmulas y criterios. Que la democracia está para eso. Pero siempre dentro de un orden: el de la cordura y la coherencia, el del respeto a la ley, que es la esencia de la democracia.
Se trata de que al menos impere en la vida diaria (de ella emana la política) una seria reflexión sobre el terrorismo de las armas y el terrorismo de las ideas, que probablemente es mucho peor.
Mientras tanto, sigamos los criterios que insinúa el profesor Torreblanca y pensemos en las consecuencias de cada acción y de cada renuncia.
Si logramos alcanzar una recta conclusión y la transmitimos a nuestro entorno habremos contribuido sin duda a neutralizar algo, bastante, el terrorismo, porque habremos atenuado o suprimido sus causas.
Mientras tanto, que la cordura imponga la ley, y ésta erradique tanta sinrazón física, armamentística, racial e ideológica.

"Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices" Edward R. Murrow (1908-1965) Comentarista y reportero estadounidense.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA