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26 abril 2017

Esta España nuestra: Cuando los políticos se agreden mediante la corrupción para tapar sus incapacidades y sus manejos. De nuevo la fábula del escorpión y la rana…

“¿Quién será el próximo?
¿Quién seráEl PP preveía un plácido segundo trimestre. Las negociaciones para aprobar los presupuestos estaban prácticamente cerradas con Ciudadanos, y avanzaban a buen ritmo con el PNV y el diputado canario Pedro Quevedo. Los datos de crecimiento económico marchan a mejor ritmo del previsto, tras una Semana Santa histórica, y los registros de descenso del paro vuelven a situarse como en los mejores años del boom económico previo a la recesión.
La corrupción parecía circunscrita a la trama Gürtel, pero la tormenta había amainado tras el cambio de posición del ex tesorero Luis Bárcenas.
Pero todo cambió de repente hace una semana. El día 18 de abril la Audiencia acordó, contra el criterio del fiscal, llamar a declarar a Rajoy por Gürtel; dos
días después se produjo la detención del ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en el marco de la Operación Lezo; el viernes a última hora, el juez Eloy Velasco, ordenó su ingreso en prisión; el lunes a primera hora de la tarde dimitió Esperanza Aguirre como portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid. Y este martes se han conocido algunas de las conversaciones que han sido grabadas en el curso de la Operación Lezo. En una de ellas, mantenida con el presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, González llega a exclamar: “Aquí qué queda, ¿pegarle dos tiros al juez?” También se han hecho públicas las denuncias de Anticorrupción contra Concepción Dancausa y contra la empresa de asesoramiento fundada por el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
Estamos en un callejón sin salida, sin elecciones a medio plazo y sin posibilidades de moción de censura, que no sólo daña al PP sino a la democracia.
El tsunami ha envalentonado al PSOE y probablemente Rajoy tendrá que comparecer en el Congreso para dar explicaciones, al mismo tiempo que las negociaciones para la aprobación del presupuesto se han enfriado hasta casi el punto de congelación.
El PP se ha quedado sin estrategia y, lo que es más grave, sin capacidad de reacción. Como en los incendios provocados, los numerosos focos de escándalo hacen imposible establecer un eficaz cortafuego. ¿Qué nuevos escándalos
conoceremos? ¿Qué conversaciones nos helarán la sangre? ¿Qué nuevos datos nos mostrarán el descaro de algunos para organizar el saqueo de fondos públicos?
Desde la publicación de los papeles de Bárcenas, el PP no se encontraba en una situación similar. Las revelaciones del ex tesorero, que llegó a acumular casi 50 millones de euros en Suiza, tuvieron un efecto demoledor: el PP perdió casi 3,5 millones de votos en las elecciones municipales y autonómicas de 2015.
Pero ahora no hay elecciones a corto plazo y el PP gobierna en minoría con el apoyo de Ciudadanos. El PSOE arrastra desde octubre una profunda crisis de liderazgo que no se resolverá hasta el próximo día 21 de mayo, y que puede prolongarse y aún agravarse si el ganador de las primarias no consigue unir al partido. Podemos oculta con el ruido su propia parálisis, con Errejón marginado y sin voz, y la organización perdiendo terreno en Cataluña, Valencia y Galicia. Por su parte, Albert Rivera no ha logrado capitalizar el desencanto que reina en los votantes de centro derecha y centro izquierda.
Lo peor que tiene esta situación es que en el horizonte no se ve ninguna salida. No parece que haya condiciones para una moción de censura y el calendario electoral beneficia al gobierno. Los ciudadanos viven en vilo los últimos acontecimientos y no salen de su asombro ante la incapacidad del propio sistema para ofrecer una respuesta. El daño, por tanto, ya no afecta sólo al PP, sino a la democracia. Y todo ello, a las puertas del reto soberanista que día a día se va fraguando en Cataluña”
(De Casimiro García Abadillo en “El Independiente”, 25/04/2017)

Casi termino de llegar de Ucrania, después de una visita “mixta” de convivencia familiar, relaciones amicales y contactos con prohombres significados, y, aunque ya desde el país del Dniéper he podido seguir casi al minuto el curso de la realidad política y social española, me ha “caído” casi de repente el estallido del “caso González” y el no menos esperado trancazo al primogénito de la corrupta saga de los Pujol.
Tanto y tanto se ha escrito y va a escribirse, que tal vez no se ha reparado en algo tan consustancial con la vida política y con los políticos cual es la irrefrenable ansia de “escalar” puestos y posiciones en el propio partido y que
éste prospere en la vida política, así como, ya obtenido el poder, nutrir “adecuadamente” los bolsos y bolsillos propios y de los allegados, y de los amigos “adictos”.
Es algo que hasta ahora se ha revelado como irresoluto, y que, por mucho que indigne –y con razón— a la ciudadanía, forma parte de la realidad social en la que estamos viviendo, en la que los jueces son víctimas de una especial “manipulación”, porque se les somete lo que conviene y no se les dota de medios y elementos suficientes para su investigación más que cuando interesa.
En Ucrania, como en Rusia, la corrupción ya no apesta, porque todo el mundo, todos los personajes con un poco de relevancia están impregnados de ella, y por eso, al oler todos tan igual de mal, solamente aprecian el tufo insoportable los del pueblo llano, habituado a la resignación por un poco de pan y de paz, y que hace mil trapacerías para sobrevivir.
Ya me llamó la atención que charlando con varios amigos con actividad política y comercial en Ucrania, me espetaron que en España también teníamos buenas dosis de porquería, y hasta una periodista sintió envidia de la “libertad” que tenía la prensa en nuestro país, ya que “se entera” y airea las verdades
judiciales sobre políticos antes de que las conozcan directamente los interesados.
Volví a contar la fábula del escorpión y la rana, y en el nocturno vuelo de regreso a Valencia desde la querida ciudad de Ivano-Frankivsk, la capital de PreCarpatia, entre bamboleos y torbellinos y llantos infantiles de hijos de inmigrantes (era el regreso a España después de las casi interminables vacaciones pascueras), me arribó la reflexión de que en España estábamos más o menos dirigiéndonos a que la corrupción se convirtiera en una “piel de sapo” que insensibilizara nuestra vida cotidiana.
Ahora se ha “arreado” al partido en el poder, pero siguen inmersos en la porquería los que aun mandan en Andalucía, los que desgobiernan en Madrid y otras capitales de provincia, los que dicen que lo pueden todo y es verdad que lo ensucian todo, en fin, los que llamándose ciudadanos no son ni fríos ni
calientes, por lo que, como enunciaba el Apocalipsis, han de ser vomitados.
El “¡Miquelarena, qué país!”, de Mariano José de Lara, sigue de plena actualidad, porque cada día más se acentúa el poco respeto a la honestidad y los ataques a la intimidad personal, ya que tanta protección de datos solamente sirve para que nos inunden las ofertas comerciales. Todo lo demás es casi público y aireado a los cuatro vientos.
Al menos, eso que sepamos, aunque es de temer que el día menos pensados se nos publique una foto mientras nos duchamos.
“Los unos por los otros, y la casa  sin barrer”, que mientras tanto en Cataluña se sigue espolvoreando independentismo como manera de encubrir mayores
fraudes; eso sí, amenazando a los funcionarios con que si no aceptan la “nueva legalidad” post-independentismo, les ocurrirá “algo”.
¿A dónde vamos a llegar?
El escorpión, aunque perdió la vida, acabó clavando el aguijón al batracio.
¡Era su naturaleza!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

21 enero 2017

La que se avecina: Trump llega a la Casa Blanca envuelto en patrioterismo.- Como en la fábula del escorpión y la rana…al final…


“PATRIOTERISMO DEL CÉSAR

En medio de la cutrez general del acto de juramento presidencial celebrado en Washington, Donald Trump pronunció un discurso especialmente esperado. Fue una soflana patriotera, no patriótica, bien interpretada con una oratoria eficaz en la palabra, el énfasis y la expresión corporal. He repasado con atención el resumen de prensa que todos los días me pasan. En Estados Unidos, con las debidas excepciones, el discurso ha gustado en general; en el resto del mundo,
ha alarmado. Conviene, en todo caso, que los dirigentes occidentales y orientales no pierdan la calma y esperen con serenidad a que la Casa Blanca aprisione a su nuevo inquilino.
Hace unos meses escribí que se había iniciado la carrera en pelo para encaramarse al carro del vencedor. En Estados Unidos, y no solo en Estados Unidos, los oportunistas, los lameculos, los babosos, los arribistas, los tiralevitas, los pelotas, los periodistas alfombra y los políticos de pantalón gris, prenda que va bien con todas las chaquetas, pelean por ocupar la primera fila y disfrutar del placer imperial de contemplar al César. España es un virreinato tributario de Estados Unidos. También lo son Francia, Alemania o Italia. El Imperio permite la presunción de soberanía a sus virreinatos pero, eufemismos aparte, las bases militares estadounidenses definen la realidad. Vivimos en la pax americana. Tras concluir la Guerra Mundial, desguazado el portaviones imperial británico, derrotada la Unión Soviética con la caída del muro de Berlín, la fuerza colosal de los Estados Unidos de América -militar, económica y, sobre todo, tecnológica- se impone con escasas resistencias. Por eso la gestión presidencial en aquella nación interesa en una buena parte de los países del mundo como una cuestión de política interior. En la gran nación americana el mando real no corresponde al presidente sino al Pentágono, a los servicios de inteligencia y al gigantesco entramado financiero. La política estadounidense es muy parecida esté en el poder Nixon, Carter, Bush o Clinton. Desde el templo de Juno, los gansos sagrados del Capitolio graznan airados si algún presidente se desmanda. La endeblez de Hillary Clinton favoreció de forma decisiva a Donald Trump. Y también la frenética campaña contra él en los medios de comunicación norteamericanos. “El exceso de crítica y los ataques desmedidos suelen provocar una reacción contraria”, escribió Noam Chomsky.
Donald Trump es ya el hombre más poderoso del planeta. Condiciona la economía mundial, maneja la fuerza militar más abrumadora de la Historia y tiene el dedo sobre el gatillo del revólver nuclear. Deberá envainarse, igual que Obama, una buena parte de sus proyectos porque el establishment le embridará las manos y le peinará la grotesca pelambrera, cardada y gualda. Encenderá Donald Trump en la Casa Blanca muchos fuegos, pero serán artificiales. No parece probable que se produzca el incendio. Todavía hay Imperio estadounidense para muchos años”
(Luis María ANSON, de la Real Academia Española, en “El Imparcial”, 21/01/2017)
No quise perderme seguir en directo, vía televisión, el acto de investidura y toma de posesión de Donald Trump como cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América.
Nada fue especialmente sorprendente, pero sí hubo anécdotas y detalles que parecieron anticipar lo que será el mandato de este hombretón cuya soberbia no tiene límites, y su poder tampoco, a partir de ahora. Va a haber, seguro, esperpentos, rarezas y salidas de tono, seguro.
De todo el acto (embutido y rebosante de patriotismo “a la americana”) me llamó la atención el discurso presidencial, que no fue sino una repetición de frases y lugares comunes, como prometiendo la “redención” a los americanos, aunque soslayando algo tan esencial como que ese prometido paraíso de las
clases medias será desde las oligarquías dominantes, que volverán a quedar sin su influencia económica y social, de manera que serán éstas las que recuperen el control que casi habían perdido.
Un buen amigo y compañero de profesión que vive y ejerce en Nueva York ya me comentó, a raíz de la elección de George W. Bush como presidente norteamericano, que ello era lo que le faltaba (en el sentido pesimista) a la nación USA, porque si ya predominaba el derechismo tendente al exceso, con el radicalismo que iba a portar ese líder, la radicalización sería mayor.
Basta repasar lo acontecido bajo la presidencia “bushiana” para comprobar que así ocurrió, porque desde “inventarse” lo de las armas químicas de Sadam Hussein en Irak hasta repartir por el mundo conflictos bélicos, acabando con la ignominiosa violación de los derechos humanos en la prisión macabra de Guantánamo, todo fueron auténticos abusos de poder y desastres.
De ahí, claro está, la llegada de Obama, quien, dejando aparte el color de su
piel, puso de manifiesto una madurez y una sensatez fuera de lugar, no obstante tropezar con las barreras legislativas impuestas desde la minoría de su partido en las cámaras legislativas.
Ahora el péndulo ha oscilado hacia la parte opuesta, impulsado principalmente por el inmovilismo de las clases rurales (manipulables al máximo) y por las maniobras cuasi conspiratorias de la derechona poderosa y absolutista, protectora y conservadora del capital logrado, desde los orígenes sionistas y oligárquicos.
Pues bien, el discurso de Trump no resultó decepcionante, porque el propio Bush ya había marcado el tope, sí se ha situado entre elemental e irritante, suscitando un pánico justificado en los países extranjeros.
Ahora bien, el ciudadano norteamericano de a pie (dejando al margen a las clases menos favorecidas y minorías no tan minoritarias como los negros, los latinos y los ilegales) ahora se siente feliz y arropado en su siempre exacerbado
nacionalismo (patriotismo mal entendido), pensando que lo importante es que su nación sea la mejor, que lo importante es que domine el mundo, y que el deseo es que todo el orbe se pliegue bajo el águila que arrastra la bandera de las barras y estrellas. Las casas seguirán siendo de madera en muchos lugares; las instalaciones obsoletas; las discriminaciones permanecerán. Pero ¡ah! el orgullo de ser americano...
Vamos a asistir, querámoslo o no, a un despliegue de populismos (en la acepción más negativa del término) adobados del nepotismo del magnate que ni por asomo dejará sus negocios, sino que ya procurará que él, sintiéndose salvador de su país y tal vez del mundo, no prive a su familia –que es él mismo—de la opulencia que ya había alcanzado.
No hay que esperar, en mi opinión, cambios a mejor.
Ni mucho menos.
Es como en la fábula del escorpión y la rana, en la que el escorpión usó a la rana para vadear el río, pero a mitad del trayecto no pudo sustraerse a su naturaleza: aguijonear al batracio aun a riesgo de perecer.
Ya veremos lo que pasa con Trump, aunque mucho me temo que lo que vaya a hacer será bien distinto de la elegancia y sentido de estado que ha puesto de manifiesto Barack Obama.
Es la diferencia entre el zafio millonario y el político ilustrado.
¡Que Dios salve y proteja América de ese “nuevo rey” americano!
¡Y especialmente al resto del mundo!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA