viernes, 25 de mayo de 2018

Esta España nuestra: Un país alborotado como en un patio de colegio

La verdad sea dicha, a quienes no somos duchos en materia de alborotos, rebeldías, pronunciamientos, declaraciones, amenazas, presiones, coacciones, pactos extraños y toda la innúmera serie de martingalas que los protagonistas políticos nos obsequian a diario (casi cada minuto), nos pareció que con la aplicación a Cataluña del artículo 155 de la Constitución retornaría la concordia a esa región española y la vida política iría alcanzando el sosiego constructivo que merecemos los ciudadanos. 
Pareción confirmarse ello cuando, pese al esperpento de la investidura de un mequetrefe deslenguado como President de la Generalitat catalana, se alcanzó el pacto casi imposible entre la mayoría
parlamentaria para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. 
Y héte aquí que el día siguiente a esa aprobación en el Congreso de los Diputados, se hace pública la durísima sentencia de la Audiencia Nacional en una de las piezas del caso Gürtel, condenando al Partido Popular por responsabilidad civil al haberse lucrado de los delitos condenados. 
Y se armó la "marimorena", porque como si esa sentencia no se estuviera esperando desde hace más de dos años, todos los líderes políticos sin excepción Han "rasgado sus vestiduras", tachando al partido en el gobierno de muchas cosas de las que es responsable, más otras muchas que han añadido con
pillería adicional. 
Y así, el infumable Pedro Sánchez finge convertirse en el adalid de la pureza política, diciendo que promoverá una moción de censura para proclamarse él mismo presidente del gobierno, aunque, eso sí, solamente para pacificar el cotarro y convocar elecciones generales cuanto antes. 
Y qué decir de ese sinvergüenza disfrazado de comunista moderno que es el "coletas" Pablo Iglesias, a quien le ha venido de maravilla la noticia para ocultar lo falso que es, cuando después de poner verdes a los que tienen buenas mansiones, se comora un chalet que roza el superlujo. 
Aparece también el la escena ese oscilante y variable Rivera, que dice liderar el partido Ciudadanos, pero que da más bandazos que un cometa en medio de un huracán, quien, preso de sus propias manifestaciones
y actos, dice que él también promoverá la censura si no se convocan por el gobierno unas elecciones parlamentarias y generales. 
Y envuelto en ese maremágnum de patio de colegio, en el que todos corren tras la pelota de trapo, sin que nadie logre darle una patada con sentido, está el partido gobernante y sus atemorizados e ineficaces ministros, a quienes parece haber pillado por sorpresa el tormentón. 
Es decir, mucho blasonar que la vida democrática se regenera y que hay que preservar su limpieza, y entre unos y otros llenan el panorama de boñigas (con perdón) malolientes de verdades a medias, de proclamaciones dogmáticas sin sentido. 
A quien esto escribe, y a otros muchos más a su alrededor, les gustaría contar con edad y aptitudes
especialmente físicas para lanzarse a la vorágine y apoyar la regeneración. Pero entre que faltan fuerza y sustentos y que esto no hay quien lo arregle, eel lío y el enredo va a continuar, mientras el desgobierno nacional aumenta por minutos. 
Tómese este comentario más como un lamento más que como un reproche a tantos ineptos y manipuladores avariciosos de poder a cualquier precio, pero también considérese una acre censura a la ciudadanía que consiente, a la sociedad que busca el bienestar económico y no la paz social, en una palabra, acre censura a quienes, como yo mismo, protestamos y nos quedamos tan tranquilos. 
Habrá que hacer como esos locos independentistas catalanes, que montan escandaleras por doquier, pero que al menos consiguen que por escaso tiempo las fuerzas políticas no independentistas se aúnen con sensatez. 
¡Qué pena esta España, cada vez menos "nuestra"!
Me vuelvo al patio de colegio, porque al menos allí, cuando me irrite podré darle un puntapié a quien me moleste

lunes, 14 de mayo de 2018

Esta España nuestra: ¿Ha "estallado la paz" en Cataluña?

La verdad es que uno viene resistiéndose a escribir sobre ese forúnculo en "salva sea la parte" que nos ha nacido a los españoles, con la mal llamada "independencia" de Cataluña. 
La verdad es que uno se ve forzado a repetir una y mil veces que esos que se llaman catalanes y que dicen ser demócratas, y que dicen ser fieles ejecutores del resultado de las urnas, son, ni más ni menos, un hatajo de descerebrados ilusionistas de una utopía independentista, guiados desde la lejanía por un loco visionario que se cree el "padre" de la Cataluña ideal, cuando no pasa de ser un mequetrefe cobarde que se aprovecha con mezquindad de la autoridad democrática por él orquestada para organizar su farándula histriónica de una república imposible. 
Ahora hemos tenido que vivir la farsa de la investidura ("inventadura", diría yo) de un  tembloroso a lo parkinsoniano personajillo que dice ser "la voz de su amo" y que no es sino uno más de los felones secuaces de ese Puigdemont ensoberbecido que quiere campar por Cataluña, ya que nadie le quiere y que no consigue imponerse en la propia tierra de la que se ha escapado.
Ese Quim Torra es un especimen que hasta en lo físico repele, pero que en lo político se reviste de republicanismo e independentismo, y de fidelidad aparente a su "papaíto" Puigde..., cuando es un don nadie que se ampara en la doblez del presidente del parlament catalán para lograr un liderazgo faldp de la Generalitat que nace abortado.
Así, queridos lectores, no es posible la convivencia, no es posible la armonía social, porque los que se dicen triunfadores están masacrando a los disidentes, por el simple hecho de serlo. 
La discrepancia es anatema, porque en Cataluña, o se es "puigdemontino", o "independentista, o de la CUP, o se es un "maldito". 
Dice el gobierno de Mariano Rajoy que ansía la paz en Cataluña, y ni por asomo la consigue, porque se dedica a zascandilear con declaraciones y se asusta de emprender acciones que sean eficaces, como suspender de una vez esa infame TV3· que es el principal foco de propaganda pro secesionista, y que los melindres de Rajoy no se han atrevido a suprimir, la que pese a todo excita y exalta a los lenguaraces malos y falsos catalanes. 
¡Qué pena! En Cataluña no se ha hecho la paz. Ni se hará. Habrá que recordar el título del libro de Gironella: "Ha estallado la paz". En Cataluña no se ha restañado la fractura.
¿O acaso no ha seguido explotando el radicalismo, el anarquismo, el rupturismo, la sinrazón, la antidemocracia?
La verdad es que hay, no 155 razones, sino 155 motivos elevado al infinito para abortar de una vez tanta     conducta antidemocrática. 
Que una cosa es la libertad en Cataluña, y otra bien diferente la falsedad que aprovecha esa aparente que no real democracia.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA 

lunes, 2 de abril de 2018

Tiempo de Pascua: Su celebración a caballo entre España y Ucrania

La bendición de los panes
Se ha convertido en una costumbre casi ineludible mi viaje desde España a Ucrania en la época alrededor de la Pascua de Resurrección, festividad que se celebra, mucho y bien, en ambos países, aunque con diferentes hábitos y estilos. 
Este año las fechas que han convenido a mi esposa (quien como eminente doctora en medicina no puede sustraerse a sus obligaciones de geriatra en residencia de tercera edad) han sido precisamente las que comprenden la primera semana del mes de abril, de manera que en el meridiano del Sábado Santo y el domingo de Pascua (de España, claro), y programando una larga noche de vigilia viajera, ya estaba en el aeropuerto de Valencia dispuesto a
El pasado año
tomar el vuelo de las líneas aéreas ucranianas (Ukraine International Airlines), para llegar a Kiev (aeropuerto Boryspil), previa escala bien corta en Ivano Frankivsk, la capital de Precarpatia.
No voy a extenderme en este post sobre los detalles del viaje, porque ello pertenece a mi otro blog ("De acá para acullá , Experiencias viajeras"), pero sí quiero comentar la diferente sensación que percibo según experimente la Pascua en España o en Ucrania. 
En "Esta España nuestra", la Pascua es tiempo de vacación y de descanso, de múltiples viajes y desplazamientos y de poca o nula transcendencia religiosa, salvo si se prescinde de las celebraciones de las múltiples "Semanas Santas" que proliferan por toda le geografía de la piel de toro, especialmente en la región andaluza.
En Ucrania, donde la religión ortodoxa cristiana (en sus variantes rusa o ucraniana) predomina de manera absoluta, las gentes respetan las celebraciones religiosas, acudiendo en la noche pascual a su iglesia para la bendición de las "paskas", especie de pan sabroso, que se rodea de frutas y algunos embutidos y dulces.
Este año, la Pascua ortodoxa se celebrará a partir del próximo domingo, es decir, una semana después de
Huevos cocidos, pero de múltiples colores
la occidental y católica, pero las gentes se disponen a preparar sus dulces y comidas, para celebrar (muy en familia) la fiesta. 
Una nueva dimensión de esa Pascua ortodoxa he tenido ocasión de comprenderla a través de las manifestaciones de unas jóvenes becarias que han practicado en mi despacho profesional. Todas ellas han venido desde la Universidad de Petrosani, en Rumanía, aunque dos de ellas son de familia rumana y las otras dos de vinculación familiar en Moldavia. 
Estas jóvenes, alegres como todas, muy trabajadoras eso sí, me han sorprendido cuando me han comentado los ayunos y las abstinencias de carne que vienen poniendo en práctica durante la "cuaresma" de su religión, y de cómo se disponen a celebrar la próxima Pascua, y me han recordado aquella época mía de joven universitario o joven padre de familia, en la que casi casi se hacía generalmente lo mismo. 
Ahora, cuando priva la red social y el móvil e Internet son el rey, la Pascua española ha venido a ser la culminación de un tiempo vacacional, ya que incluso las más famosas celebraciones de la Semana Santa se han convertido en reclamos turísticos. 
Al filo de todo lo anterior, y sin olvidar, como se canta en la siempre admirable zarzuela "La verbena de la Paloma", que "hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad", me he venido a Ucrania para preludiar con la familia de aquí esas celebraciones
Los preciosos "pysanky", huevos decorados en los 
que es una gran maestra la doctora argentino-
ucraniana, Cristina Serediak
pascuales, mediante la convivencia, el diálogo, el entendimiento y el cariño de hijos, nietos, amigos, vecinos, y así gozar de ese perfume especial que rodea en estas tierras y culturas el tiempo litúrgico de la Resurrección de Jesús. 
A fe que una vez más me estoy sintiendo reconfortado con esta "vuelta" a "lo de siempre", y cuando regrese a la "España nuestra", notaré la
Hijos, nietos, una gran familia ucraniana
inyección de moral, de espíritu amical y de armonía que me ha promovido esta ya tan reiterada estancia en Ucrania. 
Como anticipo a la Pascua ortodoxa, felicito a los lectores, españoles y ucranianos y rusos, y de cualquier país o cultura, con la expresión "Xristos boshkresh" (Cristo ha resucitado), a la que se contesta con el "Vo istinu boshkresh" (Verdaderamente ha resucitado), que ello es lo que se hace en el país del Dniéper.
Paz y bien para todos en la "España nuestra", mal que les pese a los "puigdemonts" y otros  personajillos "de la cáscara amarga". 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

sábado, 24 de marzo de 2018

Esta España nuestra: Cataluña, el esperpento de la sinrazón que no cesa

La verdad es que el tema de la non-nata e imposible independencia de Cataluña no puede ser más manido y que casi asaltan ideas de olvidarlo, pero la tozudez y terquedad de esos visionarios paranoides que tratan de convertir los molinos de la vida política en gigantes de su falsa libertad e independencia, conduce a comentar siquiera un poco del esperpento que casi hora a hora se está ofreciendo a España, a Europa y al mundo. 
Ahí es nada que un montón de dirigentes pro secesión estén implicados en responsabilidades con ls Justicia, bastantes de ellos en prisión, otros (los valientes de pacotilla) huidos, y los más soñadores y extremistas protestando con dosis de salvajismo en las calles por algo que saben nunca tendrán: la ideal república catalana. 
En el día de ayer, el Juez Instructor del Tribunal
Supremo dictó un Auto que me parece casi irreprochable, en el que define y califica los graves delitos en que han incurrido los miembros de esa colla de mequetrefes que se han creído que ellos son el ombligo de una nación que ellos mismos se han encargado de frustrar. 
Algunos de los infumables líderes ya se habían espantado y espatarrado ante el temor de la más que merecida prisión, y ahí está ese Puigdemont histriónico tratando de pasear por Europa una frustrada presidencia que solamente suscita lamentable ironía. Y la también histriónica e histérica
Marta Rovira (incapaz de ni siquiera articular discurso coherente), dice ahora que se fuga para preservar su libertad y cuidar de su hijita, a la que, por cierto, ¡vaya regalo que hace!
Y los otros farsantes, presos (la mayoría) o no, se hacen los víctimas de un estado constitucional o de Derecho que ellos han querido destrozar, no por salvar ideales, sino para ocultar las enormes trampas y los enormes desfalcos cometidos.
Ahora resulta que los Tribunales de Justicia se ingieren en lo político, y que ellos, los puros, castos, paladines de la libertad, pueden por eso hacer lo que
les viene en gana.
¡Que se vayan a paseo!
O al menos que se queden en la cárcel. 
Que de esa manera los ciudadanos de a pie y de bien se liberarán de tanto paranoico mangante y de tanto histrión de estelada infumable. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
Post Scriptum.
Ya publicada la precedente entrada, los medios de comunicación difunden que el felón Carles Puigdemont ha sido detenido mientras trataba de escurrirse, a su estilo, por las carreteras de Alemania. 
Y ello ha sido adobado por una declaración espúrea y rechazable de ese otro espécimen independentista que no pronuncia una buena palabra ni ejecuta una buena acción, el president del Parlament de Cataluña, Torrent, quien se debe sentir el portavoz de los dioses para vituperar con dobleces y mentiras lo que viene siendo la aplicación de la Ley en la democracia española. Se ha añadido a ello la revuelta callejera (se dice que sin violencia), que ha generado casi un centenar de heridos, todo ello propiciado por los antisistema iconoclastas que insultan el buen sentido y hacen añorar el "seny" catalán, tan difuminado ahora. 
Quede, pues, constancia, de que en esta ocasión "el ratón ha caído en su propia ratonera", la de la sinrazón y la falsedad.
26 marzo 2018
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

sábado, 3 de marzo de 2018

El bisbe Climent y Pedro Laín Entralgo: Dos magníficos libros de dos eruditos autores (Marc A. Adell y Francisco Roger)

Hay ocasiones en la vida de uno, cuando ya se acumulan tantas y tantas millas de travesía, en las que de manera impensada pero emotiva se acumulan las experiencias gratas y se renueva el espíritu y la confianza en la cultura, la erudición y sus protagonistas. 
Viene ello a cuento porque a quien esto suscribe le han supuesto auténticas satisfacciones los acontecimientos de presentación de sendos libros, cuyos autores le son muy allegados y apreciados. 
En efecto, el pasado día primero de marzo tuve la suerte de ser invitado a presenciar en el Salón de Grados de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Valencia, a la presentación por el propio autor, del libro de Marc Antoni Adell Cueva,
titulado "El bisbe Climent i la pedagogia de Il'lustració"
El acto fue prologado por el Profesor Dr. Antonio Mestre, quien se refirió a la figura tratada en el libro, resaltando que el Dr. Adell se haya concentrado desde hace tiempo en el análisis de la figura de este renombrado obispo de los siglos XVII y XVIII, efectuando una muy valiosa exégesis de sus textos y analizando sus decisiones e iniciativas. 
El Dr. Adell Cueva ofreció una prolija explicación del contenido de su obra, para destacar a los presentes que en ella se recogen las acciones pastorales de la figura analizada y sus criterios pedagógicos, que influyeron en la Ilustración de la época, ya que el
prelado Climent, como obispo de Castellón, Barcelona y Tortosa y promotor de tantos y tantos centros para la enseñanza, dejó constancia de su talla personal y profesional. 
El pormenorizado estudio que el libro contiene brinda al lector una completa perspectiva (en modo alguno contaminada ni de clericalismo ni de patinas pseudo-religiosas) de la figura histórica del glosado prócer.
...
Y el viernes, día dos, mi buen amigo el Dr. Francisco Roger Garzón ofreció al público su obra titulada "La aventura de escribir. Pedro Laín
Entralgo y las Generaciones Españolas", en la que con meticulosidad del erudito que es, ofrece una visión completísima de la figura académica, profesional, literaria y social que ha sido Pedro Laín Entralgo. 
La introducción corrió a cargo del Dr. Raul Francisco Sebastián Solanes, quien situó en el tiempo y en el espacio académico y social al gran intelectual y docente que fue Laín, y destacó asimismo la dedicación que a su figura viene dedicando el autor de la obra que se presentaba, el Dr. Roger.
El libro ofrecido merece todos los elogios, pues
contiene una recopilación y análisis de la personalidad, los hechos y las obras del ilustre D. Pedro Laín Entralgo, catedrático eminente de Medicina, Académico de las Reales de Medicina, Lengua e Historia, escritor prolífico que ha legado muchos libros, ensayos y estudios, de los que destacó el Dr. Roger el concepto de "aventura de escribir" que Laín analizó como la osada voluntad que todo autor pone de manifiesto cuando se arriesga a
crear una obra literaria. 

En resumen, el acto resultó completo y brillante, y los asistentes animaron al Dr. Roger para que persevere en su estudio y atención a esta figura de la vida española.
...
Comentado lo anterior, permítame el lector que dedique un gran abrazo de felicitación a mis grandes amigos, el Dr. Adell Cueva, con el que ya tantos lustros de amistad y compañerismo nos contemplan; y al Dr. Roger Garzón, ejemplo del intelectual investigador con el que en tantos actos culturales me honro en coincidir, porque sus obras contribuyen a introducirnos a sus admiradores en los vericuetos y las realidad de la historia y de la ciencia. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

viernes, 23 de febrero de 2018

Ucrania sigue sin terminar la guerra ni administrar la paz

"Ucrania, cuatro años después del Maidan: los cambios cuestan más que la revolución.- Pocos países han sido tan fértiles en revueltas y tan poco fructíferos en cambios como Ucrania. Pero poco a poco, algunas cosas empiezan a mejorar pese a una guerra que no termina

(22.02.2018JAVIER C. ESCALERA, en “EL CONFIDENCIAL”)
La palabra Rusia nunca había cotizado tan bajo en esta antigua república soviética llamada Ucrania: bancos rusos y centros culturales del país vecino son apedreados con frecuencia, los gentilicios rusos pierden su sitio en el mapa, la política se envuelve en la bandera e idioma ucranianos, intentando en vano rebajar el tono de los contrastes del país. Cuatro años después de la revuelta de Maidan en Kiev, Rusia es una extraña, pero Europa no queda tan cerca como se esperaba.
Ucrania no puede haber tenido más revoluciones y menos cambios. Las élites empresariales han sobrevivido a los líderes políticos, que a su vez se reencarnan en élites a la espera de una segunda o tercera vida.
Casi nadie recuerda que hubo un primer Maidan en 1990, cuando estudiantes descontentos con la mayoría comunista en el parlamento tomaron la plaza central, que desde entonces da nombre a cada nueva revuelta. Ese intentó cayó en el olvido porque, aunque precipitó la caída del régimen soviético, transportó al país de una tiranía a otra: de los jerarcas de la hoz y el martillo a los del capitalismo de rapiña y pillaje. Los ucranianos lo siguieron intentando y repitieron la gesta en 2004, esta vez con mayor resonancia mundial: lo llamaron la Revolución Naranja, y ahí fue la clase media naciente en las ciudades la que se interpuso ante el fraude electoral, posibilitando que la oposición ganase las elecciones.
Las reformas no tuvieron el alcance esperado, y las mismas elites se reacomodaron en su sitio. Pero las expectativas de cambio no dejaron de crecer, y así es como diez años más tarde cristalizaron en el llamado Euromaidan. Su detonante fueron los frustrados sueños europeos de parte de la población, pero acabó en un alzamiento nacionalista que depuso al presidente y contribuyó a una fractura del país nunca vista.
Pesimismo es una palabra demasiado grande para el momento presente. El país sigue siendo el mismo de siempre, pero los nubarrones se mueven. “Lo que se puede encontrar ahora en Ucrania es un equipo de políticos que ejecuta nuevas políticas gubernamentales con la ayuda de herramientas y estructuras viejas”, explica Ostap Kushnir, autor del ensayo ‘Ucrania y el neo-imperialismo ruso’. A pesar de las dificultades, hay logros en el haber del gobierno: “El más importante, la supervivencia de Ucrania como país” a pesar de “los ataques externos y las inestabilidades internas”.

Una Ucrania más occidental

La guerra ha rebajado algunas expectativas, pero la vida sigue y “Ucrania ha dejado de ser vista sólo como un campo de batalla entre Rusia y Occidente, o como un país subsidiado de Moscú que
temporalmente ha salido de la órbita rusa”. En el campo de lo concreto, el Tratado de Asociación con la UE y el acuerdo para la liberalización del régimen de visados son dos éxitos anunciados hace demasiado pero alcanzados al fin: “A largo plazo, estos cambios han cambiado la orientación de Ucrania, moviéndola hacia el oeste”, opina Kushnir.
A esto se suelen contraponer los problemas de identidad: las intensidades nacionales distintas de este a oeste y las opciones lingüísticas distintas por todo el país. La escritora Anne Applebaum, autora del libro sobre Ucrania 'Hambruna roja', cree excesivo cuestionar, como se ha hecho, que estemos ante un país de verdad: “No creo que Ucrania sea más artificial que cualquier otro estado. ¿España es "artificial" porque Cataluña tiene un idioma diferente? ¿Es Gran Bretaña artificial? Dado el tipo de presión ejercida sobre el país en los últimos años, en realidad es sorprendente lo bien que lo ha sobrellevado”.
Para Ruslan Minich analista de Internews Ukraine, la de 2014 fue, de nuevo, otra “revolución sin resultados revolucionarios”, aunque sus logros “son mayores que los de las anteriores”, porque ahora el país “es más democrático” y la sociedad civil “tiene más peso a la hora de presionar a favor de las reformas y en contra de la corrupción”.
La resaca revolucionaria es muchas veces sonrojante. Activistas de partidos ultranacionalistas ucranianos conmemoraron este cuarto aniversario de las movilizaciones de Maidán con una manifestación y ataques a varios edificios rusos, entre ellos la sucursal de Sberbank, la gran entidad bancaria estatal de Rusia. También rompieron las ventanas de Alfa Bank y del Centro de Ciencia y Cultura rusa.
“Lo que el gobierno ha hecho particularmente mal es no saber estabilizar una sociedad en ebullición y convertirla en un activo del país”, critica Kushnir.
La primera baja política del año ha sido una estrella extranjera invitada cuya luz ya se apagó el año pasado. El expresidente de Georgia Mijail Saakashvili no podrá entrar en Ucrania (donde llegó a gobernar la región de Odesa y a ejercer de líder opositor tras romper con el gobierno de Kiev) al menos hasta el año 2021. Saakashvili, tras varias escaramuzas con la policía, fue interceptado el 12 de febrero en Kiev y expulsado en cuestión de horas bajo el argumento de que se encontraba en el país de forma ilegal. El presidente, Petró Poroshenko, le había retirado la ciudadanía en julio de 2017.
La agitación sigue. Miles de manifestantes antigubernamentales salieron este domingo a las calles de Kiev, la capital de Ucrania, para exigir la destitución del presidente ucraniano, que a su vez acusa a Saakashvili de intentar organizar un golpe patrocinado por los aliados del expresidente ucraniano Viktor Yanukovich, respaldados por Rusia.

Una guerra sin solución a la vista

Pero de todas las asignaturas pendientes, es la guerra la más sangrante, en el sentido literal de la palabra. Rusia propuso el pasado septiembre en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desplegar una misión de paz de la ONU en el este de Ucrania, donde desde aquel convulso 2014 se
enfrentan las tropas de Kiev y los separatistas prorrusos impulsados por Moscú. La canciller alemana, Angela Merkel, y Poroshenko analizaron esta semana en una conversación telefónica las perspectivas para una posible misión los Cascos Azules en Donbas, la salida de los oficiales rusos del Centro Conjunto de Control y Coordinación y el intercambio más rápido posible de todos los prisioneros a ambos lados de la línea del frente. Pero los separatistas ya no son una fuerza uniforme, como se hizo evidente en un fallido golpe en Lugansk en noviembre de 2017. Moscú tiene que esforzarse periódicamente para poner orden.
Los acuerdos de Minsk, alcanzados en septiembre de 2014 y febrero de 2015, prevén un cese del fuego, la retirada del armamento pesado de la línea de contacto, intercambio de prisioneros y elecciones locales, entre otras medidas. Pero Poroshenko acaba de firmar una controvertida ley sobre el regreso de la región de Donbas a la soberanía de Kiev. Aprobada en enero por la Rada Suprema (Parlamento ucraniano), esta ley cataloga ese territorio como "ocupado" y otorga al presidente ucraniano el derecho a enviar al ejército a la zona en tiempo de paz para asegurar la soberanía del país. Esto confirma la intención de Kiev de resolver la crisis por medio de la fuerza, según el representante ruso para el conflicto en Ucrania, Boris Grizlov. En todo caso, aquellos que quieren serrar los dos territorios controlados por los separatistas con ayuda Rusia en el este de Ucrania parecen tener la iniciativa ahora.
¿Será algún día posible para Kiev volver a conectar
con esas regiones del este, una tierra dolida por las bajas civiles y recelosa de un nacionalismo ucraniano que le es ajeno? Para Kateryna Zarembo, autora del libro sobre la juventud ‘Ukrainian Generation Z’, el norte de su país es el nuevo oeste. Desde su oficina de Kiev ha impulsado encuestas por todo el país para saber cómo piensan los ucranianos del futuro, los que ahora están estudiando y buscando su primer trabajo. “En respuestas a muchas preguntas, la juventud en el norte parece ser mucha más prooccidental, proeuropea, proucraniana y antirrusa que en oeste”.
En concreto, en el norte y en el oeste es mayor el porcentaje de jóvenes que se consideran completamente europeos, pero en Ucrania en general la apatía juvenil respecto a la política sigue siendo más alta que en otros países: un 45% de los jóvenes votó en las elecciones de 2014, mientras que en Polonia, Hungría y República Checa estos porcentajes son del 60%, 50% y 70% respectivamente. “El 95% se considera de nacionalidad ucraniana, aunque las diferencias en cuanto a la lengua persisten”. El uso del ucraniano
está creciendo, pero el ruso es la lengua principal para tratar con la familia y el entorno tanto en el este como en el sur.
Algunas piezas del puzzle empiezan a encajar. Pero el suelo ucraniano es tan fértil en cosechas como en revueltas, y un nuevo temblor nacional puede rasgar la convivencia, prendida por los alfileres de la idea de ‘patria en peligro’ y el instinto de supervivencia.”


Ya hace tiempo que no escribo sobre Ucrania y su realidad, no porque no haya más que sobrados motivos para dedicarle comentarios a ese para mí querido país, sino porque otros temas, curiosamente también relacionados con el separatismo (el catalán, en esta España nuestra) me han afectado más de cerca, y he optado por tratar aquello que me quedaba más a mano. 
Vaya por delante que mantengo contacto con instituciones, empresas y personas del país del Dniéper, y no dejo de estar sorprendido del curioso equilibrio que se mantiene en una nación que tiene en su extremo nordeste (el más próximo a Rusia) una guerra permanente, que ha desembocado en una práctica secesión de las regiones de Donbass y Lugansk (o de parte de ellas), que, amparadas en unos supuestos deseos independentistas, están sujetas a la influencia y suministro de armamento y medios desde los territorios rusos. 
Esa guerra, no larvada, sino real, existe, pero el
resto del país, sin olvidar el conflicto, hace como que no lo tiene en cuenta, pese a la sangría que implica en su economía, en la que ni se sabe la ingente suma que se dedica a armamento y a necesidades del ejército. 
El pueblo ucraniano, curtido en mil adversidades a lo largo de su historia, invadido muchas veces por el este y por el oeste, por el norte y por el sur, ha ido adquiriendo lo que podría denominarse una “mala salud de hierro”, y va sobreponiéndose de forma continua a los extremismos que en su seno se generan por esas situaciones conflictivas y a las carencias y escaseces que las penurias económicas le suponen. Es, parece que piensan los ucranianos, su sino en la historia. 
Pero la realidad es que ese pueblo, admirable por su sensatez y su cultura en general, ya estaba en los tiempos del control de la URSS soñando con la Europa del Oeste, y, al alcanzar su independencia, pese a los intentos de mantenerle en la órbita comunista, degustó las mieles de sentirse occidental y desasirse de esa Rusia cuasi imperial que ha desembocado en el reino zarista de Putin. 
Y a fe que, poco a poco, Ucrania ha ido prosperando, no solamente en lo económico y en lo social, sino en el bienestar, que mucho hay que recordar cuando para entrar a la nación se requería una Visa, y para desplazarse los ucranianos a Europa precisaban el tormentoso y difícil proceso de obtener una “Visa Schengen”. 
Actualmente, ni para entrar ni para salir a y de Ucrania se necesita ese visado que tantas zozobras ha causado, y la realidad es que los ucranianos emigrados a Europa no han causado prácticamente ningún problema en la Unión Europea, a diferencia de tantos otros oriundos de países de credo islámico o de territorios segregados de la ex Unión Soviética. Es más, los ucranianos son un gran ejemplo de integración en las sociedades de occidente a las que emigran, porque conservan sus hábitos y tradiciones pero se amoldan al modo de vida de su destino.
Por tanto, Ucrania ha mejorado en ese aspecto de
mejor economía y mejor convivencia, pero se ha quedado enquistada en la inmadurez que supone su propia diversidad, ya que las regiones del norte y del este son de cultura predominante rusa, las del oeste no pueden ocultar (hasta en el idioma) la querencia hacia Polonia y países occidentales, y en el sur, la mezcla de influencia rumana y húngara es indudable. 
Dentro de poco proyecto realizar mi acostumbrado viaje en los tiempos de la Pascua, y espero confirmar in personam lo que casi a diario percibo en el contacto con la familia, los amigos, las empresas y las instituciones del entrañable país del Dniéper, de los Cárpatos, del Dniéster y del Prut, del mar de Azov y del mar Negro, y hasta de la arrancada (¡ay, dolor!) Crimea. Y hasta del denostado y semiocultado
Chernóbyl.
Mas entre tanto, no puedo sustraerme a la realidad que sigue presentándose de esta Ucrania que ha sido capaz de superar tantas distorsiones sociales, económicas y étnicas, pero está siendo tan incapaz de alcanzar la estabilidad que sirve la paz. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

martes, 30 de enero de 2018

Esta España nuestra: Cataluña, el problema enquistado.- Los que no quieren y los que no pueden

“RESOLVER DE UNA VEZ LA SITUACIÓN

(30 de enero de 2018, en “El Imparcial)

Pocas veces la opinión pública había sido acosada día tras día, hora tras hora, como ahora con la pesadez secesionista catalana. El hartazgo ha alcanzado límites insufribles. No voy a entrar hoy en el fondo gravísimo de una cuestión que puede fracturar 500 años de la historia de España unida. Quiero recordar ahora que no se puede mantener a una región paralizada por el egoísmo y la megalomanía de un grupo de políticos. Están semiparados los empresarios, el flujo económico, la sanidad, la educación, las relaciones comerciales. Que Cataluña se haya nutrido políticamente solo de un mismo tema desde hace tres años -la secesión- resulta por completo lamentable. Y que desde hace cinco meses
la parálisis se extienda por todo el cuerpo social catalán, resulta insoportable para una población que lo que desea es trabajar con normalidad.
Parece claro que Cataluña necesita un Govern que gobierne, unas instituciones que funcionen y un presupuesto que no se despilfarre en financiar la aventura secesionista. Son muchos ya los que claman, desde el sentido común, para que concluyan los despropósitos y los egoísmos personales. Inútil propagar que no pasa nada y que la vida catalana transcurre al margen de las piruetas políticas. No es así. Cada día se nota más la falta de decisiones parlamentarias o gubernamentales constructivas; cada día se acentúa la incertidumbre; cada día la inquietud y el miedo al futuro.
Es lamentable, en fin, lo que está sucediendo en una de las mejores naciones europeas, visitada en 2017 por más de 82.000.000 de turistas, la segunda del mundo en este suculento renglón económico y tal vez la primera en el turismo vacacional.
LUIS MARÍA ANSON, de la Real Academia Española"
...
La verdad es que en esta España nuestra no ganamos para sobresaltos y problemas. 
Cuando ya parecía superada la crisis económica, cuando ya parecía que la lucha contra la corrupción se iba encauzando y los tribunales depuraban responsabilidades, se avivó el inquietante e indignante problema de la independencia o secesión de Cataluña, de la mano de un grupo de desalmados políticos que arrancaron por querer tapar la
podredumbre de la corrupción generada bajo su gobierno y que degeneraron abandonando en manos de radicales independentistas un asunto tan llamativo como peligroso: la independencia de la república de Cataluña. 
Todo parece que nació en la necesidad de la clase gobernante catalana de obtener muchos más fondos estatales, para tapar los abusos y despilfarros en su gestión, que acabó reviviendo el ánimo secesionista latente en varios sectores de Cataluña. 
De esta guisa, cuando los antiguos catalanistas moderados y los republicanos unidos a los secesionistas antisistema se hicieron con el poder, se produjo el cataclismo de la declaración unilateral de independencia que, aunque falazmente suavizada por aquello de que era solamente “ideal”, propició reiteradas suspensiones por parte de la justicia constitucional, actuaciones penales con varios líderes
en prolongada prisión, la suspensión de la autonomía y la huida del loco soñador Puigdemont, que demostró las dosis de paranoia que atesora, dejando abandonados a los suyos pero manteniendo su cesarismo.
Y cuando parecía que mediante la intervención del gobierno de la nación en la organización de la autonomía catalana, se resolvía el problema, el ínclito Rajoy y sus chicos fueron tan poco perspicaces que, queriendo aparentar un no-intervencionismo químicamente puro, convocaron inmediatamente elecciones en la autonomía, que, más o menos, han llevado al mismo mapa partidista. 
Así, el gobierno Rajoy ha quedado como ingenuo frente a las trapacerías, mentiras y habilidades de los pro-independentistas, y ello nos ha llevado al lamentable momento actual, en el que ni el Tribunal Constitucional encuentra el medio de poner orden y subsanar la deriva destructiva que presenta la vida política y social en Cataluña.
Los chicos de Puigdemont siguen “erre que erre” con sus ansias de independencia y su totalitarismo de querer gobernar a su aire, prescindiendo de la oposición y hasta del partido más votado. Pero cuando sus líderes vislumbran lo acaecido a sus predecesores, que están “comiendo barrotes” ya
bastante tiempo, se acobardan y, sin ceder aparentemente, desdibujan sus decisiones tendentes a entronizar a Puigdemont y, especialmente, a plantar cara descaradamente al gobierno de la nación española. 
Los unos (gobierno central) por lenidad e ingenuidad; los otros (independentistas) por rebeldía y ansia revolucionaria. Y la casa catalana, por barrer. 
¿Qué va a pasar? “Chi lo sá”
Lo único claro es que esta España nuestra va a menos, porque los españoles (catalanes incluidos) somos incapaces de alcanzar un entendimiento. 
Mala cosa es cuando los jueces han de depurar conductas por la falta de diálogo y pacto. 
Suspenso general para los políticos de uno y otro lado…

“Debes perder una mosca para pescar una trucha”.- George Herbert (1593-1633) Poeta religioso inglés. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

miércoles, 10 de enero de 2018

Esta España nuestra: Cuando Cataluña se debate ¿hacia una nueva locura o hacia la sensatez democrática?


"La gran zanja: Cataluña, España y nuestra mente tribal


La crisis que ha atravesado Cataluña ha polarizado a la sociedad y exacerbado nuestra mentalidad tribal. Es preciso rebajar la tensión y regenerar la esfera pública

(Eduardo Suárez, en “Letras libres”, 08 Enero 2018)La política española ha sido un terreno fértil para mentes coléricas. A menudo han pesado menos los argumentos sólidos que las metáforas huecas y han encontrado más eco quienes gritan que quienes intentan explicar la realidad.La crisis que ha atravesado Cataluña ha exacerbado esa tendencia. Se han publicado muchos artículos bien argumentados. Pero también insultos, hipérboles y juicios de intenciones que han empobrecido la esfera pública de una forma que nos resulta familiar a quienes cubrimos la elección de Donald Trump.
El debate se ha degradado en una inercia que ni los políticos ni los periodistas hemos sabido o hemos querido detener. Esa inercia ha agrandado la brecha que separa a los catalanes. Se ha creado una
atmósfera en la que todo vale si apuntala tu posición.
Yo también tengo la mía. Estoy a favor de una Cataluña plural, moderna y abierta a Europa y en contra de cualquier proyecto que se asiente sobre la fantasía étnica de la uniformidad. No creo que tenga sentido una vía unilateral a la independencia ni mantener en prisión preventiva a los políticos catalanes. Tampoco creo que podamos encontrar una solución a esta crisis a espaldas de la mitad de los catalanes: de cualquier mitad.
Escribo esto aquí porque me parece justo que el lector sepa desde qué posición escribo. Pero este texto no es un análisis sobre el fondo de la cuestión catalana sino un artículo contra la forma en la que han evolucionado los discursos de algunos actores durante este periodo de tensión.
Por supuesto, no todas las voces son culpables y no todas son culpables por igual. El objetivo de este texto es explicar por qué esta atmósfera es nociva con la ayuda de algunos ejemplos y de intelectuales que han estudiado los efectos de la polarización. El final de la campaña ofrece ahora un respiro y quizá la oportunidad de abrir una página menos bronca en el conflicto que se libra en Cataluña. Merece la pena evaluar lo ocurrido con la esperanza de que no vuelva a ocurrir.
Anatomía de la paranoia
La revista Harper’s publicó en noviembre de 1964 el artículo The Paranoid Style in American Politics. Su autor era el historiador Richard Hofstadter, que había pronunciado unos meses antes una conferencia en la Universidad de Oxford con un argumento similar. El artículo, que generó un enorme debate, era un alegato contra el pensamiento paranoico de los
activistas de la derecha radical en Estados Unidos, que habían empujado ese año al senador republicano Barry Goldwater hasta la candidatura presidencial.
El texto no era una crítica a las propuestas concretas del candidato sino una disección de la forma psicótica de hacer política de sus seguidores: una amalgama de conservadores, evangélicos, anticomunistas y ultras de la Sociedad John Birch.
“Al librarse siempre un conflicto entre el bien absoluto y el mal absoluto, lo que es necesario no es un acuerdo sino la voluntad de luchar hasta el final”, escribe Hofstadter sobre esa forma de hacer política. “Esta demanda de un triunfo total conduce a la formulación de objetivos que no son realistas. Al ser imposible lograrlos, el fracaso exacerba el sentimiento de frustración del paranoico. Incluso un éxito parcial le deja con el mismo sentimiento de impotencia que tenía al principio”.
El estilo paranoico de hacer política del que habla Hofstadter se ha ido agravando en Estados Unidos. El ocaso de los demócratas sureños, el triunfo de Ronald Reagan y el ascenso del Tea Party han ido empujando a los republicanos hacia una paranoia cuyo exponente máximo es la elección de Trump.
Esa paranoia, cuyo impacto en las presidenciales de 2016 ha estudiado en Harvard el profesor Yochai Benkler, no ha evolucionado de forma uniforme sino asimétrica. Entre los republicanos, ha silenciado la influencia de medios conservadores moderados como el Wall Street Journal en favor de páginas radicales como Breitbart News, cuyos artículos sobre inmigración dominaron la conversación durante la campaña. Entre los demócratas, las voces más influyentes han sido medios moderados como el New York Times o el Washington Post.
El artículo de Hofstadter explora el estilo hiperbólico en el que los líderes paranoicos definen a sus adversarios políticos: “El enemigo está delineado con claridad. Es el modelo perfecto de malicia, una especie de superhombre amoral: siniestro, ubicuo, poderoso, cruel. Al contrario que nosotros, el
enemigo no es una víctima de su pasado, de sus deseos, de sus limitaciones. Se inventa crisis, inicia retiradas de depósitos bancarios, causa crisis económicas, crea desastres y se aprovecha de la miseria. (...) A menudo al enemigo se le supone una fuente especialmente efectiva de poder: controla la prensa, tiene financiación ilimitada y poder para lavar el cerebro y una técnica especial de seducción”.
No es difícil percibir en esas líneas de Hofstadter algunos de los argumentos que hemos escuchado durante el procés. Las voces más extremas han presentado al adversario como un ente todopoderoso o como el arquetipo de la maldad. Ese maniqueísmo ha dividido a los ciudadanos y ha propiciado que la política dejara de ser el arte de lo posible: uno no puede sentarse a negociar con Lucifer.
La paranoia que retrata Hofstadter está presente en algunos de los relatos sobre Cataluña: el adoctrinamiento generalizado en las escuelas, el dinero del IBEX que tutela a Ciudadanos, la omnipotente mano negra del Kremlin o los espías españoles que empujaron a atentar al imam de Ripoll. Se han elaborado relatos en torno a hechos falsos o a medias verdades. Se han elevado a categoría sucesos anecdóticos que concuerdan con la perspectiva de quien los pone en circulación.
Cada bloque mide al otro bloque por la conducta de sus elementos más extremos. En ocasiones por la conducta de elementos que ni siquiera pertenecen a él. El saludo nazi de un energúmeno en Barcelona es la prueba de que quienes se oponen a la independencia son ultras sin escrúpulos. La expulsión de los guardias civiles de un hotel de Calella es la prueba del fanatismo de dos millones de votantes del independentismo catalán.
Cualquier detalle es la prueba de la maldad del enemigo: los ataques indiscriminados a los reporteros, los carteles que señalan a los líderes constitucionalistas o el apoyo de una asociación a un tuit que dice que no son catalanes quienes no están a favor del independentismo catalán.
La Cataluña ilustrada no es inmune a esta enajenación transitoria: una catedrática firmó un documento que define a España como “un país agrícola que se dedica a la caza y a atraer jubilados” y un investigador a sueldo del contribuyente llegó a decir que el candidato socialista Miquel Iceta era “un payaso”, “un impostor” y una persona “repugnante”.
Quienes se oponen a la independencia han definido a sus adversarios como paniaguados, racistas y miserables. Los secesionistas los han retratado como traidores, colonos, franquistas y botiflers.
Concebir la política como una batalla moral es el primer paso para deshumanizar al adversario y para destruir el equilibrio en el que se basa cualquier democracia. Una batalla entre el bien y el mal no admite matices. Cava una zanja que divide el país en dos mitades. Asomarse a esa zanja se vuelve cada vez más difícil. Elimina cualquier incentivo para llegar a un acuerdo que desinfle la tensión y ponga las bases para reconstruir la convivencia. Sin ese acuerdo es imposible encontrar una solución.
La caverna de Lippmann
Walter Lippmann apenas tenía 33 años cuando publicó Public Opinion en 1923. Acababa de volver de Europa, donde había trabajado con el legendario George Creel en la organización responsable de la propaganda de Estados Unidos durante la I Guerra Mundial. La guerra convenció a Lippmann de que era más fácil manipular al ser humano en situaciones de tensión extrema, cuando las emociones se adueñan de la muchedumbre y borran cualquier atisbo de racionalidad.
“En tiempos de seguridad moderada, los símbolos de la opinión pública están sujetos a comprobaciones, símiles y argumentos: van y vienen, concitan acuerdos y se olvidan sin llegar a organizar la emoción de todo el grupo”, escribe Lippmann. “Pero
queda una actividad humana en la que toda la población alcanza la unión sagrada. Eso ocurre en medio de una guerra, cuando el miedo, el odio o la beligerancia han asegurado el dominio completo del espíritu para destruir cualquier otro instinto”.
La atmósfera casi bélica que hemos vivido desde septiembre no es casual. Responde a los intereses de quienes necesitan avivar el conflicto para sobrevivir. Como explica Hofstadter, la política paranoica requiere un bloque monolítico y un enemigo bien definido. Los argumentos de sus líderes encogen en el escenario prosaico de una negociación multicolor.
Plantear un conflicto en términos absolutos se ajusta muy bien a la psicología del ser humano. Al fin y al cabo, somos seres tribales. La evolución nos ha programado para adaptar nuestras creencias a las de las personas que tenemos alrededor. Nuestros cerebros no están programados para desafiar nuestros prejuicios sino para reforzarlos y esa tendencia se agudiza (no se reduce) con la educación.
Estos datos demuestran por ejemplo que el escepticismo sobre el cambio climático es mayor entre los republicanos con educación superior. Como explica la investigadora Tali Sharot en su libro The Influential Mind, la educación a veces potencia los sesgos cognitivos: las personas más cultas se las arreglan para encontrar argumentos que apuntalan sus puntos de vista. Nuestros cerebros están programados para reaccionar a las historias y a las emociones. Los datos no suelen hacernos cambiar de opinión.
Esa perspectiva coincide con lo que cuenta en este artículo Pau-Marí Klose. También con la experiencia de Katherine Cramer, profesora de la Universidad de Wisconsin, que recorrió durante años varias comunidades rurales de Wisconsin para comprender mejor el resentimiento de sus habitantes hacia las elites ilustradas de ciudades como Nueva York. “Uno puede presentarles todos los datos del mundo pero no servirá de nada”, explica Cramer. “Ignorarán esos datos si tienen la impresión de que la gente que se los pasa los toma por tontos”.
La atmósfera que habitamos tiene una enorme influencia en la forma en que percibimos la realidad. “La influencia más sutil y penetrante es aquella que crea y mantiene el repertorio de nuestros estereotipos”, escribe Lippmann sobre el peso de ese aprendizaje social. “Se nos explica el mundo antes de que podamos verlo. Imaginamos la mayoría de las cosas antes de experimentarlas y esos prejuicios que creamos gobiernan nuestro proceso de percepción a menos que la educación nos haga consciente de ellos”.
Lippmann define esos estereotipos como “las imágenes en nuestras cabezas” y abre Public Opinion con un fragmento del mito platónico de la caverna, que utiliza como una alegoría de nuestra incapacidad para comprender del todo los problemas de la

sociedad. A Lippmann no le preocupan tanto nuestros prejuicios como la seguridad con la que asumimos que son ciertos y el modo en que rechazamos otros puntos de vista sobre asuntos sobre los que tenemos un conocimiento muy superficial.
El psicólogo Jonathan Haidt apunta una forma de moderar la opinión de una persona sobre un problema: pedirle que lo explique con sus propias palabras. “Esa persona se da cuenta de que no comprende todos los ángulos del problema y empieza a actuar de otra manera”, explica Haidt, que echa en falta los matices en el análisis que algunos intelectuales progresistas hacen de los votantes de Trump.
Muy pocos han intentado examinar esos matices durante la crisis catalana. Hemos leído que el separatismo paseaba su odio por las calles de Bruselas o que el independentismo era “el nuevo nazismo”. También que aplicar el artículo 155 era una estupidez, que Ciudadanos se creó para apartar el catalán de Cataluña o que son los independentistas quienes intentan frenar “la destrucción, el caos, el apocalipsis”. Pocos han apuntado en cambio que los catalanes se perciben a sí mismos mucho más moderados que a sus partidos o que una proporción importante apoyaría una tercera vía si se le diera esa opción.
A quienes alimentan el conflicto en Cataluña no les interesa que emerja esa tercera vía. Alguno ha llegado a decir que quienes la defienden son como los judíos que creyeron posible aplacar a Hitler en la Alemania nazi sin que esas palabras hayan forzado su dimisión. Independentistas y constitucionalistas han usado sin pudor la alegoría de la Alemania nazi. Más de uno ha llegado a comparar al independentismo con el Ku Klux Klan.
El diseño de las redes sociales y la adicción a los clics de muchos medios han ofrecido un altavoz de las voces más estridentes y han ayudado a que muchos catalanes vivan atrapados en una ficción. Esa atmósfera bronca ha empujado a los más radicales a envenenar el espacio público con insultos, palabras xenófobas y falsedades. Han llegado a decir que Ciudadanos era “un partido neofalangista” o que el “tragaldabas Oriol Junqueras” se comería en prisión “un lujoso menú pagado por España”. Se ha sugerido que un camión podría atropellar a todos los jueces del Supremo o que Franco moriría en una urna catalana… ¡42 años después!
Mención especial merecen los insultos machistas. Se han publicado infundios malintencionados sobre Elsa Artadi. Se ha llegado a decir que Anna Gabriel era “un orco” y gastaba “muy poco en desodorante”. Se ha publicado que Inés Arrimadas era “una mala puta” y se ha deseado que sufriera una violación en grupo.
Son palabras que se descalifican por sí solas pero que
han encontrado eco en un entorno en el que todo vale para golpear al adversario y en el que las emociones pesan más que la razón. Esa atmósfera también la retrató Lippmann hace casi nueve décadas: “En el momento en el que uno empieza a
hablar de fábricas, minas, montañas o incluso de una autoridad política como los ejemplos perfectos de algún principio eterno, ya no está debatiendo sino combatiendo. Ese principio eterno censura todas las objeciones, aísla el problema de sus orígenes y de su contexto y prende la mecha de una emoción fuerte, que es apropiada para los principios pero nada apropiada para hablar de muelles, almacenes o inmuebles. Y si uno empieza en ese tono ya no puede parar”.
Seres tribales
Jonathan Haidt es el autor del libro The Righteous Mind, que analiza los orígenes y los efectos de la polarización. En noviembre pronunció este discurso en el Manhattan Institute, un instituto de pensamiento conservador. El discurso, que ha reseñado en esta columna David Brooks, se centra sobre todo en las amenazas a la libertad de expresión en los campus de Estados Unidos. Pero sus palabras aportan luz también para la atmósfera que se ha creado en Cataluña.
“La evolución nos ha diseñado y adaptado de forma exquisita para vivir en sociedades pequeñas con una religión intensa y animista y con un conflicto violento entre distintos grupos por el territorio”, dice Haidt. “Amamos tanto la vida tribal que hemos inventado los deportes, los clubes de fans y los tatuajes. La mentalidad tribal está en nuestros corazones y en nuestras mentes. Nunca podremos deshacernos del todo de ella pero podemos minimizar sus efectos porque somos una especie con una conducta flexible”.
Reducir el efecto de esos instintos tribales que cita Haidt es difícil pero no imposible. Algunos proyectos empiezan a intentarlo, asustados por los seísmos políticos recientes y por sus consecuencias para el futuro de nuestras sociedades. El profesor Ethan Zuckerman acaba de lanzar la herramienta Gobo, que permite a cualquiera abrir sus perfiles sociales a opiniones que no concuerdan con sus puntos de vista. A principios de octubre intentamos algo similar en Politibot: preguntar a nuestros usuarios en Telegram y Messenger su opinión sobre aspectos de la crisis catalana y ofrecerles después artículos en contra de esa opinión. Muchos de nuestros usuarios agradecieron ese esfuerzo en este entorno de alta tensión.
Las redes sociales también pueden ser parte de la solución. Este proyecto unió en un grupo privado de Facebook a 25 mujeres que habían votado a Trump en Alabama con 25 mujeres de San Francisco que habían votado a Hillary Clinton. Las conversaciones generaron comprensión entre personas con
experiencias muy distintas e inspiraron series periodísticas sobre los asuntos que apenas salían en la prensa o que los medios no estaban explicando bien.
Una sociedad partida en dos mitades es una sociedad enferma. Recomponerla requiere un esfuerzo de quienes tienen un altavoz en la esfera pública: los políticos, los periodistas o los líderes de la sociedad civil.
Los periodistas podríamos ayudar también a romper ese círculo vicioso. Este informe de Claes de Vrees para el Shorenstein Center ofrece algunas claves útiles para cubrir mejor cualquier fenómeno populista. Algunas son obvias como explicar en detalle los efectos concretos de las propuestas políticas de cada partido o huir de los relatos que presentan las elecciones como una carrera de caballos o como una batalla campal. Otras requieren cierto esfuerzo como ignorar los ataques de los políticos que disparan contra los reporteros. En palabras del profesor De Vrees, “comportarse como un civil cuando te disparan como a un enemigo”.
El entorno no es el más propicio para rebajar la tensión y regenerar la esfera pública en Cataluña. Pero esa regeneración es el primer paso para empezar a resolver esta crisis. Una zanja cada vez más honda solo empeorará las cosas. ¿Por qué no tender un puente hoy?




Gracias a mi buen amigo riojano, ilustre profesor sobre la narrativa cinematográfica, Jorge Latorre, he llegado al artículo que reproduzco antes, y que me ha seducido por la objetividad y concreción con las que analiza la problemática del conflicto independentista catalán.
La verdad es que desde que finalizaron las elecciones autonómicas de Cataluña me había conjurado a no lanzarme a comentarios sobre los desvaríos y esperpentos de las partes o sectores en conflicto, y casi me siento comprometido a no volver a hacerlo hasta que cuaje la composición del nuevo Parlament y se alumbre el nuevo Govern, si es que ocurre, que difícil parece.
Pero al filo de lo que con tanto tino escribe Eduardo Suárez, creo que no es demasiado tarde para que vayan apeándose extremismos, reproches, insultos, rebeldías infundadas y sentimentalismos de vía estrecha, que en el problema catalán solamente han contribuido a crispar la vida social en una región como la catalana, casi siempre tan tradicional y moderada, cercada por su proverbial “seny” o sentido común.
Hace unos días un buen amigo y compañero desde antaño, catalan-parlante y muy vinculado a la región, no solamente por raigambre natal del norte de la Comunidad Valenciana, sino también por haber trabajado en Cataluña y tener familiares trabajando en ella, me sorprendió en buena manera cuando en una comunicación privada entre nosotros denotó una excitación o irritación impropia de él, atribuyendo al gobierno de España los males que sufría la educación en la región y hasta rasgándose las vestiduras por la ideada “brutalidad” de las fuerzas de seguridad “del gobierno español” en la represión de las pacíficas e idílicas manifestaciones frente a la Consellería de Economía de la Generalitat, en las que por puro
accidente se destrozaron coches de la Guardia civil, y si se impidió la salida de una comisión judicial y de las fuerzas de seguridad que la protegían fue por puro miedo (así se dijo), porque en la calle los miles de manifestantes que eran arengados se limitaban a gritar. (Ésta es al menos la manipulada versión que ofrecieron los “pacíficos” dirigentes que todavía están en prisión, ahora llamados “rehenes” del gobierno central).
Mas soslayando, por manido y repetido, lo del victimismo de los independentistas, sigue quedando claro que cuando dos no quieren ninguno de ellos habla con el otro.
Parece que algunos, váyase a saber si bajo las convincentes razones de un presidio, han dicho que renunciarían a una declaración unilateral de
independencia, pero del dicho al hecho media buen trecho, como enseña la fábula del escorpión que prometió a la rana no clavarle el aguijón si le cruzaba el río a sus lomos, y que bien se sabe que se vió impelido a actuar “según le exigía su naturaleza”, o séase, clavando.
Ahora, después de unas elecciones que han dejado un panorama electoral muy complejo, con un práctico empate, los pro-independencia proclaman que quieren la presidencia del Parlament y el control del Govern, aunque entre ellos van lanzándose “ataquitos” simulando estar en abierta oposición, pero poco creíbles, máxime cuando sus líderes, están “fuera de juego”. El uno, en prisión, por alentar e inspirar la sedición; el otro, cobardemente huido al extranjero, para no ser detenido por lo mismo; y los dos cabecillas de los alborotos y las “pacíficas violencias”, también degustando rancho carcelario, por haber sido “pacificadores”…
Así no habrá solución, y mucho me temo que seguiremos con el enredo catalán por mucho tiempo, porque nadie quiere hablar con el oponente, ya que entiende que ello implica rebajarse o ceder.
Es indudable que la fuerza de la Constitución española dota de muchas mayores posibilidades a las tendencias de los no independentistas, pero vistas las intenciones casi revolucionarias y antisistema de los otros, parece aconsejable usar más la prudencia que la fuerza y energía de las razones legales.
En esas estamos, y la verdad es que esa incertidumbre sobre si vamos a otra nueva locura independentista o si llegaremos a la razón y por vía de diálogo y pacto se hallará alguna solución, esa incertidumbre, repito, en nada beneficia ni a la economía de Cataluña ni de España. Y menos a la convivencia
Pero, ya se sabe, los separatistas se olvidan de la economía (antes ya han desviado muchos fondos para sus maniobras) y los defensores de la unidad española piensan que su fuerza por la razón evitará mayores daños.
Como dice el refrán,
“los unos por los otros, la casa está sin barrer”.
Recojo de Internet:
” “Yo la amaba. Sí. Mas con lo que habéis osado, imposible la hais dejado para vos y para mí». Se lo dice don Luis Mejía a don Juan Tenorio tras el engaño que el burlador hizo de doña Inés de Ulloa, al que añadió el anuncio de su intención de seducir también a doña Ana, prometida del propio don Luis. ¿No hay un cierto paralelismo entre ese drama -fantástico-religioso según su autor, ripioso para algunos e inmortal para otros- con la situación política de hoy mismo?”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA