Siempre es un motivo de tristeza que un querido amigo y colega se marche de este mundo para quedársenos Allí donde la Verdad y la Bondad es eterna.
Hace unos días dejó estos lares Antonio Jorge, y, cual su viuda, la querida y ejemplar Natalia, me pregunté entre sorprendido y
compungido: ¿Por qué? ¿Por qué ahora?
Cierto es que me resultó arduo aceptar desde una simple
visión humana que el bueno de Antonio Jorge ya había a pasado a ejercer su Fe
(con mayúsculas y con minúsculas) donde la Verdad es lo eterno, y donde ya está
para ayudarnos y esperarnos.
Muchos años ya conociendo a Antonio, primero como eficiente
profesional del notariado, dotado de paciencia infinita, de humanidad y comprensión
completa hacia los problemas de los demás, de estudio eficiente y meticuloso,
de ejemplo de vida profesional y personal y familiar.
Recordaba yo cuando asistía a sus exequias “corpore
insepulto”, acompañando a su esposa, Natalia, y a sus adorables hijos, Natalia y
Antón, y demás familia, aquellos tiempos pasados en los que nos reunimos mi esposa y yo mismo con él
y con su futura cónyuge en la bella ciudad ucraniana de Kiev, precisamente en
la antesala de la venida de la pareja a España, para contraer matrimonio en la
iglesia de San Juan y San Vicente, sencilla y emotiva ceremonia en la que tuve
el privilegio de ser partícipe.
Más tarde, en sus primeros años de vida común como casado en Valencia,
compartimos excursiones dominicales por diversos lugares de la Comunidad
Valenciana, hasta en Cocentaina y en el Alcoy de sus amores, y pude dar uno
de los primeros besos a sus hijos recién nacidos (hoy, Natalia, la mayor, convertida
en una bella mujercita; y Antonio, un chico rezumando sencillez y bondad).
Nuestras vidas profesionales fueron de intensa relación.
Antonio Jorge, como eficiente y meticuloso Notario que compartió tantos
y tantos momentos y otorgamientos jurídicos, en los que fue un ejemplo de ponderación,
estudio y preclaros conocimientos.
Y ahora, casi de súbito, cuando esperábamos que una jubilación bien merecida le hiciera disfrutar de la ejemplar familia por él fundada, y
cuando esperábamos todos poder compartir algo más de la vida, se nos ha ido.
Pero no ha desaparecido. Se nos ha quedado para siempre,
como ejemplo imborrable,y hasta glorificante, para servirnos de guía.
A su viuda, a la querida Natalia, le enviamos con todo afecto y respeto el abrazo
fraterno de consuelo y de estímulo a su valentía y buen hacer para seguir
luchando en la vida por esas dos joyas de hijos que Antonio Jorge le ha
regalado.
A los hijos, ¿Qué más decir sobre la ejemplaridad de su padre?
Y a quienes, como quien esto escribe, tenemos la certeza de que esta vida terrena es el preámbulo de otra perfecta y gloriosa, nos queda el consuelo de que ya está por siempre Allá (donde la Bondad y la Verdad son el Reino) un valedor por siempre.
Parece como si las palabras en el Evangelio de san
Juan (1,45-51) hubieran anticipado, al referirse a un discípulo de Jesús, lo que sin duda sirve para el inolvidable Antonio Jorge, en quien todo fue entrega y verdad:
“Vio
Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de
verdad, en quien no hay engaño” (Juan 1, 45-51)”
¡Que descanse en paz el inolvidable amigo y colega!
“La vida de los muertos perdura en la
memoria de los vivos” Cicerón (106 AC-43 AC) Escritor, orador y político
romano.
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