22 julio 2012

¿España va hacia el fondo del pozo?: Ni saben ni quieren resolver la crisis quienes pueden y deben hacerlo. ¡Que nos quedemos como estamos!

“El verano más largo, denso y ardiente de la democracia
(Jose A. Vara , en “Vozpopuli”, 20-07-2012)
Cristóbal Montoro se presentó ante el Congreso en avanzado estado de realismo. Pues amarga la verdad, quiero echarla de la boca, pensó, quevedescamente. Y saltó por encima de medias tintas, afirmaciones ambiguas, senderos tortuosos y elipsis retóricas. Un nacionalista catalán le tachó luego de "macarra". En el debate del plan de ajustes del Gobierno, Montoro tiró por el camino de en medio, que es siempre el más corto, y coronó la senda de la cruda realidad que había atacado la jornada anterior: Como no hay dinero en las arcas públicas, si no se sube la recaudación, ni siquiera podremos pagar las nóminas.
Algo ya sabido. Algo ya de sobra conocido pero que provocó la ira de la oposición, hasta el punto de que el titular de Hacienda fue responsabilizado de la escalada de la prima de riesgo, de la del bono, de la caída del IBEX y de la del Imperio Romano. Puro fariseísmo. Hipocresía de aluvión. En las puertas mismas de la hecatombe, la oposición juega ahora a hacer aspavientos de damisela virginal. "¡Pero cómo puede ser tan bruto este hombre!". "Se ha expresado salvajemente", llegó a decir Rubalcaba.
Casualidades en la eurozona
Pero al menos esta vez, esa antítesis de Demóstenes que es Cristóbal Montoro, se aproximó a la diana. Horas después de su descarnada descripción de nuestra lacerante realidad, el Bundestag, reunido especialmente para la ocasión, aprobaba por atronadora mayoría el plan de ayuda al sistema financiero español. Tras la ratificación por el Eurogrupo, a final de mes llegará a las arcas del FROB el primer tramo de la línea de crédito a nuestra banca, cifrado en unos treinta mil millones de euros. Hasta Bankia se desesperaba desde la sima de su cotización.
En el tablero europeo, laberíntico como un jardín borgiano, a veces ocurren casualidades. O no. Pero el tosco y sincero bombardeo lanzado por Montoro, la tarde en la que las calles de media España se erizaban de ciudadanos cabreados manifestándose contra recortes, tarifazos, impuestazos y demás garrotazos sobre las espaldas del contribuyente, Merkel lograba reducir a los espíritus más críticos de su grupo y de la oposición y forzaba  la firma de un cheque (no precisamente en blanco) en respaldo de un Gobierno español cada vez más derrotado y descangallado. Las verdades del barquero Montoro en el Congreso español por la mañana tuvieron un eco positivo en la Cámara alemana por la tarde. Bendita coincidencia.
"Los problemas del sector bancario español son un problema para la estabilidad financiera de la zona euro", advirtió el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, a sus compatriotas en la crucial votación del Bundestag. Resumiendo, es el euro lo que está en peligro. En estos días en los que analistas, inversores y banqueros vuelven a jugar a los dados con el futuro de la moneda común europea, la canciller alemana ha demostrado no su fe en España, que es perfectamente descriptible, sino su voluntad de sacar adelante la maltrecha realidad de la eurozona. Nada nos conviene ahora el hundimiento de España, es el resumen del voto del Bundestag impulsado por la canciller de hierro. Al menos, un respiro, un alivio coyuntural y pasajero en la erizada selva de las malas noticias que llueven sobre una España hundida y desesperada.
¿No podemos elegir?
Mariano Rajoy, cada vez más oculto, se ha parapetado en un valladar de aseveraciones manidas y no siempre del todo veraces. "No podemos elegir", "no tenemos libertad", "no podemos hacer otra cosa". No es exactamente así. La estructura del gasto público, de la administración, de las comunidades autonómicas, de los sueldos oficiales, de las agencias, fundaciones, oficinas y otras entidades de colocación de políticos y demás familia, siguen intactas. O sea, el despilfarro oficial, estatal, autonómico y municipal. Y no muestra el Gobierno del PP una voluntad manifiesta de quererlo entender. "Es muy complejo y lleva tiempo", es la respuesta eterna.
Pues tiempo es precisamente de lo que carece este Ejecutivo. De aquí a septiembre hay que atravesar  el más largo y ardiente verano de cuantos tenemos constancia, con un abrasivo aumento del IVA en el horizonte. Y con unos sindicados dispuestos a sacudirse su lastimosa imagen, desacreditada y llena de lamparones, mediante movilizaciones de todo jaez. Y unos funcionarios, de mayoritario voto conservador, echando chispas. Y enseguida, septiembre con un paisaje de Campus sublevados y rebelión en casi todas las aulas. Pues amarga la verdad  quiero echarla de la boca. Y no sólo para insistir en que no hay dinero. También para anunciar que la tijera se reorienta en la requerida dirección. Porque sí se puede elegir.
España está al borde del abismo financiero  
Los 'pufos' que el Gobierno de Zapatero dejó a Mariano Rajoy  .-El presidente popular y su equipo tienen que sanear 16.000 millones en Sanidad, 62.000 en el sistema financiero o 20.000 en infraestructuras
(Periodista Digital, 22 de julio de 2012) 
Las cuatro mil empresas públicas, fundaciones y consorcios que tienen las tres administraciones públicas acumulan una deuda de 56.000 millones de euros.
El propio Zapatero admitió no hace mucho en una entrevista concedida a la cadena Al Jazeera que "sufriríamos menos si hubiéramos ahorrado más y hubiéramos tomado menos dinero prestado del exterior".

Aunque le faltó añadir que buena parte de los 'pufos' los ha dejado él, tras ocho años de desastrosa gestión, es obligado reconocer que tiene más razón que un santo.
Y quien mejor lo sabe es Mariano Rajoy, que a los siete meses de llegar a La Moncloa sigue encontrando facturas sin pagar y sde enfrenta a una situación casi desesperada..
Aunque el presidente del Gobierno repite una y otra vez que "las herencias se reciben sin derecho a inventario" también insiste que los españoles tienen que saber la verdad de las cuentas del Estado.
Unas cuentas que, como explica Paloma Cervilla en 'ABC', se resumen en una deuda total de 997.000 millones de euros, el 92,1 % del PIB, de los que 800.000 millones corresponden a todas las administraciones (central, autonómica y local).
Ello obligará a destinar el año que viene 38.000 millones a los intereses del dinero que se ha tenido que pedir prestado al exterior. Nueve mil millones más que este año.
Si no se hubiera gastado tanto en los ejercicios anteriores no se tendría que destinar tanto al pago de los intereses, y no hubiera sido necesario tener que hacer tantos recortes
La lista que sigue no está completa, pero ayuda a entender el colapso en que ha caído España:
  • 1.- Pufo del déficit: 25.000 millones
    El Gobierno de Zapatero se había comprometido con la Unión Europea a finalizar 2011 con un déficit del 6%. Días después de llegar al Gobierno, Rajoy se encontró que era del 8%, y a día de hoy ha terminado siendo del 8,9.
  • 2.- Pufo financiero: 62.000 millones
    De aquella afirmación de Zapatero en Nueva York en septiembre de 2008 de que "tenemos uno de los sistemas financieros más solidos de la comunidad internacional" a la petición de una ayuda financiera de hasta 100.000 millones de euros a la Unión Europea, solo distan cinco años.
  • 3.- Pufo sanitario: 16.000 millones
    Desde 2003, esta deuda ha crecido un 17 por ciento. Uno de los mayores problemas del sistema es el gasto farmacéutico. Se ha detectado que 200.000 personas, sin ser pensionistas y estar en activo, tienen una tarjeta sanitaria.
  • 4.- Pufo en infraestructuras: 20.730 millones
    Solo Renfe tiene una deuda de 5.200 millones; Feve (Ferrocariles Españoles de Vía Estrecha) 530 y unas pérdidas de 150, y Adif (Administración de Infraestructuras Ferroviarias) 15.000. En España hay 176 estaciones con menos de un viajero al día y 52 servicios con una ocupación por debajo del 15%.
  • 5.- Pufo eléctrico: 24.000 millones
    Rajoy ha calificado de "descomunal" el problema que arrastra el sector eléctrico y para intentar solucionarlo sube la tarifa de la luz.
  • 6.- Pufo en las empresas públicas: 56.000 millones
    Son cuatro mil empresas públicas, fundaciones y consorcios y 32.000 millones de deuda corresponden a las empresas estatales; 13.870 a las autonómicas y 9.328 a las locales. 

No hay que ser demasiado pesimista para pensar que la que está cayendo sobre España no es una tormenta económica suave o pasajera.
Es una crisis enorme, que a saber a dónde nos llevará (lo más probable a un empobrecimiento general y tal vez a una intervención drástica por parte de la Unión Europea), y sobre la que todos -especialmente los políticos— hablan, pero casi nadie hace nada.
Si de aquellos polvos han venido estos lodos, hay que convenir que nadie evitó los disparates económicos del pasado, pero nadie se está ocupando de veras de poner una solución eficaz al actual momento de zozobra.
Es cierto que el gobierno español ha tomado medidas, bien duras y traumáticas, por cierto, pero lo ha hecho bajo el “provincianismo”, y bajo el sectarismo, que precisamente caracterizó a sus antecesores en el poder. Es decir, se ha basado en su mayoría parlamentaria absoluta para implementar unas medidas que, como mínimo, debieron de haber sido discutidas en todos los foros políticos y sociales.
Pero, claro, el miedo atroz a las encuestas de opinión y el pánico a la pérdida de votos, está conduciendo a que el gobierno decida por decreto-ley (que en caso de urgencia no es mal sistema, pero no es solución para la buena gobernanza de una nación) y que la oposición critique porque sí, diciendo con cinismo que está a disposición de los gobernantes, pero sembrando el camino de escollos para minar la credibilidad de los oponentes.
Y, claro es, la imagen que se da al exterior, es faldicorta y zaragata, de un país en el que las fuerzas políticas, y las sociales (especialmente los hasta ahora ”panzistas” sindicatos) no dan su brazo a torcer ni dejan quieta la lengua.
Los inversionistas extranjeros, hábilmente manejados desde los centros de poder USA y centroeuropeos, se frotan las manos, porque “a río revuelto, ganancia de pescadores” y el gobierno alemán, tan generoso en apariencia, se regocija de obtener financiación exterior prácticamente gratis, a cambio de empobrecer la economía española, que en definitiva es un competidor menos.
La realidad es que los españoles no demostramos tener arreglo, y en vez de intentar un amplio “pacto económico y social”, en el que todos los intereses partidistas queden supeditados al bien superior de la nación, sigamos discutiendo si la ovejas son “churras” o son “merinas”, si son galgos o podencos los “perros” económicos que están a punto de darnos caza y devorarnos.
No me creo que no seamos capaces de arbitrar una fórmula para restablecer una cierta armonía “de emergencia” en este país nuestro, tal vez porque no nos hemos percatado de que si en los tiempos de los pactos de La Moncloa nos jugábamos iniciar el camino de la democracia, en la actualidad nos estamos jugando el “ser” o “no ser”, el sobrevivir, el mantener de forma mínima el estado del bienestar.
Porque si las fuerzas políticas dejan de atacarse las unas a las otras, de manifestarse en plan iconoclasta, y las fuerzas sociales, principalmente los sindicatos, dejan de mirarse al ombligo, tal vez, con “sangre, sudor y lágrimas”, cual el Mío Cid, podamos cabalgar. Hacia adelante, claro está.
Mal los unos y mal los otros. Y mal los ciudadanos, también. Que aún seguimos soñando con aquellos idílicos momentos pasados de abundancia y despilfarro, que nos han conducido a esta pobreza inmisericorde.
¡Suspiro porque nos quedemos como estamos!
Porque si nos apretamos el refajo, nos hacen más duro el cordaje; y si nos ajustamos más el bolsillo, nos lo coserán para evitar se gaste su contenido.
Nos quieren como nos quisieron al principio de nuestra vinculación a Europa. Turismo, sol y vino. Las industrias para Alemania. La agricultura para Francia.
Tenemos unos socios que lo único que pretenden es que nos quedemos como estamos. Así sea.
Difícil es…

“Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses”.- Alexis Tocqueville (1805-1859) Político e historiador francés.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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