29 abril 2020

Esta España nuestra: La desescalada en la oscuridad de un estado de alarma inacabable con el que nos engaña el “lengua de madera”



Más confusión, alarma y deslealtad
Sánchez no ofreció concreción de nada, dejando de nuevo a los ciudadanos más dudas, más confusión y más indefinición que garantías
“Pedro Sánchez se reservó ayer la comparecencia del Consejo de Ministros para anunciar personalmente su «Plan para la transición hacia una nueva normalidad». Más allá de lo peligroso -y pretencioso- de esa terminología tan típica del afán agit-prop de La Moncloa, lo cierto es que Sánchez presentó a los ciudadanos un proyecto de retorno progresivo a la rutina dividido en cuatro fases, con un mínimo de duración de seis semanas y un máximo de ocho, durante las cuales seguiremos en estado de alarma. Aparte de estos datos, y de que sea una noticia satisfactoria, Sánchez no ofreció concreción de nada más, dejando de nuevo a los ciudadanos más dudas, más confusión y más indefinición que garantías. El Gobierno no dio fechas de entrada en vigor de cada fase, especuló con estimaciones, no especificó cómo debe acometerse la reactivación de la normalidad laboral con las plantillas de trabajadores, y tampoco dio detalles sobre cómo se prohibirá el tránsito entre
poblaciones confinadas y liberadas. Presumir que la intención del Gobierno siempre es buena no es suficiente, sobre todo porque la vulneración de garantías y los abusos contra las libertades, amparados en este estado excepcional, deben tener un límite.
Sánchez ha actuado de modo unilateral y desprecia a las autonomías y a la oposición, aunque dependa de ella para prorrogar la alarma. Moncloa simula que consulta, pero después ejecuta sus decisiones en un círculo de poder endogámico diseñado solo para su protección y lucimiento. Sánchez es la deslealtad personificada y realmente cree que España puede depender de un pequeño sanedrín cada vez más ideologizado y sectario. ¿Cómo puede plantear con un mínimo de sinceridad un «plan de reconstrucción» a los partidos, si después hace y deshace sin pactar nada con nadie? En Francia, Macron anunció su plan en la Asamblea Nacional; en España, Sánchez lo hizo durante otro mitin interminable en La Moncloa, y en ese matiz reside la diferencia entre una democracia solvente y otra decadente. Pero sobre todo Sánchez es desleal con los ciudadanos, y esto es lo más peligroso. Ayer habló de «patriotismo», pero solo él decide qué es patriotismo y qué no. Habló de «normalidad», pero nada es más atípico que el plan presentado, y nada es más anormal que el proyecto autoritario que esconde. No hay nada «normal» en nuestras vidas, porque lo «normal» habría sido debatir en el Congreso y no imponer a puerta cerrada en La
Moncloa. El Gobierno se ha erigido en un poder autocrático que ha invalidado al legislativo y pretende derruir al judicial, y Sánchez se ha revelado como un presidente autoritario que cree poder manejar a España a golpe de decreto social-comunista. Y eso es tan grave para los derechos de los ciudadanos como la dramática pérdida de vidas humanas, porque para más de 23.800 personas, si creemos las cifras oficiales, ya no habrá ningún tipo de «normalidad».
(De ABC, 29/04/2020)
Hubo un ministro en España, allá por los años 1982 y siguientes, a quien se apodó por la ciudadanía como “la mosca”, justificándolo con la sentencia de que “se va, la caga (con perdón) y vuelve”, y se refería a un ministro de asuntos exteriores que estaba casi siempre viajando al extranjero, y cuyas decisiones eran un cúmulo de errores.
No desvelo el nombre del así apodado, aunque el lector bien lo supondrá, por aquello del respeto al que ya falleció, pero ahí queda la sentencia popular.
Pues bien, en la actualidad en esta España nuestra estamos dominados por el Covid-19, no solamente por su letal incidencia, sino porque ha propiciado
que otro político de media estopa, metido a presidente del gobierno, haya creado una catástrofe con su imprevisión de la pandemia, sus decisiones tardías y erróneas, sus autoritarismos aprovechando la declaración del estado de alarma y su alianza con ese peligroso (por doctrinario e iconoclasta) espécimen que es el líder de Unidas Podemos, el de nombre de iglesia y hechos demoníacos.
Como el estado de alarma (que no digo no tuviera justificación, pero que se aplicó en plan descerebrado, desordenado y esotérico) comenzaba a hacerse insoportable para la ciudadanía, y al ínclito Pedro I “el Sánchez” le hizo temer una pérdida de apoyo electoral, se decidió al fin por lo que él mismo ha llamado “desescalada” (¡vaya palabro!), que se ha instrumentado de manera oscura, poco inteligible y envuelta en un estado de alarma que ni se sabe hasta cuándo durará, y que parece conviene a ese autoritarismo que tanto gusta al divo presidencial.
¿Quién puede abrirla y salirse?
Mientras tanto, como leo en “Las Provincias”, de Valencia, “las largas intervenciones de Pedro Sánchez son un claro ejemplo de “lengua de madera”, que es -según escribía ayer Ricardo Dudda en El País – como llaman los franceses a la verborrea política. Ejemplo: en vez de decir ciudadanía o españoles prefiere decir conjunto de la
Bla, Bla, Bla...
ciudadanía o conjunto de los españoles, aunque la palabra conjunto no añade nada. Sus largas comparecencias, añade “son las de un actor haciendo de presidente” (
fin de la transcripción)
Y de esta guisa se ha juntado una crisis sin precedentes con una ineptitud que tiene menos precedentes (como he visto por ahí en alguna viñeta), por lo que el ciudadano se ha creído a medias que ya está liberado, cuando la realidad es que se va a ver envuelto en el galimatías de unos períodos y unas permisiones que ni a su autor (autores en continua pelea en el consejo de ministros) resultan inteligibles.
Es lo que interesa al ínclito Pedro I “el Sánchez” y a sus dos gobiernos en uno, porque mientras el estado de alarma se consagra como de duración indefinida, se va dando al ciudadano migajas de permisividad, dejándole salir a la calle, a ratos y con condiciones, se le deja ir a cortarse el pelo (o a tintárselo, que ya muchas mujeres muestran canas sin ocultar), con promesas de que allá por junio, si todo va bien (y al gobierno le interesa, añado por mi parte) se le dejará salir de la reclusión carcelaria de la provincia para ir a la de al lado, o a otra de España.
Es una manera, como otra cualquiera, de hacer pervivir el pánico que se ha instalado en las mentes de muchas gentes de bien, a quienes ha acobardado la mortandad por un virus imprevisto, y a quienes lo que importa es tomar algo el sol y recibir la paga o el salario con los que poder tomarse unas cervecitas en el bar de la esquina.
Y, desde luego, a esos acobardados y al ciudadano en general le “redimirá" el lenguaraz (o al menos presumirá de ello) porque le levantará generosamente el castigo. A ver quien es más sibilino…
La verdad es que seguimos en estado de alarma, pero especialmente "alarmados” porque no vislumbramos el fin, y porque dependemos de un “lengua de madera”, que, como dice tanta gente, “no tiene una mala palabra ni una buena acción”

"Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo".- Proverbio árabe
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

2 comentarios:

  1. Bom quando passava, agora já não passo, por Lepe lembrava-me sempre de ti, por algumas coisas que me ensinavas sobre España.
    Bons tempos.

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  2. ALMUDENA LLOVET OSUNA30 de abril de 2020, 10:20

    Podría decirse mas alto, pero no mas claro!

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