viernes, 18 de septiembre de 2015

¿La crisis de los refugiados? ¿O más bien la crisis de la Unión Europea?

Europa va tarde con los refugiados
(17/09/2015, Javier Cámara, en “El Imparcial”)
“Se esperaban 40.000 refugiados, pero se sumaron otros 120.000. Al final, veremos cuántas personas quieren venir a Europa. Ante la incertidumbre, efectivamente, hace falta una política común europea. Porque mañana pueden ser 500.000 y dentro de un mes otros 2 millones.
La propia ONU estima que para finales de 2015 otro millón de sirios habrá aban
donado su país por las bombas de unos y otros. La cosa está justificada. Allí, en Siria, 220.000 personas están sitiadas y otros 5 millones malviven sin ayuda humanitaria.
Hay que acogerlos a todos, sí, pero hasta cuándo y qué cantidad está Europa dispuesta a asumir sin que se produzca el caos.
Estamos ante un flujo migratorio sin control que va a generar grandes tensiones entre países y que traerá consigo un cambio en la forma de hacer las cosas sin precedentes. Hay que tener muy claro que Europa va a tener que modificar sus reglas, nuestra realidad será distinta, y tendrá que planificar toda esta marea de desplazados si no quiere perder el orden que le caracteriza.
Desde África y Asia, cientos de miles de personas se juegan la vida para pisar suelo alemán, para vivir el sueño europeo, y mientras el resto de países árabes
observa impasible el éxodo, sin ayudar y cerrando las puertas a sus “hermanos”, Europa pierde su identidad. El viejo continente ha pasado de adalid de los derechos humanos y la justicia a fortaleza de los que protegen con alambradas lo que creen que es suyo.
Barreras de soldados y carros de combate, de policías y concertinas que aparecen ante unos atónitos migrantes que ya no saben si les queda algún derecho. Lo han arriesgado todo para pelearse con unos guardas de frontera. Si no les dejamos escapar, ¿qué les espera? Mejor pedradas y aguantar el gas pimienta que sentarme a ver cómo destruyen mi casa
con mi familia dentro, pensará alguno de los que intenta proteger a sus hijos de los cañones de agua.
Schengen se ha acabado. Vuelve el control fronterizo. Uno de los pilares esenciales en la construcción de la Unión Europea se tambalea y muchos dudan de su continuidad. Europa afronta una nueva realidad que durará años y que nadie se atreve a vaticinar cuándo acabará.



Todo problema humanitario necesita de soluciones políticas y aquí es donde la UE no está dando la talla. Va tarde. Molesta la indolencia de una burocracia que ante el sufrimiento de personas que viven una emergencia ven cómo los que tienen parte de la solución en su mano se reúnen cada 15 días si no llegan a un acuerdo.
Las próximas será el 22 y el 23 y si tampoco, el 8 de octubre. Para entonces, ¿cuánto habrá cambiado el panorama? ¿Habrán aumentado mucho las cifras? ¿Seguirá siendo necesario resolver los mismos problemas? ¿Pero no estamos hablando de una emergencia? Europa tiene que trabajar junta si quiere construir un espacio de convivencia común y todos los países que la conforman deben entender que el problema del masivo desplazamiento de refugiados no es exclusivo de los países que hacen de frontera o de puerta de entrada. La salida del conflicto tiene que encontrarla toda la UE porque el problema es de todos.

Y entendiendo que buena parte de la solución está en estabilizar la situación en los países de origen, nada hartaría más, y ya está hartando, llegar tarde estando avisados. Luego nos escandalizamos por la foto de un niño de tres años muerto en una playa.
...
Se veía venir y ha llegado.
La impotencia de los órganos de gobierno de la Unión Europea para siquiera organizar la llamada “crisis de los refugiados” ha venido a poner de manifiesto algo que se venía vislumbrado, mal que los gobernantes de los distintos países trataran de ocultarlo: La Unión Europea se ha convertido en un monstruo casi inoperante, sin un gobierno efectivo y con tan enormes discrepancias entre sus miembros, que más bien parece un club de amigos mal avenidos que una verdadera unión política y económica.
Hay que poner de manifiesto que ni siquiera los gobiernos de las naciones más poderosas, y por tanto más preparadas para hacer frente a avalanchas como la que está produciéndose, han sido capaces de organizarse de forma adecuada.
Así, Alemania ha tenido que implantar control de fronteras con Austria, y este mismo país ha debido racionar el acceso de migrantes.
¿Y qué decir de esos países más recientes en su ingreso, que en cuanto han podido se han zafado de asumir sus responsabilidades en el tema?
¿Qué decir de esa Hungría que ha acabado tratando a

palos y con gases lacrimógenos a mujeres y niños amontonados en su frontera con Serbia?
¿Qué decir también de esa Croacia, que está desbordada por los miles de presuntos refugiados que se le han colado tratando de ir a Alemania?
¿Y qué hará Alemania, que esperaba 120.000 personas y tiene en sus puertas una multitud incontable?
Tremendo fracaso de la política previsora y organizativa de la Comisión Europea, que viene titubeando sin aportar soluciones adecuadas, y que ha sido burlada cuando ha querido implantar la solución de cuotas de refugiados por países.
Si al menos lo que está ocurriendo sirviera para adoptar soluciones eficaces respecto de la Unión…
Pero no; la Unión Europea ha acabado de construirse con miras esencialmente económicas de los países poderosos, olvidando la idiosincrasia de aquellas naciones que se admitían sin estar en condiciones para ello. Y así estos países han aprendido a poner la mano y recibir enormes ayudas económicas, pero se han sustraído de la responsabilidad de comprometerse ante el problema.
Hay más: Los países que se han negado a aceptar refugiados lo han hecho esencialmente no por razones económicas, sino políticas y de índole racista, tratando de eludir la entrada de musulmanes y buscando de paso escurrir el bulto.
Ahora bien, estos “árboles” no deben impedir “ver el bosque”. Y éste es que las soluciones a esa enorme migración no se adoptaron a tiempo (si es que se hizo ello), porque era mejor no comprometerse y no
gastar dinero. Y de esta manera, en Siria se apoyó primero a los rebeldes que se oponían al tirano que gaseaba a los pobladores, sin reparar que esos rebeldes eran aún más peligrosos por su aberrante fundamentalismo islámico.
Y en Afganistán, USA fracasó una vez más, porque gastó millonadas y no consiguió (como suele acontecerle) implantar un régimen de paz.
Y en Iraq, mucho tratar de derrocar a Sadam Hussein, y se ha quedado un país esquilmado, sin gobierno, y que los radicales islamistas van royendo y devorando a placer. Sunníes contra chiitas, y viceversa
Ni un solo atisbo de acciones preventivas en origen se ha visto, y ni un solo proyecto al respecto se ha anunciado.
Ése es el gran fracaso, y ya veremos cómo acaba la cosa.
Claro, que lo más significado y demagógico es, como ha acontecido en España, acoger al entrenador de fútbol sirio que fue zancadilleado por una bestia húngara que ejercía de fotógrafa; y a este sirio y a sus hijos, facilitarles con rapidez permisos y trabajo, lo que dicho sea de paso está más que bien. Pero es un hecho aislado para presumir de ayuda, al igual que las autonomías ya anuncian números de refugiados a asumir y edificios a ocupar (inclusive dicen de fletar un ferry hasta y desde Grecia) sin contar con el gobierno de la nación, que es el único competente para las legalizaciones
Se ha dicho que Alemania lo que busca es abastecerse de mano de obra para el futuro, y aunque ello pudiera ser cierto en parte, no se acaba de entender cómo se hará si se ha dejado una entrada incontrolada e indiscriminada de asiáticos, de cultura y formación musulmana y que buscan un paraíso al huir del exterminio en sus tierras.
Gran paradoja hay, y seguirá habiendo, entre los derechos humanos de los refugiados (a proteger siempre) y las posibilidades organizativas y económicas de los países europeos desarrollados.
El rico refranero español brinda muchas exclamaciones y reflexiones al respecto, porque “éramos pocos y parió la abuela”, “de aquellos polvos vinieron estos lodos”, “ a buenas horas mangas verdes”, etc., etc.
Convenzámonos: O se arregla bien la Unión Europea, y se cuida su acción exterior, o estamos a las puertas de una crisis aún mayor de la económica que estamos abandonando en estos tiempos.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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