lunes, 9 de septiembre de 2013

La Olimpiada 2.020 se vistió de amarillo.- Los políticos y Madrid, "compuestos y sin juegos..." Y los sueños, sueños son...

“JUEGOS OLÍMPICOS: DESENCANTO, SÍ; RENDICIÓN, NO
Para justificar tal vez el viaje gratis total a Buenos Aires de dos centenares de personas, los políticos crearon una expectación desorbitada en torno a los Juegos Olímpicos. A pesar de que las apuestas nos situaban en tercer lugar, todo eran declaraciones de que el éxito estaba prácticamente asegurado. La euforia suscitada justificaba los gastos, en algunos aspectos desorbitados, a los que se entregaban las autoridades deportivas, también las municipales, comunitarias y gubernamentales.

El natural desencanto que ha producido a la opinión pública el resultado de Buenos Aires no debe desembocar en una actitud generalizada de rendición. Madrid no ha conseguido los Juegos Olímpicos. No pasa nada. Habrá que intentarlo otra vez en 2024 o en 2028. La capital de España tiene instalaciones y capacidad para organizar una gran olimpiada. La reacción de la sana opinión pública considerará este pasaje como una anécdota y en lugar de rendirse continuará estimulando el deporte español y la moral nacional. Desencanto, sí, está claro; rendición, no. La vida continúa y los españoles tienen metas inmediatas que superar: la crisis económica, el paro, la defensa de la unidad nacional.

Los ilusos y los aprovechados regresarán, tras sus vacaciones olímpicas pagadas con el dinero de los contribuyentes, de tapadillo y con las orejas gachas. Deberían, además, enrojecer de vergüenza por haber creado tantas falsas expectativas.”

Luis María ANSON, de la Real Academia Española

(De “El Imparcial”, 9/0/2013)


Las verdaderas 9 razones por las que el COI dijo 'no'

(S. Mc Coy en “El Confidencial”, 09.09.2013)

“No es de recibo. El resultado de la votación en Buenos Aires pone de manifiesto que Madrid nunca fue una alternativa real a Tokio -tal
y como reflejaban las casas de apuestas- y que tan sólo en el imaginario de nuestros políticos y de un enfervorizado Alejandro Blanco la candidatura española contaba con algunas -en caso del Presidente del COE, muchas- posibilidades. No se puede jugar así con el sentimiento ciudadano. Una cosa es generar ilusión; otra bien distinta manipular al pueblo en el rush final de la competición como única esperanza para arrancar algún apoyo. Que es lo que ha ocurrido gracias, en parte, a una fanfarria mediática provinciana.

Hay muchas razones por las que nos hemos quedado fuera, por tercera vez consecutiva, de esta carrera. Probablemente las otras dos ciudades, Estambul y la finalmente ganadora, tenían sus particulares listas de agravios a los ojos de los miembros del COI, ese nido de corruptos que han hecho del fair play su bandera en un ejemplo deleznable de hipocresía; no están libres de pecado, no. Pero nos interesa la nuestra, las causas objetivas por las que en ningún momento Madrid se consolidó como una opción. Echar balones fuera de poco sirve sin un ejercicio previo de autocrítica.

Supongamos que fuera Gurb, el mítico extraterrestre de la novela de Eduardo Mendoza, el que estuviera sentado en uno de los asientos que daba derecho al voto. Recién llegado de su planeta, este sería el panorama patrio con el que se encontraría a la hora de decidir:

  1. Crisis en la Jefatura del Estado. Por más que el Príncipe haya puesto en valor sus años de preparación en la presentación del viernes -faltaría más, ¿no?-, el Rey está en el candelero por conductas que han hecho abdicar a otros monarcas, como el belga. La doble moral, institucional y personal, se tolera mal ahí fuera. Por no hablar del papelón con el yerno y el miedo a por dónde puede salir la nuera. La estabilidad de la Monarquía se antoja precaria.
  2. Crisis en el partido gobernante. El caso Bárcenas encierra una presunta doble trama de financiación ilegal y cobro irregular de sobresueldos que afecta a toda la estructura del PP,
    empezando por su cabeza, y cuya resolución, dadas las siete vidas de los discos duros del extesorero, no es predecible a día de hoy. Puede reventar abruptamente en cualquier momento. A más.
  3. Crisis en el principal partido de la oposición. Descabezado y afectado igualmente por el entramado de corruptelas institucionales que supone el escándalo de los ERE; amenazado por la potencial ruptura con un PSC, a su vez, salpicado por el affaire Método3, considerar actualmente al PSOE como alternativa sólida es incurrir en la ficción política, novela fantástica con Rubalcaba de víctima o ¿verdugo? A más, a más.
  4. Crisis parlamentaria. El desapego de los ciudadanos hacia el bipartidismo imperante por las razones antes citadas, pese a haberse manifestado de momento torpemente a través de movimientos como el del 15-M, puede conducir a una fragmentación del arco parlamentario tal, que convierta el desarrollo de cualquier iniciativa -Madrid 2020 incluida- en un ejercicio de equilibrismo democrático agotador. Es lo que se conoce como italianización de la política. A más, a más, a más.
  5. Crisis de liderazgo. Que viene no sólo del descrédito de las instituciones y organizaciones antes citadas, sino de la perversión de los mecanismos de elección para los cargos públicos. Allí estaban, sobre la tribuna de Buenos Aires, una alcaldesa y un presidente de comunidad autónoma no votados por los ciudadanos. Por si fuera poco, en Andalucía subía simultáneamente a lo más alto de la Administración local el más
    vivo ejemplo del político profesional: no en vano, la cualificación académica de Susana Díaz es más que cuestionable. No hay tipos con predicamento y legitimidad para tirar del carro y liderar un proyecto como este. Y los que se apuntan, restan más que suman, q.e.d. en el propio Buenos Aires.
  6. Crisis pública de credibilidad. Va a ser que por esos mundos de Dios, la palabra de un gobernante importa. Las sucesivas revisiones de la cifra de déficit público y el previsible incumplimiento del objetivo para el agujero de este mismo año, unido a una deuda disparada y cerca del punto de no retorno -por no hablar de las divergencias entre programa de gobierno y ejercicio del poder- podrían hacen creer a terceros informados que la palabra de los políticos españoles se la lleva el viento, incluso si de la planificación de unos Juegos o de luchar contra el dopaje se trata. No te fíes de lo que dicen, mira lo que hacen. Esa ha sido una de nuestras cruces.
  7. Crisis territorial. Pese a la retirada táctica, qué casualidad, del referéndum independentista catalán coincidiendo con la votación, la posibilidad de que el territorio español se termine fragmentando en el periodo hasta 2020 -primero por el noreste y luego por el norte- seguro ha sido incorporada a su decisión por los miembros del COI. España hace tiempo que dejó de ser, en todos los sentidos, una ‘unidad de destino en lo universal’. Riesgo mayúsculo para un evento de esta magnitud que habría que evitar a ojos del organismo internacional.
  8. Crisis económica. Por más que el optimismo imperante se empeñe en lanzar las campanas al vuelo, estamos ante una normalización estadística más que ante una verdadera recuperación. No hay consumo interno ni inversión sólida, y
    dependemos de unas exportaciones que aún pesan poco en el conjunto del PIB y cuyo despegue se ha producido por una devaluación interna que afecta al bolsillo ciudadano. Puede que nos encontremos viendo la luz al final del túnel pero aún quedan muuuuchos quilómetros hasta la salida. Somos un país rescatado, bancariamente hablando, y el panorama futuro dista de estar resuelto. Preocupante para el que decide: ¿no serán otras las prioridades, no deberían serlo?
  9. Crisis social que se deriva no sólo de la alarmante cifra de paro, sino también del paulatino desmantelamiento de esa clase media que verdaderamente construyó España en el tardofranquismo y la Transición. Más impuestos y menos Estado del bienestar están produciendo una polarización social de consecuencias igualmente imprevisibles en términos de cohesión ciudadana como ponía de manifiesto el suplemento económico de este fin de semana de La Vanguardia. Estamos ante una bomba de relojería que, si la cosa se prolonga, puede terminar por estallar. Algo que, por definición, suele ocurrir siempre en el peor momento.

Se podrían añadir más motivos -como la merma de peso diplomático o la falta de preparación de una parte de nuestros oradores- aunque estos nueve son, en mi modesta opinión, los más evidentes por afectar a la estabilidad institucional, a la fiabilidad administrativa y a la capacidad financiera de España. Con ese panorama, ¿qué argumentos más allá del entusiasmo popular y el poder de su deporte había para votar a España? ¿Austeridad? Dios mío, eso sí que es desconocer a un COI para el que los Juegos son un negocio y al espíritu olímpico... que le den. Poniéndonos, por tanto, en el pellejo de sus ‘oropelados’
miembros, cuesta encontrar tales razones, la verdad.

Me da pena que a Madrid no le hayan dado los Juegos. Participo de la manipulada desilusión popular. Se trata de una cuestión sentimental, no justificada racionalmente. Casi por mis hijos, más que por mí. Sin embargo, pensar que quien siembra los vientos de la duda va a recoger la calma de la recompensa y no la tempestad de la indiferencia es quimérico. Nos han puesto en nuestro sitio, por méritos propios. España está patas arriba y, cuanto antes nos demos cuenta de las consecuencias que tiene en el plano nacional e internacional, mejor que mejor. Por soñar que no quede, vale. Pero no despiertos, por favor.”


Enorme despliegue de los medios de comunicación, comentarios de toda clase, preparativos para las conmemoraciones… etcétera.

Todo el optimismo se trocó en decepción.

Una vez más, “vender la piel del oso antes de cazarlo”, ha llevado a muchos españoles a sufrir la enorme desilusión de ver cómo los Juegos Olímpicos del año 2.020 se conceden a Tokio.

Nos hemos quedado “amarillos”…

Y es que somos incorregibles…

Todavía nos dejamos llevar por la demagogia de los políticos y dirigentes, que proclaman a los cuatro vientos su “casi” seguridad del éxito y tratan de vincular su capacidad de gestión personal y política al albur de una decisión de un Comité (el Olímpico Internacional), en el que privan los más ocultos intereses, los más increíbles manejos y que solamente se orienta al mayor lucro (no solamente económico) personal de sus miembros.

Parece que eso del Olimpismo, como maravillosa y deseable realidad mundial, tiene los pies de barro, atenazado por intereses nacionales y por rechazables trueques de negocios.

Se ha dicho que si Alemania y Francia no han apoyado a España, porque querían los juegos para 2.024; que si el dopaje en España ha influido en la decisión; que si nuestro anuncio de austeridad pugnó con el deseo de opulencia de los dirigentes olímpicos.

De todo un poco habrá habido, pero la realidad es que ¡menudo
batacazo! se han dado nuestros políticos…

Todos los organizadores españoles, de tener algo de honestidad política, deberían dimitir inmediatamente (¿alguien lo espera?) y salvo al Príncipe de Asturias, en cometido institucional y absorbido por los "tiburones2 de la organización, porque una vez más dio ejemplo de preparación, equilibrio y capacidad de liderazgo, poniendo de manifiesto que habría que pensar si su padre no está ya, o viejo, o demasiado visto…

Pero desde una alcaldesa queriendo hablar un infumable inglés, hasta un presidente del gobierno proclamando bondades que solamente sirven para difundirlas en España, que es donde algunos se las creen, todos en fin, han hecho el mayor de los ridículos, demostrando una total falta de realismo.

¡Lo peor es el dineral que esa apuesta nos ha costado a todos los españoles!

¡Dos grandes aviones repletos de invitados! ¡Unos costes millonarios de planificación!

Y mientras tanto, recortes en la Sanidad, en la Educación, en todo…

No puede negarse que optar a unos Juegos Olímpicos es siempre una interesante inversión…pero cuando se pueda…

Aquí, con tanto parado, con tanta recesión, con tanta crisis, se nos está distrayendo con efluvios patrios por Gibraltar o por los Juegos Olímpicos.

No es eso, no; hay que apretarse el cinturón y reconocer que España no está para estas cosas tan caras, y que ya vendrán tiempos mejores.

Lo dijo una miembro del Comité Olímpico, cuando se refirió a la crisis española, y opinó que mejor sería destinar el coste de la preparación de los Juegos de 2.020 a enjugar déficits y carencias.

“Los sueños, sueños son”, que ya escribió Don Pedro Calderón de la Barca.

Y el pasado sábado estábamos tan confiados en la ilusión de ser designados para la organización de esos Juegos, que nos quedamos dormidos y… nos caímos del árbol.

¿Que Tokio se ha llevado el evento? Pues, como decía aquella abuelita de aldea: “Una boca menos que alimentar”… !Que se gasten ellos el dinero que sí tienen!

Y ojalá sirva lo acontecido para que esos individuos y políticos que se pretendían envolver en la clámide del éxito de haber logrado unos Juegos, aprendan algo tan esencial en la vida pública como que han fracasado, que ya no podrán presentar ese potencial triunfo en su campaña electoral, y tal vez, “rara avis”, hasta puede que alguno dimita…!pero solamente del Comité Organizador!, que ya argüirán que para sus cargos les "eligió" (¿) el pueblo.

¡Por favor! No vengan ahora con aquello de que hay que optar de nuevo!

Que ya mucho nos viene costando la broma…

A esos “próceres” del fracaso obtenido dedico, por si no la recuerdan, la fábula que sigue:



LA LECHERA

Llevaba en la cabeza

una lechera el cántaro al mercado

con aquella presteza,

aquel aire sencillo, aquel agrado,

que va diciendo a todo el que lo advierte

¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!

Porque no apetecía

más compañía que su pensamiento,

que alegre le ofrecía

inocentes ideas de contento.

Marchaba sola la feliz lechera,

y decía entre sí de esta manera:

"Esta leche vendida,

en limpio me dará tanto dinero,

y con esta partida

un canasto de huevos comprar quiero,

para sacar cien pollos, que al estío

merodeen cantando el pío, pío"

"Del importe logrado

de tanto pollo mercaré un cochino;

con bellota, salvado,

berza, castaña engordará sin tino;

tanto que puede ser que yo consiga

ver como se le arrastra la barriga"

"Llevarélo al mercado:

sacaré de él sin duda buen dinero;

compraré de contado

una robusta vaca y un ternero,

que salte y corra toda la campaña,

hasta el monte cercano a la cabaña".

Con este pensamiento

enajenada, brinca de manera

que a su salto violento

el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,

huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh loca fantasía!,

¡Qué palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría;

no sea que saltando de contento,

al contemplar dichosa tu mudanza,

quiebre tu cantarilla la esperanza.

No seas ambiciosa

de mejor o más próspera fortuna;

que vivirás ansiosa

sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro:

mira que ni el presente está seguro.

(De Félix Mª de Samaniego)



SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

2 comentarios:

  1. Muy bien "Ángel Salvador". Lo cuentas muy bien. Como madrileño ocasional me alegro de que haya prevalecido el sentido común, una vez más fuera de nuestras fronteras, ya que en España está desaparecido desde que se instauró este embauca bobos democrático mas falso que que la actual democracia cubana. No sé si en alguna parte existe alguna democracia verdadera, puede que sí.
    En otra parte leí que un ilusionista escribía sobre que las olimpiadas podrían suponer un bien para una sociedad en crisis moral. Ya sabes, una vez eliminado el cristianismo, esta podría ser la religión sustituta.

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  2. Mi buen amigo Angel:efectivamente,yo tabién pensé enseguida en el famoso cuento de la lechera,de estos políticos de baja estofa que nos desgobiernan. Un fuerte abrazo desde Calpe. Ramiro

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