domingo, 12 de febrero de 2012

En el Día de San Valentín: Disquisiciones sobre el amor en estos tiempos

“Duda de que sean fuego las estrellas, duda de que el sol se mueva, duda de que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo”.- William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.

Kiss Brissei, pintura en El Louvre
El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (científico, filosófico, religioso, artístico). Habitualmente, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y actitudes.
En el contexto filosófico, el amor es una virtud que representa toda la bondad, compasión y afecto del ser humano. También puede describirse como acciones dirigidas hacia otros (o hacia uno mismo) y basadas en la compasión, o bien como acciones dirigidas hacia otros y basadas en el afecto.
En español, la palabra amor (del latín, amor, -ōris) abarca una gran cantidad de sentimientos diferentes, desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar y el amor platónico, y hasta la profunda unidad o devoción del amor religioso. En este último terreno, trasciende del sentimiento y pasa a considerarse la manifestación de un estado de la mente o del alma, identificada en algunas religiones con Dios mismo y con la fuerza que mantiene unido el universo.
Desde el punto de vista de la ciencia, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos y heroicos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.
Manifestaciones del amor
En las relaciones de la persona con su medio, el amor se ha clasificado en diferentes manifestaciones; en virtud de ello, pueden aparecer una o más de las siguientes:
Amor autopersonal: El amor propio, amor compasivo, es, desde el punto de vista de la psicología humanista, el sano amor hacia uno mismo. Aparece situado como prerrequisito de la autoestima y, en cierto contexto, como sinónimo de ésta. Es algo positivo para el desarrollo personal e indispensable para las buenas relaciones interpersonales, y no debe confundirse con el narcisismo, que conlleva egocentrismo y que coincide con una autoestima baja. Para el budismo, que califica al ego como una mera ilusión de nuestra mente, el amor real, amor compasivo, sólo existe cuando se dirige hacia otra persona, y no hacia uno mismo. Para el psicoanálisis, que, de forma completamente opuesta al budismo, califica al ego como la única realidad, el amor autopersonal siempre es narcisismo, que puede ser, a su vez, saludable o no saludable.
De Adolphe Brouguiere
Amor incondicional: Es el amor compasivo, altruista, que se profesa sin esperar nada a cambio. El amor espiritual, predicado por las diferentes religiones, es el amor incondicional por antonomasia. El amor maternal, o amor de madre a hijo, se reconoce también como amor de este tipo, y, por tradición, se considera motivado por un fuerte instinto que lo hace especialmente intenso; no obstante, hay también quien cuestiona la existencia de dicho instinto.
•  Amor filial: Entre hijos y padres (y, por extensión, entre descendientes y ancestros).
Amor fraternal: En su sentido estricto, es el afecto entre hermanos, aunque puede extenderse a otros parientes exceptuados los padres y los descendientes. Nace de un sentimiento profundo de gratitud y reconocimiento a la familia, y se manifiesta por emociones que apuntan a la convivencia, la colaboración y la identificación de cada sujeto dentro de una estructura de parentesco. Desde el punto de vista del psicoanálisis, el fraternal es, al igual que el amor filial, sublimado, ya que está fundado en la interdicción del incesto.
•  Amistad: Cercano al amor fraternal, es un sentimiento que nace de la necesidad de los seres humanos de socializar. El amor al prójimo nace a su vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y tolerar, y constituye la abstracción de la amistad. Para Erich Fromm, dicho amor al prójimo equivale al amor fraternal y al amor predicado en la Biblia mediante la frase «amarás al prójimo como a ti mismo».
•  Amor romántico: Nace en la expectativa de que un ser humano cercano colme a uno de satisfacción y felicidad existencial. Este sentimiento idealiza en cierto grado a la persona objeto de dicha expectativa, definida en la psiquis.
•  Amor confluente: Amor entre personas capaces de establecer relaciones de pareja, definido a mediados del siglo XX. Aparece por oposición al amor romántico: no tiene que ser único, no tiene que ser para siempre, no supone una entrega incondicional, etc.
•  Amor sexual: Incluye el amor romántico y el amor confluente. El deseo sexual, según Helen Fisher, es diferente del amor romántico y del afecto. Desde el punto de vista de la psicología humanista, el amor romántico —y el amor interpersonal en general— está relacionado en gran medida con la autoestima.
Cupido
•   Amor platónico: Con propiedad, es un concepto filosófico que consiste en la elevación de la manifestación de una idea hasta su contemplación, que varía desde la apariencia de la belleza hasta el conocimiento puro y desinteresado de su esencia. Para Platón, el verdadero amor es el que nace de la sabiduría, es decir, del conocimiento. Vulgarmente, se conoce como una forma de amor en que no hay un elemento sexual o éste se da de forma mental, imaginativa o idealística y no de forma física.
•   Amor a los animales y a las plantas: Nace de un sentimiento protector.
•  Amor hacia algo abstracto o inanimado: A un objeto físico, una idea, una meta, a la patria (patriotismo), al lugar de nacimiento, al honor, a la independencia (integridad). Puede considerarse amor platónico en su sentido filosófico. El patriotismo puede ir asociado a la heroicidad, en cuyo caso constituye un comportamiento de altruismo respecto a su grupo, que en esencia es un comportamiento de egoísmo respecto a otro grupo en la medida en que no se considera al otro grupo de la misma condición.
•   Amor hacia un dios o una deidad (devoción): Suele nacer de la educación recibida desde la infancia, y se basa en la fe. Se considera a Dios como la fuente de todo amor. En la mayoría de los casos, existe la creencia de que, tras la muerte, Dios premiará de alguna forma a las personas que la correspondiente religión considere virtuosas.
•  Amor universal: Amor espiritual que, según diferentes religiones, todas las personas pueden llegar a profesar al medio natural y que los grandes místicos experimentan como expresión del nirvana, éxtasis o iluminación, estados de conexión absoluta con el universo o con Dios. Es una manifestación sublime en la que se eclipsan o confluyen el resto de las manifestaciones. Eckhart Tolle sostiene que el amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente.
Aspectos antropológicos
Marte y el amor
En una entrevista con motivo de la publicación de su libro "Por qué amamos", Fisher comenta que, en la elección de la pareja, y aunque aún no se conocen los motivos concretos, se sabe que intervienen de forma importante la cultura y el momento en que se produce dicha elección (por ejemplo, debemos estar dispuestos a enamorarnos). La gente tiende a enamorarse de alguien que tiene alrededor, próximo; nos enamoramos de personas que resultan misteriosas, que no se conocen bien. Los hombres se enamoran más deprisa que las mujeres, y tres de cada cuatro personas que se suicidan cuando una relación acaba son hombres. En cuanto a la pasión, ambos sexos presentan el mismo grado, pero en los hombres se ha descubierto una mayor actividad en una pequeña región cerebral asociada con la integración de los estímulos visuales. Es algo que tiene sentido, pues [en general] el negocio de la pornografía se apoya en los hombres y las mujeres intentan constantemente agradar con su aspecto a los hombres. La investigadora refiere que, durante millones de años, el hombre ha tenido que mirar bien a la mujer y tomarle la medida para ver si ella le daría un hijo saludable. En las mujeres, se ha descubierto una mayor actividad en una de tres áreas diferentes, asociadas con la memoria y la rememoración, y no simplemente con la capacidad de recordar. También durante millones de años, una mujer no podía mirar a un hombre y saber si podría ser un buen padre y un buen marido. Para saberlo, tenía que recordar. Y actualmente las mujeres recuerdan cosas como lo que había dicho su pareja el último día de San Valentín, o su comportamiento con anterioridad. Según Fisher, es un mecanismo de adaptación que las mujeres probablemente han poseído durante cuatro millones de años, para conseguir al hombre adecuado.
De Lorenzo Quinn
El amor romántico es más fuerte que el impulso sexual. Promueve el apareo, pero, ante todo, promueve el deseo de consecución de un nexo emocional (queremos que nuestra pareja nos llame por teléfono, que se acuerde de nosotros, queremos agradarla y deseamos que ambos tengamos los mismos gustos). Una de las características principales del amor romántico, además del deseo de contacto sexual, es el de exclusividad sexual. Cuando tenemos relaciones sexuales con alguien y no lo amamos, no nos importa realmente si también las tiene con otros. Pero cuando nos enamoramos, pasamos a ser realmente posesivos, algo que en la comunidad científica llaman «vigilancia de la pareja». Por ello, el amor romántico es un arma de doble filo, pues, dependiendo del desenlace de la relación, puede derivar en una gran felicidad o una gran tristeza, la cual a su vez puede llevar, en casos extremos, al suicidio y/o al asesinato.
El amor y el odio son muy parecidos, con la indiferencia como el opuesto de ambos. Normalmente hacemos ambas cosas: amamos y odiamos al mismo tiempo a la persona. De hecho, el amor y el odio tienen muchas cosas en común: cuando odiamos, concentramos nuestra atención tanto como cuando amamos; cuando amamos o cuando odiamos, nos obsesiona pensar en ello, tenemos una gran cantidad de energía y nos cuesta comer y dormir.
Diferentes visiones histórico-culturales
Si bien el amor está fundado en capacidades y necesidades biológicas así como el placer sexual y el instinto de reproducción, tiene también una historia cultural. A veces se atribuye su invención a alguna tradición particular (a los sufis, a los trovadores, al cristianismo, al movimiento romántico, etcétera), pero los vestigios arqueológicos de todas las civilizaciones confirman la existencia de afecto hacia los familiares, la pareja, los niños, los coterráneos, entre otros, por lo cual las interpretaciones que postulan que el amor en general es una construcción cultural específica no parecen fundadas.
Desde el punto de vista cultural, el amor sexual se ha manifestado históricamente hacia las personas del sexo opuesto como hacia aquellas del mismo sexo. Para los griegos y durante el Renacimiento, los ideales de belleza eran encarnados en particular por la mujer y por los adolescentes de sexo masculino.
La palabra española «amor» puede tener múltiples significados, aunque relacionados, distintos entre sí dependiendo del contexto. A menudo, otros idiomas usan diferentes palabras para expresar algunos de los variados conceptos. Las diferencias culturales al conceptualizar el amor hacen aún más difícil establecer una definición universal. En la cultura maya no existía la palabra amor para con los hijos. En piamontés no existe la palabra amor.
Antigua Roma (latín)
El idioma latín tiene varios verbos diferentes que se corresponden con la palabra española «amor».
•    Amāre es la palabra básica para «amar», y aún lo es en el italiano actual. Los romanos la usaban tanto en un sentido afectivo como en un sentido romántico o sexual. De este verbo deriva amans —un amante, amador, «amante profesional», generalmente con la noción accesoria de lujuria— y amica, «novia», palabra generalmente usada de forma eufemística para una prostituta. El nombre correspondiente es amor, que también se usaba en la forma plural para indicar enredos amorosos o aventuras sexuales. La misma raíz produce además amicus —«amigo»— y amicitia, «amistad» (por lo general basados en el provecho mutuo, y correspondientes a veces más exactamente a «deuda» o «influencia»). Cicerón escribió un tratado llamado Sobre la amistad (De amicitia), que discute la noción hasta cierta profundidad. Ovidio escribió una guía para las relaciones amorosas llamada Ars Amatoria que trata en profundidad el amor desde las relaciones extramaritales hasta los padres sobreprotectores.
En latín a veces se usaba amāre con el sentido que damos en español a «gustar». Esta noción, no obstante, se expresa de forma mucho más generalizada con placere o delectāre, que son de uso más coloquial, siendo el último usado frecuentemente en la poesía amorosa de Catulo.
Basílica de San Valentin, en Piediluca
•    Diligere a menudo presenta la noción de «tener afecto por», «estimar», y raramente, si no nunca, se usaba para el amor romántico. Esta palabra sería apropiada para describir la amistad de dos hombres. El nombre correspondiente, diligentia, sin embargo, tiene el significado de «diligencia» o «dedicación», y tiene cierta superposición semántica con el verbo.
•  Observare es un sinónimo de diligere; este verbo y su correspondiente nombre, observantia, denotan a menudo «estima» o «afecto».
•    Caritas se corresponde con el griego agape (empatía, altruismo), y se usó en traducciones de la Biblia cristiana al latín con el significado de «amor caritativo»; este significado, no obstante, no se ha hallado en la literatura clásica romana pagana. Como resultado de la combinación con una palabra griega, no existe el verbo correspondiente.
•    Cupiditas se corresponde con el término griego eros (deseo sexual).

Cultura anglosajona
"El amor", de Climt
En la cultura anglosajona la palabra «amor» (love) presenta, al igual que en español, múltiples significados. Pero, a todos aquellos que existen en el mundo hispanohablante, los angloparlantes añaden un significado adicional, más relacionado con el simple gusto por algo: I love dancing (literalmente, «amo el baile») corresponde en español a «me encanta bailar» o «me gusta mucho bailar»; he's a great actor, I love him (literalmente, «es un gran actor, le amo») corresponde a «es un gran actor, me encanta», o «es un gran actor, me gusta mucho». El psicoanálisis sitúa al amor como un comportamiento narcisista, de tal modo que el amor interpersonal es realmente amor a uno mismo en última instancia. En Estados Unidos, el psicoanálisis ha ocupado durante el siglo XX un lugar preponderante en el ámbito de la psicología, aunque actualmente existe una dura pugna entre sus detractores y defensores, que se conoce como the Freud wars. La cultura del psicoanálisis se ha extendido ampliamente por otros países, y actualmente los dos países que más se resisten a la extinción de esta corriente psicológica son Francia y Argentina.

(De Wikipedia y otras fuentes)


Ya he escrito en diversas ocasiones que la celebración del “día de los enamorados”, en la festividad de San Valentín, me parece -–y lo es— más fruto de objetivos comerciales y consumistas que consecuencia de reales deseos de dicha celebración.
Sin embargo resulta difícil sustraerse de la avalancha publicitaria que nos envuelve en estos días, proclamando por doquier cómo y cuándo hay que agasajar al ser amado, propiciando especialmente la compra de algo en algún lugar, venga o no a cuento.
No voy a remontarme (lo he hecho en otras ocasiones) a los orígenes de esta conmemoración o celebración, pues en este mismo blog hallará el lector sobrada información sobre el obispo Valentín, que fue sacrificado por los romanos como consecuencia de proteger y auspiciar el amor y el matrimonio entre los jóvenes.
Pero sí aprovecho la ocasión para reflexionar un poco en "alta voz" sobre cómo ha variado entre nosotros el concepto de amor, ya que se ha pasado de considerarle algo sublime e intocable a convertirle en objeto fácil de consumo, opinión y expresión.
Nada más lejos de mi intención que moralizar al respecto -–que entendidos, muchos y buenos, los hay al respecto— pero sí recordar que se ha trastocado el amor genuino en erotismo; que la unión afectiva entre hombre y mujer, de forma estable, se ha ido convirtiendo en “rara avis”, por mor de otras uniones (bien respetables y admisibles, pero de muy distinto significado y alcance); que el amor se ha confundido con altruismo, que efectivamente es una muestra muy valiosa de atención y preocupación por los demás, pero no ese concepto genuino de entrega generosa al ser amado; que el amor se está derivando hacia el apego a las cosas materiales, en detrimento de los valores espirituales.
En fin, que actualmente “se quiere” más, pero “se ama” menos.
Me vienen a la mente tantas y tantas muestras de injusticias y situaciones extremas que permiten las naciones y las sociedades a lo largo del mundo, que no puedo menos que poner de manifiesto que deberíamos iniciar un retorno a los conceptos esenciales del amor.
No es que haya que desterrar los aspectos sanos del erotismo, sino situarlos en sus justos límites; no es que haya que rechazar la mucha mayor expresividad amatoria que hoy se nos presenta por doquier, con el mayor desenfado en las muestras amorosas; no es que haya que retornar a esquemas y estereotipos del pasado que hoy han sido superados en buena parte.
Piediluco, Italia
Lo que opino es que hay que retornar a los valores auténticos, a la generosidad de unos con otros; a la comprensión; a la tolerancia; a la admisión de posiciones dispares y discrepantes. Y al cuidado de las formas, evitando la descalificación porque sí, y las formas inadecuadas.
Ayer mismo observé en un programa de televisión cómo los tertulianos se enzarzaban en una agria (en el tono y en el fondo) discusión sobre la sanción a un juez, y allí se sacaron argumentos desabridos, agresivos y sectaristas impropios de gentes con cultura. No solamente faltó la educación y el respeto; faltó la esencia de la convivencia, del diálogo. Apareció, como actualmente está aconteciendo en nuestra sociedad, un maniqueísmo rechazable y de confrontación, de manera que los unos son malos para los otros y viceversa.Y al final casi nadie escuchaba a nadie y cada uno "iba a la suya", sin atender siquiera los argumentos ajenos,
Todo menos hablar con sosiego, sin interrupciones, sin ex abruptos.
Algo que cada vez se antoja más imposible, especialmente cuando de la misma realidad social emana esa desazón propia de los tiempos de crisis y de carencias económicas, que transforma las ideas en sentimientos irreflexivos y que propicia una agresividad opuesta a la comprensión y a la concordia.
Virgen del Amor Hermoso
Ojalá nuestra sociedad comience por asumir la actualidad y los tiempos presentes, para con sencillez y realismo comprender que “pescados son los del cesto, porque los del mar son peces”; que no hay que vivir por encima de las propias posibilidades; que solamente la comprensión, el afecto, la disponibilidad generan comprensión, afecto y disponibilidad.
Que solamente el amor genera amor…
Y para quienes hayan la suerte de estar enamorados, también deseo de todo corazón que en la festividad de San Valentín, y siempre, mantengan e incrementen su amor y su entrega a su compañera/o de afectos y de fatigas.
Seguro que les vale la pena.
Como especial felicitación para todo el mundo, reproduzco a continuación el “Soneto difícil”, de Francisco de Quevedo, que pone de manifiesto que, aun en medio de rarezas poéticas, siempre compensa cultivar el amor:

 “Es el amor, según abrasa, brasa;
es nieve a veces puro hielo, hielo;
es a quien yo pedir consuelo suelo,
y saco poco de su escasa casa.


Es un ardor que a quien traspasa, pasa,
y como a veces yo paselo, sélo;
es un pleito do no hay apelo, pelo;
es del demonio que le amasa, masa.


Tirano a quien el Cielo inspira ira;
un ardor que si no se mata, mata;
gozo, primero que cumplido, ido;


flechero que al que se retira, tira;
cadena fuerte que aun de plata, ata;
y mal que a muchos ha tejido nido.”


“El amor es como el fuego; suelen ver antes el humo los que están fuera, que las llamas los que están dentro”.- Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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