jueves, 11 de septiembre de 2008

PERIPLO POR EUROPA (IV): TRES DIFERENTES GRUPOS DE PAÍSES (V): UCRANIA ( y II)

Para continuar con mis sensaciones y experiencias en la Ucrania que visité el pasado mes de Agosto, repetiré que el desplazamiento a Kiev desde los Cárpatos, concretamente desde su capital, Ivano-Frankivsk, de la provincia u oblast del mismo nombre, recorriendo unos 650 kilómetros, resulta bastante arduo, por mor de la baja calidad de las carreteras que hay que recorrer.
En efecto, desde Ivano-Frankivsk hasta Ternopil, otra capital de provincia, la ruta alterna el cruce de un montón de poblaciones, sin especiales cuidados para los peatones, ciclistas, carros agrícolas tirados por animales, algunos tractores, muchas bicicletas, bastante motocicletas y unos cuantos trastos viejos aún considerados coches, de las marcas Moskovitz o Gas, o Lada Zhyibuli, o “de padre desconocido”, de forma que es casi milagroso sobrepasar los 150 kilómetros del trayecto sin incidencias y especialmente sin “pasaportar” alguna de las gallinas, algún pato, algún pollo, o algún otro animal doméstico de los que corren sueltos por las cunetas y bordes de la misma carretera. Hasta puede uno coincidir en Algún pueblo con algún entierro en el que la comitiva, interrumpiendo el tráfico por un rato, la compone el carro mortuorio (con el difunto a la vista) seguido de varios de sus deudos a pie, y ello por la carretera, que debe considerarse la principal vía hacia “la otra vida”
Desde Ternopil, para llegar a Zhytomir, hay que dirigirse a Khmelnitsky, otra capital, a través de 180 kilómetros de carreteras muy bacheadas, rizadas, llenas de curvas sin peralte; o, como otra alternativa, circular hasta Vynitsya, otra capital, por una carretera algo mejor pero con cientos de camiones, en ocasiones de muy difícil adelantamiento; y desde Vynitsya hay que dirigirse a Zhytomir, por una carretera algo mejor, con algunos tramos de dobles calzadas separadas, pero asimismo con muchos camiones.
(¡Ah! La velocidad máxima permitida es de 90 kilómetros por hora, excepto en poblaciones que es de 50, y conviene no sobrepasarla, aunque los segmentos de carretera nuevos inviten a correr más, porque en cualquier alto, o curva, o recodo, “estratégicamente”” situada, aparece una patrulla de la policía de carreteras, que vigila mucho más si se ha sobrepasado el límite que si hay vehículos inadecuados para circular, o maniobras indebidas. Ello, dando por supuesto que no insinúen reiteradamente si uno quiere la multa “sin protocolo”, es decir, sin papeles (por lo que el importe se lo embolsa el agente), ya que en este caso el importe es la mitad que si han de hacer el “protocolo”, lo que es “oficial”(¿?)
Desde Zhytomir a Kiev la carretera es mucho mejor (de calzadas separadas y dobles) pero en ningún caso autopista, ya que existen entradas y cruces al mismo nivel, por los que lo mismo pasa un carro con un caballo, que una bicicleta, que un peatón.
Eso sí, especialmente por esta carretera, los automóviles “grandes” circulan a más de 140 km/hora, especialmente los Lexus, 4x4 (Mercedes, Wolkswagen, Toyota, Mitsubishi), más los turismos de alta gama, con tal variedad de marcas caras, que la ruta asemeja más una carretera de un país millonario que una carretera de un país pobre, como es Ucrania.
O sea, ya por la carretera se vislumbran signos que denotan parcialmente lo que acontece en Ucrania: Hay una oligarquía dominante –muy rica--, que gasta lo que quiere y cuando quiere, y que es la que tiene magníficos coches, estupendos chalets, grandes pisos y hace grandes viajes; hay una incipiente y pequeña clase media, que sobrepasa hasta los 1.500 dólares de salarios (hace tres o cuatro años eran 700 ú 800); y el resto, un 60%, es la clase trabajadora baja, que a veces tiene un conjunto de latas con motor chisporroteante llamado coche, que ahoga en vodka sus carencias y falta de dinero para ir al bar, y que usa de todas las artimañas posibles para sobrevivir, eso sí dignamente, con pocos fraudes y pocos hurtos.
Kiev, la capital, se muestra esplendorosa en su centro, con edificios restaurados, avenidas cuidadas, paseos poblados de gentes, y enormes atascos de tráfico, en los que se entremezclan los coches de los ricos y de los pobres.
Los restaurantes abundan por doquier, y si se repasan las cartas, se comprueba que lo que hace dos años costaba 15, hoy cuesta más de 60.
Beber una botellita de agua ucraniana (la hay buenísima) es misión imposible, porque en ningún restaurante hay más aguas que las de Francia (Evian o Vittel), o de Georgia, que no se consiguen por menos de 1’5 o 2 euros, al cambio. Vodka ucraniano se encuentra a veces, pero vodkas rusos o suecos o finlandeses, sin problema. Vinos de Georgia o de Francia, también; algunos de los buenos vinos de Crimea, a veces hay que pedirlos con insistencia. No es que haya “papanatismo” por lo extranjero; es por los productos extranjeros puede multiplicarse el precio…
Hace cuatro o cinco años había problemas para tomar un buen café. Hoy hay cafeterías a la europea por todas partes, pero por un café puede pagarse hasta 2 y 3 euros.
Es decir, Kiev, en su centro, es la capital de los ricos, inclusive con muchos casinos, que tienen magníficos y carísimos restaurantes.
Hay otro Kiev: el de los suburbios, que aunque ha mejorado algo en algunos puntos, aún presenta contenedores de basura derramados, calles llenas de tierra y de polvo, baches sin reparar desde los tiempos de los cosacos, mendigos… En fin, una capital de la “Ucrania profunda” que yo mismo conocía hace años. (La misma “Ucrania profunda” que aún resta en parte del trayecto desde Ivano-Frankivsk hasta Zhytomir.
Y las casas, los pisos, en este “otro” Kiev, pese a las carencias económicas, están bastante aseados, ya que para el ucraniano la casa es uno de sus tesoros, y las mujeres ucranianas se esfuerzan en tener un hogar limpio y acogedor.
Estos son, a grandes rasgos, y sin necesidad de profundizar más, los puntos curiosos y de contraste en Ucrania, un país de buenas gentes y algunos “aprovechados”.
Podría, y podré en el futuro, referirme a más detalles de Ucrania, pero, por el momento, para dejar una pincelada del país de destino en estas crónicas del “periplo por Europa”, pienso que basta.
Si el lector tuviere interés en algún detalle o cuestión concreta, en este mismo blog, vía “comentarios”, puede dejar su pregunta. Yo soy de los que respondo.
No me olvido de Don Jacinto Benavente: “Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que no los envidien demasiado los pobres”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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