jueves, 4 de septiembre de 2008

PERIPLO POR EUROPA (III): TRES DIFERENTES GRUPOS DE PAÍSES (II): SUR DE FRANCIA –COSTA AZUL-- Y ESTE DE FRANCIA (L’ISERE)

Viajar por Europa, por los países de la Unión Europea, que además son “zona Euro” resulta cada vez más cómodo y placentero.
A la gran ventaja de la inexistencia de fronteras, con el apreciable ahorro de trámites aduaneros, se une la ventaja de la uniformidad de moneda, que permite controlar fácilmente el coste del gasto y el empleo del dinero.
Especialmente se valora esta libertad de circulación cuando han de cruzarse fronteras y se cambia de moneda varias veces (sobre lo que ya me he ocupado en este mismo blog).
Pues bien. En el periplo europeo del pasado Agosto, la primera etapa terminó en Niza, por la simple razón de que era una ciudad que conocíamos muy poco mi familia y yo, estaba en el “arco mediterráneo” (era como la despedida de nuestro mar y nuestro clima) y además en ella se cumplían casi los 1.000 kilómetros de autopista hasta Valencia.
Comentar a estas alturas aspectos relevantes de Francia es casi una osadía. Todo o casi todo, en lo esencial, ha sido escrito, conocido y presentado, y miles de fotos y reportajes se han divulgado.
Por ello, comentaré sobre Niza, que la recorrí en una tarde calurosa, de las propias de ciudad a orillas del Mare Nostrum, que me pareció una bella ciudad del Sur de Francia (Costa Azul), bastante bien organizada y razonablemente limpia, con mucho inmigrante francés de color y especialmente mucho, muchísimo, turista de Europa del Este, concretamente de Rusia. (¡Cuántos enjuagues deben de haberse hecho en Rusia para que haya tanto rico en eses país!)
Hasta en los restaurantes la carta tiene un apartado escrito en ruso, y en uno de ellos, en el que cenamos a un precio razonable, la camarera, francesa, hablaba ruso muy correctamente.
Eso sí, en Agosto, turistas por todas partes, y las plazas principales con las terrazas de sus restaurantes repletas, ofreciendo menús de pescados y mariscos.
La hostelería en Niza es tan rácana como en muchas partes de Francia. Mucho “mesdames et messieurs” y mucha ceremonia, pero los hoteles están bastante sucietes, los desayunos son más aparentes que reales y los platos que se sirven tienen más apellidos que contenido.
Niza tiene en su centro una catedral al estilo de Notre Dame de París, pero en pequeño, unas calles comerciales aseadas y una policía más vigilante de lo que se piensa, porque los inmigrantes parece que tienen bastante "actividad".
Su auténtica delicia es el Paseo de los Ingleses (Promenade des Anglais), una Avenida junto al mar, de varios kilómetros, que llega al aeropuerto y que concita en su ribera modernos y suntuosos hoteles y bellos edificios propios del Sur de Francia y de la Cote d’Azur.
No merece un viaje a propósito, pero vale la pena detenerse en Niza para “dar una vuelta”.
Desde Niza a la frontera italiana, por Veintimiglia, hay poco más de unos veinte kilómetros de una buena pero muy transitada autopista, sobre el escarpe del mar, que deja adivinar bonitas vistas y panoramas.
….
El otro aspecto de Francia que conocimos fue ya casi terminado el regreso, cuando, después de haber dormido en Fribourg –Suiza—y haber recorrido en una apresurada visita Bern y Geneve, recalamos en Grenoble, capital del departamento francés de L’Isere, que cruza el río de ese nombre, que semeja en verano una ciudad provinciana, y que estaba bastante vacía –era un 28 de agosto- aunque con bares y restaurantes algo concurridos.
Allí la gente es más seca, aunque siempre atenta, y la restauración –buscamos adrede un restaurante de cocina francesa— pues… a la francesa…Un poquito de algo, con buenas salsas y una guarnicioncita razonable pero minimalista.
Los paisajes son preciosos y permiten adivinar que la vida en esta capital será interesante en invierno, por la cercanía de los Alpes y los ambientes de nieve y de esquí.
Así pues, y en fin, Francia… como siempre…
A algunos gustará mucho; a otros poco. A mí, personalmente me parece que “Francia sigue siendo “muy francesa”…
“Por naturaleza, los hombres gustan de ver cosas nuevas y de viajar”. Plinio el Joven (62-113) Escritor romano.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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