sábado, 30 de junio de 2012

Ucrania y la Eurocopa 2012: Lo que tenía que pasar…pasó… La deficiente organización social ha sido un mal reclamo ante el mundo

“Y el gran lazo que sostiene a la sociedad es, por una incomprensible contradicción, aquello mismo que parecería destinado a disolverla; es decir, el egoísmo.”- Mariano José de Larra (1809-1837) Escritor español.

“En Kiev es más fácil conseguir una tarjeta de night club que un ticket de un taxi
(José Félix Díaz , en “El Confidencial”  30/06/2012   (Desde Kiev, Ucrania - 06:00h)
Taxista pirata negociando
La Eurocopa entra en la recta final. Tan solo falta la disputa del partido decisivo, el que servirá para decidir el campeón y es el momento de echar la vista atrás y analizar lo que ha supuesto el evento dejando de lado el aspecto deportivo. La organización compartida siempre deja luces y sombras en el camino. No hay otra. En este caso han sido Polonia y Ucrania los países encargados de dar forma a la máxima cita de selecciones y los contrastes han sido evidentes. El polaco es un país en expansión, con la suficiente capacidad para dar cobijo a la llegada de miles de aficionados. Hoteles, ciudades preparadas, hospitalidad, infraestructura más que suficiente para no decepcionar a nadie. Sin embargo, en Ucrania todo han sido problemas. Distancia entre sedes, ausencia de plazas hoteleras y las pocas que hay a precios desorbitados (están pidiendo hasta 2.000 euros por noche en habitaciones que no pasan de 100 durante el resto del año) han llevado a imágenes como la vivida el pasado miércoles en el Donbass Arena de Donetks, con miles de entradas sin vender y sin apenas aficionados de los dos semifinalistas.
La estructura en sí de la competición no se ha resentido. UEFA es una maquinaria perfecta y los estadios, terrenos de juego y demás factores alrededor de los equipos han sido de diez. Como siempre. No son nuevos y lo que hacen lo hacen bien. En lo que ha fallado al dar la organización a países como Ucrania es con el aficionado. Si en Polonia sí que se vivía ambiente de Eurocopa (Gdansk fue asaltada por españoles, croatas e irlandeses, como lo fue Varsovia o Wroclaw), en Ucrania las imágenes vividas no se han parecido en nada al ambiente festivo de anteriores citas.
Acogida
La distancia, lo caro del viaje y los abusivos precios que han colocado a todo lo relacionado con el turismo han llevado a los aficionados a dar la espalda a la Eurocopa. En los dos partidos disputados en Donetsk no se acercaron ni 1.000 españoles, cifra que contrasta con los 10.000 del partido ante Italia en Gdansk. Es cierto que había aficionados con la roja puesta pero eran de otros países, seguidores adoptados para la causa. Para la final se habla de 11.000 aficionados españoles o al menos controlados por la Federación y que están teniendo problemas para encontrar acomodo no digo en Kiev ya, algo imposible, si no en los alrededores y hablamos de cientos de kilómetros. Además, los precios de las habitaciones se sitúan en más de 1.000 euros. Quieren hacer el agosto.
UEFA no reparó que Ucrania es un país que no está preparado. Kiev apenas tiene hoteles y los que tiene están reservados por UEFA y sus patrocinadores. Entre personas relacionadas con el máximo organismo del fútbol europeo y las empresas que dan forma publicitaria al torneo han bloqueado los escasos hoteles decentes que hay en Kiev. El aficionado no importa. Se habla de 200 hoteles pero en otros tantos kilómetros a la redonda. Cifra muy alejada de las de otras capitales europeas que multiplican hasta por cinco la capacidad hotelera. Sin embargo, hay un detalle importante en todo esto: la red de wi-fi es gratis en todos los alojamientos y restaurantes. Un punto a favor que contrasta con lo que sucede en países, por ejemplo, como España donde tener acceso inalámbrico sin cargos a internet es una quimera.
Además, Ucrania está demostrando no estar preparado para este tipo de eventos. Lejos del rictus amable del polaco, el ucranio es serio e incluso rudo en ocasiones. Comer es una quimera que nunca baja de las dos horas en cualquier lugar y a la hora de pedir tickets en taxis, por ejemplo, pinchas en hueso. Eso sí, recibos no tienen, pero sí que te ofrecen todo tipo de servicios alejados del transporte y relacionados con el sexo. Y es que hasta muchos hoteles de lujo conviven con la prostitución como algo natural. De hecho es más accesible y rápido que comer, especialmente en Donetsk.
En Kiev el panorama es otro, pero el turismo sexual es una de las principales fuentes de ingreso de una ciudad de cinco millones de habitantes, que intenta salir del yugo que supuso la dominación soviética, pero a la que la cuesta por la delicada situación política que atraviesa (la líder de la oposición fue apaleada en la cárcel) y que puede suponer un boicot de la clase política europea a la final del domingo, el momento más importante de la reciente historia de Ucrania. Y es que la final del domingo en el Olímpico coloca a Kiev en el mapa del panorama internacional”
¡Es una pena!
La impresión que los turistas, aficionados y visitantes con motivo de la Eurocopa 2012 se llevarán de Ucrania y de los ucranianos, dista mucho de la realidad que es el pueblo llano de ese país.
He recogido una de las muchas crónicas de los periodistas  desplazados a Kiev, y, aun conteniendo bastantes inexactitudes y exageraciones, no cuenta nada que nos resulte extraño a quienes conocemos bien Ucrania y su capital y visitamos con asiduidad ese bello y querido país.
Lo que se cuenta sobre el caos de los taxistas, los abusos en ese servicio, las malas prácticas en los hoteles de Kiev, puede extenderse a otras tres o cuatro grandes ciudades, pero en modo alguno eso ocurre de manera general en todo el país. Y podría ampliarse al mal servicio en muchos restaurantes, a la ineficacia administrativa, a la ineficiencia de muchos servicios públicos, a la pésima y cara atención sanitaria...
En la vida diaria, el pueblo llano es hospitalario (aunque un poco adusto) y desde luego en los servicios públicos no se dan esos abusos que se ponen de manifiesto.
Durante bastantes años he precisado del servicio de taxi para desplazarme desde mi residencia, a unos diez kilómetros al norte de Kiev, hasta el aeropuerto internacional de Boryspil, veinte kilómetros al este, y he venido siempre valiéndome a un taxista ya maduro, con una pequeña compañía propia, quien no paraba mientes en ser él mismo, el jefe, quien acudiera a recogerme a las tres de la madrugada para dejarme en el aeropuerto antes de las cinco y media.
Siempre fue puntual, siempre atento, siempre cordial, siempre eficiente (inclusive, cuando no pudo acudir él al servicio envió a otro compañero), y por anticipado informaba del coste del desplazamiento. Sin recargos ni trampas.
Y ésa es la tónica general, excepto en Kiev y en las grandes ciudades, en las que, además de la corrupción bastante general, existe la de los taxistas “semi-piratas”, es decir, los que no trabajan para una compañía concreta, que se valen de la excusa de que hay mucho taxista irregular (aquellos no profesionales y sin licencia a quienes se para por la calle con un simple gesto manual y que circulan a la “caza” del cliente en su propio coche, sin registrar y sin ningún signo exterior), para abusar a su modo y manera, especialmente en cuanto se percatan de que el cliente o no domina el idioma o no sabe valerse en el país.
Es ahí, en esa economía sumergida (tan extendida en Ucrania) en la que radica uno de los males de este país, pero debido ello especialmente a la práctica dominación de los sectores económicos principales –ihcluido el turismo— por grupos de oligarcas corruptos, que especulan a su antojo.
¿Que vienen ahora periodistas y aficionados extranjeros? Pues…a aprovecharse de ellos…que tienen euros y gastan muchos, y probablemente ya no volverán.
Otra cosa curiosa es el ofrecimiento de bellas acompañantes y sexo por parte de los taxistas (y no solamente por ellos), porque en Kiev y en las capitales grandes existe un lamentable “magma” de bellísimas mujeres que prefieren prostituirse “a lo rico” que trabajar a diario y con renunciaciones.
Nótese, en fin, que lo que enuncia la crónica transcrita en la primera parte de este post no es exagerado, sino lo que a diario ocurre en Kiev.
¿Qué espera al cliente del taxi?
¿Consecuencias? Al gobierno y al presidente le importan un “rábano frito” esas malas imágenes, porque han de dedicar más tiempo a controlar las finanzas de sus oligarcas mentores que a emplearse en el cambio de la nación. Y no es solamente el actual gobierno quien nada ha hecho por mejorar esas tristes realidades, sino que los anteriores (incluido el de la ahora “víctima” Yulia Tymoshenko) fueron igualmente tolerantes o más bien ineficaces.
Y en el actual momento, cuando toda Europa está atenta a si los “pizzeros” italianos son capaces de frenar a los “pitufos” españoles, todos los que han acudido a Ucrania están más que pendientes de que gane uno u otro equipo, prescindiendo de lo que denotan esas crónicas lamentables, pero bueno es recordar que Ucrania ha sido –estaba escrito— un fracaso de la UEFA, en su intento de extender lo que llama la “democracia” del fútbol. Y que el pueblo llano ucraniano en nada se ha beneficiado. Ni siquiera los líderes europeos han acumulado atención por visitar el país. Exceptuando el partido de la final, claro.
¿Confraternidad?
Porque donde la democracia es una simple mención de la Constitución, donde la democracia en nada se muestra con las gentes mal viviendo como casi siempre, resulta dramático que las bellas muchachas se conviertan en un medio de obtener dinero fácil para ellas y para sus “protectores”, al socaire de las piraterías taxistas y de las complicidades de los empleados de la hostelería.
Espero, y deseo, que al menos quienes regresen de Ucrania, de Kiev, puedan contarnos que celebraron un triunfo de la selección española (¿por qué esa manía de llamarle “la roja”?) y que además gozaron de las “buenas” compañías y de las “bellas” vistas que ofrece la capitalidad. 
Aunque los taxistas no les hayan dado un recibo, que eso es demasiado pedir en un país que aún necesita reencontrarse a si mismo.

“Si el vaso no está limpio, lo que en él derrames se corromperá”.- Quinto Horacio Flaco (65 AC-8 AC) Poeta latino.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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