lunes, 15 de febrero de 2010

Ucrania: El preso número Uno... Paradojas de la política que también se dan en España.

“El pasado es un prólogo”.- William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.

“De prisión a Presidente”
“Al menos nadie puede aducir que los ucranianos sabían poco sobre el hombre que eligieron como presidente.
Viktor Yanukóvich, dos veces condenado por delitos graves, que casi llegó a ser presidente en las elecciones anuladas por la Revolución Naranja en 2.004, ha sido elegido como el cuarto presidente de Ucrania”
(Peter Byrne, “Kyiv Post”, 11/02/2010)

No deja de ser descorazonador que al tiempo de resultar elegido, Víktor Yanukóvich ya sea anunciado como un líder que destaca por haber sido condenado dos veces por delitos mayores.
Si no fuera porque en la política de todos los países, casi todos los dirigentes se hallan bajo sospecha (cabría decir que para ellos sería mejor mantener la “presunción de culpabilidad”), el ejemplo de Ucrania debería de suscitar la búsqueda en las hemerotecas sobre cuántos mandatarios han delinquido y pese a ello han sido elegidos.
Da lo mismo, porque parece que la elección por el pueblo viene a ser como el bálsamo sanador que cura y restaña las viejas heridas, de manera que aquél pasado debe de ser olvidado.
Mucho me alarma que los aparentemente honestos caigan derrotados por los que indudablemente –así lo establece su condena— han delinquido.
Y ése es el triste camino que ha emprendido Ucrania.
Ya veremos a dónde se llega, aunque por el momento se ha emprendido el tortuoso camino de consagrar en lo público a quien no mereció más que el reproche penal por su vida pública y privada.

¿Y en nuestra España?
Aquí todos los males irradian desde la ineptitud de un gobierno anquilosado y abroquelado en su enfermizo optimismo, falto de todo realismo.
El director de ese gobierno, es, usando la frase coloquial que se usa en Valencia, “como Matalafer, que ni fá ni deixa fer” (como Matalafer, que ni hace ni deja hacer), porque promete una recuperación cada vez más difícil, porque augura inmediatos remedios que nunca llegan ni a aplicarse, porque dice haber hallado la “piedra filosofal” de las soluciones y sostenibilidades, y ha mandado al país al fondo del panorama económico europeo.
Ese personaje no se sabe que haya sido condenado por lo criminal, pero sí ha sido ya castigado por la sociedad, retirándole masivamente el apoyo, y conviviendo en que el Rey, ante tanta desidia, haya asumido la redirección del diálogo.
Yo pienso que en España nos convendría mirar un poco al pasado, a aquel pasado en el que la democracia era tan endeble que ni siquiera se pensaba en que durara, pero en la que hubo un político agigantado con el tiempo, Adolfo Suárez, que “se la jugó” mediante la creación de una apariencia de partido --la Unión de Centro Democrático, UCD— que después se le engulliría, y de unos pactos sociales y económicos –los llamados “pactos de la Moncloa”- que no hicieron sino abrir el camino a un cambio político, a su propia derrota, que permitió el gobierno con apoyo popular casi absoluto del partido socialista (el PSOE), después de muchas décadas.
He ahí la grandeza del político honesto: Hacer lo que deba, aunque le perjudique a él y a su partido. Y atender al pasado, para llegar al futuro.
Así, ni Yanukóvich debería durar mucho al frente de Ucrania, ni “small Shoemaker” (“zapaterillo”) debería permanecer demasiado tiempo el frente de esa pantomima que es el actual gobierno de España.

“El mejor profeta del futuro es el pasado”.- Lord Byron (1788-1824) Poeta británico.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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