lunes, 21 de febrero de 2011

Rememorando vivencias: El golpe de estado del 23 de Febrero de 1981

"Se llama memoria a la facultad de acordarse de aquello que quisiéramos olvidar".- Daniel Gélin (1921-2002) Actor y realizador francés
“La tarde del 24 de febrero de 1981 el Rey convocó en el Palacio de la Zarzuela a los dirigentes políticos, a los líderes de los partidos parlamentarios, a los hombres que apenas unas horas antes habían vivido horas amargas en el Congreso de los Diputados, secuestrados por los golpistas. Además de analizar la situación sufrida, comentaron cómo había que enfocar el futuro, en el que un nuevo gobierno de Leopoldo Calvo-Sotelo, cuya votación de investidura había sido interrumpida por los golpistas, tendría que poner en manos de la justicia a los militares que se habían sublevado, además de recomponer las heridas provocadas en la sociedad por una intentona que había hecho peligrar la estructura democrática de una España que acababa de salir de una dictadura de casi cuarenta años.

Protagonistas del 23-F: Teniente coronel Tejero, general Armada, general Miláns del Bosch, general Sabino Fernández Campo (secretario de la Casa del Rey), el Rey, general Aramburu Topete y el pueblo español manifestándose
Los asistentes a esa reunión nunca explicaron con detalle lo que allí se habló, y por mucho que aquellos dirigentes políticos aseguraran que no se produjeron pactos de silencio, desde distintos sectores se lanzó la idea de que el Rey y los políticos de la transición allí concentrados llegaron a tres acuerdos: llevar a juicio solo a los militares directamente implicados en la trama golpista, sin profundizar en posibles ramificaciones; dos, no investigar la trama civil que sin duda apoyaba y alentaba la intentona golpista y, tres, dejar al Rey al margen de las investigaciones. Una falsedad repetida hasta el infinito llega a ser considerada una verdad, y exactamente eso es lo que ocurrió con aquella reunión convocada por el Rey. Ni uno solo de los políticos que acudieron a Zarzuela han confirmado que se hubiera llegado a un pacto como el apuntado.
Qué ocurrió aquella noche aciaga ha sido estudiado por militares y civiles, incluso varios de los golpistas ofrecieron a través de libros autobiográficos su propia versión. Los testimonios ante el tribunal militar demostraron que no existía coordinación entre los cabecillas, no todos perseguían los mismos objetivos y en algunos casos se sintieron engañados al encontrar que intervenían en el escenario golpista personajes que no estaban de acuerdo con la toma a punta de pistola del Congreso.
El Tte. coronel Tejero, cuando aun confiaba en la promesa de los jefes golpistas, ocupando el Congreso de los Diputados al tiempo que pronunciaba: "¡Quieto todo el mundo!"
Los defensores del golpismo duro con todas sus consecuencias se rebelaban contra una situación que consideraban intolerable: un Estado autonómico que llevaba a la ruptura de la unidad de España, legalización del PCE y falta de contundencia en la lucha contra ETA, una organización terrorista que provocaba un goteo insoportable de víctimas mortales. Frente a ellos, los que propugnaban el llamado «golpe blando» pretendían imponer un gobierno de concentración presidido por un militar de prestigio, el general Alfonso Armada, que contaría entre sus ministros con personalidades de todos los partidos incluido el comunista, y que buscaría el refrendo de las Cortes para conseguir así la etiqueta democrática. Estaba España por tanto ante dos visiones distintas de cómo suplantar a Adolfo Suárez; las dos pasaban por la intervención militar, pero los objetivos eran muy distintos.
En cuanto a los métodos, Armada siempre ha declarado que no estaba de acuerdo con la fórmula de Tejero respaldada por el teniente general Milans del Bosch, pero su actitud no fue la de un hombre disconforme con los golpistas. Intentó que Tejero abandonara su actitud y dejara en libertad a los diputados, pero varios de los golpistas afirmaron que se presentó como solución , y la mayoría de los que investigaron lo que ocurrió el 23-F llegaron a la conclusión de que Tejero accedió a entregarse y poner fin al golpe solo cuando advirtió que Milans del Bosch, su superior, le indicaba que se pusiera a las órdenes de Armada.
El tribunal militar que juzgó a los implicados condenó a las penas máximas a quienes consideró principales organizadores e inductores del golpe y absolvió a aquellos contra los que no hubo pruebas concluyentes o actuaron porque recibieron órdenes de sus superiores para tomar el Congreso. Pocos quedaron conformes con la sentencia, con decisiones controvertidas como la que exculpaba al entonces comandante José Luis Cortina, responsable de operaciones de inteligencia del Cesid ¿Era Armada el «elefante blanco» que se haría cargo del gobierno tras el golpe de Tejero? En este último punto la respuesta es clara: no era el «elefante» de Tejero.
Adolfo Suárez en el mensaje
 televisado de su dimisión
En cuanto al Rey, hay algunos datos incuestionables: desde luego se utilizó su nombre, así quedó claro esa noche y durante el juicio, algunos jefes militares declararon que pensaban que el Rey respaldaba la operación y por eso en principio la habían apoyado. Pero su actitud demuestra taxativamente con quién estaba: ayudado por Sabino Fernández Campo desarticuló el golpe a base de teléfono. Propuso la creación de un gobierno en funciones con los secretarios de Estado y subsecretarios, llamó a los capitanes generales para indicarles que él no estaba con los golpistas, al grabar el mensaje de televisión vistió el uniforme de capitán general para dar más fuerzas a sus órdenes de no aceptar el golpe y cuando se le comunicó desde el Ministerio de Interior que el general Armada podía ser uno de los golpistas, no dudó en ordenar que se actuara en consecuencia a pesar del profundo afecto que sentía por su antiguo preceptor y secretario de Su Casa.
Otro jefe de Estado menos seguro de lo que debía defender se habría cruzado de brazos: si triunfaba el golpe nadie le podría acusar de haber intentado abortarlo; si fracasaba, nadie le podría acusar de alentarlo. Pero se mojó, dio instrucciones contundentes a los capitanes generales y a los jefes de Estado Mayor. En otro país habría recibido agradecimientos y honores. Aquí, sin embargo, se le ha minado el campo de dudas.
(De ABC)

Pasa el tiempo, más bien vuela, pero los recuerdos siguen vivos.
Hoy se cumplen treinta años de un acontecimiento que pudo cambiar los destinos de España, y que nunca ha sido explicado “del todo”, pese a los aparentes intentos de hacerlo.
El ejército en las calles de Valencia

Sea como fuere, a quien esto escribe no pueden borrársele los recuerdos vividos en su Valencia natal, cuando las calles comenzaron a ser ocupadas por los carros de combate del regimiento Lusitania, con sede en Bétera, a pocos kilómetros de la capital; o cuando se divulgó el bando del capitán general de Valencia, Miláns del Bosch, decretando el estado de sitio; o cuando se emplazó un carro de combate frente al entonces gobierno civil, con su cañón apuntando directamente al despacho del entonces llamado gobernador civil; o cuando el general Caruana, enviado por Miláns del Bosch requirió al citado gobernandor, Fernández del Río, para que se rindiera y cesara cualquier actividad, aún dejando claro que él (Caruana) se limitaba a cumplir órdenes…; o cuando en una larga noche, por medio de la televisión (curioso, un golpe de estado televisado), se iba conociendo que el golpe no evolucionaba nada bien…
Los carros de combate abandonan el centro de Valencia

Recuerdos que se agolpan en las mentes de quienes vivimos de forma apasionante y apasionada la transición democrática y las zozobras que hubo que soportar para ello, como la práctica defenestración de Adolfo Suárez –el primer presidente del gobierno de la actual etapa democrática--, quien con generosidad digna de mejor causa, renunció al cargo para evitar males tan graves como el golpe que pese a todo se produjo; o que Leopoldo Calvo Sotelo, su sustituto como presidente obtuvo unanimidad en su investidura; o que el pueblo español se lanzó a la calle reclamando democracia y constitución…
Remembranzas mil que hoy parecen difuminarse en la neblina de los tiempos, mezcladas con tanto desatino político como los que a diario viene cometiendo un gobierno que parece todo menos un rector del país; con el drama de una macro crisis económica que nadie, y menos los que mandan, sabe cómo y cuándo terminará; o con la lucha incívica entre facciones políticas que cada vez semejan querer solamente el poder.
23 de Febrero. Fecha infausta para la democracia española, pero fecha clave para la reafirmación de la voluntad de cambio que finalmente se operó en nuestra nación.
A todos aquellos que tuvieron protagonismo en el desmantelamiento de la absurda aventura golpista hay que rendir homenaje y recuerdo, pero especialmente a los ciudadanos, que supieron demostrar un civismo y una firmeza que todavía hoy constituyen un sorprendente ejemplo de voluntad popular.
Por ello, en el día de hoy (lo digo referido al 23 de Febrero) no puedo sustraerme a rendir mi personal homenaje a tanto y tanto héroe anónimo de esta España nuestra, que sobrevive a pesar de las torpezas y desatinos de sus políticos.
"Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces".- Marco Valerio Marcial (40-104) Poeta latino.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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